2012

Crítica de Pablo Martinez - Qué se puede hacer...

Inundados por el estereotipo y la inverosimilitud.

Hay que reconocerlo: en su salsa, Roland Emmerich hace buenas producciones. El problema empieza cuando se quieren interpretar sus historias. Ahí pasa a ser un tipo hasta detestable, con una preocupante obsesión por la destruccción del ser humano (sin detenerse si quiera un segundo en una mínima construcción psicológica que fundamente esa causa), el Apocalípsis, el derrumbe estructural de la Naturaleza, y, por qué no, un desmedido e incomprensible patrioterismo estadounidense (el tipo es alemán).

2012 llega a las salas de todo el mundo como un nuevo concepto del Apocalípsis, ahora visto desde una mirada un poco más abstracta, ya que en todo momento se trata la predicción maya -sobre la ocasional destrucción del mundo- como un argumento irrefutable al que estamos sujetos y no hay escapatoria, siempre y cuando no contemos con la tecnología china que, siempre precabida, guarda unos tanques del tamaño de Guatemala en el interior de una "represa" (a la que nos podemos dirigir en la chata que nos presta el Dalai Lama) que nos resguardará de toda catástrofe.

Está demás decir que la película es un disparate de cabo a rabo, y que las actuaciones de John "nunca me llaman" Cusack (Pablo E. Arahuete dixit) y Amanda Peet no colaboran absolutamente en nada para que se revierta esa cuestión. Lo único a lo que debemos atenernos es a presenciar la demolición de los monumentos más representativos del mundo -con la Casa Blanca como el máximum de dicho conglomerado, y, ojo, el Presidente de los Estados Unidos de América (encarnado por Danny "Obama" Glover) como la entidad individual a consideración de la humanidad por excelencia- y un sinfín de escenas cursis e inverosimiles, representadas por un recital hecho y derecho (quizás hasta el más grosero del año) de actuaciones estereotipadas.

Cada fotograma se puede advertir unos segundos antes. Todo es tan predecible, que incluso la predicción que propone la trama se puede tomar hasta como una especulación al lado de lo demás. En ese sentido hay que condenar a los guionistas, que no supieron darle vida a un relato que estaba presto a impactar al público, como sucedió en su momento con El día de la Independencia, ya que lo del año 2012 en el calendario maya es algo sabido por todos, incluso por la ciencia astronómica, que anticipa una inversión de los polos para ese año (motivo por el cual todo se va al carajo en la peli de Emmerich).

No obstante, estamos ante un despliegue de producción im-pre-sio-nan-te, que hace digno de ver a este filme tan soso e irreparable. De hecho, si no fuera por el apartado técnico, esta película -con todo lo que la compone- se iba derechito a la hoguera, y se postulaba como una de las peores del año. Sin embargo, no hubo un mal desempeño desde los efectos especiales, sino todo lo contrario: estamos ante uno de los más grandes despliegues de CGI que se apreciaron en este 2009, y se olfatea una nominación a los Oscar. Escenas muy buenas como el despegue de la avioneta o la mega erupción del volcán presenciada por el personaje de Woody Harrelson (el único medianamente rescatable del elenco de planos actores), fundamentan este párrafo.

Lamentablemente, el todo de dos horas y media que compone 2012 es un "casi-bodrio", solo salvado por el espectacular uso que se le dan a los efectos visuales. En líneas generales es un nuevo capítulo del fetiche de Emmerich por destruir a la especie humana y su hábitat. Eso sí, que Alemania pueda estar en peligro de extinción, ni se menciona...

En fin... tal y como lo dice el póster: "Estábamos advertidos".