2012

Crítica de Diego Lerer - Clarín

¡Rompan todo!

El director de "Día de la Independencia" nos muestra su visión del fin del mundo.

Si algo le quedaba a Roland Emmerich por destruir después de Día de la independencia, Godzilla y El día después de mañana, lo terminó por hacer reventar en 2012, por lo que ahora deberá buscarse algún otro trabajito. Por lo pronto, ¿qué tal sería conseguirse un guionista para la próxima película?

2012 no es más que la suma de sus partes rotas, destruidas, una película sobre un apocalipsis ecológico -los mayas lo tenían claro, mucho antes que Al Gore- en la que se demuelen ciudades y monumentos mientras una familia disfuncional tiene su íntimo drama de rematrimonio en medio de lo que podría ser el fin del mundo.

El filme comienza en 2009 cuando un geólogo, tras viajar a la India, se da cuenta de que el centro de la Tierra está ardiendo y que pronto el planeta podría dejar de existir. En esos años, secretamente, los gobiernos del mundo van buscando una salida (para pocos) al inevitable caos que viene. Pero el asunto llega antes de lo pensado y nada saldrá como estaba planeado.

Yendo de lo global a lo personal, 2012 se centrará en Jackson Curtis, un escritor (John Cusack) separado de su mujer (Amanda Peet), la que se ha vuelto a casar. Con ella tiene dos hijos, con los que intenta relacionarse aunque su cabeza siempre parece estar en otro lado. Un día decide llevarlos al Parque Nacional Yellowstone y allí notará varias cosas raras que suceden, desde grandes operativos militares hasta extraños fenómenos naturales, pasando por un enloquecido profeta radial de desastres (encarnado por Woody Harrelson) que no para de predecir el inminente Apocalipsis.

A partir de allí, la Costa Oeste norteamericana empezará a desmoronarse, literalmente, y unas grietas en la tierra darán paso al hundimiento y destrucción de Los Angeles. Todo, claro, mientras nuestra familia del siglo XXI (que a esta altura incluye a la ex esposa de Jackson con su nuevo marido) va esquivando edificios que caen, avenidas que se abren y autopistas que se derrumban como en un juego de Playstation.

La película se divide en tres claras partes. La primera, en la que el caos se va preparando. La segunda, la destrucción propiamente dicha. Y la tercera, en la que se revelan los planes de "salvación de la especie". Y Emmerich va combinando, como en un juego de piezas móviles, una impactante escena de caos con una de narración "dramática", tan obvia como banal.

Si al espectador le alcanza con disfrutar de los efectos especiales puestos al servicio de sí mismos, 2012 no los decepcionará. Los que esperan una película en la que toda esa parafernalia esté en manos de un cineasta con una historia para contar, seguramente sentirán que el asunto es interminable con sus 158 minutos de duración.

Como alguien dijo por ahí, 2012 es como una película porno, a la que no tiene sentido pedirle ningún tipo de trama interesante, ni dirección de actores, ni diálogos que puedan ser dichos por seres humanos. Un filme que en el futuro la gente seguramente verá en fast forward pasando a las secuencias de destrucción y evitando todo lo demás. Cine Triple X.