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Imagen del crítico Rodolfo Bella
Rodolfo Bella
  • Cantidad de críticas: 76
  • Promedio: 65%
  • Críticas favorables: 73/76 (96%)
  • Críticas desfavorables: 3/76 (4%)
  • Diferencia absoluta: 9%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: La Capital
  • La suerte en tus manos
    Un full de corazones

    Daniel Burman sabe crear personajes verosímiles. Así ocurrió sobre todo en "Esperando al Mesías", "El abrazo partido" o "Derecho de familia". En su último filme decidió acentuar con gracia y sutileza el perfil pintoresco para contar el reencuentro de un fanático del poker con fobia a las responsabilidades y una mujer que huyó de él hace años (Jorge Drexler y Valeria Bertucelli). Así aparecen una madre dominante (Norma Aleandro), un rabino rockero o un médico que es también sicólogo involuntario (Luis Brandoni). Lo mismo ocurre con la trama, en la cual participan los miembros de la Trova rosarina. Burman parece divertirse haciendo zozobrar el eje narrativo, incorporando giros inesperados, espacio a los personajes secundarios y sorprendiendo con destalles que pivotean entre el disparate, la ternura y el ingenio.
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  • Los juegos del hambre
    En la línea de algunos clásicos del cine, “Los juegos del hambre” propone una mirada al futuro de la sociedad, reorganizada de forma autoritaria después de una guerra civil. Basada en la primera de tres novelas editadas en 2008, la película recuerda la atmósfera de íconos como “Brazil”, “1984”, “Blade Runner”, “Metrópoli” y “Truman Show”. El país está dividido en distritos, algunos pobres y otros riquísimos. Cada año el gobierno organiza unos juegos en los que dos adolescentes de cada zona deben competir hasta que sólo uno sobreviva. Mientras, todo el proceso es televisado como un reality muy popular. Metáfora social, política y mediática, el filme hace hincapié en la morbosidad y la inequidad, además de la naturalización de la violencia promovida desde el mismo poder.
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  • Ghost Rider: Espíritu de venganza
    Nicolas Cage volvió a ponerse en llamas en “Ghost Rider 2. Espíritu de venganza”. Con una actitud fiel al cómic, el director no esquiva el costado medio bizarro de Johnny Blaze, un personaje condenado a perseguir a los villanos a partir de un pacto diabólico. En este caso la historia lo encuentra intentando tomar distancia de su maldición en Europa del Este hasta que es contactado por un monje para ayudar a una madre y su hijo, un chico con un pasado singular que podría ser el que cambie definitivamente la historia del mundo y de Blaze. El dúo de directores formado por Mark Neveldine y Brian Taylor no tuvo reparos en poner a Johnny en situaciones que bordean el absurdo y complementaron este buen y entretenido producto con recursos técnicos eficaces.
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  • John Carter: entre dos mundos
    Una historia de amor interplanetaria es la base del conflicto de “John Carter: entre dos mundos”. Basada en la novela “Una princesa de Marte”, de Edgar Rice Burroughs, el autor de “Tarzán”, la película apela a una historia en la que se mezcla el arrojo de un soldado desertor del ejército de los primeros años de la independencia de Estados Unidos devenido buscador de oro. Carter no había tenido suerte hasta ese momento. Y tampoco la tendrá cuando entre en una cueva donde encontrará el metal, pero también un curioso objeto que lo transportará a otro planeta. Allí cae prisionero de unos extraños seres y conoce a una princesa empeñada en salvar a su mundo en ruinas de la mezquindad de un gobernante rival. La aventura sin límites y la intención de entretener impulsan el relato, además del inevitable y eficaz apoyo de la tecnología utilizada para generar los miles de seres fabulosos que acompañan a los actores. La historia está impregnada del clima inquieto de su época, lanzada en 1912, con una estética que es tanto una evocación de las maravillas de la Revolución Industrial como un tributo al ingenio de Da Vinci, y también de la Roma antigua, con sus costumbres brutales y su coliseo, todo en una aventura épica y desbordante que, en el cine, no termina de aprovechar su potencia.
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  • Viaje 2: La isla misteriosa
    Una aventura animada

    “Viaje 2. La isla misteriosa” es la celebración de una aventura inverosímil, pero realizada con eficacia. Y lo logra por varias razones. Sobre todo por el punto de partida que significó la inspiración libre en un relato de Julio Verne, pero además, por un equipo de actores que hacen rendir la historia. El filme, que rescata el personaje protagónico de otro producto similar como fue “Viaje al centro de la Tierra”, relata cómo un hijo y su padrastro se embarcan en el rescate del abuelo del muchacho, extraviado hace años en un lugar fuera de todo registro. No habrá nada más que un viaje fantástico, con abejas y mariposas gigantes y elefantes en miniatura, y animales monstruosos en medio de un mundo exuberante y a punto de explotar del cual tendrán que escapar. Nada más, pero tampoco nada menos, como corresponde al género.
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  • La dama de hierro
    Esquirlas de la historia

    “La dama de hierro” resume en casi tres horas la vida privada y la intensa vida pública de una mujer polémica como la ex primera ministra británica Margaret Thatcher. La directora Phyllida Lloyd encontró el pilar sobre el cual construir un relato que abarca 40 años de su historia, incluídos los once de gobierno. La dificultad radica en el recorte de esa vorágine que incluye además el desempeño de Thatcher en la Guerra de Malvinas. Exceptuando ese aspecto biográfico, la película y el personaje ofrecen otras lecturas como las consecuencias de la influencia de una moral austera y de la guerra, pero sobre todo de la fragilidad del poder ante todo aquello que escapa al control de la voluntad o la obstinación, en este caso, de “la hija del almacenero” que, para bien o para mal, se transformó en una de las personas más influyentes del mundo.
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  • El amor de Tony
    El amor de Tony
    La Capital
    El ascetismo de los nombres propios que forman el título original acompaña el desarrollo de “El amor de Tony”, que su creadora llamó “Angele et Tony”, un laconismo muy adecuado para el espíritu de su obra. Con una notable economía de recursos expresivos, la debutante directora narra esta historia de amor áspera, en el marco idealmente rústico de un pueblo costero francés. Angele es bella, está en libertad condicional, es viuda, tiene un hijo que pretende recuperar y que no ve desde hace dos años. Tony, un gordito taciturno y amable, explota junto a su hermano y su madre, también viuda, un pequeño barco pesquero. Se conocen en una cita a ciegas pero la cosa no funciona desde el primer momento. Ella quiere sexo y el no sólo eso, según parece.
    Con diálogos breves, casi monosilábicos, la directora va desanudando los conflictos y rispideces emocionales de los dos personajes. Como en toda historia de amor, también en este caso es la imposibilidad lo que guía la trama sobre dos seres afectivamente bastante desamparados y que probablemente no se hubieran conocido en otras circunstancias.
    Delaporte elige la forma más dura de narrar una historia que no pretende que sea romántica en el sentido tradicional. A diferencia de otras parejas de Hollywood, como la de “Frankie y Johnny”, con Michelle Pfeiffer y en la que Al Pacino también compone a un ex presidiario, o la también francesa “Edith y Marcel”, de Lelouch, Angele y Tony no muestran sus emociones, otra forma de hacer verosímil una historia de amor.
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  • Inmortales
    Inmortales
    La Capital
    Los dioses tenían su talón de Aquiles. Por eso el mismísimo Zeus, junto a algunos de sus hijos, como Poseidón y Atenea, abandonan el Olimpo para hacerse cargo de la situación. También cuentan con Teseo, que lucha contra Hyperion en el monte Tártaro, es decir en el mismísimo infierno. Con una relectura ingeniosa de los mitos y deidades de la cultura clásica, “Los inmortales” va construyendo un relato ágil y articulado en torno al héroe cuya cualidad le es revelada por el destino, un humano escéptico, pero noble y valiente. El filme, de los mismos productores de “300” es en su mayor parte producto de imágenes digitales muy bien resueltas y con el añadido del uso inteligente del 3D, en el que la mitología desata sus poderes y revela sus debilidades.
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  • La última noche de la humanidad
    Una vez más los alienígenas invaden la Tierra. Una vez más provocan una masacre. Y una vez más habrá una batalla por la supervivencia o la aniquilación de uno u otro bando. “La última noche de la humanidad” se suma a la tendencia de explotar las teorías sobre el fin del mundo. Sólo en ese contexto se explica la existencia de esta producción cara y extensa que sigue las huidas y estrategias de un pequeño grupo de humanos que sobreviven al primer intento de destrucción de la Tierra por parte los extraterrestres para apoderarse de los recursos naturales. Todo narrado con la atmósfera inocente de las películas de ciencia ficción de los 60, personajes que resultan la (subrayada y vuelta a subrayar) encarnación de los valores humanos y un tono épico del guión que de tan reiterado termina quitando cualquier resto de verosimilitud.
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  • La última noche
    Una vida perfecta puede no ser la más feliz. Algo así le ocurre a los personajes de “La última noche”, el filme que encabezan la inglesa Keira Knightly (la heroína de “Expiación, deseo y pecado”) y Sam Worthington (el protagonista de “Avatar”). Ambos interpretan a un matrimonio que lo tiene todo. Y sobre todo, mucho amor compartido. Pero la fórmula puede fallar cuando aparecen sospechas de infidelidad y traición. Eso propone la directora debutante Massy Tadjedin. La cineasta se acerca con delicadeza al conflicto. Primero impone a sus personajes una gestualidad ambigua y signos aparentes de seducción, y luego palabras que pivotean entre la galantería ambigua y la pura cortesía. Ese es el mayor acierto de este filme que reflexiona sobre el tema de la traición con elegancia y sin subrayados.
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  • Un amor
    Un amor
    La Capital
    La directora Paula Hernández tiene la cualidad de dejar que los sentimientos inunden sus películas y, sin embargo, consigue no saturar a sus personajes ni al espectador con sensiblería. Como lo hizo en su ópera prima, “Herencia” (2001), y como lo reiteró en “Lluvia” (2008), el encuentro y el desencuentro de los afectos es el motor de su nueva propuesta cinematográfica llamada “Un amor”. El filme relata la historia de tres amigos, en notables trabajos de los actores adolescentes Alan Daicz, Denise Groesman y Agustín Pardella. A quienes se suman Diego Peretti, Elena Roger y Luis Ziembrowski, los tres protagonistas de ese triángulo que se forma y se deshace según pasan los años. El conflicto entre dos amigos sobreviene cuando una chica llega a un pueblo y revoluciona las hormonas de los chicos, hasta que un día desaparece sin decir adiós. Treinta años después ella reaparece por sorpresa y los tres lados del triángulo comienzan a reunirse nuevamente. No hay pretensiones de moralejas ni golpes bajos, y sí una exposición de tres maneras de entender el primer amor de la adolescencia, ese que inevitablemente se recordará siempre (para toda la vida, como el título original del cuento de Sergio Bizzio). Todo ocurre en una trama que viaja del pasado al presente y viceversa. Con una fotografía cuidada y el uso sensible de la luz, una puesta en escena realista, pero nunca costumbrista, Hernández vuelve a conmover con sólo hablar de amor.
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  • La profecía del 11-11-11
    Pasado el 11 del 11 de 2011, parte del misterio de esa fecha se desvaneció. La película hace pie en una serie de eventos que supuestamente ocurrirían a partir de ese momento. El encargado de sobrellevar los eventos es un escritor que viaja desde EEUU a Barcelona para reencontrarse con su hermano y su padre. El escritor viene también de pasar por dos muertes cercanas, en las que aquellos números volvieron a reiterarse. Esto lo lleva a intentar saber qué se esconde detrás de esas coincidencias. Con el tópico visual de muchas de las películas de terror y en base a una narración que no pierde ritmo, pero sí sorpresa, el director, el mismo de “El juego del miedo”, se deshace del gusto por el gore y se inclina por un tipo de terror menos sangriento y más cercano a lo sobrenatural.
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  • La piel que habito
    Un ADN ciento por ciento almodovariano recorre “La piel que habito”. Pero a diferencia de filmes anteriores que hicieron del apellido Almodóvar un adjetivo, en este caso el trabajo del manchego que creó algunas de las mejores películas del cine español, pierde fuerza y da lugar a un relato algo pretensioso. Sus trabajos anteriores tuvieron diferentes proporciones de pasión, amores imposibles, obsesiones, arrebatos, sangre y sexo, y siempre el director mantuvo el pulso firme y logró imponer su talento narrativo a pesar de los desbordes. En este caso son demasiadas las cuerdas que toca y van desde referencias mitológicas, a la actualidad pasando por Frankenstein y apuntes de noticias siniestras. No hay verosimilitud, y no podría haberlo, en un relato como este sobre un cirujano plástico loco con aspiraciones de semidiós interpretado por Banderas. El hombre tiene una historia negra, con una mujer calcinada en un accidente, una hija con fobia social y secretos que espantan que le deparan un guión gótico y que no le teme a los estereotipos del folletín. El, sin embargo, se las arregla para reparar lo que el destino le deparó. A pesar del cuidado diseño de arte, las sutilezas de la fotografía y algunas buenas actuaciones, a lo largo de dos horas sorprende comprobar que el ingenio y la creatividad de Almodovar hubiesen merecido una mejor historia.
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  • Medianeras
    Medianeras
    La Capital
    No hay costumbrismo ni paisajes con íconos urbanos, pero tampoco el clima denso de la periferia de Buenos Aires que suelen reflejar con insistencia algunas películas porteñas. “Medianeras” es una comedia romántica, pero que no sucumbe a la los clichés del género. Su humor radica en la ironía, antes que en el gag. Los personajes generan empatía a partir de sus obsesiones, neurosis y secretos un poco vergonzantes. Se trata de la historia de una arquitecta que trabaja como decoradora de vidrieras, mientras espera algo mejor, y un diseñador de páginas web, fóbico a casi todo. Son solitarios, viven en la misma cuadra y tienen gustos parecidos, pero la ciudad, que el director describe como la gran enemiga de la salud mental, amenaza con evitar el encuentro. Lo narra con un humor desasosegado, sensibilidad, buenas actuaciones y ritmo parejo.
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  • Identidad secreta
    Taylor Lautner tenía que sumarse a la ola que generó “Crepúsculo”. Lautner, que a los 20 años es uno de los actores más famosos de Hollywood, también debía interpretar otra cosa que Jacob, el hiperactivo licántropo enamorado de esa saga. En este filme sobresale la acción y Lautner tiene oportunidad de mostrar toda su potencial. Pero además hay intrigas, persecuciones de agencias del gobierno y, por supuesto, romance. En este caso es un chico que un día descubre que su cara aparece entre las de personas desaparecidas. Ese es el puntapié que puede acabar con el orden de su vida hasta ese momento normal. Es la acción, una muy cuidada producción y algunas perlas, como los trabajos de Weaver y Alfred Molina, lo que los fans del género y de “Crepúsculo” sabrán apreciar.
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  • Apollo 18
    Apollo 18
    La Capital
    Después de “El proyecto Blair Witch” o “Cloverfield” entre otras películas que apelaron al recurso del “material encontrado”, “Apollo 18” resulta poco original. Sin embargo este producto cuenta a favor con varios factores que generan suspenso. El filme narra la trágica experiencia de tres astronautas enviados a la luna en una misión secreta. Lo hace en base a las supuestas grabaciones de una experiencia que salió mal. El director construye el relato con pausa y va aportando algunos datos personales del grupo y aporta sugestivos detalles para ir construyendo el horror que les espera sin mostrar nada obvio. La soledad absoluta, la traición oficial y las teorías conspirativas, pero también el coraje y la solidaridad se reúnen en este filme que atrapa a pesar de un recurso conocido.
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  • Mi primera boda
    Mi primera boda
    La Capital
    Los casamientos, como los funerales, suelen ser propicios para la comedia. Allí están “Novia fugitiva”, “La boda de mi mejor amigo”, “Cuatro bodas y un funeral”, entre otras. Esas circunstancias, ya sea para respetar el recogimiento y el dolor o para celebrar la solemnidad de la ceremonia, pueden inspirar a quienes se inclinan por el humor para aligerar la carga. Así lo hizo Ariel Winograd en “Mi primera boda”, en la cual se casan una mujer detallista y obsesiva y un novio medio despistado que pierde los anillos minutos antes de la ceremonia. En este segundo filme del realizador de “Cara de queso”, con Natalia Oreiro y Daniel Hendler, un ritmo aletargado”y algunas subtramas irresueltas no son causa suficiente para no disfrutar de una producción impecable en otros rubros.
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  • Quiero matar a mi jefe
    Algunas películas tienen el problema de que quieren ser políticamente incorrectas y al mismo tiempo temen ofender. En “Quiero matar a mi jefe” todo apuntaba desde el principio, y sin mucha originalidad, a “Extraños en un tren”, la novela sobre crímenes cruzados de Patricia Highsmith, también creadora de la saga "Ripley". Pero el perfil de los intérpretes (Spacey, Sutherland, Farrell, Foxx) hacía pensar que ese “tributo” sería superado con una vuelta de tuerca a aquel clásico que ya tuvo dos versiones en cine, una de Hitchcock y otra de Danny de Vito. Con todo, la película pierde impulso a los pocos minutos y después de media hora se diluye en ironías fallidas sobre los negros, el sexo, las buenas costumbres, salpicado de forma constante con una palabra que en inglés empieza con f.
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  • Cowboys y Aliens
    El honor vulnerado del Oeste

    En una época en la que los rescates de héroes de historieta están en auge, Hollywood volvió a hurgar en los archivos del cómic y llevó a la pantalla grande una historieta de hace una década que tenía el germen de una idea original. Se trataba de aggiornar un clásico como el western, un desafío que no deja mucho margen de maniobra. La apuesta era interesante desde el momento que debían convivir mundos tan opuestos como el de una civilización avanzada, agresiva e invasora que generaría un conflicto inaudito en un mundo precario poblado por hombres con pólvora, arcos y flechas como único arma defensiva. Obviamente ese mundo a tracción a sangre debería ganar a puro coraje, determinación y camaradería la inevitable batalla que sobrevendría. Pero aunque el filme funciona sobre todo gracias a las actuaciones de Daniel Craig y Harrison Ford, la idea no termina de concretarse. El ex Indiana Jones es en este caso un desagradable ganadero y rígido ex oficial de la Independencia, más preocupado por la suerte de sus vacas que por los escándalos que protagoniza su hijo en el pueblo. Hasta ese desolado lugar que prometía riqueza a quienes se animaran a buscar oro llega un jinete luego de despertarse en el medio del desierto sin recordar nada de su pasado. El hombre termina preso pero se convierte en el único con el poder para combatir a los alliens. Y a partir de allí gana la pulseada la experiencia digital y un relato que merecía mejor destino.
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  • Loco y estúpido amor
    Comedia familiar y romántica. Pese a reunir esas cualidades, la facilidad de encuadrar no funciona en “Loco y estúpido amor”. Este relato sobre relaciones parentales y de pareja, cuenta con un elenco eficiente y una trama con varias aristas, apela a sentimientos que van desde el amor devoto, hasta la traición y el despecho, con seres falibles y cercanos. Si el sufrido personaje de Steve Carell, la culposa esposa de Julianne Moore o el conquistador de Ryan Gosling hubiesen salido de la imaginación de Woody Allen sería fácil entender algunas concesiones. Pero estos hombres y mujeres en crisis, si bien son personas torturadas, sensibles y con tendencia al humor, son más pragmáticos y sobrellevan de forma adulta la parte que les toca. Todo sin tomar Prozac.
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  • Tengo algo que decirles
    Ferzan Ospetek es conocido en Argentina por “El baño turco” y sobre todo por “El hada ignorante”. En ambos casos, como en “Tengo algo que decirles”, la homosexualidad atraviesa el conflicto central. En este último caso se trata del hijo y heredero de una familia de ricos empresarios que decide contarles a sus padres que nunca estudió economía en Roma, que quiere ser escritor y que además es gay. Pero otra revelación inesperada echa a perder todos sus planes. Ospetek, que a juzgar por la dedicatoria final parece contar un episodio autobiográfico, oculta bajo una pátina de comedia el drama del personaje protagónico. La trama está sólidamente desarrollada pero el cineasta se concede algunos clichés que a pesar de todo no empañan la historia ni le restan atractivo a pesar de ser un tema bastante transitado.
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  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 2
    Un cowboy con acento británico

    "Las palabras son el mejor recurso que tenemos para hacer magia", dice el profesor Dumbledore en la única escena visualmente austera de "Harry Potter y las reliquias de la muerte (parte 2)" con la cual concluye la saga que comenzó en 2001. Las palabras, pero también las imágenes fueron parte del hechizo que hizo posible darle forma verosímil al universo literario de Joanne K. Rowling comandado por un pequeño mago que al fin se despide del cine con esta segunda y última parte.

    Después de una década de literatura y su correlato en sus correspondientes películas, con excepción del último libro cuya versión fue dividida en dos partes, es posible afirmar que Rowling efectivamente hizo magia. Lo consiguió primero a través de los libros, con la ya legendaria anécdota sobre esta inglesa desocupada que decidió hacer lo que mejor sabía para ganarse la vida: escribir.

    De su imaginación surgió un mundo al que se llegaba atravesando una pared de la estación King's Cross de Londres. A tal punto se fundió su creación con la realidad que un carrito de equipaje fue incrustado en los venerables ladrillos del siglo XIX para rendir tributo a la ficción en el andén 9 y 3/4.

    Es el mismo lugar donde en esta despedida, Dumbledore le indica el camino a Harry para la batalla final con Voldemort, esa guerra que marca la conclusión de este éxito fabuloso que obtuvo casi 900 millones de dólares por entrega.

    La saga contó desde siempre con el apoyo de una generación que creció con el actor Daniel Radcliffe. Como los pequeños fans, el personaje ya no es un niño sino un joven que tiene que enfrentarse a riesgos cada vez mayores y en consonancia con el incremento de responsabilidades, también hay progresos en la maduración de sus afectos, donde claramente se manifiesta el primer amor y los esperados primeros besos entre los protagonistas.

    Referencias. Lo acompañan como siempre Hermione, a cargo de Emma Watson, y Ron, interpretado por Rupert Grint, los tres mosqueteros de este final de fiesta para el cual Rowling reunió con caótica gracia referencias a la tradición cristiana, a fabulosas criaturas medievales y a la literatura inglesa de suspenso.

    Un equipo de talentosos creativos hizo posible una vez más su representación, con un diseño de arte con obsesión por los detalles, pero también gracias a la inspiración del director David Yates que vuelve a estar en forma después de que la anterior entrega, sin decepcionar, dejase medio perplejos a los fans por cierta morosidad en el relato.

    En este caso Yates retoma vuelo y el combo vuelve a funcionar como en sus mejores momentos también gracias a la tecnología que hace posible la magia de hacer creíble ese mundo que ahora llega en 3D.

    Los chicos crecen y todo termina, como anuncia el afiche. Ya no solamente hay trucos deslumbrantes. Ahora se trata de matar o morir. Tan sólo eso, como en las clásicas películas de cowboys. Básicamente ese es el planteo y la misión de Harry: deshacerse del Mal encarnado por Voldemort.

    En consecuencia, la película también es una batalla en la que abunda la violencia y hasta la sangre. Y hacia el final, el héroe demuestra con un último gesto porqué merecería formar parte del panteón de las fantasías más nobles y perdurables.
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  • Malas enseñanzas
    Una rubia e incorrecta debilidad

    Cómo hace una maestra de testable para ser tan atractiva. Buena parte de la respuesta a ese interrogante y de la credibilidad de esas características del personaje protagónico de "Malas enseñanzas" es de Cameron Díaz. La actriz tiene un perfil perfecto para esa clase de criaturas y genera el toque justo de seducción, simpatía, desagrado e ironía para representar a alguien que hace de la incorrección política su forma de conducirse en la vida.

    En este caso lo hace en un colegio secundario donde ella debe ponerse al frente de la clase después que su novio la abandona. Díaz consigue hacer creíble su necesidad de conseguir dinero de cualquier manera para agrandarse el busto y no decaer en el competitivo mundo de las chicas más jóvenes. Y de paso conquistar a un maestro ABC1 que podría darle la vida de holgazana que tanto adora.

    "Malas enseñanzas" sigue la línea de las películas que suelen protagonizar un grupo de actores varones, con chistes sin filtro, un argumento sin muchas sorpresas y una galería de personajes bastante reconocibles. Sin embargo esta comedia se impone por la pericia de Díaz y un elenco que la acompaña correctamente, pero sobre todo por el encanto que suponen ese tipo de seres que saben subrayar su encanto por sobre sus costados más impresentables.
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  • Medianoche en París
    Woody Allen habla en esta película de un pasado mítico que se construyó durante todo el siglo pasado con la capital francesa como referencia y epicentro del arte y la vanguardia. Allen revive en su película los personajes canónicos de la literatura, la pintura, la fotografía y el cine del siglo XX, en una París de entreguerras donde los estadounidenses fueron legión. Así aparecen Hemingway, Francis Scott Fitzgerald, Man Ray, Cole Porter, T.S.Elliot, Josephine Baker, Djuna Barnes y Gertrude Stein. Allen construye en este caso la búsqueda de la felicidad en estado puro para luego deconstruirla. A mitad de camino, el director comienza a dudar del camino que hace emprender a su alter ego, Gil, a cargo de Owen Wilson. El intérprete sobresale con un personaje con destellos de tristeza de su propia inspiración, con lo cual afortunadamente consigue desbordar la matriz alleniana de su personaje. El director se deleita fotografiando los paisajes mas sugestivos de París con un guión que se concentra en lo esencial de su personaje. Y hace viajar en el tiempo a ese hombre, un exitoso guionista de Hollywood que sueña con ser un gran escritor. Gil en apariencia lo tiene todo, pero intuye que no tiene nada. Y decide comprobarlo cuando se le da la posibilidad de viajar en el tiempo y sumarse a esa fiesta continua que Hemingway supo describir durante los años 20 en París.
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  • Aguas turbulentas
    Una tragedia universal, en Noruega

    “Todas las acciones de Dios tienen sentido”, afirma uno de los personajes de “Aguas turbulentas”. Y el protagonista le replica con una pregunta: “¿También el mal?”. El “mal” es el que encarna ese hombre que cumplió una condena acusado de haber matado a un niño aunque él sostenga que se trató de un accidente. El interrogante parece retórico, pero el director noruego Erik Poppe intenta guiar al espectador para que encuentre su propia respuesta cuando la pena pagada con la cárcel no dejó en paz ni al criminal ni a la madre de la víctima. La película está narradada en dos partes, desde el punto de vista de uno y otro. A partir del segundo tramo Poppe hace coincidir las piezas de un rompecabezas en el cual se impone el abordaje de la trama como una tragedia shakespereana. La muerte, la culpa, el perdón y la venganza atraviesan un filme, que además de sus extraordinarias actuaciones, no da respiro y deja bien claro hasta el final que no pretende tranquilizar conciencias. Por necesidades del guión se impone una cierta perspectiva religiosa de la culpa. Este hecho, lejos de distanciar apunta a darle al conflicto un abordaje más amplio en un filme que intenta sin golpes bajo, con ritmo constante y elegancia visual la demolición de todas las certezas.
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  • Hanna
    Hanna
    La Capital
    La inocencia perdida en el país de las peores pesadillas

    El director Joe Wright volvió a dar muestras de su intrincada imaginación en “Hanna”, y lo mejor es que lo hizo con una película en el extremo opuesto de sus trabajos anteriores. El cineasta inglés, que sorprendió desde su opera prima, “Orgullo y prejuicio”, y confirmó las muestras de talento en “Expiación, deseo y pecado”, lo hace ahora con una película que no tiene nada que ver con novelas adaptadas.
    En el caso de “Hanna” se metió con ímpetu por la puerta trasera de las buenas maneras y los corsés de época en los que parecía sentirse cómodo. La protagonista vuelve a ser la enorme actriz adolescente Saoirse Ronan que encarnó a la nena que arruina la historia de los enamorados en la adaptación de la novela de Ian McEwan. “Hanna” está muy cerca de un arriesgado cruce entre la acción, el suspenso, las películas de espías, la ciencia ficción y sobre todo una relectura arriesgada de los cuentos de hadas de Lewis Carrol y los hermanos Grimm. Tanta fusión por momentos abruma, pero a pesar de todo Wright sale indemne.
    El mérito es de Saoirse Ronan. Si en “Expiación...” tenía el tono de una nena arrogante y en “Desde mi cielo” fue la imagen de la inocencia y la vulnerabilidad, en este caso da un salto al vacío y compone a una adolescente educada para ser una máquina de matar, tarea que estuvo a cargo de su padre Erik, interpretado por Eric Bana. Cómo hace una adolescente, de cara lánguida y con pocas pero contundentes líneas de guión para casi eclipsar a una magnífica Cate Blanchett y pasar por encima al experimentado Eric Bana, es otro de las sorpresas que depara el filme.
    Hanna sale del bosque donde creció para cumplir su destino. Cuando se siente lista va al encuentro de Marissa, el personaje de Blanchett, una agente secreta y ex compañera de Erik, quien después de una operación fallida está viviendo con su hija en un bosque cercano al Polo, el lugar más solitario del planeta.
    “Hanna” recrea los climas ominosos de los cuentos de hadas y tiene su bruja malvada, su casita de los horrores, un túnel por donde caer a un mundo desconocido y cruel. Que el director haya puesto a una adolescente en ese lugar tiene coherencia con sus películas anteriores. Como en este caso, eas películas cuentan un relato de iniciación, pero también hablan de la inocencia, aunque Hanna desconozca qué significa esa palabra.
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  • Blue Valentine
    Blue Valentine
    La Capital
    Lecciones para romper el corazón más resistente

    En una de las escenas más lindas y tristes de “Blue Valentine”, Dean (Ryan Gosling) canta y toca con un banjo un clásico de Mills Brothers, “You Always Hurt the One you Love” (siempre lastimas a la persona que amas). Mientras, Cindy (Michelle Williams) sonríe y baila la música al ritmo del tap.

    La escena transcurre delante de la vidriera de un negocio que vende ropa para casamientos. Sin demasiados misterios, el plano secuencia, como buena parte de este filme rodado con ese recurso, funciona como un resumen de lo que será la vida de la pareja.

    Con el fondo de la desazón que produce toda relación que no funciona como se esperaba, “Blue Valentine”, (triste San Valentín) cuestiona aquello que Hollywood casi siempre intenta demostrar: que son posibles los finales felices. Y lo hace sin golpes bajos.

    La atmósfera del guión evoca el trabajo de algunos de los más singulares narradores estadounidenses que retrataron ese segmento de la sociedad blanca que está más cerca del fracaso que de cumplir el sueño americano, como Carson McCullers en “El corazón es un cazador solitario”, y Annie Proulx con sus criaturas grises del Medio Oeste. O la atmósfera un poco decadente que mostraba sobre ese mismo sector social “Lazos de sangre” (“Winter’s Bone”). El director Derek Cianfrance construye su segundo largometraje como un rompecabezas de brillante factura y final impecable. Aunque, como dicen los Mills Brothers, haya cosas que pueden romper el corazón más amable. Y resistente.
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  • Rompecorazones
    Rompecorazones
    La Capital
    Una situación inverosímil es el punto de partida para "Rompecorazones". Y es el oficio del protagonista, Alex, un destructor de parejas que a cambio de 50 mil euros asegura a quien lo contrate que la mujer que seduzca romperá para siempre la relación con una pareja indeseable. Eso sí: no se involucra sentimental ni sexualmente con las hijas de sus clientes. El caso central de "Rompecorazones" se complica porque la chica está por casarse con el hombre ideal y además están enamorados. Sólo que al padre de ella el tipo le parece una mala elección. Y es en ese momento cuando Alex tiene su trabajo más difícil. En un cruce de la intriga de "Las relaciones peligrosas", pero sin su malicia, con las comedias románticas de Frank Capra y la acción y la elegancia de James Bond, el director Pascal Chaumeil construye una comedia que se va ajustando a las reglas del género en el impecable desarrollo de sus casi dos horas. Lo hace en base a un muy buen guión, una impresionante puesta en escena en hoteles de lujo y escenarios deslumbrantes de Marruecos y Mónaco, buenas actuaciones, desde los protagónicos de Vanessa Paradis y Romain Duris hasta el último secundario, y una fotografía atenta a los detalles, como la hora ideal para rodar un paseo al atardecer por la costa del Mediterráneo, y ver si así la presa, muerde el anzuelo.
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  • El dedo
    El dedo
    La Capital
    Cuento de pueblo chico

    “El dedo” transcurre en un clima de humor entre absurdo e inocente, complementario de las ideas que su director tiene de un pueblo chico y sus habitantes. Entre los protagonistas están Florencio, a cargo de Fabián Vena, el dueño de un almacén de ramos generales; Don Hidalgo, un juez de paz con aspiraciones de ser el primer presidente comunal del pueblo, interpretado por Gabriel Goyti, y Baldomero, un trabajo de Martín Seefeld. Baldomero es quien pierde el dedo cuando su hermano Florencio promete hacer justicia después de su asesinato. Pero la falange amputada conservada en un frasco con alcohol comienza a manifestarse y los pobladores llegan al extremo de proponerlo como candidato. Vena se destaca en su muy buena composición de un personaje bastante hosco en una película que entretiene en base al disparate y la cálida aunque por momentos esquemática mirada que el director, Sergio Teubal, dirige a ese microcosmos en el que conviven varios arquetipos de un pueblito cordobés. Sin embargo el filme sale a flote gracias a buenos actores y a una historia que también cuenta con gracia las miserias de quien aspira al poder.
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  • Piratas del caribe: Navegando aguas misteriosas
    Una aventura para no olvidarse de Sparrow

    La cuarta parte de la saga protagonizada por el personaje del capitán Jack Sparrow, "Piratas del Caribe: navegando aguas misteriosas", retoma esa alocada creación con la cual quedó asociado su intérprete, Johnny Depp. El actor se muestra cómodo en un rol del cual disfruta y que además conoce a la perfección. Su serie de tics y la gracia con la que encarna nuevamente a Sparrow, ahora en busca de la Fuente de la Juventud, son en buena medida uno de los pilares sobre los que se construye la película. La impecable puesta en escena es también un soporte de lujo para el lucimiento de Depp que en este caso llega acompañado por Penélope Cruz como una antigua relación. En esta demasiado larga aventura, se destacan como una saludable sorpresa la aparición de unas criaturas mitológicas que suman intriga a esta aventura que seguramente tendrá más entregas.
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  • Culpable o inocente
    Suspenso en la Corte

    “Culpable o inocente” tiene una fórmula conocida como es la del relato de suspenso con un abogado poco transparente y un incriminado acusado de golpear a una prostituta. El personaje protagónico, a cargo de Matthew McConaughey, a pesar de su falta de principios cumple con su deber: dejar en libertad a clientes aunque su honorabilidad resulte bastante dudosa. Hasta que ocurre un milagro y es convocado para defender a un sinuoso personaje con los millones suficientes para cambiar su destino. Si bien el filme no se aleja demasiado de los clichés sobre el subgénero jurídico policial, “Culpable o inocente” contó con un sólido elenco de actores y actrices y una dirección capaz de mantener el suspenso hasta el final y darle interés a la trama.
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  • El hombre que podía recordar sus vidas pasadas
    Una ensoñación oriental

    “El hombre que podía recordar sus vidas pasadas” es como un provocador responso de casi dos horas de Boonmee, un granjero de Tailandia con una enfermedad que sabe que lo va a matar. El director Apichatpong Weerasethakul usa la agonía sólo como el punto de partida para hablar de un aspecto de la espiritualidad oriental. El año pasado el festival de Cannes otorgó a “El hombre...” la Palma de Oro, su máxima distinción. Es improbable que este filme hubiese llegado al circuito comercial sin la bendición del máximo festival francés, a pesar de lo cual lo hizo en un número restringido de salas. Con climas bien logrados, buenas actuaciones y mejores intenciones que resultados, la película tiene el aspecto de una ensoñación que evita deliberadamente, a veces de forma grotesca y otras genial, el contacto con la racionalidad.
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  • El gato desaparece
    El gato no es el asesino

    "El gato desaparece" es un producto atípico del cine argentino, en principio porque el suspenso no es un género frecuente. También porque no cae en el manierismo de un sector de la industria local: no hay artificiosidad en el guión, se trata de un thriller psicológico pero no hay psicologismo, las actuaciones son brillantes sin tratarse de estrellas consagradas, hay un director con mano firme que usa los recursos clásicos sin ponerse solemne y atiende con esmero los rubros técnicos. Carlos Sorín encontró en Luis Luque y Beatriz Spelzini dos extraordinarios intérpretes para los personajes de un hombre que intenta recuperarse de un brote psicótico y su sufrida mujer que, quizás, esté más desquiciada que su marido, y que encuentra siniestras cosas tan comunes como la desaparición de un gato.
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  • Fase 7
    Fase 7
    La Capital
    "Fase 7" se ubica entre el humor monstruoso de "La comunidad" y el tono apocalíptico de "Soy leyenda" o "La carretera". El director consigue transmitir el clima ominoso de un grupo de personas obligadas a convivir en un edificio en cuarentena luego de la declaración de una pandemia. Juguetea con los extremos, pero si cruza el umbral de lo inverosímil lo hace sin hundirse en el ridículo. Ese detalle hace de "Fase 7" un filme que incomoda por la referencia a la realidad, a la vulnerabilidad de las personas y a la irracionalidad que pueden desatar las situaciones extremas (hambre, violencia), pero también divierte con las ironías sobre algunos rasgos de los personajes (arbitrarios, caprichosos, indolentes, paranoicos), todo lo cual hace del conjunto algo inquietante por lo cercano y posible.
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  • Soy el número cuatro
    La saga “Crepúsculo” abrió el nicho en apariencia inagotable de la ficción fantástica. Para satisfacer ese mercado y diversificar la oferta entre tantos licántropos y hemotófagos, llegó “Soy el número cuatro”. La apuesta, no demasiado arriesgada, apela a la fórmula de extraterrestres camuflados, perseguidos en la Tierra por sus enemigos galácticos que los asesinan en un orden determinado. El héroe está obligado a huir, hasta que el amor se interpone en su vida. Sin embargo, la producción tomó seriamente el objetivo y dio forma a una muy bien resuelta primera parte. Detrás del proyecto hay tres tanques de la industria: Spielberg con Dreamworks, Disney y Michael Bay, productor y director “Transformers”, “Pesadilla” y “Armageddon”. Y un director que supo darle a un relato bastante convencional el tono de una aventura épica.
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  • Lazos de sangre
    Lazos de sangre
    La Capital
    Una luz sobre los feos, sucios y malos, y al borde del sistema.

    La Norteamérica profunda, esa definición que se usa para hablar de la opuesta a la sofisticada del noreste o la liberal de la costa oeste, es el espacio donde transcurre "Lazos de sangre", la adaptación de la novela "Winter's Bone" y que corre con cuatro candidaturas al Oscar.

    Aunque la expresión es amplia, en este caso se trata de seres que habitan una parte del país donde supuestamente se puede ver el revés de la trama. Allí están los "feos, sucios y malos" de los que hablaba Ettore Scola. Son los que no estarían en la superficie, esa que tiene casas impecables, con jardín y cercos blancos. Viven en cabañas medio en ruinas, perdidas en medio del bosque de Ozark, en el sureste de Estados Unidos.

    La directora Debra Granik tensa la cuerda del drama y el perfil brutal de los personajes hasta el límite de lo verosímil sin traspasarlo.

    También coquetea con el thriller y no le teme a un tipo de incorrección, con la que tal vez espante un poco al jurado de los Oscar, para representar la pobreza y la marginalidad de aquellos a los que despectivamente se llama white trash.

    En medio de ese ambiente hostil hay una joya. Es Ree Dolly, a cargo de Jennifer Lawrence, una adolescente de 17 años con un padre narcotraficante de poca monta, una madre depresiva y dos hermanitos menores.

    Ella tiene que hacerse cargo de todos cuando el padre es dejado en libertad tras poner la casa familiar como garantía. Pero el hombre desaparece y ella sale a buscarlo. No le resultará fácil. Todos, aunque no son mejores, se avergüenzan de él, ocultan lo que saben o le temen.
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  • De amor y otras adicciones
    La química del corazón

    Un tipo pragmático y seductor, visitador médico, se encuentra un día con una cuenta que revoluciona una época: el Viagra. El hombre, Jamie, interpretado por Jake Gyllenhaal, tiene al fin todo lo que desea, un trabajo redituable y éxito con las mujeres. Pero se cruza con con una mujer que también sabe qué quiere. Ella es Maggie, a cargo de Anne Hathaway. La chica interpreta el corazón un poco frívolo de ese chico que tiene el mundo a sus pies. Y claro, se enamoran. Pero, otra vez, el problema es la enfermedad progresiva de la mujer. En ese giro, la película se aparta un poco la autopista de la comedia ligera para internarse en el terreno más accidentado del amor. Y gracias a los actores y un humor por momentos bien logrado, el filme obtiene un resultado digno.
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  • El turista
    El turista
    La Capital
    El suspenso con glamour

    El director Florian Henckel von Donnersmarck, el mismo que sorprendió con “La vida de los otros”, volvió al ruedo con un filme que prometía más de lo que ofrece en pantalla. El proyecto era ambicioso: reuniría a dos de las estrellas más caras de Hollywood, una producción millonaria y eficaz, una trama de suspenso atravesada por la comedia y el romance, sobre el tapiz de dos escenarios de lujo como París y Venecia. Y una historia sobre un estafador seguido de cerca por su amante, el mafioso al que traicionó y Scotland Yard. Fuera de esos atractivos puntos de partida, el director no le impone el ritmo que requiere una película con eje en la acción y la intriga. El resultado luce como una versión pulcrísima de un cruce entre “Rock’nRolla” de Guy Ritchie y “Arsénico y encaje antiguo” de Capra.
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  • Noches de encanto
    La vieja y repetida historia de buscarle un sentido a la vida

    En cientos de ocasiones el cine abordó el tema central de “Noches de encanto”. Esto significa: la chica pobre y con ambiciones que parte de un pueblo miserable solamente con sus sueños a cuestas. Y muchas, pero muchísimas ganas de tener un futuro mejor haciendo lo que le gusta.

    En este caso se trata de bailar y cantar. Ese es el deseo de Ali, el personaje protagónico a cargo de Christina Aguilera en su debut cinematográfico. Ali llega a Los Angeles y consigue un empleo como moza en Burlesque Lounge, un lugar que la deslumbra nada más ver la marquesina, como si su destino estuviese escrito en ese cartel con letras de neón.

    Por pura perseverancia se las arregla para que Tess, la dueña del sitio interpretada por Cher, le de la oportunidad de subirse al escenario y mostrar finalmente qué es lo que sabe hacer además de servir las mesas. También conoce a un músico y barman que la hospeda por un tiempo y a un grupo de bailarinas con quienes compartirá los buenos y malos momentos.

    ???A partir de allí, el filme corre por los carriles más o menos conocidos del romance y el drama en clave musical. Podría pensarse que el primer filme del director Steve Antin, con tres nominacines a los Globos de Oro, no tiene mucho más para ofrecer y no es así.

    ???Aguilera, con su voz potente (“¿desde cuándo una blanca canta así?”, se pregunta una compañera suya) se luce sobre todo en las escenas musicales, pero también pone empeño en hacer lo más creíble posible la fragilidad de su personaje.

    ???Si bien los conflictos pronto quedan al descubierto tanto como el desenlace, las coreografías eficaces y la impecable puesta en escena compensan cierto desencanto que produce la película desde el punto de vista argumental.

    ???Es en el aspecto visual y técnico donde Antin muestra la mayor tenacidad al poner en primer plano lo que mejor saben hacer las protagonistas y en el espacio de un pequeño cabaret.

    ???De hecho, hasta la mitad del filme las coreografías incluyen sólo cinco bailarinas sobre un pequeño escenario, y aun así la puesta de cámaras es brillante tanto como el desempeño del cuerpo de baile, el montaje, la iluminación y la mayoría de los rubros técnicos.

    ???En última instancia “Noches de encanto” es la vieja historia que vuelve a repetirse, en la vida como en la ficción. Más allá del embalaje más o menos elaborado en el que se lo presente, en el fondo se trata de personas tratando de sobrevivir y encontrarle sentido a sus vidas.

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  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 1
    Un Harry Potter más adulto hace frente a una etapa de definiciones.

    Harry ya no es un niño. Y queda claro en “Las reliquias de la muerte”, primera parte de la última entrega de la saga. La Escuela de Magia Hogwarts cayó en las garras de Lord Voldemort, el Ministerio de la Magia es una cueva de maldad y hostigamiento, corre la sangre de los justos mientras los malvados salen victoriosos. La corrupción y la delación imperan ahí donde los “buenos” enseñaban los secretos de la magia y hoy son alimento de las víboras.

    Buena parte de las más de dos horas de la película transcurren en la penumbra o con cielos nublados, desde el principio hasta la inquietante escena final, en una obvia referencia al matiz que tiñe el tramo final de este éxito que no dejó de facturar desde su primera entrega, “Harry Potter y la piedra filosofal”, que inauguró el fenómeno en 2001.

    Aquel pequeño Daniel Radcliffe conserva sus ojos de asombro, aunque no su inocencia. El personaje protagónico creado por Joanne K. Rowling vio demasiado a lo largo de su corta vida. Hoy, además de darse unos besos furtivos con su novia, a sus 17 años está definido el sentido de su existencia. Y el incremento de su edad fue proporcional al del peligro real de muerte que lo rodea a él y a todos sus amigos, con Voldemort enviándole sus sicarios incondicionales, los mortífagos.

    En esta entrega la trama de define en torno a las reliquias de la muerte que indica el título. Quién posea el más preciado de esos objetos mitológicos será el dueño del poder absoluto. La carrera es contrarreloj porque Voldemort está detrás de la reliquia, mientras Harry se reparte entre huir de sus perseguidores y llegar a tiempo para impedir que triunfe su gran adversario. Técnicamente el tramo en el que se revela el relato que da nombre al filme está ilustrado por una breve e impecable animación, con una estética que evoca las figuras estilizadas de “The Wall”.

    A pesar de algunos momentos de morosidad, el director David Yates, también autor de las últimas tres partes, impone un ritmo casi frenético que contrarresta con el agobio de la oscuridad. Pero no todo es vértigo y puro gusto por la acción. El guión, en el que se imponen los momentos dramáticos, también se hace un lugar para la reflexión y el humor, que aparece sobre todo en los roces que se dan en el trío protagónico formado por Harry, Hermione y Ron, en una relación cuyo desenlace los fans podrán conocer recién el año que viene cuando se conozca la segunda y última parte de esta taquillera historia.
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  • Amor de familia
    Amor de familia
    La Capital
    La familia es lo primero.

    Las películas sobre relaciones familiares suelen ser dramones o comedias en las cuales la verosimilitud de los conflictos y los personajes quedan supeditados a la idealización. No es el caso de “Amor de familia”. El filme de Remy Bezançon indaga en las relaciones parentales y filiales en varios episodios claves de la vida de los integrantes de una familia. Así, aparecen los problemas y las desavenencias clásicas que genera algo tan clave como el tránsito a la madurez de los adolescentes. También la inexorable reflexión de los adultos, con sus problemas propios de la edad o los proyectos incumplidos, y unos hijos que no quieren que les digan qué hacer. El director no se permite facilismos y deja sobrevolar el humor sobre la acción como una consecuencia lógica de un buen guión.
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  • Lengua materna
    Lengua materna
    La Capital
    Los vínculos entre padres e hijos son casi un tópico. “Lengua materna” indaga en la relación entre una mujer mayor y su hija adulta que un día le confiesa que es lesbiana. Sin embargo la directora Liliana Paolinelli evita los lugares comunes. Reviste de ironía a ese breve diálogo del principio del filme y lo deja en segundo plano para concentrarse en la forma en que esas dos personas, a pesar del amor, de pronto se convierten en una incógnita la una para la otra. Y también se dedica a mostrar, siempre con sobrias pinceladas de humor, la manera en que la hija, después de una crisis de pareja, debe enfrentarse al hecho de que ya no es una niña, que ya no hay espacio para los reclamos ni dependencias y que debe hacerse cargo de su propia vida.
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  • El ocaso de un asesino
    La condena del pasado.

    La trama de “El ocaso de un asesino” es atractiva aunque no original. Un sicario de alto rango se harta de su trabajo. Pero era previsible que a alguien con tantos secretos no le dejaran tanta libertad de acción. El asesino, interpretado por George Clooney, que hasta la mitad del filme ni siquiera tiene nombre, es enviado por su jefe a un pequeño pueblo de los Abruzzos con la orden de no llamar la atención. Imposible. En poco tiempo todos saben que es “l’americano”, además comienza una relación con una prostituta y con un sacerdote que también guarda sus secretos. El eje del filme pasa por el intento de redención del asesino, su culpa y su sensibilidad (se interesa en la vida de las mariposas). La película tenía todo para profundizar en esas aristas, pero pierde fuerza al darle prioridad al drama y al romance sobre el costado sicológico.
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  • Orquesta roja
    Orquesta roja
    La Capital
    Una jugada peligrosa

    Desde que Orson Welles dramatizó “La guerra de los mundos” en la radio de la década del 30, aquella broma pesada a la opinión pública marcó la dimensión de cómo se pueden tergiversar algunos hechos. Algo así pasó en 2000 con el apócrifo Comando Sabino Navarro, en Entre Ríos, cuando un grupo de militantes de agrupaciones sociales cambiaron los piquetes por una supuesta “lucha armada” al grito de “vuelven los 70”, y en el momento en que sus reclamos perdían fuerza en la pantalla chica. El episodio incluyó a supuestos guerrilleros que acordaron con algunos medios de prensa una cobertura que le diera alcance nacional a su rebelión, con cámaras siguiendo el desarrollo de los hechos con falsos reportajes en vivo. El director Nicolás Herzog muestra que aquel fue un acuerdo en el cual perdieron todos.
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  • Bajo el mismo techo
    Sobresaltos de amor.

    Holly y Eric, interpretados por Katherine Heigl y Josh Duhamel, no podían ser más opuestos. El, descortés; ella, una chica que espera que su caballero no la haga sentir una cita, al menos no la primera vez que se encuentran. Pero ambos, contra todas las previsiones, terminarán conviviendo bajo el mismo techo. Y además tienen que hacerse cargo de un bebé, hijo de unos amigos que fallecen. A medida que avanza, el filme se va encauzando en los caminos conocidos, con diálogos precisos, un humor no siempre correcto y apelaciones a los incidentes, alegrías y sorpresas que podría reconocer cualquier padre o madre primeriza. Aunque “Bajo el mismo techo” es un filme correcto, el resultado es por momentos previsible, con dos personas que, pese a todo, descubren que la atracción puede esconderse en las diferencias.
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  • Enterrado
    Enterrado
    La Capital
    Solo contra el mundo

    “Enterrado” es un excelente ejercicio narrativo. Es que la hora y media que dura el filme es como un largo plano secuencia en el que sólo se ve la cara del actor Ryan Reynolds peleando por salir del ataúd en el cual fue enterrado vivo. Cortés se las ingenia para construir un relato agobiante y extender el suspenso hasta el final. Y lo logra a pesar de algunas excepciones a la verosimilitud. Pero cuenta a favor con el trabajo de Ryan Reynolds y un guión con una única y buena idea que gira en torno a la metáfora de un hombre arrasado por razones burocráticas y estratégicas, tan consistentes como los cientos de kilos que cubren su cajón. Y abrumado por situaciones extraordinarias desde lo cinematográfico como ocurre en “La soga”, de Hitchcok, o argumentales, como en “El proceso”, de Orson Wells.
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  • Sin retorno
    Sin retorno
    La Capital
    Los justicieros del azar.

    “Sin retorno” es una película sobre la justicia: sobre la institucional, la que se ejerce a nivel personal y la que se desprecia. El director Martín Cohan no cedió a ninguna tentación dogmática en su ópera prima. Al contrario, expone la trama como un mecanismo sometido al azar. De hecho todo comienza con un hecho banal como una licuadora que se descompone. Y sigue con dos adolescentes que van a buscar una de repuesto, en el camino atropellan y matan a un joven, encubren el hecho con una denuncia falsa y otra persona es condenada por el crimen. El filme también es un planteo sobre la decisión de asumir las consecuencias de los propios actos. Con un guión y un elenco comprometido y sólido, Cohan también muestra el envilecimiento personal, sin pontificar. Sólo con ideas.
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  • Wall street 2 - El dinero nunca duerme
    El mundo en una burbuja.

    Después que pasó la peor parte del terremoto financiero global, Oliver Stone representa con imágenes la peor crisis económica desde la década del 30 y la “avaricia” de sus promotores. Lo hace rescatando al ex operador de Bolsa Gordon Gekko, otra vez interpretado por Michael Douglas. Stone no aporta mucho a lo ya conocido sobre la realidad en su crítica al despiadado mundo de las altas finanzas y el “capitalismo salvaje”, sino que transforma en ficción los hechos y los monta sobre una historia con villanos y honestos para darle densidad dramática al filme. Sin embargo la representación de ese panorama de caos global es altamente efectiva gracias a la pericia de Stone como un realizador con pulso para el ritmo, el excelente montaje, la heterodoxia del estilo narrativo y las posibilidades técnicas que le acercó esta millonaria producción.
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  • El baile de la victoria
    El abismo de la felicidad.

    El filme sobre la obra del escritor chileno Antonio Skármeta fluctúa al intentar buscar el tono justo. Tiene el potencial para ser un buen drama romántico, a cargo de tres personajes estragados y con muchas ganas de mejorar su vida. Pero las pinceladas de un humor no siempre logrado, la apelación al realismo mágico o el drama que esconde la mudez de una de las protagonistas, hija de desaparecidos durante la dictadura de Pinochet, entre otros, resulta una superposición de temas. En el medio quedan las actuaciones de Ricardo Darín, como un legendario ladrón de cajas fuertes; Abel Ayala como su joven y romántico discípulo y una conmovedora Miranda Bodenhöfer, como la bailarina Victoria. Juntos logran los momentos más emotivos, con efectivas dosis de lirismo.
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  • El hombre de al lado
    Una ventana indiscreta sobre los prejuicios y el poder de los símbolos.

    ¿Cómo una simple ventana puede hacer tambalear un mundo perfecto? Los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat partieron de ese interrogante para construir “El hombre de al lado” con la cual suman un exponente singular al cine argentino.
    Es así por la profundidad y multiplicidad de digresiones que surgen a partir de una anécdota en apariencia simple, por la irreverencia en el tratamiento de los personajes y por la ironía un poco cruel con que los tratan.
    Pero todo tiene sus matices en esta película que conserva algunos rasgos de la forma en la que esta dupla de directores apela al humor y al drama, tal como lo hicieron en “El artista”, el filme que marcó su debut en la pantalla grande.
    Para empezar no se trata de cualquier ventana. Es una abertura que se hace sobre una de las medianeras de la Casa Curutchet, diseñada en 1949 por el arquitecto Le Corbusier en La Plata y la única en Argentina.
    Segundo, su propietario, como es de prever, es alguien valora y disfruta de saber que es el propietario de un símbolo de la arquitectura moderna, visitado y fotogafiado por turistas y estudiantes.
    ???Tercero, el autor de los mazazos que rompen ese símbolo (de exclusividad, de poder, de sofisticación) no sabe ni le interesa ni entiende que lo que hace es un sacrilegio para el afectado.
    El sólo, dice, pretende tener “un rayito de sol” de todo el que se derrama generosamente sobre la casa de su vecino. Así es como rompe la venerada pared, y al mismo tiempo abre grietas en una estructura familiar y personal y en una vida en apariencia inmejorable.
    ???Esos dos personajes, Leonardo y Víctor, representan dos mundos irreconciliables antes que opuestos o enfrentados: el de una persona algo rústica, pragmática y de modales simples, y el de un exitoso diseñador, sofisticado, arrogante y cuya sensibilidad parece sepultada debajo de una densa capa de esnobismo.
    ???El guión de Andrés Duprat no siente piedad por ninguno de los dos, interpretados con eficacia por el actor cordobés Daniel Aráoz (Víctor) y el director y actor Rafael Spregelburd (Leonardo).
    Durante las casi dos horas de película, guionista, directores y actores están al servicios de un filme con múltiples lecturas. ?En el trabajo se destacan una trama que complica el conflicto a medida que transcurren los minutos y deja al descubierto, sin estredencias y de una forma casi minimalista, el caos que puede generar una ventana indiscreta.
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  • Como perros y gatos 2
    Una de espías peludos.

    Una película de espías, pero con gatos y perros súper equipados y con objetivos claros. Así se presenta “Como perros y gatos 2” que ofrece la posibilidad de verla en 3D. El filme tiene una resolución eficaz en los efectos que permitieron que los protagonistas peludos luzcan expresiones humanizadas. Con el pretexto de la venganza de Kitty Galore, que quedó resentida después de un accidente que la dejó completamente pelada mientras perseguía a un perro espía, la película avanza con gags efectivos y referencias a la saga de James Bond y “El silencio de los inocentes”. Con algo de dramatismo y guiños a los adultos, la película plantea que la solidaridad también puede ser divertido cuando hay una valioso objetivo compartido.
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  • Chloe
    Chloe
    La Capital
    Un peligroso equilibrio.

    Al principio cuesta un poco aceptar que un personaje aparentemente tan racional como el de Catherine, que es interpretado por Julianne Moore, puede desbarrancar ante lo que siente como una amenaza de infidelidad de su marido David, interpretado por Liam Neeson. Para comprobar o descartar sus sospechas contrata a una bella joven, la Chloe del título, a cargo de Amanda Seyfried. El director Atom Egoyan reviste el relato de una efectiva capa de ambigüedad para la cual Seyfried resulta ideal con su expresión inocente. Moore apela a lo mejor de sus antecedentes para encarnar a un personaje que se destaca por su complejidad, y que con su obsesión, se expone al riesgo de descubrir más sobre ella misma que de su, también, ambiguo marido.
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  • Igualita a mi
    Igualita a mi
    La Capital
    Un abuelito con onda.

    “Igualita a mi” tiene la estructura de las comedias clásicas. Un soltero que disfruta de su libertad intenta seducir a una adolescente que resulta ser su hija y que además está embarazada. Con lo cual en pocas horas se convierte en padre y abuelo. Luego de revelar ese secreto, la película se centra en describir la forma en que esos dos desconocidos construyen el vínculo. Pero como se trata de una comedia, la trama se desarrolla con sobresaltos para el personaje de Adrián Suar, una especie de niño grande que se resiste a enfrentar sus responsabilidades. Un guión que combina el humor con tramos que apelan a los sentimientos son la columna vertebral sobre la cual se apoya el filme, con el tono adecuado para que la comedia no se salga de unos límites bien definidos por el director.
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  • Pájaros volando
    Un puñado de personajes extraños en busca de un lugar en el mundo.

    Al guionista Damián Dreizik le gusta reírse de los clichés. Así lo muestra en “Pájaros volando”, película de la cual es responsable de los diálogos y en la que también compone un personaje que es un ejemplo de su desparpajo.
    Para hacer humor Dreizik se sirve desde la toponimia, hasta el nacionalismo, el folclore, los hippies, el rock y una sutil referencia a la política en el personaje interpretado con calidez por Antonio Cafiero.
    ?Con esa actitud iconoclasta, Dreizik y el director Néstor Montalbano dieron forma a una comedia bastante delirante y bizarra, con pinceladas de humor naif. Para interpretar a los personajes se reunió un elenco ecléctico, que incluye desde actores de larga trayectoria hasta referentes del rock.
    ?La historia transcurre en un pueblo de Córdoba donde va a parar José, el personaje de Diego Capusotto. Llega hasta allí convocado por su primo Miguel, a cargo de Luis Luque. Ambos tuvieron una banda en los 80, Dientes de Limón, y un hit, “Pájaros volando”, del que sólo unos pocos se acuerdan.
    ?Miguel es parte de un grupo de “delegados” elegidos por los extraterrestres para hacer un viaje interestelar que será algo así como un intercambio cultural en el cual les enseñarán a los humanos cómo preservar la Tierra.
    Algunos de los numerosos y extravagantes personajes de la película están forzados hasta el límite de la parodia y el absurdo, pero nunca dan el paso hacia el ridículo. Aunque son reconocibles, todos parecen fuera de la realidad en ese lugar en medio de la nada, donde se dedican a sostener como sea sus fantasías de un mundo ideal a pesar de los evidentes roces y un nivel de agresividad y recelos que no siempre pueden ser contenidos ni disimulados.
    El plan de Dreizik y Montalbano era ambicioso y desmesurado. Ese cóctel de humor disparatado que es la película hubiese naufragado sin el aporte de un grupo de actores que nunca cede a la tentación de apelar a la caricatura.
    Si alguien pretende ver alguno de los personajes de Capusotto quizás lo encuentre, pero Juan es original y por momentos no tiene nada de humorístico sino que resulta conmovedor por la certeza que tiene del fracaso en el que se convirtió su vida.
    Y así ocurre con el resto, como la criatura desaforada de Luis Luque, la muy eficaz Verónica Llinás o Claudia Puyó, con una breve y contundente intervención. Ellos son los que hacen creíble ese gran equívoco de un grupo de personajes que intenta con humor darle algún sentido a sus vidas.
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  • Mi villano favorito
    Un grandiulón que sólo aspira a ser el malo más admirado del universo.

    “Soy la mente criminal más grande del universo” exclama Gru. Una afirmación tan desmesurda suena graciosa en boca de ese personaje de mirada alocada, ceño fruncido y sonrisa permanente. que sueña con robar la luna. Para ello cuenta con la ayuda del doctor Nefario y los Minions, unos seres amarillos con tanta inocencia como entusiasmo para apoyar los planes más alucinados de su jefe. Sus planes se complican cuando aparecen tres huerfanitas muy simpáticas y perseverantes que amenazan con descongelar su corazón helado.
    Gru, un grandulón con aspecto de tío Cosa y una versión masculina de "Las trillizas de Beleville", y el carácter agrio del Scrooge de Jim Carrey, es el antihéroe de este filme que encuentra justificación a sus delirios en una madre que nunca lo valoró. A pesar de cierta linealidad inicial, “Mi villano favorito” se despega de otras animaciones por varias razones: no hay buenos y malos. Sólo hay un héroe muy malo (aunque en el fondo de corazón tierno) con lo cual rompe la estructura del relato tradicional. Su objetivo es utópico: robar la luna. Y sus secuaces, los Minions, tienen un efecto disruptivo, con su aspecto extraño y unos sentimientos contradictorios muy humanos.
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  • Miss Tacuarembó
    Sueños y desengaños en un filme entre colores flúo y música pop.

    Miss Tacuarembó tiene el clima de una pequeña epopeya, cálida, irónica y al mismo tiempo delicadamente dolorosa. Pero también está atravesada por un humor con gusto a nostalgia por los sueños perdidos. Claro que antes de entregar las armas o vencer a la adversidad, la protagonista dará batalla.

    Cada una de esas atmósferas que rodean a los protagonistas, una nena, Natalia, y su amiguito de la infancia, Carlos, son desarrolladas e ilustradas con una iconografía clara para cada época. El relato, basado una novela de Dani Umpi, adquiere consistencia bajo la mirada disparatada, sensible, y por momentos implacable, del director Martín Sastre.

    En el inicio de la década del 80, en medio del rigor religioso y las limitaciones y clichés de un pueblo chico en el que “nunca pasa nada”, Natalia y Carlos se preparan para cumplir su futuro de artistas desde los ocho años.

    Los sueños incomprendidos de esos nenes sensibles y soñadores son alimentados por algunos íconos de la época, como los romances de Jeanette Rodríguez en la novela “Cristal” y los éxitos de Los Parchís, todo perfumado con Coqueterías y charlas a través de unos modernos walkie talkies que tomaron prestados de dos compañeras de colegio, dos mellizas medio harpías.

    Ya en la adolescencia las fantasías de Natalia, ahora interpretada por Natalia Oreiro, se pueblan con el optimismo discotequero de “Flashdance” y la atmósfera cambia a los colores flúo, perfumada en esta etapa por Anaïs-Anaïs y First. Pero sobre todo por el sueño de ganar el concurso de Miss Tacuarembó que incluye dos pasajes gratis a Buenos Aires, meca de Natalia y de Carlos, a cargo de Diego Reinhold.

    Pero la ciudad, y ya cerca de los treinta, les depara algo muy distinto a sus proyectos del pasado: dos frustrantes empleos en un parque temático dedicado a Cristo, disfrazados de tablas de la ley con coreografías que dan la bienvenida a los escasos visitantes.

    Allí parecen cerrarse todos los caminos, pero el director les da siempre un bonus track a estos dos desamparados. Sastre elige el recurso del musical para aligerarles la carga en un clima que evoca a “Fama” y otros clásicos televisivos para adolescentes de los 70 y 80, pero con unos personajes más realistas que se atreven a increpar a Jesús por su escasa suerte.

    Las criaturas de Dani Umpi cargan como pueden con lo que les toca en suerte o en desgracia, pero a pesar de todo luchan hasta el final. Aun sospechando que la construcción de los sueños, quizás, puede fallar.
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  • Karate Kid
    Karate Kid
    La Capital
    Las historias de iniciación siempre funcionan. “Karate Kid” apela a eso y a varios de los tópicos de esa especie de subgénero. El protagonista de esta remake de una exitosa película de acción de los 80 es un niño, Dre Parker, interpretado por Jaden Smith, que tiene que mudarse a China cuando su madre recibe una oferta laboral. Solo y en un medio que le resulta desconocido y extraño, el chico además tiene que padecer la hostilidad de un grupo de compañeros de la escuela.
    Todo marcha mal entre sus compañeros hasta que tiene que intervenir el portero, que resulta ser un maestro de kung fu. Este hombre, interpretado por Jackie Chan, intentará transmitirle la filosofía y el sentido de la defensa que implica ese arte marcial, una enseñanza que le servirá para ganar confianza en sí mismo y confirmar el valor de los afectos.
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  • Cartas a Julieta
    Los sueños incumplidos.

    El director Gary Winick demostró su dominio de la comedia. Y ahora vuelve al ruedo con “Cartas a Julieta”. Sophie, la protagonista, visita en Verona (Italia) la casa de la heroína de Shakespeare en cuyas paredes los enamorados dejan esquelas para canalizar sus dudas amorosas. Así descubre una carta escrita hace 50 años por Claire, hoy una mujer sexagenaria interpretada por Vanessa Redgrave, en la que se lamenta por haber hace mucho dejado plantado a su gran amor. Claire hoy tiene un nieto que parece que simpatiza con Sophie, personaje a cargo de Amanda Seyfried. El filme de Winick se ubica entre su tan tierna como divertida “La telaraña de Charlotte” y la más descarada “Guerra de bodas”, como un producto con emociones serenas y un final un poco previsible que no invalida su naturaleza romántica.
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  • Los senderos de la vida
    La infancia en Seúl, como en cualquier lugar del mundo, es una etapa complicada. Más aún cuando se trata de dos nenas con una familia deshecha. Primero las abandona el padre y después la madre. Así, las chicas terminan viviendo primero con una tía que las acepta a desgana en su casa. La mujer termina hartándose y las lleva a la casa de campo de sus abuelos. En esos dos cortos tramos de su vida las niñas, Bin y Jin, conocerán la dura experiencia del abandono, y el significado de las palabras mentira y maltrato. Hasta que su abuela, una anciana campesina que vive de su trabajo en una pequeña granja les enseñará a su manera simple y profunda una nueva forma de cariño y de vivir que va más allá de egoísmos y carencias materiales. Con pocos elementos la directora construye un pequeño filme bien narrado y contundente en su simplicidad
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  • Samarra
    Samarra
    La Capital
    El director Brian De Palma rodó hace unos años “Samarra” en la cual intenta transmitir el horror de la guerra. Para este filme, cuyo título original es “Recacted” y con el cual el director ganó el León de Plata en el Festival de Venecia en 2007, se valió del recurso del falso documental para contar la historia de un grupo de soldados perdidos en el medio de la nada durante la guerra de Irak. El realizador intenta transmitir los estragos sicológicos de esos soldados sometidos a la presión sostenida y a la degradación insalvable de la violencia. Con recursos técnicos acertados, como un soldado que decide filmar lo que ocurre en el terreno o registros de internet entre otros múltiples soportes audiovisuales De Palma construye un relato revulsivo sobre los efectos de la guerra.
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  • Sólo un hombre
    Sólo un hombre
    La Capital
    Una película sobre el dolor de las pérdidas con fuerte sello estético

    Una apacible y próspera comunidad de un exclusivo barrio de Los Angeles de 1962 es el contexto en el cual transcurre “Sólo un hombre”. El protagonista es George, un profesor inglés, con una relación cordial y distante con sus vecinos. En su bella casa racionalista convivió durante 16 años con Jim, su pareja. Pero de pronto todo ese equilibrio se derrumba después de un accidente fatal.

    El director y diseñador de modas Tom Ford eligió para su debut en cine una historia de amor trágica basada en una novela de Christopher Isherwood que tiene como trasfondo, aunque de forma muy secundaria, la crisis de los misiles. Que los protagonistas sean homosexuales, es anecdótico. Y si bien queda claro desde el principio, Ford prefiere las ambigüedades visuales y de un guión del cual también fue responsable, antes que la obviedad.

    El mismo tratamiento le da al personaje de Charley, en una extraordinaria actuación de Julianne Moore , quien interpreta a una hermosa mujer al borde de los 50, divorciada varias veces y con un hijo que cada día la ignora más. Los años le pesan, pero sobre todo la soledad. Sólo encuentra refugio a su vacío en el alcohol y en su amigo George, con quien tuvo un romance mucho tiempo atrás.

    El director debutante organizó su película como un rompecabezas en el cual a cada pieza le sucede otra con la forma de flashback, con la cual va narrando los momentos felices o dolorosos de la relación de los dos hombres y una posterior pérdida que nunca superó. Ford prefirió focalizar en el dolor y la degradación que pueden suceder a la pérdida de un ser querido antes que en la relación homosexual.

    Ford es un esteta. Así se puede advertir desde el diseño de arte, que tuvo en cuenta hasta el último detalle de colores y diseños de la época, tanto en exteriores como en los interiores, así como también la iluminación y el vestuario.

    Tanto despliegue de preciosismo y formalidad sería un obstáculo a los fines dramáticos si sólo se detuviera en detalles de estilo y de recreación de la época. Pero el hallazgo de Ford fue Colin Firth, el intérprete de George, pareja de Jim, a cargo de Matthew Goode. Firth compone un personaje con aristas, dobleces y claroscuros.

    Sin embargo, el desempeño del intérprete es siempre medido. George no pierde nunca la compostura, ni en los momentos de felicidad ni en los de la angustia, como cuando le avisan que Jim murió, y por eso mismo es la máscara perfecta de la desolación y el intento de reponerse a la adversidad que quiso transmitir el director.
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  • Nuevamente Amor
    Nuevamente Amor
    La Capital
    “Nuevamente amor” puede dar lugar a un malentendido. Es que no es totalmente una comedia romántica, aunque tiene varios de los tics de ese género; tampoco es un drama, pese a lo cual podría formar parte de ese segmento, aunque se filtren a veces de manera forzada algunos momentos que intentan descomprimir el clima denso. La trama del romance va paralela al tema de la pérdida de los seres queridos y las distintas formas de asumir las ausencias.
    Esa es la ocupación del protagonista, autor de un exitoso libro de autoayuda y testigo de la muerte de su esposa, un hecho que no puede superar. En el medio conoce a una mujer recién separada de su pareja con pocas ganas de reincidir. Entre citas frustrantes e intentos fallidos de la pareja, el filme no es la clásica historia rosa sino una especie de reflexión sobre el dolor.
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  • La mosca en la ceniza
    “La mosca en la ceniza” hace un recorrido por una de las miserias sociales más persistentes: la trata de personas y la prostitución en condiciones de esclavitud. La directora Gabriela David eligió acercarse a un tema complejo y urticante desde un punto de vista respetuoso, pero a la vez con una mirada impiadosa y lo hizo a partir de una información tomada de la realidad a la que dio forma de ficción en su segunda película.
    Todo gira en torno a dos amigas de un pueblo. Las chicas, con una familia pobre y numerosa, son tentadas con la oferta hecha por una vecina para ir a trabajar como empleadas domésticas en Buenos Aires. Después de la ilusión y la posterior e inmediata decepción, apenas llegan, las espera una vida de prostitutas, recluidas en un antro y sin posibilidades de protestar.
    La diferencia entre hacerlo y callar puede ser elegir entre la vida y la muerte. Una lo sabe y acepta su parte; la otra se niega y es golpeada y atada hasta que cambie de opinión. Es que tienen una deuda que saldar: los mil pesos que la entregadora recibió por cada una de ellas.
    La película transcurre en un noventa por ciento en ese ambiente claustrofóbico que la directora supo transmitir sin subrayados, sólo con referencias a ese exterior que se sospecha a través de los vidrios sucios y los ruidos que llegan desde el exterior.
    El único nexo real que tienen es José, el mozo de un bar, una muy precisa interpretación a cargo del rosarino Luis Machín, el cual introduce en ese ambiente enrarecido un poco de esperanza.
    David se acerca con delicadeza a la fragilidad del destino de las dos chicas, entre las que se destaca el trabajo de Paloma Contreras, pero es realista a la hora de mostrar la crueldad de la que son objeto a través de un muy buen desempeño de Cecilia Rosetto como la encargada del lugar.
    La directora delimita claramente el exterior del interior. Sin embargo no hace una diferenciación visual entre un ambiente interno lúgubre y un afuera luminoso donde debería estar la solución a los padecimientos de las protagonistas. Lo que ocurre en la calle, en la vereda o en el bar donde trabaja José parece ser tan siniestro como lo que se desarrolla en prostíbulo. Allí afuera nadie parece ser solidario con la desgracia ajena.
    Sin llegar a convertirse en una película testimonial, el filme ofrece un fresco descarnado de un aspecto oscuro de la realidad, aunque con una pequeña y necesaria dosis de optimismo ante las injusticias atroces.
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  • Amante accidental
    “Amante accidental” funciona como muchas comedias románticas con ingredientes similares: una pareja de mediana edad, una vida perfecta que desbarranca, un marido infiel y una mujer despechada que cambia su vida tranquila por la independencia. Cuando por casualidad descubre que su marido la engaña, la madura y atractiva Sandy, interpretada por Catherine Zeta-Jones, abandona su confortable casa de los suburbios junto con sus hijos y se instala en Nueva York. Las cosas no son fáciles al principio con los hombres hasta que conoce a un joven casi veinte años menor, con todas las previsiones que supone esa diferencia de edad, y al cual ella contrata para que cuide a sus hijos. La película transcurre sin muchas sorpresas y se sostiene hasta el final gracias el empeño de los actores.
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  • La canción de las novias
    Las novias desdichadas

    En principio, las novias que retrata la directora Karin Albou no tienen motivos para cantar en el Túnez de 1942, año en el cual se desarrolla la película. Aun las más afortunadas dentro de esa sociedad machista encuentran desdicha en el casamiento. Las protagonistas son dos amigas, una musulmana, Nour, y otra judía, Myriam. La trama transcurre durante el avance de la ideología nazi en el territorio ocupado por Francia. Nour, pobre y analfabeta, está de novia con alguien que ama, pero vetado por su padre porque no tiene trabajo. Myriam, educada y con una madre pobre y acosada por las presiones del régimen, obliga a su hija a casarse con un médico rico. El filme expone de manera sutil las diferencias de clase, los recelos entre las amigas y muestra para las mujeres un panorama desolador todavía hoy identificable.
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  • Días de ira
    Días de ira
    La Capital
    “¿Qué hiciste para estar acá?”, le pregunta el compañero de celda a Clyde Shelton, el personaje que encarna Gerard Butler en “Días de ira”. “Lo que tenía que hacer”, le responde, lacónico. Esto es: hacer justicia por mano propia.
    En “Días de ira” la acción comienza cuando Shelton comprueba que la Justicia en la que siempre confió lo traiciona y deja libre a uno de los delincuentes que violó y mató a su mujer y a su pequeña hija enfrente suyo.
    El otro criminal es condenado a muerte después de que el autor material decide colaborar y declarar en contra de su cómplice para salvarse de la pena de muerte.
    La película se propone como un desafío, aunque el director esquiva cierta lógica en los procedimientos que le permiten a Shelton ejecutar desde la cárcel sus propios crímenes. El hombre la emprende contra los integrantes “del sistema” que consiente que un asesino quede en libertad y lo hace con suspenso sostenido y un guión efectivo.
    El desafío sucede cuando opone lo políticamente correcto a la necesidad de justicia (“no es venganza, es una lección”, dice Shelton sobre sus acciones); aquella necesidad a la polémica por la pena de muerte y la falibilidad de la justicia, y la posibilidad de que enfrentar con violencia a la violencia puede empeorar lo que ya está mal.
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  • Enseñanza de vida
    Pasiones domesticadas

    La Inglaterra de posguerra, asociada a la herencia puritana y a las tradiciones políticas y religiosas, son el marco para recrear la historia de una adolescente con aspiraciones de independencia. Fanática de la cultura francesa, a la que asocia a la sofisticación y el refinamiento, sueña con superar la monotonía familiar. Lo consigue cuando conoce a David, un hombre mayor que con su encanto la conquista a ella y a su familia. Pero la relación amenaza con acabar con su brillante futuro cuando deja sus estudios para vivir una vida más excitante. La película, de muy buena factura estética, con excelentes actuaciones y tres candidaturas al Oscar, resulta por momentos aleccionadora sobre las inconveniencias del desatino y pinta un fresco sobre el paso de la adolescencia a la vida adulta.
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  • Vivir al límite
    La directora Katryn Bigelow rodó hace unos años “K-19”. La acción transcurría en el espacio acotado y hermético de un submarino militar. En “Vivir al límite”, seis años más tarde, acercó un poco más la cámara e hizo foco sobre las relaciones humanas bajo presión hasta llevarlas a un plano detalle.

    Bigelow contó con un material invaluable para rodar este filme que la ubicó en primera línea en la carrera por el Oscar. El punto de partida fue el guión del periodista Mark Boal, quien realizó un reportaje sobre las brigadas encargadas de desactivar bombas durante la guerra de Irak.

    A través de tres soldados, cuyo líder puede explotar junto con cada carga que intenta neutralizar, Bigelow se acerca de manera respetuosa a ese mundo en el cual cada auto, hombre, mujer o bulto en el piso es un sospechoso.

    William James, el líder de la brigada interpretado por Jeremy Renner y uno de los candidatos al Oscar, prefiere resolver las cosas de un modo temerario, saltándose los protocolos más elementales: “Trabajar juntos es que yo pregunto y vos respondés” le reprocha el personaje encargado de cuidarle la espalda, harto de ese comportamiento que él califica como “irresponsable”.

    Hay innumerables formas de representar la guerra y sus daños colaterales en el cine. Bigelow lo hace sin estridencias, lentamente hasta penetrar en el corazón de horror. Utiliza los recursos técnicos con moderación, consigue un montaje impecable, sugiere más de lo que muestra, no se priva de exhibir lo truculento cuando es necesario y limita al mínimo la manifestación de sentimientos como la compasión y la camaradería, sin por eso dejar de hablar de la solidaridad y el coraje, pero también del miedo.

    En uno de los escasos momentos de intimidad entre los personajes protagónicos James le pregunta a su compañero que está al borde del colapso: “¿Sabés porqué soy como soy?”. Pero el interrogante queda sin respuesta.

    Más adelante se podrían rastrear las razones. De regreso a su país, con su mujer y su hijo, primero en su casa de suburbio donde destapa un caño de desagüe después de una lluvia, y más tarde en el pasillo de un supermercado tapizado de cientos de opciones de cajas de cereales, James parece a punto de ser devorado por la cotidianeidad.

    En uno de los extremos de esa dinámica de la normalidad James encuentra las razones para hacer su trabajo: jugar permanentemente con la muerte que, paradójicamente, resulta una experiencia vital, como si prefiriese el estruendo de una buena explosión a la narcótica musiquita de los supermercados.
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  • Nine
    Nine
    La Capital
    Evocar a Federico Fellini y a su película “8 y 1/2” es una tarea riesgosa de la cual “Nine” y su director, Rob Marshall, salen indemnes. El acierto radicó en no imitar al director italiano sino en hacer su camino. Para eso eligió como referente la comedia musical estrenada en Broadway en la década del 80 y apeló a canciones, coreografías y un elenco integrado por algunos grandes actores a los que sometió a una dirección rigurosa. La trama gira en torno a un director de cine bastante inmaduro, presionado para que comience a rodar un nuevo filme. Pero el hombre no tiene una sola idea. Lo rodean un grupo de mujeres, reales e imaginarias, que él supone que le complican la vida con celos, culpas e insinuaciones de sexo, mientras evita asumir la responsabilidad que le corresponde por sus decisiones.
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  • Goodbye Solo
    Goodbye Solo
    La Capital
    Una decisión trágica puede cambiar la vida. Así lo plantea el director de “Goodbye Solo” quien pone al frente del relato a dos personajes opuestos, un optimista empedernido y un candidato a suicida. El director intentó acentuar el perfil positivo de un inmigrante que intenta superarse en la vida y un anciano harto de su existencia. Sin golpes bajos, el director rescata el valor de los afectos y la natural propensión humana a la solidaridad en los momentos extremos.
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  • Fantasma de Buenos Aires
    En “Fantasma de la noche” hay dosis de los géneros fantástico, suspenso, comedia y policial, todas bien administradas por el director Guillermo Grillo. El realizador narra la historia de un fantasma convocado por tres adolescentes después del juego de la copa.
    El espíritu pertenece a un malevo que murió a principios del siglo XX y vuelve para saldar una deuda. Después del susto inicial, el más escéptico de los chicos se hace cargo de la situación y aprovecha para disipar sus dudas sobre qué ocurre después de la muerte, un tema que lo inquieta a raíz de que su madre falleciera cuando él era todavía un niño.
    El director desarrolla esas dos líneas narrativas con sutileza y con un adecuado diseño de producción que requiere tres escenarios: la Buenos Aires actual, los arrabales porteños de la década del 20 y una suerte de limbo donde el malevo y el adolescente negocian los términos del acuerdo que le permitirá al muerto usar el cuerpo del chico para cumplir su objetivo y, como contraparte, al muchacho averiguar algo de su pasado.
    Lo que comienza con el horror ante lo inexplicable se transforma en una amistad improbable en el marco de un filme con referencias a la iconografía tanguera, con actuaciones correctas y una trama que toma hechos conocidos y los conjunga de forma original.
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  • Los fantasmas de Scrooge
    Disney volvió al ruedo con un cuento clásico, pero con imagen renovada. Para esta producción pensada íntegramente en 3D eligió un referente de la literatura inglesa dedicada a niños y adolescentes. Sin embargo “Los fantasmas de Scrooge”, adaptación casi fiel del relato de “Un cuento de Navidad” escrito por Charles Dickens en 1843, no agota su potencial en ese segmento de espectadores.

    Detrás del impecable soporte técnico llamado “captura de imagen”, que permite tomar como modelo el trabajo de actores reales y traducirlo en imágenes digitales, hay un texto al que no lo afecta el paso del tiempo, y que además está encolumnado en la tradición narrativa inglesa con fantasmas, desde “Hamlet” hasta los de Oscar Wilde. El filme cuenta también con un elenco de muy buenos actores (Jim Carrey, Gary Oldman, Bob Hoskins, Colin Firth) que dan vida a los personajes cuyos padecimientos hoy son similares a los de la Inglaterra victoriana.

    El eje del relato es el anciano Ebenezer Scrooge, un prestamista avaro, solitario y amargado. Después de un tiempo de muerto su socio, sigue conduciendo su negocio y maltratando a su empleado, un hombre con una familia numerosa, un hijo enfermo y un sueldo miserable. Pero sobre todo el viejo no tolera la Navidad, los villancicos, ni las reuniones familiares. Sólo después de la visita de los fantasmas de las navidades pasada, presente y futura se sabrán las razones de su resentimiento.

    Las revelaciones para Scrooge comenzarán la Nochebuena, con la visita del fantasma de su socio para advertirle cuál será su destino si persiste en su actitud. La escena, una de las que podrían asustar a los más chicos, da inicio a una serie de viajes a través del tiempo con los cuales el hombre comprenderá por qué se transformó en lo que es. “Cuídate de la ignorancia y la necesidad”, le dice uno de los espíritus, palabras que le darán una clave sobre algunas decisiones desgraciadas.

    El director Robert Zemeckis, quien ya había experimentado con la tecnología usada en este filme en “Beowulf” y “El expreso polar”, se mantiene fiel al relato original con excepción de las posibilidades que aporta ese recurso. Y aprovecha los destellos de humor del trabajo de Carrey en medio de un relato oscuro y conmovedor en su mayor parte pero luminoso en sus intenciones.
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  • Luna Nueva
    Luna Nueva
    La Capital
    “Luna nueva” tiene lo necesario para seducir a la platea adolescente: amores imposibles, amantes separados y promesas eternas. Si todo lo bueno sucediese fácilmente, la saga hoy no sería un fenómeno que llena las salas de suspiros por el protagonista Robert Pattinson. El joven actor interpreta al vampiro enamorado de la humana a cargo de Kristen Stewart que decide tomar distancia para protegerla. En el medio quedan enfrentamientos entre vampiros y sus enemigos jurados, los hombres lobo, y el desarrollo de una peligrosa amistad entre la heroína y un joven licántropo, todo con un aire de tragedia inminente. No es casualidad que en una de las primeras escenas se ve una vieja filmación de las últimas escenas de Romeo y Julieta ni que el protagonista sepa las líneas de esa historia de memoria.
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  • Sangre del pacífico
    “Sangre del Pacífico” tiene la cualidad de los sueños. El director Boy Olmi juega con el carácter aleatorio de algunas escenas de su ópera prima que gira en torno a una chica peruana que llega a Buenos Aires para trabajar como mucama y un director de cine que quiere rodar una película sobre las guerras de independencia. Y además le hace lugar en el guión, también responsabilidad de Olmi, a la naturaleza caprichosa de lo onírico.
       Desde los primeros minutos queda claro hacia dónde apunta el relato de esas dos historias contrastantes. Charito, en una cabaña en medio de la selva, se despide de su hijo. El cineasta, en un suntuoso ambiente de Buenos Aires, intenta comenzar a escribir el guión de su, quizás, último filme. Pero lo único que cae de su lapicera es sangre. Es que la película es también la historia de varias conquistas: la de la dignidad de los personajes femeninos centrales y la de las batallas contra el pasado y el presente del protagonista masculino.
       Olmi eligió un camino difícil para narrar su historia y escribió un guión que intenta desafiar al espectador. El actor y director mueve sus piezas con precisión, pero las contextualiza con escenas extrañas a un relato lineal, que además lo obligó a un exigente proceso de montaje y a la utilización de diversos recursos técnicos.
       Así, los sueños, que irrumpen no como una explicación de la realidad sino como un complemento de los personajes, aparecen en blanco y negro, o las imágenes se superponen para mostrar el desgarro del desarraigo, o los abruptos cambios de escenario donde la nostalgia puede transformar una cama en una canoa.
       Detrás de lo formal —que incluye una muy lograda factura técnica y un cuidado diseño de arte— y la elección de las locaciones, se trasluce un complejo proceso intelectual, aunque la multiplicidad de temas que Olmi encara no siempre suman al relato. Algunas digresiones por momentos lo atomizan y le quitan impulso a un filme construido en base a la potencia de una idea arriesgada como lo es hablar de la forma en que lo onírico y el pasado pueden determinar el presente.
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  • Tres deseos
    Tres deseos
    La Capital
    En busca del tiempo perdido

    “Tres deseos” está impregnada de melancolía, del desasosiego de una pareja en crisis que intenta restaurar su relación pasando unos días en Colonia, la misma atmósfera que rodea a una mujer recién separada que completa el relato. Con ritmo pausado, más silencios que revelaciones y más información sugerida que datos concretos, el guión va delineando los personajes, en medio de reacciones crispadas y frases breves que intentan revelar las razones de un fracaso y de las relaciones inconclusas.
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  • El juego del miedo 6
    Envidias, traiciones, avaricia, soberbia. Si hasta un gordito es obligado a rebanarse la barriga para pagar sus culpas, que sumarían la gula a los anteriores pecados capitales. Esto último es lo que ocurre en la primera escena de “El juego del miedo VI” y es un aporte más al perfil moralizante del filme, que se filtra entre los cortes, hachazos, puntazos y automutilaciones de esta nueva entrega de la saga. Todo mezclado con frituras, ácidos y balazos que denotan el sadismo extremo de la serie. Tanto es así que por momentos la redundancia obtiene el efecto opuesto al buscado.

    Si bien los excesos son gratuitos, aunque funcionales al género y estilo de la película, no es casual la ensalada de actualidad, morbosidad, dogmatismo y pretensiones culturales. Tampoco el aderezo con algo bastante conocido y mucho más profano como la justicia por mano propia y el juicio y castigo sumario a quienes hayan sucumbido a la mezquindad humana ya no delinquiendo sino cometiendo actos como la usura, la delación o la negligencia que puede costar vidas inocentes.

    La idea de que “el que las hace las paga” y la ley del Talión están latentes durante toda la película. Como complemento aparece una mención con aspiraciones intelectuales ya que “El juego del miedo” apela también a una cita de Shakespeare. Así lo hace Jigsaw cuando les pide a los primeros torturados su “libra de carne”, tal como lo hace Shylock en “El mercader de Venecia” a su cliente como retribución por su deuda.

    El enorme esfuerzo de imaginación del guionista y el director para superar en cada escena el ingenio puesto en la intrincada elaboración de ese sistema de premios y castigos que establece el asesino justiciero, sorprende en los primeros tramos pero se diluye con el tiempo a pesar del impacto de las imágenes. La reiteración se impone en la estructura narrativa y entonces habrá que esperar a ver en qué consistirá la nueva y macabra prueba que tendrá que pasar el protagonista, que en este caso se trata del más alto directivo de una empresa de seguros que tiene que “pagar” por las consecuencias de sus decisiones y que costaron la vida de varios personajes.

    Jigsaw/John Kramer sigue lucrubrando sus malignas estrategias. Con ellas logra hacer recorrer a sus personajes “culpables” por un purgatorio y un infierno terrenales, y reserva la salvación para los puros y su regreso a un mundo, que, está claro, para él no es ningún paraíso.
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