Amerrika

Crítica de Diego Lerer - Clarín

Una adaptación difícil

Una madre palestina y su hijo emigran a Illinois, en los Estados Unidos. Llegan en el peor momento y no la pasan nada bien.

Ocupación?”, le pregunta el agente de migraciones a Muna cuando quiere entrar a los Estados Unidos con su hjo adolescente. “Sí, estamos bajo ocupación hace 40 años”. La pregunta y la respuesta marcan a las claras el tono y la intención de Amerrika , película que intenta tocar, con un tono amable, hasta liviano si se quiere, los distintos (y confusos) conflictos que vive una madre y su hijo de origen árabe (palestinos) que emigran a una ciudad pequeña de Illinois tratando de escapar de una situación complicada y metiéndose, sin saberlo, en otra.

Muna y su hijo (el marido la dejó por una mujer más joven) se van a los Estados Unidos cuando Fadi consigue una beca para estudiar allí. Si bien ella tiene un trabajo en un banco, la situación política y familiar los fastidia y abruma tanto que, apenas aparece la carta, deciden marcharse. El problema es que llegan allí justo cuando los Estados Unidos invaden Irak y, digamos, cualquier persona de origen árabe resulta sospechosa. Si bien tienen familiares que hace tiempo viven allí, a Muna y a Fadi no les resulta fácil adaptarse.

En Illinois, ella no consigue trabajo en empresas ni bancos, y termina en una cadena de comida rápida, aunque le miente a su hijo y a su hermana (quien, con su marido y tres hijas los recibe en su casa) acerca de lo que hace. Fadi, por su parte, tiene que empezar a convivir con las agresiones de sus compañeros de escuela, que se burlan de él, lo tratan de terrorista y le complican bastante la vida. Y otros personajes -el director de la escuela, su compañero en la “hamburguesería”- intentan probar que no todos en los Estados Unidos pensaban (o piensan) igual.

De cualquier manera, la directora Cherien Dabis -que basa su película en experiencias propias- no lleva las cosas a extremos: peleas, discusiones, incomodidades, nostalgia, sí, pero no hay situaciones extremadamente densas. Prefiere el medio tono, casi naive, con momentos de comedia. Y ese acercamiento, si bien la aleja del costado potencialmente más obvio y cruento del tema que trata, también transforma Amerrika en una película demasiado simplista, buscando accesibilidad a toda costa.

Lo más interesante del filme de Dabis es el universo de confusiones y malos entendidos que presenta, aún desde la exageración y el efecto cómico: ese simplismo étnico de los personajes, esa reacción banal ante cualquier diferencia cultural (desde la ropa hasta el acento, pasando por la comida) que se exhibe muchas veces, aún desde la “corrección política”. Y el problema de su filme es exactamente el mismo: en pos de la universalidad, termina reduciendo una serie de conflictos (el tema Israel-Palestina, la guerra de Irak, etc.) a una sola cosa, única y entendible. Y se banaliza a sí mismo.