Alfa

Crítica de Fernando Sandro - Alta Peli

Hermano lobo

La prehistoria representa aquel pedazo de historia sobre el que poco se conoce, y mucho de lo que se teje son conjeturas sobre lo que pudo haber sido. Más aún en cuanto a la convivencia del hombre.

El cine se sintió libre de interpretar este período a su antojo de mil formas distintas. Desde El Cavernícola con Ringo Starr a 10000 A.C.

Alfa de Albert Hughes, es otro capítulo en esta reinterpretación. Aunque esta vez el foco, a priori, está más centrado en los personajes que en el contexto.

Europa, 200000 A.C. (sí, no pidan rigurosidad de datos, porque van por mal camino). Keda (Kodi Smit McPhee) pertenece a una tribu cazadora que se enfrenta a modo de ejército con animales de gran volumen, buscando abrigo y alimento. Él atraviesa el paso hacia la adultez y es hora de aprender a cazar, aunque falla constantemente.

En uno de sus entrenamientos a cargo de Tau (Jóhannes Haukur Jóhannesson), su padre, Keda cae a un barranco, herido, y es dado por muerto. Pero no, en realidad sobrevivió, y cuando recupera la consciencia se descubre solo frente al desierto, y con el invierno arrasador a punto de llegar.

En realidad, Keda no está solo. En medio de la nada se encuentra a un lobo apartado de la manada; y aunque al principio hay rechazo mutuo, terminará domesticándolo, y apodándolo Alfa. Entre los dos se cuidan, se protegen y se apoyan para sobrevivir y encontrar a la tribu antes de que el invierno los aniquile.

Por supuesto, el camino no será fácil y está lleno de peligros y aventuras.

Solos frente al peligro

El guion de Alfa, escrito por el propio Hughes y Daniele Sebastian Wiedenhaupt, va directo al asunto. Hace un intento por presentarse como un documental, con la voz en off de Morgan Freeman (¿Se acuerdan de La marcha de los pingüinos y las series de Discovery Channel?), y una búsqueda rigurosa en acotar lo fantasioso a lo menos posible. Aunque los datos inexactos y la pelusa abunda, si se la busca.

Hay pocos diálogos, en un idioma primitivo, y el ritmo es más bien lento, sobre todo en la primera mitad, hasta que el peligro grave acecha y aparece algo de vigor y energía.

Realmente hace recordar bastante a esas recreaciones que suelen verse en los canales educativos o de ciencias. La diferencia es que la narración, aunque muy simple, llega a lograr que empaticemos con los personajes, el joven y el lobo.

Narrativamente acierta al acercarse lo más posible a los films de humanos con animales, el niño con su mascota, sea un lobo o un perro. La referencia inmediata lógicamente será Colmillo blanco.

Queremos que ambos sobrevivan y es imposible no encariñarse con Alfa y sufrir con ambos. La banda sonora casi permanente, remplazando los diálogos, ayuda mucho a crear la tensión necesaria.

Gélida belleza

No debería sorprender, tratándose de un film de Albert Hughes, que el apartado técnico visual sea el más alto de la película. Alfa merece ser vista con la mejor pantalla y la mejor tecnología posible.

Hughes, junto a su hermano, o por separado, se destaca como gran creador visual. No obstante, cuesta encontrar una referencia similar a esta película dentro de su cine.

Las imágenes impactan y el uso del montaje es correctísimo. Planos amplios o planos detalle, ralentizamientos, cuadros completos, planos secuencia. Todo tipo de recursos son utilizados para maravillar al espectador, y así imponer la fotografía por el sobre qué se cuenta.

El montaje dividido, onírico chamánico, entre el ritual de la tribu y la supervivencia, como enlazados, es un buen hallazgo en la narración visual. Alfa es mucho más ambiciosa visual, que narrativamente. No llega siempre a conjugar la belleza de las imágenes en pos del relato, haciéndolos correr paralelamente. Cuando lo logra, cuando cuenta y no solo expresa a través de su fotografía, alcanza sus mejores momentos.