Juliana Rodriguez
  • Cantidad de críticas: 33
  • Promedio: 64%
  • Críticas favorables: 28/33 (85%)
  • Críticas desfavorables: 5/33 (15%)
  • Diferencia absoluta: 8%
  • Peter Capusotto y sus 3 Dimensiones
    El rock es historia

    Lo único malo de ver en TV Peter Capusotto y sus videos era que cada programa tenía un final. Para esos espectadores que experimentaban cada lunes esa sensación de querer un poquito más, llegó la película en 3D. Como en la película de Los Simpson, el cine no altera el estilo del humor ni el tipo de relato, sino que en este caso aporta detalles técnicos para ver en formato de luxe un episodio extendido, en el que los sketches se toman el tiempo necesario y las pautas publicitarias no interrumpen (excepto por la publicidad de Pizzería Los hijos de puta, que auspicia el filme).

    Violencia Rivas es la presentadora y el hilo conductor de una serie de cuadros que reflexionan sobre el entretenimiento en los tiempos que corren: en la TV, las redes sociales, el espectáculo y, claro, en el rock. Junto a Violencia aparecen cuadros de Micky Vainilla, el cantante pop nazi; Jesús de Laferrere, en un episodio rollinga y místico de exorcismo; y Bombita Rodríguez que protagoniza el mejor de los relatos, un revival de la política setentista, con un fragmento de animación para los anaqueles del peronismo revolucionario.

    Salteado, aparecen otros cuadros, como en el programa y, también como en el programa, algunos son más efectivos que otros, con momentos de risa ahogada y otros menos rendidores; con personajes creados para el deleite y otros que justifican su existencia para decir una frase de humor y retirarse. Capusotto y Saborido hacen lo que mejor saben hacer y activan un código en común ya compartido. Prefieren ahondar en menos cantidad de personajes y no abusar de los que ya saben preferidos (uno puede extrañar a "La voz de la calle" o a "El idiota que le canta a la chica", pero la decisión de los autores fue "menos es más").

    El 3D se aprovecha en algunos momentos, aunque no es indispensable para ver la película, y la animación y los cuadros musicales completan la propuesta. Entre las canciones, la de Violencia Rivas será la más pegadiza y entre los nuevos personajes, hay algunos que podrían tomar vuelo propio. Adelantar más de la trama o anticipar los picos de humor sería un pecado. Aunque vale una advertencia: hay que quedarse en la sala cuando empiecen a pasar los créditos del final.
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  • Un zoológico en casa
    Un zoológico en casa
    La Voz del Interior
    Un paseo por el lado salvaje

    A primera impresión, el mismo título de la película Un zoológico en casa parece hacer referencia a una película más de aventuras y temática familiar, con algunos planos tiernos de animalitos salvajes y mensaje emotivo al final. Bueno, es todo eso. Pero la calidad de sus actores, la narración y la música elegida, hacen que entre la marea de filmes similares, este sea uno de los más logrados del género.

    El director Cameron Crowe logra sostener un filme ATP con el tono emocional de otros de sus filmes, como Elizabethtown. La historia es sencilla: Benjamin (Matt Damon) es un periodista intrépido que enviuda y debe cuidar de su hijo adolescente y de una pequeña hija. Desorientado ante la idea de sostener casa y familia, herido por la pérdida y sin metas laborales, decide empezar de cero. Y no tiene mejor idea que comprar una casona vieja que tiene un zoológico. Y los animales vienen por contrato en la adquisición. Allí, se conectará tanto con los animales como con el personal del zoo, y descubrirà una veta nueva en su existencia y la de los suyos.

    Damon le da a su personaje más densidad de la que un filme para niños normalmente tiene, como un hombre quebrado que quiere salir adelante sin sacrificar su felicidad. Y el elenco que Crowe convocó aporta carácter: Scarlett Johansson como la directora del zoo (raro verla de botas de goma, barriendo estiércol de mono y que aún siga siendo una sex symbol); el genial Thomas Hayden Church (Entre copas) como el hermano sesudo; y Elle Fanning (Super 8) como la adolescente que enamora al hijo de Benjamin. Mención aparte para la pequeña Maggie Elizabeth Jones, que interpreta a la hija de Damon y se hace cargo de la ternura infantil (que veces empalaga un poco).

    La aventura emocional de Benjamin será sostener la quimera del zoo propio y las bases de la tranquilidad del hogar, mientras se acerca de a poco a la directora del zoo. Y si bien las metáforas del filme son sencillas y efectivas, la sensación es que tanto actores como director se tomaron bastante en serio la tarea de hacer un producto digno.

    Hay lugares comunes, claro, como moralejas previsibles, pero la historia se sostiene sola, el relato sobre la fuerza de la comunidad está intacto y, como todas las películas de Crowe, la banda de sonido elegida se destaca cuando se la necesita. Una curiosidad: está basada en un hecho real, relatado por el mismo Benjamin Mee en un libro. Un buen plan si uno quiere ir a ver una película que disfruten los niños y no aburra a los adultos.
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  • Mía
    Mía
    La Voz del Interior
    Una versión de Cenicienta

    Desde el principio, Mía se presenta como un cuento de hadas, desde la mirada de su protagonista. En una de las primeras escenas aparece Ale (Camila Sosa Villada), una travesti que trabaja como cartonera, con la nariz pegada a una ventana, encandilada por un cumpleaños familiar. De ese lado del vidrio se escuchan risas, hay globos, confort, la foto típica. Del otro lado está el asfalto gris y el carro de Ale. Por suerte, no habrá realismo a lo Dickens, sino fantasía y melodrama.

    Ale encuentra luego un diario íntimo, que pertenece a una tal Mía, y se compenetra en su historia, la de una madre que ha abandonado a su hija y esposo. Ella se acercará a esa nena (Maite Lanata) y a su padre distante (Rodrigo de la Serna) y ese ambiente de familia disfuncional de Núñez será el anverso de la "aldea rosa", la villa en la que vive la protagonista, que alberga una comunidad gay que se une para resistir el desalojo.

    Cuando un documentalista se queja porque las chicas de la villa se arreglan para salir en cámara y eso no va con "la imagen realista, cotidiana", Antigua (buen trabajo de Naty Menstrual) le responde: "A las travestis nos encanta fantasear". Y ese principio está en la estética y el tono de la película, que pone tules sobre el paisaje marginal, que pinta la aldea como una cajita de música.

    Camila Sosa Villada crea un personaje que evade el estereotipo, sensible, tímida y soñadora; Maite Lanata la sigue con naturalidad y el guión se detiene en varios tópicos de género: la inserción social, la idea de familia, la comunidad, la identidad. Todos en boca de algún personaje y subrayados en referencias varias, como las múltiples que aparecen a El joven manos de tijera. Quizás esas insistencias sean el punto débil del relato, que por momentos no matiza su melancolía, con marcaciones musicales excesivas. Eso no quita que Mía cuente una historia que había que contar, y que se haga cargo de ese discurso desde un lugar humano y sensible.
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  • Medianeras
    Medianeras
    La Voz del Interior
    La arquitectura de la soledad

    Hay muchas maneras de estar solo en una multitud y Medianeras muestra dos de ellas, que a la vez replican las miles que se viven en las ciudades modernas. En este caso, la ciudad es Buenos Aires, superpoblada de personas y edificios irregulares que esconden a Martín y Mariana. Él, un fóbico social, cuya vida parece un videojuego gris que empieza y termina en la virtualidad. Ella, una arquitecta que vive aislada y cuyo mayor contacto vital es con un maniquí.

    La arquitectura de esa ciudad caótica, despojada de sus habitantes, es la otra protagonista de esta historia, que comienza con un bello prólogo sobre cómo esos paisajes urbanos son un síntoma de nuestras soledades. Así, la imagen de fachadas de edificios, puertas, ventanas y terrazas, acompañada por música y texto, abren el camino de la historia que se contará.

    Que en realidad son dos historias paralelas, las de estos personajes que intentan hacer algo en esa multitud: nada menos que encontrarse, cosa difícil en estos tiempos. Sus vidas cotidianas son relatadas por sus monólogos, con observaciones agudas, precisas y a veces reiterativas sobre lo difícil que es comunicarse en la era de la comunicación. Los protagonistas, Pilar López de Ayala (increíble su parecido con Madeleine Stowe) y Javier Drolas retratan a estos dos seres con sutileza y ternura, que a veces contrastan con el tono monocorde de sus voces en off.

    Hay pequeños papeles de Jorge Lanata y Alan Pauls, y otros de Inés Efrón, Rafael Ferro o Carla Peterson, seres que se cruzan en la vida de ambos y dan aire a su encierro aunque no logren alterarlo. Medianeras es, en realidad, una especie de auto-remake del director Gustavo Taretto, inspirada en su premiado mediometraje de igual nombre, con homenajes a Jaques Tati y a Woody Allen. En una película sobre la soledad, las escenas más conmovedoras y poéticas son las de las medianeras deshabitadas.
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  • Damas en guerra
    Damas en guerra
    La Voz del Interior
    Boda con mi mejor amiga

    Una comedia sobre una boda, protagonizada por una mujer, implicaría algunos ejes ya clásicos del género: las dudas de la chica, el amor consagrado, los rituales parodiados. Pero Damas en guerra es una película sobre la amistad de dos mujeres, una buddy movie protagonizada por chicas, con los códigos de las películas de amistad de Judd Apatow (Supercool, Virgen a los 40, Funny people).

    Las adolescentes suelen tener una única mejor amiga, hasta que consiguen un novio o marido. Pero en este caso, Annie (Kristen Wiig) supera los 30 y sigue viviendo como a los 15: su mayor relación de intimidad es con su "más mejor amiga", Lilian (Maya Rudolph). Lilian se está por casar y Annie, que está a punto de tocar fondo en su vida laboral, sentimental y anímica, no tiene celos del futuro de marido, sino de la nueva mejor amiga de Lilian, una elegante chica rica que le roba su mayor tesoro: su amistad de la adolescencia. Como si a los 30 años siguieran en la secundaria, Damas en guerra se centra en el dolor de los cambios y pérdidas en la vida adulta de estas mujeres.

    Hay escenas muy divertidas (desde la primera, una escena de sexo que parodia al macho alfa de los galanes típicos) pero también espacio para el desarrollo del personaje y su tragedia. Wiig, guionista y protagonista, es la mayor perla del filme. Con armas de comediante sutil, la actriz crea un personaje con el carisma para hacer reír y sumamente tierno, que nunca se ridiculiza para llegar al humor.

    Rudolph, su compañera en Saturday Night Life, acompaña pero con austeridad y lo mismo pasa con el resto del equipo femenino, que protagoniza el afiche de difusión de la película. Los arquetipos femeninos están apenas esbozados y no aportan grandes momentos en el filme. Un error del guión más que de las actrices. El que se luce (y sorprende) es Jon Hamm (Mad Men), como un galán pelmazo y machista, que se roba escenas enteras con Wiig.

    Damas en guerra funciona, es divertida, tierna y hasta realista en el relato del derrotero de una mujer en crisis. Sólo que la historia se vuelve tibia hacia la mitad, se pierde en algunas escenas que no llevan a ningún lado, y peca de extensa. Pero es un buen comienzo para Wiig, la nueva Tina Fey, sin dudas.
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  • Paul
    Paul
    La Voz del Interior
    Encuentro cercano con el tercer tipo

    Más que una historia de un enceuntro del tercer tipo, Paul es en realidad la historia del tercer tipo. Dos nerds británicos treintañeros viajan a la convención Comic-Con en San Diego y conocen en el camino a un verdadero extraterrestre, Paul, un alien despreocupado que llegó a la tierra hace años y les pide ayuda regresar a su planeta. Si ellos son como dos niños inocentes amantes de los cómics y la ciencia ficción, Paul aprendió en la tierra a pasarla bien: le gusta fumar, tomar buena cerveza y tiene toda la destreza social que le falta a sus dos amigos.

    Así, a medio camino entre una buddy movie como Supercool, una road movie con versiones masculinas y ñoñas de Thelma & Louise, y un policial de persecuciones, Paul cuenta la historia de estos tres forajidos. Pisándoles los talones, los persigue un agente del gobierno, Lorenzo Zoil (Jason Bateman, quizá uno de los mejores actores de comedia de los últimos años), y dos agentes del FBI, Bill Hader (que también fue el genial policía en Supercool) y Joe Lo Truglio.

    Como en la película Gentlemen Broncos, el filme funciona como una parodia del cine de ciencia ficción, sobre todo, de la ciencia ficción entendida por Steven Spielberg. Claro que aquí ET es reemplazado por un alien mujeriego y fumón con la voz de Seth Rogen. Pero los guiños se extienden a otros filmes del género, desde Alien a Encuentro cercano del tercer tipo o Expedientes X.

    Sin embargo, si hay algo que tiene Greg Mottola es ternura por sus personajes, esos fans, freaks, niños introvertidos y adultos asociales a los que nunca ridiculiza. De hecho, el encuentro con Paul es una manera de relatar el vínculo entre estos dos amigos, cándidos como adolescentes, y su paso hacia la madurez. De alguna manera, hay una parodia pero también homenaje a Spielberg allí. Algunas palabras finales para Simon Pegg y Nick Frost, los protagonistas y coautores del guión con Mottola. Más allá del perfecto physic du role de ambos (el colorado pálido y el gordito que no usó los aparatos suficiente tiempo), los comediantes ingleses (Hotfuzz, Zombies party) parecen haber nacido para estos roles. Paul no es pretenciosa, pero logra exactamente lo que pretende.
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  • Rita y Li
    Rita y Li
    La Voz del Interior
    Aliadas en la soledad

    Las vidas de Rita y Li han transcurrido por vías paralelas. Rita (Julieta Ortega) tuvo una juventud difícil en Paraguay, una vida de madre sola, falta de oportunidades. Li (Miki Kawashima) tuvo una infancia feliz en China, se abrió camino en un país nuevo y perdió a su marido. Pero se encuentran en Santa Fe, en una lavandería, extrañas y extranjeras las dos, solas y ajenas.

    Francisco D’Intino elige contar una historia pequeña, íntima, del vínculo entre dos mujeres en una situación de desprotección y aislamiento. La soledad, la identidad, la incomunicación y la fragilidad de la vida inmigrante en la Argentina son el telón de fondo del desarrollo del relato.

    En la primera parte de la película, la mirada se detiene en los detalles que forman la relación de esas mujeres: pequeños gestos, complicidades. Así, la extrema rigidez oriental de la interpretación de Kawashima contrasta con la candidez el personaje de Ortega, que apuesta a trabajar un acento paraguayo al que al principio cuesta acostumbrarse. Dependerá de cada espectador encontrar verosimilitud allí. Aun así, la actriz despliega sutileza y economía gestual para encarnar a Rita.

    Al dúo se integran otros personajes. Los vecinos otorgan aire y vitalidad a la narración de la vida en común: Antonio Birabent, Toto López, Juan Manuel Tenuta y Azucena Carmona, precisa como una señora de barrio. Por su parte, la acción en la trama está en manos del personaje de Juan Palomino, el policía que es dueño de la lavandería y la usa como ventana de negocios turbios, cuya intervención acelera el desenlace de la película y activa los cambios, que se precipitan en los últimos minutos del filme.

    En este mundo femenino, burbuja que construyen Rita y Li, primero laboral y de a poco de amistad, los hombres que más influyen en sus vidas son los que no están, que inciden por su ausencia, su amenaza o su abandono.

    La cámara de D’Intino opta por planos generales para registrar los pequeños cambios en una rutina realista, que se repite sin estridencias narrativas. La musicalización está al pie para subrayar (a veces demasiado) los momentos contemplativos o emotivos de los personajes, así como la evolución de su relación. Rita y Li buscan algo, algo más que sobrevivir, y esa idea es esperanzadora, como la película.
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  • Viudas
    Viudas
    La Voz del Interior
    Duelos compartidos

    La historia comienza prometedora y va derecho, sin temor a la síntesis, a lo que quiere contar. Elena (Graciela Borges) está filmando (es documentalista) cuando le avisan que su marido tuvo un infarto. En el hospital, ve a una chica que lo acompaña. Cree que es una desconocida, hasta que descubre la forma en la que llora. Entonces lo entiende: esa no es una chica, esa es "la" chica. La ausencia del hombre compartido unirá la vida de las dos: la mujer y la amante, la legítima y la que no tiene nombre. Ese es el principal relato de Carnevale en Viudas, la aceptación y transformación de un vínculo negado.

    Viudas, hay que decirlo, aunque se promocione como una comedia dramática, es un drama que navega sobre esos lazos femeninos y sus duelos paralelos, con acento en las diferencias íntimas y sociales de cada viudez. La película descansa (literalmente) en las actuaciones de Borges y Bertuccelli, que visten a sus personajes con matices que la historia deja en sus manos. Bertuccelli, excepcional, concentra en su interpretación una amalgama de crisis, vitalidad y angustia.

    Orbitan en torno a ellas la amiga de Helena (Rita Cortese), voz de la razón de su amiga, y Martín Bossi, como la camarera travesti y provinciana, personaje que evoca a La jaula de las locas pero desprovisto de comicidad, gestualidad o incluso drama. Hay otros elementos que subrayan o dan aire, como el documental que realiza Helena sobre las mujeres y el amor, y los cameos de Burman, Carnevale y a Juan Cruz Bourdeax.

    Viudas es una película para ver a dos actrices de peso, que logran dotar a sus personajes de sensibilidad y emociones complejas. Parte de esa complejidad sería necesaria en la trama, que termina derivando en algunos puntos previsibles.
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  • El mundo según Barney
    El mundo según Barney
    La Voz del Interior
    Con el ritmo de la vida

    Si existiera la porción de media estrellita, a El mundo según Barney le corresponderían tres y media. Pero no hay, y la balanza se inclina hacia el trío. El filme canadiense cuenta la vida de un tal Barney, un productor de televisión canadiense. Y cuando decimos “la vida” incluye desde su juventud, hasta la última vejez: sus matrimonios, sus hijos, su padre, su trabajo, sus amigos, sus viajes, sus reflexiones existenciales. Un exhaustivo repaso que el mismo Barney narra para demostrar que él no fue el autor del crimen de su mejor amigo.

    La ambición del relato incluye en la trama el romance, el drama, el policial, el humor, el sedentarismo. Como en la vida de cualquiera. Pero bajo la mirada del director Richard Lewis, la existencia de este hombre ordinario se convierte en una sucesión de eventos intensos. Como la vida, no va hacia un lugar en especial, simplemente va, con naturalidad y altibajos. Quizá por eso, la historia se dispersa, se dilata (dura dos horas y cuarto) se pierde y se vuelve a encontrar.

    Las actuaciones son las que sostienen el magnetismo. Como en Esplendor americano, Paul Giamatti tiene uno de esos papeles que parecen hechos a su medida. Encuentra los matices para representar las contradicciones de un personaje egoísta, sensible, ambicioso, carismático, apático y pasional; querible e irritante en la misma medida. Dustin Hoffman interpreta al padre de Barney, un policía retirado, judío, mujeriego y encantador, el personaje más rico de la historia.

    La producción es muy buena y hay escenas que podrían hacer de esta una gran película, aunque en el mapa completo pierdan fuerza. De yapa, hay cameos de algunos reconocidos directores canadienses, como David Cronenberg y Denys Arcand. Al terminar el filme, uno se pregunta si es una biopic basada en hechos reales o es una absoluta invención. Difícil saberlo. El escritor Mordecai Richler presentó la novela como una historia de ficción, pero muchos arriesgan que es una autobiografía.
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  • El dedo
    El dedo
    La Voz del Interior
    El índice popular

    Es 1983 y, al fin, llegaron las elecciones a la Argentina. También a un pequeñísimo pueblo cordobés, que debe decidir quién será su intendente: Baldomero (Martín Seefeld), el candidato popular, o Don Hidalgo (el Puma Goity), el terrateniente oligarca. Pero a Baldomero lo matan y su hermano, Florencio (Fabián Vena) busca venganza y guarda su dedo en un frasco de formol, al que los pobladores empiezan a otorgarle poderes místicos.

    La película de Sergio Teubal usa el momento político apenas como contexto para desarrollar una comedia a la vez costumbrista y absurda, con el pueblo como protagonista de esta especie de Fuenteovejuna serrano. Las anécdotas de sus habitantes, diseñados como estereotipos, rodean al eje narrativo y con ellos se desarrolla el humor: con el loco, el bueno, el poderoso, el callado, el extranjero.

    El filme comparte algo en el tono de su relato con películas como La gran seducción, El divino Ned o Bienvenidos al norte. Así, el costumbrismo del pueblo es mirado con humor y cierta ternura y narrado sin exageraciones. El dedo logra ser una historia fresca, que no busca la comicidad en la torpeza sino en lo sutil, aunque a veces se disperse un poco.

    Valga una advertencia: para los actores cordobeses la tonada no es un problema, pero para el resto puede serlo. Fabián Vena y el Puma Goity no caen en esa clásica mala imitación porteña de la tonada, es verdad, pero por momentos la neutralizan en rasgos regionales que pueden ser de cualquier lugar del interior. Hay dos opciones para el espectador local: o logra hacer un pacto de verosimilitud con ese acento, o no lo logra y eso puede impedirle disfrutar de la historia. Dependerá de cada uno.
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  • Que 'la cosa' funcione
    Que 'la cosa' funcione
    La Voz del Interior
    Más neurótico que nunca

    Esta podría ser una nueva-vieja película de Woody Allen, en dos sentidos. Primero, porque se trata de un guión escrito en 1977, pensado para otro actor (Zero Mostel), que Allen decidió rodar 30 años más tarde; segundo, porque estamos viendo en cine este filme dos años después de su lanzamiento (la peor de las estrategias si las distribuidoras quieren pelearle el terreno a la piratería).

    Que la cosa funcione es la traducción fallida del título original (Whatever works), no sólo por la falta de literalidad, sino por que altera el sentido. "Lo que sea que funcione" resultaría más apropiado para traducir la frase que guía la filosofía de vida del protagonista, Boris Yellnikoff.

    Boris es un científico, un "casi" premio Nobel, un nihilista convencido de que la ignorancia de la humanidad no tiene remedio, huraño, altanero y cascarrabias. En esa piel está Larry David, quizá el mejor alter ego de Allen hasta ahora. Porque si había alguien más neoyorquino, judío y neurótico que Allen, es él. Larry David (el cerebro detrás de Seinfeld) quizá no sea un gran actor, pero en este registro de un neurótico malhumorado y egoísta (el mismo que interpreta en la serie Curb your enthusiasm) logra visos de genialidad.

    Boris, justamente, en cuyas palabras recaen dos monólogos que funcionan como prólogo y epílogo del filme, conoce a una mujer, más joven, ingenua y con bastante menos luces que él (una fija de Allen) con la que termina casándose. El encuentro estre estos dos personajes, el regreso al universo neoyorquino y la intransigencia de este Boris obsesivo-compulsivo, son los mejores aciertos del filme.

    Pero la cosa deja de funcionar tan bien cuando el guión se diluye en las historias de enredos que protagonizan el resto de los personajes y Boris queda abandonado por la trama. No falta mérito en los secundarios (hay buenos trabajos de Patricia Clarkson y Ed Begley Jr, los padres de la joven), pero sus roles parecen limitarse sólo a marcar las antinomias entre la clase media, académica y progresista de NY frente a la conservadora, religiosa y provinciana del interior.
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  • Gnomeo y Julieta
    Gnomeo y Julieta
    La Voz del Interior
    Frágiles, como el amor

    Debe haber más de una centena de versiones cinematográficas de Romeo y Julieta, el romance más imposible de la historia. Ahora llega una más imposible aún, Gnomeo y Julieta, Shakespeare para enanos de jardín. Si bien todo hace creer que es una película para niños muy pequeños, por esas formas redondeadas y simplonas de los personajes, es otro filme de animación con humor, música y acción destinado a todo público. Quizá no pasará a la historia como una de las grandes versiones de la tragedia inglesa, pero entretiene por unos 85 minutos y cuando ya empezamos a cansarnos de tantos gnomos, se termina.

    En la calle Verona viven dos vecinos, enemigos íntimos del barrio, de apellido Montesco y Capuleto y en sus respectivos jardines tienen toda una comunidad de enanos y duendes, rojos los Montesco, azules los Capuleto. La historia sigue como la conocemos: uno de ellos, Gnomeo, se enamora de "una roja" (sin alusiones políticas, en este caso) y hace lo imposible para concretar su amor. Si alguno de los dos sale con el corazón roto, será literal. Porque en el caso de estos gnomos de escayola, todo el tiempo corren el riesgo de hacerse trizas.

    La película está dirigida por Kelly Asbury, el mismo de Shrek 2, y tiene todos los ingredientes de la fórmula: el clásico modernizado, personajes humanizados, canciones pop, parodias de otras películas (desde western a Belleza americana) y mucha acción. En este caso, se suma la composición original y la voz en las canciones de Elton John. El músico es también productor del filme, junto a su esposo David Furnish, y hasta tiene una versión de gnomo con anteojos de estrellas.

    En esta dimensión de enanos, se destacan los que entorpecen el amor, Teobaldo y los padres de cada uno también; y los que ayudan para que se cumpla, Nanette, una rana de porcelana con rol de celestina y un flamenco de plástico que cumple el rol del desquiciado. Hay personajes colectivos que completan el cuadro, y varias de esas escenas de acción que Hollywood adora.

    Si bien la banda de sonido con las canciones originales está intacta, y pueden escucharse en sala, lo que nos perdemos como tantas otras veces son las voces originales, que en la versión en inglés original tiene como intérpretes a James McAvoy (Expiación) como Gnomeo y Emily Blunt (La Reina Victoria) como Julieta. También Michael Caine figura como el padre de Julieta y Jason Statham es el malvado teobaldo. De todas maneras, el doblaje al español no está mal.
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  • Hop: Rebelde sin Pascuas
    Hop: Rebelde sin Pascuas
    La Voz del Interior
    Conejo sin sorpresas

    Oportuna, así es al menos Hop: rebelde sin pascua , que se estrena en épocas de conejos de chocolate. La película, del mismo director de Alvin y las ardillas , usa una fórmula similar: animaciones que conviven en la pantalla con actores de carne y hueso. Y otra receta similar: animalitos tiernos cantando temas de la radio.

    En este caso, el animado es E.B., el hijo del conejo de Pascua, que vive, justamente, en la isla de Pascua. Su destino es relevar a su padre en la dirección de la fábrica de huevos y en la entrega a tiempo a todos los chicos del mundo. Pero su deseo es tocar la batería y por eso escapa rumbo a Holly-?wood, donde conoce a Fred, ?un joven que está en una situación similar, la de complacer a su padre y demostrarle que es bueno para algo. El conejo es todo un pícaro seductor, mientras que el hombre es un quedado importante.

    La película juega con el reflejo de dos historias, la del hijo pródigo que no puede ganar la aceptación paterna. El filme se defiende con una banda sonora que repasa canciones pop reinterpretadas por el conejo (desde We no speak americano hasta I want candy ), toques de humor para adultos (el conejito busca asilo en la mansión Playboy “porque ahí se alojan conejitas”) y personajes secundarios. Uno es David Hasselhoff, como el jurado de un reality que es también cazatalentos y descubre las habilidades percutivas del peluche; el otro es un pollito obeso y malvado que intenta sabotear a los conejos y quedarse con el reparto de los huevos.

    A pesar de eso, Hop: rebelde sin causa es un conejo que viene sin sorpresas. El molde de musical animado repite el de Alvin y las ardillas (quizá quien disfrutó de esa película también lo hará con esta, los demás, ya saben) con actores que usan sus expresiones como si fueran figuras de animación, y figuras de animación que pierden gracia de tan humanizadas. Y el doblaje no ayuda. El panorama de películas para chicos viene competitivo y ofrece historias de calidad. En ese contexto, más importante que la perfección técnica es el arte y el guión. En ese sentido, esta historia queda muy atrás y, como un huevo de Pascua, aunque tenga colores y haga ruido, está destinada a desaparecer apenas se abre el envoltorio... o a convertirse en menú televisivo de ?varias pascuas más.
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  • Un cuento chino
    Un cuento chino
    La Voz del Interior
    Perdidos en la traducción

    Sebastián Borensztein vuelve a la comedia después de La suerte está echada y, esta vez, elige un esquema sencillo, que combina una idea simple con un relato que se asemeja a una fábula. Un ferretero cascarrabias, solitario y metódico se encuentra de casualidad con un joven chino, que llegó al país sin hablar una palabra de español, no conoce a nadie y no tiene un peso. Amargado pero con fibra de buen tipo, Roberto (Ricardo Darín) termina conviviendo por unos días con el joven (Ignacio Huang) y las cosas empiezan a tomar rumbos extraños.

    La comedia se basa, principalmente, en el malentendido y la incomunicación que se genera entre un personaje argentino hasta el caracú y un chino del que poco se sabrá. Como en Perdidos en Tokyo, el personaje de Darín (y el espectador, que mira desde sus ojos) se enfrentan a la incertidumbre ante los gestos y costumbres orientales. El personaje de Huang (cuya calidad de extranjero a veces, en el guión, es confundida con la de un niño) ofrecen caracterizaciones en las antípodas: uno es solícito, simpático, comedido. El otro es irritable, quejoso y obsesivo.

    Así, la comedia se genera en la brecha que une y separa a estos dos individuos. Darín logra un Roberto que parece salido de un barrio cualquiera, abatido por una vida que poco le interesa, rutinario. El despliegue expresivo mínimo pero certero del actor, que no tropieza en pasos de comedia obvios, concentra el desarrollo de la historia, que es la de él principalmente.

    Hay rasgos realistas en la forma que eligió Borensztein de contar su historia, guiños a la argentinidad, la idiosincrasia local, la guerra de Malvinas y sus efectos. Pero hay a la vez un formato de fábula que es la marca clave del relato, que se replica en la música y en las escenas de fantasía que tiene Roberto para imaginar que protagoniza las noticias absurdas que recorta del diario. Por momentos, el hincapié en la incomunicación y el uso de todas las frases posibles con las que los argentinos se refieren a la cultura china rozan el lugar común, aunque el filme lo evita justo a tiempo.

    Muriel Santana interpreta a la vecina que insiste en ingresar en la vida de Roberto y tanto ella como el joven chino representan las únicas válvulas de escape que pueden vincular a Roberto con la humanidad. Así, tanto el humor como la ternura en la que oscila la historia tienen la simplicidad de un relato oral, efectivo y simple.
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  • El discurso del rey
    El discurso del rey
    La Voz del Interior
    La vida privada real

    Estamos ante una clásica película británica de actores, en la que las interpretaciones están antes que todo.

    ¿Qué atrae tanto de las historias de la monarquía europea? ¿El magnetismo amarillista que despierta la estirpe real, la fundición de vida privada y pública, el determinismo que pesa sobre sus figuras desde que nacen? Como tantos otros filmes sobre la corona inglesa (La reina, el último), El discurso del rey aprovecha cada una de esas mechas para retratar a Jorge VI, el rey tartamudo.

    “Hablemos de cualquier tema, excepto de mi vida privada”, advierte el joven Albert (Colin Firth) a su nuevo lingüista (Geoffrey Rush), un actor australiano con el que comienza un tratamiento para superar su tartamudez. Pero, con el tiempo, el método tendrá más de psicoanálisis que de fonoaudiología, y Rush irá develando la infancia del futuro rey, sus miedos, fantasmas e inseguridades.

    Estamos ante una clásica película británica de actores, en la que las interpretaciones están antes que todo. Firth se desliza con naturalidad en la piel del monarca y logra darle los matices justos: parco, introvertido, frágil, irascible, infantil. Se destaca su trabajo preciso para emular la dicción entrecortada, incluso la gestualidad adquirida para que las palabras se acumulen detrás de su boca. Geoffrey Rush acompaña con una interpretación moderada y austera, como Helena Bonham Carter.

    La historia pone el acento en la amistad entre rey y terapeuta, en la superación personal de un hombre público, en los privilegios que condenan una vida de reyes. También se alude a los cambios políticos y mediáticos de la preguerra como contexto. Con el peso en actuaciones bien dirigidas, el filme empieza su carrera al Oscar. Quizá las nominaciones sean demasiadas y generen falsas expectativas. Mejor dejarlas en casa e ir a ver un filme bien logrado, bien inglés y bien convencional.
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  • Lazos de sangre
    Lazos de sangre
    La Voz del Interior
    Una historia violenta

    Como con Distrito 9 en 2010, la Academia decidió incluir este año a una película no comercial entre sus nominadas. En este caso es Lazos de sangre, que llega con buena cosecha de festivales como Sundance o Berlín, y es la que más se acerca al cine de autor de la lista extensiva de las 10 candidatas.

    La joven Jennifer Lawrence, actriz ignota pero que después de este filme dejará de serlo, interpreta a la joven Ree, la hermana mayor de una familia, que cuida a sus hermanos, a su madre enferma y a su padre adicto. Pero el padre desaparece y ella decide salir en su búsqueda. En el camino, el más definitivo y violento paso hacia su adultez, descubre que los secretos y códigos de vecinos y familia son mucho más duros de lo que imaginaba.

    Se trata de la segunda película de Debra Granik y, como la primera (Down to the bone), el clima tiene una función tan literal como metafórica. Hace frío en los bosques de Ozark (Missouri), frío, viento, sequedad y hambre. Y esa naturaleza sombría y helada es tan importante en la fotografía del filme como en el pulso del thriller y sus personajes desolados.

    Ree no es parte del mundo adicto y caníbal de los adultos, pero debe lidiar en él como uno de ellos si quiere resolver el problema de su familia. Desde otro punto de vista, bien podría ser una historia de venganza, al estilo de las de Terence Stamp. Pero que la protagonista sea una mujer, adolescente y sola, la convierte en un drama diferente: ella no quiere venganza, pero tiene el orgullo y el temple de la supervivencia.

    Jennifer Lawrence sostiene los primeros planos de la película con una interpretación precisa y austera, y se pone en la piel de esta joven curtida por la vida, el clima y la pobreza. El viaje de la protagonista, más que un viaje iniciático es uno a las profundidades más hostiles, en las que dejará toda remota veta de candidez. Así, Lazos de sangre logra un relato auténtico, naturalista hasta doler, que es a la vez thriller y drama, sin abusar nunca de sus lugares comunes.
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  • De amor y otras adicciones
    De amor y otras adicciones
    La Voz del Interior
    La salud del amor

    A Hollywood le gustan las historias tristes/felices, las de amores que vencen prejuicios y enfermedades. Algunas son relatos originales y emocionantes, como Mi vida sin mí; otros, dramas románticos con algunos derechazos al lagrimal, como Otoño en Nueva York o Todo por amor (aquella con Julia Roberts). Más cerca de las dos últimas está De amor y otras adicciones.

    Jake es un vendedor nato, trabaja como visitador médico y seduce a doctores y secretarias por igual. A los primeros para que receten los medicamentos de su laboratorio, a las segundas para noches de amor ligero, y a ambos con plena lucidez y control de sus encantos. Hasta que conoce a Maggie, una chica libre y desprejuiciada que quiere exactamente lo mismo que él de una relación: nada. Ella sufre mal de Parkinson y por eso evita involucrarse a largo plazo. Pero no será tan fácil para ninguno de los dos.

    El filme cuenta una historia de amor sencilla que se complica poco a poco y va pasando (y mutando) por la comedia, el romance, el drama y la anécdota. Quizá el hecho de que esté basada en una historia real, best seller novelado, explique los saltos en la narración y temas, que cambian "como la vida misma".

    Anne Hathaway (que va tomando la posta de Julia Roberts) y Jake Gyllenhaal crean una pareja rendidora y efectiva, como lo fueron en Secreto en la montaña, pero en clave de comedia romántica. Ambos se entienden bien en cámara y le dan vida a sus personajes, aunque el tono del relato varíe.

    Pero alrededor de esta historia, ambientada en la década de 1990, se destacan dos ejes más. El primero es la aparición del Viagra, tema al que la película dedica varios momentos para describir sus efectos sociales, económicos y anímicos. Pero también retrata en detalle cómo funciona el mundo de los visitadores médicos, último eslabón de la cadena de capitales de los grandes laboratorios. Sin aspirar a ser un ensayo de denuncia, el filme muestra en el mismo tono ligero cómo se manejan puertas adentro del consultorio los intereses de las empresas y cómo se reflejan en los recetarios. Los pacientes, bien gracias.

    Así, entre estas tres columnas formadas por el retrato del Parkinson, la irrupción del Viagra y el gran negociado de la salud, se desarrolla esta historia de amor, que a veces se pierde, luego aparece, más tarde se ensombrece. Una película rara, en la que se destacan Gyllenhaal y Hathaway y la pintura de sus personajes, aunque el guión se desdibuje.
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  • El turista
    El turista
    La Voz del Interior
    Como dos extraños

    Aunque parezca frívolo, no está de más aclarar la primera idea que todo el mundo asumió acerca de El turista: son sólo dos caras bonitas. Error. Bonita será Angelina Jolie y su boca siempre en pose, porque de Johnny Depp ya no podemos decir lo mismo. La belleza de Depp siempre fue su talento para componer personajes y, justamente por eso, aquí pierde ese encanto.

    Ahora sí, la historia. El turista quiere ser, a la vez, un thriller, una historia romántica, un filme de acción. Y de alguna manera lo logra, porque incluye los cligés de cada género: la escena con espías rusos y Scotland Yard, el beso a la luz de la luna, la persecución en autos. En realidad, en este caso es en lanchas, porque el escenario es Venecia, que también termina funcionando como escenario de receta rosa.

    Angelina Jolie es Elise, una femme fatal de molde, enamorada de un estafador a quien persigue tanto la policía como la mafia. Para confundir a ambos, ella les hace creer que su amado delincuente es un desconocido que conoce en un tren. Este hombre es en realidad un inocente turista, Frank (Depp), que termina enamorado de ella.

    Esta vez, Angelina abandona su heroína de armas tomar y apuesta todo a su costado de seductora Jessica Rabbit, rol que sabe llevar a cabo, mientras deja que la cámara invente nuevos ángulos para retratarla. Pero Depp, un actor que sabe reinventarse para las ficciones más artificiosas, aquí encarna a un hombre común, tan común que lo suyo se parece más a desgano interpretativo.

    Ni la fotografía de postal de los escenarios venecianos ni la música rescatan el filme de las aguas profundas en las que se mece. Tampoco lo hace la química entre ambos actores, que bien podría darle un atractivo magnético a la historia. Pero en este caso Jolie y Depp parecen estar a kilómetros de distancia el uno del otro.

    En esta remake, inspirada en la original francesa El secreto de Anthony Zimmer(con Sophie Marceau e Yvan Attal), el director Florian Henckel von Donnersmarck (el de La vida de los otros) parece haber escondido la mano. A pesar de todo, el sentido del humor que aparece en algunos momentos rescata el filme, como una señal de que tampoco hay que tomarlo tan en serio. Al fin y al cabo, es sólo una ligera historia de amor.
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  • Enredados
    Enredados
    La Voz del Interior
    La extraña de pelo largo

    Después de las parodias del género de la trilogía de Shrek , era difícil imaginar un cuento de hadas que retornara al esquema clásico. Sin embargo, Disney lo hizo, otra vez. Enredados , el filme número 50 de animación de Disney, retoma la tradición del cuento de hadas en dos sentidos: en la historia, inspirada en el cuento popular Rapunzel de los hermanos Grimm; y en la forma de narrar, que evoca a antecesoras como La Cenicienta o Blancanieves.

    Como todo cuento de hadas, los ingredientes de la pócima están presentes: una princesa en apuros, una villana egocéntrica, y un príncipe azul. Claro que hay ligeras variantes a los personajes originales, ya que el príncipe es en realidad un ladrón de poca monta, la princesa no quiere esperar rescate sino rescatarse solita, y la villana no tiene poderes, simplemente es mala. Se suman dos personajes secundarios que, sin hablar ni una línea, aportan el humor: el compañero fiel de la heroína, un camaleón histérico y temerario; y un caballo recto como un sheriff.

    Con mano de John Lasseter (la cabeza de Pixar), ni la animación ni el relato son realistas, y eso se agradece. También se agradece que el filme no sea una sucesión ininterrumpida de chistes, sino una película de amor y aventuras, en la que el humor acompaña. Además, el conflicto de la joven Rapunzel, que nunca salió de la torre ni fue a la peluquería, no se acota al de la princesa que quiere casarse y comer perdices, está planteado desde la rebeldía de una joven que decide abandonar sus miedos y enfrentarse a la autoridad.

    La historia entretiene, emociona y divierte, con picos dramáticos y un repertorio de canciones. Enredados es una película para deleite de chicos y no tan chicos, y tanto el filme como la protagonista están a la altura de clásicos como La Sirenita o La Bella y la bestia . Hacia el final, los cambios en el desenlace son respecto al cuento tradicional (trágico y truculento como todos los de los Grimm) y no traicionan el espíritu de la historia. Si no tenés hijos o sobrinos, es hora de ir buscándote un niño como excusa para llevarlo al cine.
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  • Red social
    Red social
    La Voz del Interior
    Amigos que valen millones

    El self made man americano bien podría ser rebautizado como un self made boy en este caso. Red social cuenta la historia de la creación de Facebook , pero también la de Mark Zuckerberg y cómo pasó de ser un geek con pocos amigos (y menos novias) al millonario más joven del mundo.
    Inspirada en el libro de Ben Mezrich y con un afilado guión de Aaron Sorkin, el relato está elaborado con base en las entrevistas a quienes Zuckerberg dejó atrás en su camino al éxito. Eso implica, desde el punto de vista de su valor testimonial, una versión explícitamente parcial de los hechos. Sin embargo, el filme tiene valor como un retrato inminente de época y generacional.

    La narración comienza en los pasillos de Harvard, donde Zuckerberg es un estudiante a quien lo que le sobra en inteligencia le falta en habilidades sociales. Inspirado en los clubes universitarios (una especie de fraternidades exclusivas, de las que él está excluido) decide replicar esas prácticas sociales en la Web: la membresía, la exposición del estado sentimental, la exhibición de la intimidad. Pero la idea no nace sólo de él, también de otros estudiantes, amigos a los que va traicionando mientras toca la cima.

    El director David Fincher se las ingenia para hacer un thriller en el que parece que no pasara nada. Sería interesante hacer la prueba de ver la película sin sonido para comprobar que toda la acción está volcada en diálogos (abrumadores por momentos, un punto flojo) y en un clima de tensión logrado con imágenes simples y la música de Trent Reznor.

    Por ello, el punto fuerte está en las interpretaciones de Jesse Eisenberg ( Adventureland ), que logra con sutileza un Zuckerberg que combina ambición, resentimiento, misoginia y ciertos rasgos infantiles; Justin Timberlake como Sean Parker, el creador de Napster, un Mefistófeles seductor; y Andrew Garfield ( El imaginario mundo del Dr. Parnassus ), excepcional en el rol de Eduardo Saverin, el amigo estafado.

    “Vivimos en granjas, después en ciudades, ahora en Internet”, dice el personaje de Timberlake. Lo dice en una escena cotidiana, pero la frase resulta escalofriante por lo verosímil. Así, Red social tiene la virtud de hacer un retrato oscuro de ese mundo virtual, en el que reina el link sobre el contenido, y de esa generación de adolescentes–genios que dominan las finanzas mientras juegan a la Play.
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  • Una pareja despareja
    Una pareja despareja
    La Voz del Interior
    Miénteme con un beso

    Lo primero que advierte la pantalla es: “Esto realmente pasó”. Enseguida enfatiza: “De verdad”. Ese adelanto de que lo que se verá está basado en una historia real le da a Una pareja despareja una verosimilitud insospechada, en un relato que parece inventado para ser contado por Hollywood. Pero pasó nomás. Sin embargo, nada más lejos del realismo que esta comedia dramática-carcelaria-gay.

    La historia: Steven Rusell (Jim Carrey) es un buen policía, está casado y tiene una hija, canta en la iglesia los domingos y lleva una vida tranquila en Texas. Con un pequeño detalle, esconde su homosexualidad. Un accidente de auto que casi lo mata lo hace recapacitar, salir del closet y decidirse a tener un pasar de gay glamoroso. Pero cuesta. Para ello, no tiene pruritos en estafar a compañías de seguros, tarjetas de crédito o bancos. En prisión, conoce al amor de su vida, Phillip Morris (Ewan McGregor) y en adelante, ya tiene un buen motivo por quien mentir, estafar y timar.

    Si bien la polémica del filme se basó en algunas escenas de sexo, el eje de la historia no está ahí. A pesar de su traducción como Una pareja despareja , la película es una comedia liviana como las nubes, entretenida, que a través del romance entre Steven y Phillip cuenta la increíble biografía de uno de los escapistas y estafadores más astutos de Texas.

    Con una estética carcelaria de cuento de Disney (prisiones de colores estridentes, trajes amarillo patito) y música de cajita feliz, es una historia de amor y desenfreno sobre cuán lejos puede llegar un mentiroso por conseguir lo que quiere/a quien quiere. Jim Carrey encuentra otra vez (como en Truman Show ) su punto entre comedia y drama (aunque por momentos cae en su habitual hipérbole gestual), y McGregor da en el tono justo y medido de su cándido señorito inglés.

    Más cerca de Atrápame si puedes que de Secreto en la montaña , los directores Glenn Ficarra y John Requa decidieron que, si el verdadero Rusell fue un gran fabulador, la mejor forma de recrear su historia era con otra fábula. Y si bien la narración por momentos se hace cíclica, logra una comedia coherente, que no se traiciona ni moraliza. Dos datos: el verdadero Rusell se escapó de prisión 14 veces y tiene un IQ de 163 puntos. Ah, y las polémicas escenas no son nada para escandalizarse.
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  • Wall street 2 - El dinero nunca duerme
    La cocina de Wall Street

    Todo los que en la primera parte de Wall Street eran afirmaciones, en esta segunda, son interrogantes. En la película de 1987, el personaje de Michael Douglas, Gordon Gekko, afirmaba que la codicia era buena y los espectadores sabían que él no tenía escrúpulos. En 2010, Gekko se pregunta ¿la codicia es buena? y el espectador, ¿Gekko tiene escrúpulos? ¿los adquirió, los compró?

    Oliver Stone vuelve a dirigir esta secuela de aquella emblemática película de 1987 sobre el mundo de la bolsa, que ahora se titula Wall Street, el dinero nunca duerme. La historia se ambienta en el año 2008, Gekko ha salido de la cárcel donde estuvo condenado por fraude y donde parece haber recapacitado sobre los caminos perversos de la ambición.

    Jake (Shia LaBeouf) es un joven exitoso que trabaja en una banca de inversiones, con hambre de dinero pero con algunos valores éticos, que (como Charly Sheen en la primera parte) se deja guiar por los consejos del viejo zorro de las finanzas. Jake también es pareja de la hija de Gekko (Carey Mulligan), con lo cual la historia adquiere visos personales.

    La burbuja financiera de Wall Street explota en 2008 y el sistema que parecía tan sólido se desploma apenas con el soplido de un rumor. Así, la historia muestra cómo se vivió ese crac puertas adentro de las oficinas donde se toman las decisiones, y cómo la crisis global se replica en las vidas de estos tres personajes.

    Oliver Stone vuelve con una película ambiciosa, compleja, extensa y cargada (por momentos, sobrecargada) de vueltas en la trama; su cámara busca en el paisaje urbano imágenes y metáforas de la caída; y sus personajes le ponen sangre al relato. Douglas confunde con su piel de cordero y Carey Mulligan aporta la sensibilidad necesaria, aunque Shia LaBeouf se queda un poco atrás.

    Como en la primera versión, hay una colección de líneas de diálogo y frases pensadas para el mármol, cameos autorreferenciales (el mismo Stone, Charly Sheen) y una radiografía sagaz de la cocina de Wall Street. ¿Oportunista con el contexto?
    Quizá, aun así, bien lograda. Además, una gran banda de sonido creada por David Byrne y Brian Eno.
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  • Batalla por Terra
    Batalla por Terra
    La Voz del Interior
    Invasores del universo

    En un planeta llamado Terra vive en total armonía con la naturaleza una comunidad de seres que en lugar de caminar flotan en el aire. Tienen escuelas, casas, organización política y paz. Hasta que un día llegan naves de otro planeta, que intentan destruir y colonizar Terra. Las naves salen de un arca, lo único que quedó en pie después de que el planeta Tierra agotara sus recursos naturales. Así, los extraterrestres, esta vez, son los humanos. Uno de ellos, un soldado, conoce en Terra a una joven nativa, que le permite ver cómo viven los "flotantes", sentirse cerca de ellos y, eventualmente, hasta dudar en pasarse a su bando.

    ¿Suena familiar? Las similitudes entre este filme y Avatar no sólo están en la trama y personajes, también en la metáfora anticolonialista, antibélica y ecologista. ¿Alguien copió la idea de alguien? Difícil saberlo. Cameron dijo que hace 15 años empezó a trabajar en el guión de Avatar, y Batalla por Terra está basada en un corto de 2003 del mismo director, Aristomenis Tsirbas (experimentado en efectos especiales en grandes películas, incluida Titanic), que realizó finalmente el filme en 2007 y recién ahora llega en 3D. Pero si de buscar similitudes se trata, entonces hay que recordar que tanto este filme como el de Cameron deben mucho, en primer lugar, a las imágenes e ideas de Hayao Miyazaki.

    La animación del filme escapa al realismo tanto en el trazo de sus personajes, como en sus paisajes casi oníricos de líneas suaves y armoniosas, o en sus escenas bélicas dignas de un videogame. El 3D está usado en justa medida, poniendo relieve ahí donde es necesario y evitando el abuso.

    Tras una breve presentación de los personajes (a quienes no hubiera venido mal añadir algunos rasgos más), la acción es simple y va al grano, en una vaivén de defensa y ataque entre los dos bandos: unos protegiéndose del invasor humano; los otros, conquistando por la fuerza su última esperanza de supervivencia.

    En su versión original el filme tiene el plus de contar con voces famosas como las de Evan Rachel Wood, Luke Wilson, Danny Glover o Dennis Quaid, pero la versión que llegó a las salas de Córdoba está doblada al español. La película es apta para todo público y sólo algunas escenas bélicas pueden no ser apropiadas para los muy niños.
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  • Zenitram
    Zenitram
    La Voz del Interior
    La crítica no puede ser copiada ni reproducida, ya que está publicada en un medio gráfico o digital al cual sólo se puede acceder mediante suscripción paga. TodasLasCríticas releva el nombre del crítico y la puntuación otorgada al film sólo para fines estadísticos.
  • Synecdoche New York. Todas las vidas, mi vida
    La vida es sueño

    Después de estar detrás de las páginas de guiones de películas de Michel Gondry (Eterno resplandor de una muerte sin recuerdos) y Spike Jonze (¿Quieres ser John Malkovich?), Charly Kaufman debuta ahora también como director en Todas las vidas, mi vida, cuyo título original, Sinécdoque, Nueva York, es un juego de palabras entre Schenectady, la ciudad en la que transcurre parte de esta historia, y la figura retórica que designa a la parte por el todo.

    La historia comienza cuando un dramaturgo abatido, Caden (interpretado por Philip Seymour Hoffman), es abandonado por su mujer, que se va a Alemania junto a su pequeña hija. Caden comienza entonces a padecer (o cree padecer) de una enfermedad extraña que va atacando su cuerpo. Mientras tanto, su vida transcurre triste entre médicos, mujeres de las que se enamora, recuerdos intangibles, y el eterno proyecto de escribir y dirigir la obra de su vida.

    Así, empieza a crear una obra que nunca acaba, en la que escenografía y realidad se funden. Así, Kaufman hace ingresar en el filme las obsesiones que caracterizan sus películas: la representación dentro de la representación, el punto de vista narrativo y paranoide de su personaje, los juegos mentales, lo onírico. Todo junto, superpuesto, caótico.

    En ese exceso (por momentos abrumador) del que emana el sentido, el director encuentra la única manera posible de contar la historia de Caden, desde el punto de vista de su personaje o, mejor, desde la cabeza de su personaje, filtro por el cual transcurre el tiempo, la linealidad, el relato.

    Hundido en esos excesos, el filme puede resultar caprichoso y agotador en un principio, como si el director se hubiera olvidado del espectador (al igual que su personaje y su obra de teatro con público tácito y continuo) en el afán de desarrollar una historia tan ambiciosa como sufrida.

    Sin embargo, el resultado final es un intenso relato sobre los procesos creativos, el paso del tiempo, la experiencia emotiva, la introspección. Al fin y al cabo, en esa desmesura de Kauffman que quizá antes era canalizada por otros directores, radica su originalidad y marca personal.
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  • Iron Man 2
    Iron Man 2
    La Voz del Interior
    Dueño de la paz mundial

    Iron Man está de regreso, aunque ahora es más importante Tony Stark que su armadura de hierro. El director Jon Favreau (que vuelve a reservarse el papel secundario de Happy Hogan) reincide en esta segunda parte del filme inspirado en el cómic de Marvel y apuesta a la fórmula de la primera: un Robert Downey Junior encarnando a un personaje que tiene el ego de un superhéroe y los manierismos de un millonario (a la inversa de Batman), con cuotas similares de acción y humor, villanos varios, complots y dinámica de clip de rock.

    Pero hay nuevos ingredientes: el mundo ya sabe que Iron Man y Stark son la misma persona (ya no hay identidad que proteger); el superhéroe flirtea sin pudor con su chica, su asesora Pepper Potts (Gwyneth Paltrow); y enuncia en voz alta el rol de justiciero/millonario que se auto adjudica, fuera de toda ley.

    Esta vez, el gobierno de Estados Unidos quiere que “comparta” su información sobre armamento para la seguridad nacional, pero Stark prefiere encargarse él solo de la tranquilidad del planeta, al grito de “Yo privaticé la paz mundial”, una línea que poco se usa pero mucho dice del perfil del superhéroe de Hollywood.

    Entre los personajes nuevos, Mickey Rourke encarna al villano (ruso, obvio) Ivan Vanko, que se convierte en equivalente tecnológico de Iron Man, en un papel que evoca al de El luchador y que empieza prometedor pero que va perdiendo potencia a medida que avanza la historia. Más interesante es el otro villano yuppie que logra Sam Rockwell, que quiere vender la inteligencia armamentista al gobierno; y poco efecto tiene la femme fatal de doble identidad que encarna Scarlett Johansson. En medio de todos ellos, Stark descubre que el mecanismo que lo fortalece también puede matarlo; y la omnipotencia del superhéroe se doblega ante su vulnerabilidad mundana.

    El lema paz y amor se convierte en paz y rockandroll, en escenas de acción montadas como coreografías de videogame al ritmo de AC/DC, The Clash o Queen, que, combinadas con el humor que le imprime Downey Junior a su personaje (el superhéroe con resaca, sentado dentro de un enorme cartel de donuts) hacen la parte fuerte del filme.

    Sin embargo, hay tiempos muertos que dilatan demasiado el ritmo de la acción y falta la potencial intensidad de un Mickey Rourke que podría hacer temblar las rodillas de cualquiera. Igual, la puerta queda abierta para una tercera parte, con Los Vengadores.
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  • Una noche fuera de serie
    Una noche fuera de serie
    La Voz del Interior
    Otra cita que termina mal

    La reunión amenazaba con comedia garantizada: Steve Carrell, el actor que hace relucir Virgen a los 40, Pequeña Miss Sunshine y hoy encabeza la versión estadounidense de The Office, más Tina Fey, guionista y actriz de Chicas malas y de la comedia televisiva del momento, 30 rock. Sin embargo, esa comicidad sutil que ambos logran por separado en la TV, en pantalla grande y juntos se diluye. En las series que ambos protagonizan, la clave está en el desarrollo de sus personajes bien definidos, con sus tics explotados en situaciones guionadas al detalle. Y eso es lo que falta en Una noche fuera de serie.

    El director, Shawn Levy (Una noche en el museo) cuenta una historia con buen ritmo, conflicto y fin, pero en lugar de dar espacio al desarrollo de sus personajes (incluso cuando tiene en sus manos a dos grandes actores de comedia) o a enredos que tengan un poco más de gracia (en todos los sentidos de la palabra), se queda en algunos gags y escenas de acción y humor efectivas pero previsibles: ahí está la persecución de autos en las calles de Nueva York, más allá aparece el baile ridículo que siempre funciona (Stiller lo exprimió mejor, de todas maneras, en Mi novia Polly), más acá la escena policial con terraza y helicóptero incluido. Y ya.

    El resto, es historia: una pareja de casados con hijos, los Foster, intentan avispar su matrimonio con una cita a solas. No hay lugar libre en el restaurante, así que se hacen pasar por otra pareja, los Triplehorn, y se quedan con la reserva de su mesa. Pero los Triplehorn resultan ser unos estafadores a los que persiguen unos mafiosos, que a partir de entonces perseguirán a los tiros a los Foster creyendo que son los chantajistas.

    Así, un matrimonio tranquilo se enreda en aventuras policiales que les da la adrenalina que perdió su vida cotidiana. Levy aprovecha poco la expresividad de Carrell y Tina Fey queda atrás, excepto por algunos monólogos neuróticos en los que asoma lo que mejor hace. La aparición breve de James Franco y Mark Walhberg añaden un plus a la historia.

    Por lo demás, el filme apela a eso que les pasa a tantas parejas que ya "se conocen demasiado" y no tienen más tiempo que para la casa, los chicos, la escuela y la oficina. En ese sentido, esa fantasía de adrenalina puede resultar un buen escape pochoclero, para reírse un rato o dos.
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  • Dos hermanos
    Dos hermanos
    La Voz del Interior
    Los hermanos sean unidos

    Ante los padres, los hermanos pueden ser cómplices, celarse, apañarse, enfrentarse, disputarse atención, mantener un secreto. ¿Cómo continúa esa relación cuando esos progenitores/mediadores ya no están? Ese es el disparador de Villa Laura, la novela de Sergio Dubcovsky que Daniel Burman lleva al cine en Dos hermanos.

    Ya no hay en esta película, como en otras en la filmografía del director, indagaciones sobre la identidad judía, ni reflexiones generacionales. El acento no está puesto sobre la edad de los personajes, sino en su relación. Da lo mismo que tengan 60 o 15 años, la forma en la que se relacionan no se alteró con los años.

    Graciela Borges es Susana, la hermana menor, dominante, con fantasías de alcurnia y manipuladora. Antonio Gasalla es Marcos, abnegado Edipo de su madre, apacible, sentimental y silencioso. Tras la muerte de su madre, ella lo convence de mudarse a Villa Laura, Uruguay, un pueblito donde compró una vieja casona. Hijos sin hijos, antes los unía su madre y ahora, sentarse a ver Mirtha Legrand. En ambos casos, mujeres que les despiertan contradictorias emociones.

    El filme se presenta como el relato de un vínculo, cuya narración se mece como el barco que los lleva, una y otra vez, de Buenos Aires a Uruguay. Burman usa el humor en justa medida y expone esa relación en situaciones que exhiben cómo han sido y son los roles de cada uno.

    En este sentido, es sobre todo una película de actores, en la que las interpretaciones sostienen la arquitectura de escenas, desarrollo y climas. Graciela Borges se luce sólida con un personaje intenso, difícil, autoritario, de verborragia cruel y a la vez vulnerable. Gasalla, por su parte, contiene su histrionismo para encarnar a un hombre que debe reencontrarse con sí mismo en plena adultez.

    Mérito a la dirección de actores de Burman, que retrata con la minuciosidad de lo sencillo ese vínculo. Sin embargo, el acento en lo teatral por momentos deja a la deriva las potencialidades (y necesidades) cinematográficas de la historia.
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  • El libro de los secretos
    El libro de los secretos
    La Voz del Interior
    Un apóstol armado

    Los hermanos Hughes (Desde el infierno) arremeten esta vez con un western futurista, que empieza con tremendas escenas de acción (tres luchas, miembros lacerados y varios litros de sangre en apenas la primera media hora) y se transforma paulatinamente en una historia de mística y redención, para iluminar un probable devenir desde un presente sórdido.

    Han pasado 30 años de la última gran guerra, que dejó a la tierra desolada, abrasada por el sol, y a sus habitantes muertos, ciegos y apenas unos pocos sobrevivientes. En ese escenario, un caminante, como se auto define este cowboy errante (Denzel Washington), tiene como misión ir siempre hacia el oeste. En las rutas no vuelan cantos rodados, sino chatarras viejas, los bandidos cabalgan motocicletas y en las cantinas la bebida más valiosa es el agua. La poca humanidad sobreviviente sufre de sed, soledad e ignorancia, mientras que los poderosos sólo ansían encontrar “el” libro cuyas palabras les permitirán dominar a los más débiles.

    En su trayecto, el caminante (otra vez, Denzel en rol de héroe solemne y omnipotente), se encuentra con Carnegie (Gary Oldman), un tirano que busca aquel libro sagrado para conquistar y controlar multitudes. De él huye el caminante junto a Solana (Mia Kunis, la actriz de That 70’s Show), una joven a la que decide proteger, y lo más parecido a una promesa de un futuro (otra vez, como los últimos filmes de Denzel, héroe siempre célibe, la relación entre ambos es casi paternal).

    La fotografía de la película es la gran clave de la narración para pintar este mundo árido, sin esperanzas, tormentoso (que evoca a filmes desde Mad Max a Soy leyenda), en el que el caminante se abre paso, impulsado por la fuerza bruta y los versículos bíblicos. Washington, por su parte, aporta su estampa de guerrero-profeta-justiciero entre tanta incivilización, mientras que Oldman añade el toque de malo (caricaturesco, por momentos) y Kunis se pone en la piel de la heroína que nunca se despeina. Algunas intervenciones breves de Tom Waits o Malcom McDowell condimentan con caras raras el periplo.

    Así, el filme de los Hughes es certero en su relato de acción y aventura, en sus imágenes de un futuro estéril, y en el desarrollo de las convenciones de western. Sin embargo, el giro místico y evangelizador con el que pretenden poner una luz entre tanto apocalipsis desliza la historia hacia lugares comunes y, hacia el final, desemboca en la salida más fácil.
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  • Nine
    Nine
    La Voz del Interior
    Nine: Final cantado

    A pesar del traspié inicial, "Nine" es un musical que convence, con la marca de Broadway en cada canción. Se destacan Penélope Cruz y Fergie.

    Para una película que viene con tanto ruido por detrás, que destella con tantos nombres célebres y expectativas ídem, al comienzo Nine no termina de convencer: la mitad de los personajes habla en inglés pero con un artificioso acento italiano (para romper con toda verosimilitud, la otra mitad del elenco no lo hace) y aunque Daniel Day Lewis puede cantar, eso no significa que pueda sostener más de un número musical en todo el filme. Por suerte, no lo hace, y en lo que queda de los 120 minutos se dedica a lo que mejor hace: actuar.

    Después de esos primeros minutos un poco decepcionantes, la película empieza a cobrar más fuerza y energía, y a entrar en el clima estético, sentimental y musical que la definirá hasta el final. Desde entonces, el peso musical y coreográfico recae en sus actrices, que encarnan a las mujeres que rodean a Guido Contini, que aparecen en su vida, sus recuerdos, sus momentos oníricos. El paso de una a otra de esas dimensiones narrativas se hace a través de los números musicales de la película, algunos de ellos material original de la obra de Broadway y otros creados especialmente para esta ocasión.

    Entre la troupe de divas se destacan Marion Cotillard, quien integra canto y actuación con delicadeza interpretativa; Penélope Cruz, que pone el toque de voluptuosa intensidad italiana; y sorprende Fergie (sí, la misma de Black Eyed Peas) como la curvilínea Saraghina, la prostituta que desvela a Guido en su niñez en las escenas que más evocan al clásico de Fellini.

    Justamente, la canción de Fergie, Be italian, es la que mejor resume el espíritu del filme y la más poderosa del repertorio. Muy por detrás quedan las interpretaciones de una inmóvil Sofía Loren o, en el otro extremo, una hiperactiva Kate Hudson.

    Por lo demás, tanto el vestuario como el arte de Nine evocan la Roma de entonces como una pintura cinematográfica, en la que la reproducción de los estudios Cinecittá completa el panorama.

    Así, a pesar del traspié inicial, Nine es un musical que convence, con la marca de Broadway en cada canción y con una combinación lograda de lenguaje cinematográfico y teatral, de melancolía y felicidad.
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  • Amante a domicilio
    Amante a domicilio
    La Voz del Interior
    Como si fuera la novela picaresca triste de un seductor, Amante a domicilio cuenta, primero, el ascenso de un joven que llega a Los Angeles con el sueño de ser un mantenido por las damas y, segundo, el derrotero moralizante de este personaje, cuando sus atributos físicos no tienen el encanto suficiente. Historia que, de diferentes maneras, ya nos contaron (y mejor) Perdidos en la noche, Gigoló americano o Mi mundo privado.

    En un sólo párrafo, de qué va la trama: Nikki (Ashton Kutcher) es un joven vividor que está dispuesto a intercambiar favores sexuales a cambio de techo, comida... auto descapotable, desayunos con champán y camisas Hugo Boss. Mientras lleva esa vida a costa de una abogada de 50 años (Anne Heche), conoce a una camarera de la que se enamora (Margarita Levieva) y que lleva la misma vida que él.

    En otro párrafo, algunas conclusiones. Aunque el trailer promete una película amable con imágenes de cuerpos femeninos, piletas de agua azul y cócteles de piña, el filme intenta contar el lado oscuro de esa vida de lujo. Lo intenta a través del personaje de Nikki, cuyo mayor encanto está en su estampa de Adonis para la mesa de luz de señoras con poca compañía y muchos ceros en sus cuentas bancarias.

    A diferencia del personaje de Jude Law en Alfie (otro ejemplo de un filme sobre un seductor nato), Nikki no tiene carisma o encantos extras, y su mayor talento puede fotografiarse: su cara. Lo mismo puede decirse del propio Kutcher y de su compañera, Margarita Levieva (la vimos como una chica hot en Adventureland).

    Con altibajos, una narración desganada y giros antojadizos en el guión, el filme intenta esbozar un drama íntimo sobre la vida vacua de un toy-boy que un día “recibe su propia medicina”. Sin embargo, la historia no sólo no conmueve, tampoco entretiene. La música intenta rescatar el interés en algunos momentos dramáticos, así como algunos instantes de Kutcher en los que su interpretación toca alguna expresión sensible. Pero no es suficiente, y el filme termina cayendo en el mismo lugar que su personaje: el vacío.

    Para que no digan que Ashton Kutcher no intenta autosuperarse: cuando parecía que no podía hacer una película peor que El efecto mariposa, con este filme lo logra.
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  • 500 días con ella
    500 días con ella
    La Voz del Interior
    No es la historia de un amor

    "Esta no es una historia de amor”, advierte una grave voz en off, antes de que comience la película, y tiene razón. Porque esta comedia romántica no es el relato feliz de dos personas que se enamoran, sino de una.

    Tom (Joseph Gordon-Levitt, el pequeño actor de la serie Third rock from the sun, que ya creció) es un chico sensible, resultado de haber tomado demasiado en serio las letras de The Smiths y el guión de El graduado. Summer (Zooey Deschanel), en cambio, como Tonino Carotone, no cree en el amor.

    A través de esa voz en off que comienza a narrar esta historia (y que se retira en el momento adecuado, cuando la historia se puede ya contar sola), sabemos entonces que Tom y Summer se conocieron en el trabajo, salieron un tiempo hasta que ella lo dejó.

    Lo que se desarrollará, entonces, en los siguientes 95 minutos, será cómo ocurrió todo aquello. Y quizá el gran acierto del director Marc Webb es desde dónde y cómo narrarlo. Porque la historia se cuenta desde la versión y mirada de Tom, detrás de las cuales se ubica el espectador.

    De esta manera, la película muestra desde los anteojos del protagonista cómo ella se convierte, primero, en “la luz de sus ojos”; luego, en “la chica más odiada del mundo”. Podría argumentarse que nunca el filme devela la visión del personaje femenino, que queda reducido a un extraño objeto de afecto. Pero, a fin de cuentas, la elección es clara: no se trata del relato de un romance, sino del de un enamoramiento y ¿no es acaso ese el relato siempre ansioso de una experiencia súper personal?

    Por otro lado, el orden cronológico es otro de los aciertos del filme. Como quien cuenta una epopeya sentimental a un amigo en un café, guiado más por asociaciones emotivas que por la sucesión temporal de los hechos, la película evoca las etapas de la relación repasando los 500 días desde que ambos se conocieron hasta que terminaron. Así, el calendario de amor y desamor arma el rompecabezas de la pareja.

    Equilibrando momentos de humor (la confidente y consejera de Tom es su hermana de 12 años, quien se burla de su inocencia sentimental) y de emociones (la música es otro punto fuerte), Tom transita los estados anímicos de su relación con Summer. Amenizan e ilustran la interioridad del personaje recursos que recuerdan a Amelie: escenas de coreografía de musical, recreación de películas en blanco y negro, animaciones, montajes. Pero si el francés (como otras comedias) era el filme de un amor feliz; este muestra también el otro lado de esa alegría.
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  • Camino a la redención
    Camino a la redención
    La Voz del Interior
    La culpa crece sola en el desierto

    Finalmente, Guillermo Arriaga dio el paso. Después de expandir su personal estilo como escritor de cine en películas como Los tres entierros de Melquíades Estrada y en la dupla rendidora que mantuvo con Alejandro González Iñárritu, esta vez el mejicano decidió dirigir su propio proyecto, Camino a la redención. Otra vez, el clima de la narración está teñido por la aridez del desierto, la soledad de las fronteras y la desolación de personajes e historias que terminan cruzándose.

    Cuatro ejes narrativos aparentemente diferentes inician el relato. Por un lado, está Silvia (Charlize Theron), una sommelier taciturna, solitaria y presa de un hermetismo emocional, de cuyo pasado no se sabe demasiado aunque se refleja en la forma en la que se auto flagela. Por otro lado, está Gina (Kim Basinger), que se recupera de un cáncer de pecho en silencio y vive apagada en su rutina familiar, hasta que comienza una aventura romántica que le devuelve la vitalidad. También se presenta a María, una niña que vive con su padre y un amigo de él, y que tras una accidente de su progenitor debe buscar a su madre. Finalmente, en una ciudad fronteriza, dos jóvenes adolescentes de familias inconciliables se enamoran en contra de toda razón.

    Con austeridad musical casi total, la narración se desarrolla con una cadencia silenciosa y con un aplomo que remite a 21 gramos o a Babel. Y así, se liberan los hilos del ovillo nuclear del filme, para enredarse entre sí nuevamente hacia el final y terminar contando una sola historia, la de la culpa, sus orígenes y consecuencias, y las posibilidades de redención en el seno familiar.

    Lo que no subraya la música, lo aporta la fotografía del filme, que instala el panorama anímico sobre el que se mueven estos personajes, casi siempre en planos generales. Eso no impide que las actuaciones de Theron y Basinger se destaquen, aun con las limitaciones expresivas que el bisturí dejó en la cara de esta última. Así, figura y fondo se potencian y retroalimentan en función del relato.

    Con estos elementos, Arriaga cuenta una historia tremenda, personal y, sobre todo, femenina. Sin embargo, la película decae en las formas: en la estructura de palimpsesto del guión, (demasiado vista ya); en el tono opresivo y árido de la narración; en las metáforas visuales insistentes; en la resolución que se deja adivinar y se cierra como una burbuja, demasiado redonda.

    Para descubrir al Guillermo Arriaga director.
    Una virtud: las actuaciones de Theron y Basinger.
    Un pecado: la estructura narrativa ya vista.
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