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Imagen del crítico Matías Orta
Matías Orta
  • Cantidad de críticas: 131
  • Promedio: 70%
  • Críticas favorables: 118/131 (90%)
  • Críticas desfavorables: 13/131 (10%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • Música campesina
    Música campesina
    A Sala Llena
    (Críticas publicadas previamente en BAFICI: 13ª Edición, cliqueando aquí)

    El escritor y director de cine Alberto Fuguet vuelve a las andadas. Esta vez, en territorio estadounidense.

    Luego de romper con su novia en San Francisco, Alejandro Tazo (Pablo Cerda) viaja a Nashville, tierra de la música country. Allí, guitarra en mano, de dedica a vivir. Pero, por supuesto, nada es fácil en la tierra del Tío Sam, sobre todo si se es latino. Alejandro debe rebuscárselas con distintos trabajos (cuando encuentra un trabajo) y con distintos personajes que irán pasando durante su aventura yanqui: una ama de casa de clase media, una camarera, un dúo de músicos que sobrevive vendiendo marihuana...
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  • Los vengadores
    Los vengadores
    A Sala Llena
    Era una de las películas más esperadas de los últimos años. La oportunidad para disfrutar en pantalla grande de uno de los más importantes dream team de los comics. Un acontecimiento cinematográfico que prometía la gloria absoluta.

    Y Los Vengadores no defraudaron.
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  • Shame: sin reservas
    Brandon (Michael Fassbender) parece un hombre exitoso. Tiene poco más de treinta años, es atractivo, tiene un buen trabajo, vive en Nueva York, frecuenta la vida nocturna de la ciudad... y se la pasa teniendo sexo...
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  • Reus
    Reus
    A Sala Llena
    En muchos países de Latinoamérica, el cine de género (y a veces, el cine en general) es escaso o nulo. Aunque hubo algunos exponentes, en Uruguay recién desde hace poco empezaron a realizarse films de ese estilo. La Casa Muda, que tuvo su remake Hollywoodense, y el corto Ataque de Pánico, de Fedrico Álvarez (quien está preparando la nueva versión de Diabólico, ópera prima de Sam Raimi), son muestras de que se está yendo por un camino interesante. Además de su calidad, tiene repercusión y triunfan en la taquilla...
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  • Plaga zombie: Zona mutante - Revolución tóxica
    En 1990, un grupo de chicos, fanáticos del cine y las historietas, fundaron Farsa Producciones. A lo largo de cien cortos, demostraron su talento para crear historias filmadas con escasos recursos pero muy divertidas y repletas de ideas geniales. Pero el resto del planeta no reparó en ellos hasta 1997, con la aparición de Plaga Zombie, su primer largo. La premisa era muy sencilla: para invadir nuestro planeta, los aliens convierten a las personas en zombies hambrientos.
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  • Un método peligroso
    David Cronenberg es uno de los más grandes directores de cine vivos y en actividad. No es una afirmación caprichosa. Desde sus comienzos a fines de los ’60, casi en los ’70, y al igual que Steven Spielberg y Martin Scorsese, viene estrenando film personales, a veces no tan exitosos comercialmente, pero con un nivel de calidad por encima del de la mayoría de sus colegas. Un artista que, aunque no temió reinventarse a sí mismo, jamás dejó de ser fiel a sus preocupaciones temáticas. ¿Cuántos realizadores pueden jactarse de haber filmado obras maestras como Cuerpos Invadidos (título argentino de Videodrome), La Mosca, Pacto de Amor y Una Historia Violenta, entre otras? Además, sus películas son esperadas y adoradas por los freaks más deformes y por los intelectuales más cultos, curiosos privilegio que comparte con su tocayo Lynch y con cineastas orientales como Takashi Miike.
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  • Los juegos del hambre
    Ya se sabe: cuando un libro se convierte en best seller, inevitablemente es adaptado al cine. Si se trata de una saga o trilogía orientada al público juvenil, más razones tienen los ejecutivos de los estudios a la hora de invertir sus billetes. A veces les sale bien, otras no. La saga de Harry Potter enloqueció al público y se ganó el respeto de la crítica. Las películas de Crepúsculo recaudan millones pero no entusiasman a la crítica. Y otras sagas literarias mordieron el polvo y ni siquiera pasaron de la primera película.
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  • Protegiendo al enemigo
    Matt Weston (Ryan Reynolds) trabaja para la CIA en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Pero su campo asignado no es el de las misiones: sólo le toca el poco emocionante y nada riesgoso trabajo como cuidador de una casa de seguridad, un lugar en el que los agentes esconden prisioneros, testigos y todo lo que sea secreto. La rutina sigue su curso, hasta que llevan a Tobin Frost (Denzel Washington), un ex espía norteamericano que traicionó a su patria y se dedica a vender información confidencial a diferentes agencias de inteligencia...
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  • Enter the Void
    Enter the Void
    A Sala Llena
    Amado y odiado, Gaspar Noé nunca deja de llamar la atención. Y lo hace con talento.
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  • Ghost Rider: Espíritu de venganza
    Cuando Ghost Rider: El Vengador Fantasma se estrenó, allá por 2007, estuvo lejos de ser un suceso. Recaudó dinero, pero no se convirtió en un clásico ni nada parecido. Los motivos son varios: por un lado, este personaje ocupaba un rango menor dentro del universo de Marvel Comics; por otro lado, el trabajo del director Mark Steven Johnson no era muy inspirado que digamos. Y además, daba la impresión de que los films basados en historietas estaban cansando al público. Un pensamiento erróneo, confirmado al año siguiente por el exitazo de la primera película de Iron Man y de la segunda Batman de Nolan.
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  • Proyecto X
    Proyecto X
    A Sala Llena
    Desde la aparición de James Dean y sus conflictos en Rebelde sin Causa, Hollywood nunca dejó de lado a los adolescentes. Sobre todo, cuando se divierten a lo grande, como sólo puede hacerlo alguien de esa edad. Y así aparecen las estudiantinas repletas de excesos varios. Desde Porky’s, en los ’80, hasta Supercool, pasando por American Pie, las películas con teenagers reventados nunca dejaron de ser desopilantes.
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  • Drive
    Drive
    A Sala Llena
    Cine y autos siempre fueron una estupenda combinación. Todos los géneros recurrieron a vehículos, desde la comedia hasta el terror. Pero es la acción y el policial quien mejor supo aprovecharlos.

    Drive, Acción a Máxima Velocidad tiene persecuciones y otras situaciones violentas (muy violentas), pero es mucho, mucho más que eso.
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  • El topo
    El topo
    A Sala Llena
    Abundan los casos de espías literarios que saltan a la pantalla, sea chica o grande. El más paradigmático sigue siendo Bond, James Bond. Pero hay otros ejemplos. Como George Smiley, creado por John le Carré. A diferencia del sensual 007, Smiley es un agente de la vieja escuela: calmo, oscuro, frío, calculador, eficaz. Un verdadero antihéroe. Este personaje protagoniza cinco novelas y es secundario en otras tres. Dentro del primer grupo se encuentra El Topo, que ya tuvo una celebrada adaptación en formato de miniserie de la BBC. En aquella oportunidad, Alec Guiness inmortalizó a Smiley, en otra de sus memorables interpretaciones.


    Ahora llega la versión cinematográfica de la misma historia, también titulada El Topo.
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  • El Artista
    El Artista
    A Sala Llena
    “Las películas mudas son la forma más pura del cine”. Esta frase le pertenece al gran Alfred Hitchcock, cineasta que comenzó su carrera en el período mudo, y con la llegada del sonido, debió amoldarse a las nuevas tecnologías. Lo logró, pero muchos otros artistas tuvieron serios problemas para adaptarse a esta nueva manera de hacer películas. Y de eso se trata la multipremiada El Artista.
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  • Caballo de guerra
    Caballo de guerra
    A Sala Llena
    Según sus detractores —y también algunos fanáticos, pero en un sentido menos despectivo—, Steven Spielberg parece tenerlo todo bien planeado: hace una película “para llenarse de plata” y otra “para llenarse de premios”. A veces, en un mismo año, estrena una y una, como en 1993 (Jurassic Park y La Lista de Schindler), en 1997 (El Mundo Perdido y Amistad) y en 2005 (La Guerra de los Mundos y Munich). En todos los casos, más allá del tono y la temática, el director nunca deja de contar bien una historia. Y en 2011 lo hizo de nuevo, con Las Aventuras de Tintín y la que hoy nos ocupa: Caballo de Guerra.

    Inglaterra, 1914. Los Narracott, una familia de granjeros, adquiere un caballo para trabajar la tierra. Albert (Jeremy Irvine), el hijo del matrimonio, se encariño rápido con el animal, al que bautiza con el nombre de Joey. Pero la situación económica es alarmante y el padre (Peter Mullan), pese a haberlo comprado, se lo vende al ejército británico, que se prepara para combatir en la Primera Guerra Mundial. A partir de allí, Joey irá pasando por diferentes manos, y en cada grupo humano, pese al clima de violencia, encontrará un alma bondadosa que lo ayudará a sobrevivir. En tanto, Albert se convierte en soldado sólo para buscar a su gran amigo.

    A partir de la ida del caballo, la película adquiere una estructura episódica, ya que los personajes con los que se cruza guardan diferentes historias y puntos de vista sobre la contienda bélica: dos jóvenes soldados alemanes desertores, un anciano francés y su nieta... De hecho, Joey es una gran excusa para mostrar varias miradas sobre la Primera Guerra Mundial, conflicto con el que el realizador se mete por primera vez luego de sus enfoques sobre la Segunda Guerra Mundial en Rescatando al Soldado Ryan y las series Band of Brothers y The Pacific.

    Como en todas sus obras, Spielberg nos presenta personajes comunes envueltos en situaciones extraordinarias que los llevarán a perder la inocencia (aunque el enfoque del director es casi siempre optimista). Puede apreciarse en Albert, que pasa de ayudar en el campo a sus padres a matar enemigos en el Frente. Lo mismo Joey: un caballo de casa que debe soportar que lo usen para fines crueles, como llevar soldados y cargar cañones. Pero ninguno de los dos se rinde nunca, a pesar de los bombardeos y de la muerte y de la desesperación.

    Y, una vez más, Steven S. vuelve a dar cátedra de cómo hacer cine y cómo conmover al espectador sin ponerse sensiblero. Basta con chequear escenas como la de Albert y Joey tratando de arar un terreno pedregoso, la partida de Joey a la guerra y la de los dos soldados enemigos que se unen para liberar al caballo de los alambres de púas.

    Como en sus films “serios”, hay momentos fuertes, principalmente cuando la acción se traslada a las batallas. Sin embargo, la violencia es más contenida que en Rescatando... y Munich (Nada de sangre ni cuerpos desmembrados). Algo buscado desde el vamos, debido a la naturaleza ATP de la historia.

    Nuevamente, el director supo reunirse de guionistas a la altura del proyecto. Por un lado, Lee Hall, famoso por escribir Billy Elliot, y Richard Curtis, el mejor guionista inglés de las últimas cuatro décadas, con una mano maestra para la comedia, el drama y el romance. Ambos se basaron en la novela de Michael Morpurgo, que también tuvo su versión teatral.

    Todo esto, ayudado por otra soberbia música de John Williams (en el Top Ten de las composiciones más memorables realizadas para Spielberg) y una fotografía exacta a cargo de Janusz Kaminsky, con muchos colores marrón y verde.

    La principal influencia de la película puede rastrearse en la obra —épica e intimista al mismo tiempo— de John Ford. Las relaciones entre los personajes y el clima rural británico remiten a las maravillosas Qué Verde era mi Valle y El Hombre Quieto. Pero también hay conexiones con Más Corazón que Odio: también hay un personaje que es separado de la familia, y un grupo de valientes (encabezados por John Wayne) debe ir en su rescate, lo que toma varios años. Otra referencia cinematográfica poderosa es la película de 1930 Sin Novedad en el Frente, de Lewis Milestone, en la que se mostraba el sufrimiento de los pobres caballos durante la Primera Guerra Mundial (Actualmente se está preparando una nueva versión, protagonizada por Daniel Radcliff).

    Si bien el protagonista es Joey, lo acompaña un excelente elenco de actores humanos, mezcla de veteranos y talentos en ascenso, todos de Europa. Jeremy Irvine es la revelación, en un papel de joven luchador, que nunca se rinde, pero que deberá soportar terribles golpes. Emily Watson y Peter Mullan interpretan a sus padres (Curiosamente, en la premiada producción inglesa Tyrannosaur, Mullan hacía un chiste relacionado con Jurassic Park). Por su parte, David Thewlis es Lyons, el casero que siempre reclama el dinero de la renta y quien primero se interesa por adquirir a Joey. Tom “Loki” Hiddleston y Benedict “Sherlock” Cumberbatch hacen de dos militares ingleses a los que querríamos ver más tiempo en pantalla. Pero el que se roba todas sus partes es el francés Niels Arestrup, actor fetiche de Jacques Audiard, que lo dirigió recientemente en Un Profeta. Arestrup encarna al anciano que debe cuidar a su nieta y que será de ayuda para Joey.

    Caballo de Guerra está destinada a ser amada por los incondicionales de Spielberg, así como odiada por quienes todavía lo consideran un “pocholero pro-yanqui”. Sus nominaciones al Oscar son más que merecidas. Si bien fue ignorada en el rubro Mejor Director, el Gran Steven vuelve a demostrar por qué el más grande cineasta vivo y un narrador como los que están escaseando.

    Eso sí: antes de ingresar a la sala, no dejen de comprar paquetes de Carilina.
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  • La invención de Hugo Cabret
    Nada mejor que un genio del cine como Martin Scorsese para homenajear a un pionero en la materia y, de paso, realizar la más hermosa declaración de amor al séptimo arte: La Invención de Hugo Cabret.
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  • Penumbra
    Penumbra
    A Sala Llena
    Marga (Cristina Brondo), una abogada española, llega a la Argentina para mostrar un departamento en alquiler. Los potenciales compradores resultan bastante extraños e inquietantes. De hecho, Marga descubrirá que pretenden el departamento para fines muy oscuros...
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  • Inmortales
    Inmortales
    A Sala Llena
    Los mitos y leyendas de la Antigua Grecia nunca dejan de nutrir al cine, principalmente a Hollywood. Guerreros, monstruos, batallas, imposible no plasmarlos en la pantalla grande.

    Ahora le toca a Inmortales.
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  • Peter Capusotto y sus 3 Dimensiones
    Diego Capusotto es el actor cómico argentino de los últimas décadas. Punto.


    Desde sus comienzos televisivos durante los ’90, en De la Cabeza y luego en Cha Cha Cha, podía notarse que era un distinto, con un sentido del humor y de la sátira social que nunca temía ir más allá del absurdo (Por momentos se arriesgaba más que sus compañeros de elenco, liderado por el gran Alfredo Casero). Imposible olvidar personajes como Sidharta Kiwi y su “Nos enyoguizamossss...”. Luego de la incursión en el poco recordado ciclo Delicatessen, entre 1999 y 2002, con Fabio Alberti (también compañero en los ciclos mencionados) estuvieron al frente de Todo por $2, donde bombardeaban al los fanáticos con su arsenal de sketchs, parodias y personajes estramáboticos (El Hombre Bobo, Irma Jusid, Vinasi).
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  • Misión Imposible 4: Protocolo Fantasma
    Son innumerables las series de televisión (sobre todo estadounidenses) tienen su versión cinematográfica. Muy pocas realmente lo valen, y casi ninguna logra tomar vuelo propio. Casi, porque los films de Misión Imposible ya constituyen una verdadera saga cinematográfica. Producidos y protagonizados por Tom Cruise, se despegaron de la serie —suceso catódico de fines de los ‘60 y principios de los ’70— y crearon una mitología nueva.
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  • Las aventuras de Tintín
    Realizó toneladas de éxitos, es multimillonario, ganó premios Oscar. Descubrió nuevos talentos, potenció a artistas consagrados. Está considerado el mejor director de cine vivo. Lejos de dormirse en los laureles, Steven Spielberg sigue detrás de nuevos desafíos. Esta vez, se asoció con el no menos exitoso y virtuoso Peter Jackson para llevar al cine la obra cumbre de Georges Prosper Remi (mejor conocido como Hergé) y un icono de la cultura popular: Tintín...
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  • Un zoológico en casa
    Cuando los grandes directores están varios años sin filmar, el público que los idolatra nunca deja de extrañarlos y los espera con ansias. Tal es el caso de Cameron Crowe. Este año regresó por partida doble: primero, Pearl Jam Twenty, documental sobre la mítica banda de Seattle, y ahora, su nueva obra de ficción: Un Zoológico en Casa.
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  • Terror en lo profundo 3D
    Si asociamos cine y tiburones, enseguida viene a la mente una de las obras maestras de Steven Spielberg (sí, esa que están pensando). Dicha sociedad se repitió durante años, sin nunca alcanzar el nivel de genialidad conseguido por el papá de ET, pero con resultados entretenidos. Como las secuelas de esa película, por ejemplo, y Alerta en lo Profundo, famosa por la terrible e inesperada muerte del personaje de Samuel L. Jackson.

    Este año, con un título argentino similar, y por el mismo director de Terror a Bordo (también protagonizada por Samuel L.), llega Terror en lo Profundo...
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  • El gato con botas
    El gato con botas
    A Sala Llena
    Cuando se estrenó Shrek 2, hubo un personaje que se robó todas sus escenas y, por momentos, opacó al ogro: el Gato con Botas. Inspirado en el personaje del cuento de Charles Perrault que lleva el mismo nombre, era una suerte de antihéroe latino que, cuando la espada no da resultado, conmovía a sus adversarios poniendo una tierna carita de víctima. Antonio Banderas fue el encargado de ponerle la voz y también la actitud, y ahora cuesta imaginar a ese personaje trabajado por otro actor.


    Era cuestión de tiempo que se estrenara de una película protagonizada exclusivamente por el gato. Y por fin llegó a las salas, y en 3D.
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  • Año nuevo
    Año nuevo
    A Sala Llena
    Sin dudas, Garry Kent Marsciarelli, mejor conocido como Garry Marshall, es una leyenda viviente de Hollywood. Un referente de la comedia y de las películas románticas. Fue el responsable máximo de series como Happy Days, Mork y Mindy y Laverne y Shirley. Dirigió films de la talla de Mujer Bonita, un megaéxito que consagró a Julia Roberts. Uno de sus más recientes logros fue descubrir a Anne Hathaway, a quien puso de protagonista en Diario de una Princesa y su secuela.


    Pero Año Nuevo es una nueva muestra de que su magia anda a la deriva.
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  • La vida en tiempos difíciles
    Uno ya sabe qué esperar de Solondz, y el director no está dispuesto a traicionarse, aún sabiendo que hace lo de siempre.

    Life… es la continuación de Felicidad, pero con otros actores haciendo de esos personajes. Otra vez está la familia disfuncional, la pedofilia, los niños confundidos, la obsesión por mostrar la cara más mugrienta de la sociedad norteamericana...
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  • Amanecer - Parte 1
    Amanecer - Parte 1
    A Sala Llena
    Amadas por muchos y odiadas por muchos otros, las historias de Crepúsculo ya forman parte de la cultura popular del siglo XXI. Un Romeo y Julieta, pero con vampiros y humanos, que cautivó a medio mundo. El éxito descomunal de las novelas de Stephenie Meyer y de las películas no son indiferentes a nadie. Y ahora se acerca a su fin. Siguiendo con el ejemplo de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, la adaptación cinematográfica de Amanecer fue dividida en dos. La primera parte se estrena este año y es la que hoy nos aúna.
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  • La cosa del otro mundo
    Antes de meternos con La Cosa de Otro Mundo, es preciso hacer un poco de historia.


    En 1948 fue publicado el cuento “Who Goes There?” (“¿Quién anda ahí?”), escrito por Don Stuart, seudónimo de John W. Campbell, famoso en el mundo de la literatura fantástica por haber sido editor de la revista Astounding Science Fiction. “Who Goes There?” mostraba a unos científicos enfrentándose a un extraterrestre en la Antártida. Un ser capaz de adoptar la forma de sus víctimas.
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  • Los tres mosqueteros
    Ya todo se dijo sobre Los Tres Mosqueteros, la novela de Alejandro Dumas. Athos, Porthos y Aramis son parte de la cultura popular. Literatura, cine, televisión, videojuegos, internet, ningún medio le dio la espalda a estos valientes espadachines. Su influencia es innegable e inagotable...
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  • Glee 3D
    Glee 3D
    A Sala Llena
    Lo aman y lo odian, pero nadie es indiferente a Glee. Creado por Ryan “Nip/Tuck” Murphy, Ian Brennan y Brad Falchuk, este programa de televisión nació como la contracara de High School Musical: una estudiantina con canto y baile, pero en la que los protagonistas son los losers de la escuela, o al menos los más inusuales. Nuevas Direcciones, el club Glee de la preparatoria McKingley (gracias a la serie descubrimos que hay Clubes Glee en todos los colegios estadounidenses) está compuesto por un inválido, una gorda (dos, en realidad) y un gay, entre otros. Personajes que expresan su dolor y sus deseos a través de covers de canciones famosas y de musicales de Broadway, a la vez que compiten en certámenes intercolegiales.
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  • Detrás de las paredes
    Muchas de las mejores películas aparecen de la nada, en el momento menos previsto. Lo mismo se aplica a las peores. Detrás de las Paredes es una producción chica, no muy ambiciosa, pero el elenco y el equipo técnico es tan prestigioso que uno nunca podría haber imaginado un resultado final así de pobre.

    Will Atenton (Daniel Craig), un respetado editor, deja su trabajo para dedicarle más tiempo a su familia. Él, su esposa (Rachel Weisz) y las dos hijas de ambos acaban de mudarse a una enorme casa en un barrio de los suburbios. Todo parece marchar bien, en medio de las consabidas remodelaciones, risas y cariño. Pero la tranquilidad se esfumará cuando Will nota que alguien los vigila por las noches, escondido entre la vegetación del jardín. No tardará en descubrir que en esa casa, cinco años atrás, un hombre mató a su familia. El asesino fue encerrado en un hospital psiquiátrico, pero ahora está libre y seguramente sea quien anda merodeando la vivienda. Aunque habrá más secretos que saldrán a la luz.

    La película comienza como un thriller climático. Recuerda a films como Al Final de la Escalera, de Peter Medak, y El Resplandor, dirigida por Stanley Kubrik. Y, según el afiche, da toda la sensación de que la historia irá por el lado de lo sobrenatural. Sí hay una vuelta de tuerca, pero relacionada con lo psicológico, muy similar a films recientes —y muy superiores a Detrás...— que convendría no nombrar. Un giro tramposo, que al estar ubicado en mitad de la película, es estirado como un chicle hasta el final, donde hay otro giro, tiradísimo de los pelos.

    El guión de por sí recurre a lugares comunes, pero incluso esos elementos están pésimamente manejados y puestos. Hay detalles y personajes diseñados para tener peso en el tercer acto, pero están tan mal trabajados que terminan produciendo sorpresa, pero en el mal sentido.

    El veterano y premiado Jim Sheridan suele mostrar en sus obras familias puestas a prueba: las que hizo con Daniel Day Lewis (Mi Pie Izquierdo, En el Nombre del Padre y The Boxer), Tierra de Sueños, Rico o Muerto y Hermanos. Pese a su nula experiencia en thrillers, el director irlandés quiere ponerle garra a esta película, y para eso se rodeó de un gran equipo técnico, empezando por el director de fotografía Caleb Deschanel y la diseñadora de producción Carol Spier, habitual colaboradora de David Cronenberg. Pero sin un guión ni siquiera mediocre, las buenas intenciones de Sheridan quedaron en intentos. Además, maneja equivocadamente los puntos de vista de los personajes en escenas claves, lo que produce una confusión en el espectador.

    Algo similar ocurre en con los actores. Figuras como Daniel Craig (en un papel pensado para Brad Pitt, quien tampoco luce como un editor), Rachel Weisz y Naomi Watts (la más desaprovechada) hacen lo que pueden con un texto por debajo de sus capacidades.

    Mal escrita y peor vendida —el trailer lo cuenta todo—, Detrás de las Paredes es una fallidísimo film de suspenso que consigue poner nervioso al público, pero por lo horrible de lo que se está proyectando.
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  • Solos en la ciudad
    Solos en la ciudad
    A Sala Llena
    Luego de una fiesta de casamiento, Santiago (Felipe Colombo) y Florencia (Sabrina Garciarena) contemplan el amanecer en la Costanera. Es evidente que se aman, sus cosas parecen ir por el buen camino. Pero una discusión saca a relucir algunos trapos sucios y terminan peleando, al punto de que cada uno se va por su lado. Durante las próximas horas, ambos se cruzarán con personajes y vivirán situaciones que los harán replantearse no sólo el rumbo de la relación sino el de sus propias vidas y sus verdaderos sentimientos.

    Solos en la Ciudad está estructurada en dos partes: el recorrido de Santiago, y luego, el de Florencia. De esta manera, podemos conocer mejor a ambos, especialmente sus puntos de vista sobre el amor y las relaciones. Como Antes del Amanecer y Antes del Atardecer, de Richard Linklater, pero en Palermo y con los protagonistas separados.

    El director Diego Corsini demuestra que sabe manejar los diálogos, cuyas temáticas y tonos varían de acuerdo a los personajes con los que se van encontrando los protagonistas, pero que siempre funcionan estupendamente por el buen trabajo de los actores. Y, para lograr mayor fluidez, suele recurrir a planos secuencia, como la charla entre Santiago, Esteban (Luciano Leyrado) y Cris (Laura Azcurra), en la puerta del zoológico. En cuanto al aspecto visual, se vale del recurso de la pantalla dividida, especialmente cuando los personajes hablan por celular.

    Sabrina Garciarena es perfecta para la comedia romántica. Su belleza simple (no inalcanzable) y su encanto natural, la convierten en la Florencia perfecta: una joven abogada, algo fría, que no deja de hacer planes a futuro, con una visión calculadora de las relaciones (“Con el amor sólo no alcanza”, dice), pero que en el fondo es vulnerable y bastante insegura.

    Felipe Colombo no brilla tanto como su partenaire, pero sigue estando bien y tiene las escenas más divertidas. A diferencia de su pareja, Santiago es un profesor de Historia que gana poco y prefiere un estilo de vida más free, sin preocuparse demasiado por el mañana. Pero su arrogancia pueden hacer peligrar aquello que lo une con Florencia.

    Los personajes secundarios no tienen desperdicio y todos son funcionales a la trama, aconsejando o intentando aprovecharse del mal momento de los novios: Catherine Fulop es Mariela, una vecina y madre dispuesta a escuchar; Santiago Caamaño hace de Javi, el fiestero amigo del protagonista, quien pretende retrotraerlo a las épocas de locura juvenil; Mario Pasik interpreta al padre y jefe de Florencia, un prestigioso abogado que aún cree en el amor; Matías Scarvaci se luce como Mauricio, un individuo de vida naturista y new age, que pregona la soledad; Federico Amador y Eliana González encarnan a los buitres que pretenden quedarse con Florencia y con Santiago, respectivamente. Curiosa y desopilante la aparición especial del distribuidor Pascual Condito como un puestero que vende comidas rápidas.

    Solos en la Ciudad llega para demostrar que las comedias románticas argentinas están en auge. Al igual que Mi Primera Boda, de Ariel Winograd, y Medianeras, de Gustavo Taretto, encara el género con una impronta y un lenguaje frescos y contemporáneos, influidos por clásicos modernos del género, como Cuando Harry Conoció a Sally y los films de Norah Ephron (también guionista del film de Rob Reiner).

    La película ideal para ver en pareja, sobre todo si los ánimos no son los mejores.
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  • Actividad Paranormal 0: El Origen
    En 2009, el cine de terror en clave de falso documental dio otro golpe maestro. Actividad Paranormal contaba la historia de un matrimonio que experimentaba fenómenos sobrenaturales en su casa. Por supuesto, lo que vemos aparece registrado por cámaras de seguridad. La película costó 15.000 dólares y recaudó millones. Al año siguiente se estrenó Actividad Paranormal 2, también contada como falso documental, que expandía el universo de la anterior e incluía posesiones demoníacas. Y se está por estrenar la tercera parte, que será una precuela (incluso de la 2, que ya de por sí sucedía antes que la primera).

    Actividad Paranormal 0: El Origen no tiene nada que ver con esos films, sino que se trata de una versión japonesa de Actividad Paranormal, que es vendida como una secuela... y como una precuela (¿?). Muy confuso.

    Una chica llega a su Tokio natal luego de que, en San Diego, Estados Unidos, protagonizara un accidente que la dejó inválida y provocó la muerte de otra persona. Al principio todo está bien y hay mucha emoción por el reencuentro sobre todo por parte del hermano. Sin embargo, la tranquilidad se esfuma con una sucesión de episodios misteriosos. objetos que se rompen de la nada, puertas que se abren y se cierran solas, ruidos extraños. Por supuesto, cada situación queda registrado por la cámara del hermano, quien se la pasa filmando todo.

    La película funciona igual que la de Oren Peli: filmaciones nocturnas, con la cámara en modo infrarrojo, y grabaciones de escenas cotidianas —gente comiendo, durmiendo, hablando, etc.— que, si bien para muchos pueden llegar a generar tensión, resultan aburridas. Tampoco es demasiado interesante el drama familiar con la chica lisiada.

    El cine fantástico japonés tiene una larga e interesante tradición. Más acá en el tiempo, el J-Horror aterró al mundo entero gracias a obras como Ringu y Dark Water, de Hideo Nakata, y Ju-On, de Takashi Shimizu. Historias de seres fantasmagóricos que acechan a los protagonistas, y que tuvieron sus refritos hollywoodenses, también con mucho éxito. AP0 quiere tener algo de esa impronta (los protagonistas tienen respeto por los espíritus; incluso ponen sal gruesa para protegerse de las almas más perversas), pero sigue siendo una innecesaria adaptación de un film de por sí tremendamente sobrevalorado, pero muy bien vendido por una impresionante campaña marketinera.

    Hartos de que en Hollywood se la pasen adaptando sus películas para el ojo occidental, los japoneses quisieron tomarse revancha y adaptar un éxito anglosajón. No les salió bien. Actividad Paranormal 0: El Origen es un producto que seguramente fue hecho con la intención de seguir lucrando con la misma idea que tan buenos resultados dio en los cines del mundo. Incluso podía esperarse que la versión oriental le encontrara la vuelta para superar a la primera AP, pero les quedó un trabajo todavía menos cuidado que el de Peli.

    El cine japonés debería serle fiel a sus propios conceptos e inventivas; ya demostraron que pueden hacer films geniales y originales. O, por lo menos, podrían hacer la remake de una película mejor, o darle la vuelta de tuerca necesaria para mejorar lo ya hecho.

    Ahora queda esperar la AP3 oficial.
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  • Medianeras
    Medianeras
    A Sala Llena
    En la década pasada, el director Gustavo Taretto irrumpió en el panorama cinematográfico argentino con una serie de cortometrajes en los que se aprecia su particular visión del mundo: Las insoladas, Cien Pesos y, sobre todo, Medianeras. Este multipremiado trabajo —más mediometraje que corto, ya que dura 28 minutos— contaba la historia de Martín (Javier Drolas) y Mariana (Moro Anghileri), dos jóvenes solitarios en una ciudad cada vez más superpoblada.

    Al parecer, Taretto se quedó con ganas de decir mucho más: su ópera prima es una versión 2.0 de Medianeras.

    Martín (Drolas de nuevo) es un fóbico en recuperación. Trabaja como diseñador de sitios web y casi no necesita moverse de su monoambiente, pero trata de hacerlo. Vive con la mascota de su ex, una caniche. Mariana (ahora interpretada por Pilar López de Ayala), arquitecta recibida pero que no ejerce, trabaja en las vidrieras de los negocios de ropa. También vive en un pequeño departamento, sin más compañía que un montón de maniquíes a los que les cuenta de su patética vida. Martín y Mariana podrían congeniar. Son vecinos, incluso. Sin embargo, todo se hace difícil en una ciudad cada vez más enorme, compleja y alienante.

    La película tiene elementos cómicos (de un humor agridulce) y románticos (sin ser romántica en su totalidad o, por lo menos, no de la manera tradicional). Pero, ante todo, Medianeras es una historia sobre la soledad. Si bien los protagonistas dan vueltas, conocen a otras personas, incluso tienen sexo, no logran dar con el amor. ¡Y el amor está ahí nomás, donde uno menos se lo imagina! Y su hermetismo y desencanto y apatía y la dependencia de Internet tampoco son de mucha ayuda para poder encontrarlo.

    La estructura es original para lo que es el cine argentino, pero con influencias muy claras. Tiene el sabor al cine de Woody Allen y una dinámica digna de las comedias románticas escritas por Nora Ephron. Remite, en muchos aspectos, a la reciente 500 Días con Ella: enamorados antiheróicos (uno de ellos, arquitecto que no ejerce, como Joseph Gordon-Levitt en el film de Mark Webb), voz en off, secuencias animadas, observaciones agudas sobre la vida y las relaciones... También hay referencias a íconos de la cultura popular, como el juego ¿Dónde está Wally?, que tiene un peso importante en la trama.

    Taretto maneja con mano maestra tanto lo técnico como el trabajo con los actores. Cada aspecto parece calculado, desde los encuadres hasta los gestos de los interpretes. Claro que todos estos detalles empiezan desde el guión. Como buen alumno del gran José Martínez Suárez, sabe que buenos guiones hacen buenas películas.

    Javier Drolas sigue estando perfecto en el papel de Martín. Su actuación es invisible, como si estuviéramos espiando la vida de un solitario muchacho de Capital. La española Pilar López de Ayala también se luce. Su personaje tiene matices un tanto oscuros, ya que dialoga con maniquíes, ¡y hasta tiene sexo con ellos! Los protagonistas están secundados por un elenco de lujo: Carla Peterson (a quien Taretto filma igual que a una diva europea de los ’60), Rafael Ferro, Inés Efrón, Adrián Navarro, Romina Paula (de El Estudiante), Alan Pauls (quien viene de actuar en La Vida Nueva) y hasta el periodista Jorge Lanata.

    Cínica, tierna, contemporánea; a veces pesimista, a veces esperanzadora; Medianeras confirma que Gustavo Taretto es un talento a seguir y que el cine argentino está en un momento interesante... y que hay que estar siempre atento: nuestro gran amor puede estar más cerca de lo que pensamos.
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  • El árbol de la vida
    Hay directores que podrán ser amados u odiados, pero que nunca pasan desapercibidos. Tal es el caso del estadounidense Terrence Malick.

    En casi cinco décadas, este ermitaño y misterioso cineasta dirigió cinco películas en la que plasmó su visión contemplativa de la naturaleza (humana y en general): Badlans, Días de Gloria, La Delgada Línea Roja, El Nuevo Mundo y la que hoy nos convoca: El Árbol de la Vida.

    En 139 minutos, Malick logra contar, de manera épica, una historia intimista. La historia de una familia de Texas en la década del 50. La familia de Jack (Sean Penn en la edad adulta) y sus dos hermanos, quienes viven con un padre demasiado estricto (Brad Pitt) y una madre amorosa (Jessica Chastain).

    Como suele suceder en el cine de Malick, el argumento es sólo la punta del iceberg. Debajo de la superficie están todas sus preocupaciones y temas recurrentes: la pérdida de la inocencia, el contraste entre el hombre y la naturaleza; el amor, el odio, la muerte, la Vida. La Vida. De eso se trata la película. De la vida de Jack... pero también de la vida en general. Y esto se hace evidente cuando, en determinado momento, sorprendiendo al más desprevenido, se nos presenta un minidocumental —al estilo de los de Discovery Channel, pero mejor— sobre el origen del universo. Desde que la Tierra era un infierno de volcanes y lava hasta la aparición de dinosaurios (los dinosaurios mejor filmados de la historia del cine, después de los de Steven Spieberg en Jurassik Park). Esta fascinante secuencia confirma que Malick, con su nivel de perfección y anonimato, es el director vivo más parecido a Stanley Kubrik. De hecho, el diseño de la secuencia estuvo a cargo de Douglas Trumbull, responsable de los efectos especiales de 2001: Odisea en el Espacio. Y si le sumamos que el minidocumental está musicalizado con ópera... Sin embargo, pese a algunos otros intereses en común —personajes que se mueven en mundos violentos, por ejemplo— siguen siendo autores muy distintos. Kubrik era pretencioso, gélido a niveles matemáticos, pesimista. Malick es igual de pretencioso, pero más humano, más introspectivo, más lírico. Ver El Árbol de la Vida es lo más similar a leer poesía: uno simplemente debe dejarse llevar.

    El ambicioso e impresionante trabajo visual le pertenece al director de fotografía Emmanuel Lubezki. El mexicano, quien había trabajado con Malick en El Nuevo Mundo, vuelve a dar cátedra de cómo convertir cada plano en una obra de arte, pero sin nunca dejando de ser funcional a la historia. La clave está en que la cámara parece subjetiva, como convirtiendo al espectador en un personaje más dentro del universo de la película (aunque el punto de vista está puesto en el pequeño Jack). Lubezki fue nominado al Oscar varias veces, pero nunca ganó. Este trabajo podría darle la tan merecida estatuilla.

    Brad Pitt es muy convincente en el rol del padre que exige a sus hijos para que sean triunfadores, para que nadie los pase por arriba, pero que termina resultando autoritario y amenazante. Sean Penn cumple nuevamente, y con economía de recursos. Los chicos son muy frescos y tan profesionales que parecen veteranos. Pero quien se roba la película, en materia actoral, es Jessica Chastain. La joven pelirroja es una encarnación del amor y la felicidad, un personaje de poco carácter pero muy especial. Jack la tiene tan idealizada que siempre aparece sonriente, jugando, incluso levitando como un hada.

    Más allá de que en determinado tramo se vuelva densa, El Árbol de la Vida es una experiencia audiovisual diferente, y también difícil de digerir, sobre todo si uno perdió un ser amado (principalmente, un hijo o un hermano; no hay nada de spoilers en esta aclaración). Es la obra más personal de Malick, el colmo de sus ambiciones creativas. Y, para alegría de sus fanáticos, ya no será necesario esperar años para ver su próximo film: el director ya tiene lista The Burial, con Ben Affleck y Rachel McAdams, y prepara el documental Voyaje of Time, con narración de Brad Pitt. Un director que divide aguas, pero que continua siendo uno de los artistas más personales y respetados.
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  • Identidad secreta
    Identidad secreta
    A Sala Llena
    Todo parece ir bien en la vida del joven Nathan Harper (Taylor Lautner): vive con sus padres, va al colegio secundario, sale a divertirse con amigos, se siente atraído por Karen (Lily Collins), su vecina y amiga de la infancia... Un adolescente normal, que sin embargo no logra comprender por qué todas las noches tiene extraños sueños ni por qué su padre lo entrena en boxeo y otras disciplinas de lucha. Las cosas se pondrán más extrañas cuando, durante un trabajo escolar, descubre por Internet que podría ser un niño que lleva años desaparecido. Y ahí la verdad le cae como un mazazo: su verdadero apellido es Price y sus progenitores no son tales sino agentes que quieren protegerlo. Protección que no dura mucho más, ya que el muchacho comienza a ser perseguido, golpeado y tiroteado por espías extranjeros y hombres de la CIA. Nathan deberá salir con vida y resolver el misterio de su verdadera identidad.

    La película es, ante todo, un vehículo para Taylor Lautner, famoso por interpretar a Jacob Black, el licántropo que sufre por amor en los films de Crepúsculo. Si bien tiene presencia, garra y pasta de héroe de acción, todavía está verde como para llevar adelante una película él sólo. Eso sí: para alegría de las chicas, no pierde la oportunidad de andar con el torso desnudo.

    Lautner está acompañado por otra cara joven: Lily Collins, hija del otrora baterista y luego cantante de Génesis Phil Collins. Karen, su personaje, es la chica de la película, pero que sabe defenderse cuando la situación lo amerita. A la actriz pronto se la verá como Blancanieves en un film todavía sin título definitivo, con Julia Robert haciendo de la Bruja.

    Los secundarios sí son actores con larga trayectoria. Sigourney Weaver es una psicóloga que esconde un secreto, Alfred Molina encarna a un agente de la CIA en el que resulta difícil confiar. Jasón Isaacs y María Bello componen a los “padres” de Nathan. El sueco Michael Nyqvist hace del villano, un espía de origen serbio. Nyqvist, conocido por su papel de Mikael Blomkvist en las películas de la serie Millennium, basadas en las novelas de Stieg Larsson (empezando por Los Hombres que no Amaban a las Mujeres) repetirá su rol de mal tipo en la inminente Mission: Impossible - Ghost Protocol.

    John Singleton sigue siendo el director más joven en ser nominado a un Oscar, en 1991, a los 24 años, por Los Dueños de la Calle, la historia de un grupo de amigos en un suburbio de Los Ángeles. Continuó haciendo films en esa línea: Sin Miedo en el Corazón, con Janet Jackson; Higher Learning, sobre disturbios universitarios; Rosewood, acerca de tensión racial, y El Rey de la Calle. Luego demostró que podía hacer películas mainstream, con secuencias de acción y espectacularidad: Shaft, Más Rápido, Más Furioso, Cuatro Hermanos. Por supuesto, Identidad Secreta forma parte de este último grupo, pero, como en todas sus obras, hay una marca autoral: personajes que tratan de lidiar de la violencia que les rodea. De todos modos, ésta es su película más convencional, menos atrevida, como si se tratara de un simple encargo y nada más.

    En cuanto a las influencias, los primeros minutos recuerdan a Espías sin Rostro, en la que River Phoenix descubría que sus padres eran espías soviéticos en un vecindario estadounidense. Con el correr de las escenas, el personaje de Lautner deriva en una versión teenager de Jason Bourne, el espía amnésico que interpretó Matt Damon en Identidad Desconocida, La Supremacía Bourne y Bourne: El Ultimátum.

    Identidad Secreta es una pequeña historia de espionaje, con cero pretensiones, y funciona, más que nada, como un aperitivo para los fans de Crepúsculo, quienes deben estar contando las horas para el estreno de Amanecer - Parte 1.
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  • Paul
    Paul
    A Sala Llena
    Por un lado, Simon Pegg y Nick Frost. De origen inglés, este dúo dinámico antiheróico protagonizó éxitos de culto —por extraña que suene la expresión— como Muertos de Risa y Arma Letal (títulos argentinos de Shaun of the Dead y Hot Fuzz, respectivamente), dirigidas por el no menos talentoso Edgard Wright.

    Por otro lado, Greg Mottola. Otrora co-equiper de Judd Apatow, culpable máximo de Supercool y Adventureland: Un Verano Memorable.

    Si a la ecuación le sumamos un extraterrestre con la voz de Seth Rogen, nos da como resultado Paul.

    Graeme Willy (Pegg) y Clive Gollings (Frost) son dos artistas y meganerds británicos que, luego de gozar en la Comic-Con[1], alquilan una casa rodante y se ponen a recorrer parajes relacionados con el fenómeno OVNI, como el Área 51. En medio del camino, ven cómo un auto se desvía de la ruta y choca. Cuando acuden para rescatar a posibles heridos, descubren que el chofer no era un ser humano. Paul, un alienígena cabezón, de ojos grandes y muy canchero, les pide ayuda para llegar hasta la nave que lo llevará de regreso a su planeta. Graeme y Clive le dan una mano a su nuevo e inusual amigo, aunque deberán huir de agentes y otras personas que pretenden dar con el Visitante.

    La película es una desopilante comedia en clave de road movie ambientada en las carreteras estadounidenses, pero, sobre todo, es la historia de fans, hecha por fans y para fans. Graeme y Clive son los prototípicos nerds; hombres que, pese a su edad, saben todo sobre Viaje a las Estrellas y La Guerra de las Galaxias. Sin embargo, más allá de sus graciosas salidas, están mostrados con respeto, no como un par de loquitos de historieta. Una vez más, Pegg y Frost, desde la actuación y desde el guión, logran hacer creíble y divertido lo francamente inverosímil, además de una gloriosa fiesta para cinéfilos y entendidos. Predominan homenajes y referencias, la mayoría puestas de manera muy inteligente y original: Paul, en sus sesenta años que lleva en la Tierra, se dedicó a asesorar a producciones de Hollywood y a cineastas de la talla de... ¡Steven Spielberg! Curiosamente, la próxima aparición (o algo así, ya que animarán sobre ellos gracias a la técnica de motion capture) de la dupla Pegg-Frost será en Las Aventuras de Tintín - El Secreto del Unicornio, dirigida por el denominado Rey Midas del cine.

    Demostrando que la tienen clara a la hora de musicalizar films, Pegg, Frost y Mottola se despachan con otro soundtrack demoledor. Suenan temas de Marvin Gaye, B’52... y “ Don’t Bring Me Down”, de Electric Light Orchestra, que también forma parte de la banda sonora de Super 8, película con la que Paul se complemente a la perfección.

    Paul es un nuevo prodigio de la animación por computadora y un nuevo trabajo inolvidable de Seth Rogen. Al haber vivido tanto tiempo en nuestro planeta, el extrovertido alienígena adoptó nuestros modismos y la manera de hablar. Su carisma y sus movimientos recuerdan a Bugs Bunny, pero más escatológico. Ojo, también tiene su faceta tierna y sentimental.

    Además de Pegg, Frost y Rogen, el elenco secundario también se luce. Kristen Wiig hace de Ruth, una chica demasiado religiosa y tuerta que se una a los protagonistas y aprende a deshinibirse. Perteneciente al elenco de Saturday Night Live, Wiig actúa en —y es co-guionista de— Damas en Guerra, que se estrena en breve. Jason Bateman interpreta a un misterioso hombre de negro que anda tras Paul. Una vez más, este comediante causa gracia al mantenerse serio ante las situaciones más absurdas, como si no estuviera actuando en una comedia. Bill Hader, de Saturday Night Live y actor fetiche de Mottola, es Haggard, un agente con intenciones que no terminan siendo las que parecen. Joe Lo Truglio, por su parte, es O’Reilly, compañero de Haggard, quien resulta un nerd de la primera hora. John Carroll Lynch sigue dando miedo, ahora como el padre de Ruth, quien no duda en tratar de rescatar a su hija con una escopeta y una Biblia. Blythe Danner pone la cuota emotiva como una vieja amiga —y amiga vieja— de Paul, y Jane Lynch, hoy conocida mundialmente por ser la malvada Sue Silvester en Glee, saca más de una sonrisa en los pocos minutos que le tocan en pantalla.

    También hay una aparición sorpresa en el final, de la que no conviene adelantar nada.

    En Paul, Simon Pegg y Nick Frost siguen siendo garantía de genialidad y humor. Hacen tan buen equipo con Mottola como con Wright, y una vez más nos dicen que e, ciertas ocasiones, hay que arriesgarse de lleno por lo que se siente o por las personas a las que amamos. Ya lo dice Paul: “A veces hay que jugársela”.
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  • Splice
    Splice
    A Sala Llena
    Si a David Cronenberg se le ocurriera adaptar al cine su visión de la novela de H.G. Wells La Isla del Doctor Moreau, el resultado se aproximaría a Splice: Experimento Mortal.

    Clive (Adrien Brody) y Elsa (Sarah Polley), dos talentosos y jóvenes científicos, se dedican a mezclar ADN de distintas especies animales. El objetivo: crear un híbrido del que sea posible extraer proteínas y otros elementos cruciales para la evolución de la medicina. Envalentonados por los buenos resultados, Clive y Elsa añaden a su experimento genes humanos. Al poco tiempo nace una criatura nueva, inteligente, astuta; un ser con forma humana en su mayor parte, aunque provisto de una mortífera cola que sirve como aguijón. La pareja se encariña con su invención, a la que bautizan como Dren (anagrama de Nerd). Pero a medida que Dren va creciendo, sus apetitos cambian... para mal de sus padres adoptivos. La ilusión de familia se convertirá en una situación incontrolable.

    El director canadiense Vincenzo Natali se había convertido en una promesa del cine fantástico gracias a El Cubo, su inquietante ópera prima. Si bien sus siguientes films —la interesante Cyper, que le debe mucho a la literatura de Philip K. Dick, y Nothing, además de un corto de vampiros para el largometraje París Je t’aime, protagonizado por Elijah Wood—, no llamaron demasiado la atención, parece haber vuelto con tutti gracias a Splice, que tiene como productor ejecutivo a Guillermo del Toro. Hay puntos en común con las películas del director mexicano: aquí el monstruo termina siendo menos cruel que las personas, que son capaces de lo que sea con tal de satisfacer sus ambiciones más desmedidas. La bestia sólo se vuelve violenta cuando es rechazada o siente que la atacan. También está el tema de los científicos jugando a ser Dios, igual que Víctor Frankenstein en ya se imaginan qué obra de Mary Shelley y que el Doctor Moreau en la mencionada novela.

    Además, hay puntos en contacto con el cine del también mencionado Cronenberg, sobre todo el de la primera época: experimentos fuera de control, invierno, bichos viscosos... Se asemeja más a La Mosca, por su carácter intimista (escasos personajes y escenarios, relaciones complejas, un monstruo que se convierte en tal muy de a poco).

    Más allá de estas comparaciones, Splice tiene personalidad propia gracias a un preciso trabajo de dirección, guión y actuación. Adrien Brody y Sarah Polley son los actores perfectos para este material. Son creíbles como gente de ciencia y como una pareja en un momento crucial de sus vidas, donde deben elegir el camino definitivo hacia la madurez. También aparece en el elenco David Hewlett, actos canadiense de culto y fetiche del director, visto hace poco en otra historia de experimentos científicos que perjudican a los humanos: El Planeta de los Simios: (R)Evolución. Tampoco hay que olvidarse de Delphine Chanéac, actriz francesa que interpreta a Dren de manera que podamos sentir por ella ternura y miedo.

    Splice: Experimento Mortal es una pequeña joyita a la que todavía hay que descubrir... y otra prueba de que es mejor no perturbar a la naturaleza.
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  • Noche de miedo
    Noche de miedo
    A Sala Llena
    En 1985 se estrenó una de las más logradas combinaciones de horror y comedia: La Hora del Espanto. En esta película dirigida por Tom Holland, Charley Brewster (William Ragsdale), un adolescente fanático del cine de terror, descubre que Jerry (Chris Sarandon), su nuevo vecino, es un vampiro responsable de las misteriosas desapariciones del vecindario. El muchacho y sus amigos acudirán a Peter Vincent (Roddy McDowall), un actor y presentador de film de miedo —al estilo Peter Cushing y Vincent Price, justamente— en el programa Fright Night (de ahí el título original en inglés). Aunque Peter resulta no ser un especialista en matar chupasangres, él, Charley y su novia deberán arreglárselas para enfrentar al ser de las tinieblas.

    La Hora del Espanto se convirtió en un clásico menor, generó una secuela en 1988... y tampoco escapó al ataque de las remakes: Noche de Miedo.

    El argumento y la esencia siguen siendo las mismas, pero hay varios cambios. Ahora la acción transcurre en un pueblito de Nevada, cerca de Las Vegas, donde es común que la gente duerma de día y trabaje de noche. También hay diferencias en las características de los personajes. Charley (ahora interpretado por Anton Yelchin) pasó a ser un ex nerd convertido en un chico popular del colegio, y no es el primero en descubrir la verdadera cara de Jerry (ahora Colin Farrell), sino Evil Ed, su amigo. Este personaje —autor de la memorable frase “You're so cool, Brewster”—, inmortalizado anteriormente por Stephen Geoffreys y esta vez encarnado por Christopher Mintz-Plasse, tiene el mismo destino que en la original, pero menos participación. La madre de Charlie (Toni Collette) aparece más en la historia que en la versión anterior... pero el cambio más radical es el Peter Vincent modelo 2011 (David Tennant): un mago onda Chris Angel, bien roquero, arrogante, alcohólico y experto en lo oculto; los fanáticos de Roddy McDowall tendrán sentimientos encontrados, ya que el trabajo de Tennant es muy bueno.

    La guionista Marti Noxon parecía destinada a escribir este refrito: trabajó en la serie Buffy: La Cazavampiros y en el spin off Angel. Además de las modificaciones mencionadas, hizo otro cambio en la trama: ahora Jerry ya no se interesa en Amy, la novia de Charley, porque le recuerde a un amor del pasado. En cambio, agrega una relación previa entre Jerry y Peter, lo que le da más profundidad al personaje del cazador de vampiros.

    El director Craig Gillespie demostró que sabe hacer comedias dramáticas (Lars y la Chica Real) y comedias más tradicionales (Enemigo en Casa, con Sean William Scott y Billy Bob Thorton). Esta vez también incursiona en territorio sobrenatural y violento. Logra imprimirle un ritmo imparable a determinadas secuencias, como una dentro de un auto en medio de una persecución, muy al estilo de la de Niños del Hombre. Sin embargo, en la versión de Holland, cuando la película se ponía terrorífica, era muy aterradora, y en la versión actual, Gillespie falla en ese aspecto. La utilización de efectos por computadora tampoco ayuda, pese a que no hay abuso de dicha tecnología.

    Aunque no es un film extremo, es un poco más crudo que los films de Crepúsculo, a los que inevitablemente se hace referencia en un chiste. Curiosamente, el director de fotografía Javier Aguirresarobe viene de iluminar Luna Nueva y Eclipse.

    En cuanto a la tarea actoral, Colin Farrell se destaca por sobre el resto, dejando en claro que sabe hacer de villano. Su Jerry es tan sensual y peligroso como el de Chris Sarandon (quien tiene un divertido cameo), incluso con un sex appel postmoderno. Por su parte, la inglesa Imogen Poots le pone su cuota romántica como la nueva Amy, que resulta más bella y atrevida que la de Amanda Bearse en el ’85.

    Noche de Miedo será comparada inevitablemente por quienes aman La Hora del Espanto, pero no deja de ser una buena excusa para ir al cine y distraerse un rato... y no pensar si el vecino nuevo de tu vecindario es un monstruo dispuesto a arrancarles la yugular.
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  • Apollo 18
    Apollo 18
    A Sala Llena
    Las películas de terror en clave de falsos documentales se niegan a morir. Desde El Proyecto Blair Witch, en 1999, que el subgénero es usado para contar de manera más vívida y anticonvencional historias de invasiones extraterrestres (Alien Abduction, que en realidad es anterior a El Proyecto...), zombies hambrientos (REC y su secuela), bestias gigantes como Godzilla (Cloverfield: Monstruo), casas embrujadas (Actividad Paranormal y sus secuelas), posesiones satánicas (El Último Exorcismo, la argentina Incidente).

    Apolo 18 – La Misión Prohibida es el caso más reciente. Ahora hay más elementos de ciencia-ficción y los sucesos ocurren fuera de la Tierra.

    En los 60 y principios de los ’70, eran comunes las misiones tripuladas al espacio. El programa Apolo, de la NASA, realizó diecisiete misiones, y seis pudieron aterrizar en la Luna. El Apolo 17, en 1972 parecía ser la última misión al satélite natural de nuestro planeta. Parecía: un año después, una misión no oficial es enviada allá, con el supuesto objetivo de instalar un satélite artificial. Los dos astronautas responsables del objetivo empezarán a advertir que algo no anda bien en el territorio lunar. Hay algo extraño en el ambiente, en las rocas... Sus temores quedarán confirmados cuando encuentran los restos de una misión soviética, que incluye un cadáver y sangre por todos lados. Los astronautas descubrirán que el Departamento de Defensa —que financiaba la misión— sabía lo que estaba ocurriendo, y que dependerá de ellos salvarse de la inusual amenaza que mora en la Luna.

    Todo esto, contado con cámaras de 16mm manipuladas por los protagonistas y por las ya instaladas en el módulo espacial. Filmaciones supuestamente perdidas que aparecieron hace poco en Internet. Además, al principio y al final se recurre a la utilización de imágenes de archivo muy hábilmente mezcladas con las partes de ficción. Como una versión más barata de los primeros minutos de Transformers 3: El Lado Oscuro de la Luna, en la que también se presentaba una teoría —más delirante, por supuesto— de por qué el Hombre nunca más volvió a esa parte de la Vía Láctea.

    Al principio, la recreación de la vida de los astronautas en el espacio es realista, aunque bastante densa, pero con el correr de los minutos va aumentando la tensión y la sensación de claustrofobia. En cuanto a la naturaleza de lo que acecha a los personajes, no conviene adelantar demasiado.

    El director español Gonzalo López-Gallego viene de dirigir los largometrajes Nómadas, Sobre el Arco Iris (en donde ya había una estética de cámara en mano) y El Rey de la Montaña, en la que dirigió a Leonardo Sbaraglia. Con Apolo 18 debuta en Estados Unidos con esta película, y lo hace con muy buen pulso. Pero el nombre con más peso en el film es el del director —pero esta vez productor— Timur Bekmambetov, responsables de Guardianes de la Noche, Guardianes del Día y Se Busca. Este cineasta ruso se está volviendo un peso pesado en Hollywood y prepara Abraham Lincoln: Vampire Hunter.

    Pese a que los falsos documentales terroríficos ya empezaron a agotarse, y sin ser genial, Apolo 18 – La Misión Prohibida se las arregla para poner nervioso al espectador y hacerle experimentar miedo en tiempo real, como si lo que vemos en la pantalla hubiera sucedido realmente.
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  • Sin límites
    Sin límites
    A Sala Llena
    Eddie Morra (Bradley Cooper) no la está pasando nada bien. Es pobre, vive en una pocilga, sus intentos por convertirse en escritor siguen siendo intentos; Lindy (Abbie Cornish), su novia, lo ayuda como puede... Pero su vida pega un giro fenomenal cuando su ex cuñado aparece de pronto y le regala una píldora experimental conocida como NZT-48. Apenas la consume, Eddie es capaz de exprimir todo su potencial: aumentan su sentido de la observación, su memoria, sus energías, su sex appel. Querrá tomar más, y consigue más, y poco le importa que su dealer aparezca muerto. Escribir libros en pocas horas, aprender idiomas, ganar dinero, conocer amigos poderosos, tener sexo con bellezas 90-60-90, viajar por el mundo, todo se vuelve sencillo para Eddie. Incluso logra interesar al multimillonario Carl Von Loon (Robert De Niro), quien lo ve como una suerte de gallina de los huevos de oro. Pero justo en el Olimpo tan deseado, Eddie comenzará a padecer el costado más negativo y peligroso de la droga. Los efectos secundarios resultan perturbadores, y será acechado por diferentes personajes que también buscan las pastillitas milagrosas.

    Sin Límites funciona como un thriller y una fantasía de éxito inmediato e ilimitado, y muestra los aspectos positivos y negativos de un medicamento experimental, desde el punto de vista de Eddie. El espectador sentirá deseos de poder tomar esa droga y convertirse en el mejor, pese a las terribles consecuencias (ojo, si nunca hacer apología de las sustancias prohibidas). El director Neil Burger —quien la pegó con El Ilusionista, protagonizada por Edward Norton y Jessica Biel— lo reafirma en la estética utilizada. Antes de que Eddie se drogue, todo es gris, opaco, tranquilo, carente de vida; pero apenas ingiere la pastilla, predomina el delirio visual, empezando por un aumento en la intensidad de los colores. Un estilo cercano al d Darren Aronofsky, especialmente en Réquiem para un Sueño. Claro que Burger, pese a ser un buen cineasta, todavía está lejos de ese nivel de genialidad.

    Algunos recursos del guión quedan sin una solución coherente y bordean lo inverosímil, como el hecho de que la pastilla pueda hacer efecto tan rápido y de manera tan espectacular (los especialistas en temas farmacéuticos sabrán opinar con más propiedad). Y el final es atrevido, pero puede entenderse de distintas maneras. Sin embargo, nunca deja de ser una historia bien contada, y el espectador nunca deja de encariñarse por Eddie.

    Además de protagonizar, Bradley Cooper debuta como productor. Aunque reemplazó a último momento a Shia LaBeouf, demuestra que no sólo es atractivo y gracioso como en ¿Qué Pasó Ayer? y su secuela: puede transitar varios géneros, sabe llevar él sólo una película y no le tiembla el pulso actuando junto a Robert De Niro (un De Niro rutinario y poco inspirado, pero que sigue siendo De Niro). La australiana Abbie Cornish está correcta como Lindy. Su físico y talento como actriz dramática y de acción recuerdan a sus compatriotas Nicole Kidman y Naomi Watts, pero en versión sub-30.

    Sin Límites es entretenida, clásica y moderna al mismo tiempo... y, hay que admitirlo: lleva a pensar “¡Quiero esa píldora! ¡Aunque sea sólo una!”.
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  • Destino final 5
    Destino final 5
    A Sala Llena
    Si luego de ver la primera Destino Final, estrenada en 2000, el espectador quedaba con miedo de moverse de la casa (aunque siempre se puede caer el techo), las continuaciones lo dejan a uno con temor hasta de respirar.

    Destino Final 5 sigue en esa línea mortal.

    El argumento es siempre el mismo: ocurre un terrible accidente del que sobrevive un puñado de personajes, porque uno de ellos tuvo la visión de que ocurriría algo muy malo. Pero pronto comenzarán a morir de maneras tan misteriosas como sangrientas.

    Esta vez, la tragedia del principio tiene lugar en un puente que se derrumba. Sólo un grupo de oficinistas logra salir de un micro a tiempo. Como corresponde, la Parca irá por ellos. Pero, una vez más, surge una estrategia que podría garantizarles la salvación: matar a otra persona para tomar su vida. Esto hará que los protagonistas reconsideren su sentido de la moral, al tiempo que se fijan hasta por donde pisan o miran al cielo por si les cae un piano.

    Algunas vueltas de tuerca no resultan ser demasiado significativas, y da la sensación de estar viendo siempre la misma película. Sin embargo, la mezcla de entretenimiento, paranoia y muertes horripilantes y creativas nunca deja de ser efectiva.

    La primera parte y la tercera fueron dirigidas con James Wong, que le dio un estilo más serio. En la dos y la cuatro, David R. Ellis se despachó con toques decididamente trash. En esta oportunidad, el debutante Steven Quale no se va ni para un lado ni para el otro, pero conserva el humor negro de las películas anteriores —canciones relacionadas a episodios trágicos, por ejemplo— y, como Ellis en El Destino Final, aprovecha el uso de tecnología 3D (de hecho, Quale viene de trabajar con su mentor James Cameron en Avatar). Es una divertida experiencia ver pedazos de gente volando hacia nosotros o sentir que un fierro parece salir de la pantalla para atravesarnos.

    En cuanto al elenco, quien vuelve es Tony Todd. Al igual que en las primeras dos entregas, interpreta al misterioso forense que parecer conocer bien los planes de la Muerte. Desde su actuación en Candyman, allá por 1992, Todd se convirtió en una suerte de icono del cine de terror moderno. Lo cierto es que su altura, su mirada y su voz son capaces de inquietar a cualquiera.

    Todos los film de Destino Final están conectados entre sí, ya sea por referencias a personajes o detalles. La quinta parte no es la excepción. De hecho, tiene un fuerte vínculo con uno de los film que la precede; un vínculo que se sabe en el final. Y si bien algunas pistas dan a entender por dónde irá el asunto, el resultado es forzado y tramposo... aunque sorprenderá a los fanáticos más acérrimos.

    Pese a que el esfuerzo y la imaginación está más puestos en elaborar las muertes de los personajes que en el escribir un guión menos repetitivo, Destino Final 5 cumple. No pretende ser más de lo que es. Forma parte de una de las sagas terroríficas más exitosas del nuevo milenio, demuestra que el 3D le sienta perfecto al cine de horror... y provocan que hasta lavar los platos nos parezca una actividad con riesgo de mandarnos al otro barrio.
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  • Mi primera boda
    Mi primera boda
    A Sala Llena
    Los casamientos —y hasta los eventos y personajes que giran alrededor de dicho ritual— supieron nutrir al cine desde siempre. Muchos de los mejores y más famosos exponentes son en clave de comedia y provienen de Hollywood, pero Argentina también contribuyó con el subgénero. La trilogía Divorcio en Montevideo, Casamiento en Buenos Aires y Luna de Miel en Río, con Niní Marshall y Enrique Serrano, y ¡Qué Noche de Casamiento! (las dos versiones cinematográficas, basadas en la obra teatral de Ivo Pelay) son algunos ejemplos. Hasta El Hijo de la Novia podría ser incluida.

    Este año llega LA película argentina sobre el tema: Mi Primera Boda.

    Adrián (Daniel Hendler) y Leonora (Natalia Oreiro) están a minutos de casarse en una quinta bien alejada de la civilización. Familiares, amigos, todos están allí para presenciar la ceremonia. Pero faltando menos para dar el “Sí”, Adrián pierde un elemento crucial. Lejos de contarle a los demás lo sucedido, hará lo imposible por retrasar la boda con tal de recuperar lo que extravió. En el camino, fortalecerá lazos y enfrentará enemigos inesperados.

    Luego de su debut en 2006, con la estupenda Cara de Queso-Mi Primer Ghetto (cuyo argumento está incluido en un chiste de MPB), Ariel Winograd regresa al largometraje con una comedia basada en una cadena de errores, enredos y conflictos que parecen empeorar a medida que pasan los minutos. Y una vez más queda patente su sentido cinematográfico y su habilidad para la comedia y el drama (que no hay casi, pero lo hay). En vez de tomarse como modelo a las películas cómicas argentinas que suelen filmarse en el ámbito industrial, aquí hay saludables influencias de películas estadounidenses; se nota en cómo está estructurado el guión, en el ritmo, en los encuadres, en determinadas situaciones. No obstante, sigue siendo una historia universal, ya que podría pasar en cualquier parte del mundo.

    Además de entretenida y desopilante, MPB también funciona como una sátira de los casamientos (sobre todo los modernos y de clase media, que se realizan al aire libre, por lo general) y al grupo heterogéneo de invitados: la esposa castradora, el marido sumiso, los amigos de los novios queriendo engancharse con alguien, los ex de los novios... Lo mismo se aplica a la religión: como Adrián es judío y Leonora, católica, eligieron para casarlos a un cura (Marcos Mundstock) y un rabino (Daniel Rabinovich), quienes, con sus conversaciones, son responsables de las escenas más antológicas de la película.

    Y ya que hablamos del elenco, no tiene desperdicio, ya que el director se las ingenia para que cada actor pueda lucirse, aunque sea unos segundos.

    Daniel Hendler está perfecto en el papel de Adrián, un hombre que aún no está seguro de tomar la gran decisión de su vida, pero que es capaz de todo por amor (incluyendo dejar sin agua corriente a una residencia y andar a caballo para desviar el rumbo de los sacerdotes). Al actor uruguayo le bastan con un par de gestos para comprar al espectador y provocar risas. Su compatriota Natalia Oreiro lo tiene todo: preciosa, carismática, fresca, buena actriz; sabe hacer reír y llorar. Nació para interpretar a Leonora, una chica perfeccionista y algo mandona, pero no por eso menos romántica. Imanol Arias es Miguel Ángel, profesor de filosofía, antiguo novio de Leonora y, sobre todo, un ser arrogante y despreciable que pretende seguir cerca de la novia... y que podrá influir decisiva y peligrosamente en el casamiento. Martín Piroyansky se roba sus escenas como Fede, el primo de Adrián y su principal aliado durante el film; un personaje tierno y gracioso. Pepe Soriano vuelve a dar cátedra de comedia interpretando al abuelo del novio, un señor mayor recién separado y con ganas de fumar cosas raras. Gabriela Acher y Gino Renni están bien haciendo de los padres del novio, y Soledad Silveira, pese a tener una actuación que bordea el grotesco, también se destaca. Los amigos de Adrián están encarnados por Alan Sabbagh, Clemente Cancela y Sebastián De Caro; aunque están muy bien y forman parte de una de las secuencias más graciosas, dan ganas de verlos más tiempo en pantalla e interactuando más seguido con el novio. Como sí pasa con Muriel Santa Ana en el rol de Inés, la enamoradiza mejor amiga de Leonora.

    Mi Primera Boda —que arranca con una de las mejores secuencias de créditos iniciales del cine argentino, a cargo del dibujante Liniers— es una nueva prueba de que el cine argentino industrial está pasando por un momento más que interesante. Se apuesta al cine de género, a cineastas jóvenes, a actores nuevos (muchos de ellos, provenientes del cine independiente). Los films son masivos, pero también de calidad. Y hay mucha aceptación por parte del público y de la crítica. Es la prueba de que muchas de las mejores películas nacen cuando lo comercial y lo artístico llegan al altar y dicen “Sí, acepto”.
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  • Balada triste de trompeta
    Pese a su carácter alegre y simpático, los payasos siempre dieron un poco de miedo. La ropa, el maquillaje, el pelo, la risa demasiado estridente, todo produce una sensación de inquietud, de terror. Como si detrás de esa caracterización tan chillona se encontrara alguna clase de bestia hambrienta. Tan serio es esto, que hasta existe un nombre para la fobia a los clowns: coulrofobia.

    La cultura popular supo darnos varios payasos malvados. Todos gritamos cuando el niño de Poltergeist es atacado por su muñeco de payasito. Una generación entera se aterró con Pennywise (Tim Curry), el ente demoníaco que acechaba a un grupo de niños en la miniserie It, basada en una novela de Stephen King. Y no nos olvidemos que el Guasón (en todas sus versiones), el más famoso archivillano de Batman, también luce como un pagliaccio.

    Para contribuir a este subgénero, Alex de la Iglesia nos presenta una de sus mejores obras: Balada Triste de Trompeta.

    La acción empieza en 1937, en plena Guerra Civil Española, cuando el Payaso Tonto (Santiago Segura, quien no trabajaba con De la Iglesia desde Muertos de Risa) y otros artistas de circo son reclutados por el Ejercito Popular Republicano. Y así, con indumentaria circense y un tremendo machete, combate contra los soldados de Franco. Claro que los hombres del General logran apresarlo con fines oscuros. En 1973, Javier (Carlos Areces), el hijo de aquel Payaso Triste, empieza a trabajar en un circo. Allí queda alucinado por Natalia (Carolina Bang), trapecista, bailarina y estrella del show. Lamentablemente para Javier, la chica es la pareja de Sergio (Antonio de la Torre), el arrogante y sádico payaso principal del espectáculo. De todos modos, Javier y Natalia comienzan a salir en secreto. Pero Sergio se entera. Sergio, quien minutos atrás dice “Si no fuera payaso sería un asesino”. Claro que, en esa misma escena, Javier dice “Yo también”. Como no podía ser de otra manera, lo que sigue es un frenesí de obsesión, violencia y muerte que parece no terminar jamás.

    Salvo en Los Crímenes de Oxford, cada vez que Alex de la Iglesia se metió con géneros como el terror, la ciencia-ficción y el suspenso, lo hizo en clave de humor negro. En Balada... hay algunos momentos que sacan una sonrisa, generalmente por parte de los estupendos actores secundarios. Pero ahora el tono es de horror puro y duro, que llega a niveles extremos y delirantes. La brutalidad dentro del ámbito en el que se mueven los protagonistas funciona como una metáfora de la que se vivió en España durante los tiempos del Franquismo. Como si el clima violento, de desesperación, de locura, impregnara a todos.

    La película remite a la mencionada Muertos de Risa. Otra vez tenemos dos personajes que compiten entre sí, con las peores consecuencias. También hay otra excelente reconstrucción histórica, de los ’30 y de los ‘70. Para lograr mayor realismo, el director mezcla imágenes de archivo y sucesos de la vida real con la historia de ficción. Además, hay constantes referencias a personajes de la cultura popular de aquel entonces. El más destacado tiene que ver con el nombre del film: el cantante Raphael. En una escena, Javier entra en un cine donde proyectan Sin Un Adiós, en la que El Niño, maquillado como payaso, en un circo, canta “Balada de la trompeta”, tema musical que en la Argentina fue popularizado por Estella Raval y los Cinco Latinos. Un tema que habla de sufrimiento y del pasado que se niega a desaparecer.

    De la Iglesia es muy cinéfilo, y cada vez que homenajea o parodia a otros films, lo hace lo más disimuladamente posible. Una vez más, hay recursos y secuencias hitchocokianos, y también reminiscencias a Fenómenos, esa genialidad de Tod Browning, en la que también había una historia de amor con final nefasto.

    Es cierto que ninguno de los protagonistas entra en la categoría de buena persona, pero a quien el espectador podrá entender más es a Javier. Carlos Areces genera compasión, lástima y miedo en el rol de Javier, un hombre atormentado por los traumas infantiles relacionados con su padre, y al que las circunstancias lo llevan a canalizar su miedo, su dolor y su rabia por la vía más sangrienta. Antonio de la Torre no se queda atrás como Sergio, uno de los seres más desagradables y enfermos del cine moderno. La sensual y sexual Carolina Bang (esposa de Alex y su reciente actriz fetiche) encarna a Natalia, una femme fatale masoquista que pretende jugar con los dos hombres que la desean, y que podrá terminar muy mal. Y el enorme Santiago Segura, en los pocos minutos que aparece, compone a un payaso nada gracioso, pero inolvidable.

    Balada Triste de Trompeta es la película más trágica, más política, más psicológicamente retorcida y más perturbadora de Alex de la Iglesia, además de una de las mejores de su ya muy rica filmografía. Y, no pudiendo con su genio, logra que volvamos a —o que nunca dejemos de— temerle a los payasos.
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  • Cowboys y Aliens
    Cowboys y Aliens
    A Sala Llena
    El western y la ciencia-ficción siempre estuvieron relacionados. Desde Viaje a las Estrellas hasta Avatar , muchas de las más famosas historias de naves espaciales, ambientadas en otros mundos, toman su estructura de los relatos con vaqueros, indios y diligencias. También hubo mezclas de los géneros en la serie Las Aventuras de Jim West (y en su fallida adaptación cinematográfica, Wild Wild West).

    Por ese camino transita Cowboys & Aliens.

    Estamos en los tiempos del Far West. Un hombre (Daniel Craig) despierta en medio del desierto, sin saber quién es ni cómo llegó allí... ni cómo apareció en su brazo una extraña pulsera metálica. Enseguida descubrirá que es Jake Lonergan, uno de los forajidos más temibles del Oeste. Y justo cuando es atrapado por la ley y por el Coronel Woodrow Dollarhyde (Harrion Ford), quien asegura que Jake le robó oro, hará un descubrimiento más inusual y peligroso: aparecen naves espaciales que atrapan gente, y la pulsera es la única arma que parece detenerlas. El ladrón, el coronel y un grupo de antihéroes deberán ir en rescate de los secuestrados, aunque para lograrlo deberán hacerle frente a una amenaza desconocida y feroz.

    El argumento tiene puntos en común con el de uno de los mejores westerns jamás filmados: Más Corazón que Odio, de John Ford, en donde John Wayne debe rescatar a su sobrina de manos de los indios. Aquí, es Dollarhyde quien va en busca de su inmaduro hijo (Paul Dano)., y en vez de nativos, hay extraterrestres. En realidad, sí hay una tribu, pero se alían con Jake y el Coronel para combatir a los nada simpáticos visitantes espaciales, quienes están en la Tierra... por el oro. Se nota que en esos tiempos, la fiebre por ese material se extendía a toda la galaxia.

    En cuanto a los aliens, son muy similares al de la reciente Super 8, que a su vez se parece al monstruo de Cloverfield, pero de menor tamaño. Criaturas realistas, con rasgos de reptil, múltiples brazos, y muy peligrosos. Una tendencia de estos tiempos, así como en los ’80, por ejemplo, muchos ETs tenían cualidades lumínicas.

    Jon Favreau, director de Iron Man y su secuela, la tiene clara a la hora de entretener. Cuenta una historia y usa los efectos especiales de manera que no resulte empalagosa. Pero aquí no tiene un Robert Downey Jr. para sumarle carisma y encanto al resultado final. Dato curioso: el Tony Stark de la pantalla grande iba a formar parte del elenco, pero se bajó para hacer Sherlock Holmes 2.

    Aunque ninguno de los dos tiene una actuación inspirada esta vez, Daniel Craig y Harrison Ford demuestran que saben interpretar a tipos recios, cínicos, pero de buen corazón y dispuestos a luchar. La química entre ambos es muy interesante; dos rivales que deben trabajar en equipo. Sin embargo, esa química no está muy explotada, ya que casi no interactúan entre ellos tanto como con el elenco secundario. Olivia Wilde deslumbra con su belleza, pero también sabe actuar, y hasta queda un poco mejor parada que sus co-protagonistas masculinos.

    De los protagonistas secundarios, se destacan el gran Sam Rockwell como Doc, el sumiso cantinero que se hará fuerte, y Keith Carradine en el papel del sheriff. Ambos tenían experiencia en el western, sobre todo Keith C. Hasta actuó con sus hermanos David y Robert (y con papá John, aunque sus escenas fueron eliminadas) en La Cabalgata Infernal, obra maestra de Walter Hill.

    Cowboys & Aliens no será genial, pero nunca deja de ser entretenida. Pero es cierto que podría haber estado para más.
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  • El planeta de los simios: (R)Evolución
    Clásicos del cine de ciencia-ficción hay muchos, pero ninguno es tan singular como El Planeta de los Simios. Basada en la novela de Pierre Boulle y estrenada en 1968, la película contaba la historia de Taylor (Charlton Heston), un astronauta que aterrizaba en un planeta en el que los simios son la raza dominante, y los humanos, sus esclavos. Si bien el punto de partida es bastante extraño, se convirtió en un gran éxito de público y crítica. El Planeta... no sólo era un entretenimiento del mejor: también fue revolucionaría en cuanto a técnicas de maquillaje, sorprendía por su contenido político y social... y el final es uno de los más inesperados y potentes del cine fantástico y del cine a secas: Taylor se topa con la Estatua de la Libertad semienterrada. Sí, el protagonista siempre estuvo en la Tierra, sólo que viajó en el futuro.

    El suceso del film originó una saga de películas que expandía la mitología: Bajo el Planeta de los Simios, Escape del planeta de los Simios, La Conquista del Planeta de los Simios y La Batalla del Planeta de los Simios. Y no sólo eso: se hizo una efímera serie de televisión, un programa de dibujos animados. Con el tiempo aparecieron incontables plagios, homenajes y parodias (las más inolvidables son las de Los Simpson); y en 2001 fue estrenada una “reinvención” de la película original, también llamada El Planeta de los Simios, en la que se destacaban el maquillaje realista del experto en maquillaje —y en monos— Rick Baker y la actuación de Tim Roth.

    Pero hoy en día, todo vuelve a empezar, sobre todo en Hollywood, y tenemos un nuevo reinicio de la saga: El Planeta de los Simios: (R) Evolución.

    En su afán por encontrar la cura para el Mal de Alzheimer, Will Rodman (James Franco), un joven científico, prueba una droga experimental con chimpancés. El resultado: los monos se vuelven cada vez más inteligentes. Las cosas empiezan a salir mal cuando una mona pierde el control, ataca a los científicos y es asesinada a balazos. Recién ahí Will descubre que en realidad el sujeto de prueba estaba protegiendo a su cría. Con su reputación por el piso, el científico se convierte en el padre adoptivo de la criaturita, a la que llama César... y que heredó la naciente inteligencia de la madre: aprende a leer, a escribir, a hablar mediante el lenguaje de señas. Es más humano que animal. Pero un incidente con un vecino provoca que sea encerrado junto a otros monos en una reserva-prisión comandada por John Landon (Brian Cox) y su desagradable hijo (Tom Felton). Allí padecerá el mismo maltrato que sus compañeros de celda. Ni Will ni Caroline (Freida Pinto), su pareja, pueden hacer nada para liberarlo. Furioso con las personas, y sacando provecho de sus cualidades, César se convierte en el líder de una revolución capaz de destruir a la raza humana.

    El argumento toma ideas de películas de la saga original. En Escape..., Zira (Kim Hunter) y Cornelius (Roddy McDowall) viajan a nuestro tiempo, tienen un hijo al que bautizan Milo, que es adoptado por un humano cuando los padres mueren. En La Conquista..., Milo (También McDowall), ahora esclavizado junto a otros monos, se cambia el nombre por el de César y lidera una rebelión.

    Y no sólo eso: (R) Evolución contiene una importante cantidad de citas a aquellos films, especialmente a la primera parte. La nave Icarus (la misma en la que accidentalmente Taylor viaja en el tiempo) despega y se pierde en el espacio. Y los nombres: el orangután se llama Maurice, por Maurice Evans, quien interpretaba al también orangután Dr. Zaius; el personaje de David Oyelowo es Jacobs, por Arthur Jacobs, productor de la saga original... y así varios casos y chistes, como Charlton Heston por televisión. Todo esto permite conectar los sucesos de este film con todo lo que se vio en los anteriores. Sin embargo, los devotos más acérrimos detectarán aspectos narrativos que no se corresponden demasiado con aquellas obras.

    (R) Evolución también toma elementos de varios subgéneros que son mezclados exitosamente. Por un lado, el concepto del hombre tratando de emular a Dios remite a Frankenstein y, sobre todo en este caso, a La Isla del Dr. Moreau, novela de H.G. Wells que todavía espera una gran adaptación cinematográfica, en la que el doctor del título modifica animales para acelerar su evolución. Por supuesto, la naturaleza siempre se impone, y de manera salvaje.

    Además, funciona como una “película de cárcel”, pero original (de hecho, la acción transcurre en San Francisco, donde se encuentra Alcatraz), ya que los prisioneros son primates y no hay diálogos. Como en muchos de esos films, cada recluso tiene una personalidad distinta. Está el protagonista (César en este caso), que al principio es maltratado por los otros presos pero luego se gana la confianza y el respeto de ellos; el matón (un chimpancé gris) que recibe su merecido y se vuelve amigo del héroe; el amigo (Maurice), que habla con señas; el duro (un gorila), que deviene en el aliado más poderoso. El director inglés Rupert Wyatt parece ser fanático de estos largometrajes con personajes encerrados que burlan al sistema: The Escapist, su ópera prima, mostraba a Brian Cox (esta vez, del otro lado de las rejas) como un condenado a cadena perpetua que, con ayuda de sus compañeros, planeará y ejecutará un gran escape para reencontrarse con su hija enferma.

    Siguiendo con Wyatt, le pone garra y corazón a la historia. Maneja muy bien elementos tiernos, dramáticos, el humor y la acción. Su estilo realista, incluso a la hora de hacer un film de género fantástico, lo emparienta con muchos de sus compatriotas cineastas. Y recurre a los efectos especiales sólo cuando es necesario, jamás abusando de eso. En cuantos a su vida personal, se sabe que a los cuatro años fue enviado a un internado con reglas muy estrictas (como todo internado, bah). Como corresponde, el joven Rupert odiaba todo eso. De allí viene su obsesión por el encierro y la liberación.

    En cuanto a los actores, James Franco está apenas correcto como Will, un hombre ciencia que quiere ayudar al prójimo y se vuelve en una figura paterna para César, pero termina desencadenando el fin de la raza humana. Freida Pinto sigue en una línea parecida a la de Franco, y su personaje se queda en “la chica del protagonista”. El siempre genial John Lithgow interpreta a Charles, el padre de Will y el principal motor de los experimentos, debido a que tiene Alzheimer y su hijo está empecinado en curarlo. Brian Cox y Tom Felton vuelven a demostrar que saben interpretar a tipos jodidos; el espectador quisiera meterse en la pantalla para golpearlos. David Oyelowo encarna a Jacobs, el empresario que decide seguir con los experimentos y puede terminar muy mal. La aparición más curiosa es la de David Hewlett como el vecino malhumorado de los Rodman. Este actor nacido en Inglaterra pero criado en Canadá comenzó actuando en oscuridades absolutas como Pin, El Juguete Peligroso, pasó a ser actor fetiche de Vincenzo Natali (director de El Cubo y Splice, todavía no estrenada en nuestro país) y hoy es conocido por los fans de la sci-fi por su trabajo en las series Stargate y Stargate: Atlantis. Sí, todo un artista de culto.

    Pero quien se roba la película es Andy Serkis. Este actor se hizo famoso por prestarle su cuerpo a personajes digitales. Primero fue Gollum, en la trilogía de El Señor de los Anillos. En la versión de King King dirigida por Peter Jackson hizo del enorme gorila. Pronto volverá a Gollum en los dos films de El Hobbit y, dentro de unos meses, en la película de Tin Tin de Steven Spielberg. Por lo tanto, Serkis es un veterano en el trabajo de captura de movimiento, tecnología que fue perfeccionada por Weta, empresa de efectos especiales co-comandada por Jackson. Como en los personajes mencionados, AS le otorga a César un grado de realismo, humanidad (incluso más que los verdaderos humanos de la historia), compasión, dolor, una fuerte intensidad dramática. Es convincente como un ser que pasa de la inocencia a una posición de liderazgo que lo hará tomar el control de su destino y el de su especie.

    El Planeta de los Simios: (R) Evolución es un gran espectáculo entretenido, un llamado a la reflexión el cuanto a la manipulación genética y el trato para con los animales, y el estupendo reinicio de una saga memorable.

    Si no la ven, les irá... como la mona.
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  • La oscuridad
    La oscuridad
    A Sala Llena
    Todos le tememos a la oscuridad. Imagínense si ésta cobra vida y se propusiera invadir el mundo, succionando a las personas, provocando el Apocalipsis.

    Bueno eso es lo que sucede en La Oscuridad.

    Detroit está en tinieblas. Casi no hay rastros de vida en los alrededores. Sólo unos pocos están tratando de sobrevivir: Luke (Hayden Christensen), un presentador de noticias; Rosemary (Thandie Newton), una madre angustiada por la desaparición de su hijo; James (Jacob Latimore), un niño que espera a su madre, y Paul (John Leguizamo), un proyectorista de cines. Los cuatro se refugian en un bar con generador, ya que la única manera de estar a salvo de la noche eterna y de los entes negros que se allí surgen es estando a la luz. Por supuesto, eso no impedirá que el Mal trate de devorarlos.

    Luego de dirigir comedias independientes con elementos románticos y dramáticos, el director Brad Anderson se sumergió en el cine de suspenso y terror. Primero con Session 9, acerca de unos obreros (encabezados por David Caruso y Peter Mullan) que la pasan muy mal en un hospital psiquiátrico abandonado. Luego vino su mejor película hasta la fecha: El Maquinista, un descenso a los infiernos protagonizado por la versión más raquítica de Christian Bale. Siguió con Transsiberian, coproducción europea estelarizada por Woody Harrelson, Ben Kingsley, Emily Mortimery Eduardo Noriega. Y supo dirigir un interesante capítulo del unitario Maestros del Horror. A diferencia de la mayoría de sus colegas actuales en el cine de horror, Anderson no recurre a los efectos gore ni a efectismos; lo suyo pasa por los climas y las actuaciones, y por generar miedo en base nuestros terrores y fobias y secretos más primarios y ocultos.

    La Oscuridad tiene algo de sus obsesiones, incluso ahora la amenaza es a una escala gigante. Pero se queda a medio camino.

    Hayden Christensen —el fallido Anakin Skywalker— demuestra que, si bien no es un actor desastroso, tampoco le alcanza para llevar adelante una película. Está acompañado por Thandie Newton y por John Leguizamo, pero, aunque el personaje de la Newton tiene más carga dramática, no alcanza para sentirse muy identificados con ellos porque nunca llegamos a conocerlos demasiado bien, y nunca hay química entre los sobrevivientes.

    El concepto de gente encerrada a merced de una amenaza exterior remite al cine de John Carpenter y a los films de muertos vivos de George A. Romero. También hay paralelismos con La Niebla, devastadora película de Frank Darabont, basada en una novela de Stephen King. Pero Anderson no consigue imprimirle el nivel de tensión ni el ritmo como los que manejaban los mencionado directores, y cae en la monotonía. Y el final, aunque muy abierto, es bastante predecible.

    El paisaje apocalíptico está logrado. Las primeras secuencias, en las que se muestran las reacciones de los protagonistas ante las malas nuevas (calles atestadas de coches abandonados, gente que se desvanece, un avión estrellándose) son lo mejor de la película. Recuerda a Exterminio, de Danny Boyle, que también se nutría de obras literarias como El Día de los Trífidos, escrita John Wyndham, y Soy Leyenda, a cargo de Richard Matheson. Y también es acertado que nunca se expliqué por qué pasa lo que pasa, como en las películas de zombies de Romero.

    La Oscuridad pudo haber sido un buen film, pero sin garra ni buenas actuaciones, termina... en las sombras.
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  • Super 8
    Super 8
    A Sala Llena
    J.J. Abrams, el cerebro detrás de Lost, el director de Misión Imposible 3 y de Star Trek, moría por hacer un film sobre sus épocas juveniles, cuando filmaba cortometrajes con amigos.Pero la idea no terminó de arrancar hasta que la juntó con otro concepto en el que venía trabajando: la teoría de que en el Área 51 ocultan secretos relacionados con extraterrestres.

    En un proyecto con niños y alienígenas no podía faltar un experto en la materia: Steven Spielberg, quien ocupó el puesto de productor junto a Abrams y su socio Bryan Burk.

    El resultado: Super 8. Una de las mejores películas del año.

    Lillian, Ohio, 1979. Un grupo de amigos pretende aprovechar el verano para filmar una película de zombies usando una cámara Super 8. Cierta noche, escapan de sus casas para rodar cerca de las vías, cuando ocurre un impresionante accidente en el que descarrila un tren del Ejército de los Estados Unidos. Los niños sobreviven y juran no hablar de lo sucedido. Sin embargo, en el pueblo comienzan a ocurrir misteriosos cortes de energía eléctrica y desapariciones de animales y personas. Los chicos descubrirán que esos fenómenos están relacionados con un ser monstruoso que escapó de uno de los vagones. Una criatura que ni los militares parecen poder frenar.

    La película funciona como un homenaje a los films de visitantes espaciales dirigidos por Spielberg: Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, E.T: El Extraterrestre y La Guerra de los Mundos. Las citas ya se notan desde el argumento, la ambientación de época, menores de edad en los papeles protagónicos... Además, la presencia de seres de otro mundo es una excusa para contar una historia intimista acerca de familias con problemas. Por un lado, Joe Lamb (Joel Courtney) acaba de perder a su madre en un accidente de trabajo, y su padre (Kyle Chandler), un oficial de policía, no sabe cómo hablarle. Por otro lado, Alice Dainard (Elle Fanning, hermana de Dakota, quien actuó en La Guerra...) debe soportar los ataques de su progenitor (Ron Eldard), justamente atormentado por tener responsabilidad en la muerte de la mujer. Por supuesto, los hombres no pueden ni verse. Si a esto le sumamos que Joe y Alice se enamoran, tenemos una especie de Romeo y Julieta en versión preadolescente.

    La relación entre el grupo de amigos remite a Los Goonies (producida por Spielberg, alcoyana alcoyana) y a Cuenta Conmigo. Aquí, como en aquellos casos, los chicos se veían involucrados en aventuras que significaban la transición a la madurez. Sin dudas, la mejor del joven elenco es Elle Fanning, quien recientemente actúo en Somewhere, en un Rincón del Corazón, de Sofía Coppola. Su papel es uno de los más emotivos y dramáticos de la historia.

    Ojo, que también hay persecuciones, explosiones (el descarrilamiento es terrible y pesadillezo) y un monstruo del que no conviene adelantar nada.

    Al igual que Steven S., Abrams sabe mezclar drama, humor y ciencia-ficción, poniendo en primer plano, siempre, la historia y los personajes. Incluso los más secundarios tienen su encanto y su importancia en la trama, como el hippie que atiende el negocio de revelados de películas y trata de levantarse a la hermana del niño director.

    Spielberg no es el único director que tiene su peso en la película: en el corto de zombies que quieren filmar los chicos hay un claro y simpático homenaje a los muertos vivos de George A. Romero, que ya desde esa época impactaban a generaciones de cineastas. Siguiendo con las alusiones, el personajes que conoce la naturaleza de la bestia y otros secretos militares, se apellida Woodward. Por esta cuestión paranoica, Abrams seguramente quiso referirse al periodista Bob Woodward, quien, junto a su colega Carl Bernstein, destapó el escándalo Watergate, en 1972.

    La recreación de época es excelente. El director de fotografía de Larry Fong (habitual colaborador de Zack Snyder) le da a la imagen una estética de los largometrajes de fines de los ’70 y principios de los ’80. También ayuda el estupendo soundtrack, compuesto por hits de la talla de “Don’t Bring Me Down”, de Electric Light Orchestra y “My Sharona”, de The Knak.

    Super 8 es lo mejor de Abrams en cine, un hermoso tributo a esas películas con la que muchos de nosotros nos criamos y también un gran film por sí mismo.

    ¡Y quédense durante los créditos finales!
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  • Capitán América - El primer vengador
    Los superhéroes siguen a full. Y este año, sus aventuras están ambientadas en otras épocas. Ya ocurrió con la estupenda X-Men: Primera Generación, que transcurre en los ’60. Ahora le toca el turno a la no menos notable Capitán América: El Primer Vengador, ubicada durante la Segunda Guerra Mundial.

    Hacía años que este personaje de las historietas estaba por tener una revancha en el cine. La fallida versión anterior data de 1990, dirigida por Albert Pyum (un paladín del cine de bajo presupuesto). Dato curioso: el patriótico muchacho fanático del escudo estuvo interpretado por Matt Salinger, hijo del mismísimo J.D. Salinger, el autor de El Cazador Oculto.

    Ahora por fin el personaje cayó en manos hábiles.

    El director Joe Johnston no será recordado como una leyenda del séptimo arte, pero sabe hacer films muy entretenidos, como Querida, Encogí a los Niños y Jurassik Park 3. Su estilo de dirigir es clásico, muy adecuado para cuando hace películas ambientadas en otros períodos históricos. De hecho, una de ellas es con una suerte de superhéroe: Rocketeer, protagonizada por Billy Campbell y Jennifer Connelly. En Capitán América vuelve a demostrar que sabe poner los efectos especiales (trabajó en Industrial Light & Magic) al servicio de la historia. El estilo —pleno de acción, aventura, drama, romance, peligro— remite al de los seriales de los ’30 y ’40, que también supieron inspirar a Steven Spielberg y a George Lucas.

    Chris Evans está muy correcto como Steve Rogers y su Otro Yo superheroico. Ya había demostrado que esta clase de roles le sientan bien cuando interpretó a la Antorcha Humana en la impersonal Los Cuatro Fantásticos y su secuela. Gracias a la inteligente utilización de los FX digitales, al principio del film aparece delgado y pequeño, para luego pegar el estirón y ponerse musculoso luego del experimento que lo convierte en un soldado ideal. Y eso es lo que hace que el público se pueda identificar más fácilmente con Steve que con Thor, por poner un ejemplo cercano: pasa de joven maltratado e ignorado a ser ídolo de multitudes, sobre todo de las chicas. La fantasía secreta —o no tanto— de muchos de nosotros.

    Por su parte, Hugo Weaving también sigue dejando en claro que sabe componer villanos. Esta vez hace de Red Skull, un jerarca nazi tan poderoso como el Capitán América. Weaving habla con un acento alemán que confesó haber copiado del director Werner Herzog.

    Tommy Lee Jones podría haber estado mejor aprovechado, pero igual le da su sobria personalidad al Coronel Chester Phillips. Stanley Tucci y Toby Jones componen a científicos que juegan con grandes poderes, a veces para bien, a veces para todo lo contrario. Dominic Cooper hace del ingeniero Howard Stark, quien resulta ser un playboy como también lo será su hijo Tony. La cuota femenina la pone Hayley Atwell, bellísima y de armas tomar.

    Sin llegar a la altura de otras adaptaciones cinematográficas de comics, Capitán América: El Primer Vengador continúa siendo de los más vibrantes y divertidos exponentes, y otro muy buen adelanto de lo que será The Avengers, la película que reunirá a casi todos los superhéroes del universo Marvel. Es más: no se vayan del cine apenas aparezcan los títulos de créditos, porque al final podrán ver el trailer de esa tan esperada orgía comiquera encabezada por Robert Downey Jr., quien desde esas pocas imágenes demuestra que estará por encima de sus co-protagonistas.
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  • La reencarnación de los muertos
    Casi no quedan directores como George Andrew Romero. Junto a John Carpenter, Wes Craven y David Cronenberg, supieron usar el cine de género (género fantástico y de terror, sobre todo) como un vehículo para hablar del mundo que nos rodea y, en especial, de nosotros mismos, de nuestro costado más oscuro y asqueroso. Y todo esto sin jamás dejar de entretener... ni de aterrar y perturbar.

    La Noche de los Muertos Vivos, su ópera prima, tiene múltiples méritos: con ese blanco y negro de estética documental —alejada de las piezas góticas que se filmaban en ese tiempo— revolucionó el cine de horror allá por 1968; convirtió a los zombies en seres hambrientos de carne humana, creando un subgénero muy popular incluso en estos días; originó copias e imitaciones a granel; puso el nombre de su director en el mapa, y dio lugar a innumerables lecturas políticas y sociales. En aquella historia de un grupo de personas encerradas en una casa, resistiendo el ataque de cadáveres vivientes, se hablaba de la situación de los Estados Unidos y del mundo en general en esa época; una época turbulenta, pesimista (los asesinatos de John y Robert Kennedy y de Martin Luther King; la Guerra de Vietnam) y revolucionaria (el Mayo Francés). Un claro retrato de la tensión racial en Norteamérica se aprecia en el final: el personaje protagónico más heroico y único sobreviviente es negro y, OJO CON EL SPOILER, muere asesinado por otros humanos que o lo confunden con un monstruo o le disparan por su color, eso nunca se explica.

    En sus siguientes películas de zombies, Romero siguió satirizando la peor cara de su país: la fiebre consumista y materialista, en Muertos Vivos: La Batalla Final (título argentino de Dawn of the Dead); el militarismo de la era Reagan, en El Día de los Muertos Vivos; la diferencia de clases sociales y el gobierno a través del miedo, al estilo George W. Bush, en Tierra de los Muertos y el poder de los medios de comunicación, en El Diario de los Muertos.

    Si bien el director también mostró su acidez en otros de sus grandes films —The Crazies/Contaminator; Martin, el Amante del Terror; Creepshow y Monerías Diabólicas—, es en las películas de muertos caminantes donde más se nota su cínica visión de las cosas.

    Y lo vuelve a demostrar en La Reencarnación de los Muertos.

    En esta oportunidad, un grupo de soldados hartos de masacrar zombies escapan a la Isla Plum, que parece ser un lugar tranquilo pero, sobre todo, sin resucitados molestos. Error: además de las criaturas antropófagas, allí se está librando una batalla entre dos clanes de sobrevivientes. Los de O’ Flynn matan a todos los mordidos por las criaturas, sin importar el grado de parentesco. En cambio, los de Muldoon optan por preservar a sus amigos y familiares zombificados, a la espera de una cura. Como suele suceder desde La Noche..., los sobrevivientes son peores que la amenaza de ultratumba.

    La Reencarnación... funciona como un western con muertos vivos. En la Isla Plum, la sociedad está regida por códigos dignos del far west. Los habitantes visten como vaqueros, montan a caballo, usan sombreros y disparan armas como las que usaba John Wayne. Tampoco faltan los tiroteos ni los duelos. La idea de los clanes enfrentados y la llegada de terceros remite principalmente a Por Un Puñado de Dólares, de Sergio Leone (a su vez, inspirada en Yojimbo, de Akira Kurosawa, que se inspiró en la novela Cosecha Roja, de Dashiell Hammett, y en la que se basó Walter Hill para Entre Dos Fuegos). Curiosamente, el cineasta identificado con el terror que filma westerns encubiertos siempre fue Carpenter.

    En esta oportunidad, el blanco a criticar no es tan evidente, pero lo que queda demostrado sigue siendo lo mismo que las cinco películas anteriores: en situaciones extremas, las personas sacan lo más negativo de sí mismas. Locura, egoísmo, ira, resentimiento, delirio mesiánico, hacen que se comporten casi como animales (Este aspecto por lo general está plasmado en clave de humor negro y hasta absurdo, como cuando un humano pesca zombies usando una oreja como carnada). Sólo quienes logran trabajar en equipo son los que tienen más chances de permanecer cuerdos y vivos.

    Una vez más, Romero nunca explica por qué los muertos se levantan para comer gente, detalle que sigue dándole a estos films un halo de misterio. A diferencia de la mayor parte de sus imitadores, la violencia no es gratuita, ya que el director se concentra en la historia y en los personajes y sus conflictos (aunque las actuaciones no suelen ser del todo geniales; y bueno, Romero no es Elia Kazan ni pretende serlo). Pero ojo, que sí hay gore: el especialista en efectos especiales sanguinolentos Tom Savini no está desde El Día..., pero su influencia se hace notar en el tercer acto, más que nada.

    Hay detalles que bordean la parodia, como una chica zombie que monta un caballo, pero Romero se las ingenia para hacer verosímil lo que parece imposible.

    Aunque estas películas no están directamente interconectadas, aquí hay una excepción. Al principio, los militares protagonistas se encuentran con los cineastas de El Diario... y les roban. También podemos encontrar referencias a El Día... —Muldoon quiere domesticar a los zombies para que coman carne de animales y no de humanos— y a La Noche...

    Las fallas pasan por una innecesaria voz en off al principio y al final, y por un botín millonario que pintaba para ser clave en la trama pero casi queda en el olvido.

    La Reencarnación... está lejos del nivel de La Noche... y Muertos Vivos..., pero demuestra que George A. Romero continúa en forma. A sus más de 70 años, sigue haciendo películas divertidas, sarcásticas, sangrientas, pero con contenido. Ojalá pueda liberar en los cines a sus muertos vivos (y a sus otras creaciones) por mucho tiempo más.
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  • Atrapada
    Atrapada
    A Sala Llena
    "Tras Fantasmas de Marte, pensé: 'No quiero hacer esto más. Es demasiado duro. Es demasiado jodido'. Pero después de rodar el par de episodios para Maestros del Horror, hace unos años, lo volví a disfrutar. Fueron cortos, contenidos y pensé (sobre Atrapada): 'Bueno, intentémoslo'".

    Palabras de John Carpenter.

    Pocos directores supieron combinar con maestría el sentido del entretenimiento con inteligencia y una visión nihilista del mundo. Un narrador clásico de los que casi no quedan, que jamás necesita abusar de efectos especiales para contar una historia. Un cineasta tan talentoso como influyente (si no, pregúntenle a Robert Rodríguez, por ejemplo). Un rebelde que supo jugar el juego de los pesos pesados hollywoodenses, pero que decidió hacerle un fuck you para no comprometer su visión.

    Un artista al que estábamos extrañando.

    Luego de diez años sin realizar largometrajes, Carpenter regresa al cine, y lo hace con el género que lo volvió famoso y con el que siempre se lo identifica: el terror. De hecho, este es su primer film bien de horror desde En la boca del miedo, allá por 1994.

    1966. Kirsten (Amber Heard) es internada en un hospital psiquiátrico luego de incendiar una casa. Pero la chica no recuerda nada de lo sucedido. Muy pronto hará dos descubrimientos: 1) los médicos suelen utilizar recursos tan cariñosos como electroshock para tratar a sus pacientes, 2) sus compañeras comienzan a desaparecer a manos de un ser demoníaco que ronda por los pasillos. Kristen deberá escapar cuanto antes para evitar correr la misma mala suerte.

    A primera vista, las principales obsesiones de Carpenter están aquí: personajes encerrados (en este caso, en contra de su voluntad), una amenaza que los irá atacando de a uno, autoridades que no inspiran confianza.

    Remite en particular a Noche de Brujas. El elenco protagónico es mayormente femenino, la amenaza es de carácter sobrenatural y es menos sangrienta de lo que parece. Es verdad que hay cuellos cortados y electrocuciones horribles, pero JC profundiza más en los climas (noche, truenos, pasillos desiertos), que en el gore más guarro, como suele pasar en el cine de terror de los últimos tiempos.

    Otro de los puntos altos de la filmografía de Carpenter era la banda sonora, generalmente compuesta y ejecutada por él mismo. Esta vez la labor corrió por cuenta de Mark Kilian, y, si bien algunas melodías remiten al hit como La Niebla, suena más al estilo Goblin, la banda italiana responsable de musicalizar varios de los films de Darío Argento. Y las coincidencias con el maese no terminan ahí: Atrapada tiene bastante aire a Suspiria. En vez de una escuela de danza, tenemos una institución psiquiátrica pavorosa, con oscuros secretos y asesinatos perpetrados por un ente desagradable que es más intuido que visto.

    Amber Heard es la nueva scream queen del universo carpenteriano, y una con mucha actitud. Kristen no es virginal como Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) en Noche de Brujas, sino más una mina de armas tomar, onda Melanie Ballard (Natasha Henstridge) en Fantasmas de Marte. Toda una antiheroína digna del director. Sin embargo, el look y los rasgos salvajes de la actriz se ven demasiado modernos para una historia ambientada en los ’60. El resto del elenco, sobrio, con lindas señoritas (como Lyndsy Fonseca, vista en Kick Ass) y Jared Harris en el rol del enigmático doctor Stringer.

    A modo de novedad, este es el primer film de JC con final tramposo. Dar pistas sería imperdonable.

    Atrapada es una película menor, muy alejada de las obras maestras que Carpenter solía darnos. Pero, al igual que otras de sus creaciones menos geniales, nunca es aburrida, tiene golpes de efecto todavía muy eficaces, y depara más de una sorpresa.

    Esperemos que John Carpenter filme más seguido. Aunque ya no dirija al nivel de otras épocas, sería un pecado perdernos —y en pantalla grande— de las creaciones de un verdadero titán del séptimo arte. ¿Cuántos directores logran que vayamos a ver con ganas sus películas, sin la expectativa de si serán buenas o malas, pero sabiendo que al menos pasaremos un muy buen rato?
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  • Glue
    Glue
    A Sala Llena
    Ya de por sí, ser adolescente es un tema. Y más para Lucas (Nahuel Pérez Biscayart): vive en un pueblito de la Patagonia donde nunca ocurre nada fuera de lo común. Para calmar la monotonía, canta en una banda de rock, da vueltas con Nacho (Nahuel Viale), su mejor amigo; se masturba, y hace amistad con Andrea (Inés Efrón), que está tan aburrida como ellos. Los tres se las arreglarán para pasarla bien pese a los problemas familiares y al calor del verano.

    Presentada en la edición 2006 del Bafici (donde ganó el Premio a la Mejor Película de la Competencia Nacional, el Premio del FEISAL y e Premio del Público), Glue: Historia Adolescente en Medio de la Nada nos muestra una visión personal de esa etapa tan compleja de nuestras vidas. Es cierto que abundan las películas independientes sobre jóvenes apáticos. Generalmente, los directores de estos films llevan a sus personajes por el lado de la más cruda autodestrucción: sexo duro, alcohol, drogas, violencia, muerte. Larry Clark es el ejemplo más notorio.

    Si bien en Glue los protagonistas en determinada escena se ponen a aspirar pegamento mientras ven porno por televisión y luego beben alcohol de más, la ópera prima de Alexis Dos Santos es menos sensacionalistas y más real, inocente y tierna. Los protagonistas están en una etapa de autodescubrimiento. Comienzan a ver el mundo y a las personas de una manera más crítica, rompen reglas, sueñan con viajar —viajar a la Capital de Neuquen, lo más cercano en cuanto a ciudad—, buscan el amor. Ayuda la estética elegida por el director: cámara en mano y, para los pensamientos de los personajes, filmaciones en Super 8 milímetros (la película fue rodada en digital), acompañadas por voces en off, lo que le da un aire de ensoñación. Como complemento, una banda sonora a cargo de grupos de rock alternativo como Violent Femmes y Kimya Dawson.

    Nahuel Pérez Biscayart se consagra en el papel de Lucas. Su actuación es tan fresca y realista que no parece estar componiendo un personaje. Quiere peinarse con jopo, al estilo de una auténtica rockstar, debe aguantar las ideas y venidas de sus padres, y se siente atraído por Nacho y por Andrea. Y hablando de la chica, la por entonces debutante Inés Efrón ya comenzaba a demostrar que no le teme a los desafíos, ya que en algunas escenas aparece semidesnuda y protagoniza un momento de carácter onanista. Verónica Llinás y Héctor Díaz son los únicos actores más conocidos en ese momento y de los pocos adultos con peso en la trama, ya que interpretan a los padres de Lucas.

    Dos Santos realizó esta película cuando preparaba Unmade Beds, que se convirtió en su segundo opus y fue proyectado en el Festival de Cine de Mar del Plata de 2009. Ambos films comparten la preocupación por la cultura joven, los dramas familiares y el amor, por lo que ya queda clara la marca autoral del director. Teniendo en cuenta que Unmade Beds es una película aún más lograda, Dos Santos es un cineasta que está en constante crecimiento.

    Glue capta muy bien lo que es tener 16 años y vivir lejos de todo y soñar con más. Una obra que, como aquel hit de Nirvana, huele a espíritu adolescente.
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  • Transformers 3: El lado oscuro de la luna
    Ya sabemos qué esperar de las películas de Transformers y de las películas de Michael Bay en general: acción, acción, más de acción... y más acción todavía.

    Y Transformers 3: El Lado Oscuro de la Luna no se aparta de eso.

    Esta vez, la historia (aunque no lo parezca, hay una) se remonta a los ’60, cuando la NASA descubre en la Luna —en el lado, oscuro, por supuesto— una nave extraterrestre que resulta ser el Arca, perdida luego de la debacle del planeta Cybertron, antiguo hogar de los ya conocidos y multifacéticos robots. Allí se encuentra Sentinel Primer (voz del interminable Leonard Nimoy), líder de aquella civilización, mentor de Optimus Prime, líder de los Autobots. Y es justamente el alumno quien, ya en la actualidad, se encarga de traerlo a la Tierra para revivirlo. Pero todo esto es un plan de Megatron (voz de Hugo Weaving), que está dispuesto a hacer estragos nuevamente junto a sus fieles Decepticons. Una vez más, los bandos de vehículos transformistas lucharán ferozmente. Y en el medio, como de costumbre, Sam Witwicky (Shia LaBeouf), quien además debe lidiar con problemas personales mientras ayuda a sus queridos Autobots.

    La película es más de lo mismo, demasiado de lo mismo, que sus antecesoras: persecuciones, explosiones, robots, militares, chicas sexies, chistes tontos, banderas estadounidenses, destrucción a granel... Una vez más, la creatividad no está puesta en el guión sino en el área de los efectos especiales y en lograr mayor espectacularidad. De hecho, la última media hora funciona como film bélico en una Chicago apocalíptica.

    Michael Bay sigue siendo fiel a sí mismo. Su megalomanía y su obsesión por las emociones fuertes parecen no tener fin. Como una representación de lo que los cinéfilos más puristas detestan de Hollywood. Jamás abandonó la estética de cuando dirigía avisos publicitarios y videoclips. De hecho, una vez dijo: “No cambio mi estilo por nadie. Eso es de mariquitas”. Pero la idea aquí no es ensañarse con el pobre (¿pobre?) Michael. Para empezar, tiene un sentido cinematográfico envidiable. Recuerda un poco a Tony Scott, pero más manierista, épico y excesivo. En Transformers 3 también demostró que supo hacer una recreación histórica, mezclando imágenes de archivo con ficción, al mejor estilo de Forrest Gump. Bay ya había probado lo mismo en la fallidísima Pearl Harbor, pero aquí salió más airoso. Y no sólo eso: también es posible encontrar rasgos autorales en su filmografía. Es verdad que hay una fascinación por las fuerzas policiales y militares, y un nivel de patriotismo bastante cansador. Un detalle interesante: los protagonistas de sus films suelen ser outsiders que, contra todos los pronósticos, deben ponerse el traje de héroes, como Stanley Goodspeed (Nicolas Cage) en La Roca, los perforadores de Armageddon, Lincoln Seis-Eco (Ewan McGregor) en La Isla y Sam en la saga de Transformers. ¿Se sentirá Michael Bay un nerd con ganas de salvar el mundo?

    En cuanto al elenco, vuelven los protagonistas de las dos anteriores... salvo Megan Fox. La candente actriz se peleó con el director (que la destruye con un chiste interno al principio de la película) y fue echada del rodaje. Por eso Sam tiene una nueva novia: Carly, interpretada por Rosie Huntington-Whiteley. Esta modelo inglesa es muy bonita, pero no tiene la actitud y el sex appel característicos de Megan. En cuanto a las demás incorporaciones, se destacan los veteranos: Frances McDormand como la directora de una agencia gubernamental y, sobre todo, John Malkovich, quien se roba sus escenas en el rol del extravagante jefe de Sam. Ellos, junto con John Turturro (repite su papel del agente Simmons) demuestran que no se puede vivir de los hermanos Coen. También aparecen Jen Jeong, el Mr. Chow de ¿Qué Pasó Ayer? y su secuela, y Patrick Dempsey, quien está decente como un humano aliado de los Decepticons. No podíamos dejar de mencionar la participación de Buzz Aldrin, el segundo hombre en pisar la Luna, haciendo de sí mismo[1].

    Transformers 3: El Lado Oscuro de la Luna está a años luz de ser genial, pero puede llegar a disfrutarse si uno viene de ser sometido a maratones de Bergman, Antonioni y Tarkovski.

    Y no, en ningún momento suena Pink Floyd.
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  • Aballay
    Aballay
    A Sala Llena
    Aunque no lo parezca, hay varias y buenos exponentes de westerns argentinos. Desde La guerra gaucha hasta Juan Moreira, pasando por la paródica Los irrompibles, el cine nacional supo utilizar códigos del que fuera considerado el género estadounidense por excelencia.

    Pero la mejor exponente llega ahora con Aballay, el Hombre sin Miedo.

    Siglo XIX. Años después de presenciar el asesinato de su padre, Julián (Nazareno Casero, soberbio como siempre) sale a vengarse de los asesinos. No tardará en descubrir que Aballay (Pablo Cedrón), el líder de los forajidos, dejó la violencia tras aquel episodio y decidió no bajarse de su caballo. Su sentido de la culpa es tal que los lugareños lo consideran un santo. Pero el pasado se niega a quedar en el olvido, y pronto volverá a correr sangre.

    Basada en el cuento de Antonio DiBenedetto, Aballay posee la esencia y la fuerza de los clásicos de Far West, como los film de John Ford y hasta los spaguetti westerns, principalmente los de Sergio Leone. Allí están los planos generales (ya no de Monument Valley, pero sí de los hermosos cerros de Tucumán, donde se filmó la película); allí están los atracos a diligencias; allí están los personajes intentando sobrevivir en una tierra sin leyes, pero donde subsisten los códigos... hasta cierto punto. También hay elementos de tragedia, ya que Julián está al borde de convertirse en lo que más odia.

    Fernando Spiner vuelve a demostrar que es un conocedor de los géneros cinematográficos y que sabe reinterpretarlos de un modo argentino. Ya lo había hecho con la ciencia-ficción, en La sonámbula y Adiós, querida Luna.

    En cuanto al brillante elenco, además de Cedrón y Casero brillan Claudio Rissi como El Muerto, temible y amoral gaucho, otrora esbirro de Aballay. Moro Anghileri se luce como Negro, el interés romántico de Julián, la única que evita la deshumanización del muchacho. En roles secundarios pero interesantes aparecen Luis Ziembrowski (matón aliado de Aballay), Gabriel Goity (un sacerdote español) y Horacio Fontova (curandero cordobés).

    La película demuestra que las historias gauchescas no murieron con Martín Fierro y Don Segundo Sombra, y que el cine de género en Argentina está pasando por un momento más que interesante.
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  • La peli de Batato
    La peli de Batato
    A Sala Llena
    La Argentina de los ’80 —la del regreso de la Democracia luego de años de dictadura, miedo y dolor—, supo tener una vibrante movida cultural en el sector más underground. De allí surgieron actores, músicos, artistas que rompieron reglas, dejaron su marca en la cultura popular y aún hoy siguen vigentes.

    En ese colorido clima de audacia, creatividad, anticonvencionalismo e inspiración, nadie se destacó tanto como Batato Barea.

    Clown. Travesti. Performer. Literato. Actor. Batato era todo eso y mucho más. Un ser con una necesidad constante de expresarse. Un talento que, por su temprana muerte a los 30 años, a causa del Sida, rápidamente se convirtió en mito.

    Si bien escribieron tres libros al respecto, estaba faltando el registro audiovisual que transmitiera la esencia de su figura y de su arte. Y La Peli de Batato lo logra.

    Este detallado y ambicioso documental se remonta a su infancia en Junín (cuando todavía era Salvador Walter Barea), la difícil infancia y adolescencia, la relación con los padres, el suicidio de un hermano... para luego ocuparse del comienzo de sus inclinaciones artísticas, su participación en los grupos Los Peinados Yoli y el El Clú del Claun, sus legendarios trabajos al lado de Humberto Tortonese y Alejandro Urdapilleta, sus escasas apariciones televisivas... su vida privada, su fascinación por el travestismo, su anhelos, su modo de pensar...

    Los directores Peter Pank y Goyo Anchou se valen de diferentes recursos, principalmente de entrevistas. Tenemos testimonios de familiares, vecinos, amigos de la infancia, formadores, amigos de la edad más adulta. Sin dudas, las anécdotas más coloridas y más profundas provienen de las amistades y colegas del under: los mencionados Tortonese y Urdapilleta, Divina Gloria, Tino Tinto, Ronnie Arias, Karina K, Verónica Llinás, Carlos Belloso... Pero hay material todavía más jugoso: grabaciones inéditas de Batato en los escenarios y en su vida íntima (fellatio y operación de siliconas incluidos), más entrevista realizada por Peter Pank, quien estaba filmando un documental sobre él cuando murió; dicho documental supo convertirse en el mediometraje Batato/14 Pavos Reales.

    En paralelo, La Peli de Batato retrata el auge y la caída de la movida contracultural argentina de los ’80 y principios de los ’90, que tuvo lugar fundamentalmente en el Centro Parakultural —por donde desfilaron grupos de teatro como Las Gambas al Ajillo y Los Melli, además de bandas de rock que recién comenzaban: Sumo, Los Violadores, Virus y hasta Los Redonditos de Ricota— y en el Centro Cultural Rojas, cuya sala principal lleva el nombre de Batato.

    Para reforzar la temática contracultural de la obra, los directores le dieron una estética diferente a la de los típicos documentales: pantalla múltiple, generando un efecto de collage; entrevistas a cargo de Peter Pank, casi sin editar, en climas distendidos, a veces fumando cosas extrañas con los entrevistados; diálogos que se funden. Una estética arriesgada por parte de los realizadores, que por momentos puede confundir al espectador poco preparado.

    Se le puede criticar la excesiva duración. Aunque había muchísimo material para mostrar, podría haberse hecho un trabajo más corto e igualmente muy bueno.

    De todas maneras, La Peli de Batato es el documental definitivo sobre Batato Barea. Una película indispensable para conocer y comprender a un artista como no hubo otro igual.
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  • La noche del Demonio
    El suceso actual del cine de terror se titula La Noche del Demonio.

    Comienza de manera muy clásica: una joven familia norteamericana se muda a una casa en la que comienzan a suceder fenómenos paranormales. Aterrados por ruidos, apariciones y otras manifestaciones sobrenaturales, deciden mudarse. ¿Fin de la película? Nada que ver: el Mal los acompaña a la nueva vivienda. El motivo: uno de los tres hijos del matrimonio, luego de quedar en una especie de coma, es rondado por espíritus nada amigables y por un perverso demonio. Sus padres deberán actuar rápido antes de que el niño termine poseído por las fuerzas del más allá.

    En la década pasada, el director australiano —aunque nacido en Malasia— James Wan demostró ser un nuevo talento en el género de horror. Su ópera primera fue El Juego del Miedo, un hit que género imitaciones, parodias y varias secuelas. Luego filmó El Silencio de la Muerte, mucho menos exitosa pero con ratos de bastante miedo. También probó que podía con otros géneros y nos dio la efectiva película de venganza Sentencia de Muerte, con Kevin Bacon y Garret Edlund. La Noche... lo reúne nuevamente con su amigo, el actor y co-guionista Leigh Whannell, a quienes se suman los responsables de otro reciente éxito comercial en materia de sustos: Actividad Paranormal.

    Esta vez, Wan se nutre de tópicos reconocibles en las mejores películas de terror: familias, niños, fantasmas y/o seres demoníacos. Historias en las que el terror no se encuentra en un castillo europeo ni en bosques sino en la casa de cualquiera de nosotros. Imposible no pensar en El Exorcista, La Profecía, El Resplandor y, sobre todo, Poltergeist. De hecho, la película captura muy bien el sabor y los climas de aquella obra dirigida por Tobe Hooper y producida por Steven Spielberg (Según cuenta la leyenda, Spielberg dirigió las mejores escenas). Sin renegar de las evidentes influencias, Wan le da personalidad a su film, y logra secuencias escalofriantes, sobre todo en la primera mitad de la película. Tampoco se priva de homenajearse a sí mismo: en el pizarrón de un aula aparece dibujada la cara del siniestro muñeco que usaba Jigsaw (Tobin Bell) para comunicarse con sus víctimas en El Juego...

    La segunda mitad aparecen las explicaciones y la resolución, que incluye más fantasmas e intentos de salvataje en el mundo de los muertos. Sí, también a la manera de Poltergeist, pero mostrando lo que hay en ese otro plano de existencia.

    También hay algunas fallas y baches en el guión (uno de los hijos casi desaparece de la trama en determinado momento, y no por culpa de los espectros), pero tampoco hunde el resultado final.

    Además de tenerla clara a la hora de asustar, Wan también es muy correcto a la hora de elegir actores. Patrick Wilson y Rose Byrne interpretan al matrimonio que no sólo debe aprender a llevar adelante una familia sino que, para colmó debe lidiar con criaturas del inframundo. El pequeño Ty Simpkins es Dalton, el hijo cuyo cuerpo es codiciado por ánimas en pena y por un monstruo de cara roja. También aparece la cada vez más reaparecida Barbara Hershey, quien supo protagonizar un film de características similares en 1982: El Ente. Whannell, además de co-escribir, compone a un parapsicólogo nerd que utiliza aparatos extravagantes.

    Sin ser una obra cumbre del género, La Noche del Demonio es una interesante propuesta para dejarse asustar un rato.

    ¿Si habrá secuelas? El final y el éxito económico hablan por sí solos.
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  • Piratas del caribe: Navegando aguas misteriosas
    Piratas en el cine hubo muchos, desde el período mudo. Errol Flynn, Douglas Fairbanks y Tyrone Power fueron sólo algunos de ellos. Pero ninguno llama tanto la atención como Jack Sparrow. Es decir, el Capitán Jack Sparrow, el excéntrico personaje de Johnny Depp en Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra (2003). Imposible no simpatizar por aquel bucanero políticamente incorrecto, con aires de rock star, pero audaz y bonachón. Un rol que consagró a Depp no como actor (ya tenía un prestigio muy bien ganado, a base de personajes jugados en películas arriesgadas) sino como estrella taquillera. Pronto llegaron las secuelas, que completan una especie de primera trilogía: Piratas del Caribe: El Cofre de la Muerte (2006) y Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo (2007).

    Ahora llega la cuarta parte (o tal vez el inicio de una nueva trilogía), y Johnny sigue demostrando que como Sparrow es capaz de sostener él sólo una película. Y eso que esta vez su actuación (la película toda, en realidad) no es tan inspirada, si la comparamos con la de los otros films. Está lo que uno espera de Jack Sparrow, pero no mucho más.

    Sí es interesante la química entre Depp y Penélope Cruz, la incorporación más notoria del elenco. Angélica es una mujer ruda, que primero golpe y después pregunta, pero en el fondo sigue lastimada por el abandono por parte de Jack. Cruz tuvo algunos inconvenientes durante el rodaje (debido a su embarazo, la filmaron con primeros planos y tuvo que ser doblada por su hermana Mónica para los planos generales), pero igual lleva muy bien su personaje y hasta por momentos le juega de igual a igual a Sparrow.

    Siguiendo con los nuevos, Ian McShane da miedo como el sádico Barbanegra. Stephen Graham compone a otro chico malo, aunque de buen corazón y algo tonto. Esta vez, a falta de Orlando Bloom y Keyra Knightley, quienes aportan la subtrama romántica son Philip (Sam Claflin), un joven clérigo, y Syrena (Astrid Berges-Frisbey), una sirena usada para acceder a la Fuente de la Juventud. Muy gracioso el cameo de Judi Dench. Entre los que vuelven, Geoffrey Rush interpreta de taquito a un Barbosa convertido en empleado de la Corona Británica y con pata de palo. Y no podía faltar el más pirata de los piratas: Keith Richards, de nuevo como el padre y consejero de Jack.

    Esta vez, Gore Verbinsky, director de las tres anteriores, es reemplazado por Rob Marshall, responsable de Chicago, Memorias de una Geisha y Nine. En su momento, el periodista Guillermo Hernández definió acertadamente a Verbinsky como una mezcla de Chris Columbus y Tim Burton con algo de Terry Gilliam. Y eso se notó principalmente en estos films, para darle ese tono ATP con elementos esotéricos y humor negro. Marshall es otra clase de cineasta. Incluso podríamos decir que, pese a casi ganar un Oscar, es difícil catalogarlo como autor o artesano. Pero al contar con casi todo el mismo equipó técnico que Gore, casi no hay diferencia desde el aspecto visual. Sí se nota que Marshall fue coreógrafo y trabaja principalmente con musicales: las secuencias de acción —como el escape de Sparrow del principio— están manejadas como pasos de ballet (en el buen sentido), y hasta hay un mini número musical, ¡al ritmo de tango!

    Sin tener la magia de sus antecesoras, Piratas del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas es un entretenimiento piola y una buena excusa para ver a al Capitán Jack Sparrow de nuevo en acción.

    Ah, y no se vayan de la sala apenas empiezan los créditos finales, porque se perderán una escena que, si bien no es ninguna gran cosa, da una pista de la próxima secuela, de la que ya hay un guión escrito.
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  • Rápidos y furiosos 5
    En 2001, meses antes del ataque a las Torres Gemelas, se estrenaba Rápido y Furioso. El guión estaba calcado de Punto Límite, de Kathryn Bigelow, con autor y picadas en lugar de surf y paracaidismo. No obstante, la película fue un hit gracias a sus increíbles secuencias de carreras (con planos del interior de los autos) y al carisma de los actores, empezando por Vin Diesel, quien se convirtió en una estrella de acción a partir de ese momento. No tardaron en llegar secuelas, que constituyen la saga más tuerca del cine contemporáneo: + Rápido + Furioso, Rápido y Furioso: Reto Tokio y Rápidos y Furiosos.

    Ahora llega la quinta parte, esta vez ambientada en un paraje latinoamericano: Brasil.

    Ahora en su faceta de fugitivos de la ley, Brian O’Conner (Paul Walker) y Mia (Jordana Brewster) recalan en Río de Janeiro. Allí se encuentran con Dominic Torreto (Diesel). Los tres encabezan un atraco que les permitirá tirar un tiempo más. Pero el robo sale mal y terminan siendo localizados por el FBI y perseguidos por Reyes (Joaquim de Almeida) el hombre más poderoso de tierras cariocas, además de mafioso implacable. Lejos de escapar nuevamente, Dom y Brian organizarán un plan para robarle todo su dinero a Reyes y ser libres de una vez por todas. Todo esto, con tiros, persecuciones y, por supuesto, carreras automovilísticas.

    Si Rápido y Furioso hacía acordar a Punto Límite, Rápidos y Furiosos: 5in Control remite a films de robos espectaculares como La Gran Estafa o, más precisamente, a La Estafa Maestra, que involucraba vehículos. Para armar un dream team, los protagonistas convocan a personajes que aparecían en las películas anteriores de la franquicia: Vince (Matt Schulze, de la primera), Roman y Tej (Tyrese Gibson y Ludacris, de la segunda), Han (Shun Kang, de la tercera en adelante) y Gisele (Gal Gadot, de la cuarta). Tampoco faltan Santos y Leo (los reggaetoneros Don Omar y Tego Calderón), quienes hacen de comic relief.

    Entre las incorporaciones se destaca Dwayne “The Rock” Johnson como Hobbs, un agente de la DEA muy fornido, muy agresivo y muy adepto a los códigos... hasta que descubre los asuntos turbios dentro de las fuerzas policiales brasileñas. Por su parte, la española Elsa Pataki hace de Elena, una incorruptible oficial cada vez más alejada de sus superiores y sí cercana a Dom y sus valores.

    El director taiwanés Justin Lin sabe tirar toda la carne al asador, ya que con cada film de la saga sube la apuesta. Aquí logra secuencias impactantes, como una persecución en una favela y una lucha cuerpo a cuerpo entre Diesel y The Rock. Y la persecución automovilística del clímax es una de las más vertiginosas y originales de los últimos años. No por nada, Lin parece ser el elegido para dirigir la nueva película de Terminator, y con Arnold Schwarzenegger.

    Los paisajes de Río de Janeiro (aunque las escenas de riesgo fueron filmadas en Puerto Rico) aportan exotismo a la historia. Otra prueba de lo mucho que pegaron en Hollywood Ciudad de Dios y Tropa de Élite: ahora las favelas sirven como un interesante marco para situar historias. Ya se había notado en los primeros minutos de El Increíble Hulk.

    Rápidos y Furiosos: 5in Control es la mejor de las cinco películas por la acción, por el elenco, por la onda, por la actitud de “me importa un carajo el Sistema” y, por supuesto, por los autos.

    Y no se vayan del cine apenas comiencen los créditos finales, que se perderán una escena que anticipa muchas cosas.
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  • Agua para elefantes
    “Había una vez un circo”, cantaban los payasos españoles Gaby, Fofó y Miliki. Y Agua para Elefantes podría resumirse en eso, con el agregado de una historia de amor.

    La vida de Jacob (Robert Pattinson), un joven a punto de recibirse de veterinario, cambia para mal cuando sus padres mueren y pierde la casa. Si a eso le sumamos que son los años 30, durante la Gran Depresión... Solo, sin idea de cómo continuar con su vida, consigue trabajo en un circo, cuidando a los animales. La habilidad de Jacob para reconocer los problemas de salud de las subestimadas criaturas lo lleva a escalar al círculo de August (Christoph Waltz), el impredecible dueño del espectáculo. Al mismo tiempo, entre payasos y otras atracciones, conoce a Marlena (Reese Witherspoon) la trapecista estrella del espectáculo... y pareja de August. En este incipiente triángulo amoroso aparece Rosie, una elefanta que revitaliza el interés del público por el circo, y que sacará lo mejor y lo peor de los protagonistas.

    Basada en la novela de Sara Gruen, la película fue escrita por Richard LaGravenese, que sabe de historias románticas con tragedias en el medio (Posdata: Te Amo). En este caso, se trata de un film romántico de época, con el ambiente circense como telón de fondo. De esta manera, sigue la tradición de film ubicados en contextos similares, que van desde El Circo, de y con Charles Chaplin, hasta Cirque du Freak: El Aprendiz de Vampiro, pasando por Freaks, de Tod Browning, y El Mayor Espectáculo del Mundo, de Cecil B. DeMille.

    Francis Lawrence es un director arriesgado, con mucho ojo para lo visual. Eso se notaba ya en sus videoclips y en sus dos largometrajes anteriores: Constantine y Soy Leyenda. Aquí demuestra que supo recrear aquella época de hambre y desesperación en Estados Unidos y en el mundo, y lo hace a través del circo (un circo moribundo, donde los artistas son explotados y los empleados que ya no sirven son arrojados del tren en movimiento). Contó con muy buena ayuda por parte del director de arte David Crank y del director de fotografía Rodrigo Prieto.

    De todos modos, Lawrence siempre promete más de lo que cumple. Sus films no son mediocres, pero por diferentes motivos —guión, actuaciones, elección de tono— tampoco llegan a ser geniales, aunque tienen con qué. No es Michael Bay, pero tampoco David Fincher. Sus mejores obras deben estar por llegar.

    En cuanto al elenco, Robert Pattinson no logra despegarse demasiado de su imagen de galán triste, apenas expresivo, que también muestra en las películas de Crepúsculo. Todavía va camino a convertirse en un actor. Reese Witherspoon vuelve a demostrar que es una actriz que pone todo en sus personajes: Marlene se muestra fuerte y segura por fuera, pero en privado sufre y es vulnerable. Además, su caracterización como artista circense resulta muy creíble. Pero quien inevitablemente se roba sus escenas es Christoph Waltz (reemplazando a Sean Penn). Su August sigue la línea de los villanos que viene componiendo desde Bastardos sin Gloria: hombres que no sabés si te darán un abrazo o te romperán el cuello. Lo demuestra muy bien en una terrible escena no apta para quienes sufren con la crueldad hacia los animales. Evidentemente, Waltz seguirá en esa línea: interpretará al Cardenal Richelieu en la inminente nueva versión de Los Tres Mosqueteros.

    Siguiendo con los actores, aparece en un breve pero muy emotivo rol el veteranísimo Hal Holbrook. También dice presente, Paul Schneider... pero el tapadísimo es Ken Foree. Este negro grandote supo ser el héroe de Muertos Vivos: La Batalla Final (título con el que se conoció en Argentina a Dawn of the Dead, de George A. Romero) y suele trabajar a las órdenes de Rob Zombie.

    Agua para Elefantes es perfecta para ir en pareja, o para grupos de amigas, dispuestas a suspirar con Pattinson.

    Ahora, a esperar el próximo y muy esperado —y salvaje— estreno ambientado en un circo: Balada Triste de Trompeta, de Alex de la Iglesia.
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  • Amateur
    Amateur
    A Sala Llena
    Una de las atracciones del festival.

    Comienza como un documental sobre la aparición del Super 8 y cómo la gente lo usaba para filmar cumpleaños, casamientos, vacaciones, etc. Pero es sólo una genial introducción al verdadero foco de la historia: la vida de Jorge Mario, un odontólogo y cinéfilo de Entre Ríos, que en los ’70 hizo películas en el mencionado formato. De las típicas filmaciones de eventos familiares pasó a crear ficciones hechas con amigos, de un modo muy amateur, justamente. La más destacada fue el western criollo Winchester Martín.

    Néstor Frenkel muestra cómo Jorge hizo su remake (siempre en Super 8) y cómo trata de reunir a sus viejos compañeros de aventuras cinematográficos para realizar una tercera versión. Además, podemos conocer la vida íntima del señor Mario: su mujer, siempre a su lado; su lucha por conseguir que el árbol que se ve en el film El Camino del Gaucho, de Jacques Tourner —filmada en aquellos pagos y una inspiración fundamental para Jorge—, pueda ser preservado; su trabajo con los dientes y las caries; su desempeño en un programa de radio y como líder de un grupo de Boy Scouts...

    Amateur tiene momentos desopilantes, hábilmente manejados por el director, quien nunca deja de mostrar a Jorge Mario con respeto, aunque la manera en que el señor organiza sus múltiples actividades provoque risas. Porque J.M. es un hombre que genera ternura, pero más que nada respeto, admiración, y es la prueba de que nunca es tarde para ser fiel a nuestras pasiones artísticas y deportivas y de las que sean.

    En paralelo, Frenkel también cuenta otra historia, más escondida: la evolución tecnológica, que incluye la casi muerte del Super 8, la llegada del video, la agonía del video y el surgimiento del DVD.

    En definitiva, otro imperdible documental de Néstor Frenkel.
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  • La chica de la capa roja
    Todos conocemos el cuento de “Caperucita Roja”. Aunque nunca nos hayan leído el cuento siendo pequeños, llegó a nosotros por el cine, la televisión y los medios que se les ocurran. Como todo icono pop.

    Si bien el trasfondo siniestro del cuentito —escrito por Charles Perrault y más tarde adaptado por los Hermanos Grimm— dio pie a films adultos (En Compañía de Lobos, de Neil Jordan, y Hard Candy, por nombrar dos ejemplos), La Chica de la Capa Roja se presenta como la versión dark oficial de la historia.

    La acción transcurre en Daggerhorn, un pueblito medieval, rodeado por un bosque. Un bosque en el que mora un gigantesco lobo, de carácter sobrenatural. Para que no los devoren, los habitantes de Daggerhorn sacrifican animales en su honor. Por su parte, la joven Valerie (Amanda Seyfried) debe elegir entre dos muchachos: Henry (Max Irons), que por su posición económica puede asegurarle un buen porvenir, y Peter (Shiloh Fernandez) misterioso leñador al que realmente ama. Pero todo se complica más cuando la bestia rompe el pacto y empieza a comerse a los pueblerinos. Y la pobre Valerie será el interés principal del hocicudo monstruo.

    La Chica... está dirigida por Catherine Hardwicke. Si bien filmó películas como A los Trece, la grandiosa Los Amos de Dogtown y El Nacimiento, su trabajo más exitoso (al menos, desde lo económico) sigue siendo Crepúsculo. Es posible encontrar varios puntos en común entre su nuevo opus y la historia de Bella Swan y Edward Cullen: hay criaturas de la noche, romance contenido (ojo, por lo menos esta vez se ve algo más de piel), actúa Billy Burke, Shiloh Fernández casi se queda con el rol que convirtió en ídolo juvenil a Robert Pattinson... Pero, sobre todo, La Chica... responde a las obsesiones de la Hardwicke: el mundo de los adolescentes, incluyendo su relación con los adultos, el amor, la alegría, el dolor, la pérdida.

    Lamentablemente, varios aspectos convierten a este film en uno de los más flojos de la directora. El guión —que juega con el recurso narrativo conocido como Whodunit?, en el que recién al final se sabe quién es el culpable de todo— deja bastante que desear. Irons y Fernández resultan parcos y carentes de onda como los galanes de Valerie. La mayoría de los movimientos de cámara no aportan nada a la narración, y los lobizones digitales siguen sin ser creíbles.

    Pero no todo es para tirar a la basura. Lo mejor, sin dudas es la protagonista. Amanda Seyfried no actúa tan bien como otras veces, pero es una preciosidad de chica y uno no puede dejar de verla. Con la indumentaria roja es una auténtica caperucita teenager. Gary Oldman interpreta al Padre Solomon, cazador de licántropos que llega al pueblo para terminar con la pesadilla usando métodos dignos de la inquisición. Oldman tampoco está genial, pero se la arregla para componer otro de sus típicos villanos. Virginia Madsen también sale airosa, y de verdad parece madre de la Seyfried. Y no olvidemos destacar a la “abuelita” de la ecuación: Julie Christie, que le da un toque esotérico y hasta peligroso a su personaje.

    La Chica de la Capa Roja es parte de una tanda de adaptaciones cinematográficas de cuentos infantiles, pero desde una óptica “para los más grandes”. Dentro de poco le tocarán a Hansel & Gretel y a Blancanieves. Esperemos que tengan mejor suerte.
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  • Torrente 4
    Torrente 4
    A Sala Llena
    En los ’90, Santiago Segura era un ascendente actor y comediante español, famoso por sus trabajos en las primeras películas de Alex de la Iglesia: Acción Mutante y El Día de la Bestia. Pero el estrellato llegó con un film enteramente suyo, escritor, dirigido y protagonizado por él. Estrenada en 1998, Torrente: el Brazo Tonto de la Ley cuenta las andanzas del personaje del título: un oficial de policía maleducado, fascista, homofóbico, misógino, ladrón, sexópata... Una porquería humana, bah. Claro que siempre en clave de parodia, nunca como algo serio. Como dijo Segura, es “una crítica al español caduco, cuaternario, mezquino y miserable que sigue habiendo, pero que está a punto de extinguirse”. La película fue un éxito de público y de crítica, y generó dos secuelas: Torrente 2: Misión en Marbella y Torrente 3: El Protector (con escenas filmadas en Argentina).

    Ahora llega la cuarta parte, ¡y en 3D!

    En Torrente 4: Lethal Crisis, nuestro antihéroe está más caído en desgracia que nunca. Tras provocar una tragedia en un casamiento de gente de la alta sociedad, ya nadie lo puede ni ver. Come basura de las calles, duerme con viejos travestis (¡!) y debe compartir su departamento con inmigrantes ilegales. Su lamentable presente parece cambiar cuando un hombre lo contrata para matar a un poderoso empresario. Pero todo termina siendo una trampa y Torrente cae preso. Eso no impedirá que escape y comience a buscar a quien quiso ensuciarlo.

    Es verdad: a esta altura ya no hay sorpresas ni en lo referente al protagonista ni a la historia. De todas maneras, los chistes escatológicos y las salidas del depravado policía siguen provocando risa. Además, Segura vuelve a demostrar que es un gran cinéfilo. La película parodia a los film de cárceles y de fugas, como El Gran Escape y hasta Escape a la Victoria, ya que Torrente y un grupo de reclusos organizan un partido de fútbol como pantalla para la huida.

    Entre los actores secundarios podemos encontrar a Kiko Rivera (el mediático hijo de Isabel Pantoja), como ayudante de Torrente —a la manera de Javier Cámara en la primera parte—, y Enrique Villén, que había participado en Torrente 3, pero haciendo otro personaje. También está la aparición especiales de un amigo de Segura: El Gran Wyoming, otrora conductor de la versión española de Caiga Quien Caiga, entre otras cosas.

    Imperdibles los cameos de los futbolistas Sergio “Kun” Agüero, Gonzalo “Pipita” Higuain, Cesc Fabregas y Sergio Ramos. Por su parte, David Bisbal actúa brevemente y canta el tema de la película.

    Con respeto al uso de la tecnología en tercera dimensión, casi ni se nota, y los que sí se ve en relieve son elementos como barrotes y charcos de agua. Sí queda simpático cuando las escupidas del protagonista parecen venirnos a la cara, pero no hay mucho más. De todos modos, si uno se mete en la historia, pronto se olvida el 3D.

    Torrente 4: Lethal Crisis está muy lejos de ser una obra maestra. Difícilmente cambie la historia del cine. No obstante, es un delirio hiperentretenido, alocado y salvaje, como sólo Santiago Segura sabe hacer.
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  • Pase libre
    Pase libre
    A Sala Llena
    En los ’90, los hermanos Peter y Bobby Farrelly cambiaron la manera de hacer comedia. Ya en su ópera prima, Tonto y Retonto, quedaba muy claro el estilo: protagonistas extravagantes pero tiernos y enamoradizos (siempre de mujeres hermosas), y toneladas de humor escatológico. Los Farrelly no temían hacer chistes sobre los fluidos corporales que se imaginen y con personajes gordos, enanos y discapacitados físicos o mentales. Su tercer film, Loco por Mary, los consagró a nivel mundial y se convirtió en una desopilante oda a la incorrección política, además de una influencia para comedias venideras (la saga de American Pie, especialmente). Sus siguientes películas fueron menos guarras y más románticas —Amor Ciego, por ejemplo—, y si bien son buenas, ninguna superó a aquella joyita con Ben Stiller y Cameron Díaz.

    Pase Libre tampoco logra estar siguiera a la altura de Loco por Mary, pero es una muestra de que los Farrelly volvieron al terreno de las guarangadas cinematográficas.

    Rick (Owen Wilson) no deja de mirar mujeres. El problema es que está casado y tiene dos hijos. Harta de la situación, la esposa (Jena Fischer) decide darle un pase libre. ¿Lo qué? Una semana para que Rick pueda sacarse las ganas de acostarse con quien se le antoje y así darle aire nuevo al matrimonio. Pero el bueno de Rick no estará sólo: Fred (Jason Sudeikis), un viejo amigo con sus propios problemas conyugales, recibirá otro pase libre. Ambos retomarán sus andanzas de juventud descontrolada, a pura noche, alcohol, drogas y, sobre todo, sexo. Pero descubrirán que no resultará fácil recuperar aquellas costumbres.

    Como decíamos, en esta película los Farrelly retoman los elementos escatológicos y atrevidos por los que se hicieron famosos. Para que se den una idea, hay planos de penes (el pene de un negro, exactamente, lo que reafirma el archiconocido mito de los negros) y un repugnante “estornudo”.

    Pero más allá de las simpáticas asquerosidades, la historia es acerca de cómo las personas, una vez que llegan a una etapa de estructura social y familiar —lo que suele llevar a la rutina y el aburguesamiento— extrañan épocas más alocadas e impredecibles. Pero también muestra que, llegada a determinada edad, uno descubre que no está para ciertos trotes, que es difícil comportarse como un muchacho de veinte a los cuarenta años, que no hay con qué darle a la madurez. Una secuencia que ilustra esto a la perfección se da cuando los protagonistas van a hacer la previa a un restaurant, y al terminan de comer, quedan tan llenos que prefieren irse a acostar.

    Owen Wilson es el actor perfecto para el papel de Rick: el tipo muere por revolcarse con otras mujeres, pero también es un hombre sensible y medido. Un rol que parece reflejar la vida real del comediante de la nariz torcida, ya que de tiempos oscuros pasó a formar una familia. Jason Sudeikis se complementa muy bien con Wilson: su Fred es impulsivo, más decididamente sexópata, y sus arrebatos lo llevarán a pasar momentos terribles para él... pero graciosos para el público. Tampoco se quedan atrás los amigos freaks del dúo, sobre todo Gary, interpretado por el inglés Stephen Merchant (actor y productor de la versión británica de la serie The Office). Christina Applegate, quien encarna de la esposa de Fred, sigue demostrando que nació para hacer comedia. Nicky Whelan es Leigh, la cafetera de la zona y objeto de deseo de Rick. Pero quien se roba sus escenas las pocas veces en las que aparece es Richard Jenkins. El actor nominado al Oscar por Visita Inesperada hace de Coakley, un señor mayor de hábitos nocturnos (un viejo fiestero, bah), que lo sabe todo sobre mujeres y no dudará en aconsejar a Rick y a Fred.

    Sin ser genial, Pase Libre les alegrará el momento y los llevará a pensar en aquellos años de locura in(sana) junto a vuestros amigos y amantes.

    Ahora, a esperar el próximo proyecto de los Farrelly: la demorada película de Los Tres Chiflados.
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  • Un cuento chino
    Un cuento chino
    A Sala Llena
    Roberto (Ricardo Darín) no es un hombre feliz. Vive solo, atormentado por traumas de la juventud. Se las arregla en su trabajo como ferretero, donde debe lidiar con clientes y corredores a los que detesta. Casi no tiene amigos y se la pasa encerrado, con sus propios hobbies y problemas. Parece que nadie nada podrá alterar su triste rutina. Pero todo cambia cuando ve cómo un chino es arrojado desde un taxi, donde lo golpearon y le robaron. Pese a no querer meterse, Roberto termina llevándoselo con él. Aunque no hablan el mismo idioma, será el inicio de una extraña relación, que hará cambiar mucho en la cabeza de Roberto.

    Luego de La Suerte Está Echada, su anterior largometraje, de 2005, Sebastián Borenzstein vuelve con una comedia dramática con mucho de crítica social. No teme mostrar los prejuicios de los argentinos para con los extranjeros, la burocracia en los sectores más poderosos (en este caso, la embajada china) y el abuso de poder que ejercen los “representantes de la Ley”. Borenzstein también escribió un guión preciso, con detalles, corazón, y que por momentos surfea el límite con otro tono de película (Piensen que una vaca cayendo del cielo hace pensar en un tipo de comedia más delirante).

    Es verdad que las historias de parejas desparejas y choques culturales son muy comunes y los ejemplos abundan. Pero, como suele suceder, la gracia no reside en el qué sino en el cómo, y eso se debe gracias al trabajo del director y del elenco.

    Ricardo Darín es él actor de cine argentino contemporáneo. Desde hace rato que forma parte del mismo grupo que Federico Luppi, Norma Leandro, Héctor Alterio y Leonardo Sbaraglia; incluso en este momento está por encima de ellos. Darín es una estrella, pura presencia en la pantalla, pero también un actor capaz de asustar, hacer reír, conmover, muchas veces las tres cosas en el mismo film. Su Roberto es un hombre devastado, tan creíble que es imposible no sentir algo por él. En eso ayuda, además, una sutil transformación física: barba crecida, panza, andar cansino...

    Ignacio Huang interpreta a Jun, el chino que aparece en la ¿vida? de Roberto. Huang está correcto y se complementa muy bien con Darín. Como era de esperarse, las situaciones humorísticas surgen del choque de culturas entre esos dos personajes, sobre todo por parte de Roberto, que odia tener a Jun en su casa. Pero justamente en sus quejas, insultos y nervios alterados termina siendo desopilante.

    Por su parte, Muriel Santa Ana hace de Mari, una chica del campo que viene a la ciudad para conquistar de una vez por todas a Roberto. Jun será una vía para que la relación por fin pueda concretarse. Muriel está perfecta en su personaje: romántica, bondadosa, un poco ingenua, pero también muy sensual (y sexual).

    En el elenco también podemos encontrar a Iván Romanelli, conocido diez años atrás por su personaje de El Gordo Liberosky (divertido scketch del canal Much Music) y Vivian El Jaber, otrora integrante de Cha Cha Cha.

    Un Cuento Chino es uno de los grandes estrenos argentinos del año, y una muestra de que la comedia dramática es un género que le sienta bien a Darín y que gusta al público. Y esperemos que Sebastián Borenzstein no tarde tanto en filmar nuevamente.
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  • Sucker Punch: Mundo Surreal
    Era una de las películas más esperadas de 2011. Los avances no paraban de dejar mandíbulas por el piso. Aquellas imágenes tan asombrosas prometían un gran espectáculo.

    ¿Cumple Sucker Punch: Mundo Surreal con las expectativas generadas? No, no las cumple: las supera con comodidad.

    Zack Snyder confirma que es uno de los directores más talentosos y audaces del Hollywood moderno. Esta vez no se basó ni en películas anteriores (El Amanecer de los Muertos) ni en comics (300, Watchmen: Los Vigilantes) ni en libros (Ga'Hoole: La Leyenda de los Guardianes). Ahora parte de un guión suyo, co-escrito con Steve Shibuya. Por supuesto, hay elementos de miles fuentes distintas: la literatura de Lewis Carroll (el director supo decir que SP era Alicia en el País de las Maravillas, pero con ametralladoras), ciencia-ficción, animé, fantasía, números musicales. Pero Snyder mezcla todo esto cual DJ de categoría, obteniendo un producto con identidad propia. Así tenemos a las protagonistas combatiendo contra samuráis demoníacos, robots, soldados y zeppelines de la Primera Guerra Mundial, dragones y guerreros monstruosos como los horcos de El Señor de los Anillos.

    Los rasgos autorales de Zack S. también aparecen aquí. Otra vez personajes intentando sobrevivir en un contexto que le es adverso (el instituto, devenido en cabaret en el plano imaginativo); otra vez mujeres fuertes, pero con un costado vulnerable; otra vez el cuestionamiento a las autoridades, que son mostradas como brutales y corruptas... Y, sobre todo, la violencia. Esta vez no hay escenas de sexo, aunque la sensualidad del elenco femenino moviliza la libido de cualquiera.

    Y ya que nombramos al elenco, no tiene desperdicio. Emily Browning es Baby Doll, el personaje principal (un papel originalmente pensado para Amanda Seyfried). Baby sufre en el mundo verdadero, pero en su mente, no teme disparar con ametralladoras ni blandir katanas. El resto de sus compañeras también son pura actitud: Abbie Cornish, quien trabajó con Snyder en Ga'Hoole; Jena Malone, hipersexy y de pelo corto; Jamie Chung, quien reemplazó a Emma Stone, y Vanesa Hudgens, hasta hace poco famosa por su papel en las películas de High School Musical. Carla Gugino interpreta a Madam Gorski, justamente la madama y coreógrafa de las chicas, y que es tan prisionera como ellas. El guatemalteco Oscar Isaac hace de Blue, el siniestro dueño del burdel... con una no menos amable encarnación en el plano real. El siempre subestimado Scott Glenn se luce como el líder de las muchachas en las misiones para reunir los objetos con los que conseguirán liberarse de Blue y ser libres al fin. Y como si fuera poco, Jon Hamm, el Don Draper de la serie Mad Men, actúa unos minutos en un rol del que no conviene hablar demasiado para no revelar información.

    Otro de los puntos fuertes es la banda sonora. La música incidental está a cargo de Tyler Bates, fetiche de Snyder, pero esta vez tiene como socio a Marius de Vries. Este compositor británico supo darle onda musical a Romeo+Julieta y Moulin Rouge: Amor en Rojo, ambas de Baz Luhrmann. En Sucker Punch, su tarea fue similar a la hecha en aquellos films, sobre todo en Moulin Rouge: readaptar éxitos de otras épocas para adecuarlos al espíritu de la película. Por eso suenan covers de clásicos como “Sweet Dreams”, de Eurythmics; “Where is my Mind”, de Pixies; “White Rabbit”, de Jefferson Airplane; “Tomorrow Never Knows”, de The Beatles… Varios de esos temas están interpretados por Emily Browning. Tampoco nos olvidemos de “Army of Me”, de Björk, que sí suena en su versión original.

    La gente podrá compararla con El Origen, debido a que también sucede en el mundo de la mente y hay varios niveles de realidades. Pero no hay tantos puntos en común. Nolan armó su película como una de James Bond en el territorio del subconsciente, un producto entretenido y cerebral. SP toma otro camino. Es más un delirio vertiginoso, cool, políticamente incorrecto, visualmente impactante sin ser excesivo. Sí es posible trazar un paralelo con The Fall, de Tarsem Singh —director de La Celda—, en la que un actor convaleciente le relata una historia fantástica a una niña; los personajes y otros elementos de ese cuento aparecen representados por enfermeros y otras personas que rodean a la nena y al narrador. Algo parecido sucede en el film de Snyder.

    En definitiva, Sucker Punch: Mundo Surreal es dinamita pura y no para de explotar. Un trip de pura acción y maravilla. El colmo de la imaginación elevado a la enésima potencia. Una experiencia única. Como le dice el personaje de Scott Glenn a Baby Doll: “Comienza tu viaje. Si lo haces, serás libre”.
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  • Los ojos de Julia
    Los ojos de Julia
    A Sala Llena
    A causa de una enfermedad, Julia (Belén Rueda) está perdiendo progresivamente la vista. Cualquier situación de estrés puede acelerar el camino a la ceguera. Las cosas se ponen peor cuando Sara, su hermana gemela y portadora del mismo mal, aparece ahorcada en el sótano de la casa. ¿Suicidio? No, algo mucho más misteriosos e inquietante. Julia lo sabe y deberá averiguar qué es lo que realmente sucedió. Pero al adentrarse en una red de intrigas y asesinatos, podrá perder la visión... y también la vida.

    Producida por Guillermo del Toro, Los Ojos de Julia funciona como un giallo. Este subgénero policial —llamado así por el color amarillo de las ediciones de thrillers que se publicaban en Italia (giallo es amarillo en italiano)—, nació en los ’60, gracias a películas como Seis Mujeres para el Asesino, dirigida por Mario Bava. A comienzos de los ’70, Darío Argento se despachó con tres de los mejores exponentes del giallo: El Pájaro de las Plumas de Cristal, El Gato de las Nueve Colas, Cuatro Moscas sobre un Terciopelo Gris y Rojo Profundo. Rasgos característicos: asesinatos violentos y misteriosos; planos subjetivos del homicida, al punto que de él sólo vemos sus manos enguantadas; personajes extraños, potenciales sospechosos, y la identidad del criminal (por lo general, traumado por episodios de su infancia) revelándose en el desenlace. La película de Guillem Morales puede ser comparada con El Gato... ya que uno de los protagonistas (en aquel caso, Karl Malden) es ciego y así y todo debe lidiar con la amenaza. También toma de aquellos films de Argento (sobre todo de Rojo Profundo) el ambiente enrarecido, casi sobrenatural: Julia tiene sueños extravagantes y siniestros, y al ir perdiendo la visión, su mundo se convierte en un territorio de sombras y peligros. En este caso, el director hace un estupendo trabajo a la hora de crear climas y mover la cámara. Un detalle interesante se aprecia en determinado momento de la película, donde por un rato no se muestra la cara de quienes rodean a Julia, de manera que experimentemos lo mismo que ella.

    Algunas vueltas de tuerca del guión podrán resultar un tanto inverosímiles, pero pueden entenderse justamentesi se mira a la película como giallo, pero en versión española.

    Belén Rueda regresa al género tras su paso por El Orfanato (también producida por Del Toro) y sigue demostrando que le sienta muy bien este tipo de cine. Sabe hacer creíble sus personajes, sabe dotarlos de esa carga emotiva que por suerte la separa de la típica, vacía y predecible scream queen. Aquí tiene varios retos: interpretar dos papeles, ambos con ceguera, ambos atormentados. La talentosa actriz está acompañada por el excelente Lluís Homar —protagonista de Los Abrazos Rotos, de Pedro Almodóvar—, quien interpreta al marido de Julia, un hombre que permanece a su lado aunque le oculta información.

    Sin ser una maravilla, Los Ojos de Julia demuestra que España sigue dando cine de género, y de calidad.
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  • Invasion del mundo. Batalla - Los Ángeles
    Ya desde los ’50, el ataque a Estados Unidos y al mundo por parte de extraterrestres con intenciones de conquista y destrucción servía como una metáfora de la amenaza comunista de aquel entonces. De por sí, las alegorías son parte importante del género de ciencia-ficción. Pero no por eso la películas dejaban de ser, como mínimo, entretenidas.

    Es verdad que Invasión a la Tierra... tiene una doble lectura marcada: los personajes más heroicos son marines de los Estados Unidos, que en el campo de batalla (Santa Mónica, Los Ángeles) pronuncian frases del tipo “¡Rendirnos, jamás!” y se pone énfasis en el sentido del sacrifico y el compañerismo. Como una propaganda de dos horas. Y hay lugares comunes, empezando por Michelle Rodríguez haciendo de marimacho. De todas maneras, la película es muy entretenida y frenética gracias al estilo cinema verité que le imprime el sudafricano Jonathan Liebesman. Una estética similar a la de los films bélicos de los últimos quince años (a esta altura ya fueron nombradas por todos los medios posibles). También es muy creíble que los Ets pretenden apoderarse de nuestra agua, marcando una gran diferencia con la fallidísima e inverosímil Señales, de M. Night Shyamalan.

    Además, abundan los casos de grandes películas con ideologías polémicas. Tropa de Élite es considerada profascista (aunque en realidad crítica el accionar de BEPE, las fuerzas policiales de la policía brasileña). Lo mismo sucede con los policiales como Harry el Sucio y las del estilo El vengador Anónimo y Hombre en Llamas. Hasta Top Gun, una publicidad encubierta para alistarse a la Fuera Aérea, sigue funcionando principalmente como una gema pop ochentosa. Invasión a la Tierra... no es una maravilla y es difícil precisar si se convertiré en un clásico, pero bien valía la pena aclarar cierta cuestiones sobre cine e ideologías.

    (Un genial y atípico ejemplo de film sobre batalles de humanos contra alienígenas es Invasión —título argentino de Starship Troopers—, dirigida por el holandés Paul Verhoeven, en la que se satiriza ferozmente el universo militar en el que viven los protagonistas, uno de ellos nativo de Buenos Aires).

    Sin dudas, uno de los puntos altos es Aaron Eckhart. Su personaje es un marine peso pesado que carga con terribles culpas por una misión fallida en Irak. En las pocas escenas en las que no hay tiros ni explosiones ni persecuciones (incluso dentro de esas mismas partes) este gran actor sabe darle humanidad y carácter a su rol. No importa el film, que Eckhart sabe darle credibilidad.

    Invasión a la Tierra... puede ser comparada con otro opus reciente, muy similar, también ambientado en la mencionada ciudad de California: Skyline: La Invasión. De hecho, sus directores, Colin y Greg Strause, trabajaron en los efectos especiales de la obra de Liebesman, y casi se desayunan un juicio por parte de Sony. Sin embargo, el tono es distinto. Skyline tiene un espíritu más trash, menos propagandista, y está contada desde personas comunes y corrientes tratando de escapar.

    Más allá de controversias y comparaciones, Invasión a la Tierra... demuestra que el de las invasiones marcianas sigue siendo uno de los subgéneros más populares del cine fantástico.
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  • Fase 7
    Fase 7
    A Sala Llena
    Argentina, como el mundo en general, siempre parece al borde del Apocalipsis. Pero ninguna película nacional había mostrado cómo se produciría el the end definitivo ni cómo la gente se las arreglaría para lidiar con eso.

    Fase 7 juega con el “¿Qué pasaría sí...?”, y lo hace mezclando ciencia-ficción, thriller de suspenso y comedia. Una mezcla exitosa, que recuerda al cine de Álex de la Iglesia, aunque sin tantos excesos.

    Pero la mayor influencia en la película es la obra de John Carpenter. No hay citas ni homenajes descarados, pero sí desde el argumento y la música (minimalista, inquietante) se captura el sabor de algunas de las mejores creaciones del director estadounidense. Hay personajes encerrados ante el avance de una amenaza exterior —en este caso, una gripe mortífera—, y que deben hacer a un lado sus diferencias para salir de esa situación, como sucede en Asalto al Precinto 13. Sin embargo, pinta la paranoia, no se sabe quién está enfermo y los vecinos pierden el control, igual que los científicos de El Enigma de otro Mundo. Tenemos un personaje antiheroico, un rudo que cuestiona el sistema y el fiel a sus ideales sin importar las consecuencias, al estilo Snake Plissken (Kurt Russell) en Fuga de Nueva York. Y aparece una crítica implícita a las autoridades y su accionar frente a situaciones extremas: resultan dañinas a propósito o por su propia inutilidad. Algo que pasa mayormente en Sobreviven.

    Se nota que el director debutante Nicolás Goldbart es fanático de Carpenter, y también de George A. Romero, ya que también podemos encontrar en Fase 7 un fuerte paralelismo con sus películas de zombies: nosotros, los seres humanos, resultamos siendo peores que el monstruo que quiere devorarnos; que las situaciones más desesperantes pueden revelar lo más podrido de cada uno.

    Además, lo que también Goldbart aprendió de grandes como Carpenter y Romero es el sentido del “entretenimiento que te hace pensar” (lo que esa expresión signifique) y que menos es más. Con pocas pinceladas, nos muestra un país y un planeta al borde de la extinción, donde quienes aún no enfermaron se roban y se matan entre sí, donde las calles permanecen mugrientas y desiertas. Como la película se desarrolla generalmente dentro del edificio, sabemos lo que sucede afuera por los noticieros, por recortes periodísticos y por lo que se puede ver mirando por la ventana o desde la terraza.

    Otro de los puntos fuertes pasa por las actuaciones. Si bien Daniel Hendler y Jazmín Stuart están muy bien, quien se roba la película es José Carlos Guridi, mejor conocido como Yayo. El humorista cordobés, famoso por sus trabajos en televisión, interpreta a Horacio, un duro dispuesto a la violencia con tal de sobrevivir; un hombre desconfía de todos, menos de Coco (el personaje de Hendler), con quien forma una improbable pero divertida dupla... hasta cierto punto. Es verdad Yayo es responsable de la mayoría de las salidas cómicas, pero también es convincente cuando se pone serio. Incluso llega a asustar.

    Siguiendo con los actores, Federico Luppi no se queda atrás en su rol de Zanutto, un anciano amable pero que no está dispuesto a los ataques de sus vecinos. Horacio, Coco y Zanutto participan en las mejores y más tensas escenas del film.

    Fase 7 es otra muestra de que el cine de género en Argentina está pasando por un momento muy interesante, y que Goldbart es un director a seguir. Veremos qué nos dará en el futuro.

    En tanto, esperemos no matarnos entre nosotros.
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  • Infierno al volante
    Hollywood se puso cada vez más delirante, descerebrado, cinéfilo y superentretenido. Y está muy bien. Si no, chequeen Piraña 3D, un placer culpable de los que no abundan actualmente.

    Ahora, y también en tercera dimensión, llega Infierno al Volante.

    La película ya tiene ese espíritu clase B —en el mejor de los sentidos— desde el argumento: Milton (Nicolas Cage, aquí con peluca rubia) escapa en auto del mismísimo infierno y regresa a nuestro mundo con un objetivo concreto: rescatar a su nietita de las perversas manos de Jonah King (Billy Burke), el líder de una secta satánica, que pretende sacrificarla para conseguir la salvación del mundo (¿?). Aunque Milton es un tipo rudo, áspero, con cero problema a la hora de tirotearse con sus rivales y de perseguirlos por carreteras, contará con la ayuda de Piper (Amber Heard), una atractiva camarera a la que le sobra actitud.

    Las persecuciones automovilísticas, las explosiones, las poses y las frases, la acción desmedida, los desnudos gratuitos, todo recuerda a las producciones exploitation de la American International Pictures y de la New World, empresa de Roger Corman, durante los ‘70.

    Seguramente, los responsables de esta ola trash mainstream fueron Quentin Tarantino y Robert Rodríguez con sus películas Grindhouse: A Prueba de Muerte y Planet Terror: Furia en la Ciudad (aunque Tarantino siempre hizo películas de este tipo, si nos ponemos a pensar). Y no nos olvidemos de Machete, también de R.R., surgida de uno de los falsos trailers de Grindhouse.

    Patrick Lussier le saca el jugo como pocos la tecnología 3D. Da la sensación de que los vehículos y la sangre vuelan hacia el espectador. De hecho, el ex montajista de Wes Craven venía de dirigir Sangriento San Valentín 3D. Y parece que vuelve al terror: podría dirigir la demorada nueva versión de Hellraiser: El Pacto. ¿También la filmará en tercera dimensión?

    Se nota que Nicolas Cage es un freak que no le hace asco a nada. ¿Cuántos actores ganadores del Oscar interpretarían un personaje que dispara contra miles de tipos mientras copula con una rubia tetona? A Nic se aplica lo que una vez dijo Guillermo del Toro sobre el director under Frank Henenlotter: “Es un tipo que dice: ‘A mí gustan las hamburguesas con queso, llenas de grasa’, y que trata de hacer con eso una forma de arte”. El sobrino de Francis Ford Coppola disfruta la acción y el descontrol. Y está muy bien acompañado. Ambert Heard es pura sensualidad y es imposible no enamorarse de ella. A esta bomba la veremos pronto como la protagonista de The Ward, nueva y esperada película de John Carpenter (homenajeado en determinado momento). Billy Burke, en padre de Bella Swan en los film de Crepúsculo, está sacadísimo como el líder de la secta. William Fichtner se luce en el papel de emisario del Infierno encargado de vigilar a Milton. También aparece David Morse como Webster, amigo de Milton. Y sería un pecado olvidar al oscurísimo actos Tom Atkins, quien en los ’70 y ’80 supo actuar a las órdenes de Carpenter y George A. Romero, entre otros.

    Infierno al Volante es otro exceso a propósito, ideal para un doble programa con Piraña 3D.

    Para finalizar, un dato gracioso: el co-guionista Todd Farmer aparece teniendo sexo con una mujer exhuberante. Lo mismo sucedía en Sangriento San Valentín 3D. En ambos casos, terminaba muriendo horriblemente, pero antes la pasaban genial. ¿Todd escribirá esos papeles especialmente para él? Ningún tarado, el tipo.
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  • Piraña
    Piraña
    A Sala Llena
    Y seguimos con las remakes. Por lo general, se dividen en dos clases: las que respetan el espíritu de la película original y lasque le dan una vuelta de tuerca al concepto (muchas veces, de manera llamativa).

    Piraña 3D pertenece a la segunda categoría, ya que del film de 1978 producido por Roger Corman, dirigido por Joe Dante y escrito por John Sayles (¡Se viene la entrevista!) sólo toma la premisa: un cardumen de horribles pirañas devora a quienes nadan en un lago norteamericano. Hay diferencias notorias entre la vieja y la nueva. antes, los bichos eran producto de un experimento científico para liberar en lagos de Vietnam durante la guerra, y ahora surgen de unas cavernas prehistóricas que se abren a causa de un sismo. Los personajes y sus historias también son distintas...

    Pero el cambio mayor está en el tono.

    En su primera gran película —y en medio de los peces voraces, sangre y humor— Dante aprovechaba para meter sus acostumbrados comentarios en contra de la milicia y el accionar de las autoridades, que no querían cerrar el lago pese a la amenaza subacuática.

    En Piraña 3D, el talentoso director francés Alexandre Aja optó por darle un enfoque más inusual, menos serio, repleto de mujeres semidesnudas (y desnudas del todo) y de escenas del más puro gore. El resultado: uno de los film más decididamente gratuitos, descerebrados y masturbatorios jamás financiados por un estudio de Hollywood. Y con esa actitud de “todo me importa un carajo”, la película funciona.

    Luego de consagrarse con Alta Tensión, Aja filmó dos remakes: El Despertar del Diablo, refrito de La Colina de los Ojos Malditos, de Wes Craven a la que supera en varios aspectos; y Espejos Siniestros, adaptación yanqui de un film coreano. En ambos casos, el enfoque era más serio, con imágenes crudas y perturbadoras. En su tercera vez reversionando films preexistentes, debió pensar “¿Qué quieren ver los freaks como yo?” y no se guardó nada. Pechos (tetas, bah), colas (es decir, culos), sexo, alcohol, escenas de lesbianismo, chistes escatológicos, cuerpos desmembrados, litros de sangre como para alimentar vampiros durante varias generaciones. Remite al espíritu de las películas de horror de la década del ’80, y bien parece transcurrir en es época de no ser por la presencia de celulares, Internet y otros elementos modernos.

    La elección del elenco también responde a esta idea de “gran chiste para fans”. Elisabeth Shue se recibe de MILF[1] en su papel de comisario del pueblo donde se sucede la masacre por parte de las hambrientas criaturitas acuáticas. Steven R. McQueen (nieto de Steve McQueen) interpreta al hijo, un adolescente que se mete en problemas mortales por culpa de su libido. El inoxidable Ving Rhames hace de un guardacostas que no le teme a las pirañas y hasta les da pelea. Adam Scott encarna a un científico que en determinado momento se hace el banana como héroe. Eli Roth hace una pequeña aparición como uno que alienta el descontrol juvenil[2]. Y nadie se pasa tanto de rosca como Jerry O’ Connell, que parece disfrutar su personaje de cineasta megalómano que adora filmar playmates desnudas. Pero los más destacados son lo que también menos aparecen. Por un lado, Christopher Lloyd, quien hace de un científico no muy alejado de su inmortal Doc Brown de Volver al Futuro. Por otro lado, Richard Dreyfuss, en un homenaje al clásico en el que se inspiraron Corman, Dante y Sayles para la Piraña original: Tiburón.

    Una de las grandes novedades es que está hecha en tercera dimensión, así que el público podrá disfrutar de pirañas deglutiendo órganos sexuales masculinos (es decir, penes), entre otras asquerosidades.

    Piraña 3D es un exceso a propósito. Un espectáculo trash que ganará fanáticos y detractores, incluso dentro de los incondicionales del cine de terror. Sin embargo, piensen que no siempre se estrenan películas así en los cines, mucho menos en salas 3D.

    Y si todavía les quedaron días de vacaciones, mejor alejarse de río y lagos y mares. Están las montañas, también. Pero tampoco le darán ganas de ir por ahí si deciden ven 127 Horas... Mejor ir al cine. Por ahora, nunca hay peligro allí, aunque...
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  • El rito
    El rito
    A Sala Llena
    Volvieron las películas sobre exorcistas. Ya se veía venir el año pasado, con el estreno de El Último Exorcismo, filmada en clave de falso documental.

    Si bien El Rito está contada de manera clásica, también llega para tratar de aportar su grano de arena al subgénero.

    Harto de los malos recuerdos que le genera trabajar en una funeraria junto a su padre, Michael (Colin O'Donoghue) decide estudiar para convertirse en sacerdote. Pero cuando está por abandonar la carrera, es convocado para asistir a un curso de Exorcismo en el Vaticano, ya que en la santa Sede planean formar a una nueva generación exorcistas que operarán en distintas partes del mundo. En paralelo a las clases, un Michael cada vez menos entusiasmado por la religión conocerá al Padre Lucas (Anthony Hopkins), un veterano en el arte de expulsar demonios. Al principio, el joven no cree en los que ve durante los exorcismos y pretende encontrarle explicaciones científicas y psicológicas. Pronto descubrirá que el Mal existe, y que anda tras él y el Padre Lucas.

    Sin dudas, la mejor película sobre el tema sigue siendo El Exorcista, seguramente la película más aterradora jamás filmada y un clásico del cine todo. Pero El Rito, sin siquiera ubicarse algunos escalones abajo del film dirigido por William Friedkin, es uno de esos dignos “productos a la sombra de”. Al igual que El Exorcismo de Emily Rose (y de la alemana Réquiem), el hecho de estar inspirada en episodios reales nos lleva a pensar que puede pasar aquí y ahora.

    Pero hay algunos puntos en común con El Exorcista. Michael, como el Padre Karras (Jason Miller), vive perturbado por episodios familiares y no deja de cuestionarse la fe. Y en determinado momento termina formando equipo con un experimentado en la materia, como Karras con el Padre Merrin (Max Von Sidow), quien venía de tener confrontaciones fallidas con los discípulos de Satán. En ambos films, el joven y el anciano son puestos a prueba por el Mal.

    El director sueco Mikael Håfström no es ajeno al género fantástico: hizo Leyenda de Fantasmas en su país natal, y la subvalorada 1408 en Estados Unidos. Se nota que sabe crear climas de suspenso y de extrañeza, con golpes de efectos nada novedosos pero siempre efectivos. Se nota más que nada en las escenas de exorcismos —que generalmente involucran a niños y adolescentes, para no perder la costumbre—, y en las visiones de Michael.

    Durante las entrevistas por este film, Anthony Hopkins dijo que su personaje del Padre Lucas era el mejor que le había tocado interpretar desde el de Hannibal Lecter. Pero en realidad se acerca más a esas actuaciones que el galés parece ejecutar con piloto automático. No está mal el viejo Anthony, pero tampoco es una labor comparable a la del refinado caníbal.

    Por su parte, el irlandés Colin O'Donoghue está correcto como el conflictuado joven sacerdote. Toby Jones y Ciarán Hinds aportan lo suyo en papeles mínimos, y Alice Braga encarna a una periodista que tampoco puede escapar de traumas personales. Ah, y no nos olvidemos de la voluptuosa Maria Grazia Cucinotta, que en una época era invitada a festivales de cine argentinos casi tanto como Geraldine Chaplin.

    El Rito difícilmente se convierta en un clásico, pero funciona como pasatiempo con sustos incluidos. Y además, nos hace pensar en el Diablo, que puede estar junto a vos ahora mismo, contemplándote leer esta crítica, listo para desaparecer cuando gires tu cabeza para mirar atrás.
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  • Sudor frío
    Sudor frío
    A Sala Llena
    A fines de los ’90, un grupo de jóvenes cineastas de la ciudad de La Plata comienza a trabajar con Adrián y Ramiro García Bogliano, dos hermanos de origen español. Todos juntos forman la productora ultraindependiente Mondo Trasho. El resultado: cortometrajes terroríficos y perturbadores (Policlínico Miserable, por nombrar uno), y el largometraje Habitaciones para Turistas, de 2004, que participó en miles de festivales Internacionales y hasta fue estrenado comercialmente en los Estados Unidos.

    A mediados de la década de 2000, Mondo Trasho se disuelve, pero los integrantes más representativos (los García Bogliano y el productor Hernán Moyano) forman una nueva productora: Paura Flics, que desde 2005 no deja de filmar películas de horror puro, sin ironías, repletas de sangre, desesperación, muerte. Si no, chequeen Grité una Noche, 36 Pasos, No Moriré Sola, Masacre Esta Noche.

    Estos film fueron hechos con poco dinero pero usando mucha imaginación, talento y garra. Lamentablemente, sólo podían verse en festivales o ciclos especiales. Si bien con el tiempo fueron editadas en DVD por la distribuidora VideoFlims, faltaba la experiencia de disfrutarlas más tiempo en pantalla grande.

    Con Sudor Frío, su nuevo y no menos aterrador opus, Paura Flics ingresa a las grandes ligas. La película es co-producida por Pampa Films y se estrena en salas comerciales.

    Román (Facundo Espinosa) y su amiga Ali (Marina Glezer) llegan a una casa que parece desabitada. Allí podría encontrarse Jacquie (Camila Velasco), la novia de Román, quien está desaparecida desde hace tiempo. Pero la casa está habitada por dos ancianos poco amigables. Para que se den una idea, se dedican a secuestrar y torturar chicas para descifrar enigmas matemáticos. El método de tortura: un líquido capaz de volar en pedazos a cualquiera. Román y Ali deberán ingeniárselas para escapar de aquella sucursal del infierno.

    Al igual que las películas nombradas más arriba, Sudor Frío es un viaje de ida a las más inquietantes de nuestras pesadillas, a terrores que moran en la casa de al lado. Ya no hay elementos de cine slasher, pero sí monstruos de la vida real, sobrevivientes del pasado pesado de nuestro país, cosa que lo hace más palpable al horror.

    Adrián García Bogliano sabe filmar, y filma terror como muy pocos hoy en día. Su manejo del suspenso, la tensión, el impacto, los encuadres, los climas, no tiene nada que envidiarle a sus colegas anglosajones o de otras partes del mundo. Y se nota que se nutrió de los clásicos del género. En su cine aparecen Alfred Hitchcock, John Carpenter, Darío Argento... Y en el caso de Sudor Frío, dicen presente las influencias de William Friedkin (sobre todo Sorcerer, remake norteamericana de El Salario del Miedo, de Clouzot; películas con explosivos en la trama), George A. Romero, Wes Craven y Rob Zombie.

    En cuanto al elenco, Facundo Espinosa pone todo en su papel de muchacho común que debe arriesgarse para salvar a su chica de tan oscura y esotérica situación. Marina Glezer compone a un chica de armas tomar, que trata de no caer en la locura. La debutante Camila Velasco tiene un papel física y psicológicamente exigente: está casi toda la película cubierta por la sustancia explosiva y debe moverse con cautela. Omar Musa y Omar Gioiosa (los habitantes de la casa) se lucen en sus papeles, dándole realismo y cierta humanidad a personajes desagradables y letales. También aportan lo suyo los extravagantes vecinos de los torturadores, sobre todo el inquietante niño con máscara de payaso.

    Entre tanta muerte y sangre también hay un pequeño lugar para la crítica al mundo moderno y sus manejos con la tecnología. Las víctimas de los ancianos acuden a la casa engañadas por chat; y Román, cuando su celular queda sin señal, pide auxilio vía Facebook, sólo recibiendo burlas e insultos.

    A la película se le puede criticar la secuencia de inicio, que explica demasiado muy de golpe. Podría haberse dado entender lo mismo en alguno de los flashbacks del torturador más viejo. Pero eso no estropea para nada la película, que sigue siendo un himno a la tensión infernal.

    Los responsables de Sudor Frío afirmaban que la suya es la primera película de terror argentina que se estrena comercialmente en cincuenta años, desde Obras Maestras del Terror, dirigida por Enrique Carreras, allá por 1960. Eso no es así: en las décadas posteriores hubo exponentes financiados por el Instituto, como Alguien te está Mirando, en 1988, y diez años después, Visitante de Invierno. Además, están los ahora divertidos films de Emilio Vieyra, como Sangre de Vírgenes. Entendemos que la declaración pudo ser una jugada publicitaria por parte de los realizadores, y logró llamar la atención. También es verdad que la mayoría de esos ejemplos no tuvieron detrás un aparato publicitario indispensable para que pudieran llegar al gran público, como si lo tiene la nueva creación de García Bogliano, quien en las entrevistas y gacetillas dijo en concreto lo siguiente: "(SF) Tiene la particularidad de ser la primera película de horror argentina que se hace pensada a nivel industrial como para un estreno en salas comerciales". Usando esas palabras tiene sentido, ¿verdad?

    Más allá de si es o no la primera película argentina de horror en cincuenta años, esperemos que Sudor Frío tenga el éxito que se merece, y que el cine argentino más industrial siga apostando por el cine de género, y por el terror en particular.
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  • Escupiré sobre tu tumba
    Año nuevo, remakes nuevas. Y una vez más, dentro del género de terror.

    Ahora le toca a un verdadero clásico de culto: I Spit in your Grave. Estrenada en 1978, era una cruda historia de violación y venganza, que por lo fuerte de las imágenes perturbó al público del momento, incluyendo al prestigioso crítico Roger Ebert (“Esta película es una expresión del lado oscuro más enfermizo y perverso del ser humano”). Es más: fue censurada en varios países. Sin embargo, con el tiempo fue apreciada por una nueva generación de espectadores y por la prensa, y se convirtió en la favorita de talentos como Gaspar Noé, quien se inspiró en el film para las escenas más escandalosas de su Irreversible.

    Esta nueva versión repite el argumento de la original: Jennifer Hills (Sarah Butler), una escritora proveniente de la ciudad, viaja a una cabaña perdida en el bosque, para poder terminar una novela lejos de distracciones. Por desgracia para ella, cuatro lugareños irrumpen en su vivienda y la someten a las humillaciones más depravadas. Pero Jennifer logra escapar antes de que la maten. Un tiempo después, los cuatro no-fantásticos empiezan a caer como moscas, y de las maneras más horrendas posibles. ¿La culpable? Nada menos que la señorita Hills, ahora ciega de rabia, hambrienta de revancha.

    Lejos de evitar los momentos fuertes y desagradables que caracterizaron a la obra anterior, los responsables de este refrito se las ingeniaron para ir más allá. El nivel de sadismo y brutalidad será demasiado para el gran público, no importa si está acostumbrado a lo que suele mostrarse en la saga de El juego del miedo, pero habla muy bien de los responsables de esta remake. Steven R. Monroe y la actriz debutante Sarah Butler, y el resto del equipo técnico y artístico, demostraron ser valientes y no guardarse nada. Como dijo la productora Lisa Hansen: “La amen o la odien, la gente se acordará de esta película”.

    La estética visual también conserva el espíritu amateur de I Spit... Hay cámara en mano (pero no en exceso, por suerte) y nada de tecnología digital —o por lo menos, nunca se nota—, lo que le da un sabor artesanal al producto, como si la hubieran rodado algunas décadas atrás. También ayuda la participación de actores poco o nada conocidos, lo que suma a la idea de realismo buscada por el director.

    Al igual que la versión original y que muchos films de horror de los ’70, queda demostrado que nosotros, los seres humanos civilizados, somos capaces de actos de crueldad extrema cuando somos puestos en situaciones límite. Que en el fondo somos unos cavernícolas sanguinarios. Roger Ebert bien lo dijo en el primer párrafo de este texto.

    A Escupiré sobre tu Tumba le falta para calificar como obra maestra del suspenso y el terror, pero es un audaz exponente del género, que este año amenaza con ser alivianado con Scream 4. Eso sí, dos concejos: 1) ni se les ocurra comer ni un bocado antes de ingresar a la sala, y 2) cuidado con verla junto a tu novia; algunas escenas podrías darle ideas un tanto desagradables.
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  • La epidemia
    La epidemia
    A Sala Llena
    En 1972, George A. Romero estrenaba su cuarta película: The Crazies (también conocida como Code Name: Trixie, y que en Argentina se estrenó en video con el nombre de Contaminator), en la que los habitantes de un poblado comenzaban a matarse entre sí por el efecto de una sustancia experimental esparcida en el agua. Como es su costumbre, Romero hizo una película con abundantes tintes políticos y repartía palos al accionar de las Autoridades frente a una amenaza, sobre todo para tapar errores propios. Es verdad que por momentos la película se concentra demasiado en ese aspecto y se descuidan otros aspectos, como el ritmo y las actuaciones.

    La nueva versión mantiene la premisa de la original, pero es más frenética, sangrienta y todavía más apocalíptica. Esta vez la historia está contada desde el punto de vista de quienes intentan sobrevivir en medio de aquel caos de locura y violencia: dos policías (Timoty Olyphant y Joe Anderson), y la doctora esposa de uno de ellos (Radha Mitchell), quienes deberán enfrentarse a la milicia y a los infectados en su objetivo por escapar del pueblo.

    Como sucedió con El amanecer de los muertos, de Zack Snyder (remake de Dawn of the Dead), La epidemia logra superar a la película en la que se basa. De todos modos, Romero es y seguirá siendo el más grande.
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  • La casa por la ventana
    Por pedido de su padre, Julio Saez Jr. (Walter Cornás), un refinado muchacho recién recibido de arquitecto, debe encargarse de organizar la fiesta de año para sus amigos universitarios. Lo que estaba planeado como una velada de vino y queso fino y ambiente snob se transforma en una fiesta descontrolada a puro alcohol, piñas y, sobre todo, Rock ‘n’ Roll.

    Quien no disfrutó ni disfruta de las comedias adolescentes de los ’80 —principalmente las que dirigió el especialista John Hughes—, es como si no hubiera tenido infancia. Por suerte, Esteban Rojas y Juan Olivares sí las disfrutaron, y eso se nota en esta comedia juvenil con algunos elementos delirantes —algunos, ya que el estilo es realista, no grotesco, siempre muy universal—, mucha inteligencia y personajes difíciles de olvidar, cercanos a los del cine de Wes Anderson. Pero haciendo más paralelos con la obra de Hughes, la mayoría de los adultos son mostrados como verdugos o, al menos, como personas conservadoras, que no dejan vivir la vida a sus hijos, generalmente porque no los comprenden. Julio muere por hacer música, pero el mandato familiar le indica que debe tener un estudio importante, conseguir un trabajo respetable y preservar el status quo. Esa noche servirá para decidir si se jugará por su pasión. Para ello, serán cruciales Eugenito (Eugenio Rojas), su desestructurado hermano menor adolescente, y su tío Lorenzo (Miguel Barriga), un músico que no pierde el entusiasmo pese a estar en la mala.

    Walter Cornás vuelve a demostrar que es el Robert De Niro del under hispanoparlante. Un actor sólido, que puede sostener una película y hasta adoptar acentos. En La casa... interpreta a un chileno, y parece chileno. El público de esta parte del mundo olvidará que nació en España y se crió en Argentina. Su Julio Saez Jr. tiene puntos en común con el Lucas Conserva que encarnó en Filmatrón: personajes que deben luchar para hacer lo que les gusta en un entorno que lo reprime y les indica que es conveniente quedarse callado y seguir a la manada.

    Siguiendo con el tema actoral, el co-director Esteban Rojas (también uno de los responsables de Post, de Farsa Producciones) interpreta a un extravagante maloso con nariz de payaso (¡¿?!) y su co-guionista Vlado Rosas encarna... a Vlado.

    La banda de sonido incluye temas de Sexual Democracia, banda de Miguel Barriga en la vida real, y de personalidades como Pablito Ruiz y La Mona Jiménez (Julio usa el tema “Beso a beso” como ringtone de su celular, lo que provoca un efecto desopilantes cuando suena).

    La casa por la ventana es otra muestra de que no se necesitan de presupuestos millonarios ni de estrellas para hacer una película entretenida, que emane la mejor onda y que al mismo tiempo tenga algo más para decir. Otra muestra de que, contra todos los obstáculos, vale la pena filmar. Mejor dicho, de que vale la pena hacer la tuya.
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  • El juego del terror
    Para alegría de los fanáticos, el cine de terror más extremos sigue invadiendo las salas de cine.

    Un ladrón entra en una residencia con la intención de hacerse con un buen motín que le permitirá ayudar a su familia. Pero justo esa noche, un misterioso asesino enmascarado también hace acto de presencia, para torturar a la familia que vive allí. Los intrusos no tardarán en cruzarse, en un contexto de sangre, desesperación, horror y muerte.

    El Juego del Terror forma parte de la tradición de films como Hostel y El Juego del Miedo. De hecho, Patrick Melton y Marcus Dunstan escribieron varias secuelas de esta saga. Pero se nota principalmente la influencia del cine de miedo hecho en Italia durante los ’70 y ‘80, sobre todo la obra de Darío Argento. Los climas, la brutalidad de los asesinatos, lo surrealista que se vuelven determinadas situaciones, la rimbombante banda sonora, hacen pensar en obras maestras como Rojo Profundo y Suspiria. Además, se desconoce la identidad del asesino y, casi hasta el final, su verdadero propósito. Esto la acerca a, por ejemplo, Horas de Terror, de Michael Haneke, y a Los Extraños, donde los niveles de crueldad se hacían insoportables.

    Los directores se apoyaron más en la imágenes que en diálogos, cosa que ayuda en las secuencias de suspenso y terror, ya que tanto el ladrón como el asesino se mueven sigilosos por la casa. El guión es bastante correcto, sobre todo a la hora de mostrar al ladrón como un pobre hombre que debe jugársela por sus seres queridos, no un delincuente unidimensional.

    En cuanto al elenco, la mayoría son desconocidos absolutos, salvo por Madeline Zima. Esta actriz empezó de niña actuando en películas como La Mano que Mece la Cuna, de Curtis Hanson, en la sitcom La Niñera, y últimamente, ya crecida, mostró sus atributos en la serie Californication. Atributos que también luce en este film.
    El Juego del Terror no tiene destino de clásico, pero garantiza momentos de horror puro y duro, sin sobreexplicaciones ni obviedades. Como debe ser.
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  • El inmortal
    El inmortal
    A Sala Llena
    Francia tiene una prestigiosa tradición en cuanto a cine policial, conocido como Cine Polar. Historias de crímenes y antihéroes, de traición y venganza. Muchas de esas climáticas obras se convirtieron en clásicos, gracias al talento de directores como Henri-Georges Clouzot y Jean-Pierre Melville, y las actuaciones de Alain Delon, entre otros. Entre los ejemplos más recientes, el ex policía Olivier Marchal nos dio El Muelle y Mr 73.

    Ahora llega El inmortal, que nada tiene que envidiarle a aquellos films.

    Charlie Mattei (Jean Reno), un ex peso pesado de la mafia de Marsella, vive una vida tranquilo, junto a su familia, retirado de los negocios turbios y las muertes. Pero una mañana, en un estacionamiento, es interceptado por un grupo de encapuchados que le dispara 22 veces. A pesar del ensañamiento, Charlie logra sobrevivir, aunque queda con cicatrices en la cara y un brazo insensibilizado. Pronto descubre que quien está detrás de su intento de asesinato es Tony Zacchia (Kad Merad), ex socio, casi un hermano para él, por lo que decide no tomar represalias. Pero cuando Zacchia y los suyos molestan a sus seres queridos, Charlie se encargará de que corra mucha sangre.

    La película está basada en el libro de Franz-Olivier Giesbert, que a su vez, se basa en episodios y personajes reales, empezando por Jacques Imbert, famoso gangster francés, hoy devenido en icono de la cultura popular europea. Imbert vivía enfrentado con Tony Zampa, otro mafioso de gran poder, y sobrevivió a cuatro vendettas. A la hora de adaptar el libro a la pantalla grande, el director Richard Berry (que también actúa) cambió los nombres de los personajes, ya que no pretendía hacer un biopic de Imbert sino una historia ficticia a partir de determinado hecho.

    Como en los mejores exponentes de esta clase de cine, aquí los temas centrales tienen que ver con la familia —la de policías y criminales—, la obsesión por el poder, los códigos, el pasado que se niega a quedar en el olvido. Por supuesto, no faltan los tiroteos ni las persecuciones, filmados con un estilo setentoso.

    Jean Reno vuelve a demostrar que es un especialista consumado en componer personajes introspectivos, atormentados, pero listos para la acción. Una versatilidad que sólo los grandes tienen, y que resulta más meritoria cuando la muestra en una misma película. Por su parte, Kad Merad genera pura tensión con su Tony Zacchia. Este es un papel atípico para Merad, que en Francia es famoso por su faceta de comediante. Algo así como un Guillermo Francella de esa parte del mundo.

    Intensa, dramática, emotiva, oscura, violenta, El inmortal demuestra que, en estos tiempos de calor, siempre viene bien un poco de Cine Polar.
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  • Megamente
    Megamente
    A Sala Llena
    La cultura popular abunda en villanos memorables. Los más cultos se remitirán a Ricardo III o Yagó, creados por Shakespeare. Incluso a Moriarty, rival de Sherlock Holmes. Pero esta clase de personajes más se luce cuando figura como la némesis de superhéroes o salvadores de ese estilo. ¿Qué sería de Superman sin Lex Luthor? ¿Y de Batman sin el Guasón?

    Esto es lo que planeta Megamente, nuevo film salido de Dreamworks Animation.

    Como todos los productos de esta división de la empresa fundada por Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg y David Geffen, está protagonizado por héroes improbables (o directamente antihéroes), hay miles de referencias y chistes vinculados a la cultura pop, y, sobre todo, es muy entretenida.

    Pero también habla de cuestiones que llevan a pensar.

    En los primeros minutos de la película, Megamente consigue destruir a Metroman, el superhéroe de Metro City. Listo, ahora la ciudad es del archivillano cabezón, es posible hacer lo que se le plazca: robar, secuestrar, destruir. Pero eso deja de ser suficiente para él cuando ya no hay una fuerza opositora. Eso nos lleva a preguntarnos. ¿Qué pasa cuando ya no tenemos una némesis? ¿Qué sucede cuando uno consigue los objetivos? ¿Se pierde en el vacío o va en busca de nuevos retos? Por eso Megamente decide crear un nuevo superhéroe, Titán... que acaba por convertirse en un archivillano más poderoso.

    Y eso nos lleva a otra cuestión: ¿qué motiva la originación de un “malo”? En el caso de Megamente, circunstancias de la dura niñez. Y por el lado de Titán, el sufrimiento por el amor no correspondido de Roxanne, la Louis Lane de Metro City (que termina intimando con un Metroman camuflado de persona común y corriente). Por lo tanto, podemos decir que no hay “buenos” o “malos”, sino personas influenciadas por episodios de su propia vida. Megamente y Titán fueron impulsados a ese camino porque el dolor y el sufrimiento.

    Y eso nos conduce a otra cuestión: ¿puede un villano redimirse? Megamente descubre que ser bueno y hacer las cosas bien tienen lo suyo. Como dijimos, se acerca a Roxanne y se enamora de ella. Y, como el nuevo archivillano es Titán, pasará a ser algo así como un nuevo personaje superheroico, la nueva salvación de la humanidad.

    Y aquí vamos a una cuestión más: ¿es posible cambiar nuestros roles en la sociedad? ¿Es tarde para cambiarlos? ¿Una persona nace o se hace? ¿El destino es algo que ya está escrito o es lo que uno hace de él? Al principio de la película, Megamente y Metroman, todavía bebés, son enviados a la Tierra desde planetas moribundos. El cabezón está por aterrizar en una residencia, pero finalmente cae en una prisión. Ese entorno y las mencionadas circunstancias dolorosas lo convencen de que su papel en la vida es la de hacer el mal. Pero descubre que no es así, que siempre se puede elegir.

    Por supuesto, todas estas cuestiones de fondo aparecen detrás de las persecuciones, explosiones, pasos de comedia, una historia bien contada y una inteligente vuelta de tuerca a las historias de superhéroes.

    Si bien todavía les falta para alcanzar la perfección visual y narrativa de las obras de Pixar, los films animados de Dreamworks siguen siendo notables y muy divertidos... y también levantan el autoestima de los llamados “perdedores”.
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  • Skyline: La invasión
    Las películas de invasiones extraterrestres nunca pasan de moda. Ya está viniendo una nueva camada de estos film, y el primero en llegar es Skyline: La Invasión.

    Jarrod (Eric Balfour) y Elaine (Scottie Thompson) su novia, visitan a Terry (Donald Faison) en su lujoso departamento en Los Ángeles. Luego de una noche de festejos y locura, despiertan en medio de un inusual episodio: varias líneas de luz surgen del cielo, provocando un efecto de hipnosis en las personas para luego absorberlas. Los culpables: criaturas de otro planeta que vienen a buscar seres humanos para fines muy oscuros y desagradables. Los protagonistas deberán sobrevivir en medio de un contexto bélico con los alienígenas.

    La película está contada desde el punto de vista de estos personajes, y trata de hacer hincapié en la tensión entre ellos. Sin embargo, son opacados por las naves espaciales, los monstruos gigantescos similares al de Cloverfield, las batallas propias de Día de la Independencia y la mencionada luz que cautiva a los humanos (y hasta puede dotarlos de extrañas capacidades).

    También se hace evidente la influencia de Sector 9, principalmente por el uso de cámara en mano para lograr realismo. Sin dudas, la genial creación de Neil Blomkamp pesará en las películas con ET’s que se estrenen en los próximos años.

    Siendo veteranos en el rubro de efectos especiales, los hermanos Greg y Colin Strause venían de debutar como directores en la entretenida aunque olvidable Alien Vs. Depredador 2. En Skyline reinciden con los extraterrestres, pero esta vez se trata de un proyecto más personal. Proyecto que les podría constar más caro que el presupuesto destinado a filmar la película. En 2009, los Strause estuvieron a cargo de los FX de otra epopeya sobre un ataque intergaláctico: Battle: Los Ángeles, que se estrenará en marzo. Al parecer, los hermanitos tomaron más de una idea para su segundo opus.

    Skyline no deja de ser un film pequeño, es verdad, pero su ritmo frenético y el sabor a película clase B lo vuelven un pasatiempo muy digno. Además, nos enseña que si un día despertamos y hay unas lindas lucecitas provenientes del cielo, mejor salir de allí.
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  • Cazador de demonios: Solomon Kane
    Los cuentos y novelas del escritor Robert E. Howard (todas pertenecientes al género de fantasía con elementos de horror) supieron nutrir bastante al cine. Por ejemplo, Conan, su personaje más famoso, inspiró las películas Conan, el bárbaro y Conan, el destructor, ambas con Arnold Schwartzenegger.

    Ahora llega otra de sus recordadas creaciones, y una de las que no había tenido versión cinematográfica: Solomon Kane.

    Al principio de la película —que está ambientada en el siglo XVI—, Solomon (James Purefoy) es un Capitán que sólo sabe robar y matar a quien se le cruce, como una máquina asesina. Cuando se cruza con Guadaña, un enviado del Infierno que pretende llevarse su alma, combate contra el ser y logra escapar. Pero ahora pasa a llevar una vida de paz y redención. El regreso a la violencia atraería a la criatura del Averno. Todo parece marchar bien para el protagonista, sobre todo cuando entabla amistad con una familia bondadosa, principalmente con Meredith (Rachel Hurd-Wood), la hija del clan. Pero el idilio no dura demasiado: casi toda la familia es asesinada, y la muchacha, secuestrada por unos saqueadores que responden a un misterioso y temible jinete de carácter sobrenatural. Entonces Solomon deberá recurrir a sus viejas técnicas de muerte para salvarla a ella... y a su propia alma.

    Una historia del subgénero Espada y Hechicería que no muestra nada nuevo, pero sale adelante gracias a un guión que abunda en tragedia, oscuridad, drama (no hay humor en todo el film, cosa que por momentos tal vez hubiera sido necesario), y gracias a escenas de acción espectaculares pero que tampoco se llevan por delante la película.

    Las secuencias de pelea, con mucha, monstruos y hombres violentos y feos, remite a la estética de Pacto de lobos, joyita de culto dirigida por Christophe Ganz, que mezclaba bestias asesinas, intrigas palaciegas y peleas de kickboxing. Esto se debe en parte a que ambas películas tienen el mismo productor (Samuel Hadida) y el mismo director de fotografía (Dan Laustsen). Tampoco hay que desmerecer el correcto trabajo del británico Michael J. Bassett, quién sabe de contar historias de fantasía y terror de época, ya que había dirigido la interesante Deathwatch, ambientada en la Primera Guerra Mundial.

    Con el sobretodo, el sombrero, el pelo largo y la cara de recio, James Purefoy luce igual a Hugh Jackman en Van Helsing: Cazador de monstruos. El actor que interpreta a Wolverine sigue teniendo más carisma y presencia, pero al menos Cazador de demonios no abusa de los efectos especiales por computadora. Volviendo a los actores, se lucen brevemente (porque no aparecen mucho en pantalla) Pete Postlethwaite, Alice Krige, Jason Flemyng y el inoxidable Max von Sydow.

    Una película que no será un clásico como las de Conan, pero que bien vale la pena verla para entretenerse un rato y conocer otro personajes del mismo creador.
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  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 1
    Luego de seis vibrantes aventuras, llegamos al final de la saga. Bueno, casi al final, ya que esta es la parte 1 del final.

    Desde el vamos hay una fuerte diferencia con respecto a las anteriores: la acción no transcurre en Hogwarts, la escuela de magia y hechicería. Esta vez, Harry, Hermione y Ron andan por territorio muggle (humano), como Londres, también en parajes boscosos y otros lugares no del todo seguros. Por eso esta película funciona como una road movie vibrante, paranoica, impredecible, introspectiva pero no aburrida. Ni Daniel Radcliffe ni sus dos jóvenes colegas serán unos genios de la actuación, pero nacieron para interpretar sus personajes, al punto que pudimos verlos crecer a lo largo de las películas. Ron es quien se destaca por sobre los otros dos, por el nivel de complejidad que el personaje deja en evidencia: su amor secreto por Hermione, los celos que siento por Harry, el complejo de inferioridad que suele disfrazar con humor.

    De todas maneras, es verdad es este tramo de la película queda un poco largo y por momentos le resto un poco de ritmo al todo. Se nota que, para poder sacra dos films de un mismo libro, incluyeron escenas que normalmente no tendrían en cuenta a la hora de hacer un solo largometraje.

    Este detalle no estropea el resultado final. Sigue habiendo, magia, misterio, ahora en un contexto más apocalíptico, debido a que los seguidores de Voldemort están en las altas esferas. A la mayoría de los actores del impresionante elenco estable (Alan Rickman, Ralph Fiennes, Helena Bonham Carter, etc.), se suman Billy Nighy como Rufus Scrimgeour, perteneciente al Ministerio de Magia, y Rhys Ifans haciendo de Xenophilius, padre de Luna, compañera de Harry pieza importante en uno de los elementos cruciales de la historia: las reliquias de la muerte que se mencionan en el título. También regresa John Hurt en el papel de Ollivander, vendedor de varitas mágicas, y Dobby, el servicial elfo visto en Harry Potter y la Cámara Secreta, siempre con la voz de Toby Jones. Salvando una escena en la que Voldemort y sus secuaces discuten sentados a una mesa, casi todos estos secundarios de lujo tienen poca participación en pantalla, y algunos casi ni hablan (por ejemplo, Matthew Lewis tiene una escena de segundos y dice unas cinco palabras, pero igualmente vino a presentar el film a este país). Es verdad que los pocos minutos que aparecen, estos grandes de la interpretación hacen gala de su enorme talento, sobre todo Nighy y Alan Rickman.

    Como desde Harry Potter y la Orden del Fénix, el director David Yates hace un trabajo muy bueno, con bastante uso de cámara en mano en las escenas más intensas ya sea por las actuaciones como por las persecuciones y peleas. Yates supo expandir el tono y la imaginería que Alfonso Cuarón instauró en Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, tal vez la mejor de la serie.

    Esta Parte 1 de la séptima película funciona como un prólogo de lo que ocurrirá en la Parte 2, a la que sus creadores definen como “una película de guerra”. Habrá que esperar hasta julio de 2011 para saber si eso es cierto y Harry por fin podrá vencer a su archirival... y estudiar tranquilo.
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  • Papá por accidente
    El neurótico Wally (Jason Bateman) y la bella Kassie (Jennifer Aniston) son buenos amigos en vísperas de los cuarenta. Ella está decidida a ser madre, pero sin casarse ni formar pareja debido a su descontento con los hombres; por eso usará la inseminación artificial. Para eso, organiza una fiesta de fecundación (¿?) en la que recibe la donación de espermas por parte de Roland (Patrick Wilson), un galanezco profesor de Literatura. Accidentalmente, Wally tira lo donado por Roland y decide reemplazarlo por su propio esperma. Años más tarde, Kassie regresa a la ciudad con Sebastian (Thomas Robinson), su hijo. Wally descubrirá que el chico nació con muchas de sus extrañas costumbres (es igual de neurótico, para empezar), y también se dará cuenta de lo que realmente siente por Kassie.

    Basada en un cuento de Jeffrey Eugenides (autor de la novela Las vírgenes suicidas, que dio pie a la excelente ópera prima de Sofía Coppola), Papá por accidente es una comedia romántica —y a veces dramática— con elementos de cine indie norteamericano y los prototípicos personajes neoyorkinos de clase media en conflicto permanente con las decisiones que deben tomar en sus vidas, al estilo de Woddy Allen antes de filmar en Europa.

    Sin dudas, el punto más alto reside en Jason Bateman. Este actor, productor, guionista y director comenzó su carrera de niño, en programas como La familia Ingalls, y tuvo su etapa como ídolo adolescente (llegó a protagonizar Muchacho lobo 2). Al igual que Patrick Dempsey, de su misma generación, supo reinventarse no como galán maduro pero sí como un actor respetado, mayormente de comedia, a partir de la serie Arrested Development. Luego se consolidó como un secundario de lujo en films de la talla de Viviendo con mi ex y La joven vida de Juno. Aquí se luce como un hombre de conductas extrañas, que debe mantenerse callado para preservar lo que más ama.

    Jennifer Aniston tampoco está mal. Si bien no llega a ser una gran actriz, tiene ese algo que cautiva, que hace que la queramos y que nos gustaría tenerla de novia. En esta película compone a una mujer segura de sí misma, dispuesta a ser madre pese a no haber conocido al gran amor de su vida (aunque lo tiene al lado).

    La química y la relación entre Bateman y Aniston en pantalla recuerdo un poco a la de Billy Cristal con Meg Ryan en Cuando Harry conoció a Sally, película que también hablaba sobre la amistad devenida en amor y cómo existe el temor de estropear esa amistad confesando los verdaderos sentimientos.

    Siguiendo con lo actores, tampoco hay que olvidar a los secundarios de lujo: Jeff Goldblum, Juliette Lewis y Patrick Wilson. Los primeros dos interpretan a los típicos amigos y consejeros de los protagonistas, mientras que el tercero es el enamorado de Kassie.

    Papá por accidente se sostiene en base a las actuaciones y a determinados chistes y escenas, pero decae en el final. Para muchos resultará predecible, pero es verdad que pudo haber tenido una resolución diferente, o por lo menos, no tan vista. De todos modos, e una muy buena opción para ver en esta época, sobre todo si no pueden ir al Festival de Mar del Plata.
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  • Atracción peligrosa
    Sin dudas, Ben Affleck es mejor director que actor. Un narrador clásico, que pone a la historia y a los personajes por encima de todo; pero sobre todo, un realizador con una visión personal, un autor a seguir. Atracción peligrosa (título que acá le pusieron a The Town) es una prueba de ello.

    Si bien la historia es muy conocida —un criminal (más precisamente, un ladrón de bancos) que encuentra la oportunidad de redimirse cuando se enamora de una chica que tuvo como rehén—, está en el cómo el encanto de la película. Primero que todo, funciona como un fresco de los suburbios de Boston: la idiosincrasia de su gente, la familia, los amigos, los “buenos”, los “malos”... Pero, sobre todo, la importancia que se le da a los códigos. Por más terribles que sean los actos que uno cometa, mucho peor es ser un soplón (“Ratas”, como le dicen los lugareños).

    Por supuesto, además del drama y el romance hay tiroteos y persecuciones digas del mejor William Friedkin. De hecho, estas secuencias están filmadas con un tono realista, sin florituras ni movimientos de cámara delirantes. Ya mencionamos las prioridades del Ben Affleck director.

    ¿Y B.A. como actor? Esta vez, a diferencia de Desapareció una noche, su ópera prima, protagoniza su propio film. No está mal. Dentro de su limitado rango actoral, se desempeña muy bien. Una labor naturalista. Ayuda bastante el hecho de que se haya criado en Boston, en los mismos lugares que retrata en sus creaciones (que incluyen el guión de En busca del destino, que escribió con Matt Damon y que les mereció el Oscar por ese rubro).

    Mejor es el trabajo del resto del elenco. La actriz inglesa Rebecca Hall, con su talento y su belleza simple, no inalcanzable, cautiva a Dough —el personaje de Aflleck— y al espectador. Jon Hamm, famoso por su Don Draper de la serie Mad Men, interpreta a un agente del FBI tras la pista de los asaltabancos. Hamm está cada vez más en boga, al punto que se lo relacionó con la nueva película de Superman que prepara Zack Snyder. Pete Postlewhite y Chris Cooper aparecen pocos minutos, pero se lucen en el rol de semidioses en el arte de los atracos (aunque Cooper, quien encarna al padre de Dough, esté en prisión, donde la pasa muy mal).

    Jeremy Renner merece un párrafo aparte. Si bien actúa desde hace tiempo, su rol del sargento William James en la Oscarizada Vivir al límite lo consagró como un actor clase A. En Atracción peligrosa le pone el cuerpo y el alma a Jem, amigo —casi hermano— de Dough; un hijo pródigo de esa zona, un individuo salvaje capaz de explotar en cualquier momento, pero también un ser humano con principios, dispuesto a dar la vida por los suyos, como toda persona con algo de códigos. Al verlo ajusticiar a quien se le cruce, ametralladora en mano, hace pensar en que estamos ante la reencarnación de James Cagney. Otra actuación intensa la de Renner, quien será visto próximamente en Misión Imposible 4, en lo nuevo de Paul Thomas Anderson y en la esperada película de The Avengers, como Hawkeye.

    Atracción peligrosa tiene serias chances de obtener varias nominaciones a los Oscar. Claro que uno nunca sabe hasta que llega el día del anuncio. Pero sí es seguro que en Ben Affleck hay un director a seguir. Esperemos verlo más detrás de cámara que delante (ojo, todo bien, pero...)
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  • Red social
    Red social
    A Sala Llena
    Podés subir comentarios, fotos, videos. Facilita reencuentros, posibilita nuevas amistades. Sirve como herramienta de promoción y, sobre todo, de ocio. Es una fiesta virtual a la que todos estamos invitados, y también un paraíso para psicópatas obsesivos. Lo usan desde niños hasta abuelos. Llegó hace poco y cambió nuestras vidas, para bien o para mal. ¿Alguien duda de que haya un antes y un después de Facebook?

    Ahora tenemos la posibilidad de conocer cómo empezó este fenómeno, y descubrir al genio detrás del asunto: Mark Zuckerberg. Claro que, como suele suceder con las mejores obras, de fondo podemos encontrar historias interesantes, a veces cómicas, casi siempre trágicas.

    David Fincher vuelve a demostrar que, junto a Zack Snyder, es el mejor director estadounidense surgido del corazón de Hollywood durante los últimos veinte años. En Red social, pese a que los avances tecnológicos son uno de los temas centrales, casi no hay siquiera planos de pantallas de monitores, y la puesta en escena es bien clásica, sin movimientos de cámara alocados, pero muy precisa. La estructura es no lineal, ya que va y viene entre oficinas de abogados (cuando la relación entre los protagonistas se vuelve pésima) y los cuartos de Harvard y California. Si bien la película es un drama sobre hechos y personas, hay elementos de thriller, sobre todo cuando los personajes principales son acusados de plagio o son acosados por ex novias algo alteradas o empiezan a traicionarse entre sí. En estos casos, la música a cargo de Trent Reznor (vocalista e ideólogo de Nine Inch Nails) contribuye a generar un clima oscuro e impredecible. Recordemos que Fincher se hizo de un nombre dirigiendo thrillers de suspenso, empezando por la excelente Pecados capitales.

    Por supuesto, es difícil conseguir un buen resultado si no se cuenta con un guión sublime. Aaron Sorkin no sólo es un escritor de talento envidiable; también es un maestro a la hora de retratar las intimidades de instituciones poderosas y respetadas, no importa lo horrendos que sean esos detalles íntimos. Si no, chequeen films como Cuestión de honor y la serie The West Wing. Aunque Facebook es el eje de Red social —que se basa en el libro Multimillonarios por Accidente, de Ben Mezrich—, Sorkin cuenta una historia de amistades que se rompen; de como las puñaladas por la espalda se vuelven habituales en el mundo de los negocios, sobre todo cuando hay en juego cifras monstruosas. Es la historia de una creación que supera a los creadores, de egos descontrolados. Además, Sorkin pinta un fresco de las prestigiosas universidades del Primer Mundo, con sus fraternidades, sus ritos de iniciación, los excesos, las influencias, el poder.

    Jesse Eisenberg ya era un actor talentoso, con una apatía tierna como rasgo característico de sus personajes. Pero su interpretación de Mark Zuckerberg es la mejor de su corta carrera. A Zuckerberg no se lo retrata ni como un ángel ni como un demonio. Es un joven genio, arrogante, pero también un muchacho lastimado, cosa que lo vuelve resentido y le da impulso a concretar sus más locas ambiciones. Y Aunque construye un imperio desde un cuarto de la universidad, Mark Z. sólo quiere ser aceptado por sus pares (sobre todo, por las chicas). Algo así como un Charles Foster Kane contemporáneo. Pero terminará perdiendo mucho de lo que más ama. Lo dice el slogan: “No haces 500 millones de amigos sin ganarte algunos enemigos”.

    Justin Timberlake hace de Sean Parker, famoso por crear Napster, el programa de descarga de música que le valió juicios y odios por parte de la industria discográfica. Parker es tan soberbio y brillante como Zuckerberg, pero también es más sensual y sexual, y su visión de los negocios impulsa el crecimiento de Facebook. Al igual que Eisenberg, aquí la estrella pop tiene el papel de su vida. De hecho, en distintos foros están pidiendo que lo nominen al Oscar como Actor de Reparto.

    La película también es una buena oportunidad para ir conociendo a Andrew Garfield, el nuevo Peter Parker en la próxima película de El hombre araña. Aquí encarna a Eduardo Saverin, socio de Zuckerberg, sobre todo en el aspecto financiero, antes de pelearse a muerte con él. Un actuación correcta y sobria, la de Garfield (que no es ningún gato adicto a las lasagnas).

    Caso curioso es el de Armie Hammer, que interpreta dos personajes: los gemelos Cameron y Tyler Winklevoss. A la buena tarea del actor se suma el prodigio técnico, porque es imposible distinguir el trucaje. Sin dudas, las mejores escenas de un actor haciendo de hermanos gemelos desde Pacto de amor, de David Cronenberg.

    También aparece Rooney Mara en un rol pequeño pero crucial: es la ex novia de Mark, la que lo abandona por no entenderlo; pero gracias a su incomprensión ayuda a la génesis del LibroCaras. Hasta hace poco, Mara sólo era conocida mínimamente por protagonizar Pesadilla en la calle Elm, pero actualmente interpreta a la nueva Lisbeth Salander en The Girl with the Dragon Tattoo, remake hollywoodense de Los hombres que no amaban a las mujeres, policial sueco basado en el bestseller de Stieg Larson. En The Girl... también está siendo dirigida por Fincher.

    ¿Es preciso ser usuario de Facebook o al menos saber qué es para entender la película y no quedarse afuera? A esta altura, ni nuestros abuelos son ajenos a la existencia de Facebook. También es cierto que si Fincher, Sorkin y el resto del equipo técnico y artístico filmaban la historia del creador de, por ejemplo, los escarbadientes, el resultado no hubiera sido menos fascinante.

    Red social es una de las películas del año y una de las favoritas —si no es LA favorita— para llevarse varios premios Oscar el año próximo. Veremos qué sucede en los próximos meses. Por lo pronto, empezó a marcar tendencia: ya se habla de un film sobre Google. No sería extraño que quieran hacer algo acerca de Twitter, también. ¿Y con Youtube como tema central? Si detrás de cámara se involucra gente capaz, los resultados pueden ser igual de positivos. Internet da para todo.

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  • El ocaso de un asesino
    Podría haber sido un thriller común y silvestre de no ser por el magnánimo director Anton Corbijn. Este holandés comenzó su carrera en la adolescencia, como fotógrafo de bandas de rock. Luego pasó a dirigir videoclips de agrupaciones como Echo and the Bunnymen, U2, Johnny Cash, Nirvana y Metallica. Su trabajo más legendario es con Depeche Mode, al punto de definir la imagen del grupo desde el disco Music for the masses. Su ópera prima también está vinculada a la música: Control narraba las últimas horas de Ian Curtis, vocalista de Joy Division, con quienes también colaboró en su momento.

    El estilo visual de Corbijn se basa mayormente en un envidiable uso de la fotografía en blanco y negro, que le da a la imagen una impronta realista, a veces sexy, a veces peligrosa, siempre irresistible.

    El ocaso de un asesino, su segunda película, toma distancia del rock y el pop para adentrarse en una historia de género. En una entrevista, Corbijn contó qué le atrajo del proyecto: “Quería encontrar una película diferente. Me fijé en diferentes géneros hasta encontrarme con el libro original en el que había una historia de redención. También me di cuenta de que era un buen marco para desarrollar un western o un spaguetti western”. Y se nota la influencia de aquellos films: planos generales de montañas, cerros, nieve, bosques; primerísimos primeros planos y hasta una suerte de duelo al final. Ah, y en un televisor pasan Érase una vez en el oeste, de Sergio Leone, abanderado de los Spaguetti. Sin embargo, el estilo elegido por el director es tranquilo, concentrándose en los personajes y en la historia. Algo que ya se veían en sus fotografías, donde suele aparecer gente común en actitudes relajadas, lejos de la rutina. No es una sucesión de persecuciones, tiros y cosas que explotan. Se nota que a Corbijn le dieron libertad creativa, por suerte.

    Anton C. también fue muy inteligente al darle un toque atemporal. Es más, sin la presencia de tecnología moderna, como celulares y LCDs (aparecen muy poco, de todas maneras), la acción podría transcurrir en los ’60 o ’70, período en el que, además de los mencionados spaguetti westerns, se filmaron los thrillers europeos más recordados, empezando por El samurai, protagonizado por Alain Delon y dirigido por Jean-Pierre Melville.

    Otro de los puntos altos reside en George Clooney —también productor—, en una de sus actuaciones más introspectivas y misteriosas. De hecho, habla poco y casi no sonríe durante la película, sobre todo en la primera hora, cuando su personaje todavía no entró en confianza con el Padre Benedetto ni con Clara. Hablando de ellos, los actores que los interpretan no se quedan atrás de Clooney. Paolo Bonacelli compone a un sacerdote viejo, pero muy experimentado a la hora de reconocer pecadores... y de perdonarlos. Observación curiosa: Bonacelli tiene un aire a Alfred Hitchcock. Si a eso le sumamos que George C. es el Cary Grant de los últimos tiempos...

    En cuanto a Clara, Violante Plácido le pone el cuerpo (¡y qué cuerpo!), y es sin dudas la revelación. Una caliente escena entre ella y Clooney provocó que El ocaso... fuera calificada con una R (para ser visto por mayores de 18 años).

    El ocaso de un asesino es más que la típica historia de agentes secretos. Es la historia de alguien que quiere ser libre, pero que sigue esclavizado a un peligroso estilo de vida. Esperemos que Corbijn sigua filmando largometrajes con esa mirada tan audaz y original que lo hace único.
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  • Ga’Hoole: La leyenda de los guardianes
    Zack Snyder es uno de los directores más talentosos, imaginativos y valientes dando vueltas por Hollywood. Basta con recordar sus trabajos anteriores. El amanecer de los muertos (remake de aquella obra maestra de George A. Romero, a la que logra igualar en calidad, 300 (basada en el comic de Frank Miller) y Watchmen: Los vigilantes, genial adaptación cinematográfica de la excelente novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons.

    Ga’ Hoole, la leyenda de los guardianes también tiene tu fuente original en otro formato, como lo son las novelas de Kathryn Lasky. Pero la novedad es que, a diferencia de las tres películas mencionadas, su nueva obra es de animación digital y está orientada al público más infantil... pero no tanto. Las batallas cuerpo a cuerpo entre los búhos y lechuzas —violentas, pero sin sangre— no la hacen apta para niños de seis años, pero sí para los de diez en adelante.

    El guión, que junta varios de los libros en una hora y media de película, funciona bien, y los elementos de tragedia griega (Soren debe enfrentarse a Claude, su propio hermano, vinculado a los nada amigables Puros) siempre aportan complejidad a una trama.

    Se nota que, pese al target al que apunta, es un film de Snyder: hay peleas en cámara lenta, un ritmo frenético pero no cansador, y personajes que deben luchar y sobrevivir en un contexto apocalíptico.

    La película fue pensada para ser vista en 3D, y se nota. Las secuencias de vuelo de las aves, las batallas y otros momentos espectaculares quedan realzadas gracias al formato de tercera dimensión. Como sucede en Avatar, la historia es buena pero no llega al nivel del aspecto visual, pero igual puede disfrutarse.

    Ga’ Hoole demuestra que Zack Snyder tiene con qué hacer una de animación para un público más joven. De todas maneras, sus fanáticos esperamos con ansias el estreno de Sucker Punch (que en Argentina llevará el nombre de Mundo surreal), a la que el director define como Alicia en el país de las maravillas, pero con ametralladoras. ¿Falta mucho para marzo de 2011?
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  • Sin retorno
    Sin retorno
    A Sala Llena
    Por suerte para el público cinéfilo, el cine argentino más industrial sigue apostando a películas de género, que no subestiman al público, pero que tampoco se pasa de intelectual y elitista. Como lo fuera El secreto de sus ojos (salvando las distancias, claro), Sin retorno se encuentra en ese ideal término medio.

    Matías (Martín Slipak), un prometedor estudiante universitario, atropella a un joven en medio de la noche. En vez de socorrerlo, huye y finge que nada sucedió. La víctima muere y la sospecha recae sobre Federico (Leonardo Sbaraglia), un ventrílocuo que había tenido un roce con el muerto debido a que piso su bicicleta. Ese será uno de los equívocos y mentiras que afectará a los protagonistas de la manera más terrible.

    Mezcla de drama con thriller, Sin retorno es la ópera prima de Miguel Cohan, otrora asistente de dirección de Marcelo Piñeyro. Cohan —quien escribió el guión junto a su hermana— tiene un estilo de contar clásico, sin adornos (“en un tono realista y seco cercano al realismo norteamericano de los años 70”, contó él mismo), explicando y callando según corresponda, con un interesante manejo de la tensión y del sentido de la elipsis, sobre todo en un momento muy específico.

    Pero el punto fuerte de la película está en las actuaciones. Leonardo Sbaraglia sigue demostrando que le gustan los riesgos. Aquí compone a un hombre común al que las circunstancias lo llevan derecho al infierno, del que logra salir convertido en un individuo con prioridades algo oscuras. Como dos interpretaciones del mismo personaje. Junto a Nazareno Casero, Martín Slipak es EL actor argentino de menos de treinta años. Esta vez le toca un rol cercano al Raskolnikov de la novela Crimen y castigo, un ser atormentado por la culpa pero incapaz de aceptar las consecuencias de sus actos. Luis Machín y Ana Celentano encarnan a sus padres, quienes son capaces de cruzar los límites para cuidar a su hijo y, sobre todo, preservar el status quo (de aquí se desprende una crítica a la clase media y sus valores). Arturo Goetz y Daniel Valenzuela aparecen en papeles mínimos pero importantes. Por el lado de España (el film es una co-producción, por lo que es lógica la presencia de un actor o actriz de nacionalidad española), Bárbara Goenaga interpreta a Natalia, esposa de Federico. Y hablando de Federicos, no podemos olvidarnos del inoxidable Federico Luppi, quien le pone el cuerpo y el alma al padre del muchacho asesinado; un hombre que, en su búsqueda de justicia, llega a cometer un gran error.

    Sin retorno es una muy buena muestra de que en este país se pueden hacer muy buenas obras de género desde una estructura industrial. Que una buena historia bien contada atrae al público. Además, la película es perturbadora porque lo que sucede en ella puede pasarnos a cualquiera de nosotros.
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  • El descenso 2
    El descenso 2
    A Sala Llena
    En 2005, los espectadores del mundo se estremecieron con El descenso, la historia de un grupo de seis mujeres que se internan en una red de cavernas inexploradas y terminan enfrentándose a hordas de monstruos hambrientos. La película fue dirigida por el talentoso director británico Neil Marshall (Dog Soldiers, Doomsday: El día del juicio), uno de los referentes del cine de terror del nuevo milenio, junto a Eli Roth, Alexandre Aja y Rob Zombie, entre otros. El éxito del film dio pie a la inevitable secuela. Esta vez Marshall se desempeña como productor ejecutivo, y quien debuta en la silla de director es Jon Harris, editor de la primera entrega y habitual montajista de Guy Ritchie, Matthew Vaughn y Danny Boyle.

    El descenso 2 comienza justo donde termina la anterior. Luego de sobrevivir a las bestias subterráneas, Sarah (Shauna Macdonald) debe volver a las profundidades, esta vez acompañada por un reducido equipo de rescate en busca de posibles sobrevivientes. Por supuesto, encontrarán horror puro e interminable.

    El punto en contra de esta película es que ya no hay sorpresas, no hay novedad. Ya sabemos en qué consiste la amenaza y qué se propone (devorar lo que tengan enfrente, nada más). Pero la historia es muy entretenida, y hay sangre, muertes, sustos, resentimientos entre dos de las protagonistas (asuntos de infidelidad), desesperación y criaturas espantosas a granel. También aparecen imágenes y referencias a la primera parte, para todo aquel que no la recuerde o que directamente nunca la haya visto.

    Lo interesante aquí es que los personajes femeninos —que son varios— no se dejan deglutir por las bestias así nomás, lo que sucede en las películas de terror promedio, sino que les hacen frente. Resultan ser guerreras; como Ripley (Sigourney Weaver) en la saga de Alien, pero del subsuelo. Este detalle la convierte en una gema para el público más feminista.

    Sin bien no agrega demasiado al género, El descenso 2 es una buena oportunidad para pasar un rato (des)agradable... siempre y cuando no sean claustrofóbicos.
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  • Asesinos con estilo
    Luego de romper con su novio, Jen (Katherine Heigl) decide acompañar a sus padres en un viaje a Niza, Francia. En ese atractivo paraje conoce al no menos atractivo Spencer (Ashton Kutcher), un joven que se dedica a la poco salubre actividad de matar gente por encargo. Pero ambos se enamoran, y Spencer decide abandonar su trabajo para vivir con la chica. Corte a tres años más tarde. Los recién casados viven en un típico barrio de clase media, rodeados de vecinos amigables y llevando una vida rutinaria. Pero el pasado siempre regresa: Spencer descubre que un grupo de asesinos, vinculados a un ex jefe suyo, pretende quedarse con su cabeza. Él y su esposa deberán correr por sus vidas en medio de tiros, choques automovilísticos, gags y comentarios jocosos.

    Asesinos con estilo pretende ser una comedia romántica de acción, al estilo de Mentiras verdaderas y Sr. y Sra. Smith, pero el resultado está muy por debajo de las dos mencionadas. Le falta onda, le faltan chistes buenos, le falta imaginación.

    Kutcher (también productor) está flojo, pero queda claro que lo suyo es la comedia. Katherine Heigl demuestra que es una buena actriz, y le pone garra a los momentos románticos y humorísticos. Pero, en materia actoral, las perlitas pasan por el lado de los padres de Jen. Por un lado, Tom Selleck, con el inolvidable bigote que inmortalizó —y lo inmortalizó— en la serie Magnum; aquí hace de un padre guardabosque, atento a los detalles. Por otro lado está Catherine O'Hara, otrora madre de Wynona Ryder en Beetlejuice: el superfantasma y de Macaulay Culkin en Mi pobre angelito y su segunda parte. En esta oportunidad, compone a una señora que vive pasada de copetines, pero que no por eso deja de querer a su hijita.

    El director Robert Luketic supo hacer películas como Legalmente rubia, su ópera prima. Es evidente que este australiano tiene talento y sabe manejar la comedia, el romance y también el drama en determinados momentos. Pero también es evidente que a la hora de filmar este film no estaba demasiado inspirado. Algo similar debió sucederle al guionista Ted Griffin, quien escribió La gran estafa y Los tramposos, dirigida por Ridley Scott. Dato curioso: Griffin y su hermano Nick corrigieron el guión de la reciente Encuentro explosivo, otra de agentes secretos, asesinos y persecuciones, pero no aparecen acreditados.

    Los Asesinos tendrán Estilo, pero la película, por desgracia, no.
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  • El último exorcismo
    Pocas cosas son tan inquietantes como las películas sobre exorcismos. ¿Será porque es, o supo ser, una práctica común en la vida real? Si es así, entonces quiere decir que los demonios también andan entre nosotros...

    El exorcista es la obra cumbre de este subgénero y del cine de terror en general, pero también hay otro ejemplos, como El exorcismo de Emily Rose y la alemana Réquiem. Estas últimas, basadas en un supuesto caso real de posesión diabólica.

    El último exorcismo va por ese lado. Y en clave del recurso más usado (y más efectivo) de los últimos años: el falso documental. Si bien hay grandes obras filmadas de esta manera —REC y su secuela, Cloverfield: monstruo—, ya está empezando a agotarse. Si no, fíjense en la infladísima Actividad paranormal, de la que se viene una segunda parte. Pero el film de Daniel Stamm todavía sabe valerse de la sensación de realismo e inmediatez que permite el formato, logrando momentos de tensión, que a uno se hacen mirar con la cara semitapada.

    Teniendo en cuenta que Eli Roth es uno de los productores, podía esperarse un producto decididamente trash, muy extremo y gore, con momentos de humor negrísimo. Pero no hay nada de eso: El último exorcismo funciona como un thriller de suspenso y como un retrato de la vida de los pueblerinos, sus costumbres, sus miserias y sus oscuros secretos. Es más, por momentos amaga con parecerse a una de Harmony Korine que a una de miedo (a veces no hay tanta diferencia). Esto no es una mala crítica, al contrario: le otorga más profundidad a la historia y a los personajes. Sí, hay algo de sangre y violencia, pero muy poca.

    También ayuda la casi no utilización de efectos por computadora ni de los otros. El terror es más sugestivo y todo ocurre en una casa, en un ambiente intimista. Una esencia similar a la de El exorcista, que resulta aterradora porque no sucede en un castillo embrujado sino en la casa de uno, en la habitación contigua, en un lugar donde no debería suceder nada malo.

    Ah, El último exorcismo nos hace una extraña revelación: los demonios —o las personas poseída, al menos— saben usar filmadoras.
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  • De vuelta a la vida
    Nacido en Uganda pero criado en Australia, Scott Hicks es uno de esos directores capaces de tomar una historia en apariencia convencional y convertirla en una joyita. Si bien ya había dirigido películas desde los ‘70, su consagración vino en 1996 con Claroscuro, la historia de un eximio pianista (Geoffrey Rush, en el papel que le valió el Oscar) con varios trauma personales. Luego de recibir no pocos premios internacionales, Hicks filmó Mientras nieva sobre los cedros, basada en la novela de David Guterson, un drama ambientado en estados Unidos luego del ataque a Pearl Harbour, protagonizado por Ethan Hawke, Sam Sheppard y Max Von Sidow. Si siguiente film también estuvo basada en un libro, pero de Stephen King: Nostalgia del pasado, estelarizado por Anthony Hopkins y un todavía pequeño Anton Yelchin. Tras unos años dedicado a realizar publicidades, regresó a los largometrajes con Sin reservas.

    En todas sus películas, Hicks muestra personas, no personajes. Seres humanos que, a pesar de sus imperfecciones, tratan de salir adelante. Además, el director hace un manejo del drama con un estilo realista, nada artificial. Esto se debe a su vasta experiencia como documentalista; lo suyo es poner la cámara y captar lo que sucede delante de ella, sin forzar las cosas (De hecho, Hicks confesó que prefiere no ensayar con los actores, para lograr más espontaneidad en el set).

    Esta metodología de trabajo sin dudas lo ayudó mucho a la hora de encarar De vuelta a la vida.

    Joe Warr (Clive Owen), un periodista deportivo inglés que reside en Australia, queda viudo cuando su esposa (Laura Fraser) muere de cáncer. Entonces deberá hacerse cargo de la crianza de Artie (Nicholas McAnulty), el hijo de ambos. Claro que no tiene idea de cómo hacerlo, así que lo suyo será una suerte de búsqueda, un prueba-y-error. Al poco tiempo aparece Harry (George MacKay, muy parecido a Ruper Grint), el hijo de un matrimonio anterior; un hijo con el que nunca tuvo relación. Joe deberá aprender a ser un padre responsable para sus dos vástagos, tarea nada sencilla.

    Si bien suena como un producto televisivo digno del canal Hallmark, Scott Hicks escapa a los tópicos de esos productos sensibleros y nos presenta una historia muy humana, muy palpable, sobre personas que aprenden a relacionarse entre sí para seguir adelante con sus vidas. Hay escenas duras y tristes, es verdad, pero están manejadas de manera inteligente, sin transitar los lugares comunes del género, sin recurrir a frases hechas. Curiosamente Hicks viene de dirigir Sin reservas, que tenía un argumento similar, ya que en aquella película, el personaje de Catherine Zeta Jones debe aprender a criar a la hija de una amiga muerta.

    Clive Owen continua demostrando que es un actos muy versátil. Así como le quedan muy bien los roles de acción, sus trabajos en films intimistas permiten mostrar su talento a la hora de lograr una gran actuación con un mínimo de recursos, sin nunca exagerar. El resto de elenco está a su altura... pero quien se roba la película es el jovencísimo Nicholas McAnulty. En las películas, los chicos tan chicos no actúan: juegan, son libres de hacer lo que quieren. Y eso es lo que sucede en el film, porque el director estuvo pendiente de cada uno de sus movimientos y reacciones para registrarlos con la cámara. Un desafío tanto para Hicks como para el elenco. El resultado es de una inmediatez y una espontaneidad que no siempre son fáciles de conseguir.

    Junto con James L. Brooks y Juan José Campanella, Scott Hicks es uno de los directores contemporáneos que mejor se mueve en el terreno de la comedia dramática. Esperemos que muy pronto nos conmueva con otra de sus creaciones, que siempre vienen bien en medio de tanto blockbuster.
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  • Agente Salt
    Agente Salt
    A Sala Llena
    Abundan los casos de mujeres desempeñándose como espías o agentes secretos, en la vida real —Mata Hari— y en la ficción, desde donde surge un nuevo y rudo exponente.

    La agente de la CIA Evelyn Salt (Angelina Jolie) planea festejar el aniversario de casados con su marido (August Diehl, de Bastardos sin gloria, otra peli reciente con espías femeninas), pero le toca interrogar a un misterioso espía ruso (Daniel Olbrychski). En un breve interrogatorio, el hombre revela información crucial: 1) Hay un complot para matar al Presidente de los Estados Unidos; 2) El responsable será un agente ruso, infiltrado desde tiempo atrás entre la sociedad norteamericana; 3) La asesina es Evelyn Salt. A partir de ese momento, la sospechosa (en más de un sentido, je), aunque dice no ser culpable, escapa de las oficinas de la CIA. Entre persecuciones, tiroteos, explosiones y atentados políticos, Salt deberá demostrar que es inocente. Pero... ¿es en verdad inocente?

    En la película queda claro que Angelina disfruta esta clase de personajes: mujeres fuertes, astutas, inteligentes, capaces de disparar ametralladoras, pegar saltos de un camión a otro, escapar de sus rivales como una pantera. Una rol que le sienta genial a la esposa de Brad Pitt. Durante el film, para que sus perseguidoras no puedan encontrarla, adopta distintos colores y cortes de pelo, y hasta se caracteriza como alguien del sexo opuesto. La Jolie parece haber nacido para interpretar a Salt. ¡Y eso que originalmente el papel fue pensado para un hombre! (Más precisamente, para Tom Cruise, que prefirió hacer Encuentro explosivo).

    Liev Schreiber está correcto, como de costumbre, y casi siempre con la misma cara. Su personaje es un colega de Salt que todavía cree en ella. El ingles Chiwetel Ejiofor también está bien en su rol de agente del FBI, pero todavía es un actor desperdiciado por las grandes producciones de Hollywood. Sí pudo lucirse en películas más chicas como Negocios entrañables, de Stephen Frears, y en Pisando fuerte, donde hacía de una drag queen.

    Detrás de cámara, Agente Salt involucra a profesionales con experiencia en agentes secretos. Para empezar, está dirigida por Phillip Noyce, quien filmó las exitosas Juegos de patriotas y Peligro inminente, ambas protagonizadas por Harrison Ford (Además, Noyce le dio órdenes a Angelina en El coleccionista de huesos). Por su parte, el director de fotografía Robert Elswit trabajó en El mañana nunca muere, segunda película de James Bond protagonizada por Pierce Brosnan, y la inminente Misión: imposible IV, que dirigirá Brad Bird. Y el montajista Stuart Baird cortó y pego Casino Royale. Noyce, Elswit, Baird y el resto del equipo técnico le imprimen a las escenas de acción un estilo inmediato, realista, nada estilizado, propio de los policiales de los ’70. De hecho, los efectos especiales por computadora sin imposibles de distinguir.

    Agente Salt está lejos de ser grandiosa, pero el carisma y la fuerza de Angelina Jolie, la labor de Phillip Noyce y las interesantes vueltas de tuerca del guión la convierten en un entretenimiento nada despreciable. Un film que, además, seguramente sin proponérselo (bueno, uno nunca sabe), coincide con al aparición de fantasmas de la Guerra Fría: unos meses atrás, en Nueva York, fueron arrestados diez sospechosos de ser espías rusos. Entre ellos, Anna Chapman, una hermosa pelirroja, prestigiosa en el jet set estadounidense, que hasta llegó a cambiar de color de pelo para confundir al FBI. Las coincidencias con el film son evidentes. ¿La vida imita al arte o qué?
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  • Depredadores
    Depredadores
    A Sala Llena
    En 1987, mucho antes de terminar en prisión, el director John McTiernan dirigió su primer gran éxito: Depredador. El argumento sacaba mucho de uno de los films más imitados de la historia: El malvado Zaroff, de 1932, en la que un grupo de personas se convierte en la presa de un conde aburrido de cazar sólo animales. Esta vez, el cazador es un extraterrestre de cara horripilante y peinado rastafari, capaz de camuflarse entre las plantas cual camaleón intergaláctico. Por el lado de los humanos-víctimas, un comando de élite encabezado por Arnold Schwarzenegger. Luego de un tramo muy climático en la selva de Guatemala, el film derivaba en una de acción y ciencia-ficción hiperentretenida. Los personajes van de Guatemala... a Guatepeor (y, me quedó picando). Él éxito originó una segunda parte. Estrenada en 1990, Depredador 2 no sorprendió como la primera película. Ahora la acción transcurría en Los Ángeles y el protagonista era Danny Glover. De todos modos, era divertida, y hasta anticipaba el crossover con Alien, que recién vio la luz en 2004: Alien vs Depredador tampoco es una genialidad, pero el director inglés Paul Anderson le puso garra y el resultado es más que divertido y fiel a las dos sagas. ( y si le sumamos la participación de enorme Lance Henricksen...). Hubo una secuela, Aliens vs. Depredador 2: Réquiem, que ubicaba a los mortíferos visitantes espaciales en un pueblito estadounidense. No era tan mala.

    Ahora, con Robert Rodríguez como productor, llega Depredadores.

    Por un lado, la película captura el espíritu de la primera entrega: la acción transcurre en un paisaje selvático, donde un grupo de soldados y criminales comenzarán a ser acechados por ya-saben-qué; en determinado momento aparecen trampas y otras referencias a aquella aventura con Arnold; uno de los recios protagonistas es negro, como Bill Duke y Carl Wheaters; otro personaje, de rasgos exóticos, combate contra una de las criaturas...

    Por otro lado, hay detalles novedosos. ¿Quién se hubiera imaginado a Adrien Brody jugando a ser Schwarzenegger, poniendo cara de malo y diciendo frases como “Nos están cazando”? Pero la elección del ganador del Oscar funciona: es el antihéroe perfecto e impensado para un film así, como ya quedó demostrado en King Kong de Peter Jackson.

    En cuanto al resto del elenco, la brasileña Alice Braga sigue la tradición de actrices latinas de la serie: en Depredador estaba Elpidia Carrillo; en Depredador 2, María Conchita Alonso. Topher Grace vuelve a interpretar a un nerd con un oscuro secreto. Danny Trejo hace de eterno mercenario (lo cual es buenísimo) y Lawrence Fishbourne aparece como un soldado que, de tanto lidiar contra los depredadores, quedó tocado, hablándole a amigos invisibles.

    El director Nimród Antal le da a su obra sanas dosis de suspenso, acción, horror gore y hasta parte cómicas, siempre con un ritmo infernal, pero no agobiante, y sin jamás abusar de los FX. La mano de Robert Rodríguez se nota en la esencia trash del producto, lo que la convierte en una película indispensable para todo fanático.

    ¿Depredadores representará la resurrección de la franquicia? Eso está por verse. En tanto. Podemos disfrutarla mientras esperamos más delirios explosivos como Los indestructibles y Machete.
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  • Un loco viaje al pasado
    Los viajes en el tiempo. Un concepto que jamás deja de fascinar. El cine lo utilizó innumerables veces, y dentro de varios géneros. Como en las comedias.

    Tal como sucede en Un loco viaje al pasado.

    Cuatro amigos (bah, tres amigos y el sobrino de uno de ellos), todos muy en la mala, deciden hacer un viaje a un centro de esquí; un lugar donde varios de ellos vivieron momentos importantes de su juventud. Cuando se meten en el yacuzzi de su habitación, y tras una noche de parranda, terminan viajando al pasado. Más precisamente, a 1986. Al principio, ninguno de los cuatro quiere cambiar el curso de los acontecimientos para no generar paradojas temporales, pero luego verán que será una nueva oportunidad de reparar errores del pasado y modificar, para bien, el porvenir. En el medio, miles de situaciones desopilantes.

    El director Steve Pink y los guionistas crearon esta suerte de versión reventada de Volver al futuro, con drogas, alcohol, desnudos y sexo, con momentos de humor escatológico, al estilo del que los hermanos Farrelly patentaron en los ’90. Además de homenajear a aquella genialidad de Robert Zemeckis (la presencia de Crispin “George McFly” Glover, por ejemplo), también hay menciones a otros exponentes del subgénero, como Hechizo del tiempo y El efecto mariposa.

    John Cusack interpreta a Adam, el menos anormal de los viajeros. El talentoso actor (también productor de esta obra) comenzó su carrera en los ochenta y actuó en films como Se busca novio —película que John Hughes que es homenajeada en Un loco... —, Quiero decirte que te amo y Digan lo que quieran. Dato inútil: ¿Sabían que J. C. fue la primera elección de Hughes para el papel del rebelde Jack Bender en El club de los cinco, un rol inmortalizado por Judd Nelson?

    El resto del elenco no se queda atrás. Rob Corddy hace de Lou, un alcohólico con tendencias suicidas que tiene la oportunidad de redimirse y cambiar su patética vida. Craig Robinson es Nick, un músico frustrado, sometido por su esposa, ante la posibilidad de retornar a su viejo amor. Clark Duke compone a Jacob, el sobrino de Adam; un nerd que se la pasa encerrado con su laptop, jugando a los videojuegos, a punto de descubrir el pasado parrandero de su propia madre. Si a todo esto le sumamos la aparición del mencionado Crispin y de Chevy Chase, que en aquella década protagonizó la saga de Vacaciones... Mejor, imposible.

    Como corresponde, no faltan las referencias a la cultura pop de los ’80: programas de televisión (Alf, Blanco y negro), películas (Rojo amanecer, la favorita del villano de la película, obsesionado con los comunistas), ropa... Pero, sobre todo, la música. Ya lo dijo mi colega Tomás M. Luzzani: “Es imposible hacer una película ambientada en los ’80 que tenga un soundtrack malo”. En esta oportunidad, suenan David Bowie, bandas pertenecientes al Glam Rock ochentoso —Mötley Crue y Poison, citadas de manera muy graciosa, además de "Turn Up the Radio", de Autograph—, grupos como New Order y Echo & The Bunnymen, y one hits wonders de la talla de "I Can't Wait", de Nu Shooz; "Obsession", de Animotion; "Perfect Way", de Scritti Politti, y "(I Just) Died in Your Arms", de Cutting Crew. Por supuesto, cada tema está colocado en el momento justo, no de manera gratuita.

    Además de ser una divertida comedia sin pretensiones, ideal para nostálgicos, Un loco viaje al pasado, al igual que las mejores películas sobre viajes en el tiempo, nos lleva a desear poder volver al pasado, arreglar nuestros problemas y que nuestro futuro se parezca a lo que alguna vez soñamos. Sin embargo, como le dicen a Adam en un momento: “Acepta el caos. La vida te tiene muchas sorpresas”.
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  • El origen
    El origen
    A Sala Llena
    Batman: El caballero de la noche consagró al inglés Christopher Nolan como un director como los que no quedan ni en Hollywood ni en ninguna parte del mundo. Pocos cineastas de la actualidad son capaces de combinar genialmente el sentido del entretenimiento con las ideas, el negocio con el arte. Y lo logró sin jamás traicionar sus preocupaciones: personajes obsesivos, dispuestos a cruzar el límite; tramas intrincadas, narración no lineal...

    Su nuevo proyecto despertó expectativas inusitadas entre los fanáticos, incluso antes de que se supiera el argumento.

    El origen tuvo una campaña publicitaria misteriosa: trailers que no explicaban demasiado (pero que mostraban imágenes alucinantes), videos con testimonios de especialistas en sueños, manuales para utilizar un aparato que permite adentrarse en la mente...

    Prometía, la película.

    Pero no cumplió: superó ampliamente las expectativas del más ansioso.

    Desde los avances podían advertirse similitudes con Matrix y sus secuelas, pero la obra de Nolan tiene un enfoque diferente: es compleja, pero no complicada; hay efectos especiales y escenas de acción, pero jamás tapan la historia; es ambiciosa, pero no pretenciosa, ya que no necesita de la saturación de referencias bíblicas y de animé en una actitud de “Miren qué inteligentes y cultos que somos”. Nada de eso. Y convendría no seguir profundizando en las comparaciones porque la trilogía de los hermanos Wachowsky perdería por goleada.

    Si bien hay elementos dignos de la literatura de Philip K. Dick —muy presente en Matrix, también—, El origen tiene dos influencias específicas. Por un lado, la psicología, especialmente la obra de Sigmud Freud, padre del psicoanálisis. Por otro lado, los film de James Bond, de los que el director es fanático: “Crecí viendo las películas de James Bond, que me encantaban, y viendo esas cintas de espías con esa tendencia a recorrer todo el mundo”. Claro que aquí los horizontes se amplían al mundo del subconsciente. También se pueden encontrar aspectos de otras historias de espías, como Misión: imposible, ya que Dom (Leonardo DiCaprio) lidera a un grupo de especialistas de cada materia (disfraces, técnica, etc.). Sin duda, podemos afirmar que El origen es el mejor y más original thriller de espionaje que se ha realizado.

    Lejos de las computadoras y otros aparatos de última tecnología, Nolan eligió darle a su film un estilo clásico, atemporal, con una paletas de colores marrones, negros, blancos, rojos y grises. Incluso los tiros, las persecuciones y las explosiones están filmadas con un estilo directo, artesanal, sin abuso de la tecnología computada, más al estilo de los ‘70. Un enfoque parecido al de David Cronenberg en eXistenZ, que también trataba el tema de las distintas realidades que se van mezclando.

    Uno podía esperar que una película de las características de El origen estuviera repleta de trampas para confundir al espectador (Nolan solía valerse de dicho recurso, como en El gran truco). Pero no las hay, por suerte. El argumento tiene sus partes intrincadas, pero nada está tirado de los pelos, los giros dramáticos no son absurdos ni entorpecen la narración, sino que aparecen para enriquecer la historia.

    Leonardo DiCaprio vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores actores de la actualidad. Por lo pronto, sabe elegir proyectos y directores con los que trabajará. En este film, su personaje tiene varias similitudes con el que venía de interpretar en La isla siniestra: un hombre atormentado por tragedias familiares, que se mueve a través de mundos oníricos. Y una vez más, el actor logra una labor contenida, con momentos de explosión en la medida justa, sin exageraciones.

    Marion Cotillard interpreta a Mal, la esposa muerta de Dom, a la que el protagonista conserva en una suerte de limbo creado a base de recuerdos. La preciosísima actriz francesa sabe ser convincente como una víctima frágil y también en el rol de femme fatale.

    Ellen Page sigue imprimiéndole actitud a sus personajes, lo mismo que Joseph Gordon-Levitt. Tom Hardy, el nuevo Mad Max, impone presencia y carácter para las secuencias intimistas y en las de acción. Dileep Rao, luego de Avatar, continúa incursionando en universos alternativos. Cillian Murphy, Ken Watanabe y Michael Caine —que aparece muy poquito— demuestran que se sienten muy cómodos en el cine de Nolan... Pero lo más llamativo del elenco es Tom Berenguer. El veterano actor, que supo destacarse en films como Reencuentro, de Lawrence Kasdan, y en Pelotón, regresa a las grande ligas haciendo del socio de un multimillonario clave para la misión de Dom y compañía.

    El origen prueba que Christopher Nolan no para se superarse. Es evidente que este cineasta no tiene techo. Y, lo mejor de todo, los estudios de Hollywood están dispuestos a seguir financiando sus creaciones. Ahora está preparando la tercera y última entrega de la saga —de su saga— de Batman. Christian Bale, Michael Caine, Morgan Freeman y Gary Oldman estarán presentes, y se sabe que el Acertijo podría ser uno de los villanos. ¿Qué podemos esperar? Lo mejor. En el caso de Nolan, siempre lo mejor.
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  • Portadores
    Portadores
    A Sala Llena
    El postapocalipsis continúa siendo uno de los temas recurrentes en el cine moderno.

    En Portadores, los protagonistas son jóvenes en un mundo que ya no es el que era. Ellos son Brian (Chris Pine), impulsivo líder del grupo; Danny (Lou Taylor Pucci), su hermano, mucha más pensante; Bobby (Piper Perabo), la novia de Brian; y Kate (Emily VanCamp) ex millonaria amiga del resto. Los cuatro viajan a través de las rutas estadounidenses en dirección a una playa. Un lugar en el que podrán refugiarse del extraño virus que mata de a poco a los seres vivos. Aunque ellos van muy bien preparados para no contagiarse (usan barbijos, desinfectan cada lugar que tocan), no podrán evitar que las cosas se pongan muy feas.

    Lo que diferencia a la película de otras similares es que no hace foco en el gore, ni en las escenas de acción. El énfasis está puesto en los personajes, en cómo deben lidiar con una situación desesperante, en cómo la lucha por la supervivencia nos lleva a cometer actos de crueldad extrema, en cómo los seres humanos resultan ser más letales que cualquier amenaza exterior, en cómo es indispensable seguir luchando por mantenerse cuerdo en un lugar lleno de caos y muerte y miedo. Como dicen los cineastas españoles Alex y David Pastor, que se inspiraron en los casos de Gripe Aviar de hace unos años: “Es un mundo vacío, la población ha desaparecido prácticamente, y no hay leyes ni códigos morales que rijan las situaciones que se presentan”. Casi no se ve gente infectada, y cuando aparece, es en momentos muy específicos, nada gratuitos. Y jamás se explica en detalle cómo funciona el virus ni de dónde viene.

    Portadores funciona de una manera similar a los films de zombies (tiene mucho en común con Exterminio, de Danny Boyle, y también con La carretera), aunque sin monstruos devoradores de carne humana.

    El elenco está muy correcto, entre los que se destaca Lou Taylor Pucci, protagonista del film Impulso adolescente. Su personaje es el que trata de evitar que sus amigos se deshumanicen en pos de mantenerse con vida. Por su parte, Chris Pine, el muevo Capitán Kirk, demuestra que tiene mucha presencia en la pantalla.

    Portadores no será genial, pero al menos es un producto interesante, que nos lleva a pensar cómo nos comportaríamos nosotros en una situación así.
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  • Cabeza de pescado
    Cabeza de pescado
    A Sala Llena
    Sin dudas, Cabeza de pescado es un raro exponente del cine argentino, incluso dentro de las películas más anticonvencionales.

    Calvino (Martín Pavlovsky) lleva una vida gris. Trabaja como taxidermista, vive con Stella (Ingrid Pelicori), su perturbada mujer. Su hijo padece una extraña enfermedad que convierte a los chicos en peligrosos monstruos buscados por las autoridades. En ese contexto, Calvino conoce a Rosie (Laura Nevole), que le da una inyección de esperanza a su paupérrima existencia. Comenzará una relación entre ambos, al tiempo que la vida familiar del protagonista se pondrá peor.

    Con una estética que remite a Cabeza borradora, ópera prima de David Lynch, la directora July Massaccesi cuenta su película en clave de melodrama intimista sobre la ruptura de una familia y la esperanza del amor en un mundo cada vez más polusionado y violento. Calvino dice en determinado momento: “No sé cómo se sostiene el mundo. Es todo tan frágil...”. Un cuidado y exacto trabajo de arte y fotografía, sumado a las muy buenas actuaciones, ayudan a crear una atmósfera lúgubre y desoladora. Es muy acertado el hecho de estar filmada en blanco y negro. Según la directora, “el blanco y negro en la estética es lo que me remite a la desolación; eso que no sabés bien de dónde viene pero en un momento la empezás a sentir. Esa desolación que sienten los personajes en un mundo irreal pero a la vez tan real...”. Sólo se ven el color (verde) la droga justamente llamada Green.

    Si bien hay elementos de género fantástico, como los niños mutantes, nunca se los muestra en detalle —sólo garras y porciones de piel—, ya que el foco está puesto en la historia y los personajes.

    Luego de ser proyectada en festivales nacionales e internacionales y de ganar premios, Cabeza de pescado por fin puede verse en las pantallas argentinas. Siempre viene bien un film inusual en medio de tanto convencionalismo.

    Para leer la entrevista realizada a July Massaccesi en A Sala Llena, cliqueen aquí.
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  • Miss Tacuarembó
    Miss Tacuarembó
    A Sala Llena
    Miss Tacuarembó es mucho más que un musical, más que pop art rioplatense. Es alegría, es esperanza, es vitalidad, es fe.

    Natalia (Natalia Oreiro) pasa su infancia bailando al ritmo de “What a Feeling”, de Irene Cara —tema principal de Flashdance— y la telenovela venezolana Cristal. En Tacuarembó, Uruguay, durante los ’80, no hay demasiado para hacer, y abunda la gente autoritaria y desagradable, como Cándida, la maestra de canto. Pero Natalia (que se hace llamar Cristal) sueña con salir de aquel pantano de aburrimiento y conseguir el estrellato y la gloria. Para lograrlo, participa en el concurso Miss Tacuarembó, que le permitirá salir de sus pagos y conquistar el mundo. Con los años, comprenderá que la vida es dura, que su talento no es reconocido... pero que las metas de la niñez nunca deben perderse.

    El director debutante Martín Sastre le torga al film un delirio visual acorde con el género, donde no faltan los inolvidables números musicales. Uno de los más divertidos tiene lugar en el parque de diversiones con temática religiosa en el que trabaja Natalia/Cristal (Presten atención a los nombre de los juegos, como Tiro al Judas). El tono va de la comedia al drama y de ahí a lo romántico, pero todo funciona en perfecta armonía. También se usa una narración no lineal, ya que se entrecruzan tres períodos históricos.

    El público de alrededor de 30 años disfrutará de las referencias a la iconografía de fines de los ’80, sobre todo en materia infantil: Los Ositos Cariñosos, Frutillita, los Walkie-Talkies. También hay referencias a Madonna (así bautizan a un cabrito) y, ya en los ’90, suenan bandas como EMF y su One Hit Wonder “Unbelievable”. Además, la película satiriza a los reality shows como American Idol. En este caso, la eterna chica Almodóvar Rossy de Palma se luce como la repugnante conductora del programa “Todo por un sueño”, en el que Natalia/Cristal termina participando.

    Natalia Oreiro nació para estar en la película. Pocas veces pudo explotar tan genialmente su belleza, carisma, frescura y talento para el canto. Sus pasos de comedia son estupendos, pero, al igual que en la reciente Francia, demuestra que puede dar una actuación dramática y contenida.

    Siguiendo con el elenco, Diego Reinhold compone al amigo de la protagonista, un personaje tan lleno de energía y tan carente de prejuicios como todos los que encara este actor. Las gemelas Petriella provocan que el público las odie al verlas interpretar a dos antipáticas hermanas que fastidian a la soñadora. El inefable Mike Amigorena hace una muy divertida aparición especial como Jesús, quien no se priva de cantar y bailar. Por el lado de las aparicines especiales, Graciela Borges interpreta a una mujer poderosa de Tacuarembó, muy amante de los perfumes. Ale Sergi, cantante del grupo Miranda! y responsable de la música del film, aparece brevemente como un muchacho mudo. Sin embargo, quien despierta más sorpresa es Jeannette Rodríguez, protagonista de Cristal. Lo primero que más de uno se preguntará es: “¿Qué se hizo en la cara?”.

    La película hace agua por el lado de los chicos actores. Ni Sofía Silvera (la Natalia/Cristal de niña, elegida entre 800 nenas mediante un casting online) ni Mateo Capo (Carlos de niño) están del todo convincentes. Contrariamente a lo que se puede pensar, son ellos quienes tienen menos espontaneidad que los adultos. Aunque este aspecto no estropea el producto final, en absoluto.

    Por momentos ingenua, por momentos dura, siempre irresistible, Miss Tacuarembó dice que este mundo es complicado, horrible, devastador, pero que nunca debemos traicionarnos a nosotros mismos, que jamás debemos renunciar a nuestros sueños. Que la vida sin sueños no es tal. Que todo es posible. Que nunca dejemos de creer... ni de crear.
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  • Shrek para siempre
    En 2001, Dreamworks Animation irrumpía en el mercado de la animación digital con Shrek. Si bien la técnica distaba de alcanzar la calidad de los films de Pixar, la propuesta no podía ser más novedosa: el personaje del título es un ogro ermitaño, de hábitos poco y nada higiénicos, que viven en un mundo de cuentos de hadas, pero trastocado de manera anticonvencional, irónica, muy alejada del estilo light impuesto por Disney [1]. En ese contexto se hará amigo del verborrágico Burro y conocerá el amor a través de la princesa Fiona. El éxito comercial y artístico fue monstruoso, al punto de que generó varias secuelas. Shrek 2 trasladaba la acción del pantano a el reino de Muy Muy Lejano y sumaba a otro personaje clave: el Gato con Botas, portador de una mirada capaz de enternecer a las piedras. Shrek Tercero, por su parte, involucraba en la historia al Rey Arturo.

    Ahora llega Shrek para siempre, anunciada como el capítulo final de las aventuras de estos personajes tan divertidos como políticamente incorrectos.

    Shrek está aburguesado. Casado, con hijos, esclavo de la rutina... Después de todo el “y fueron felices para siempre” no era tan atractivo como sonaba. Luego de un incidente en su fiesta de cumpleaños, el ogro acepta un trato con el codicioso Rumplestillskin: podría volver por un día a su vida de amenaza para la sociedad, como en los viejos tiempos. Pero, a cambio, el malvado duende le pide a cambio un día de su vida, y logra convertirse en el rey de Muy Muy Lejano. Para romper el hechizo, Shrek deberá recuperar el amor de Fiona, ahora convertida en la líder de una resistencia de ogros.

    La película carece de la novedad de las entregas anteriores de la saga, y los chistes con doble sentido (mejor interpretados por adultos que por los niños, quienes sí la pasan bien con el Burro y el Gato) ya no sorprenden demasiado. Sin embargo, la premisa, aunque no original, resulta interesante, y la labor de los realizadores es más que correcta. Y Rumplestillskin es un villano carismático, diminuto y neurótico, al estilo de Lord Farqaad en la primera parte.

    Esta película se destaca por haber sido realizada en 3D, que permite comprobar que el nivel de la animación fue mejorando con el correr de las secuelas, aunque Pixar sigue estando varios escalones arriba.

    Shrek para siempre es una obra bastante menor comparada con las anteriores, pero bien vale para reencontrarse con el cine luego de la fiebre mundialista.
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  • Eclipse
    Eclipse
    A Sala Llena
    La saga literaria y cinematográfica que comenzó con Crepúsculo supo ganar fanáticos y detractores por igual. Si bien se le pueda criticar el enfoque por momentos demasiado light, resulta imposible negar que son historias entretenidas, bien contadas, personajes más que interesantes y bien desarrollados (“¡Y hermosos!”, agregaría cualquier fanática). Y a pesar de los elementos sobrenaturales, allí están los tópicos de la cultura adolescente de cualquier país y de cualquier época: soledad, incomprensión, confusión, amistad, rebeldía, amor, amor no correspondido, las relaciones sexuales y la libertad para tomar decisiones.

    Crepúsculo funcionaba como una versión Romeo y Julieta, pero en la que Edward, el joven, es un vampiro. En Luna nueva cobra preponderancia Jacob, el muchacho lobo (No, no es Michael Fox) que pretende a Bella. Eclipse hace profundiza en la tensión entre las razas nocturnas, que deberán unir fuerzas para combatir a un enemigo en común, más numeroso y poderoso. El resultado: una película sombría, vertiginosa, pero no carente de momentos románticos, dramáticos y cómicos. El mérito es de David Slade. Este canadiense ya había demostrado ser un director a tener en cuenta gracias a films como Hard Candy y, sobre todo, 30 días de noche; de los últimos diez años, la mejor película de terror con vampiros[1]. En la saga creada por Stephenie Meyer supo encontrar un equilibrio entre las escenas intimistas (imperdible el diálogo entre Edward y Jacob en lo alto de la montaña; seguramente, lo mejor de la película), y las secuencias de persecuciones y ataques que involucran a licántropos y no-muertos. En lo que se refiere a las peleas, abundan torceduras y mutilaciones de diferentes clases, aunque sin sangre. Los hombres lobos digitales están cada vez más logrados, pero todavía se ven como lo que son: criaturas hechas por computadora.

    Kristen Stewart, Robert Pattinson y Taylor Lautner siguen estando muy convincentes... pero podrían estar mucho mejor (sobre todo ella, quien se destacó en films como Adventureland: Un verano memorable y viene de hacer de la rockera Joan Jett en The Runaways). Por fortuna para el trío protagónico, los ejecutivos de Summit Entertainment son muy inteligentes a la hora de elegir directores para la saga, ya que fueron ellos los encargados de sacar lo mejor de los jóvenes actores.

    Además, en esta película hay más participación de otros miembros del clan Cullen, empezando por Jasper (Jackson Rathbone) y Rosalie (Nikki Reed); los espectadores podrán conocer el tortuoso origen de su condición vampírica. Dakota Fanning vuelve como la mortífera Jane, aunque todavía aparece demasiado poco en pantalla. Bryce Dallas Howard reemplaza a Rachelle Lefevre en el rol de la sanguinaria Victoria, un ser decidido a vengar la muerte de su amado James (asesinado por los Cullen en Crepúsculo).

    Sin duda, Eclipse en la mejor de la saga. Pero todavía falta Amanecer, que se estrenará en dos partes, ambas dirigidas por el oscarizado Bill Condon.

    Así que a no desesperar, que la noche aún está en pañales.
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  • La carretera
    La carretera
    A Sala Llena
    “Pienso que la razón por la que estas películas empezaron a surgir tiene que ver con que nos dimos cuenta, por primera vez desde el 11-9, de que somos mortales. Vimos nuestra debilidad, vimos que no pudimos agarrar a Bin Laden, que no pudimos hacer nada. Entonces este tipo de cosas te hacen pensar que esta mierda realmente podría pasar, que realmente podemos caernos en pedazos”.

    Esta cita pertenece Allen Hughes, co-director de El libro de los secretos, cuando el periodista Sebastián Tabany le preguntó por la moda de films postapocalípticos, entre los que se destaca La carretera.

    Antes de ser una película, fue y sigue siendo la novela de Cormac McCarthy que ganó el Pulitzer en 2007. No es la primera vez que la obra de McCarthy es llevada a la pantalla grande. Espíritu salvaje fue dirigida por Billy Bob Thorton y protagonizada por Matt Damon y Penélope Cruz. Más recientemente, Sin lugar para los débiles (basada en No es país para viejos), a cargo de los hermanos Coen, ganó toda clase de premios, incluyendo el Oscar.

    Si bien formó parte de la Competencia Oficial en Venecia y en Toronto, La carretera hubiera merecido mejor suerte en la entrega de premios de la Academia, ya que ni siquiera fue nominada en ningún rubro.

    En La carretera, el mundo ha cambiado. Una guerra indeterminada lo convirtió en un cementerio de polvo, frío, horror y desolación. Un hombre (Viggo Mortensen) y su hijo (Kodi Smit-McPhee) recorren los Estados Unidos rumbo al mar. En el trayecto deberán recolectar comida, abrigo, y escapar de otros sobrevivientes, muchos de ellos devenidos en salvajes caníbales.

    La película es, primero que todo, un drama. Un drama acerca de un padre y un hijo tratando de salir adelante en un mundo infestado de adversidades. Incluso el contexto podría haber sido otro que la esencia de la historia no cambiaría. Por supuesto, hay momentos de tensión extrema cuando los protagonistas se topan con los otros poco amigables sobrevivientes.

    Viggo Mortensen tiene uno de los papeles de su carrera. Su personaje es una especie de guerrero estoico, un luchador que sigue adelante para proteger a su primogénito. Como pasaba luego de ver a Denzel Washington en la mencionada El libro..., es posible pensar que Viggo hubiera sido (o podría ser) el Robert Neville definitivo en alguna adaptación de Soy leyenda. El resto de elenco no desentona. Robert Duvall, Charlize Theron y Guy Pierce aparecen durante muy pocos minutos, pero sus actuaciones son vitales y contundentes. La revelación: Kodi Smit-McPhee. Un pequeño actor con un futuro interesante, ya que pronto lo veremos en la versión estadounidense de Criatura de la noche, aquel excelente film sueco estrenado el año pasado.

    Ni el guionista John Penhall ni el director australiano John Hillcoat traicionan el material de McCarthy, ya que la película parece el libro filmado. Incluso aquí tampoco se explica por qué sucedió lo que sucedió. Hillcoat también cuenta la historia sin estridencias, poniendo énfasis en el padre y el hijo, en el mencionado drama. Es verdad que un director como Michael Bay la hubiera filmado fiel a su estilo, plagado de acción y explosiones. También es verdad que el Steven Spielberg de La guerra de los mundos o el Alfonso Cuarón de Niños del hombre hubieran hecho, con ese mismo material, una de las mejores películas de todos los tiempos. Con esta afirmación no se pretende desmerecer el trabajo de Hillcoat (de hecho, su desempeño detrás de cámara acaba de ser elogiado). Sin embargo, el uso de música incidental —a cargo de Nick Cave—, y de flashbacks y de voz en off, restan a la hora de plasmar la desolación absoluta. ¿Un comentario caprichoso por parte de un servidor? Es posible.

    Lo cierto que, aún en medio de un Mundial, La Carretera merece ser vista. De paso, sirve para pensar en cómo este mundo podrido puede hundirse más y más si no hacemos algo al respecto.
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  • Francia
    Francia
    A Sala Llena
    Nadie duda de que Israel Adrián Caetano es uno de los directores más importantes del cine nacional de los últimos diez años. Sus obras son personales, intimistas, pero sin nunca perder de vista el hecho de contar una historia ni llenar la imagen de estridencias. Lo suyo es la narración clásica, como un Howard Hawks o un Clint Eastwood latino. Y, al igual que los mejores narradores cinematográficos, jamás temió partir del cine de género para plasmar su visión de las cosas: Un Oso Rojo (el western urbano), Crónica de una Fuga (el suspenso y hasta el terror).

    Mariana (Milagros Caetano, hija del director), una niña de doce años, vive una época especial. Para empezar, es hija de padres separados. Cristina (Natalia Oreiro), su madre, se las arregla trabajando como empleada doméstica para gente bien. Carlos (Lautaro Delgado), su padre, es un gris empleado de fábrica que se queda sin nada, debe tratarse psicológicamente por problemas de abuso contra sus mujeres, pero igual trata de hacer feliz a la niña. Si bien Mariana también debe lidiar con sus propios problemas —tiene inconvenientes escolares y no aprende a escribir bien porque se la pasa escuchando música en vez de leer, y se ofende cuando no la llaman Gloria—, aprenderá . Pese de todo, los tres hacen lo que pueden para seguir adelante, más allá de que, como reza el poema que aparece al principio en la película, no hay posibilidades de ir a Francia.

    Como en sus anteriores películas, Caetano vuelve a mostrarnos personajes sobreviviendo en un mundo que los golpea de manera constante. Hay un paralelismo concreto con la mencionada Un Oso Rojo: la familia rota intentando recuperar lazos afectivos, un padre con cargos de conciencia, un grupo humano que n ose queja de su situación y continúa peleándola. Claro que aquí el tono es el de una comedia dramática (o, mejor dicho, un drama con elementos de comedia). No hay género más delicado que éste, y el director uruguayo supo estar a la altura y nos dio un film pequeño, con momentos muy duros y otros muy graciosos, siempre en el equilibrio exacto.

    Por otra parte, en Francia hay una fuerte crítica al sistema educativo nacional, sobre tod en lo referente a colegios privados. Muestra cómo los directivos y los docentes suelen culpar a los alumnos de sus propias incapacidades en las aulas. Y cómo pretenden solucionar los problemas mediante psicopedagogos. Otros daros van dirigidos a las clases más altas, con su hipocresía y puntos oscuros que apenas pueden esconder.

    Natalia Oreiro tiene el rol más naturalista de su carrera. Es muy creíble como una madre joven que debe criar a su hija prácticamente sola, aunque para ello deba limpiar los inodoros de los ricos (ricos aunque con problemas emocionales y tendencias suicidas). Y si bien se muestra estoica, suele sucumbir a los efectos del alcohol cuando la situación es desesperanzadora.

    Lautaro Delgado también le da credibilidad a Carlos, un hombre vago y golpeador, pero que ama a su hija. Tanto él como Oreiro dan actuaciones invisibles, en el sentido de que parecen estar viviendo los acontecimientos, no representando un papel.

    Pero la revelación pasa por Milagros Caetano. Se nota que el personaje fue pensado para ella: tierna, algo salvaje, muy imaginativa. Mariana / Gloria nunca supo el por qué de la separación de sus padres, ya que nunca nadie le explica las cosas. Pero no por eso dejará de querer averiguarlo.

    También se destacan Mónica Ayos como una ex pareja de Carlos; Daniel Valenzuela en el papel del inefable psicólogo de Carlos; Violeta Urtizberea haciendo de maestra con pocas pulgas y Lola Berthet como directiva del colegio.

    En definitiva, Francia está a la altura del o mejor de Caetano. Se sabe que para el futuro prepara un film de terror. Ya genera expectativa.
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  • Kick-Ass
    Kick-Ass
    A Sala Llena
    2010 parece ser el año de los super(anti)héroes cinematográficos. De nuestras Pampas surgió Zenitram. Ahora tenemos a Kick-Ass. Porque Dave no tiene superpoderes como Peter Parker/Hombre Araña ni el poder adquisitivo de Bruce Wayne/Batman o Tony Stark/Iron Man. Pero se convierte en un justiciero enmascarado.

    La película tampoco es la típica aventura como las protagonizadas por Superman o el mencionado Hombre Murciélago. La incorrección política está a la orden del día, y en dosis como para saciar al más deforme de los freaks. ¿Suena exagerado? Para que se den una idea, un padre vengativo (Nicolas “Michifus” Cage) prepara a su hijita de 11 años (Chloe Moretz) para que sea una heroína indestructible. Para eso, le dispara repetidas veces en el pecho, justo donde la nena lleva puesto un chaleco antibalas. No, no es algo visto comúnmente, y menos en producciones de gran presupuesto.

    Y aunque es muy entretenida, con un ritmo frenético y situaciones desopilantes, da la impresión de que el film no termina de decidirse por un tono preciso. Por un lado es una estudiantina sobre Dave, sus amigos —tan nerds como él— y la chica de sus amores (la subtrama de Dave haciéndose pasar por gay para acercarse a ella es remañida y no aporta demasiado a la historia, más allá de que a Dave le sirva, al final). Por otro lado, también es una película de violencia tarantinezca. Además, pretende satirizar a la figura del superhéroe... Pero no termina de haber una cohesión entre las partes. La manera en que va de una cosa a la otra es desconcertante. Hay largometrajes en donde el equilibrio entre diferentes conceptos y géneros funciona de manera perfecta (Tres Reyes, de David O’Russell, y Bastardos sin Gloria, por nombrar dos) y es posible que los responsables hayan querido algo similar, pero no está logrado.

    Aaron Johnson (quien viene de interpretar a un joven John Lennon en Nowhere Boy) parece haber nacido para el muchacho poco agraciado, que de pronto deviene en un hombre de acción a costa de puñaladas y caídas de los comienzos. Mark Strong vuelve a interpretar a un villano, siempre con talento y gracia. El implante capilar de Nic Cage no hace tanto ruido...

    Pero la que se roba la película, la que suma puntajes en toda calificación de Kick-Ass, es Chloe Moretz como la mortífera Hit-Girl, capaz de despachar a un ejército de mafiosos ella solita, y valiéndose de armas de fuego, cuchillos y otros elementos que cualquier infante no debería tocar. La joven actriz tiene un futuro muy prometedor. De hecho, pronto la veremos como una niña vampira en la remake estadounidense de la joya sueca Criatura de la Noche, que dirige Matt “Cloverfield” Reeves.

    El británico Matthew Vaughn empezó su carrera como productor, sobre todo de las dos primeras películas de Guy Ritchie: Juegos, Trampas y Dos Armas Humeantes y Snatch: Cerdos y Diamantes. De ahí pasó a dirigir No Todo es lo que Parece, también de gangsters, pero con un tono más serio y protagonizada por Daniel Craig. Luego se despachó con la aventura fantástica Stardust: El Misterio de la Estrella, basada en una novela de Neil Gaiman. Kick-Ass, su tercer opus, demuestra que es un realizador imaginativo, que no teme incorporar a sus historias elementos extravagantes, como un pirata travesti (Robert De Niro) en Stardust. Vaughn Estuvo por dirigir X-Men 3: La Batalla Final, pero no pudo hacerlo por problemas personales. La carrera le dio otra oportunidad, ya que está preparando X-Men: Firts Class, con James McAvoy como el Profesor X y, dicen, Aaron Jonson haciendo de Magneto. M. V. también hará Kick-Ass 2: Balls to the Wall, anunciada para 2012.

    Al comienzo de la película Dave le pregunta a sus amigos por qué nadie trata de convertirse en superhéroe.

    Otro personaje de ficción, en otra parte del mundo, un antes que el Dave cinematográfico, se hizo la misma pregunta.

    DOMÉSTICO

    Kick-Ass está basada en un comic escrito por el escocés Mark Millar y dibujado por John Romita Jr., publicado en abril de 2008 por Icon Comics (perteneciente a la todopoderosa Marvel), no sin pocos contratiempos.

    En mayo de 2007, la editorial argentina Domus publicó Doméstico. Con guión de Sebastián De Caro y dibujo de Diego Greco, Doméstico cuenta las andanzas de Mariano, un universitario para nada winner, un soñador como los que ya no quedan, con un objetivo muy específico: convertirse en superhéroe, a pesar de que carece de superpoderes. Como verán, la premisa es la misma que Kick-Ass. Y si agregamos que Mariano manda a que su abuela le haga un traje verde, como de buzo, con una máscara del mismo color (“Me elegí el verde, no recuerdo este verde en nadie. Doméstico tiene que ser verde”)... Y no dijimos que el Dave de la pantalla grande luce un peinado igual al de...

    Es verdad que Mariano se convierte en Doméstico para recuperar un viejo amor y destrozar al imbécil malnacido que tiene por novio. Es verdad que Mariano llega a extremos algo retorcidos para conseguir su meta (escapa de la institución mental en la que estaba internado, asalta un supermercado). Es verdad que Mariano termina siendo más perdedor, pero más tierno, que Kick-Ass. Pero los paralelismos entre una obra y la otra —paralelismos que desde hace tiempo vienen conociéndose a través de Internet— son desconcertantes.

    En una lucha cuerpo a cuerpo entre ambos no-titanes, ¿quién ganaría? Tal vez el cine nos lo permita ver algún día.
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  • El príncipe de Persia
    Super Mario Bros, Mortal Kombat, Resident Evil, Tomb Raider. Son sólo algunos de los videojuegos que fueron adaptados al cine. Los resultados mordieron el polvo, aunque algunos zafan debido a su sentido del entretenimiento y el carisma de los protagonistas (Resident Evil, Tomb Raider). En El Príncipe..., adaptación del mítico juego de PC, sucede algo similar.

    Jake Gyllenhaal es muy convincente como héroe de acción. Más que, por ejemplo, Orlando Bloom, quien suele aparecer en esta clase de superproducciones épicas. Y hasta es más humano y más creíble que Sam Worthington (al menos, S. W. en su etapa Hollywoodense). Más allá de la destreza física, sigue siendo un personaje como todos los que suele interpretar este actor: marginales, un poco perdedores, siempre en busca de su lugar en el mundo. Lástima que el guión le quede chico: está más cerca de un film de aventuras convencional que de Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra y sus secuelas. Porque además de Johnny Depp, esas películas estaban muy bien escritas y ejecutadas con imaginación y sanas dosis de delirio.

    Dentro de los lugares comunes y las piruetas, en el guión aparece una subtrama de con algo de tragedia Shakesperana, que incluye traiciones y muertes entre miembros de una familia Real. Se nota que Ben Kingsley tiene experiencia en el Bardo, ya que su personaje es tan manipulador como Yagó de Otelo y tan ambicioso como Macbeth (ya saben de qué obra). Queda claro que, después de ganar el Oscar al Mejor Actor por hacer de Gandhi, todavía sigue compensando la cosa cada vez que encarna a un villano de la pantalla grande.

    Gemma Arterton cumple con su rol de chica-de-la-película, aunque sigue mostrándose demasiado fría. Por su parte, Alfred Molina saca alguna que otra sonrisa gracias a su papel de “empresario” con más artimañas que un chanta argentino.

    Más allá de gemas como Cuatro Bodas y un Funeral, el director Mike Newell está lejos de ser un autor. Pero sí entra en la categoría de todoterreno, con un interesante manejo de la aventura en Harry Potter y el Cáliz de Fuego, para luego despacharse con El Amor en los Tiempos de Cólera, en la que actores latinos debían hablar en inglés. Aquí vuelve a hacer una tarea correcta, aunque es posible pensar que Gore Verbinsky hubiera logrado un producto más descontracturado.

    Jerry Bruckheimer es el rey de esta clase de film y seguro siga haciendo más. Esperemos que sus próximas superproducciones de aventura trasciendan el género como lo hicieran Jack Sparrow y compañía. Por ahora, a conformarse con El Príncipe de Persia.
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  • Siempre a su lado
    Siempre a su lado
    A Sala Llena
    Desde Rin Tin Tin y Lassie, Hollywood —sea en cine o en televisión— siempre le dio lugar a los perros. Y no solamente en comedias y otras películas familiares. También se los pudo ver en films de contenido más dramático, como Marley y Yo. (En Argentina, Carlos Sorín supo dirigir, justamente, El Perro).

    En Siempre a su Lado, el mejor amigo del hombre tiene la forma de Hachi, un ejemplar de raza Akita. Siendo cachorro, escapa de su jaula en una estación de trenes. Allí es encontrado por —y él encuentra a— Parker (Richard Gere), quien lo termina adoptando como mascota. La relación se afianza con los años. Parker y Hachi son inseparables, al punto de que el animalito lo acompaña a tomar el tren para ir a trabajar y luego lo espera cuando vuelve. La rutina es tal que hasta los dueños de los negocios aledaños ya la conocen y saludan a Hachi como si fuera otra persona. Hasta que Parker muere por un problema de salud. Lejos de abandonar las esperanzas, Hachi sigue con la rutina de ir a la estación y esperar a su amo, como si en algún momento fueran a reencontrarse.

    Basada en un hecho real ocurrido en Japón a principios del siglo XX, Siempre... es una historia de amistad y fidelidad que ni la muerte puede romper. Si bien no hay golpes bajos, resulta imposible no conmoverse. Como los mejores perros del cine, Hachi se roba cada una de sus escenas. Podemos verlo desde que es un cachorrito, pasando por la edad madura y llegando a la vejez, donde ni aún así deja de esperar a Parker.

    Tanto Richard Gere (también productor) como el resto del elenco están bien, pero el material tampoco permite mucho vuelo actoral, ya que se trata de una historia sencilla, correcta. Y es verdad que la carrera del sueco Lasse Hallström conoció tiempos mejores (recordemos Las Reglas de la Vida, entre otras). Sin embargo, es un gran director que, aun con vuelo bajo, puede hacer películas intimistas y significativas dentro de un sistema cada vez más obsesionados con la espectacularidad más superficial.

    Quien no se emocione con Siempre... es porque no tiene ni tuvo perros.
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  • Zenitram
    Zenitram
    A Sala Llena
    En medio de la abundancia de superhéroes cinematográficos anglosajones, estaba faltando un representante argentino de tan particular fauna.

    Pero ya llegó Zenitram, un superhéroe tan criollo como el asado y el mate.

    Si bien es principalmente una historia de aventuras, la película también satiriza la idiosincrasia nacional. Cómo somos capaces de fabricar ídolos de lanada para después cuestionarlos y destruirlos, y cómo el gigante caído logra sobreponerse para transformarse en una leyenda nacional. El paralelismo más inmediato y más evidente es con Diego Maradona: Zenitram surgió de los barrios más pobres, sus habilidades le permitieron trascender y volverse importante y una inspiración para los más jóvenes; ama a una chica de su barrio (Verónica Sánchez), quien regresa de España con acento de ese país; se codea con los poderosos, empezando por el Presidente Orozco (Daniel Fanego), al punto de volverse un instrumento del Gobierno; sus excesos con las drogas lo conducen a un papelón y debe rehabilitarse (no en Cuba, sino en Miami, y en un hospital para superhéroes), y termina como abanderado en la lucha contra el corporativismo (representado por Jordi Mollá). Por otro lado, aquí también podemos ver cómo los políticos manipulan a las masas según sus intereses, cómo lucran con determinadas situaciones.

    En Zenitram abundan homenajes, pero sin tapar la historia. El narrador de la película —un periodista chantún pero bueno, encarnado por Luis Luque—, crea una historieta, y en la editorial hay referencias a Hora Cero, mítica publicación donde trabajaban pesos pesados del noveno arte (y del arte en general) como Héctor German Oesterheld y Francisco Solano López. Por supuesto, inevitable mencionar a Superman, ya que Zenitram tiene poderes similares: vuela, ve con ojos de rayos X y su fuerza parece ilimitada.

    Juan Minujín demuestra que es un actor versátil, uno de esos intérpretes que no teme tirarse por un acantilado. Hace de Rubén Martínez / Zenitram un muchacho humilde y algo torpe al que las circunstancias lo llevan a calzarse el traje de esperanza nacional. El resto del elenco tampoco es para ignorar. Además de los mencionados Fanego, Mollá y Luque, se destaca Steven Bauer. Toda una generación conoce a este actor cubano por haber sido el amigo de Tony Montana (Al Pacino) en Caracortada. Aquí se pasa como un ex superhéroe como el Hombre de Goma de Los Cuatro Fantásticos. También hay cameos de Melingo, José María Muscari, Sandra Ballesteros, Edda Bustamante y Jorge Dorio.

    ¿Zenitram es para niños? No. Se habla en un lenguaje autóctono, con alguna que otra palabrota, y hay algunos desnudos. Aunque es verdad que los chicos ya están curados de espanto.

    Dato inútil: Zenitram era una marca argentina de mingitorios. Además, es el anagrama de Martínez, el apellido del muchacho.

    En este año de superhéroes anticonvencionales —en breve se estrena Kick Ass—, Zenitram no debe pasarse por alto. Porque, como dice el personaje de Luque: “(Ruben Martínez es) Un boludo más, pero especial”.
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  • Robin Hood
    Robin Hood
    A Sala Llena
    “Gladiador 2”, es lo que más de uno dijo al ver el trailer de Robin Hood. Era normal pensar eso: mismo actor, mismo director, escenas con batallas y otros elementos épicos diferentes a los tópicos de las historias de aquel que le robaba a los ricos para darle a los pobres. Y eso sucede porque la película se encarga de relatar cómo nace —o habría nacido— la leyenda de Robin Hood y su devoción por ayudar a quienes padecen hambre y frío. Por eso la película comienza cuando Robin y los suyos formaban parte del ejercito inglés que participó en las Cruzadas. En este aspecto hay una fuerte conexión con Cruzada, otra superproducción de Ridley Scott, aunque la película que hoy nos aúna es más corta, menos pretenciosa, muy lograda y muy entretenida. Por suerte, en eso sí se parece a Gladiador.

    Russell Crowe sigue demostrando que esta clase de papeles le sientan perfecto. Al igual que Máximo en la ya mencionada epopeya romana de 2000, Robin es un guerrero atormentado al que las circunstancias lo convierten no sólo en un héroe sino en la esperanza de un pueblo desesperado y hambriento, sometido por un gobierno corrupto.

    En cuanto al resto del elenco, Cate Blanchett se afirma como una actriz todoterreno, capaz de emocionar en una escena intimista y luego pelear contra un ejército como una verdadera luchadora, siempre de manera convincente. Ya no se discute el talento de William Hurt ni de Danny Huston ni de Max Vos Sidow, quien, aunque su personaje es ciego, sale a pelear con espada y todo. Interpretando al sádico Godfrey, un inglés amigo del Rey Juan que se alía con los franceses, Mark Strong confirma su status de villano cinematográfico de los últimos años (en unas semanas también lo veremos haciendo de mal tipo en Kick Ass). Mark Addy nació para encarnar al fraile Tuck, y Matthew Macfadyen está correcto como el Sheriff de Nottingham (Curiosamente, Nottingham era el título original del proyecto, e iba a estar centrado en el sheriff y en Robin Hood, al punto que Crowe estuvo por interpretar al primero). La revelación: Kevin Duran como el Pequeño Juan, aunque es verdad que la mayoría ya conoce a este actor canadiense por la serie Lost.

    Ridley Scott es un director irregular. Filmó desde obras cumbres como Alien: El Octavo Pasajero y Blade Runner, hasta bodrios como Hannibal y 1492: La Conquista del Paraíso, pasando por películas del montón (Peligro en la Noche, Lluvia Negra, Corazón de Héroes, por nombrar algunas). Nunca se sabe qué esperar de este director británico. Esta vez logró otro de sus aciertos, y con otra historia de época, donde se lo nota más que cómodo. De hecho, Los Duelistas, su ópera prima, transcurría en tiempos de Napoleón. Mediante una reconstrucción de época y una fotografía soberbias, Scott indaga —con mayor o menor suerte— en la situación política, social, cultural y económica del período que elija retratar. Tanto en Gladiador como en Cruzada y en Robin Hood, muestra que los gobernantes nunca dejan de aprovecharse de las masas para su propio beneficio, y que sólo los códigos y la actitud de los más valientes y arriesgados pueden ayudar a cambiar las cosas. En lo referente a las secuencias de batallas, aquí ya no abusa tanto de los ralentis, que hacían quedar como muñequitos a los combatientes. Aquí la acción es más fremética.

    Ya sabemos que la próxima obra de Ridley Scott significará su regreso al espacio... donde nadie escuchará tus gritos: la precuela de Alien.

    En tanto, a disfrutar de esta historia de Robin Hood, que en realidad es la que da origen a todas las demás historias que ya conocemos. Es evidente que Scott se está familiarizando con el arte de filmar precuelas.
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  • Pesadilla en Calle Elm
    En 1984, dormir podía significar la muerte: se estrenaba Pesadilla en lo Profundo de la Noche. En pleno auge de las slasher movies (asesino enmascarado que mata adolescentes en celo, subgénero que empezó con Noche de Brujas y siguió con Martes 13 y miles de otros exponentes), Pesadilla hizo la diferencia. Si bien las víctimas seguían siendo adolescentes, ahora no eran personajes de cartón listos para ser carneados sino jóvenes que deben pagar por los crímenes cometidos por sus padres, quienes ahora no los pueden ayudar, ya que el asesino ataca en el mundo de los sueños, lejos de las leyes naturales, lejos de toda lógica. Y hablando del victimario, ya no lleva máscara y no usa cuchillos ni hachas para descuartizar. Freddy Krueger luce orgulloso su cara quemada antes de atravesarte con las cuchillas que lleva como garras en su mano derecha.

    El éxito comercial del film salvó a New Line Cinema de la quiebra (iba a ser la última película, de hecho); consagró a su director, Wes Craven, como un maestro del terror; generó seis secuelas (en las que el malvado engendro se volvía cada vez más jocoso, y las muertes, más imaginativas), una serie de televisión, un crossover (Freddy Vs. Jason) y toneladas de merchandising, siempre alrededor de la figura de Freddy.

    Pero ni el famoso Morfeo de la muerte pudo impedir la realización de una remake. Como en la mayoría de los refritos de clásicos del horror contemporáneos, los culpables se cuentan entre las filas de Platinum Dunes, empresa comandada por Michael Bay.

    Pesadilla en la Calle Elm conserva la premisa de la original: un grupo de jóvenes sueña que son acechados por ya-saben-quién e irán muriendo uno a uno, de las maneras más inusuales posibles. Nancy, la protagonista, descubrirá la horrible verdad: Freddy era un pedófilo que fue ajusticiado por padres furiosos. Y claro que el sádico personaje tiene no pocas ganas de vengarse, y de la manera más cruenta posible.

    Aunque el tono es trágico, otra vez, esta nueva versión presenta diferencias con respecto a la de Craven. La historia y los personajes no son los mismos, pero sí muy similares, lo que permite conservar gran parte de la esencia. Algunas escenas —la muerte de la rubia, que amenaza con ser la protagonista absoluta; las garras emergiendo de la bañera, listas para atacar a Nancy— son un claro guiño a los espectadores más veteranos.

    Pero la novedad mayor está en Mr. Krueger. Siempre fue Robert Englund quien soportó el horripilante maquillaje, el que lo convirtió en un icono del horror gracias a una interpretación escalofriante por el toque sarcástico e impredecible que le dio a su bestia. Pero su reemplazante no es menos talentoso: Jackie Earle Haley. A fines de los ’70, Haley era una estrella juvenil en films como La Pandilla de Pícaros (una de baseball) y Los Muchachos del Verano, junto al por entonces también ascendente Dennis Quaid. Con el tiempo, su promisoria carrera se fue apagando hasta casi desaparecer en producciones de muy bajo presupuesto. Pero hizo su regreso triunfal en Secretos Íntimos, por la que lo nominaron al Oscar por Mejor Actor de Reparto. La rompió haciendo de Rorschach en Watchmen: Los Vigilantes y ahora es uno de los actores secundarios más respetados de la industria. Pero a comienzos de los ’80, J. E. H. hizo un casting para actuar en la Pesadilla que dirigió Craven. Pretendía interpretar a Glen, el novio de Nancy. Él no quedó, pero el rol fue para un amigo suyo que lo acompañó: Johnny Depp. De hecho, fue el debut cinematográfico de Depp, quien moría tragado por una cama que luego escupía sangre hacia el techo. Así que ahora el bueno de Jackie pudo formar parte de la franquicia, y nada menos que como Freddy. Su actuación es más seca que la de Englund, pero igual de inquietante, sobre todo por cómo juega con las uñas-cuchillas. Además, aquí podemos ver a Freddy con su cara humana, antes de ser linchado. (Curiosamente, Haley también hizo de pederasta en Secretos Íntimos).

    La película es la ópera prima de Samuel Bayer, veterano de las publicidades y los videoclips, como el de “Smell Like Teen Spirit”, del tema de Nirvana. Y no lo hizo nada mal. Su imaginería visual sigue siendo muy interesante, aunque aquí se nota que todavía debe respetar ciertos tópicos de la saga ya conocida, y eso no le permite explotar su capacidad. Pero dan ganas de ver más largometrajes de Bayer.

    Sin estar a la altura de Pesadilla en lo Profundo de la Noche, esta remake es bastante digna, una de las mejorcitas de Platinum Dunes, y los golpes de efecto siguen siendo efectivos.

    Ah, en los primeros minutos hay una broma pesada para los fans de la saga de Crepúsculo. Divertido, el chiste, y además establece que estamos ante una película de terror nada light.

    Eso sí. Va siendo hora de no hacer más versiones de aquellos hits terroríficos de nuestra infancia y que inventen nuevas historias, nuevos monstruos, nuevos íconos.
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  • Iron Man 2
    Iron Man 2
    A Sala Llena
    Tony Stark / Iron Man es el más cool de los superhéroes. Lejos. Un tipo capaz de hacerse el DJ en su propia fiesta de cumpleaños y de salvar al mundo sin perder un ápice de estilo. Pero en esta vibrante secuela de Iron Man: El Hombre de Hierro queda claro que Tony es también un ser humano conflictuado. Un hombre de personalidad compulsiva, arrogante a niveles letales (promediando su propia fiesta, vestido con el poderosos armatoste, comienza a disparar rayos sobre objetos, a riesgo de herir a los invitados). Un hombre que todavía se siente a la sombra de su padre, quien le prestaba más atención a los negocios que a la familia. Un hombre con tendencias autodestructivas, como bien se veían en el comic. Por supuesto, esta vez hay más paralelismos entre el personaje y el magnánimo actor que lo inmortalizó en la pantalla grande. Porque Robert Downey Jr. NACIÓ para interpretar a Tony Stark. Mejor dicho, Robert Downey Jr. ES Tony Stark. Un individuo que, a pesar de sus defectos, sigue siendo un titán capaz de dar lo mejor de sí, de ganarse al público y de continuar triunfando.

    Esta vez tiene un oponente a su altura. Iván Vanko, alias Whiplash, es un ser dolido (su padre tuvo problemas con Howard Stark, el progenitor de Tony), y de pocas palabras, casi todas en ruso. Vanko puede apurar a Iron Man, demostrarle que no es un Dios Todopoderoso, y lo logra en una intensa secuencia en medio de una carrera automovilística en Mónaco. Y qué mejor que Mickey Rourke para ponerle el cuerpo y el alma a una criatura así, que conoció los abismos y ahora resurge para imponerse y demostrar que no piensa tener misericordia contra la sangre de aquel viejo enemigo. Para colmo, Vanko es financiado por Justin Hammer (Sam Rockwell), un inescrupuloso empresario rival de Stark Industries, deseoso de convertirse en el proveedor de armas sofisticadas para la milicia. Curiosamente, el enorme Sam Rockwell fue una de las primeras opciones para interpretar al mismísimo Tony Stark en la primera parte (aunque el papel era codiciado por Tom Cruise y Nicolas Cage).

    Pero Tony tampoco está sólo. Además de la infaltable Pepper Potts (Gwyneth Paltrow), su mano derecha y amor ¿imposible?, está el Coronel James Rodhes. Este personaje ya no es interpretado por el talentoso Terrence Howard sino por el no menos genial Don Cheadle. Aquí Rodhey por fin se calza el traje de War Machine, un prototipo similar al de Iron Man, pero plateado. La pelea entre los dos entes robóticos, al ritmo de Queen y Daft Punk, es de antología. Rodhes planea que War Machine sea un arma de combate, pero Hammer tiene ideas más perversas.

    Un párrafo aparte merece Scarlett Johansson como Natasha Romanoff, la espía rusa encargada de vigilar que Tony no se entregue a los excesos y mantenga el status quo. Dicho de manera educada, un infierno de mujer. Sin embargo, podría haber estado más aprovechada. Tal vez le luzca mejor en la tercera parte.

    Samuel L. Jackson retoma su papel de Nick Fury, otro de los superhéroes del universo Marvel, responsable de S.H.I.E.L.D. y del proyecto Avengers. Ya no hace un cameo, como al final de los créditos de Iron Man; ahora tiene más participación. Una escena entre él y Tony hará que no pocos cinéfilos sonrían un momento.

    Jon Favreau vuelve a dirigir, y demuestra que el tono que le agregó a Iron Man como concepto cinematográfico es acertadísimo, casi milagroso. Ni muy oscuro ni demasiado infantil, ni tan complicado ni excesivamente light, ni cínico ni estúpido. Y siempre con un ritmo más endemoniado que el mismísimo Rey del Averno. Además, Favreau sigue apareciendo delante de cámara como Happy Hogan, el chofer de Tony. De hecho, en este film tiene escenas pugilísticas, algo que le debe haber quedado de cuando hizo de Rocky Marciano en un biopic televisivo. J. F. estaba destinado a las adaptaciones de Marvel: en su momento casi interpretó a Hank McCoy / Bestia en X-Men 2, y fue amigo de Ben Affleck en Daredevil: El Hombre sin Miedo.

    Tampoco es para desmerecer el sólido guión, a cargo de Justin Theroux. Este casi desconocido actor también escribió Una Guerra de Película, la mejor comedia de la década pasada. Downey Jr., actor de Una Guerra... fue quien lo recomendó para IM2.

    Por su certero nivel de complejidad, por su irresistible sentido del humor, por el carisma de los actores, por sus escenas de acción, esta película resulta una segunda parte superior a la primera. Y, como corresponde, deja con ganas de mucho más. Si uno se pone un poquito exigente, tal vez sea posible pensar que, como en la mayoría de los segundos actos, hubiera sido interesante incluir una vuelta de tuerca vinculada a un hecho trágico. Recuerden El Imperio Contraataca, o la mencionada X-Men 2, o la inigualable Batman: El Caballero de la Noche. Pero no importa. Es un detalle que no desmerece el producto final.

    Se vienen más films basados en comics de Marvel: Thor, dirigida por Kenneth Branagh, con Anthony Hopkins y Natalie Portman; y Capitán América (cuyo escudo es incluido en un chiste de la película). Por supuesto, tampoco hay que olvidar el largometraje de los Avengers, anunciado para 2012.

    Como verán, hay superhéroes para rato.
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  • ¡Está vivo!
    ¡Está vivo!
    A Sala Llena
    En 1974, el subvalorado guionista y director Larry Cohen se despachó con un olvidado clásico del cine de terror: El Monstruo Está Vivo, la historia de un bebé mutante que va matando a quien se le cruce. El film fue un pequeño suceso, que originó dos secuelas: El Monstruo Está Vivo II y El Monstruo Está Vivo III, donde más freaks de pocos meses.

    Como no podía ser de otra manera, hoy (bah, en 2008) nos llega la remake.

    La historia es un poco diferente a la anterior. Esta vez, los padres no son una pareja de adultos en edad avanzada sino jóvenes veinteañeros. Ella queda embarazada y deben empezar a convivir como un matrimonio normal. Pero nada será muy sencillo entre tanta muerte y sangre.

    Otra diferencia con la original: la criatura (nunca mejor usada esta expresión) ya no es una maquinita asesina todo el tiempo, sino que se ve normal y sólo se transforma cuando tiene hambre, y no precisamente de leche materna. Como un Jeckyll y Hyde recién nacido. Es su madre quien se vuelve cómplice de su sádico hijito, ya que debe esconder cadáveres y limpiar ese líquido rojo que pasa por nuestras venas.

    El resultado final es digno de la menos lograda película clase Z. Incluso en los momentos finales, la policía se acerca a la casa de los protagonistas (a oscuras, porque el pequeño demonio cortó la energía eléctrica), pero cuando tocan el timbre... ¡Suena! Uno de los grandes enigmas de la historia del cine.

    ¡Está Vivo! es todo lo contrario a una obra maestra, pero a su favor debemos admitir que no aburre tanto. Después de todo, nunca está mal ver una de terror tan carente de clima y de sentido... si se la acompaña con pizza y mucha cerveza.
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  • Nuevamente Amor
    Nuevamente Amor
    A Sala Llena
    Si bien Nuevamente Amor es vendida como otra comedia romántica, no es nada de eso. Sí tenemos romanticismo y algo de humor, pero partiendo de un contexto dramático.

    Tras perder a su esposa en un accidente, Burke Ryan (Aaron Eckhart) escribe un libro de autoayuda acera de cómo sobreponerse a un hecho trágico. Cuando le toca dar un seminario en Seattle, los pagos de su amor ya perdido, descubre que él mismo, que tanto ayuda a los demás, no ha podido recuperarse del todo. En ese contexto conoce a Eloise (Jennifer Aniston), una florera que acaba de romper con su novio. Ambos vienen de momentos difíciles y están pasando por una etapa de transición, pero eso no impide que empiecen a conocerse. Aunque no es tan fácil darle una nueva oportunidad al amor.

    Aaron Eckhart vuelve a demostrar que es uno de los mejores actores estadounidenses en actividad. Él sólo se carga la película al hombro, y lo hace como un veterano experto. Su personaje es un hombre torturado, que hace lo que puede para seguir adelante y para que sus fanáticos pueda superar sus problemas y traumas. Y cuando le tocan los pasos humorísticos, mantiene ese perfil serio que potencia los pocos chistes que hay a lo largo del film.

    A Jennifer Aniston todavía le falta un poco para consagrarse como la reina de estas películas (bah, de las comedias románticas), pero está ahí. Tiene algo, ese no-sé-qué indispensable para conectar con el público. Esta vez aparece más contenida y menos jocosa, a pesar de que es ella quien se encarga de insuflarle algo de entusiasmo a Burke.

    Los mejores momentos de este correcto film están en las sesiones de ayuda. La carga dramática está puerta en un punto medio, sin llegar al golpebajismo. El director Brandon Camp demuestra que sabe moverse en el delicado terreno de la tragicomedia. Sin embargo, el guión no escapa a lugares comunes y otros procedimientos ya vistos en incontables películas románticas.

    En cuanto a los actores secundarios se destaca John Carroll Lynch. Ahora no compone ni a un matón ni a un asesino serial sino a un hombre abatido por la muerte de su hijo. Judy Greer ya es una abonada a estos papeles de reparto, y otra vez componiendo a un personaje extravagante. Martin Sheen y Frances Conroy están muy desaprovechados. De hecho, aparecen unos pocos minutos (y eso que la intervención de Sheen es más crucial). Un caso parecido es el de Joe Anderson: si bien aparece en los créditos, apenas dura menos de cinco minutos en pantalla, como el novio músico de Eloise. Este actor Inglés demostró su talento en obras como A Través del Universo, de Julie Taymor, muestra de que puede ser mil veces mejor aprovechado.

    Nuevamente Amor está muy lejos de ser una genialidad, pero siempre es positivo ver que una película hable de cómo enfrentar nuestros problemas y continuar con nuestra vida, algo que nunca es sencillo.
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  • Fama
    Fama
    A Sala Llena
    En 1980, Alan Parker estrenaba su tercer largometraje como director. Fama contaba las vivencias de un grupo de estudiantes de la New York City High School for the Performing Arts. Cada uno tenía su característica. Coco (Irene Cara, interprete del tema central del film, que le valió un Oscar) ambicionaba con convertirse en una estrella de la canción; el moderno tecladista Bruno (Lee Curreri) se la pasaba discutiendo con el más clásico profesor Mr. Shorofsky (Albert Hague), Leroy (Gene Anthony Ray) canalizaba toda su bronca en la danza...

    Fama no sólo fue exitosa y estuvo nominada a seis Premios de la Academia (de los que ganó dos por la banda sonora y por el tema ya mencionado), sino que devino en fenómeno cultural. Hasta dio lugar a una serie de televisión que duró seis años.

    Como hoy en día todo se hace remake, ahora tenemos una nueva versión. No es exactamente un refrito, sino una reinvención parcial de aquella gema. Parcial porque, si bien los personajes son otros y la acción transcurre en la actualidad, las situaciones son bastante similares a la de la original. Como si a aquellos inolvidables personajes sólo les hubieran cambiado el nombre.

    De aquella vez sólo regresa la coreógrafa Debbie Allen. En el pasado quedó inmortalizada como la profesora de danza Lydia Grant. Ahora es Angela Sims, la rectora del instituto. Ahora en el cuerpo docente están Charles S. Dutton (Drama), Bebe Neuwirth (Danza), Megan Mullally (Canto), Kelsey Grammer (Música). Un interesante plantel de actores de reparto, lástima que esté muy poco aprovechado por parte del director y del guión.

    En cuanto al tono, la de Alan Parker se caracterizó por el uso de lenguaje fuerte y desnudos, lo que la convertía en algo más complejo y adulto que la típica historia de jóvenes deseosos por triunfar en el mundo del espectáculo. Por este motivo, el director inglés debió filmar en tres colegios distinto, ya que en la locación original no se lo permitieron. La nueva Fama pretende capturara eso, y de a ratos lo logra (expulsiones, acoso sexual, un intento de suicidio), pero no se arriesga tanto como la anterior.

    Fama versión 2010 no termina siendo High School Musical, pero tampoco tiene esa magia que hizo única a la de 1980. Igual, fue un buen intento.

    Me despido con este hermoso momento de aquella obra maestra.
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  • Como entrenar a tu dragón
    Sorpresa. Es la expresión que despierta Cómo Entrenar a Tu Dragón, una de animación made in Dreamworks con un espíritu más emparentado a la sensibilidad de la factoría Pixar.

    Aquí tenemos una historia simple, pero poderosa y estupendamente ejecutada. El nivel de animación es el mejor de las películas surgidas del estudio formado por Spielberg, Katzenberg y Geffen —nubes, mar, riscos, junglas, los mismísimos dragones, todos de un realismo abrumador—, pero el guión no se queda atrás. Los autores se las ingenian para eludir la mayor cantidad de clichés de las películas infantiles, o de darles una vuelta de tuerca. Es verdad que el argumento no es nada innovador. Es muy común oír la frase: “Ya está todo inventado”, que es verdad, pero el asunto no es tanto el Qué sino el Cómo, y ahí salen ganando los creadores del film. Cuando Hipo (físicamente muy parecido a un miembro de A Sala Llena) domestica al dragón que todo el pueblo vikingo creía en extremo peligroso, se recurre más a gestos que a palabras, por lo que la escena gana en ternura y hasta se genera una inesperada tensión. Es cierto que hay algún comentario gracioso luego de alguna situación violenta, pero hay poco de ese recurso tan facilongo y archiconocido. El que amenaza con ser el comic relief (un gordito nerd que sabe de dragones) resulta simpático, pero no llega a ser molesto ni a entorpecer la acción, afortunadamente. Además, lo que le sucede a Hipo en el final —no, no es sopa fría— la diferencian de casi todos los restantes productos para niños.

    La película también hace hincapié en la relación, a veces tensa, entre padres e hijos; en cómo una línea de pensamiento arcaica impide el progreso de un pueblo (claro que luego aprenden a valorar a quien veían como el Enemigo) y en cómo los ciudadanos deben seguir determinado comportamiento para pertenecer oficialmente a esa sociedad, aunque uno no esté de acuerdo (otra cosa que se modificará a lo largo del relato).

    Cómo Entrenar a Tu Dragón termina siendo un atípico caso de película infantil que no insulta la inteligencia del espectador pero tampoco se excede en complejidad ni en sentimentalismo. Un milagroso equilibrio, que encima viene en 3D.

    Una excelente excusa para sacar de paseo a hijos, sobrinos, ahijados o nietos, o a algún chico que hayan secuestrado por ahí. Eh... olviden lo último y no lo tomen como ejemplo.
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  • Número 9
    Número 9
    A Sala Llena
    Todo empezó con un cortometraje. Luego de cuatro años de preparación, el por entonces universitario Shane Acker le pudo mostrar al mundo 9, un trabajo de animación acerca de robots en un mundo que ya no es tal. Tanto éxito tuvo el corto, que hasta fue nominado al Oscar en 2006. No ganó la estatuilla, pero sí la atención de pesos pesados de la industria del cine. Como Tim Burton, a quien le interesó la propuesta de Acker de expandir el universo e incorporar más personajes. Pronto se sumó el ruso Timur Beckmambetov (director de las Guardianes de la Noche, Guardianes del Día y de la soberbia Se Busca) también como productor, y la guionista Pamela Pletter, quien había escrito El Cadáver de la Novia para Burton.

    9, un pequeño robot, despierta en medio de un mundo postapocalíptico: el paisaje no es más que ruinas, destrucción y soledad. Pronto descubrirá dos cosas. Que hay otros seres igual que él (también numerados)... y que la amenaza que acabó con la vida en la Tierra todavía anda por ahí. Se trata de una máquina otrora creada por los humanos para hacer un bien pero que consiguió todo lo contrario debido a su rebelde “fase Hal 9000”. 9 y el resto de sus hermanos deberán detenerla.

    Una de las grandes diferencias entre el corto y el largo reside en que el primero era mudo y el segundo cuenta con las voces de actores como Elijah Wood (que apreciarán siempre y cuando vean la versión original con subtítulos en castellano).

    Número 9 es, ante todo, un entretenimiento que no da respiro, que hace valer cada uno de los 70 y pico minutos de duración, y con personajes tan imperfectos como queribles. Un producto exacto y nada pretencioso, pero rico en imaginación e ideas. Su nivel narrativo y su sensibilidad (en un comienzo, más que nada) remiten a los productos de Pixar, más precisamente a Wall-E, que también era un ente cibernético moviéndose en un contexto posterior al fin del mundo conocido. En la interacción entre los robotitos hay reminiscencias a los juguetes de la saga de Toy Story, pero sin nunca copiar a la fuente de inspiración, sólo tomando su sabor.

    ¿Si se nota el sello Burton? Sí y no. Por un lado, 9 amaga con ser el prototípico personaje burtonesco: una suerte de Frankenstein inacabado en un entorno diferente. Como Edward en El Joven Manos de Tijera. Y los Hombres Inescrupulosos, la Autoridad, son vistas como los culpables de la caída de la civilización. Pero 9 está acompañado por las otras criaturas numeradas, así que no podemos hablar como un marginal ni de él ni de todo el grupo: la sociedad no los mira mal porque están casi todo el tiempo solos. Más allá de todo eso, Acker demuestra tener una personalidad propia y muy potente, sin importar la influencia de los célebres productores.

    Número 9 es otra muestra de que el reciente cine de animación surgido de Hollywood supera en talento y audacia a muchas de las modernas superproducciones con actores reales.

    Por otra parte, Burton y Beckmambetov se llevaron tan bien que producirán juntos otro proyecto: Abraham Lincoln: Vampire Hunter, basada en la novela de Seth Grahame-Smith, en donde descubrimos que el presidente estadounidense cazaba chupasangres. ¿Faltará mucho para verla?
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  • El libro de los secretos
    Sea por los efectos del atentado del 11-S, sea por la crisis financiera, sea por lo que sea, Hollywood se puso postapocalíptico. Por lo menos eso es lo que demuestran film como Soy Leyenda, 2012, Número 9 y La Carretera. Futuros en donde unos pocos humanos sobreviven entre las ruinas del fin del mundo, a merced de peligros generalmente representados por ellos mismos.

    El Libro de los Secretos no se queda atrás.

    Eli (Denzel Washington) es un misterioso caminante que atraviesa los Estados Unidos en un mañana devastado por incontables guerras. Todo es devastación, miedo y muerte. La civilización ya no es tal. Los hombres ahora son caníbales y los gatos se alimentan de cadáveres. El agua, uno de los bienes más preciados. Aunque un tanto como el libro que Eli lleva en su mochila, libro que sólo él pude tener y leer: un ejemplar de la Biblia, imposible de encontrar en ese paraje cementeril. Carnegie (Gary Oldman) el líder de un pueblito moribundo, está muy interesado en el tesoro literario que porta el caminante y mandará a sus matones para conseguirlo. Pero Eli no es ninguna rata de biblioteca: sus armas de fuego, y sobre todo, su temible machete lo convierten en un arma mortífera, un samurai del siglo XXI dispuesto a proteger lo que puede significar la esperanza que necesita lo que queda de la humanidad.

    El Libro marca el regreso al cine de Allen y Albert Hughes. Estos gemelos supieron patear encías en 1993 con Verdugo de la Sociedad, una de negros de barrios marginales. Luego vino Presidentes Muertos, de 1995, sobre veteranos de Vietnam, que, lejos de poder insertarse en la sociedad, deciden atracar un camión con dinero. Su siguiente creación llegó en 1999 y fue el tremebundo documental American Pimps, sobre proxenetas. Para 2001 nos entregaron una de sus mejores y más inusuales obras: Desde el Infierno, basada en la novela gráfica de Alan Moore y Eddie Campbell, sobre los crímenes de Jack, el Destripador. Luego hubo un largo silencio, que no fue tan así, ya que dirigieron avisos publicitarios y episodios de la serie Touching Evil, de la que eran productores ejecutivos junto a Bruce Willis.

    El Libro... responde perfectamente a las obsesiones de los hermanitos. Tenemos personajes moviéndose en un entorno mugriento, decadente, hostil, impredecible. Un entorno en que nadie te brinda oportunidades, en el que hay que ingeniárselas para poder sobrevivir. Además, está —por debajo de la historia, afortunadamente— el sentido de la denuncia social y de la avaricia y la violencia de las personas.

    Pero la película es una de acción y ciencia-ficción (aunque casi no hay ciencia) que le debe un montón a la saga postapocalíptica por excelencia: la de Mad Max. De hecho, los escenarios son mayormente rutas desérticas, como en aquellas películas protagonizadas por Mel Gibson. También se cuela por ahí una referencia a otro exponente del subgénero: en una pared de la habitación donde Carnegie hospeda a Eli hay un poster de Un Chico y su Perro, película de 1975 en la que un joven Don Johnson y su amigo canino recorren un país devastado y enfrentan amenazas extravagantes.

    Denzel Washington (también productor del asunto) le da vida a Eli, una suerte de vaquero, parco, metódico, letal si se lo provoca. Un hombre que olvidó lo que era reír, pero con un costado espiritual y compasivo. Es posible pensar que entre Denzel y el Viggo Mortensen de La Carretera hubiera estado el definitivo Robert Neville del cine, el protagonista de la novela Soy Leyenda (Ojo, Will Smith no estuvo mal en la reciente adaptación cinematográfica).

    Luego de mucho tiempo haciendo de buena persona, Gary Oldman regresa al papel de villano como los que lo caracterizaban durante los ’90. Como no podía ser de otra manera, su Carnegie es un tipo paciente, contenido al principio, pero que chilla como un histérico cuando las cosas le salen mal.

    El resto del elenco tampoco tiene desperdicio. Mila Kunis es Solara, hijastra de Carnegie, quien se suma a la causa de Eli, pese a que el caminante no le tiene demasiada confianza. El papel de Solara estaba pensado para Kristen Stewart, pero no pudo hacerlo por su compromiso con Luna Nueva. La Kunis le da humanidad y fiereza a su personaje, algo que tal vez la Bella Swan de la pantalla grande no hubiera conseguido con su cuasigélida expresión. Jennifer Beals es Claudia, la invidente madre de Solara. Por si no lo recuerdan, Beals supo ser la protagonista de Flashdance, aunque sus espectaculares pasos de baile fueron ejecutados por una bailarina francesa. También se lucen, en roles más pequeños, Tom Waits, Michael Gambon, Frances de la Tour, Ray Stevenson y Malcolm McDowell.

    Un giro del final puede resultar tramposo para muchos, predecible para otros, aunque resulta ser un simpático homenaje a una obra literaria que mejor ni dar pistas de cuál es.

    El Libro de los Secretos parece no tener destino de clasicazo, pero bien vale verla para divertirse un poco... y rezar para que la raza humana no caiga más bajo.
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  • La isla siniestra
    La isla siniestra
    A Sala Llena
    Semidios. Leyenda viviente. Iluminado del séptimo arte. Un director que ya no padece el mal de “tengo que ganar un Oscar”. Todo eso y más le corresponde a Martin Scorsese. Aunque, primero que todo, es un cinéfilo furioso. Conociendo su filmografía, se nota el amor por el cine de género, como las películas de gansters.

    Pero nunca filmó una de terror.

    Estuvo por hacer algo de ese estilo para la fenecida pero hoy legendaria American International Pictures, allá por los ’70, pero nunca se materializó. Coqueteó con el fantásticos y el horror en La Última Tentación de Cristo —la niña que representa al Diablo fue tomada de Mata, Bebé, Mata, del italiano Mario Bava—, en el capítulo “Mirror mirror”, de la serie Cuentos Asombrosos y en la excelente remake de Cabo de Miedo.

    La Isla Siniestra no es exactamente un film de terror, pero sí terrorífico. Una clase magistral de cómo provocar en el espectador angustia, nerviosismo, incertidumbre, desasosiego. ¿Lo que está en la pantalla es la más impredecible de las pesadillas o sólo una nueva obra maestra del director de Taxi Driver?

    La historia esté contada desde el punto de vista de Teddy Daniels. Junto con él vamos descubriendo que los directivos, pacientes y cuidadores de Ashcliffe ocultan algo, un secreto que pude ser en extremo horrible, perverso, inhumano. De a poco vamos descubriendo, también, los traumas que atormentan a Teddy, un veterano de la Segunda Guerra mundial que presenció los horrores en los campos de concentración de Dachau y que, a su regreso, perdió a su esposa a manos de un psicópata... que podría estar internado en Ashcliffe. El terrible pasado del protagonista es mostrado a través de sueños y visiones, en las que se cuelan Rachel Solando y sus tres hijos, a los que ahogó en un lago. Estos escalofriantes momentos oníricos acentúan el estado emocional de Teddy; un estado emocional que va cayendo como por uno de los acantilados de la isla. Dato curioso: uno de las terribles evocaciones incluye el asesinato de un militar nazi de alto rango. DiCaprio estuvo por interpretar al Coronel Hans Landa en Bastardos sin Gloria, pero al final lo hizo el austríaco Christophe Waltz, que ya tiene el Oscar ganado.

    Volviendo a La Isla Siniestra, Scorsese da clases de cómo generar clima. Los nada lindos internos (muchos de ellos no eran actores sino pacientes en la vida real), los pasillos, el derruido cementerio, los guardias de seguridad, la tormenta, los gritos, contribuyen a que ni Teddy ni el espectador jamás puedan sentirse cómodos. Se nota la influencia de las películas de Val Lewton. Durante los años 40, este prolífico productor supo darnos obras como La Marca de la Pantera —a la que Scorsese pone a la altura de El Ciudadano, de Orson Welles— y Yo Dormí con un Zombie, ambas dirigidas por Jacques Tourner, donde se provocaba terror mediante ambientaciones calculadas y sombras misteriosas. Otras viejas joyas que de una u otra manera dicen presente: Delirio de Pasiones, de Sam Fuller; El Embajador del Miedo, de John Frankenheimer; El Huevo de la Serpiente, de Ingmar Bergman, y policiales de los ’40 y ’50. Es más: a M. S. sólo le faltó filmar en blanco y negro. Otras citas remiten a un film más cercano en el tiempo: El Silencio de los Inocentes, sobre todo cuando Teddy se interna en el laberíntico pabellón de los pacientes más peligrosos, similar al que albergaba a Hannibal Lecter. Y no sólo eso: Ted Levine, el asesino serial Búfalo Bill en la película de Jonathan Demme, aquí encarna a uno de los guardias. Hay otro chiste parecido: el actor John Carroll Lynch (otro de los guardias) formó parte de Zodíaco. ¿Su rol? Adivinen.

    La Isla Siniestra remite también a otras películas, pero nombrarlas sería arruinarles muchas vueltas de tuerca. Espero que el siguiente dato no dé ninguna pista: el tándem director-actor que casi lleva adelante el proyecto antes que Scorsese-DiCaprio iba a ser... David Fincher-Brad Pitt. Listo, ni una pista más.

    M. S. no está solo, sus colaboradores fetiche siguen a su lado, dispuestos a darle forma a la locura. La tenebrosa Ashcliffe representa otro soberbio trabajo del diseñador de producción Dante Ferreti, convirtiéndola en un personaje más. El director de fotografía Robert Richardson se encarga de la pensadísima iluminación, por momentos sombría, por momentos no tanto, pero nunca tranquilizadora. El público podrá notar problemas de raccord en la edición, llamativas en el sentido equivocado; pero si tenemos en cuenta que la montajista es Thelma Schoonmaker podemos suponer que es todo parte de un plan maestro para plasmar el anormal estado anímico de Teddy.

    Unas suaves pero poderosas pinceladas nos pintan un marco histórico —la década del 50— en el que surgieron la televisión, la Guerra Fría (por ende, la paranoia comunista), los avances médicos y científicos... Y los fantasmas de postguerra dando vueltas por ahí. Eso contribuye a la sensación de temor e inseguridad que impregnaba a todos los Estados Unidos.

    DiCaprio vuelve a demostrar por qué es tan exitosa su unión a Scorsese. El director sabe hacer que actúe de manera más contenida e introspectiva, con momentos de explosión. Teddy es un personaje torturado, en medio de un imparable descenso a los infiernos. El prototípico personaje scorsesiano: un ser que carga con una cruz —propia y/o ajena—, un ser presa de sus demonios internos, que difícilmente pueda tener chances de redimirse. Un importante crecimiento profesional el de Leo, que años atrás solía caer en la sobreactuación.

    Por enésima vez, Mark Ruffalo interpreta a un agente de la ley, pero siempre sus caracterizaciones fueron distintas entre sí, lo que habla muy bien de él. Y pensar que para el papel de Chuck originalmente fueron considerados Robert Downey Jr. y Josh Brolin. Ben Kingsley no para de demostrar que es uno de los mejores actores vivos. Aquí le pone el cuerpo al Dr. John Cawley, el jefe médico de Ashcliffe. Tanto él como el Dr. Naehring (inoxidable Max von Sydow), un enigmático psiquiatra alemán, pueden estar involucrados en asuntos tan siniestros como la isla Shutter. La inglesa Emily Mortimer la tiene difícil metiéndose en la piel de Rachel, la paciente que cree no haber matado a sus hijos y piensa que las demás personas de la institución son sus vecinos, pero su labor es contundente. Michelle Williams, como la esposa de Teddy, hace uno de sus mejores y más complejos trabajos, a pesar de que generalmente aparece en visiones. También hay participaciones más pequeñas pero importantes de la eternamente subvalorada Patricia Clarkson, Elias Koteas (igualito a Robert De Niro, más que nada en Frankenstein, debido a una cicatriz que le cruza la cara), y Jackie Earle Haley. Este ex niño actor viene de romperla como Rorschach en esa maravilla que es Watchmen: Los Vigilantes, y pronto lo veremos haciendo de Freddy Krueger en Pesadilla en la Calle Elm, nueva versión de Pesadilla en los Profundo de la Noche.

    Más allá de ser un thriller de suspenso superentretenido, repleto de giros argumentales (algunos entran en la categoría de Trampas, pero están tan bien ejecutados que no molestan), La Isla Siniestra es una experiencia perturbadora, un viaje a lo más tenebroso de nosotros mismos. Una película que habla de la locura contada desde el ojo del huracán de la locura. Es inquietante saber cómo determinados hechos y personas provocan que un ser humano pierda la razón. ¿Es posible tratar una enfermedad mental? ¿Es posible escapatoria alguna? Mejor nunca tener que preguntarnos esas cosas. Mejor nunca terminar en Shutter Island.
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  • Alicia en el país de las maravillas
    Tim Burton es sinónimo de cuento de hadas cinematográfico. Ya en su ópera prima, La Gran Aventura de Pee Wee, e incluso desde sus cortos (Vincent, en homenaje a su ídolo Vincent Price, y Frankenweenie), desde allí es posible rastrear las obsesiones que aquejan a este maestro del cine: personajes marginales, incapaces de sentirse cómodos en el mundo que los rodea; los adultos como sinónimo de autoridad y frialdad; y, por sobre todo, universos mágicos, a veces agradables, a veces tenebrosos, pero siempre impredecibles, colmados de fantasía y sorpresa.

    Tim Burton es un director fiel a sí mismo. Un artista de talento indiscutible, incapaz que darle a su público algo mediocre. Incluso sus películas consideradas menores son grandes espectáculos que vale la pena disfrutar. En ese sentido, Burton forma parte de ese Monte Olimpo conformado por Steven Spielberg, David Cronenberg, Martin Scorsese, Peter Jackson, Sam Raimi, Guillermo del Toro, Baz Luhrmann, Alfonso Cuarón, Paul Greengrass, Christopher Nolan y James Cameron (sólo por nombrar a los contemporáneos). Sus films menos buenos son mejores que los de otros cineastas.

    En Alicia en el País de las Maravillas, el enorme Tim vuelve a validar su capacidad para asombrarnos.

    Pero antes de seguir con él y con su flamante opus, conviene remontarnos brevemente al primer genio detrás del asunto.

    Lewis Carroll (1832-1898), por entonces un simple profesor de Matemáticas, le relató una primitiva versión de Alicia en el País de las Maravillas para entretener a las hermanas Liddel, una pequeñas amigas, ya que se llevaba mejor con los niños. El personaje del título se basaba en Alicia, una de las hermanitas, quien además lo convenció de convertir el cuento en un libro. Carroll (nombre verdadero: Charles Lutwidge Dodgson) le ido el gusto, y se despachó con las aventuras de una niña que accede a un Universo de lógica invertida, repleto de animales que se comportan como personas y miles de otros delirios, que escondían elementos de sátira social victoriana y juegos de palabras. Imposible olvidar a personajes como el Conejo Blanco, el Sobrerero, el Gato de Cheshire, la Liebre de Marzo, la Oruga Azul... De hecho, no pocos recuerdan más los personajes o situaciones específicas más que el todo completo. Publicado en 1865, el libro se convirtió en un exitazo. En 1971, Carroll publicó su continuación, Alicia a Través del Espejo, en donde se sumaban más personas, como Tweedledum y Tweedledee.

    Con el tiempo, Alicia en el País de las Maravillas conoció adaptaciones teatrales, televisivas y cinematográficas. Dentro de este grupo, la más famosa es la versión animada made in Disney, de 1951.

    Burton nunca fue fanático de esa película, así que ahora podemos conocer su óptica del asunto, que resulta original desde el guión: no es una adaptación fiel de los textos de Carroll, sino una suerte de secuela ubicada más adelante en el tiempo. Alicia ya no es una niña sino una joven de 19 años, que, luego de rechazar una propuesta de matrimonio, regresa al mundo subterráneo pese a que no recuerda ni a quienes lo habitan ni las aventuras vividas en su infancia. Tenemos en esta Alicia al típico personaje del realizador: un pez fuera del agua en esa predecible y monótona Inglaterra victoriana, mundo real, tan carente de asombro y tan saturado de leyes. Una estupenda labor la de Linda Woolverton al darle un marco histórico preciso a este nuevo enfoque. Según Burton: "El objetivo es tratar de hacer una película atractiva, donde haya un poco de la psicología y el carácter clásico de Alicia, pero al mismo tiempo aportando frescura a la historia". Los fanáticos puristas de Carroll pueden llegar a sentirse ofendidos, pero sin duda gozarán de las constantes y bien utilizadas referencias a los libros, sobre todo al principio de la película.

    En cuanto al País de las Maravillas, un perfecto matrimonio entre arte, fotografía y efectos especiales por computadora, donde no faltan los árboles retorcidos que tanto le gustan a Tim. Un soberbio trabajo visual que nunca está por encima de la narración sino que la enriquece, como debería ser siempre en toda película.

    Se sabe que Burton es fanático del artista surrealista checo Jan Švankmajer, quien supo adaptar la obra de Carroll en Alice, hecha con animación stop-motion. Es difícil relacionar ambas versiones, pero podemos notar en T. B. una pasión por hacer que los objetos y los paisajes luzcan como si hubieran sido creados de manera artesanal, igual que quien pinta un lienzo. Por supuesto, la música de Danny Elfman siempre es el complemento ideal con otra de sus majestuosas partituras.

    Scorsese-De Niro (ahora Scorsese-DiCaprio), Fellini-Mastroianni, Truffaut-Léaud, son legendarias las duplas director-actor. El tándem Burton-Depp encaja perfectamente en esa tradición, como ya lo demostró en seis —siete con esta— gemas a 24 cuadros por segundo. Lo cierto es que Johnny D. se transforma en el Sombrerero, que aquí tiene un papel más estelar que en los libros de Carroll, y es un sujeto bipolar. El actor confesó haberse inspirado en el hecho de que los sombrereros reales del siglo XIX se envenenaban con mercurio por el trabajo, y como consecuencia sufrían desdoblamiento de personalidad. Lo cierto es que el Sombrerero (al que con el tiempo se le agregó el muy atinado adjetivo de "loco”) remite a otro antihéroe burtoniano: Beetlejuice, aquel excéntrico bio-exorcista encarnado por Michael Keaton en Beetlejuice: El Superfantasma. Un personaje del que se podía esperar cualquier cosa, desde una sonrisa hasta una patada. Sería como un Beetlejuice con Prozac. Se puede pensar que Depp se roba la película con su papel, pero, si bien lo suyo es sublime, nunca está por encima de los otros personajes. Por eso el perfecto equilibrio entre cada elemento hace que la película funcione como un reloj (Casualmente, aparecen bastante relojes a lo largo de los 109 minutos).

    Los actores secundarios tampoco tienen desperdicio. Helena Bonham Carter, señora Burton y parte del elenco estable de su marido, inspira autoridad y un poco de lástima con su caracterización de la Reina Roja, quien no deja de mandar a decapitar criaturas. Anne Hathaway bordea la sobreactuación con su Reina Blanca, pero logra zafar. Crispin Glover se luce haciendo de la Sota de Corazones, feroz lugarteniente de la Reina Roja. Dato curioso: Crispin fue la primera opción de Burton para hacer de Edward en El Joven Manos de Tijera. Si pueden ver la versión subtitulada también podrán apreciar las voces de Stephen Fry (el Gato de Cheshire), Michael Sheen (el Conejo Blanco), Alan Rickman (La Oruga Azul), Michael Gough (Dodo) y Christopher Lee (el temible Jabberwocky).

    ¿Y Alicia? La australiana Mia Wasikowska cumple con su labor. Es convincente como chica descontenta y confundida, pero también en su faceta de guerrera. Tiene una carrera encaminada la Wasikowska, ya que pronto se la verá en lo nuevo de Gus Van Sant, otro gran director especialista en personajes marginales.

    La película fue hecha para ser vista en tercera dimensión. Dicha tecnología no resulta invasiva ni hace que el poderío de las imágenes opaque todo lo demás, sino que le suma de manera saludable al film. Lo contrario a Avatar, que sin el 3D hubiera sido una película del montón. Además, Burton siempre es más genuinamente emocional y menos pretencioso que Cameron.

    Se dice que Alicia en el País de las Maravillas será postulada al Oscar 2011, lo que sería más que merecido. T. B. es uno de los eternos olvidados por la Academia, que debió reconocerlo por su trabajo en El Gran Pez, especialmente. Ojalá eso esté por cambiar.

    Esperemos que los meses pasen rápido así podemos disfrutar de Frankenweenie, basada en el mencionado corto.

    Mientras, a gozar en este flamante País de las Maravillas que sólo nos puede regalar un visionario, un genio absoluto, como lo es Tim Burton.
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  • Desde mi cielo
    Desde mi cielo
    A Sala Llena
    En Desde mi Cielo, Peter Jackson vuelve a demostrar que es uno de los directores más audaces dando vueltas.

    Allá por los ’80, en su Nueva Zelanda natal, con una vieja cámara de 16mm y algunos amigos, filmó durante cuatro años Mal Gusto, acerca de un extravagante grupo de Élite enfrentándose a alienígenas que quieren hacer hamburguesas con humanos. Piensen: Nueva Zelanda, un pequeño país con nula tradición cinematográfica, y menos en cuanto a cine fantástico. Así y todo Mal Gusto fue un éxito internacional. Luego, Meet the Febles (por favor, no dejen de pinchar aquí), una sátira de Los Muppets, pero repleta de sexo, drogas y excesos. ¿Cuántas personas hacen una película toda hecha con títeres, y encima de contenido políticamente incorrecto? (Bueno, más acá en el tiempo la hazaña fue repetida en Team America, aunque ahí usaron marionetas). En los ’90 nos dio Muertos de Miedo (título original: Braindead), un delirio con zombies, considerada por mucho tiempo como la película más sangrienta de la historia. Cuando ya muchos lo coronaban como el nuevo Rey del Gore, Peter J. tomó otro camino y se despachó con Criaturas Celestiales, la historia real de dos amigas que mataron a la madre de una de ellas. Con este gran film accedió al mote de los directores “serios”, adorados por los críticos que solían desdeñar sus epopeyas sanguinolentas. Parecía que el otrora Genio de las Tripas se dedicaría a films raros pero de qualité, pero otra vez arriesgó. Muertos de Miedo (Título original The Frighteners) era una comedia de terror producida por Robert Zemeckis y protagonizada por Michael J. Fox antes de que el Mal de Parkinson le impidiera trabajar con regularidad. Pese al poco éxito, Jackson logró lo que muchos de decretaban imposible: filmar tres películas con un presupuesto multimillonario y basadas en tres libros clásicos de fantasía, que habían sido llevados al cine con escasa suerte en un olvidado largometraje de animación. P. J. tuvo mejor fortuna, ya que la trilogía de El Señor de los Anillos recaudó millones y ganó muchos premios Oscar. Mientras los demás empezaban a filmar películas similares, con batallas épicas y seres mágicos, Jackson se la volvió a jugar y filmó una nueva versión del clásico intocable que lo marcó de niño. Su enfoque de King Kong fue más extenso y desarrollado que el original de 1933 —y ni hablemos de la remake de 1976—, una historia de amor condenada desde el vamos, pero con resultados soberbios desde lo artístico.

    Peter Jackson arriesgó siempre.

    Y lo sigue haciendo.

    Es como el Sargento James de Vivir al Límite: un tipo al que no le molesta tirarse por el acantilado para obtener la grandeza.

    Desde..., un producto más intimista que los tanques que venía dirigiendo, nos presenta un mundo único, un Limbo que es una suerte de Paraíso, un universo de ensueño, donde las cataratas se juntan con los maizales. Un mundo pleno de lirismo. Otra virtud del director: siempre usa los efectos especiales al servicio de la historia, no al revés.

    Lo cierto es que la película es un producto novedoso, atípico, diferente a lo que se viene estrenando... pero también podría haber sido mucho mejor. Si toda el film hubiera sido contado única y exclusivamente desde el punto de vista de Susie, y si se eliminaran elementos de comedia no del todo bien puestos, sería una de las obras maestras de la cinematografía mundial. Incluso la subtrama policial podría haberse contado así. En cambio, el punto de vista varía de un personaje a otro, y eso le termina restando.

    Desde... tiene un antecedente directo: la producción inglesa Sueños Alterados, ópera prima de Bernard Rose, director de Candyman: El Dominio de la Mente y Amada Inmortal. Estrenada en 1988, Sueños... contaba cómo Anna, una preadolescente que debe permanecer postrada en su casa, puede ingresar en el mundo onírico que suele dibujar. Un mundo donde todo parece andar bien... pero hay una amenaza cerca. Sueños... es una fábula más siniestra y menos visualmente imaginativa que la obra de Jackson, pero bien vale como un antecedente muy interesante. Aquí tienen principio de la película.

    En cuanto a las actuaciones, ya mucho se habló de la inquietante labor de Stanley Tucci, que le valió una largamente merecida nominación al Oscar. Lástima que compita con Christophe Waltz... (Atención actores o aspirantes: si quieren ser nominados al Oscar, y hasta ganar la estatuilla, al Mejor Actor de Reparto, interpreten a asesinos sádicos y despiadados. Si no fíjense en Javier Bardem y en Heath Ledger).

    Seguro llamará la atención la extraña muerte de unos de los personajes principales, y no hablamos de Susie. Si bien Peter J. ganó millones de dólares y de premios, tuvo que hacer una concesión cuando el primer corte fue mostrado en las proyecciones de prueba. El público quería más violencia y sufrimiento. Y Jackson les hizo caso.

    Desde... tuvo críticas muy dispares en todo el mundo. Sobre ese tema, el director dijo: "Me gusta que el público reaccione de forma diferente, no me gusta acotar los filmes para un determinado tipo de audiencia. Y esta película me gusta porque es difícil de clasificar. Estoy orgulloso de esto".

    Luego de ver Desde..., será difícil no imaginar cómo sería nuestro Limbo personal. Pero también es mejor recordar que seguimos aquí, y que a la vida, pese a los incontables problemas, vale la pena ser vivida. De hecho... ¿qué hacen acá leyendo esto? ¡Salgan ahora! ¡Vivan, amigos, vivan!
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  • El Hombre Lobo
    El Hombre Lobo
    A Sala Llena
    (Uh, linda noche para ponerse a escribir esta nota. Por algo dicen que soy el especialista den hombres lobos. No sé si es tan así. Una vez escribí una muy completa. Esperemos que esta quede buena. Bueno, empecemos... ¿Cómo puedo?... eh... ¡Listo, ya sé!)

    “Incluso un hombre que es puro en corazón / Y dice sus rezos en la noche / Puede convertirse en un lobo cuando la belladona (o "azote de lobos") florece / Y la luna de otoño brille”.

    Algo de historia

    El hombre lobo siempre fue uno de los monstruos clásicos más atípicos. No tiene un origen literario, como Drácula y Frankenstein. No es un personaje romántico, como la Momia.

    El “Wolfman” es un ser cien por ciento bestial.

    Las historias sobre este ser pueden rastrearse en diversas culturas desde tiempos inmemoriales, incluso antes de Cristo. De cualquier manera, y salvo por algunos detalles, la leyenda es siempre la misma: una persona que bajo el influjo de la luna llena, se convierte en un ser mitad humano mitad lobo. A este proceso se lo conoce como licantropía, expresión que proviene del latín lycanthropus, que a su vez viene del griego antiguo: lýkos (Lobo) y ánthrpos (Hombre). También se conoce como licantropía a una enfermedad mental, en la que el paciente cree transformarse en una criatura de la noche. Y siguiendo con las enfermedades, también está la Hipertricosis Universal Congénita —conocida como el Síndrome del Hombre Lobo—, que provoca el crecimiento de vello en todo el cuerpo, incluyendo la cara.

    Sin duda, el mito siempre sirvió para hablar de nuestro lado más salvaje, de nuestros impulsos más primitivos y peligrosos.

    La primera vez que el cine le dio espacio a nuestro amigo peludo fue en 1913. El cortometraje The Werewolf contaba como la vengativa bruja de una tribu Navajo lanza una maldición que da origen al bicho del título.

    El primer largometraje del tema fue El Lobo Humano (título original: Werewolf in London), de 1935. Es este film de Stuart Walker, un científico (Henry Hull) adquiría el mal lobuno buscando una flor exótica en el Himalaya.

    Pero la bestia recién se hizo popular en 1944 gracias al éxito de El Lobo Humano (título original: The Wolfman), de George Waggner. Es esta primera incursión licantrópica de la Universal —por entonces sinónimo de clásicos del terror—, Lawrence Talbot (Lon Chaney Jr.), es mordido por ya-se-imaginan qué y cada vez que sale la luna llena, como bien dice la cita que encabeza esta nota... Bueno, ni hace falta que lo diga. La única solución posible: dispararle con una bala de plata. Chaney Jr. siguió haciendo de lobo y de otros mostros en otras producciones de la Universal.

    Durante las décadas siguientes, el subgénero fue progresando. En los ’50, un joven Michael Landon (Se acuerdan de Michael Landon, ¿verdad?) protagonizó El Monstruo Adolescente. 1961 nos trajo La Maldición del Hombre Lobo, única pero espectacular incursión de la productora inglesa Hammer en el terreno lobuno. Vale la pena detenerse en este film, dirigido por Terence Fisher. Aquí, el joven León (Oliver Reed) no se convierte en asesino salvaje porque lo hayan mordido, como solía suceder en la mayoría de estas películas: era producto de una violación. Y León convertido aparecía lo justo y necesario, nunca de manera gratuita. En realidad, La Maldición... es más una tragedia que una de horror, un drama acerca de una familia conviviendo con el horror a pesar del terrible e inevitable destino.

    Enseguida surgieron exponentes también en territorios de hablahispana. El recientemente fallecido Jacinto Molina (mundialmente conocido como Paul Naschy) estrenó en 1967 La Marca del Hombre Lobo. Allí interpretó por primera vez al Waldemar Daninsky, una bestia peluda que seguiría apareciendo en las secuelas del film, como La Noche de Walpurgis. Además, La Marca... dio inicio a la época de oro del cine de terror en España.

    En 1975, Argentina tuvo su representante gracias a Nazareno Cruz y el Lobo, una de las obras cumbres de Leonardo Favio. Aquí no había despliegue de FX ni convencionalismos. Al igual que La Maldición..., era una tragedia acerca de Nazareno (Juan José Camero) el séptimo hijo varón que, como dice la leyenda, termina convertido en el Lobizón cuando se enamora de Griselda (Marina Magalí), una hermosa muchacha del lugar. En esta gran fábula también aparece Alfredo Alcón como el mismísimo Diablo.

    La revolución llegó en 1981. Es cierto que Aullidos y Un Hombre Lobo Americano en Londres son películas distintas. La primera lleva el sello de su director, el enorme Joe Dante —esto es: citas cinéfilas, humor negro, sátira social, Dick Miller como actor fetiche—; en cambio, el film de John Landis tiene bastante humor absurdo, propios del otrora realizador de Colegio de Animales y Los Hermanos Caradura, pero con momentos de terror puro y duro. Sin embargo, ambas joyas mostraban bichos que ya no eran actores maquillados con pelos en la cara ni uñas postizas sino seres más lobunos que humanos: hocicos bien largos, colmillos y zarpas que paralizan con sólo verlos... ¡Y ni hablar de las terroríficas e innovadoras escenas de metamorfosis! (pinchen aquí y aquí). La leyenda viviente de los FX de maquillaje Rick Baker estuvo involucrado en las dos películas. Sabía muy bien que quería fabricar un nuevo tipo de morphing usando cámaras de aire, receta que le pasó su mentor, el reconocido Dick Smith. Estaba por empezar en Aullidos cuando recibió un llamado de su amigote Landis para trabajar en el proyecto licantrópico pensado diez años atrás. Entonces se fue para Un Hombre..., aunque dejó a cargo a su discípulo, el futuro talento Rob Bottin. Si bien Bottin tiene el crédito por los monstruos de Aullidos, los verdaderos responsables de lo que se vio en pantalla fueron los hermanos Jeff y Steve Shank, productores de efectos. Más allá de un montón de puntos en comparación, las dos películas son grandes clásicos del cine en general. Ah, Baker ganó el primer Oscar de su carrera por su soberbio trabajo en Un Hombre... cuando recibió un llamado de su amigote Landis para trabajar en el proyecto licantrópico pensado diez años atrás. Entonces se fue para

    Más tarde llegaron las interesantes y olvidadas Wolfen, y En Compañía de Lobos. Un Michael Fox pre-Marty McFly se puso peludo (y no por exceso de autosatisfacción sexual) en la divertida comedia Muchacho Lobo, de 1984. Tres años después hubo una segunda parte, Muchacho Lobo 2, protagonizada por el ex ídolo juvenil y hoy actor respetado Jason Bateman.

    Ya en los ’90 nos dieron la innecesaria y pretenciosa Lobo, con Jack Nicholson sobreactuando como de costumbre (maquillaje de Rick Baker, aunque más convencional) y Un Hombre Lobo Americano en París, pobre secuela de la obra de Landis, y encima con lobos hechos con una por entonces pobre animación digital.

    El siglo XXI trajo licántropos incluso en películas que no los tenían como tema central. La Marca de la Bestia, de Wes Craven, prometía demasiado, pero resultó un desastre, en parte porque los productores de Dimension Films obligaron al director a filmar casi todo de nuevo. Sí vale destacar la curiosa producción canadiense Ginger Snaps: La Posesión (que generó una secuela y una precuela), y la inglesa Dog Soldiers. Para empezar, ninguna de las dos películas abusaba de la tecnología computada. La saga de Inframundo también supo darle un lugar destacado a estos animalitos.

    La nueva oportunidad para este gran monstruos velludo ha llegado. Y para eso hay que remontarse a aquel clásico con Lon Chaney Jr. Sí, otra remake entre nosotros.

    (Uy, cómo me pica todo el cuerpo. Humm, huele a churrasco de cuadril. ¿y ese ruido? ¿Un alfiler? Mis sentidos están a full en noches así. Bueno, sigamos)

    La maldición

    El Hombre Lobo, la nueva versión de El Lobo Humano de la Universal, parecía condenado a ser un film maldito, y no por el horrible ser del título.

    La producción arrancó en 2007. Benicio del Toro no sólo sería el actor principal sino uno de los productores. El director elegida originalmente fue Mark Romanek, quien supo estremecer con Retratos de una Obsesión y dirigió miles de videoclips. El guión estuvo a cargo de Andrew Kevin Walker, que se hizo famoso por escribir Pecados Capitales y La Leyenda del Jinete sin Cabeza. Al asunto se sumaron Anthony Hopkins, Emily Blunt y Hugo Weaving. Todo parecía ir bien, hasta que Romanek renunció por las típicas diferencias creativas con el estudio. Universal salió enseguida a buscar un reemplazante. Sonaron nombres como Frank Darabont, James Mangold, Bill Condon, Martin Campbell, Guillermo del Toro y Breck Eisner, pero al final quedó Joe Johnston. Nacido en 1950 en Texas, Johnston empezó trabajando en el departamento de arte y en efectos especiales para George Lucas y Steven Spielberg. Su debut como director fue Querida, Encogí a los Niños. Luego vinieron Rocketer, Jumanji, Cielo de Octubre, Jurassic Park 3 y Océano de Fuego. Sus películas no son geniales, pero tampoco desastrosas, y siempre entretienen.

    El guión también sufrió cambios, esta vez de la mano de David Self. Self escribió maravillas como Camino a la Perdición y Trece Días, pero mejor olvidar su incursión en el género fantástico: La Maldición, aquel insulto al cine de miedo que perpetrara el holandés Jan De Bont.

    Una vez que la película estuvo terminada, la fecha de estreno se pateó innumerables veces desde 2008, debido a los constantes cambios, ya que filmaron escenas nuevas, modificaron el aspecto de unos de los monstruos y remontaron algunas partes (para eso acudieron al experimentado Walter Murch).

    Pero el resultado final ya está en los cines.

    ¿Qué salió de todo ese lío?

    (Estoy transpirando demasiado. No, el aire acondicionado funciona. ¿Entonces? ¡Aaaaaagggggggg! Qué dolor, Dios. Siento que el cuerpo se me quiere contorsionar... Mis piernas... Mis brazos... ¡Aaagggg!... La picazón en las orejas.... ¡Uuuffff!... Mejor sigo escribiendo.... que... ¡Auggggg!... que todavía no puse nada de la película)


    Ahora sí, la película

    Salvo por algunos cambios y subtramas necesarios, El Hombre Lobo sigue de cerca de la peli en la que se basa.

    1891. Luego de años viviendo en Estados Unidos, el actor Lawrence Talbot (Benicio del Toro) vuelve a su residencia familiar en Inglaterra. Un trauma familiar lo alejó de allí de pequeño, pero la violenta muerte de su hermano lo obliga a regresar y a reencontrarse con su padre (Anthony Hopkins), a quien no ve hace mucho. También conoce a Gwen (Emily Blunt), su otrora cuñada, quien tampoco puede creer el horror de lo sucedido. Un horror que no termina ahí: en una noche de luna llena, en medio del bosque, y tratando de averiguar qué sucedió con su hermano, Lawrence es atacado por una bestia. Y a esta altura de la nota ya saben cuáles son las consecuencias. El ya de por sí atormentado Larry sufre cambios en su físico y en su conducta, y encima debe buscar al monstruo que lo infectó, ya que tiene intenciones aún más terribles.

    A pesar de los problemas de producción, la puesta al día de otro clásico pasó el examen con un sobresaliente. No es genial, pero tiene varias virtudes.

    El maquillaje del monstruo es un muy logrado homenaje al creado por Jack Pierce para la obra de Waggner (cara peluda, garras, colmillos). Aunque el lobezno también suele correr en cuatro patas, como los licántropos del cine moderno. El responsable de tan magnífica tarea no es otro que Rick Baker. De hecho, confesó que la película original lo influyó de niño a dedicarse a los efectos especiales de maquillaje. Según Baker, tomaba tres horas hacer que Benicio quedara hecho un lobo, y que no costó tanto ya que el actor era de por sí muy velludo. Eso sí: para las escenas de metamorfosis se usó CGI, cosa que a Baker no le gusta demasiado. ¡Atentos a la aparición de R. B. como una víctima de su propia creación!

    Llama la atención —en el mejor de los sentidos— la inclusión de muertes sangrientas, algo que las superproducciones de Hollywood tratan de evitar o disfrazar con trucos visuales. Podemos ver a la bestia arrancando brazos, rebanando cabezas, destrozando personas como si fueran ciervos.

    A la manera del Drácula de Coppola en su momento, El Hombre Lobo incorpora elementos de otros hits del subgénero lobuno. La criatura, como dijimos, suele correr en cuatro patas, como la de Un Hombre Lobo Americano en Londres; en un momento anda suelta por la ciudad y huye por los techos de las casas, igual que Oliver Reed en La Maldición del Hombre Lobo...

    Pero el mayor acierto del guión y de la dirección está en el tono de tragedia griega, de drama familiar propio de los mejores de estos films.

    Haciendo un análisis más profundo, El Hombre Lobo es la historia de la tensa relación —o directamente, de la no-relación— entre un padre y un hijo. Un oscuro hecho del pasado hizo que se distanciaran y que el amor que alguna vez los unió —si alguna vez existió— muriera para siempre. Y el reencuentro tiene como marco un nuevo episodio fatídico, del que tal vez ninguno salga ileso. Esta clase de elementos pueden rastrearse en dramas a secas, como Días de Furia (título argentino de Afliction, de Paul Schrader), aunque el cine fantástico también supo darle su lugar: la saga de La Guerra de las Galaxias, sobre todo El Imperio Contraataca, y la subvalorada Hulk de Ang Lee. En ambos casos, los protagonistas descubrían que sus némesis eran sus propios padres. Joe Johnston no aborda el tema con tanta profundidad como Lee, pero jamás lo oculta, lo que es un gran acierto y le otorga una bienvenida complejidad a la historia, volviéndola algo más que unos cuantos sustos, muertes y persecuciones muy bien organizados.

    (CUIDADO: SOPA FRÍA O SPOILERS, COMO LES DIGAN) Porque en el final, no son sólo dos bestias humanoides las que se enfrentan hasta la muerte sino un padre y un hijo, dos seres de la misma sangre. Y eso no deja de ser un detalle perturbador y muy triste. (FIN DE SOPA FRÍA)

    El elenco da en la tecla con esta clima trágico. Benicio le da una carga de tormento y oscuridad a su Larry Talbot, un hombre torturado, condenado a un destino inevitable. No es la primera vez que el astro portorriqueño encarna a un ser peludo. Hizo de un hombre perro en El Circo de Pee Wee... y del “Che” Guevara en el díptico de Steven Soderberg. ¿Ah, eso último no cuenta?

    Como en otras veces, por momentos da la impresión de que Anthony Hopkins actúa en piloto automático, pero también acierta con el toque sombrío de su personaje. Lo bueno del galés es que nunca sobreactúa, siempre está medido.

    Emily Blunt sufre todo el tiempo. Aunque este no sea uno de sus mejores trabajos, sigue estando sobria y también muy hermosa, incluso cuando aparece desaliñada.

    El australiano Hugo Weaving tiene el rol del inspector Abberline, de Scotland Yard, quien llega para hacerse cargo de la investigación de una serie de brutales asesinatos. Da la impresión de que el actor (que en realidad nació en Nigeria) podría haber estado más aprovechado. Sin embargo, sus intervenciones siempre son bienvenidas, no importa la clase de películas en las que decida estar.

    No olvidemos mencionar a la inefable Geraldine Chaplin haciendo de Maleva, una excéntrica gitana. Se ve que el werewolf era menos temible que Maharbiz.

    Johnston no logra hacer la película de licántropos definitiva (como sí hizo Coppola con el mencionado vampiro más famoso), pero sale muy bien parado de un proyecto que parecía maldito.

    ¿Será el regreso al cine de los hombres lobos con toda la furia, alejados de los jovencitos de torso desnudo de la saga de Crepúsculo? Siempre hay espacio para to...

    (No puedo más. Un pelaje negro, duro, se abre paso por mi piel, destrozándola mi dentadura aaaagggg se desdobla se parte como si la trituraran y la estiraran igual que una masa y mis manos ooouuhhhh se rompen mis dedos y salen nuevos oscuros y filosos aaaaahhhhh la espalda aaaaauugggg se me arquea la espalda pero quiero seguir escribiendo todo como si uuhhhhh mi ropa de deshace en jirones aaaaggg aggggggg aaaaaaa aaaaaaaauuuuuuuuuuuu!!!! y quiero correr y destrozar y me giro para saltar por la ventana donde brilla la luna llena y escuchó algo a mis espaldas y me giro y está mi amigo Fabio y me apunta con una escopeta y rujo le muestro los colmillos y dice algo de balas de plata y gruño y le digo hablando a pesar de mi hocico que las noche de luna llena no son para mí y le digo que al menos no me dispare así pongo el puntaje a la crítica y que se deje subirla y...).
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  • Carne sobre carne
    Carne sobre carne
    A Sala Llena
    De todo se dijo acerca de Hilda Isabel Gorrindo, mejor conocida como Isabel Sarli, mejor conocida como “La Coca”. Bomba sexual. Figura pop. Morocha argentina por excelencia. Estrella internacional. Leyenda viviente. Diosa. Ícono.

    Pero estaba faltando una película que le hiciera justicia a ella y a Armando Bo, responsable de los films que generaron millones de dólares, trascendieron fronteras e inmortalizaron a ambos.

    El documental Carne sobre Carne llegó para cumplir esa función, para rendirle un merecido tributo a dos artistas que fueron maltratados y subvalorados durante mucho tiempo.

    Durante sus 95 minutos podemos adentrarnos en los comienzos de la Coca en el mundo del espectáculo, en cómo nació su vínculo laboral (y afectivo) con Mr. Bo en el film El Trueno entre las Hojas, y, sobre todo, en la interminable lucha de ambos contra la censura argentina entre fines de los ‘50 y principios de los ’80. Por ejemplo, con el fin de evitar el hachazo de quienes de autodenominaban Guardianes de los Valores Morales (que debían considerar los desnudos de la Coca como los más terribles actos de corrupción y desprestigio), Bo llegaba a aplicar efectos ópticos sobre las escenas de desnudo de Isabel; el clima psicodélico podía hacer más amena la cosa. Claro que la mayoría de las veces la censura no le perdonaba ni siquiera esta clase de creativos recursos, pero no impidió que Armando B. siguiera haciendo audaces melodramas con elementos sexuales y violentos, que muchas veces filmaba en co-producción y en parajes exóticos. A modo de revancha, Carne... nos regala escenas que en su momento fueron cortadas por su contenido sexual (por ejemplo, la de Una Mariposa en la Noche, repleta de travestidos, que incluye música de Alice Cooper, en la que significa la primera vez que un tema del rockero yanqui forma parte de un largometraje), y también fragmentos de películas perdidas, como India. Bo, muy precavido, supo guardar estas rarezas, tal vez sabiendo que la despiadada censura terminaría en algún momento.

    Sin bien el tema de la censura es uno de los principales, no es el único. Gracias a testimonios de la mismísima Isabel —admirada por directores internacionales, como John Waters y Pedro Almodóvar—, podemos conocer anécdotas de Armando Bo, de sus métodos de dirección extremos con tal de lograr el realismo que buscaba; entretelones de los rodajes de clásicos de la talla de Fuego, Carne (donde dice la antológica frase “¿Qué pretende usted de mí?”), y la indescriptible pero inolvidable Embrujada. También prestan sus testimonios el coreógrafo Adelco Lanza, quien hacía del amanerado mayordomo Manolo; Víctor Bo, aquí oficiando incluso de presentador; Fernando Martín Peña, Armando Bo nieto y técnicos que formaron parte de aquellos rodajes. Pero no todo es entrevistas e imágenes de archivo: sorprenden gratamente unas desopilantes dramatizaciones —en las que participan Gastón Pauls y Alex de la Iglesia, que personifica a un cineasta maravillado por el estilo vanguardista de Bo— y secuencias animadas, donde se ve a una Coca Sarli gigantesca, persiguiendo a los censores cual Godzilla con superpechos.

    Guionista, director, periodista de cine, pero cinéfilo por sobre todas las cosas, Diego Curubeto nació para parir Carne... Su amor por el material se siente en cada fotograma. Se nota en el tono entre respetuoso, informativo y humorístico. Hasta se da el gusto de aparecer en una de las mencionadas dramatizaciones.

    En conclusión: un homenaje que la Coca y Armando Bo merecían desde hace rato, y la posibilidad de por fin ver en pantalla las partes injustamente censuradas de sus creaciones.
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  • Vivir al límite
    Vivir al límite
    A Sala Llena
    La dama de hierro

    Por extraño que parezca, las mujeres directoras de cine siguen siendo vistas como especimenes aparte, que no merecen ser tomadas muy en serio. Sobre todo si se dedican a filmar películas propias del más varonil de los hombres, como films bélicos, de acción, thrillers, pero siempre con mucho contenido a la par de las explosiones.

    Tal es el caso de la talentosa Kathryn Ann Bigelow (San Carlos, California, 1951).

    Bigelow es hija del capo de una empresa de pinturas y de una bibliotecaria, lo que explica su temprano interés por las artes. Asistió al San Francisco Art Institute, y al tiempo ganó una beca en el programa Whitney del museo del mismo nombre, en Nueva York, donde terminaría exponiendo algunas de sus creaciones. Pero su interés por el cine la llevó a estudiar en la Universidad de Columbia. Allí tuvo como profesores a la escritora Susan Sontag, al escultor Ricard Serra y al director Milos Forman, entre otros. A través del séptimo arte, Bigelow pretendía llegar a más gente mediante una herramienta de transformación social.

    A pesar de haberse formado más en lo teórico que en la parte práctica del quehacer cinematográfico, su tesis consistió en filmar un corto: The Set-Up, de 1978. En los 17 minutos de duración se desarrolla una pelea de boxeo al tiempo que algunos filósofos miran y opinan. Allí ya están los temas que obsesionarían a la realizadora: la violencia y personajes dispuestos a ir hasta el final.

    En 1982 estrenó su primer largometraje: The Lovelees, en co-dirección con Monty Montgomery, amigo y socio de David Lynch. The Loveless es una peli de motoqueros al estilo de Busco mi Destino y El Salvaje, y ambientada en los ‘50. Vance, el protagonista, es un tipo border, que coquetea con el peligro. Un detalle para nada menor: Vance está interpretado por Willem Dafoe, en el que constituye su verdadero debut cinematográfico (venía de participar en la fallida superproducción de Michael Cimino Las Puertas del Cielo, de 1981, pero sin acreditar). Vean el trailer de The Loveless aquí.

    Pero el primero hit de la directora —hit pequeño, pero hit al fin— llegó en 1987. Cuando Cae la Oscuridad mostraba a un grupo de atípicos chupasangres sin colmillos ni capas: los quías se mueven en vehículos por la rutas de Estados Unidos, devorando a quien se les cruce. Como verán, tampoco hay nada de castillos ni terror gótico (nunca se pronuncia la palabra “vampiro”). De hecho, es más bien un western urbano con varios bebehemoglobina. En este inusual enfoque del vampirismo actúan leyendas vivientes como Lance Henriksen, Bill Paxton y Jenette Goldstein. Los tres venían de Alien: El Regreso, de James Cameron, quien tiene un papelito importante en la carrera y en la vida de la Bigelow (los detalles, dentro de unas líneas). Dato inútil: en Cuando... trabaja Joshua Miller, medio hermano de Jason Patric, quien participó en el otro golazo vampírico estrenado en 1987, Que No se Entere Mamá, curioso nombre que le pusieron en Argentina a The Lost Boys. Más data inútil: tanto Joshua Miller como Jason Patric son hijos de Jason Miller, el Padre Karras de El Exorcista.

    Volviendo a Kathryn Bigelow, al toque dirigió el videoclip del tema "Touched By The Hand Of God", de esa gran banda que es New Order.

    Comenzaron a llegarle propuestas de películas, pero ninguna le interesaba: “Cuando empecé, los únicos guiones que me daban eran comedias tontas con adolescentes. En ese momento era lo único que le daban a una directora. Como respuesta a eso elegí un camino totalmente opuesto. Quería dejar claro que yo quería hacer algo diferente”.

    Producida por Oliver Stone, en 1989 estrenó Testigo Fatal, su siguiente tour de force. Una oficial de policía (Jamie Lee Curtis) comienza a ser acechada por un psicótico (Ron Silver) que la vio cometer un asesinato en defensa propia. Su aparente sencillez esconde un thriller intenso y violento, con detalles escalofriantes, como cuando el asesino habla solo. Sí, otro personaje al límite.

    Luego de tantas obras de culto, le llegó el éxito con un film en el que siguen presentes sus obsesiones: Punto Límite, de 1991. La historia de Johnny Utah (Keanu Reeves, en un papel para el que audicionaron Johnny Depp, Charlie Sheen y Matthew Broderick) infiltrándose en una banda de surfers ladrones de bancos liderada por Bodhi (Patrick Swayze) generó un fanatismo especial por esta gema, que entra en la categoría de cool debido a su estética pop-roquera y a la música acorde (attenti al cameo de Anthony Kiedis, cantante de los Red Hot Chili Peppers). Pero, por sobre todas las cosas, es una gran película de acción en la que los códigos y las relaciones están por encima de los tiros y las persecuciones. Y Bodhi se convirtió en sinónimo de audacia. Tuvo una remake no oficial (je, je), veinte años más tarde: Rápido y Furioso, sólo que en lugar de surf habían picadas automovilísticas.

    Punto Límite tuvo a Cameron en el rol de productor ejecutivo. De hecho, él y Kathryn estuvieron casados desde 1989 hasta el ’91, cuando se divorciaron. Fue la única vez que la directora estuvo casada. En cambio, el pícaro de James iba por el tercero de cuatro divorcios. (Se nota que Cameron es en su vida igual que en su carrera: jamás hace las cosas a medias. “¿Noviazgo? Naaa. ¡Casémonos! Será un exitazo sin precedentes”. Bastante está durando con Suzy Amis).

    Pero la relación profesional entre ambos no decayó: J. C. co-escribió con Jay Cocks —habitual colaborador de Martin Scorsese— el film noir futurista Días Extraños, film de la Bigelow estrenado en 1995. Protagonizado por Ralph Fiennes, Angela Basset, Juliette Lewis y Tom Sizemore, mostraba un mundo al borde del Apocalipsis político y social a pocas horas de la llegada del siglo XXI. En el medio, racismo, violencia policial y el SQUID, un sistema de realidad virtual que permite vivir experiencias emocionantes y genera dependencia como cualquier droga. Días Extraños no fue un golazo, pero sigue siendo un fiel exponente de lo que Bigelow tienen en la cabeza (Eso sí: Cameron debería seguir más detrás de cámara y no tanto frente a la PC, al menos no sólo y sí acompañado por, por ejemplo, David Koepp o David Mamet). Los medios ingleses dijeron “es la película más violenta dirigida por una mujer”.

    Entre 1998 y 1999 dirigió tres capítulos de la serie Homicidio. Y estoy olvidando mencionar que en 1993 dirigió capítulos de la miniserie Wild Palms, en la que también estuvo metido Oliver Stone.

    Su siguiente película llegó en el 2000. El interesante y poco conocido thriller The Weight of Water es una intimista co-producción con Francia, que en un primer momento parece alejada de su obra. Sean Penn, Elizabeth Hurley, Catherine McCormack y Josh Lucas viajan a una isla para resolver un antiguo misterio. En el viaje surgirán tensiones y asuntos oscuros, que pueden desembocar en una tragedia. La directora también cuenta, al mismo tiempo, un episodio ocurrido años atrás en la isla, donde las cosas tampoco terminaron de la mejor manera. En este segmento “de época” se destacan Sarah Poley y Ciarán Hinds, entre otros.

    Luego de tan inquietante film, K. B. regresó al cine de alto presupuesto mediante la subvalorada K-19: The Widowmaker, y con un elenco encabezado por Harrison Ford, Liam Neeson y Peter Sarsgaard, acerca del primer submarino nuclear ruso. Sobre su elección del proyecto dijo en una entrevista: “Siempre he desarrollado mis propias historias. Las abordo desde dos direcciones: las imágenes que quiero plasmar y la personalidad y motivaciones profundas de los personajes. Después, trato de explotar al máximo la potencialidad de las situaciones que se desarrollan. Me siento atraída por historias duras, extremadas y viscerales en las que los personajes se redefinen a través de pruebas de fuego. En K-19 encontré una propuesta exacta a lo que ambiciono al hacer una película. Y a ello se sumó el beneficio de un ingente material documental, al tratarse de hechos reales que han estado ocultos hasta el colapso de la URSS”.

    La película es algo más que la prototípica del subgénero de submarinos gracias a momentos de tensión abrumadores. Basta con mencionar la secuencia en la que los tripulantes deben reparar el problema que submarino, exponiéndose a un alto nivel de radiación de los que saben que no podrán zafar por lo precario de sus trajes. Basada en un hecho real, K-19 dio pérdidas millonarias, y los críticos se burlaron del acento ruso del renacido Indiana Jones, pero sigue siendo un film cien por ciento Bigelow, que con el tiempo se vuelve cada vez más querible.

    Durante los años subsiguientes dirigió un capítulo de la efímera serie Karen Sisco y el corto de ocho minutos Mission Zero, un spot para Pirelli protagonizado por Uma Thurman, que podrán ver cliqueando aquí.

    Lo cierto es que, más allá de los fracasos económicos (que no artísticos) de sus films, Kathryn Bigelow tiene un prestigio ganado. El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante la llamó “la pintora de películas que sangran en la pantalla”. La crítica Pauline Kael afirmó que era una “autora enamorada de las posibilidades de la imagen”. También compararon su enfoque de la violencia con el de Sam Fuller, Sam Peckinpah y el mismísimo Scorsese.

    Elogios muy merecidos.

    Pero estaba faltando la película que terminara por ubicarla en el Monte Olimpo al que en realidad ya pertenece. La película que hiciera que el resto de los mortales por fin la tomara en serio.

    Ese opus magnum ya llegó.


    El Señor de la guerra

    Vivir al Límite (el acertado título que en este país eligieron para The Hurt Locker), sintetiza las obsesiones de Bigelow. Es más: la película abre con una frase del libro War is a Force that Gives Us Meaning, del corresponsal de guerra Chris Hedges: “The rush of battle is a potent and often lethal addiction, for war is a drug” (El ímpetu de la batalla es una potente y muy a menudo letal adicción, para la Guerra es una droga).

    Otra vez tenemos un personaje (el sargento William James) que disfruta de cruzar el borde. Es un tipo con las pelotas bien puestas, con pelotas del tamaño de tres continentes. Un tipo que está más allá del Bien y del Mal, según el filósofo. Un tipo que no puede vivir sin adrenalina. Un nivel de adrenalina que pasa a estar por encima de la vida de James. Como Bodhi de Punto Límite, pero elevado a la enécima potencia. Su relación con Beckham, un niño del lugar que vende DVDs piratas, permite mostrar algo de su humanidad, pero tal vez sea demasiado tarde.

    “El Sargento James representa un tipo de psicología muy concreta: está atraído por la guerra, por el combate y su ajetreo, por esas situaciones límite que te ponen en decisiones de vida o muerte más de una docena de veces al día”, comentó la directora, y añadió: “Es un personaje roto por las experiencias que ha vivido pero, por otra parte, es extraordinario en su especialidad, la desactivación de bombas. Lo que nos cuenta la película es que este personaje paga un precio enorme por su habilidad para hacer lo que pocos pueden”.

    Vivir al Límite es la tensión más absoluta hecha cine. Todo el tiempo parece que algo está por explotar, y no sólo bombas. Es imposible no sentirse incómodo, y no me refiero solamente a las secuencias en las que James debe adentrarse en los lugares más extraños para desactivar explosivos. Incluso las escenas más aparentemente tranquilas (charlas o bromas entre marines, los diálogos entre James y Beckham) poseen un nervio terrible, impensado. El espectador jamás podrá sentirse cómodo. Las actuaciones y las imagen logran transmitirlo a la perfección, con un estilo propio de un documental, como si la cámara se hubiera metido ahí sin pedir permiso, dispuesta a registrarlo todo, tan implacable y valerosa como James en el frente de batalla. De este logrado aspecto estuvo a cargo el director de fotografía Barry Ackroyd, habitual de Ken Loach y también de Paul Greengrass en Vuelo 93. Un auténtico esteta de la crudeza, el realismo y la inmediatez.

    Algo que Bigelow buscó desde el principio: “Quería que la audiencia tuviera una mirada experiencial sobre este conflicto, que sienta que es el cuarto hombre en el Humvee que tiene las botas en el terreno para sentir una aproximación a la guerra. Tratamos de hacerlo lo más realista posible".

    No es una película bélica. Sí, hay armas y explosiones y soldados, pero esencialmente es un drama en un contexto bélico. Un drama acerca de los hombres que deben permanecer en el frente. Un drama en donde nada queda explicitado, donde nada está muy dicho. Muestra, pero no explica. Por suerte. Fueron muchas voces las que criticaron a la Bigelow por no plasmar su postura sobre la guerra de Irak, ya que la película nunca dice “La guerra es mala” o “La guerra es buena” sino “Esto es la guerra, esto es lo que pasa cuando hay guerra, y así es como influye a quienes participan en ella”. Un proceder acertado por parte de la directora. Es comparable a lo hecho en su momento por Stanley Kubrik en Nacido para Matar: nunca se expresa descaradamente una visión sobre Vietnam, pero queda implícita al mostrar cómo la guerra va deshumanizando a los soldados, convirtiéndolos en asesinos. Un enfoque valiente y arriesgado, alejado de los panfletos sobrevalorados de Oliver Stone, empezando por Pelotón y Nacido el 4 de Julio (Y eso que Stone participó en la contienda y hasta fue condecorado).

    Por este mismo motivo también es posible trazar un paralelo entre Vivir al Límite y Avatar, más allá de que los directores de ambas estuvieron casados. Las dos películas hablan de la ocupación estadounidense en territorio desconocido y cómo esto afecta a los involucrados. Sin embargo, Vivir al Límite, una vez más, sale ganando porque no es burda ni recurre a fórmulas hartoconocidas ni cuenta con personajes estereotipados ni tiene una bajada de línea tan notoria. Ojo, todo más que bien con Avatar (el film más taquillero de la historia, desde hace unos días) y con Cameron, pero... Eso mismo: “Pero...”.

    Ya lo dijo Bigelow en su visita a la Argentina (más precisamente, a 23ª edición del Festival de Cine de Mar del Plata, donde la película abrió el evento): “Como directora, traté de dejar que el material hablara por sí solo”.

    Sí puede haber una comparación con Redacted, devastadora película de Brian De Palma, que cuenta las andanzas de soldados en Irak, pero valiéndose del recurso del falso documental. Los dos films se complementan, ya que abordan una mirada nada patriótica (pero tampoco crítica, sólo contemplativa) sobre la ocupación en Irak. Bravo por De Palma también.

    Vivir al Límite significa también la consagración de Jeremy Renner. Nacido en 1971 en Modesto, California —los pagos de George Lucas—, empezó su carrera en comerciales y luego en TV y cine, donde casi siempre hacía de chico malo. Hasta supo hacer del asesino serial caníbal Jeffrey Dahmer en una película biográfica. Después de papeles secundarios en Exterminio 2 y en El Asesinato de Jesse James por el Cobarde Robert Ford, Renner tiene aquí su gran oportunidad de lucirse como este Sargento dispuesto a todo sin importar las consecuencias. Una actuación intensa, exacta (ni exagerada ni tímida) para un personaje tan complejo y anticonvencional, para nada fácil de interpretar... sobre todo cuando debía vestir el traje especial bajo los 125 grados en Jordania, donde se llevó a cabo el rodaje. Su preparación consistió en dos semanas de entrenamiento con los verdaderos miembros de EOD: “En primer lugar me sorprendió, por falta de una palabra mejor, lo nerds que son. Son todos muy, muy inteligentes”. Esperemos que sea el despegue definitivo de Renner en Hollywood. Se dice que podría tener el papel de Hawkeye en la adaptación del comic Thor, que dirige Kenneth Branagh, y en la película de los Avengers, que reunirá a todos los superhéroes del universo Marvel. Y hasta hizo pruebas para protagonizar un inminente film de la saga de Mad Max.

    El elenco secundario tampoco tiene desperdicio. Las revelaciones vienen por el lado de Anthony Mackie y de Brian Geraghty como Sanborn y Eldridge, respectivamente; los cada vez más nerviosos compañeros de James (Vale recordar que Geraghty había participado en otra historia de milicos: Soldado Anónimo, de Sam Mendes). Hay pequeñas pero interesantes apariciones de Guy Pearce, Ralph Fiennes y David Morse. También anda por ahí Christian Camargo (el hermano de Dexter), y para los fanáticos de Lost, Evangeline Lilly.

    La idea de tener protagonistas desconocidos y a los más famosos en roles menores fue algo pensado desde el vamos por K. B.: “He trabajado con actores famosos como Willem Dafoe o Keanu Reeves, pero siempre al inicio de sus carreras: me gustan los rostros frescos y originales. En esta película, al escoger a actores desconocidos, el espectador no sabe quién va a morir y quién no. Por el contrario, si pones a Tom Cruise, el público sabe que ninguna bomba le va a hacer daño. Pero si rompes esta norma y matas a un actor conocido, le estás diciendo al espectador que puede pasar cualquier cosa. Y eso es importante para crear una atmósfera psicológica inestable que se corresponde con la información que teníamos sobre el terreno: todo es una amenaza potencial y no estás a salvo hasta que vuelves a casa”.

    Vivir al Límite fue escrita por Mark Boal, un periodista independiente que estuvo con los soldados en el frente. Sus textos, publicados en Rolling Stone y The Village Voice, dieron origen a La Conspiración, de Paul Haggis. Fue Boal quien se acercó a Bigelow (ambos se conocían de un piloto de TV para Fox) para proponerle un proyecto relacionado con el mismo tema, pero que fuera más allá: "Yo estaba muy interesado en hacer una historia sobre el escuadrón de bombas. Es evidente que los OED eran un elemento logístico del Ejército Central en 2004, pero aún así, nada se había escrito sobre ellos. Irak fue algo así como un agujero negro para la prensa, porque la gente simplemente pensaba que era demasiado peligroso. (...) Es la experiencia más abrumadora, y no sabes lo que es eso hasta que estás ahí. La amenaza omnipresente nunca deja a estos chicos". Y agregó: “Pero no quería hacer un documental. Quería narrar la vida cotidiana de esta gente, pero también incluir algo de acción para hacer más interesante la película (o más comercial). Supongo que la primera idea era algo poco convencional para los inversores. Afortunadamente, el espectáculo de la guerra hizo que la narrativa fuera más audaz". El resultado: un guión serio, preciso, alejado de los lugares comunes, por el que Boal obtuvo el Gucci Awards en el Festival de Venecia.

    Con un presupuesto de 11 millones de dólares, Vivir al Límite se estrenó en unos pocos cines en su país natal y recaudó apenas 13 palos verdes, otra prueba de que el público todavía no está listo para largometrajes sobre un conflicto bélico tan reciente. Pero fue alabada por los críticos, y obtuvo reconocimientos en festivales y círculos especializados. Veremos si Kathryn Bigelow y gran parte de los involucrados en su obra maestra puede ser galardonada con el Oscar. Si se da, Bigelow compartiría contra su ex Cameron, como ya lo hicieron en los Globos de Oro. En ese momento ella dijo: “Somos competitivos, pero no va a provocar ningún problema”. Y él contó: “Me encantó Vivir al Límite y produje dos de sus anteriores películas, Días Extraños y Punto Límite, así que hablar de nosotros como simples ex es simplificar las cosas”. Hasta el mismísimo James se adjudica haberla convencido de hacer Vivir... Lo cierto que el Globo de Oro a Mejor Película y Director fue para el papá de Terminator, por Avatar. Pero todo puede cambiar en los Oscar.

    Por lo pronto, K. B. y Mark Boal ya tienen un nuevo proyecto: Triple Frontier, acerca de las actividades criminales que se desarrollan en las fronteras de Argentina, Brasil y Paraguay. La producción del asunto corre por cuenta de, entre otros, Charles Roven, otrora involucrado en Batman: El Caballero de la Noche. Según Variety, sería una película de acción y aventuras. Recemos para que todo salga de la mejor manera y este nuevo dúo dinámico siga dándonos genialidades.

    Ah, por si le quedaban dudas acerca de la postura política de la directora, ahí va una cita: “Soy una gran seguidora de Obama, hice todo lo que pude a mi manera para ayudar a que sea elegido. Me siento muy esperanzada de que él curará y unificará un país que está en estado de crisis en este momento”.

    Y otra cita, relacionada con su cine: “No me gusta pensar en términos de películas de acción. Prefiero no conceptualizar. Pero si la historia tiene ciertos ingredientes, la capacidad que tiene el cine para trasladarte a otros lugares puede llegar a ser muy visceral. Por eso intento sumergirme en material de gran impacto y relevancia”.

    Y otra más: “Mi gran meta es poder siempre subvertir los géneros, crear lo impredecible, sorprender y fascinar al espectador. Por conseguirlo, caminaría descalza sobre fuego”.
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  • Vampiros del día
    Vampiros del día
    A Sala Llena
    Gattaca con vampiros. Eso es lo que venía a la mente luego de ver el trailer de la película que ahora nos ocupa. Algunos elementos remitían a aquella película de ciencia-ficción: una sociedad en un mundo futurista, personas diferentes al resto de los mortales, Ethan Hawke como el “distinto”... Eso sí: el cover de “Running up that hill”, de Kate Bush, a cargo de Placebo, que sonaba al final del avance pegaba perfectamente con las imágenes. Fíjense aquí, si no.

    Pero al ver la película, la historia vendría a ser más como el tercer acto de la novela de Richard Matheson Soy Leyenda (no puedo contar mucho, pero quienes la leyeron saben a qué me refiero).

    En un futuro totalitario donde los vampiros son mayoría, los humanos son usados como ganado proveedor de sangre. Pero la hemoglobina comienza a escasear, y como efecto de esta carencia alimenticia, los colmilludos ciudadanos se transforman en criaturas como murciélagos gigantes, superagresivos. El científico Edward Dalton (Ethan Hawke) se dedica a preparar un a sustancia que permita reemplazar a la sangre como comida, con resultados poco alentadores. Su poca alegría de pertenecer a la raza dominante lo lleva a unirse a un grupo de personas que buscan el antídoto que convierta a los vampiros en gente normal. Claro que el poderoso empresario Charles Bromley (Sam Neill) tratará lo imposible para que continúe el reinado de la oscuridad.

    En 2003, los gemelos australianos Peter y Michael Spierig sorprendieron al mundo con Undead, una ultraindependiente película de zombies que adquirió el status de culto. Ahora se les dio una gran producción con actores prestigiosos. Y no lo hicieron nada mal. Primero que todo, Daybreakers es un entretenimiento que no para nunca, en el que no faltan las escenas gore ni algún cuerpo desnudo, pero siempre en función de un cuentito muy bien contado. Los Spierig llevan cada secuencia a un nivel más alto de emoción gracias al trabajo actoral (imperdible también Willem Dafoe como un ex chupasangre mercenario) y a algunos dramas familiares —el personaje de Sam Neill está en conflicto con su hija, que no quiso seguir sus pasos—, y al evitar algunos clichés como historias de amor... aunque puede haber alguna, pero implícita. El clímax, para coleccionar.

    Junto con la excelente 30 Días de Noche, Daybreakers es uno de los pocos y recientes ejemplos de películas con vampiros salvajes, muy alejados de los de la saga de Crepúsculo, por suerte. Ah, y es muchísimo más entretenida que Gattaca.
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  • Halloween 2
    Halloween 2
    A Sala Llena
    La noche de Halloween, donde los chicos se disfrazan y van de hogar en hogar pidiendo golosinas, dejó de ser un evento puramente norteamericano a partir de 1978, cuando se estrenó Noche de Brujas. La historia contaba las andanzas de Michael Myers, un asesino que escapa del manicomio con el fin de acuchillar adolescentes excitados durante el 31 de octubre, además de querer reunirse con Laurie (Jamie Lee Curtis en su debut cinematográfico), su virginal hermanita. Filmada con 300.000 dólares, recaudó millones —al punto de convertirse en la producción independiente más redituable de su tiempo—, consagró a John Carpenter como uno de los grandes directores contemporáneos, y generó secuelas, copias y parodias.

    En 2007, Robert Bartleh Cummings (Rob Zombie, bah) tuvo el coraje suficiente como para filmar y estrenar una remake de aquel clasicazo. Si bien respeta la esencia de la original, el tono de Halloween: El Comienzo es menos sugestivo, menos misterioso, y más crudo y realista, al punto de profundizar más en los orígenes de Myers y su conducta homicida. Una gran jugada por parte del otrora líder de White Zombie, pero que dio sus beneficios.

    El éxito del film hizo que los ejecutivos de Dimension Films consideraran preparar una secuela, provisoriamente titulada H2. Pero el bueno de Rob no había quedado muy contento con la experiencia. Confesó que, a pesar del giro radical del tono, se había sentido muy atado a la obra de Carpenter, y que el rodaje fue uno de los más difíciles de su carrera en el cine. Como posibles reemplazantes sonó la dupla francesa Julien Maury-Alexandre Bustillo, culpables de la tremebunda Inside: La Venganza, pero todo quedó en la nada.

    Así que R. Z. lo pensó otra vez y regresó al proyecto, pero con otra actitud: sería una película más descontracturada y audaz. En una entrevistó contó lo siguiente: “Me di cuenta de que lo mejor de hacer esto (Halloween 2) era que, con la última hubo cierto sentido de la obligación de retener el espíritu de Carpenter en general. Y ahora eso no va a ocurrir. Esta película es 100% lo que yo quiero hacer. Y en ningún momento hemos discutido sobre Halloween o Michael Myers. De hecho, cada vez que hacemos algo es como ‘esto no parece Halloween’. Podemos hacer lo que queramos y eso es muy liberador. Y creo que será una película mucho mejor porque no estamos intentando cumplir las expectativas de nadie. Esta vez he querido reinventar al personaje”.

    Y vaya si lo logró.

    No es la primera vez que Rob Zombie filmaba una continuación: en 2005 nos dio Violencia Diabólica, segunda parte de su ópera prima, Mil Cuerpos. Aquella vez, el director convirtió a Violencia... en una road movie salvaje e impredecible, para diferenciarla del estilo El Loco de la Motosierra que tenía Mil... Como para no repetirse.

    En la Parte 2 de Halloween hizo algo similar. La historia comienza en donde terminó la anterior, pero expande las ideas insinuadas aquella vez. Antes de seguir en este tema, vale detenerse y aclarar algo: H2 no es la remake de la secuela del film de Carpenter, aunque al principio pareciera que sí, ya que los primeros minutos transcurren mayormente en un hospital. Volviendo a la idea de la expansión, Rob cumple con su palabra y nos da un largometraje más sangriento y brutal que la primera entrega, pero no sólo eso: también se permite altas dosis de experimentación y delirio visual. Por ejemplo, Michael Myers —quien sigue vivo y dispuesto a reencontrarse con su hermanita en un nuevo aniversario de Noche de Brujas, amén de masacrar a quien se le ponga en el camino—, tiene visiones de su madre muerta (interpretada por Sheri Moon, esposa y actriz fetiche del dire), de sí mismo en su niñez y hasta de un caballo blanco. Sí, muy extraño, pero funciona.

    Lo mismo se aplicó al enfoque de los personajes. El querido serial killer usa barba pero no abandona la máscara de siempre, aunque ahora se ve más destrozada y mugrienta. Laurie ya no es una mojigata sino una especie de punk con el carácter endurecido por haber sobrevivido a tan terrible experiencia. El Dr. Sam Loomis (Malcolm McDowell), devino en un inescrupuloso psiquiatra empecinado en lucrar con Michael y sus víctimas gracias a un libro suyo demasiado revelador.

    Rob Zombie es un cinéfilo, melómano y un adicto a todo lo relacionado con la cultura pop más trash, y eso se nota en cada una de sus obras. Abundan referencias a películas como The Rocky Horror Picture Show: Orgía de Horror y Locura, a músicos como Alice Cooper... Además, R. Zombie suele poner delante de cámara a leyendas vivientes del cine de terror y el género fantástico en general. Esta vez se destaca Margot Kidder, la otrora Lois Lane de las pelis de Superman protagonizadas por Christopher Reeve. Aquí interpreta a la psicóloga de Laurie (el chiste es que la Kidder pasó un tiempo largo en instituciones de salud mental).

    En esta época en la que priman los films serios que competirán por el Oscar, nada mejor que un poco de sangre, sexo y asesinatos, y de la mano de Mike Myers (no, no hablo del actor que hace de Austin Powers).
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  • Avatar
    Avatar
    A Sala Llena
    Proyect 880

    James Cameron concibió Avatar hace quince años. Luego de terminar Mentiras Verdaderas, e influido por la ciencia-ficción que había leído de pequeño —sobre todo Edgar Rice Burroughs y su saga de John Carter—, se puso a escribir una suerte de novela de 220 sobre una raza alienígena similar a la humana. La historia trazaba un paralelo con la invasión del Hombre Blanco a las culturas indígenas, en los tiempos de Colón y compañía, y que solían implicar el exterminio de los aborígenes.

    Enseguida supo que no contaba con la tecnología indispensable para dar vida cinematográfica a sus nuevas criaturas. Entonces se dedicó a triunfar con Titanic y a filmar documentales, ambientados mayormente en las profundidades marinas.

    Todo cambió cuando vio a Gollum en la trilogía de El Señor de los Anillos. Un ser computarizado, perfectamente convincente... En 2005 Cameron puso manos a la obra y anunció no uno sino dos proyectos que incluían personajes animados de manera digital y serían filmadas en 3D: Battle Angel, adaptación de un manga ambientado en el siglo XXVI y protagonizado por Alita, una ciborg (Por si no se dieron cuenta, Jim es un enamorado de la sci-fi) y Proyect 880, luego conocido como Avatar. En una entrevista realizada por Sebastián Tabany para la revista La Cosa, el director contó: “Estuvimos desarrollando Battle Angel y Avatar simultáneamente, escribiendo y diseñando ambos proyectos a la vez. Pero cuando probamos nuestra tecnología de captura de movimiento, la pregunta en un momento fue: ‘¿Hacemos una prueba de Battle Angel o de Avatar?’. Al principio no me podía decidir del todo, pero después pensé que debíamos iniciar nuestras pruebas con una escena simple, así que me puse a buscar una en la que los personajes hablaran Y como había una escena así en Avatar, dije: “Filmemos esa escena”. Y ahí sí se decidió.

    A pesar de ser, junto al fallecido Stan Winston, creador de la empresa de FX Digital Domain (que terminó vendiendo a un grupo encabezado por Michael Bay), Cameron recurrió a Weta Digital, creada por Peter Jackson, y justamente culpable de Gollum. Además, supo que trabajaría con la Fusion Camera, una versión de la cámara Sony Alta desarrollada por él mismo para filmar en tercera dimensión. Es sabido el espíritu innovador de James Cameron, principalmente en lo que se refiere al aspecto visual. Pero no por eso deja de ser perfeccionista en el terreno narrativo. Para desarrollar el lenguaje y la cultura de los Na’vy, recurrió a Paul Frommer, lingüista y director del Centro de Gestión de Comunicación en la USC. Y con la finalidad de crear la cultura musical de los ET’s acudió a la etnomusicóloga Wanda Bryant.

    En cuanto al argumento de Avatar, fue secreto se sumario hasta hace unos pocos meses, cuando empezaron a aparecer detalles de la historia y de los personajes.

    El rodaje se llevó a cabo en locaciones de California, Wellington (Nueva Zelanda) y Hawai. Si bien Cameron es un semidios del cine, el autor de varias de las películas más entretenidas de las últimas décadas, varios cinéfilos dudaban. La premisa (humanos haciendo contacto con extraterrestres) fue explorado por el dire por última vez en El Abismo, que, a pesar de ser de lo mejor de su obra y un prodigio técnico —sobre todo la serpiente hecha de agua—, en su momento fue considerada un fracaso. Y la capacidad de Jim a la hora de manejar una historia de amor en Titanic sigue sin ser muy bien vista.

    Pero ya se acabaron las especulaciones. El día del estreno ya llegó.



    “Pero, ¿y qué te pareció?”

    Avatar es una experiencia. Seguro es una frase ya usada para referirse a esta película, pero es así. Una experiencia visual, como pocas. Un viaje a un Edén interplanetario, fascinante, vertiginoso.

    James Cameron vuelve a demostrar su amor por el género y por los detalles. Basta con admirarse con la flora y la fauna de Pandora. Se reconocen plantas y animales de la Tierra (basados en dinosaurios, lobos y caballos, entre otros), pero con un giro en su apariencia, y algo más original incluso: una suerte de dispositivo que permite la conexión entre cada elemento de la Naturaleza Pandoreña (¿?) con los Na’vy, conformando un todo. Por eso a cada-ser-tipo-pterodáctilo le corresponde determinado aborigen. Y nada es nunca ornamental ni un mero paisaje ni hay regodeos geográficos: todo está en función de algo.

    Como pudieron notar cuando leyeron la sinopsis, la historia es hartoconocida. Ya la vimos en, Danza con Lobos, El Último Samurai... aunque el ejemplo más claro y más mencionado es Pocahontas. Pero esto no es una mala crítica para Cameron ni para su película. Al contrario. Siempre es muy bueno disfrutar de un cuentito que seguro no sea genial pero sí clásico, bien contado, entretenido, repleto de impactantes enfrentamientos y de dramáticas batallas, antes que padecer una desmesura pretenciosa y soporífera.

    El bueno de Jim sigue fiel a sus obsesiones. Para empezar el color azul, presente en toda su obra. Ahora los Na’vy son directamente de ese color. Luego está el alarde tecnológico, evidente tanto en los laboratorios como en el campo de batalla. El agua, aunque no hay tantas secuencias que la involucren. Si bien no aparecen sus típicos actores fetiches —Lance Henricksen, Bill Paxton, Michael Bienh, quien casi hace del milico malo—, está Sigourney Weaver, a quien dirigiera en Alien: El Regreso.

    De hecho, Cameron repite varios elementos de ese film: los gigantescos robots-uniformes, la violencia encarnizada entre humanos y alienígenas. Por su parte, la oficial varonil que interpreta Michelle Rodríguez remite a la soldado Vázquez (Jenette Goldstein) de la secuela de Alien: el Octavo Pasajero.

    Sam Worthington es Jake, quien, una vez avatarizado, entra en confianza con Neytiri y su gente, y hace del doble papel de colaborador de los científicos y espía de las fuerzas militares (hasta que descubre de qué lado quiere estar). Este actor australiano —algo inexpresivo, pero confiable— va camino a ser el héroe de acción de la nueva década. Ya fue un robot bueno en Terminator: la Salvación, y se lo verá como Perseo en la remake de Furia de Titanes, dirigida por Louis Leterrier, y es candidato a protagonizar una nueva versión de Mad Max.

    Zoë Saldana le aporta un aire salvaje y a la vez compasivo a su Neytiri. Debido a su descendencia de dominicanos (el castellano fue su primer idioma), le resultó fácil adaptarse al idioma Na’vy, una mezcla de lenguas tribales de tribus de Indonesia, Brasil y de partes de África. Igual, la actriz —físicamente muy parecida a una redactora de A Sala Llena— dijo: "Hablar inglés en un acento Na’vy fue lo más difícil creo que para todos. Me salía mejor saltar desde caballos y tirar con el arco que esto”.

    200 marcó el regreso a lo grande de Stephen Lang. El actor neoyorkino apareció recientemente como un duro texano en Enemigos Públicos. En Avatar compone al Coronel Miles Quaritch. Sobre su personaje confesó: “Muchas veces los personajes de villanos son pintorescos y el mío en Avatar posee un sentido de la misión y de la protección, protege a su gente, es leal. Es interesante ese tipo de cosas. A veces los buenos no son interesantes”. Si bien es verdad que tanto este personaje como el inescrupuloso empresario interpretado por Giovanni Ribisi están bastante estereotipados, nunca perjudica a la narración, que sigue funcionando como una ambiciosa puesta al día de los clásicos de Sábado de Súper Acción.

    Como el padre de Neytiri podemos encontrar a Wes Studi. Un enorme actor, muy desaprovechado aquí, y que supo actuar de indio en obras como... ¡Danza con Lobos!

    Avatar también incluye una bajada de línea antibélica y proecológica (de hecho, se dice que la vida en la Tierra es casi historia debido a que arrasaron con sus recurso naturales, cosa que pretenden repetir en Pandora con tal de conseguir unos minerales demasiado valiosos). Y es verdad que hay situaciones que no estuvieron del todo bien trabajadas desde el guión. Pero, una vez más, nada de eso opaca el sentido del espectáculo.

    Eso sí: la única manera de disfrutar de la Experiencia Avatar es en 3D, sobre todo en Imax. Así fue como Cameron la concibió, y verla en otra clase de pantalla carecería de sentido.

    La idea de JC (Jesucristo no, James Cameron) es filmar un documental en la Luna, él mismo. Seguro que esa también será el escenario de algún futuro proyecto de ficción. Porque Cameron no conoce límites, ni siquiera en el espacio de verdad. Por suerte.
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  • Actividad paranormal
    Las películas de terror en clave de falsos documentales ya constituyen un subgénero. Todos recuerdan a la sobrevalorada (dependiendo del punto de vista, claro) El Proyecto Blair Witch. Pero antes, 1998, se conoció una escalofriante perlita titulada Alien Abduction, en la que una cámara casera registraba cómo una casa era poblada por extraterrestres demasiado realistas (eran nenitas disfrazadas, en realidad, aunque varios científicos se creyeron el asunto). Luego vinieron nuevas exponentes de esta clase de horror, que superan a las precursoras: Cloverfield: Monstruo, El Diario de los Muertos; REC, que tuvo secuela y Cuarentena, una remake Hollywoodense.

    Ahora llega Actividad Paranormal. En realidad, la película —que costó apenas 11.000 dólares, según dicen— apareció en 2007. El director filmó en su propia casa durante siete días en 2006, junto a tres personas, y los actores improvisaban la mayor parte del tiempo.

    Más allá de la proyección en festivales especializados, no pasó demasiado hasta que Steven Spielberg la enganchó por cable y decidió encargarse de un relanzamiento masivo y a nivel mundial, gracias a una agresiva campaña de marketing (“El suceso más grande en la historia del cine de terror”). El éxito comercial y de crítica llegaron al toque.

    Pero, al igual que Blair Witch, todo se queda en el aspamento.

    Durante lo primeros cuarenta minutos sólo vemos a la pareja protagónica hablando y durmiendo, y algún ocasional ruido y viento moviendo una puerta. En determinado momento e recurre a una tabla Ouija, pero no está muy aprovechada. El ritmo nunca ayuda a generar tensión ni miedo ni nada similar, lo que hace que ver el film se convierta en una experiencia soporífera, haciendo que Blair Witch parezca una genialidad. Sobre el final aparecen sombras misteriosas y el “ente” que merodea (no se especifica si es un fantasma o un demonio, una de las pocas buenas ideas a lo largo de los 99 minutos) ataca a los residentes y será imposible no sentir un poquito de escalofríos. “Mejor tarde que nunca”, pensarán, pero aquí eso no funciona.

    Fue anunciada la segunda parte. Esperemos que mejoren bastante con respecto a la original, al menos como para producir terror.
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  • Criatura de la noche
    En 1971 se estrenó Melody. Escrita por el por entonces desconocido Alan Parker, esta pequeña producción británica contaba el romance entre dos niños, tan enamorados que hasta deciden casarse (no de adultos, sino en el momento). Pero, a pesar de ser la ternura hecha cine, distaba de ser una simple película infantil, ya que cuestionaba a los adultos y al sistema educativo de aquel entonces, mostrando castigos físicos a alumnos y otros elementos impensados en una película protagonizada por chicos. Lo original de la propuesta, más la inolvidable banda sonora a cargo de los Bee Gees, la convirtieron en un film de culto. Por si no la vieron, dos fragmentos aquí y aquí.

    Criatura de la Noche viene a ser Melody, pero con vampiros... y sin música de los Bee Gees, por supuesto.

    La relación entre Oskar y Lin, de humano con chupasangre, remite inevitablemente a los éxitos comerciales del momento: Crepúsculo y Luna Nueva, estrenada hace dos semanas. Pero las diferencias de tono y enfoque son abismales. Criatura... no es rimbombante ni obvia ni graciosa ni edulcorada ni demasiado pop (en un momento suena The Clash). Aquí escasean los diálogos, abundan los silencios. Mucho frío, nieve, hielo, noche, desolación. Casi no hay música incidental, y cuando suena no resulta estridente ni terrorífica, sino romántica. Justamente —más allá de algunas escenas gore, que son pocas pero originales e impactantes— la película no está contada como una de miedo sino como una de amor imposible que transita los caminos menos obvios.

    Abundan ideas y personajes poco y nada comunes en esta clase de film. El hombre que cuida y da de comer a Eli, al estilo del Rendfield de Drácula, tiene tendencias pedófilas, y hasta pretende gozar con su ama. Por el lado de Oskar, el joven se dedica todas las noches a apuñalar un árbol con un cuchillo, imaginando que son los compañeros que lo agreden en la escuela. Además, podemos ver cómo es la vida de este chico hijo de padres separados y la falta de comunicación con su madre, cosa poco habitual en casi cualquier film que no sea dramático. Aunque tal vez este aspecto responda a la conducta de la sociedad de Suecia.

    La historia es casi una biografía del escritor John Ajvide Lindqvist, quien adaptó su propia novela. Es por eso que la acción transcurre en 1982, cuando el autor tenía doce años, la misma edad que Oskar en la ficción. Es más, al final del libro escribió: “Todo lo narrado en este libro ha ocurrido realmente, aunque no de esta manera”.

    El director Tomas Alfredson confesó no ser fanático del horror ni de los vampiros. Tal vez en parte por eso logra una joyita alejada de los tópicos de los bebehemoglobina. Es verdad que se respetan ciertas reglas de la mitología vampírica (como que uno de estos seres ingresa a casa ajena sólo si uno lo invita, de ahí el título original de la película), pero con una vuelta de tuerca distinta.

    Como se habrán dado cuenta, Criatura... es la antítesis de la saga de Crepúsculo. Pero ya se anunció la remake estadounidense, aparentemente dirigida por Matt Reeves (el mismo de Cloverfield), a estrenarse en 2010. A Alfredson no le gusta la idea, pero a Lindqvist sí. Igual, la peli se filmaría de todas maneras. Será difícil que una versión yanqui pueda respetar el espíritu de la original, pero quién sabe.

    Por si no los convencí de verla, los dejo con unas palabras de Guillermo del Toro: “(Criatura de la Noche es) Un inolvidable y poético film que no te podés perder. Un cuento de hadas escalofriante”.
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  • Los fantasmas de Scrooge
    En 1843, Charles Dickens publicó una de sus obras más emblemáticas: Un Cuento de Navidad. La novela conoció miles de adaptaciones teatrales, televisivas y cinematográficas. Nadie se perdió de adaptar la historia del antipático Scrooge y los fantasmas que quieren hacerlo cambiar: Disney, los Muppets, incontables de dibujos animados. Una de las versiones más originales fue Los Fantasmas Contraatacan, protagonizada por Bill Murray, allá por 1988.

    La ya mencionada empresa del Ratón Mickey es quien nos trae una nueva versión del asunto, a cargo de Robert Zemeckis, quien dijo: “Creo que cuando la historia es maravillosa la puedes contar y volver a contar de mil maneras diferentes”. Siguiendo la línea de sus recientes películas —la también navideña El Expreso Polar (¡donde ya aparecía Scrooge!) y la oscura y adulta Beowulf: la Leyenda—, aplicó la técnica de motion capture. Tecnología que el director de Volver al Futuro va perfeccionando con el correr de los films: uno ve a Scrooge y sorprende por lo realista de su textura y de sus gestos. Lo mismo sucede con el resto de los personajes. El mayor reto a superar sea el de los ojos: todavía no son lo suficientemente vivos, expresivos. Por supuesto, al ser animación es posible una mayor destreza visual, como planos secuencia aéreos y otros movimientos de cámara imposibles de realizar de manera convencional. Según Bob Z: “Lo que es notable cuando uno lee Un Cuento de Navidad es que parecería que Charles Dickens hubiera escrito este relato para que fuera filmado. Es tan visual y cinematográfico; y yo deseaba utilizar la última tecnología para lograr recrear la historia tal como creo que Dickens debe de haberla imaginado”.

    Jim Carrey es perfecto para interpretar al personaje... mejor dicho, a los personajes del título en castellano. Es verdad que gesticula, pero nunca en exceso y siempre en función de lo que requiere su rol, logrando desagradar, conmover y causar gracia (“Cuando Jim interpreta su papel, no interpreta simplemente una voz, o un dialecto, su cuerpo entero y cada uno de sus músculos se transforman y se meten en la piel del personaje”, declaró el director).

    Robert Zemeckis vuelve a demostrar que, además de estar a la vanguardia de los avances tecnológicos vinculados al séptimo arte, es uno de los maestros de la narración cinematográfica contemporánea. Su mezcla de humor, aventura, fantasía, delirio, crítica social y momentos emotivos sigue siendo su sello personal. Aunque parece decidido a no hacer más películas comunes y corrientes, al menos por un tiempo. Tan enganchado está con el cine de animación que sus próximos proyectos irán por ese lado, empezando por la versión 3D de El Submarino Amarillo, basada en aquel film de Los Beatles.

    Porque Bob se anima a todo, ¿viste?
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  • Luna Nueva
    Luna Nueva
    A Sala Llena
    Allá por 2005 salía a la venta Crepúsculo, una novela acerca del romance entre la joven Bella Swan y el aparentemente joven pero vampirizado Edward Cullen. Esta especia de nueva versión de Romeo y Julieta enganchó a los adolescentes. Enseguida aparecieron las continuaciones que componen la saga: Luna Nueva, Eclipse y Amanecer. La autora Stephenie Meyer pasó de ser una simple ama de casa a una celebridad comparable a J. K. Rowling, mamá literaria de Harry Potter. Y es que ambos universos tienen muchos puntos en común (para empezar, apuntan a los mismos lectores). La Meyer se convirtió en una figura controversial cuando declaró ser mormona, algo que se nota en sus libros: los personajes no beben alcohol, no fuman y no tienen sexo. Sin embargo, nada frenó el suceso mundial de sus creaciones.

    El cine no iba a dejar pasar semejante fenómeno. Hace menos de un año se estrenó Crepúsculo, adaptación de la primera novela. Dirigida con muy buen pulso por la especialista en teenagers Catherine Hardwicke, la película fue un golazo de arco a arco, incluso entre los siempre exigentes fanáticos. La Bella y el Edward de la pantalla grande (Kristen Stewart y Robert Pattinson, respectivamente) adquirieron fama mundial, y ahora todo el tiempo aparecen en revistas para quinceañeras.

    Ahora llega Luna Nueva, basada en la segunda novela de la serie.

    En esta oportunidad, Edward y el resto del clan Cullen no aparecen demasiado. En cambio, cobra preponderancia el personaje de Jacob, quien pretende algo más que una amistad con Bella. El tema es que Jacob y los suyos suelen transformarse en lobos gigantes, por lo que la sufrida muchacha no pega una con las relaciones. Pero, a pesar de lo mucho que quiere y respeta al lobuno jovencito, Bella sigue loca por Edward. El resultado: una historia de amor no correspondido (temática que comparte con 500 Días Con Ella, otro estreno de la semana).

    Kristen Stewart sigue siendo un tanto inexpresiva, pero el papel le queda perfecto. Lo mismo con Robert Pattinson, el galán del momento, a quien se las arreglaron para que esté más en pantalla aunque más no sea como visiones. Quien lo opaca momentáneamente en el film es Taylor Lautner. El otrora Niño Tiburón en aquella peli infantil de Robert Rodríguez, que en Crepúsculo tenía un papel muy secundario, pela sus trabajados abdominales a la menor oportunidad, muchas veces de manera gratuita (desde el punto de vista de un varón heterosexual, claro).

    Siguiendo con los actores, es gracioso el caso del galés Michael Sheen. En la saga de Inframundo interpretó a Lucien, líder de los Lycans. En Luna Nueva se pasa para el bando de los chupasangres, ya que es Aro, el más pesado de los Volturi, vampiros refinados que residen en Italia. Dentro de esa sociedad cuasimasónica está Jane, una aniñada pero poderosísima vampira, encarnada por la ahora adolescente Dakota Fanning. Jane aparece menos de diez minutos en pantalla, pero provoca nerviosismo y ganas de verla más en acción (lo que ocurrirá en Eclipse, tercera parte de la saga crepuscular). Una prueba de que el talento de Dakota continúa intacto.

    Se suponía que la Hardwicke iba a dirigir esta película, pero las ya típicas diferencias creativas con los productores (en este caso, Summit Entertainment) la hicieron dar un paso al costado y ahora se dedica a una nueva versión cinematográfica de Hamlet protagonizada por Emile Hirsch. Pero Luna Nueva contó con la dirección del también talentoso Chris Weitz, co-creador de American Pie y responsable de Un Gran Chico. Lo cierto es que el neoyorkino estuvo a la altura del desafío que implicaba meterse en una franquicia como esta, y lo hizo sin imitar el estilo del film anterior. Ayudó mucho la tarea del director de fotografía español Javier Aguirresarobe, quien supo iluminar Los Otros y Mar Adentro.

    Esta segunda parte de Crepúsculo tal vez no pase a la historia en términos de calidad, pero es un entretenimiento tan logrado como su predecesora, y ya sabemos que las historias de amor nunca dejan de cautivar. La terca parte correrá por cuenta de David Slade, director de Hard Candy y 30 Días de Noche, una de vampiros muy malos. Veremos qué pasa.
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  • 500 días con ella
    500 días con ella
    A Sala Llena
    Los amores no correspondidos son un tema. Llega un momento de la vida en que no le desearías algo así ni a tu peor enemigo.

    Tom (Joseph Gordon-Levitt), un arquitecto que trabaja como redactor de tarjetas de felicitaciones, es una de las pocas personas que todavía créenle amor verdadero, en que el destino ya está escrito y sólo es cuestión de tiempo hasta que aparezca la indicada. Y eso sucede (o parece suceder) cuando conoce a Summer (Zooey Deschanel), una hermosa compañera de trabajo con la que comparte gustos musicales —para empezar, The Smiths— y por la obra de Magritte. Pronto empezará una relación entre ambos... aunque no como Tom había fantaseado. Durante 500 días habrá cariño, sexo, risas, pero también separaciones, reproches, y el tener que soportar que Summer no sienta por Tom lo que él siente por ella.

    Si bien se inscribe en el género de la comedia romántica, escapa a los clichés de esa clase de films. El resultado es más agridulce y realista, y puede pegar mal a quienes pasaron por una situación parecida. De hecho, tiene elementos de la vida de uno de los guionistas. El director Marc Webb viene de los videoclips, y si bien hay elementos locos (animaciones), son muy pocos y nunca entorpecen la narración. Joseph Gordon-Levitt es el antihéroe romántico. Un actor cada vez más versátil, ya que fue uno de los villanos de la peli de G.I. Joe y en 2010 se lo verá en El Origen, esperado nuevo opus de Christopher Nolan, protagonizado por Leonardo DiCaprio.

    Zooey Deschanel siempre logra cautivar con esos ojazos y con una actitud de mujer independiente a la que no le importa destrozar corazones ajenos, aunque tiene su grado de humanidad. Ella y Gordon-Levitt ya habían trabajado juntos, y la química entre ambos es notable.

    No nos olvidemos de la estupenda banda sonora, con los mencionados Smiths, The Clash, Hall and Oates y hasta Patrick Swaize con su “She’s like the wind”.
    Sin duda, una de las sorpresas del año, y también un ingenioso método para hacer llorar a los hombres.
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  • Terror en la Antártida
    Dark Castle Entertainment comenzó como una subsidiaria de Warner dedicada a fabricar refritos de películas de terror del director y productor William Castle, conocido en los ’50 y ’60 por los trucos publicitarios que usaba en los cines (esqueletos flotantes, butacas con voltaje eléctrico, tarjetas con olor, etc.). Ejemplos: La Casa en la Montaña Embrujada y 13 Fantasmas. Luego vinieron obras de género que no eran remakes, como En Compañía del Miedo y la reciente La Huérfana.

    Terror en la Antártida es el nuevo exponente de la empresa. Y al igual que las ya mencionadas, es un producto menor, pero que se deja ver.

    La Antártida ya había demostrado ser más que efectiva como contexto de una película de miedo: la tremenda El Enigma de Otro Mundo, producida por Howard Hawks, en 1961, y la superior y más terrorífica versión 1982, esta vez a cargo de John Carpenter.

    Al igual que en aquellos grandes film, Terror... incluye pocos personajes que empiezan a desconfiar entre sí (sobre todo Carrie), algunas muertes horribles y el implacable clima gélido. Pero vale aclarar que no es una historia de horror sino un thriller de suspenso. Deberían haberle puesto Intriga en la Antártida. No hay monstruos de ninguna índole: sólo un asesino en busca de un secreto que se remonta a los tiempos de la Guerra Fría (no es spoiler, se sabe a la mitad del largometraje).

    La película se hace llevadero gracias a la mano del director Dominic Sena. Recordemos que este nativo de Ohio fundó Propaganda Films junto a su amigo David Fincher, y dirigió la inquietante Kalifornia, con un Brad Pitt asesino y un David Duchovny obsesionado con él. Luego hizo las dementes pero entretenidas 60 Segundos y Swordfish: Acceso Autorizado.

    La Beckinsale vuelve a demostrar que, a pesar de sus rasgos delicados, es convincente como mujer de armas tomar. Gabriel Match (visto este año en y como The Spirit) no será un actorazo pero cumple. Se agradece la presencia de Tom Skerritt, quien siempre aporta lo suyo.

    Como decía, un productor menor, pero llevadero si no hay nada importante en cartel... o para abrazar con su chica.
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  • El extraño mundo de Jack
    ¿Qué hace falta agregar de esta joyita de la animación cuadro a cuadro, con el sello de Tim Burton? Qué hoy la pueden disfrutar en tercera dimensión. Una manera de hacerle justicia a esta creación de Tim Burton (aunque la dirigió el no menos talentoso Henry Selik), que aquí en su momento no se estrenó en cines.

    Lo genial es que, más allá de la novedad en el formato, la historia y los personajes no pierden vigencia, y siguen ganando fanáticos alrededor del mundo. Basta con pasar por un colegio a la hora de la salida y ver jóvenes con mochilas, prendedores y otros elementos de la película.

    Siempre es bueno reencontrarse con Jack Skellington, Sally, Oogie Boggie, y el resto de esa pandilla tan alocada. Danny Elfman está en su salsa, logrando una de sus obras cumbres como músico para películas. Lástima que al terminar la producción de El Extraño... él y Burton pelearon por un tiempo, y por eso Elfman no musicalizó Ed Wood (lo hizo Howard Shore).

    La conversión a 3D estuvo a cargo de Burton y Selik gracias a un proceso de digitalización cuadro por cuadro made in Industrial Light & Magic.

    Para terminar, un anecdotario para impresionar a tus amigos:

    * Tim Burton presentó el proyecto de la película (basada en un poema de su autoría) cuando todavía trabajaba en los Estudios Disney. La empresa le compró la idea, pero lo cajoneó para desempolvarlo recién cuando T.B. ya era un peso pesado en Hollywood.

    * Al principio la idea no iba a derivar en un largometraje sino en un especial de media hora para televisión.

    * La película entró en pre-producción sin haber guión escrito. Para adelantar algo, Danny Elfman compuso las canciones. Los guionistas luego tuvieron que armar la historia alrededor de lo hecho por el otrora líder de Oingo Boingo.

    * Burton no pudo dirigir la película porque estaba comprometido para Batman Vuelve. Un film de animación (sobre todo en stop motion) requería mucho tiempo. Pero ya todos sabemos que el resultado final tiene su sello.
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