Abrakadabra

Crítica de Matías Orta - A Sala Llena

El subgénero conocido como giallo nunca se quedó en Italia, donde nació y se desarrolló gracias a directores como Mario Bava y Dario Argento. Fue tomado por cinematografías de distintas partes del mundo, y hoy goza de una importancia y un respeto impensandos hace décadas. En Argentina también pegó fuerte entre una generación de cineastas. Principalmente, a los hermanos Luciano y Nicolás Onetti, quienes filmaron sus propios gialli: Sonno profondo y Francesca. Una trilogía que cierra con el estreno de Abrakadabra.

Lorenzo Mancini (Germán Baudino) es el mago del momento. Su carisma y sus trucos cautivan al público, sobre todo a las mujeres. Pero cuando está por brindar uno de sus shows más esperados, comienzan a suceder una serie de asesinatos brutales, realizados mediante elementos de trucos de magia, como guillotinas. Lorenzo no tiene manera de conocer al responsable, pero se vuelve blanco de las sospechas por parte de la policía. ¿Quién será el asesino? ¿Tendrá que ver con la muerte de su padre, El Gran Dante, ocurrida treinta y cinco años atrás y en medio de un espectáculo?

Como en sus anteriores opus del subgénero, los Onetti toman la esencia del giallo, pero sin caer en el homenaje fácil o el guiño para los entendidos. Desde los créditos iniciales hasta los del final recrean la estética visual y sonora, los tópicos -asesinatos tremebundos, criminal enigmático, un protagonista vinculado a las muertes, hermosas mujeres-, y también está doblada al italiano y fuera de sincro (a propósito, para acercarse lo más posible a aquellas producciones). Otro mérito de los directores es haber convertido a la ciudad de Azul, de donde son nativos, en una verdadera villa italiana, atractiva de día y siniestra por las noches.

Otro elemento crucial del giallo es su final, con vuelta de tuerca desconcertante. Abrakadabra ofrece una resolución tramposa, pero vista como una continuación de capturar la esencia de aquellos films, puede funcionar a su manera.

Germán Baudino (que venía de actuar para los Onetti en Los olvidados y en otras películas de terror nacionales) aquí puede lucirse como un antihéroe atormentado por traumas de la niñez, acosado por un verdugo implacable. María Eugenia Rigón aporta belleza, sensualidad y una buena dosis de misterio.

Abrakadabra no precisa de grandes trucos para ser otro buen giallo digno de los ’70, como los directores saben hacer, y una buena muestra de cómo hacer un film estilizado aún con bajo presupuesto.