+
Imagen del crítico Beatriz Molinari
Beatriz Molinari
  • Cantidad de críticas: 62
  • Promedio: 73%
  • Críticas favorables: 57/62 (92%)
  • Críticas desfavorables: 5/62 (8%)
  • Diferencia absoluta: 15%
  • Industria Argentina, la fábrica es para los que trabajan
    Una clase de esperanza

    Ricardo Díaz Iacoponi instala a través de la película Industria argentina, el tema de las fábricas recuperadas. El guión describe el proceso sin vuelta atrás que se inició con la crisis de 2001 en el país. El recorrido emblemático también instala preguntas sobre el planteo capitalista que ha marcado la cultura del trabajo y un modelo determinado de empresa, como partícipe imprescindible en la noción de producción y progreso. Con el rol protagónico de Carlos Portaluppi, la película adopta el formato de docu-drama, una suerte de ilustración ordenada y sencilla del caso de una fábrica de autopartes en un barrio bonaerense. La historia incluye algunos elementos de los que el costumbrismo televisivo ha abusado y que aquí pone en clima la tragedia que cae sobre Juan y sus compañeros de trabajo. El señor Juan Carlos (Manuel Vicente) les pide paciencia mientras les fracciona el salario y les hace firmar recibos mentirosos.

    Así comienza la crónica del desempleo en una sociedad devastada por las malas políticas y la corruptela generalizada. A Juan no le falta nada: su esposa espera su segundo hijo, el banco lo llama porque se atrasó en la cuota del crédito hipotecario, se bajó la persiana de la fábrica y muy lejos en el horizonte se balbucea la palabra 'cooperativa'. El cuadro va sumando complicaciones que ponen a prueba al sujeto colectivo, interpretado por un grupo de muy buenos actores que juegan el realismo sin golpes bajos ni tics. Juan es correntino, bonachón, devoto del Gauchito Gil. Como los demás, sólo quiere seguir trabajando. La película expone los problemas derivados de la quiebra y avanza sobre las soluciones con la bandera del cooperativismo. Ante las frases 'la plata no está, no hay más guita', las escenas grafican la idea de que esa situación límite enfrenta a pobres contra pobres.

    Se ve creíble el elenco que asume la toma, en la vereda, rumiando impotencia. Los personajes se vuelven expertos en derecho laboral y discuten sobre el cambio en la cultura del trabajo. Soledad Silveyra, como síndico de la quiebra, presenta objeciones frente a la intención de los trabajadores de hacerse cargo de la fábrica. Entre dilemas, miedo y hambre, Industria argentina ofrece una posibilidad de reconstrucción, a través de diálogos breves, primeros planos elocuentes y la emotividad que Portaluppi maneja con maestría. "Estoy cansado de olvidar. No puedo renunciar a lo que soy", dice, y hay que creerle.
    Seguir leyendo...
  • Extraños en la noche
    Extraños en la noche
    La Voz del Interior
    Vida de músicos

    Empatía y fotogenia son los dos pilares de Extraños en la noche, la película de Alejandro Montiel que protagonizan Diego Torres y Julieta Zylberberg. Martín y Sol sueñan con vivir de la música; ella dejó atrás una banda de rock y ahora canta en eventos con Martín al piano, mientras esperan alguna oportunidad de brillar, cada uno en lo suyo.

    La película resume un repertorio de escenas clásicas en la comedia romántica y toma momentos de películas muy recordadas, como Los fabulosos Baker Boys, en una imitación fresca y posmoderna de la chica cantando sobre el piano y ronroneando a lo Michelle Pfeiffer.

    La actriz argentina que se destacó por trabajos dramáticos muy interesantes, esta vez ingresa en un registro sencillo, logrado a fuerza de convicción, y buena química junto a Torres. El cantante pone su histrionismo al servicio de un personaje inseguro, prejuicioso con respecto a la música popular y con el ego por el piso.

    Supera las limitaciones de la historia de amor planteada de esa manera una trama policial que abre el juego a otros contextos y personajes: el edificio, los vecinos y el portero; la vida secreta del vecino de arriba; la noche y la política, en dosis amables, al tiempo de que los pequeños dramas personales se resuelven con un poco de ingenio.

    Acompañan a la pareja, Fabián Vena, Ludovico Di Santo, Betiana Blum, Daniel Rabinovich, Laura Conforte, Alexia Moyano, entre otros. La música funciona como síntesis, sobre todo en los compactos de imágenes a la manera de videoclip, y Torres estrena la balada Sol del nuevo día. Entre chispazos de humor sobre estilos musicales y guiños, como el del título, un eterno romántico, la película de Montiel entretiene sin desentonar.
    Seguir leyendo...
  • La sal de la vida
    La sal de la vida
    La Voz del Interior
    Los días de un hombre invisible

    Gianni y las mujeres, tal el título traducido caprichosamente como La sal de la vida, traza el boceto cotidiano de un jubilado, Gianni, que vive en un departamento alquilado en Roma junto a su esposa e hija. El relato clásico es el modo que eligió el director y protagonista Gianni Di Gregorio para contar por qué un hombre se siente invisible, separado de todo impulso vital.

    Gianni es el amo de casa, mientras el mundo gira a una velocidad que lo ha dejado atrás. Atiende las tareas domésticas, pasea su perro y el de la vecina, y se ocupa de la madre. Estupenda Valeria De Franciscis como la anciana manipuladora que derrocha, está lúcida y aun así, es amable y encantadora. “Teneme paciencia”, le dice a Gianni que clasifica para santo.

    Es Alfonso (Alfonso Santagata) quien le clava la espina cuando le aconseja tener una aventura. Primero Gianni se escandaliza como reflejo de tantas imposibilidades acumuladas. Pero luego lo intenta, a su manera, con mujeres que hace tiempo que no ve. Se propone encuentros, se da cuenta de la vida que lleva, se mira al espejo; advierte la indiferencia con que lo tratan, propia de la rutina. Gianni Di Gregorio filmó la película a su medida. La interpretación remite a los dramas agridulces, aunque no se agota en la figura del antihéroe. Todo recupera la voluptuosidad ante los ojos del hombre. “A veces la belleza te abruma”, comenta con el amigo. Quedan preguntas y sensaciones sobre el paso del tiempo y cómo en las sociedades que esgrimen la longevidad como un logro, el patrón de juventud y belleza continúa cercando a las personas que no se resignan a jubilarse de la vida.
    Seguir leyendo...
  • Un dios salvaje
    Un dios salvaje
    La Voz del Interior
    Civilización o diálogo

    Un niño le pega a otro en un parque, a la salida de la escuela. La cámara capta la escena a media distancia, discretamente. El episodio deriva en la reunión de los padres en casa del agredido (Ethan). Cuatro actores de carácter, Roman Polanski en la dirección, y Jazmina Reza, la dramaturga y guionista francesa, componen un cuadro cotidiano trazado con los modales de la gente “civilizada”, dispuesta a dialogar sobre la educación de sus hijos.

    Un dios salvaje transcurre en el departamento de Penélope (Jodie Foster) y Michael (John C. Reilly), con el espectador en medio del cruce de observaciones. Éstas, primero muy medidas y calculadas, pero luego francamente violentas, con esa violencia de la que sólo es capaz la gente educada. La inclusión del espectador es el acierto de Polanski, un maestro para el relato claustrofóbico.

    El guión remite al clásico Quién le teme a Virginia Woolf?, de Edward Albee, sólo que hay un cambio de perspectiva en el registro de Reza para avanzar en la crítica a un modo de vida y, sobre todo, a la imagen que cierta gente tiene de sí misma.

    El conflicto entre los niños pone al cuarteto de adultos en el ojo de la tormenta. Los actores se reparten los perfiles necesarios para instalar el conflicto en los cimientos mismos de la cuestión. En esta película de cámara, cada personaje luce sus aristas a medida que transcurre el encuentro forzado.

    Penélope, nerviosa, obsesiva, preocupada por la violencia en África; Nancy (Kate Winslet), refinada, incómoda, es la que transmite con el cuerpo hasta dónde la asquea la situación. Un gran momento de la actriz en el living de los demandantes; Michael, el vendedor de electrodomésticos que parece aplicar un método sencillo a cualquier problema, es quien naturaliza determinadas reacciones de hombres y mujeres; y Alan (Christoph Waltz), el abogado de un laboratorio demandado por los efectos de un medicamento, el hombre del celular.

    Los cuatro en una habitación protagonizan alianzas, ataques cruzados y acuerdos momentáneos, en torno a la culpabilidad de Zachary, el niño de 11 años, y las posibilidades del castigo.

    La causa de la furia del chico va complicando las cosas mientras Polanski maneja con destreza ritmos, encuadres y tiempos aparentemente muertos.

    La película se apoya en la fuerza de los diálogos con el estilo sutil de Reza (Art) para sacudir las buenas conciencias. La crónica diaria revela hasta qué punto la violencia forma parte de la sociedad, también globalizada con esa marca. “El honor requiere un contexto social”, lanza Penélope y hace pensar. Un dios salvaje funciona como crítica feroz al matrimonio pero, sobre todo, escarba en los hábitos civilizados, portadores de una intolerancia de la que nadie escapa.
    Seguir leyendo...
  • El Artista
    El Artista
    La Voz del Interior
    Candoroso cine mudo

    "No hablaré. No diré una palabra", reza el cartel correspondiente a la imagen de la película Una aventura rusa. Quien se niega a hablar es el héroe que interpreta George Valentin, en el juego del cine que se mira a sí mismo, planteado por el director Michel Hazanavicius. Un divo de cine mudo, su perrito, el chofer y la actriz en ascenso son los elementos de la historia ingenua que alimenta el melodrama, pensado para la platea contemporánea.

    El recorrido por los últimos éxitos del artista comienza en los estudios de Hollywood, donde el productor dictamina la vida o la muerte de proyectos y figuras. Recrear una manera de mirar y ser mirado es un trabajo fascinante desde el punto de vista creativo. El artista ofrece imágenes de la carrera que fue brillante y el presente dramático de Valentin. Jean Dujardin va adecuando la gestualidad a la alternancia de pasado, presente del personaje y la actualidad del espectador que debe probarse frente a los estímulos que han eliminado deliberadamente la palabra. Hazanvicius impone una banda sonora que llena el silencio de la cinta en blanco y negro.

    Las imágenes generan una historia en la que, a la fama de Valentin, se suma la rutina matrimonial, el flirteo con Peppy Miller (Bérénice Bejo) y la evolución de la industria cinematográfica. "Ahora el mundo habla. Piden caras nuevas", dice el productor, bien plantado John Goodman en el rol.

    El drama va ganando espacio. Estalla la crisis financiera de 1929 y George se niega a enfrentar unas reglas de juego feroces para las cuales no hay orgullo que valga.

    Bérénice Bejo se mueve como la pícara y candorosa Peppy, entre los mohínes del cine mudo, la fascinación por el éxito y la madurez del personaje que ve derrumbarse a su mentor. Cuando logra comprender la brecha, en el cine y la vida, toma decisiones salvadoras. Peppy encanta a todos y Bejo le pone sustancia en escenas como la del camarín, a solas con el traje de George. Asombra el perrito, una mascota sabia, mientras James Cromwell, el chofer, aporta su propio silencio piadoso.

    El artista rinde culto a los actores de la industria, criaturas que sonríen, repiten gestos frente a una cámara y dejan su vida por el amor del público.
    Seguir leyendo...
  • 50/50
    50/50
    La Voz del Interior
    El cáncer en primer plano

    Un diagnóstico clínico cambia el sentido de la vida de Adam Lerner (Joseph Gordon-Levitt). La rutina en el trabajo, las relaciones con su pareja, padres y amigo se desmoronan cuando el médico anuncia sin anestesia que Adam tiene cáncer. La película 50/50 de Jonathan Levine tematiza la experiencia del guionista Will Reiser, incluido en el 50 por ciento de sobrevida posible. Por eso el tono de los diálogos y sobre todo, la actitud del protagonista, están muy lejos del melodrama, las frases hechas y los golpes bajos. A tal punto que la película no transmite la catástrofe anímica del personaje. Joseph Gordon-Levitt comparte cámara con Seth Rogen, éste en el rol de su amigo Kyle. El micromundo de Adam incluye la novia, Rachael, interpretada por Bryce Dallas Howard (se la vio en el rol de la racista más notable en Vidas cruzadas); Katie, la psicóloga (Anna Kendrick) y la madre, poderosa Anjelica Huston.

    La descripción del impacto personal de una enfermedad que todavía es tabú en la sociedad cumple los distintos pasos, de la incredulidad al terror, camino que el actor Joseph Gordon-Levitt recorre inexpresivo, como si el personaje no tuviera cuerpo. Justamente el territorio minado por una forma rara de cáncer óseo. 50/50 no cae en el relato lacrimógeno, el problema es que tampoco encuentra el tono para el humor negro (lo mejor del guión) que sugiere extrañamiento interior. Las reacciones son obvias. Quien pone una cuota de humanidad creíble a su personaje es Seth Rogen. El ritmo y el diseño son de telefilme, con permanentes primeros planos del protagonista. Adam se ve debilitado por la quimioterapia pero no hay un trabajo interno del actor. No emociona ni genera la empatía que logran muchos personajes de series como House y otras del montón con temática médica.
    Seguir leyendo...
  • Verdades verdaderas, la vida de Estela
    La búsqueda interminable

    “Cómo querer tanto a alguien sin conocerlo”, dice la voz en off mientras la cámara corre sobre las hojas de los árboles en el suelo. La frase es la clave de Verdades verdaderas, la película de Nicolás Gil Lavedra que cuenta la historia de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.

    El director, que nació el año de la recuperación de la democracia, logra una historia sencilla, con algunos quiebres de la linealidad, flashbacks y saltos temporales que le dan ritmo a la crónica de una tragedia familiar. La misma de cientos de familias argentinas víctimas del terrorismo de estado entre 1976 y 1983.

    Susú Pecoraro pone corazón y lágrimas al personaje de Estela, acompañada por un elenco de primeros actores: Alejandro Awada?, conmovedor en el rol de Guido, el marido de Estela; Inés Efrón, siempre poderosa, como Laura, la hija asesinada, madre en cautiverio; Laura Novoa, Claudia, la otra hija de Estela; Carlos Portaluppi, breve y contundente en medio del universo mágico de las Abuelas.

    Verdades verdaderas, título poco convincente, enfoca el tema de la búsqueda de los nietos apropiados, la batalla de las ancianas que no bajan los brazos porque plantean la memoria como un derecho.

    Estela era una mujer de clase media, igual a muchas, ama de casa, directora de escuela primaria, una señora que veía crecer a sus hijos y no quería que se metieran en nada raro. La actriz va oscureciendo la mirada sin perder el toque de ingenuidad que la salva de la locura. Cuando esto va a ocurrir, con todo desmoronándose, aparecen las otras mujeres que tampoco pudieron ver crecer a sus hijos e hijas. Rita Cortese aporta lo suyo en el inicio de las marchas de los jueves en la Plaza de Mayo, cuando eran apenas un puñado de mujeres custodiadas por los militares.

    La película, bien fotografiada, con buena reconstrucción de época en ambientes y vestuario, visita cada estación del recorrido doloroso. No hay información nueva ni reflexiones, sólo la cámara que muestra cómo surgió la institución y la lucidez de ellas al crear el Archivo Biográfico Familiar, cajas con los tesoros que heredan los nietos cuando recuperan su identidad. El tono de la película es emotivo y dramático, emoción que depende del vínculo del espectador con el tema. Por eso molesta la música subrayando las escenas, un estorbo en el escenario de la tragedia. Verdades verdaderas se plantea como un legado, tal como el registro que Estela graba para su nieto Guido. “Alguna vez será”, dice soñando con el futuro.
    Seguir leyendo...
  • La prima cosa bella
    La prima cosa bella
    La Voz del Interior
    Atrapado en Livorno

    El director italiano Paolo Virzí adelantó que frente a tantas malas noticias por la crisis europea, su opción fue La prima cosa bella, una película que rinde homenaje a la comedia clásica italiana de los años 1970. El impulso derivó en una comedia dramática sobre los lazos familiares y el descubrimiento de verdades nunca dichas.

    Bruno (Valerio Mastandrea) vuelve a Livorno porque su madre Anna está muy enferma. Lo hace a regañadientes, llevado por su hermana Valeria (Claudia Pandolfi). La película va mezclando el presente de Anna (Stefanía Sandrelli) y su pasado, con los niños pequeños. La vida familiar parece haber cambiado completamente una noche de 1971 en que Anna (Micaela Ramazzotti) fue elegida la "mamá más bella del verano". Su belleza la empuja al centro de las miradas y de ahí en más cobra otra luz el recuerdo de Bruno. Aquel niño serio todavía huye del estigma familiar.

    Guiado por el punto de vista de Bruno, Virzí va mostrando escenas de violencia familiar protagonizadas por su padre Mario, enfurecido por la exposición pública de la esposa; la separación, cuando expulsa a Anna del hogar; el rol de la tía tutora; los chismes del entorno; las mudanzas sucesivas de Anna con los niños; la relación tortuosa con los hombres.

    Micaela Ramazzotti expresa sensualidad y cierta inocencia que la pone en la frontera de la bella tonta. Ella finge, sonríe y canta Nicola Di Bari para proteger a sus hijos de la realidad, mientras sueña con ser actriz de cine.

    No faltan personajes ni elementos clave en la pintura de la tragicomedia de Bruno. La perspectiva, muy interesante, cae, no obstante, varias veces en el cliché. El montaje de las distintas épocas va descubriendo la historia familiar y la psicología de los personajes, al tiempo que Stefanía Sandrelli compone una enferma terminal que no pierde la sonrisa.

    El otro relato, el que Virzí resigna, hubiera generado otra película. Anna es bella y paga por eso en una sociedad que pone a la mujer en el rincón de la casa. El personaje, muy rico en matices, se queda en la gestualidad más exterior. El reparto, de muy buenos comediantes (los niños incluidos), convive con el ridículo de algunas situaciones y los finales previsibles. Livorno tiene mar. Se habla poco de eso y no se lo ve, hasta que después de andar perdido entre el lado oscuro de los recuerdos y las adicciones, Bruno descubre, otra vez, que un buen día puede ser el comienzo del resto de su vida.
    Seguir leyendo...
  • Hipólito
    Hipólito
    La Voz del Interior
    Apuntes para la democracia

    Suenan las chicharras de noviembre en Plaza de Mercedes. El pequeño Hipólito anda por el campo con la foto de su madre, en busca del padre que se fue. Se llamaba como él y era radical. Hipólito, de Teodoro Ciampagna, reconstruye el ambiente político de Córdoba en 1935 con una trama en la que la perspectiva del niño potencia los hechos históricos. En ese sentido, su búsqueda resulta el símbolo de una conquista mayor.

    Tomás Gianola interpreta al joven doctor Marcelo Frías (“pichón de Sabattini”) que llega al pueblo para fiscalizar las elecciones. El actor compone un personaje taciturno, tímido, pero de convicciones inquebrantables. Hijo de un conservador (Luis Brandoni?), Marcelo abraza la causa del radicalismo contra el fraude y las prácticas mafiosas. Su desembarco en Plaza de Mercedes responde a las directivas de su mentor, Pedro Vivas (Pablo Tolosa), ferviente defensor de la democracia. Tolosa sostiene, en un sigiloso segundo plano, el personaje que sigue de cerca al muchacho y encabeza la avanzada para que ?Amadeo Sabattini llegue a la gobernación.

    La película de Ciampagna tiene claridad narrativa, arma el relato de líneas puras: el pueblo y su gente; la pugna por el poder; las mujeres y el niño; la tragedia y el precio de las convicciones. Los actores juegan los roles sin la grandilocuencia a la que suele asociarse la reconstrucción histórica. Hay en los personajes gestos sencillos pero contundentes alrededor de la gesta de la votación como síntesis de la lucha por la democracia.

    El niño Lucas Gamarra aporta ternura y sabiduría en el modo de observar el mundo adulto, plagado de secretos, rencores y muertos que votan.
    Además del elenco en el que también se destacan Enrique Liporace (notable Don Argüello), Analía Juan, Maura Sajeva, Franco Muñoz y Maximiliano Gallo, Hipólito es una película bellamente lograda, en la que cada primer plano busca identidad y las locaciones tienen fuerza documental. La fotografía y el montaje de Santiago Seminara; el diseño de arte de Lilian Mendizábal e Isabel Riberi; la música original de sonoridad sinfónica, compuesta por Jerónimo Piazza acompañan el concepto de la película.

    El cine puede ayudar a comprender la historia y evaluar sus protagonistas con ojos contemporáneos. Aquellos hechos vergonzosos de noviembre de 1935 están en la memoria de Plaza de Mercedes. Hipólito rescata a los hombres y mujeres que padecieron la violencia de los facinerosos de turno.
    Hipólito , “el niño de la votación”, es una apuesta de Ciampagna, que se hace cargo de su propio discurso, en uno de los lugares donde comenzó a escribirse la turbulenta historia colectiva del siglo 20.
    Seguir leyendo...
  • Antes del estreno
    Antes del estreno
    La Voz del Interior
    Cine y teatro se potencian

    La primera escena de Antes del estreno condensa el juego, la situación y la estética de la película de Santiago Giralt.
    Van en el auto, Juana (Érica Rivas) al volante y su hija Lili (Miranda De la Serna). La cámara ubicada en el asiento de atrás registra la conversación, la nuca de Juana, su nerviosismo y el poema de Federico García Lorca que Lili tiene que aprender para el colegio. Es viernes, comienzo de un fin de semana difícil para la actriz popular, excéntrica e inestable que estrena obra el lunes. En la casa de las afueras, rodeada de árboles, las espera Román, el esposo de Juana, cineasta en stand by.

    La ironía de Juana marca el tono de cada diálogo. La actriz se pasea por la casa ensayando parlamentos, bebiendo, fumando, mientras Román se ocupa de lo cotidiano con una dosis de masoquismo y un mar de fondo que se percibe.

    Lili es niña, hija y espectadora. Miranda De la Serna (hija de Rivas en la vida real) logra una presencia deliciosa, actuando sin actuar. El trío familiar lleva adelante las tareas bajo el peso de la inseguridad y la angustia de Juana, pero, también, revela las dificultades de la convivencia entre artistas, con sus egos deambulando frente a los espejos.

    Santiago Giralt se basó en John Cassavetes ( Opening Night ), pero más allá de la referencia explícita, logra una película propia, con la cámara en la casa que va sumando ambientes a medida que se puede, el jardín, los perros y las visitas.

    Érica Rivas demuestra una vez más su capacidad como intérprete en el permanente desdoblamiento entre Juana y el personaje de la obra que también sufre una crisis matrimonial. En tanto, Lili interpela a sus padres como puede.
    Giralt logra un trabajo sensible en el que cine y teatro dialogan delante de una cámara que agrega luz al mediodía, mientras cada uno le pone el cuerpo a su arte.
    Seguir leyendo...
  • La piel que habito
    La piel que habito
    La Voz del Interior
    Locura en ejercicio

    En La piel que habito, Pedro Almodóvar encontró la historia a medida para volver a sus obsesiones. Cruel, misteriosa, bizarra y bastante kitsch, la película inspirada en la novela Tarántula, de Thierry Jonquet responde a los ritmos del thriller pero con el plus que ha convertido al director en una marca.

    La historia gira en torno a un experimento del cirujano plástico Robert Ledgard, personaje que interpreta Antonio Banderas? con un registro mejorado, por el tono del relato y la cámara endemoniada de Almodóvar.

    La piel que habito también podría inscribirse en la lista de culebrones, en este caso, por momentos sofisticado, pseudo-culto, con mujeres bellas, mujeres que no siempre lo son en el sentido estricto del género; muertes, violencia sexual, manejo cruel de la intriga que, de todos modos, no cae en el horror explícito.

    El cirujano lleva adelante una venganza y con esa excusa desnuda su naturaleza perversa.

    “El rostro nos identifica”, es la primera frase de Robert en una conferencia. Lo suyo es la manipulación genética, búsqueda estimulada por un trauma que no lo deja en paz desde que murió su esposa. Gal sufrió quemaduras en todo el cuerpo, a causa de un accidente, y la tragedia se instaló en su corazón hasta el desenlace fatal. También tuvo una hija que murió muy joven. Robert pasa horas recluido en su laboratorio. Sin abundar en detalles que develan el juego del thriller, cabe señalar la puesta de la película en la que el director ostenta madurez a la hora de elegir los lenguajes para contar con imágenes. Hay una diferencia deliberada en el color de la piel de Robert (el rostro bronceado de Banderas borra la expresividad) y la transparencia del rostro de la joven cautiva.

    Observada por un circuito cerrado de cámaras, implacable, la imagen vista desde afuera modifica la escala del cuerpo enfundado en una malla color beige. La habitación de Vera también tiene unos pocos detalles visuales y alude a la obra de la artista plástica francesa Louise Caroline Bourgeois (1911-2010).

    Almodóvar reproduce en el trabajo artesanal del cirujano, las texturas y hasta algunos íconos de la escultora. En tanto, Vera imita formas y pasa sus horas muertas superponiendo capas de arpillera sobre formas humanas. Pero el director no puede con su genio y en medio de esa composición y del diseño de los ambientes como de museo de arte contemporáneo, suma detalles, diálogos imposibles, como cuando Robert le dice a Vera: “Lo último que quiero es que te sientas incómoda”; humor negro; la visita guiada a lo feo; el rostro de la maldad en sus diferentes versiones (Robert, Tigre, Marilia).

    El elenco responde con eficiencia a los personajes entre misteriosos y border. Inmersos en los conceptos de belleza y horror, que distancian y eliminan la emoción, Elena Anaya? (Vera), Marisa Paredes (Marilia) y Jan Cornet (Vicente) son criaturas indefensas frente a la locura del médico que ha alcanzado la transgenia como si se tratara de una nueva religión.
    Seguir leyendo...
  • Violeta se fue a los cielos
    Violeta se fue a los cielos
    La Voz del Interior
    Sobre el tapiz de su voz

    Un ojo abierto, movedizo, bien vivo es la primera imagen de la película de Andrés Wood, Violeta se fue a los cielos. El director chileno logra una biografía notable de Violeta Parra (1917-1967), la artista que dejó una obra original: poesía, canciones, y tapices sobre arpillera.

    La actriz Francisca Gavilán se transforma en sintonía con los momentos más dramáticos y gozosos de Violeta, según un relato que avanza y retrocede como saltos de ave. Wood reconstruye la infancia, la búsqueda de la propia voz, la relación con su padre (muy buen trabajo de Cristián Quevedo), en medio de brumas y cerros pero sin abusar del paisaje. Hay en la película constantes visuales y el crujir de la madera con el viento, mientras Violeta camina con la guitarra y su hijo Ángel.

    Estructura la biografía la entrevista a Violeta, réplica de una similar, televisada. En la película Luis Machín es el entrevistador a veces malintencionado que sólo encuentra buen humor y dulzura en la mujer, mientras ella cuenta
    el viaje a Polonia, su obra en tapiz, el Louvre y el amor por Gilbert Favre (Thomas Durand), una pasión que arrastró hasta el tiro del final.

    Violeta se fue a los cielos tiene música de la Parra. La actriz canta y se acompaña con la guitarra, al tiempo que los distintos momentos toman diferente color y luz. Hay algo de realismo mágico, ese pa­trimonio del lenguaje latinoamericano que Wood utiliza como detalle, sin amanerar la historia.

    El ruido que acompaña los silencios y los primerísimos planos del rostro de la actriz va articulando el drama.

    “Una canta donde la quieren oír”, dice ella. Canta Volver a los 17 en la carpa al lado de la cordillera y en el ambiente de la alta burguesía de Santiago, donde la escuchan sin ganas. La edición, la fotografía y el diseño de la película toman con fuerza el sello y la estética de la cantora popular. Loca de ira por Gilbert, en lo alto de la cordillera, mientras suena bravo el temporal, canta: “Maldigo los estatutos del tiempo con sus bochornos” en una imagen estremecedora.

    Violeta en la película de Wood es una mujer deslumbrante, difícil, seguida de cerca por su hija Carmen Luisa (Stephania Barbagelata); una poeta sin tregua. “Para mí es lo mismo pintar, cantar o bordar”, confiesa con naturalidad cuando presenta sus trabajos en el Louvre. El director sostiene la tensión y muestra sin ilustrar. Instala tanto el clima de la muerte del angelito como el entusiasmo compulsivo de Violeta, como si se tratara de un documental. “Qué tanto apuro si no sabe ni adónde va”, se queja Ángel. La película transmite los frutos de tanto sentimiento y deja la huella de Violeta Parra, todavía fresca sobre la tierra.
    Seguir leyendo...
  • Identidad secreta
    Identidad secreta
    La Voz del Interior
    Un conflicto apto para adolescentes

    Por aquello de que el público se renueva, aun los clichés del espionaje según Hollywood recuperan frescura cuando los protagoniza la camada de actores jóvenes. Taylor Lautner, el chico lobo de Crepúsculo, interpreta en Identidad secreta a Nathan, un adolescente como muchos. La película de John Singleton (Rápido y furioso 2) plantea, primero, la crisis de personalidad propia de la edad, para luego armar una trama de thriller, con mucha acción.

    Nathan está loco de contento, va a una fiesta, se emborracha, se enoja con sus padres, que se enojan con él. Un minuto asomado a Internet le cambia la vida y lo pone en la pista que nunca debió conocer. El tema de la búsqueda de la verdadera identidad vira hacia el descubrimiento que lo pone en la senda de la violencia y una serie de secretos que lo obligan a huir.

    Lautner compone bien el personaje conflictuado que hace terapia para dominar sus problemas de insomnio, impulsividad e ira. De todas maneras, el fuerte del actor es el trabajo físico frente a la cámara. Además de la dosis de romance junto a Lily Collins (Karen).

    Identidad secreta convoca a la platea más joven, al tiempo que combina con picardía los ingredientes de una posible saga, con el muchacho que descubre su historia familiar y la Cía protegiéndolo. Queda abierto el futuro del personaje que ahora sabe que su padre es un peso pesado de la Agencia, a quien no alcanza a ver en el momento decisivo.

    “Entraste a un mundo caótico”, le dice uno de los responsables de la operación, Burton (Alfred Molina). El actor logra verse entre amenazante y amigable con el chico. En ese mundo que el común de los mortales no imagina, una lista con nombres puede generar una movida extraordinaria por calles y bosques, sobre rieles o en un estadio de béisbol colmado.

    La película ofrece cantidades suficientes de vidrios estallando y balas, también, el folklore de la Agencia más temida del planeta, con sus hombres de anteojos oscuros y movimientos robóticos. Predomina en el guión la ingenuidad narrativa y el tratamiento esquemático del género al que los espectadores entran, quizá, con menos inocencia de la que supone el director.

    La película, entretenida y rica en efectos, incluye a Michael Nyqvist, el actor sueco de Millennium, en el rol del espía malvado. En tanto Sigourney Weaver, como la psiquiatra, pone la ambigüedad de su personaje al servicio de una especie de hada madrina contemporánea.
    Seguir leyendo...
  • Juan y Eva
    Juan y Eva
    La Voz del Interior
    Antes de la revolución

    Juan y Eva fue dedicada a Leonardo Favio y la directora Paula de Luque sostiene esa filiación en cada fotograma con que versiona la relación amorosa entre Juan Perón y Eva Duarte. Al mismo tiempo, describe los hechos sobresalientes que marcan el nacimiento del peronismo.

    Osmar Núñez es el Coronel Perón antes de convertirse en el líder del movimiento. El porte y los rasgos del actor colaboran con el rol, así como la diferencia de edad con respecto a Julieta Díaz. A la actriz, Eva, antes de ser Evita, le sobra carácter pero le falta la fuerza trágica de su personaje.

    Sobre esos rieles transita la historia que enfoca la mutua fascinación desde que se conocen poco después del terremoto de San Juan. En la construcción de los personajes, la película instala en el centro de atención a Juan Domingo Perón, el visionario y conductor innato, mientras Eva lo sigue sin comprender todavía que están a las puertas de un cambio histórico. Se lo dicen los colaboradores que la mantienen al margen con sutileza.

    En ese entorno se destaca la actuación de María Ucedo en el papel de Blanca Luz, la asistente de Perón. Alberto Ajaka es Juan Duarte, papel breve pero notable; también Fernán Mirás y Alfredo Casero aportan sus posibilidades expresivas en esta película de época.

    Paula de Luque combina drama y documental con inteligencia. Hay un trabajo de montaje de imágenes y sonido que logra el tono propio de la épica. Las instancias previas a las manifestaciones del 17 de Octubre en las calles, los trabajadores rumbo a Plaza de Mayo y otras imágenes de archivo amplían el escenario donde la pareja vive su amor.

    La película se estructura en tres capítulos (titulados respectivamente “El amor”, “El odio”, “La revolución”), procedimiento didáctico con que organiza la información.

    Juan y Eva mantiene una mirada demasiado amable y contenida porque, más allá del objetivo de humanizar las figuras históricas, la directora las recrea desde su costado más positivo. Sin duda, esta perspectiva puede irritar a quienes mantengan viva la polarización entre peronistas y antiperonistas.

    De todas maneras, la película vale la pena por el trabajo bien planteado sobre la seducción de Perón; las limitaciones de Eva; las escenas eróticas; la alternancia entre el registro en blanco y negro (de archivo o recreado) y el color; los discursos y, sobre todo, la tesis, no dicha, de que en la fabulosa movilización del 17 de Octubre, el protagonista fue el pueblo que reclamó por la liberación de su líder.
    Seguir leyendo...
  • Sin límites
    Sin límites
    La Voz del Interior
    Con una dosis óptima

    “Obviamente calculé mal las cosas”, dice la voz en off de Eddie Morra. El comienzo de Sin límite pone al espectador en guardia. El guión arma un cóctel energizante de acción, thriller, violencia física, algo de terror psicológico, crisis de identidad, parálisis creativa y un protagónico notable de Bradley Cooper?. Tampoco falta la ironía al comienzo de la película, con la semblanza tipificada del escritor que no da en la tecla. En esa situación está Eddie cuando aparece el ex cuñado, dealer de una sustancia prohibida y muy sofisticada.

    El director Neil Burger arma un guión visual, de recursos que van aumentando la intensidad de una historia que referencia otros relatos y películas de las que Burger ha destilado la mejor sustancia. La cuestión es que Eddie, con una pastilla, amplía la capacidad de percepción, fortaleza y rendimiento, hasta lanzarlo a la cúspide del éxito empresarial.

    La dosis diaria permite al héroe aprovechar el otro 80 % del cerebro que, dicen los científicos, los humanos no sabemos usar. De repente, Eddie procesa toda la información que conoce, escuchó, estudió, vio de paso o recuerda y la convierte en la fórmula que le permite ver transacciones en la Bolsa con anticipación (adrenalina extra para los tiempos que vuelan). Ese hombre nuevo depende de la pastilla y ahí comienza el problema. El tipo que no podía llenar una carilla en su computadora se ve envuelto en una pelea feroz por el poder y, más aún, la vida, perseguido por asesinos.

    Cooper logra un personaje muy atractivo como el común mortal que se inventa un paraíso. Comparte algunas escenas con Robert De Niro, apenas un gancho como el magnate Carl Van Loon. Lindy (Abbie Cornish), la novia de Eddie perdedor, es un recurso para establecer contacto fugaz con la buena conciencia perdida. Sin límite ofrece una edición atractiva de imágenes vertiginosas, la deuda con Dr. Jekyll, Mr. Hyde y Terminator , entre otros antecedentes del campo del sujeto excepcional. Hasta se permite una mirada cínica sobre el poder y el negocio de los laboratorios, al alcance de unos pocos elegidos.
    Seguir leyendo...
  • Mi primera boda
    Mi primera boda
    La Voz del Interior
    Otra fiesta inolvidable

    “Piensen bien antes de casarse”, dice Daniel Hendler mirando a la cámara. Él es Adrián el día de su casamiento con Leonora (Natalia Oreiro?). Su relato en contrapunto con el de ella anticipa que la fiesta fue un desastre. El género de las películas de bodas remite a títulos en los que los americanos han destilado humor, locura y sarcasmo. Ante ese desafío, el director Ariel Winograd arremete con lo que mejor conoce: su vida. Ya demostró talento narrativo en Cara de queso , la comedia ambientada en un country de familias judías, en plena década del 90. Notable inicio de Winograd, que otra vez pone sabor autobiográfico a las circunstancias de una boda insólita.

    El comienzo introductorio da paso a la acción con diálogos breves que van acelerándose a medida que la película alcanza una velocidad crucero estupenda para el género.

    Un contratiempo que no es menor, pero que se instala como el inicio de una catástrofe, arruina la maquinaria de la fiesta. La novia ha depositado en ese momento todas sus fantasías. Una estancia señorial es el lugar al que van llegando familiares y amigos, muestreo de personajes típicos, fácilmente reconocibles. El dato que condimenta el conjunto es el carácter de boda mixta. Adrián es judío y Leonora, católica. En el parque de ensueño todo esta dispuesto, tal como lo hacen las empresas planificadoras de bodas.

    Daniel Hendler echa mano a su costado más delirante, como el ingeniero de poco carácter que hace de un detalle una hecatombe, secundado como en un dúo de cómicos por Martín Piroyansky, el primo de Adrián. Natalia Oreiro deslumbra con su presencia y pone la cuota de nerviosismo, mal humor y enojo al personaje. La acompañan Muriel Santa Ana, experta en complicaciones planteadas con naturalidad, y Soledad Silveyra, estupenda como la madre de la novia. Cínica y desubicada, Marta se pasea, copa en mano, estorbando y revelando la causa del carácter de la chica.

    Debajo de cada vínculo hay razones y un pasado. Imanol Arias interpreta al ex de Leonora, sarcástico, pintón, depositario de la cuota de maldad imprescindible para que la comedia no luzca tan blanca. Se suman Gabriela Acher, Pepe Soriano?, y ‘ellos’, Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, en película aparte.

    Las horas no pasan para el cura y el rabino que hablan de bueyes perdidos y de religión, enredados en el desastre. Mi primera boda derriba el mito del Príncipe Azul con un guión muy divertido y todos ríen felices.
    Seguir leyendo...
  • Larry Crowne
    Larry Crowne
    La Voz del Interior
    Para cambiar el mundo

    Veinte años en la Armada dejaron a Larry Crowne a un costado del camino. Cuando el personaje que interpreta Tom Hanks? cree haber encontrado un trabajo seguro, sobreviene el despido por reestructuración en el supermercado. Larry Crowne, la película que dirigió Hanks, está en sintonía con el perfil del actor. Regala esperanza, bien contada y repartida entre los personajes de la comedia.

    La oportunidad de Crowne comienza en la universidad donde toma cursos de oratoria con Mrs. Tainot (Julia Roberts), y economía (George Takei?). La profesora es la contracara de la lucha y la voluntad de superación que lleva adelante Larry, siempre medio pasmado por la vida universitaria y las costumbres de los jóvenes.

    Hanks compone al bonachón y solitario ex marino con los recursos de un buen comediante. Maneja los climas con los ojos, al servicio de la idea que puede parecer desmesurada, casi un chiste. Larry comprende más de lo que sabe, sobre todo cuando se encuentra con la profesora frustrada que no esconde el fastidio por estar en el aula a las ocho de la mañana frente a 10 alumnos (el mínimo que requiere el reglamento).

    La película ofrece buen humor sin estridencias en las escenas con el vecino, vendedor de garage profesional (Cedric the Entertainer?); la tribu de motoqueros y su musa Talia (Gugu Mbatha-Raw?), y el profesor Matsutari con su método poco ortodoxo para enseñar economía.

    Larry Crowne comienza con un tono melancólico, con la pérdida del trabajo y las explicaciones que el hombre escucha al borde del llanto. El consejo “estudia y serás invencible” derriba todas sus estructuras. Hanks domina el timing de estos personajes golpeados por el sistema, que se sobreponen y sacan algo extraordinario del fracaso. La coguionista Nia Vardalos? (Mi casamiento griego) garantiza la fluidez del relato, en tanto Julia Roberts transmite el hartazgo de la profesora sin onda, hasta que sonríe. Y Hanks sueña con mejorar el mundo, cambiando el destino de ese Larry del montón.
    Seguir leyendo...
  • Copia certificada
    Copia certificada
    La Voz del Interior
    El arte de los sentimientos

    El mandato de la originalidad en el arte es puesto en duda y entredicho por Abbas Kiarostami en Copia certificada . “Mejor una buena copia que el original”, señala el conferencista Julien Miller (William Shimell) en defensa de su ensayo sobre arte. El auditorio en un lugar de la Toscana lo escucha con admiración. En la primera fila, una mujer (Juliette Binoche) discute por señas con su hijo adolescente. Pero la película habla de muchas otras cosas.

    ¿Es posible sostener alguna originalidad en las relaciones humanas más profundas y complejas? Kiarostami va envolviendo al espectador en un relato que es un breve viaje por Toscana, un encuentro entre Julien y la mujer que conduce el auto mientras plantea muchas preguntas. ¿Qué es lo auténtico, verdadero, perdurable?, señala Kiarostami por boca de Julien y su ensayo.

    Mientras se escuchan las campanadas de domingo, ellos hablan. Julien mira un paisaje fuera del alcance del espectador. La cámara se instala auto adentro, en el rostro de una Binoche magnífica. Ella habla de su hermana Marie, tan simple y del marido. “No es sencillo ser simple”, señala Julien, entre molesto y distraído.

    El espectador percibe gestos sin nombre cuando entran al café en la Villa de Lucignano. El nerviosismo de ella se convierte en tristeza infinita. “La mirada cambia el valor del objeto”, dice Julien mirando la fila de cipreses. Entran al museo donde las novias se toman fotografías, copias de otras tantas novias que pasaron por el lugar. Él cuenta una anécdota en Florencia, el impacto que sintió al mirar a una mujer y su hijo de diez años.
    La película ocurre entre los diálogos casi privados y la omnipresencia del entorno, la euforia de los recién casados, ‘la dulce ilusión’ de la joven que emociona tanto al personaje de Binoche que mira desde un restaurante. La actriz compone un personaje estupendo, cargado de un dramatismo que va creciendo mientras él contesta, acorralado por sus argumentos. Se revela el valor de ese encuentro y Kiarostami logra así sondear la forma inicial de los sentimientos vividos por sus propios autores.
    Seguir leyendo...
  • Loco y estúpido amor
    Loco y estúpido amor
    La Voz del Interior
    Románticos en las buenas y en las malas

    El divorcio intempestivo de Emily (Julianne Moore?) y Cal (Steve Carell?) tiene efecto dominó en sus vidas y en las del entorno hasta entonces tranquilo.
    Loco y estúpido amor , la comedia de John Requa ( Una pareja despareja ) y Glenn Ficarra, es una ingeniosa maniobra para el entretenimiento. Para eso cuenta con un elenco formidable que se mueve con destreza alrededor de una anécdota pequeña y obvia.

    Se sospecha que Cal aburrió a Emily, quien fue infiel y se flagela por ello. Cal, en sus noches de soltería conoce a Jacob, un ganador (el camaleónico Ryan Gosling?) que lo asesora para el cambio de su vida.

    La película va cumpliendo los pasos previsibles. Se destaca el largo camino hacia la seducción que emprende Cal. Carell echa mano a todas sus armas de comediante y elige el costado más patético de la tristeza junto a Gosling, magníficos los dos en cada escena. También Moore, siempre al borde de las lágrimas, pone su cuota de ternura al personaje, que, no obstante, es visto desde la dirección, con ojos masculinos. En otra línea y retomando sus mejores momentos de comediante, Marisa Tomei? interpreta a la profesora del niño del matrimonio.

    La película ilustra en cada escena la afirmación que empuña el título. Los personajes hacen cosas locas y estúpidas, desde el niño, a los adultos que dejaron de ser, según la lectura pasteurizada del guión, un buen ejemplo para los jóvenes de la casa. El paraíso de 25 años de casados deriva en una serie de aprendizajes, terreno perfecto para la comedia que va sumando encuentros y sorpresas, siempre con espíritu componedor. A las necesidades y fantasías de Emily y Cal se agregan los suspiros de la niñera Jessica (muy expresiva Analeigh Tipton?); el despertar de Robbie; los descubrimientos de Hannah (Emma Stone en su costado más naif ).

    El cliché del hombre bueno y torpe, empequeñecido por el esplendoroso soltero, encuentra en algunos recursos su correlato. La lluvia oportuna (‘qué cliché’, dice Cal en un guiño), la música, el ritmo y el montaje de spot publicitario subrayan el ánimo de los solitarios a pesar de sí mismos. Romanticismo y buen humor se dan un abrazo y todos aprenden la lección con una sonrisa en los labios.
    Seguir leyendo...
  • Cars 2
    Cars 2
    La Voz del Interior
    Vértigo en el Grand Prix

    Una constelación de plataformas petroleras en medio del océano inicia la historia de Cars 2 . Después de un episodio con espías y persecuciones, el paisaje cambia totalmente y la acción involucra a Mate, la grúa oxidada, y a Rayo Mc Queen, los inseparables amigos de Cars.

    Disney y Pixar entregan la segunda película en la que los autos se transforman en unos personajes sensibles, gracias al extraordinario diseño de animación y los avances tecnológicos. Una vez más, cuando de Pixar se trata, hay una explosión de colores, de líneas pensadas para caracterizar cada personaje con los ojos ?como faros. La ausencia de lo humano es apenas un detalle, si se tiene en cuenta el conflicto, los sentimientos en juego y la aventura al mejor estilo de Rápido y furioso que definen el guión de la película.

    Rayo Mc Queen llega a descansar a su pueblo donde lo ?espera Mate. Pero un desafío inesperado lo hace cambiar de planes. Su contrincante Francesco, un italiano fanfarrón, lo reta al Grand Prix Mundial donde, además, se probará un nuevo combustible. El tema de la energía alternativa y la acción de una mafia petrolera, infiltrada en la competencia, ponen los motores al rojo vivo.

    Mate, el gran protagonista, de Cars 2 se convierte en espía sin saberlo. El malentendido provoca escenas de mucho humor. El torpe será el héroe, para admiración de los profesionales del espionaje: los bellos modelos deportivos que lo confunden con su contacto, o los temibles bólidos que quieren terminar con él.

    Cars 2 tiene escenas divertidísimas a alta velocidad. Cada detalle es un elemento de animación al servicio de la historia. Mate y Mc Queen recorren ciudades sofisticadas, como Tokio, París, Londres. La reconstrucción de calles y ambientes es notable, así como los trucos que utilizan Mate y sus compañeros de equipo. Hay momentos de típica película de espías, con disfraces (de capot y diseño), cuerdas, armas, cámaras y teléfonos que condensan el humor en ese juego de autos que logran expresarse a pesar de los fierros. Pixar toma también episodios propios de las películas de mafiosos, que los adultos disfrutarán muchísimo. Y por otro lado, a tono con los chicos de hoy, el tema de la energía llega a la Fórmula 1 de la animación con visos de guerra actual. El biocombustible está en carrera y los jefes de las plataformas petroleras ponen todos los palos en las ruedas.
    Seguir leyendo...
  • Aballay
    Aballay
    La Voz del Interior
    Los ojos de la memoria

    A Julián la vida lo puso en un lugar que jamás hubiera elegido. Era un niño cuando presenció el asesinato de su padre, a sangre fría, en un camino perdido entre los Valles Calchaquíes. En una época sin fechas, Aballay y su banda de gauchos matreros siembran muerte y dolor, saqueos y todo tipo de abusos. 10 años después, Julián vuelve decidido a vengar esa muerte. Le queda el dolor y una carpeta con sus propios dibujos, retratos de los asesinos y el facón de funda plateada.

    Fernando Spiner filmó Aballay, el hombre sin miedo , sobre el cuento homónimo de Antonio Di Benedetto. En el escenario imponente de la geografía tucumana, el director planta una historia de gauchos metidos en el relato de un western criollo, por momentos, cerca de la mirada impiadosa de Clint Eastwood. Su perspectiva pone en juego temas universales, como la violencia, la venganza y la culpa, junto a las devociones populares, los modos de hablar en sintonía (aunque no siempre) con la naturaleza, la riña de gallos, el ranchito y la mujer, así como la promesa de redención y la escasa esperanza en el amor.

    “Estoy envenenado”, dice Julián. Ha salvado el pellejo de la crueldad del juez de paz de La Malaria, el segundo de Aballay en sus tropelías del pasado, pero debe cumplir el mandato de vengar a su padre. Nazareno Casero cumple el rol con intensidad, sobre todo en las escenas con Moro Anghileri, la chica ultrajada por el Muerto, apodo del personaje que desarrolla con fuerza protagónica Claudio Rissi. Su malo es de antología, mano a mano con Pablo Cedrón. Éste logra con gestos el dramatismo en la conversión de asesino a gaucho trágico. Así como en un segundo se puede segar una vida, él cambia la propia cuando los ojos de aquel niño no dejan de perseguirlo.

    Mucho después del incidente, Aballay está retirado, alejado de todo, en la misma tierra sin ley. Los elementos trágicos quedan expuestos brutalmente en escenas sangrientas muy bien logradas. Hay que pasar esos tragos amargos. Pero Spiner también reserva momentos teatrales, de planos cortos, que aflojan la tensión casi permanente de la película. En esta historia de una redención, con pocos diálogos y largos silencios, cobra sentido la grandiosidad del paisaje fotografiado por Claudio Beiza. La dirección de arte de Sandra Iurcovich y la música de Gustavo Pomeranec ponen énfasis en el relato sobre esos personajes que no pueden escapar del drama que los alcanza.
    Seguir leyendo...
  • Lo que más quiero
    Lo que más quiero
    La Voz del Interior
    De sólo estar

    Hay encuentros que hacen bien. Es la sensación que queda después de ver Lo que más quiero, de Delfina Castagnino. Dos amigas comparten un tiempo inabarcable, en Bariloche. Pilar es la dueña de casa y María llega de Buenos Aires a pasar unos días. La cámara se instala como una intrusa y con planos secuencia largos captura ese momento emocional por ?el que pasan las protagonistas. Las circunstancias de cada una se van descubriendo al mirarlas. Muy pocos diálogos el filme que fascina por varios aciertos. La cámara es la narradora, fija, detenida en la primera escena, con ellas de espaldas y las montañas imponentes. El timing de cada momento se logra porque Pilar Gamboa es una actriz extraordinaria. También María Villar, en el rol de la amiga de Buenos Aires y Esteban Lamothe (como Diego) pueden sostener ese tiempo inmenso a pura actuación.

    Lo que más quiero invita a sumergirse en el tiempo de las amigas, con escenas conmovedoras. Al impacto de la primera siguen otras, con planos cortos, a veces demasiado, como si el contexto estuviera en la mirada de las actrices. Pasa cuando María recibe la llamada de su novio; en la polémica escena (algunos críticos han expresado objeciones ideológicas) de Pilar con los empleados del aserradero de su padre recientemente falle­cido. Toda la emoción cabe ?en el primer plano de la chica desbordada por la tristeza y ese cambio irreversible, con ?el interlocutor de espaldas. El flash con la yegua que no puede dominar, la decisión al respecto, van armando un colaje de acontecimientos íntimos que hacen vibrar el entorno.

    La directora ha tomado decisiones estéticas para lograr el clima de cotidianidad: sonido ambiente, directo; luz natural y escenas al aire libre bellamente fotografiadas por ?Soledad Rodríguez. Todo vive alrededor de las amigas. Castagnino no muestra el bosque, fascina con el rumor del follaje. Su película, que refleja influencias de Lisandro Alonso y Mariano Llinás, convoca a Pilar Gamboa, exquisita intérprete de teatro y popular desde su rol en Los únicos.
    Seguir leyendo...
  • Blue Valentine
    Blue Valentine
    La Voz del Interior
    Y se fue el amor

    Como una melodía irresistible, que hace bailar, es el amor. Blue Valentine transmite sentimientos y la crisis de pareja a través de una historia pequeña, de pueblo chico. El director Derek Cianfrance ofrece datos sueltos con una narración en quiebre constante. El paso del tiempo impacta en la relación de Cindy (Michelle Williams) y Dean (Ryan Gosling). La clave está en los flashback que exigen del espectador atención para el seguimiento de la historia. El procedimiento no sólo no distancia, hace el drama tan comprensible en toda su complejidad que es imposible no seguir la curva descendente del amor. El modo de narrar se adapta a la crisis tan profunda que no encuentra palabras. Por eso la fuerza del drama recae en las interpretaciones de la pareja de actores.

    Gosling construye los deseos de un hombre sencillo que un día se encuentra con una mujer hermosa. Michelle Williams es la chica que sueña con estudiar medicina y, por lo tanto, salir del pueblo. La atmósfera social y familiar aparece aludida cuando la cámara se detiene en la casa paterna de Cindy; la escuela; la relación con la abuela; el primer trabajo de Dean en una empresa de mudanzas; el embarazo; la presencia de Frankie, la hija; saltos en el tiempo que el espectador sigue con los indicios del peinado o la ropa de los protagonistas. Está claro qué cosas quedaron atrás.
    “Siento que los hombres somos más románticos que las mujeres. Ellas buscan al príncipe azul y terminan casadas con el tipo que tiene un buen trabajo”, dice Dean cuando todavía está soltero. La vida lo pone en un lugar que nunca imaginó. También ella debe reacomodar el cuerpo a las circunstancias. Cuando comienza Blue Valentine , la tormenta ya se ha desatado. Hay detalles, muchos, planteados con inteligencia y cuidado por el director.

    La película transita momentos muy dramáticos (la escena en el jardín de infantes de Frankie; en el motel; el desenlace), con la cámara cerca de los rostros, pero también, hay pasajes hermosos, como el baile en la vereda; la música en el motel; la propuesta en el metro. Los diálogos van mostrando los corazones agazapados de los dos. Siempre hubo uno que amó menos. Blue Valentine no hace concesiones. El presente de Cindy y Dean es absoluto y el espectador comprende, como si fueran viejos conocidos, el drama que los deja sin melodía.
    Seguir leyendo...
  • Piratas del caribe: Navegando aguas misteriosas
    La eterna juventud de Jack Sparrow

    Por cuarta vez, el público se encuentra con el antihéroe Jack Sparrow y la aventura a bordo de barcos fantasmagóricos, comandados por chiflados. Rob Marshall dirige la nueva película de la saga, Piratas del Caribe en aguas misteriosas , manteniendo el diseño de las anteriores, el humor absurdo y a Johnny Depp como bufón inspirador. El actor revolea los ojos siempre tan delineados y logra un pirata que trastabilla, aunque se mueve veloz y efectivo como las maldiciones que va armando el guión.

    Piratas del Caribe 4 mantiene la continuidad de tono y abordaje de las aventuras, ventaja o desventaja de la película, según la lente. Esta vez, Sparrow busca la fuente de la juventud y vuelve a encontrarse con obstáculos fabulosos. Geoffrey Rush recrea su personaje Barbossa, ahora más terrenal y con una pierna menos. El corsario, al servicio de la corona británica (una variación lingüística que lo diferencia de los ‘piratas’), busca, además, a Barba Negra (imperdible Ian McShane), un maldito que terminó con el Perla Negra metiéndolo en una botella.

    Piratas del Caribe en aguas misteriosas suma a Penélope Cruz en el personaje de ex mujer engañada por Jack, a tono con la facilidad para la traición y el pillaje propios de Sparrow.

    La aventura se va complicando y suma barcos, tripulaciones raras, algunos zombies, sirenas que son pirañas y paisajes bellísimos, de cuento.
    La película comienza con las correrías de Sparrow en Londres, una embarrada ciudad donde se corre la voz de que Sparrow, un impostor, busca tripulación. Entre pelucas, modales, encajes y manjares, la acción se inicia cuando Sparrow burla al rey. Hay aún más enredos cuando aparecen los españoles con flota propia, al tiempo que la bella Angélica (Penélope Cruz) conduce a Sparrow al Queen Annes Revenge, el barco del pirata Barba Negra.

    Los efectos estimulan la imaginación: fuego en Londres, batallas a bordo, cañonazos y la seguidilla de desaciertos que caracteriza a Sparrow.
    Las imágenes son tan contundentes en su protagonismo que poco importan los detalles del guión. Durante dos horas entretienen con los tics y fórmulas del género de aventuras en alta mar.

    La película de Rob Marshall es una de piratas a lo grande, a lo Disney, siempre a tiempo para reiniciar la saga. Con una narración sin tregua, el ritmo de la película deja conforme al espectador adicto a Sparrow. Depp no ahorra piruetas al personaje, aunque tanto su actuación como la de las otras figuras pierden matices en la versión doblada al castellano.

    La película requiere una dosis de adhesión al género, la estética y la fantasía en estado puro.
    Seguir leyendo...
  • Poder que mata
    Poder que mata
    La Voz del Interior
    La construcción de una mentira

    El talento de Valerie Plame como oficial secreta de la Cía está en la capacidad para obtener información con su voz aterciopelada y gestos de modelo top, ya sea en Amman, El Cairo o Bagdad. Su marido Joe Wilson es diplomático. La pareja, al servicio del gobierno de los Estados Unidos, condensa los valores patrióticos de su país. Naomi Watts y Sean Penn protagonizan Poder que mata, basada en un caso real, el Plamegate, sobre el informe que negó la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. La información concebida en el seno de la agencia fue ignorada por los halcones de la Casa Blanca.
    En octubre de 2001, con el fantasma de las Torres humeando, la Cía tiene una actividad frenética. La posibilidad de la guerra depende de esa información. La película de Doug Liman (Sr. y Sra. Smith) comienza con imágenes vertiginosas, cambios de escenarios y datos, muchos datos, sobre unos cilindros de aluminio donde posiblemente se ha trasladado uranio desde África. No hay novedad en las escenas stándard sobre las relaciones asépticas de los agentes entre sí, las dudas sobre la misión encomendada y el nerviosismo por mantener el delicado equilibrio con el poder ejecutivo.
    Si el espectador puede abstraerse de tanta información en cadena, Poder que mata (Fair game/Juego limpio) es una buena película filmada a la manera de un documental, con movimientos de cámara y lo político como el terreno donde encuentra explicación el gran negocio de la guerra. Refuerza el formato de ficción documentada o documental ficcionalizado, el material de archivo que actualiza los discursos de George W. Bush con todos los, pocos, tonos de voz con los que anunció la guerra a Irak. Hay flashes de la cadena CNN apoyando la gesta, recurso con el que el guión pone en el centro del poder a los medios masivos.
    La crisis de Val y Joe se desata cuando el diplomático decide publicar un artículo sobre las armas que no encontró porque no existían. Enseguida, una mano negra publica la verdadera identidad de Val y la intriga se traslada a la casa del matrimonio, golpeado por la traición y la impotencia.
    Naomi Watts y Sean Penn realizan un trabajo impecable en la película con elementos políticos de clara militancia antibelicista. "Somos las piezas de una maquinaria", dice ella, ferviente oficial de la Cía. Él elige no callar. Penn propone su costado combativo en algunos discursos y asume el rol de acusador mientras el espectador asiste a la construcción de una mentira inmensa. Val resuelve el dilema que la pone entre la Cía y su familia, una anécdota, si se tiene en cuenta las consecuencias traducidas en miles de muertes que la Casa Blanca promovió en defensa de la democracia occidental.
    Seguir leyendo...
  • Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo
    El cruento paso del tiempo

    La gracia está en el procedimiento. Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo, la película de Gastón Duprat, Mariano Cohn (El hombre de al lado), es un experimento narrativo sobre un cuento de Alberto Laiseca. La historia gira alrededor de Ernesto, un hombrecito gris de 63 años que recibe la visita de un sujeto extraño que bien puede ser el diablo, o algo así.

    Emilio Disi interpreta el tipo sin estímulos, que vive en Olavarría, desencantado, maldiciendo su falta de oportunidades. El actor logra un medio tono exasperante, de fracasado convencido, amargo y sin capacidad para la sorpresa. Eusebio Poncela pone su rostro y mirada de hielo al servicio de un personaje que atraviesa los siglos destapando lo peor de cada elegido.

    Pero el mejor chiste de la película es el mismo Laiseca frente a la cámara, contando la miserable vida de Ernestito tentado por el diablo. El escritor atrapa al espectador con su tono socarrón, haciendo comentarios sobre la operación fantástica a la que es sometido voluntariamente Ernesto. El hombre debe elegir fechas a las que desea volver. La ilusión de vivir 10 años durará apenas cinco minutos.

    La idea es estupenda y la presencia de Laiseca, poderosa. Los directores han declarado que se ocupan de buscar nuevos lenguajes y en ese sentido, la película funciona. Quizás el relato, en imágenes, resulta bastante previsible, aun cuando tanto Disi como Darío Lopilato, en el rol de Ernesto en la década de 1970, son las dos caras de una misma moneda.

    El primero encara el rol con un gesto trágico que hace reír por desesperación. El segundo es la derrota en estado larvado. Porque llega a Buenos Aires creyendo que su problema está en Olavarría. La voz de Laiseca suena como un látigo ronco: “Una ciudad es grande si uno es grande”. Más adelante se pregunta, cuando Ernesto adelanta la era del reality, en Olvarría, o el ataque a las Torres Gemelas: “¿De qué sirve ser un visionario?”
    El humor negro acompaña cada viñeta del recorrido de Ernesto, ese “mediocre, chato, amarrete”, sometido al paso del tiempo, su conciencia y estragos.
    Seguir leyendo...
  • El gato desaparece
    El gato desaparece
    La Voz del Interior
    La locura más temida

    Carlos Sorín hace honor a los laureles que supo conseguir, esta vez, con un drama de suspenso. El mismo director ha adelantado que filmó El gato desaparece a la manera de Hitchcock (La dama desaparece). Proponerse una película sobre el arte de hacer cine y tomar las reglas del género de suspenso, no aparta a Sorín de la capacidad para crear una historia sencilla, de elementos concentrados, absolutamente clara, como ocurre en un buen relato.

    Ante todo, Sorín sabe narrar. Lo demás es un juego de sutilezas y planos que ponen al descubierto el drama puertas adentro.
    Luis ha estado internado en un hospital psiquiátrico. Vuelve a su casa con la esposa (Beatriz Spelzini) quien permanentemente monitorea las reacciones, los cambios de humor y respiración del hombre que meses atrás se desempeñaba como profesor de filosofía en la universidad.

    "La psiquiatría no es una ciencia exacta. Disfrute este momento", le dice el médico a Beatriz el día del alta. Pero la mujer no puede disfrutar. La chispa del miedo se enciende en ella y para colmo, Donatello, el gato, desaparece después de atacar a Luis.

    Beatriz Spelzini y Luis Luque logran que las acciones cotidianas y la rutina de un matrimonio con hijos adultos se vuelva extraña, incómoda. La cámara sobre sus rostros, la luz con que Sorín crea un mundo privado lleno de detalles va generando una atmósfera tensa, sin perder ritmo. Es notable el trabajo de la pareja de actores. Spelzini, con su rol de mujer exacerbada, con los nervios hecho añicos; Luque, en una dimensión en la que cada gesto puede ser interpretado de diferentes maneras. A quién creer.

    La búsqueda del gato abre el cuadro por el barrio y el parque. Beatriz va al Shopping; hay visitas, pero, las percepciones van ganando terreno a las evidencias y a las acciones físicas. "¿Qué tenemos en nuestra cabezas, Luis?" Pregunta Beatriz al marido que sonríe y parece no entender. Reinstalar la normalidad es el desafío, mientras Beatriz va perdiendo el equilibrio y busca confirmar las sospechas de no se sabe qué. Queda planteado, que la línea entre lucidez y locura es muy delgada. Sorín se guarda en la manga un buen final que cumple con Hitchcock y el espectador.
    Seguir leyendo...
  • Revolución. El cruce de Los Andes
    Un bello relato histórico

    1817 fue un año que le cambió la vida a muchos. Revolución. El Cruce de los Andes narra lo sucedido ese año en la vida de Manuel Corvalán. Fue el mejor año, según cuenta el viejo (León Dogodny) al periodista Reynoso (Lautaro Delgado). La película de Leandro Ipiña entra a la gesta por los costados más sensibles. Corvalán, de muchacho, acompañó al general como su amanuense. La perspectiva se va multiplicando y el cuadro se abre hacia otros personajes de la hazaña.

    La película arma otro retrato del libertador, interpretado por Rodrigo de la Serna. El actor se juega su prestigio, calzando las botas del militar sagaz, directo, que habla con acento castizo y transmite desesperación o ira con sólo parpadear. Un carácter del demonio, esa es la sensación a poco de comenzar la película.

    El cuadro incluye a los negros libertos, una reivindicación novedosa en el relato.
    Ipiña va preparando el terreno, con escenas en la tienda del comando mayor, sus problemas, desconfianzas y estrecheces, hasta desplegar la artillería visual sobre las cumbres majestuosas, los pasos en la cordillera, el horizonte.

    Los 24 días de la campaña de Chile desembocan en la batalla de Chacabuco, un triunfo también para Ipiña, que transmite el nerviosismo, el miedo, la locura y las emociones de la lucha cuerpo a cuerpo. Se destacan en las actuaciones Juan Ciancio (Corvalán joven); Alberto Ajaka, (Álvarez Condarco); Alberto Morle (Sargento Blanco); Pablo Ribba (Fray Aldao). Crece la tensión y las cámaras cobran protagonismo en tramos como la tormenta de nieve, la noche y sus fuegos, el brillo de los arneses al sol esperando la señal de ataque.

    Revolución no cae en la lección de historia ilustrada. Sí se escuchan los textos de las cartas de San Martín, dictadas a Corvalán. Así, para el espectador que desconozca los hechos, el planteo es claro y evita los lugares comunes de manual.

    “No peleamos por cualquier libertad”, dice San Martín, encendido. En la arenga final, aparece la bravura del hombre que vio a través de las montañas. A su alrededor exigió, como pasaporte a la historia, fidelidad en los ojos, la palabra y el espíritu.
    Seguir leyendo...
  • Nunca me abandones
    Nunca me abandones
    La Voz del Interior
    En la cerca de la condición humana

    Algunas veces, el cine encuentra sustento poderoso en una novela y logra las imágenes para comunicar más allá de las palabras.
    Nunca me abandones , la película de Mark Romanek ( Retratos de una obsesión ), basada en la novela de Kazuo Ishiguro, equilibra el drama, una historia de amor, las variables de un experimento, y una reflexión constante sobre la condición humana.

    Dos niñas y un niño crecen en una institución en la década de 1950, aislados del mundo y con un discreto desarrollo afectivo. Si es que eso es posible. Kathy (Carey Mulligan), Tommy (Andrew Garfield) y Ruth (Keira Knightley) viven en Hailsham, un internado inglés. A simple vista podría tratarse de la escuela de Harry Potter. Pero no, la magia no se lleva bien con la ciencia ficción.

    El espectador escucha el relato por boca de Kathy adulta e inicia la aventura del descubrimiento de la identidad de esos chicos. Identidad y destino van unidos.

    El director Mark Romanek compone una pesadilla hiperrealista. Colabora en la ilusión de normalidad, el diseño de la película que reproduce detalles de época y la fotografía, asociados a espacios reconocibles aunque extraños, en los que se mueven los tres amigos y unos pocos personajes más. La anécdota también es clásica y sencilla, parte de un cuadro bucólico, de Paraíso, maquillaje de un par de ideas siniestras.

    “No somos máquinas”, grita Tommy que explota a veces. Escenas como la de las cajas con regalos-sorpresa, el bote en la playa, o la paz de los hospitales, así como la asepsia social transmiten sensaciones desoladoras. El trío actoral reparte su capacidad para entrar en sintonía con el tema de la película.

    Carey Mulligan supera a sus compañeros de elenco. La actriz de Una educación es la conciencia narrativa, la que siempre amó, el espíritu sensible; Keira Knightley, popularmente conocida como la doncella de Piratas del Caribe , compone el personaje que se mueve con cierta malicia, tan humana como Kathy; en tanto Andrew Garfieldy ( La Red Social ) logra un Tommy corto de genio e ingenio, como un mártir sin alternativa.

    “No pienso en el futuro, pienso en el pasado” dice Kathy, pero, ¿de dónde vienen esos seres? Ishiguro entra de lleno en el tema existencial. Hay mucho más detrás de la historia de amor. “Quizás ninguno de nosotros comprenda lo que ha vivido, o sienta que ha tenido suficiente tiempo”, concluye Kathy, que se asume parte de la Humanidad, aunque no pueda escapar al destino predeterminado.
    Seguir leyendo...
  • Marte necesita mamás
    Marte necesita mamás
    La Voz del Interior
    El amor, esa fuerza intergaláctica

    El sólo nombre de Robert Zemeckis introduce en una galaxia creativa maravillosa. En el tablero de una nave, dos seres de rasgos alienígenas, familiares para los espectadores de cine fantástico, buscan algo que no tienen. Para eso enfocan la Tierra, una casa, un niño y su madre. El chico desobedece y ella se impone. La escena breve desata la acción de Marte necesita mamás. Con la técnica de captura de movimiento en 3D, la película que dirige Simon Wells cuenta un día muy difícil en la vida de Milo y su mamá, cuando ella es transportada a Marte. El niño, que disfruta de los videojuegos y delira con simuladores en su compu, ahora entra en una dimensión muy parecida a la de sus juegos. El trasfondo es brutal: los marcianos quieren quitar los recuerdos y el instinto a la mamá que duerme adentro de una campana de vidrio presurizado.

    La película pone al espectador en un vuelo alucinante a través de las capas de la atmósfera hasta llegar a Marte, que resulta un planeta habitado por gente que debe resolver problemas de crianza de las niñas. Porque en Marte el matriarcado es bravo y los varones están condenados a los suburbios donde viven en medio de la chatarra. En ese espacio marginal, Milo conoce a un terrícola adaptado a la fuerza (Dan Fogler) y encuentra una aliada de ensueño, Ki (Elisabeth Harnois). Salvar a mamá es un trabajo contrarreloj (antes de la salida del sol), plazo que pone a prueba el ingenio del equipo y la amistad entre de Milo y Gribble.

    Marte necesita mamás abunda en analogías, desarrolla comparaciones muy divertidas que los chicos mayores de seis van a disfrutar y que la generación de los ex niños de Zemeckis aplaudirán, como el homenaje a la cultura hippie. El diseño de la película es fabuloso, un festín para 3D, con abismos insondables, valles fosforescentes, montañas de chatarra, ejércitos de niñeras metalizadas, manchas de color impresas en las paredes plateadas de la nave y referencias encantadoras sobre la cultura terrestre, es decir, la de la televisión.

    El ritmo y la belleza del cuento de aventuras valen por sí mismos. Funcionan como el mejor envoltorio para hablar de amores intergalácticos y vínculos sin fronteras. Tratándose de Zemeckis, el comentario sobre los valores exaltados y el modelo de civilización propuesto puede esperar.
    Seguir leyendo...
  • Sólo tres días
    Sólo tres días
    La Voz del Interior
    Sentimiento inapelable

    La construcción de una realidad propia es un tema de la literatura. De eso trata la clase del profesor Brennan sobre El Quijote , mientras su vida parece perdida para siempre en una realidad sin atenuantes. Russell Crowe protagoniza Sólo tres días , la película de Paul Haggis, un drama con dosis de acción y suspenso a la medida del director de Crash. Vidas cruzadas.

    John Brennan debe sostener a su hijo de seis años después de la tragedia familiar. Su esposa Lara cumple condena por un asesinato que está seguro que no cometió.

    Haggis esta vez deja de lado el tratamiento orquestal de Crash pero mete al protagonista en un laberinto que mantiene al espectador muy entretenido. Sólo tres días es la remake de la película francesa Por Ella (2008); Crowe vuelve al registro más emocional, incluso tras la frialdad del profesor. En tanto, Elizabeth Banks ofrece la personalidad de la convicta que ve a su hijo cada vez más lejos. El común denominador de la familia es la ausencia de diálogos francos. En esa línea, los abuelos dicen todo con miradas y gestos.

    La película comienza como un drama; luego desarrolla meticulosamente el plan de John que se impone su propio y enorme desafío: rescatar a Lara de la cárcel de Pittsburgh.

    La primera parte funciona con momentos de cámara, con primeros planos en la visita a la cárcel. Luke, el hijo de la pareja, ya no besa a su madre y el ambiente limpio y luminoso se siente opresivo. “Sé quién eres”, dice John a Lara. Eso le basta para armar un fenomenal mapa de la fuga, sin cómplices, concentrado en ese otro mundo de fantasía que nadie adivina. La película de ambientes y rostros tristes da paso al montaje, al paralelismo entre la investigación de cada detalle y los pasos aparentemente normales. La tensión crece y el espectador llega a la acción sentado en el asiento trasero del auto de John.

    Qué parte de nuestras vidas están bajo control y cuánto estamos dispuestos a pagar por la libertad son los planteos breves y directos que Haggis se permite en esta película de discreta desobediencia al sistema.
    Seguir leyendo...
  • La revelación
    La revelación
    La Voz del Interior
    El poder de la culpa

    La película de John Curran, La revelación, comienza con la promesa de un drama sólido, pero lentamente va entrando en el terreno de la lección moral con tantos datos complementarios que el tema carcelario queda en el esqueleto.

    Robert De Niro, Edward Norton, Milla Jovovich y Frances Conroy sostienen el guión que plantea un dilema moral, entre diálogos psicologistas y filosofía New Age.

    Jack Mabry (De Niro) tiene la difícil tarea de firmar la libertad condicional de los presos, para lo cual, los entrevista y revisa cada caso meticulosamente. “Stone” Creeson (Edward Norton) será su dolor de cabeza, justo antes de jubilarse. Para obtener la tan ansiada libertad, el preso arma una estrategia infalible. Su esposa Lucetta (Milla Jovovich) debe hacer lo imposible para que Jack firme el expediente.

    El prólogo al drama es rico en detalles que describen la personalidad de Jack, su matrimonio junto a Madylyn (Frances Conroy), las cuentas pendientes y la represión que ejerce sobre sus deseos y pensamientos.

    La vida de Jack está signada por la ley, de los hombres y la de Dios. Hasta ahí, el montaje avanza a paso firme con paralelismos y saltos en el tiempo. También queda claro que ese hombre callado y sin fe es muy vulnerable.

    Pero el guión que parecía concentrado en la relación policía-presidiario, va abriendo conflictos, siempre con la voz en off del programa radial que escucha Jack, “Las voces de Dios”.

    Milla Jovovich compone un personaje manipulador, “una extraterrestre”, dice Stone, por el registro inclasificable de Lucetta, mientras Edward Norton logra con el rostro y la voz cuestionar las certezas del policía. De Niro transmite el descalabro existencial a manos de un preso acusado de haber prendido fuego a sus abuelos. El hombre que dice al comienzo, “Ahora eres mío”, “Yo soy la puerta”, se debate entre el deseo, la transgresión a los mandatos de su iglesia y la culpa.

    Frances Conroy, como la esposa de Jack, agrega oscuridad a la relación en la que nadie se expresa honestamente. La película pretende ampliar el drama individual, por lo que el director abre demasiado la perspectiva para que el relato se vea aleccionador.

    La revelación desaprovecha los buenos climas que logran Norton y De Niro. Mientras tanto, la voz en off del predicador radial pretende golpear duro en el estómago al espectador, pero sólo cansa.
    Seguir leyendo...
  • Fase 7
    Fase 7
    La Voz del Interior
    La gripe es lo de menos

    Debutar con un filme de género es un riesgo, asumido por Nicolás Goldbart con mano firme e imaginación. Fase 7 comienza en un supermercado casi desierto, lugar de acopio que además marca el espacio cotidiano y las reglas conocidas por todos. ¿Quién no ha puesto de mal humor empujando el carrito? Le pasa a Coco (Daniel Hendler) que hace la compra junto a su esposa Pipi (Jazmín Stuart), embarazada de 7 meses. Encerrados en la conversación de rutina, nadie los toca adentro de esa burbuja de indiferencia consumista.

    Hasta que ponen el edificio donde viven en cuarentena por la pandemia de un virus que recuerda la Gripe A (“¿Vos te creés que es una gripe?”, pregunta el personaje de Yayo). Ahí comienza el doble trabajo de Goldbart, con las cámaras para crear el clima, y con los actores para contar hasta dónde puede llevar la obsesión, el miedo o esos resortes ocultos en épocas normales, hasta que se disparan incontrolables.

    El director filmó en las escaleras estrechas de un edificio, apelando al fuera de campo con acierto, y a detalles como el ojo de Hendler en la mirilla, que magnifica el rostro del vecino más peligroso (muy divertido Federico Luppi en su traje de nazi). Coco se involucra en la violencia entre vecinos y a la vez sobreprotege a su mujer. Abre la puerta del departamento ensangrentado y la relación de pareja se resiente apenas, porque los diálogos cotidianos instalan un microclima absurdo.

    Es notable la dupla Hendler-Yayo. El humorista también debuta en rol dramático y se luce como el tipo paranoico y apocalíptico. También se destaca la edición de sonido y la fuerza visual de los trajes de aislamiento, aunque por momentos la tensión del relato decae. La mezcla de ciencia ficción y terror recuerda a Alex de la Iglesia en La comunidad, a Ensayo sobre la ceguera, a la recordada Delicatessen, además de El Eternauta y, en ese juego brutal y solitario que describe el individualismo salvaje, los bramidos de Rinoceronte, la obra de Eugene Ionesco.
    Seguir leyendo...
  • Desconocido
    Desconocido
    La Voz del Interior
    Perdido en Berlín

    Nieva sobre Berlín cuando aterriza el avión. El doctor Martin Harris y su esposa se preparan para disfrutar del Día de Acción de Gracias y el congreso de biogenética. Un descuido se convierte en drama. Harris sufre un accidente y al despertar comienza la pesadilla.

    Desconocido, del catalán Jaume Collet Serra, mete al personaje en el juego de apariencias y en el laberinto de la pérdida de la propia identidad. Alguien (Aidan Quinn) ocupa su lugar en la pareja y desempaña su rol como profesional.

    La película funciona como un thriller que apunta en distintas direcciones, deliberadamente, para que el espectador se encuentre tan perdido como Harris en Berlín. Liam Neeson logra un personaje dramático e intenso. Recuerda al que interpretó en Venganza (2008), en la piel del padre que busca a su hija secuestrada. Esa línea de actuación le sienta bien.
    Harris, científico de prestigio, se convierte en un fugitivo. Paulatinamente, la trama va abriendo distintas posibilidades, a medida que el espectador imagina explicaciones para la odisea de ese hombre que no es reconocido ni siquiera por su esposa (January Jones).

    “Una guerra entre lo que dicen que eres y lo que sabes que eres”, reflexiona Harris que a esa altura tiene un par de nuevos amigos: la ex taxista ilegal, una chica bosnia (Diane Kruger) a la que ya nada la asombra demasiado, y un ex agente de la Stasi, policía del Este, un rol clásico para Bruno Ganz que siempre resulta convincente. Con la joven por guía y varios perseguidores, Harris mete barullo en las coordenadas impecables de la ciudad de Berlín.

    El director nacido en Barcelona y formado en Estados Unidos resuelve las persecuciones con las reglas de juego del cine de acción que colonizó el planeta. La cámara es hábil en multiplicar engaños y sospechas. En esas escenas molesta la utilización de la música incidental, estentórea subrayando la acción.

    Desconocido es una película bien contada, con Neeson convincente en el juego psicológico y un tema que puede alimentar muchas otras ficciones, por la actualidad del planteo en cuanto a la manipulación científica sin límite.

    La fábula en el umbral del futuro entretiene al espectador que sufre porque un avance revolucionario puede caer en las manos equivocadas.
    Seguir leyendo...
  • Noches de encanto
    Noches de encanto
    La Voz del Interior
    A la conquista de Hollywood

    Una gloria de la canción, Cher, y una estrella que busca su destino, Christina Aguilera, protagonizan Noches de encanto, comedia romántica con escenas de music hall. La historia con guión y dirección de Steve Antin gira en torno a la anécdota fácilmente reconocible de la chica que llega a Los Ángeles porque quiere triunfar en el mundo del espectáculo. En la Meca de los negocios y la fama, el derecho de piso se paga con sacrificios, decisión y una suerte de exilio interior.

    Christina Aguilera sorprende en el rol de Alice, personaje a la manera de una moderna Cenicienta, sin casa ni dinero, hasta que lanza la voz y se come el espectáculo. La primera escena de music-hall, con Cher anunciando el Burlesque, encanta al personaje de Aguilera tanto como al espectador de la película. La historia se vuelve glamorosa y hasta mágica cuando las chicas del teatro de variedades calzan zapatos y pelucas.

    Tess, la dueña del lugar, mantiene la mística del show artesanal, junto a su amigo y asistente, Sean. Cher y Stanley Tucci logran una dupla que recuerda a la de Tucci con Meryl Streep en El diablo viste a la moda. Aquí también el actor se desenvuelve sin esfuerzo en el papel del segundo imprescindible. Cher, con el rostro sin gestos, aun así, puede con el personaje, gracias al brillo de sus ojos y su cabellera renegrida. Cuando el club se va en picada, Tess insiste en no vender el local, referencia a tantos artistas del género que sólo viven a través de su creación.

    En tanto Alice, una noche sale al toro y mata, esto es, en la jerga teatral, reemplaza a una chica y cuando la música falla, pone su voz al servicio del show que jamás puede detenerse. La chica se convierte en una revelación. Aguilera, también. Con peluca corta, envuelta en perlas o plumas, la cantante baila y ofrece una faceta nueva muy promisoria. Junto a Cam Gigandet (Jack) juega al romance, sin modificar el esquema de musical apenas picaresco.

    Noches de encanto es una película de amor, de impacto visual, escenografía y vestuario impecables, con una edición de muchísimo ritmo, buena música y el aire de pequeño Moulin Rouge, en el que cada destello se logra a fuerza de talento.
    Seguir leyendo...
  • Los pequeños Fockers
    Los pequeños Fockers
    La Voz del Interior
    El eterno placer de volver a verlos

    El vértigo doméstico amenaza a los Fockers por varios frentes. Greg (Ben Stiller) ascendió en el trabajo, está construyendo una casa grande, ‘cuadrada, clásica americana’ y ve crecer junto a Pam (Teri Polo) a los gemelos, a quienes hay que buscarles una buena escuela.

    En Los pequeños Fockers, el quinto cumpleaños de los niños es la excusa para recibir a los abuelos en Chicago y reavivar la llama de la desconfianza que une desde el primer momento de la relación a Greg y su suegro Jack, ex agente de la CIA.

    Ben Stiller y Robert De Niro protagonizan escenas divertidas, con un timing que va llevando los enredos a esa lugar de difícil acceso, el de la comedia de trazo limpio. Greg debe lidiar con el constructor, muy gracioso Harvey Keitel en breve paso por la película, y con Andy Garcia, Jessica Alba gatuna, como la vendedora de un fármaco para la disfunción eréctil.

    Los guionistas John Hamburg, Victoria Strouse y Larry Stuckey vuelven a reunir a los personajes que los espectadores de la saga conocen en detalle, y lo hacen cargando las tintas sobre el perfil neurótico del suegro. En ese sentido, el hallazgo de la comedia y centro de las situaciones es el vínculo suegro-yerno, una rareza en estas latitudes donde se cosechan los chistes sobre suegras. Greg se esfuerza por cumplir los mandatos familiares que Jack exagera desde su trinchera ridícula. Con esa sobreexigencia debe conformar a todos, mientras Greg lo observa y lo hace acreedor del dudoso título de Padrino/patriarca de la familia.

    Mirada va, mirada viene, la humorada suma escenas como la del pavo, la del camión o la inyección, por nombrar algunas del mano a mano entre De Niro y Stiller. La dupla llega a lo más alto en la pelea cuando el enfrentamiento se vuelve físico, en medio de peloteros y castillos inflables. Owen Wilson aparece con más protagonismo, siempre encantador jugando al absurdo, mientras ellas cumplen el rol de compañeras pacientes, testigos de la competencia despiadada de los hombres del clan.
    Seguir leyendo...
  • Machete
    Machete
    La Voz del Interior
    El nacimiento de una saga

    Tierra roja, reseca, tierral y un rostro de rasgos cortados a cuchillo. México y Danny Trejo son los protagonistas de Machete, la película de Robert Rodríguez en la que el director no deja ningún cliché por fotografiar. Rodríguez, devenido en entretenedor de público latino y hábil imitador de Quentin Tarantino, armó la película cuando vio que salía bien una ocurrencia con cara de Trejo, para un tráiler. Machete es el nombre del ex federal que salta el cerco de la ley para hacer justicia. El tema, archivisitado, se consuma con una comedia sangrienta, de trazo grueso y humor negro. Aun así, Machete puede divertir a los seguidores del cine clase B y a los espectadores que disfrutan con los gestos paródicos, porque Rodríguez lleva formato y género a extremos delirantes.

    Machete deambula sin trabajo por el área fronteriza donde sobreviven los mejicanos ilegales. A medida que corre la acción, cada vez más violenta, el perdedor (es ex agente federal que cayó en desgracia) va forjando su leyenda, rodeado de mujeres muy especiales. El director carga las tintas en los perfiles de unas divas de historieta. Las chicas que se parodian a sí mismas son de armas llevar y hablan un cocoliche spanglish.

    Michelle Rodríguez (Lost) es Luz, la chica que ayuda a los inmigrantes desde su puesto de tacos; Jessica Alba explota sus encantos como Sartana, la agente de inmigración; y Lindsay Lohan se ríe de sí misma (“yo sé lo que la gente quiere”) y se desnuda en el rol de April, la hija del mafioso de guante blanco.

    Machete ha sido considerada una película oportunista, estrenada cuando en Arizona el avance de la derecha logró una ley restrictiva contra los inmigrantes. Conceptualmente, es insostenible por lo burdo del planteo general. Desde aquí, se la ve como un producto típico de Rodríguez que, si bien subestima al público masivo, transita los estándares del género con la cámara como machete eficaz.

    Son perlitas para el chiste, las participaciones con personajes extremos de: Robert De Niro, el senador anti inmigrantes al que Machete debe asesinar; un resucitado como Don Johnson en el rol de Von Jackson, cazador de mejicanos en la frontera; Steven Seagal, macizo hombrón en el papel del narcotraficante Torrez. Y el chiste mayor, Danny Trejo presentado como sex-symbol latino que conquista a todas con su rostro inmutable. El camino para la creación del Charles Bronson contemporáneo ha comenzado.
    Seguir leyendo...
  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 1
    Más allá de la magia

    Decenas de pantallas luminosas brillaron en otras tantas manos que enviaban mensajes en la previa de Harry Potter y las reliquias de la muerte . La espera incluyó bandejas con comida, pochoclo y gaseosas, ritual de muchos que eligieron la versión subtitulada, la noche del miércoles. Es que cualquier palabra suena diferente en la voz de Daniel Radcliffe como el mago joven que conocimos de niño.

    La primera parte del último libro de la saga de JK Rowling es tenebrosa y estremecedora, por el relato y la coherencia estética del director David Yates. La fotografía, la ausencia de música y los escenarios anuncian el enfrentamiento definitivo entre Harry y el asesino de sus padres.

    Lo primero que impacta es la figura de Voldemort (estupendo Ralph Fiennes sin nariz) presidiendo el Ministerio de la Magia que ha corrompido. Anuncia que matará al muchacho. Harry lo presiente y lo sueña. Sus amigos Hermione Granger y Ron Weasley deciden acompañarlo. Vuelven a ser aquellos niños que jugaban en la escuela.

    Predominan en la película, la oscuridad y la violencia. La primera escena, la de Voldemort en el Ministerio, marca el cambio de tono. Habrá muertes y se habla de desapariciones forzadas, traiciones, interrogatorios y pureza de sangre. Esa línea apuntala el conflicto de siempre y la misión de el Elegido, que debe destruir los horrocruxes, las partes del alma del Señor Tenebroso. Después de una estampida del grupo de Harry que huye entre las nubes, la amenaza se instala en todas partes. Sólo Harry y sus amigos pueden encontrar las reliquias que los acerca al desenlace.

    Si bien hay pasajes humorísticos, como el de la serie de transformaciones detrás de las que se oculta el trío fugitivo, la película sostiene el suspenso y no abandona el carácter de thriller. En una ciudad con claros signos totalitarios, entre imágenes que recuerdan a Dickens y otras, apocalípticas, con habitantes paralizados por el miedo, se desarrolla el drama de acciones concentradas y tiempos lentos. El muchacho convive con el espíritu maligno que lo ha convertido a los 17 años en un chico taciturno y triste.

    Con actuaciones impecables, voces profundas y escenas conmovedoras, Harry Potter y las reliquias de la muerte pone en paisajes hiperrealistas las formas del Mal y la fuerza de la amistad. La magia es la excusa que invita a pensar en el destino y los signos de lo que no se puede nombrar. El final en suspenso renueva el compromiso de los espectadores con Harry.
    Seguir leyendo...
  • Amor de familia
    Amor de familia
    La Voz del Interior
    Pequeñas cosas

    Unos cuantos episodios sencillos a simple vista, aunque importantes para los integrantes de la familia Duval, son el material que el director francés Remy Bezançon propone en Amor de familia (El primer día del resto de nuestras vidas). Los saltos en el tiempo van tocando a cada uno de los miembros de la familia de estructura tradicional: un matrimonio (el padre taxista y fumador, la madre ama de casa) y tres hijos (dos varones y una niña).

    La partida del nido del hijo mayor marca el comienzo de la película que va y viene entre recuerdos dulces, pruebas de confianza, amor y resistencia mutuas. Está narrada en un medio tono en el que predomina el buen humor y la capacidad de los Duval para decirse las cosas más terribles, planteadas con naturalidad. El tono constante, que bordea la comedia sin caer en ningún gag, invita al espectador inmediatamente a sentarse a la mesa del desayuno en la que se decide, por ejemplo, si hay que sacrificar a Ulises, el perro de Albert. Eso ocurre justo el día en que se va a vivir solo.

    El otro miembro de la familia es el abuelo, un catador de vinos que no baja la acidez de sus comentarios, mientras el hijo escucha y los demás observan la escena desde afuera. Él dirá: “Hasta los mejores olores pueden ser dolorosos”.

    Los diálogos tienen el aire de familia en el que el director bucea con habilidad. Cada fecha, asignada a un episodio, lleva además un título (“Miradas fulminantes”, “Lazos de sangre”, “Nuestro padre”) en esa “máquina del tiempo”. En algunos momentos hay personajes que hacen explícita la referencia a lo que ya no volverá a ser. La nostalgia sobrevuela pero el presente de cada episodio tiene peso propio gracias a las actuaciones que son muy convincentes.

    La película de Bezançon no responde a los relatos actuales sobre familias disfuncionales ni se ocupa del contexto social. El taxista mantiene a su familia, carga con las recriminaciones del padre que lo subestima y sigue a sus hijos de cerca. “Verlos crecer es algo maravilloso”, dice en una de los pocas confesiones. La madre también hace lo que puede. La película sencilla, dulzona, pero con la delicadeza que evita las cursilerías, se disfruta como si fuera un álbum de fotografías de gente que conocemos de vista.
    Seguir leyendo...
  • El ocaso de un asesino
    El ocaso de un asesino
    La Voz del Interior
    El hombre sin futuro

    En el trabajo de Jack se desaconseja hacer amigos. La prohibición es apenas una de las condiciones para llevar adelante con éxito la vida de un asesino. La mirada del escurridizo Jack revela la angustia de un hombre al que se le está terminando el tiempo productivo. En El ocaso de un asesino , George Clooney logra humanizar (quizás gracias a su indudable fotogenia) al personaje que se refugia en un pueblito de la región de los Abruzzos, en Italia, hasta nuevo aviso.

    La película del fotógrafo y director de videos musicales, el holandés Anton Corbijn, está basada en una novela y plantea la historia con morosidad. Llama la atención el cuidado meticuloso de la imagen. Tan meticuloso como el ejercicio de observación en el que está entrenado el personaje de Clooney. La trama sencilla e idéntica a tantas del género (más o menos Bond, más o menos thriller , según el refinamiento o la profundidad) se vuelve interesante por el seguimiento de los movimientos cotidianos de ese hombre. Siendo un hábil cazador, ahora se sabe presa, en el umbral de su retiro voluntario.

    La atmósfera apacible de Castel del Monte se sacude ligeramente con la llegada del “americano”. Por las típicas callecitas empedradas, Jack, que se hace llamar Edward, lleva el sello de fugitivo en la frente. La cámara opone el ritmo de los pobladores sin tiempo, con la ansiedad mal disimulada del asesino. El personaje tiene facetas muy interesantes, como es la fascinación por el trabajo artesanal. La cámara lo enfoca haciendo el ensamblaje de armas y luego, el esfuerzo de Jack frente a las escasas relaciones personales que debe enfrentar. Paolo Bonacelli, como el Padre Benedetto, oficia de consejero e intenta arrancarle una confesión. El sacerdote comenta: “Americano. Entonces cree que puede escapar de la historia. Vive en el presente”, una suerte de advertencia que da sentido al relato. Se escucha por ahí un hit que ya está pegando entre nosotros, a propósito de la palabra ‘americano’.

    Por su parte la bella Clara (Violeta Placido) cruza el cerco de piedra del hombre al que se le ha prohibido querer y hablar de sus sentimientos. Es el aspecto más rico de la película. Clooney puede con el personaje detrás de la máscara de hombre mortificado, en tanto, la actriz pone su sensualidad al servicio de la ambigüedad que genera la desconfianza de Jack. Y la alemana Thekla Reuten cumple con el rol de mujer fatal, versión femenina de Jack. La fotografía y algunos momentos de música que refuerzan el carácter dramático acompañan la historia del hombre que intenta huir de sí mismo. Con dosis equilibradas de suspenso, reflexión y romance, El ocaso de un asesino salva la obviedad de una historia muy poco original.
    Seguir leyendo...
  • Sin retorno
    Sin retorno
    La Voz del Interior
    Ejercicio para ciudadanos

    Un incidente, un accidente y un malentendido cruel desembocan en la tragedia de Sin retorno, la película de Miguel Cohan. El director eligió para su opera prima un tema en carne viva: la muerte en la calle seguida de abandono de personas. Un primer acierto de Cohan, que aprendió el oficio junto a Marcelo Piñeyro, de quien fue asistente de dirección, es el tratamiento del hecho que aparece todos los días en la crónica policial. Con los elementos que el espectador reconoce a fuerza de haber naturalizado la noticia cotidiana, Cohan logra un thriller impecable.

    Un muchacho sale de una fiesta a buscar hielo y atropella a un ciclista. Huye. Minutos antes, por la misma esquina pasó un hombre que viene de trabajar. Es humorista y vuelve a su casa. El ciclista regresaba de visitar a su padre y se ha conducido de manera imprudente. El cansancio, el celular y la noche participan en la tragedia. Sin retorno va trazando los recorridos del culpable, del chivo expiatorio y el padre del atropellado, hasta que sus vidas se cruzan, fogoneadas por instituciones tan irresponsables como los individuos que las dirigen.

    A partir de un hecho que el espectador puede evaluar rápidamente, la respuesta de cada uno de los implicados arma una red de mentiras, trucos, comodidades e indiferencia que Cohan plantea con eficacia. El elenco es soberbio. Gran trabajo de Martín Slipak (Tratame bien) que actúa mano a mano con Luis Machín, su padre en la ficción. Sbaraglia transforma a su personaje en un hombre quebrado, con economía de gestos y notable trabajo interior. Lo mismo ocurre con Ana Celentano y Federico Luppi.

    Sin retorno tiene un ritmo y una tensión constantes y crecientes. El problema de conciencia es una madeja que ha perdido la punta y la verdad, un valor que quedó en el camino. Tanto la policía como la fiscalía buscan cerrar el caso que quema las manos porque la televisión armó el show. El espectador se involucra no sólo por el realismo de las situaciones, sino también, porque los elementos se exponen sin furia, pero con convicción. Es el cine que da gusto ver.
    Seguir leyendo...
  • Comer, rezar, amar
    Comer, rezar, amar
    La Voz del Interior
    Guía para un tour espiritual

    Julia Roberts vuelve a hipnotizar al espectador con su sonrisa, heroína de una fábula contemporánea que se asocia a la prolífica literatura de autoayuda. La novela de la periodista Elizabeth Gilbert, Eat, Pray, Love: One Woman’s Search for Everything Across Italy, India e Indonesia (así de descriptivo el título) fue best-seller en Estados Unidos y luego tentó a Ryan Murphy, el talentoso creador de Glee , para llevar ese viaje de búsqueda espiritual a la pantalla.

    “Ustedes los americanos saben de entretenimiento pero no conocen el placer”, dice un romano a Liz, el personaje de Roberts que después de divorciarse huye al mundo para encontrarse a sí misma. La película invierte dos horas con veinte minutos en describir el significado de cada verbo del título, uno por vez. Liz recupera el gusto por la comida en Roma y Nápoles; aprende a rezar en la India y vuelve a creer en el amor, en Bali.
    La dirección plantea el tour con Julia de imán y ritmo de documental publicitario, con excelentes fotografía y música, una debilidad de Murphy, que hace al espectador sobrevolar lugares y personajes. Aunque nadie eclipsa a Julia.

    La película ofrece material para charlas de café por los estímulos que presenta, asociados a la crisis de una mujer que decidió transformar su visión ante la vida y las relaciones personales. Desde la perspectiva de género, Comer, rezar, amar bien puede considerarse el derrumbe del mundo de Susanita; en el apunte sociológico, señala la insatisfacción de ese pequeño número de personas que se dan el lujo de volar lejos y cambiar el signo del consumo; en el plano espiritual, el rasgo existencialista (que podría ser muy interesante si el relato corriera el riesgo) deviene en una lista de máximas y consejos globales en boca de un anciano balinés.

    El elenco apuntala el periplo de Liz. Billy Crudup es Stephan, el ex marido que llena de culpa su soledad; Richard Jenkins, Richard de Texas, en la comunidad india, y Javier Bardem, intenso y preciso aun en medio de una historia que suena superficial y ligera.

    Comer, rezar, amar regala verdades con hilván flojo, al estilo de “un hijo es un tatuaje en la cara”, o reflexiones sobre la posibilidad interior de perdonarse. Promueve la autoestima y la idea de que ‘cambias tú y cambia el mundo’, una postura que roza la autocomplacencia, a la medida del cliente. Gente bella y buena camina por el mundo y Liz está ahí para aprender a vivir. Pasados los 40, divorciada, el conflicto suena desmesurado, quizá por el carácter general de la película, de catálogo, para la cartera de la dama.
    Seguir leyendo...
  • Agente Salt
    Agente Salt
    La Voz del Interior
    Angelina 007

    Como una máquina indestructible, Evelyn Salt pone en jaque a la Casa Blanca y a la CIA. El personaje devuelve la adrenalina a Angelina Jolie, una actriz que surgió como figura del cine pochoclero y que luego demostró que no es sólo una cara bonita. Jolie juega otra vez a la super heroína de acción, mimada por el director Phillip Noyce y una batería de efectos especiales que harían empalidecer a la raza de terminators.

    El guión de Kurt Wimmer no tiene ningún dato original. Hay en Salt una mezcla ocurrente de elementos archiconocidos por los espectadores que disfrutan con el Súper Agente 86, las series para el recuerdo sobre la Guerra Fría o la saga completa del Agente 007, en todas sus versiones. El acierto de Salt es la actriz que se mueve frente a la cámara con una energía inagotable y un rostro que va adoptando diferentes identidades, cual Chacal de última generación. El argumento es sencillo, aunque el modo de llegar a la última escena sea bastante rebuscado.

    Un desertor ruso llega al corazón de la CIA a decir que Evelyn Salt, la agente más respetada de la oficina, es una agente rusa encubierta. Su misión, asesinar al presidente ruso, de visita en Washington. De ahí en más, el espectador inicia el viaje junto a Salt que huye sin aclarar su identidad. Detrás de la parafernalia están los rusos que añoran los días de la Guerra Fría y un plan a largo plazo para entrenar a agentes encubiertos, inyectados en territorio yanqui.

    Como ocurre siempre en esta fórmula, hay una historia de amor, la de Salt con su esposo, un biólogo alemán especialista en arácnidos. También se ve la crueldad entre pares que no discrimina género, en un medio en el que nadie confía en su sombra.

    El vértigo de la película hace olvidar los detalles del libreto que pone velocidad en las escenas de acción pero nunca llega a profundidades psicológicas, como ocurría en Nikita o la saga Millennium. Salt es una heroína que responde violentamente a los estímulos y huye. La confusión sobre buenos y malos es propia del planteo esquemático, más cerca del videojuego que de la interpretación de la violencia desde una mirada femenina. De hecho, se sabe que el rol era para Tom Cruise, pero el actor desistió porque venía haciendo roles parecidos.

    El cambio de nombre habilitó a Angelina, que ocupa la pantalla con inteligencia y vitalidad de una mujer con destrezas de soldado. La acompañan Liev Schreiber como Ted Winter, su colega; Chiwetel Ejiofor, Peabody, el agente que la persigue; Daniel Olbrychski, el desertor ruso; August Diehl, en el rol de Mike Krause, el marido. Entre choques espectaculares, camiones inmensos en la autopista, explosiones, ingenio y sangre muy fría, Salt, la nueva estrella de Hollywood, demuestra en esta primera película de final abierto que ella puede sola.
    Seguir leyendo...
  • London river
    London river
    La Voz del Interior
    Afectos colaterales

    Elisabeth vive en la isla Guernsey del Canal de la Mancha donde cultiva su granja. El señor Ousmane es guardia forestal en Francia. Esto se irá sabiendo a medida que un hecho fortuito los cruza. London River , del director argelino-francés Rachid Bouchare, registra la transformación de dos personas que buscan a sus hijos en Londres, después del atentado del 7 de julio de 2007.

    La desaparición los pone en otra realidad, paralela a la de tiempo atrás, cuando Jane contestaba el teléfono y Ali era sólo el nombre del hijo de seis que Ousmane dejó en África. La sospecha de una tragedia pone a los padres en contacto no deseado, mientras caminan sofocados por la humedad y la angustia.

    Bouchare traza un cuadro en el que la sospecha domina el escenario y los diálogos. Elisabeth se encuentra con el hombre negro mientras la ciudad sale del estupor del ataque suicida y la comunidad musulmana se siente observada. Ousmane (conmovedor el último trabajo del actor de origen malí, Sotigui Kouyaté, fallecido en abril) camina entre los prejuicios, apoyado en su bastón y sus rezos.
    Brenda Blethyn logra un personaje extraordinario, que recuerda a la madre negadora de Secretos y mentiras.

    Hay algo del tono de Mike Leigh y el modo de asirse al documental que alimenta la ficción de Ken Loach. Pero lo político aparece aquí sin discurso, con tensión de thriller. Estos padres conocen a sus hijos por los indicios de una vida de la que no tenían noticia. El espectador los acompaña en la odisea. Ése es el costado emotivo, sin sentimentalismos. ¿Sabemos quiénes son las ?personas que amamos? “La verdadera felicidad es amar la vida”. La frase une a tantos dolientes, víctimas colaterales de la locura que no discrimina lenguas ni creencias.
    Seguir leyendo...
  • Igualita a mi
    Igualita a mi
    La Voz del Interior
    Será tu astilla

    La discoteca es el habitat natural de Freddy que baila frenéticamente en medio de chicos y chicas que podrían ser sus hijos. A los 41 años, ese Peter Pan porteño insiste con el discurso adolescente de la libertad incondicional y concurre a la peluquería cada martes para tapar las canas con una buena mano de tintura. Hasta que su vida cambia drásticamente.

    Adrián Suar protagoniza Igualita a mí, junto a Florencia Bertotti, una pareja de feeling indiscutible frente a las cámaras. La anécdota de la película que dirige Diego Kaplan no pretende ser original. De hecho, en cuanto se instala el tema, queda planteado el techo del relato sobre la chica que busca a su padre a los 23 años y cuando lo encuentra, también ella está a punto de vivir un cambio trascendente como mujer.

    Además de la química de los actores, potenciada por la fotografía de Félix Monti que embellece y compone cualquier rincón, Igualita a mí se desarrolla como una comedia convencional que apuesta a los diálogos y situaciones. Incluso cuando ciertas escenas recuerdan a algunas ya vistas en comedias hollywoodenses (como la escena del baile de Freddy en su departamento con la música a todo volumen), el guión de Juan Vera y Daniel Cúparo es un relojito y funciona muy bien.

    El departamento del solterón se convierte en algo parecido a un hogar, y al hombre que padece de viejazo permanente no le queda más remedio que anclar. Lo asiste y rigorea su peluquera, el rol de Claudia Fontán en el que la actriz ofrece la faceta que mejor conoce, entre sexy y madura.

    La película tiene mucho humor, surgido de esas situaciones cotidianas, con pizcas de viveza criolla. Hay chistes reconocibles que, en este nuevo contexto, vuelven a sonar ocurrentes. La vocación de Suar para jugar el ridículo roza, deliberadamente, el patetismo, aunque el tono nunca decae ni se pone sentencioso. Sorprende en este protagónico absoluto. Florencia Bertotti es Aylín, de El Bolsón, una chica provinciana, transparente, que sabe lo que busca. La actriz va creciendo en esta historia de jóvenes que adoptan a los adultos.

    Igualita a mí, con el diseño de arte de Mercedes Alfonsín, ubica la acción en una porción de vida, sencilla y familiar donde los códigos generacionales se plantean amablemente. Existe un trasfondo interesante en cuanto a la paternidad negada o asumida, a la identidad que el paso del tiempo mejora o anquilosa, y al amor, que se elige un día, cuando comienza la verdadera historia.
    Seguir leyendo...
  • Vincere
    Vincere
    La Voz del Interior
    Una pasión devastadora

    Vincere, el drama a cargo del director Marco Bellocchio, reúne belleza y tristeza.

    ¿Qué será más grande, la tragedia colectiva o la individual? A veces ambas se encuentran en un espacio y un tiempo verificables. Vincere, de Marco Bellocchio, rescata el drama de Ida Dalser, la esposa de Benito Mussolini (negada por la crónica oficial), y su hijo, heredero del Duce. Ambos fueron desaparecidos por el sistema, recluidos en varios psiquiátricos, la madre, y en un orfanato con custodia oficial, el niño. Estos datos revelan la personalidad de Mussolini que desde muy joven se perfilaba como un fanático de sus propias obsesiones. El amor traicionado se desarrolla sobre el telón de fondo del fascismo, el ascenso del líder, las dos guerras mundiales y las convulsiones de las décadas cruciales, de 1913 a 1945.

    Giovanna Mezzogiorno interpreta a la mujer bella, de ojos verdes, eternamente enamorada de Benito, en tanto, Fillipo Timi pone toda su sangre e intensidad al servicio de un personaje fascinante, planteado desde la teatralidad del gesto extremo.

    La primera parte de Vincere se desliza por los primeros tiempos de esa relación en la que ella se arruina, en todos los sentidos, para costear el periódico con que sueña Benito. El joven milita en el Partido Socialista, hasta que sus conceptos sobre guerra y revolución lo cruzan de vereda para siempre y lo encaraman en el poder, asistido por un carisma notable. El actor logra la dureza de la mirada siempre desorbitada, como fija en un punto alto y lejano. La relación apasionada del comienzo muta tan frenéticamente como empezó y la mujer se convierte en la enemiga número uno del Duce y su familia, bastión fascista inexpugnable.

    Belocchio cuenta esa tragedia en la que se suma violencia de género, locura y desesperación, con recursos cinematográficos por excelencia. Vincere rinde homenaje al cine. Cada tramo de la historia personal de Ida incluye un momento del cine, del noticiero durante la Gran Guerra, a Carlitos Chaplín. Además, el material de archivo logra una película deliberadamente grandilocuente. Las tropas italianas, la Revolución Rusa, la Expo Futurista de 1917, la multitud aullante, el pueblo en una faceta amenazante aparecen intercalados con las escenas de Ida y su lucha destinada al fracaso. A la pasión devastadora, que enfurecerá a la feminista más moderada, la acompaña el material de archivo, logrando una épica con himnos y corales. Por momentos, Bellocchio elige las posibilidades expresivas de la ópera, con el montaje teatral de la nieve cayendo implacable y los planos de la heroína que reivindican la mejor tradición del neorrealismo italiano.

    Cada espectador puede elegir un aspecto de la película que saca de la oscuridad la historia de Ida e hijo. "Debemos ser grandes actores", le advierte el psiquiatra a ella, para salvarla. Ahí abreva Bellocchio. Expresa también la impotencia de los personajes que ven cómo la realidad tiene una versión contraria a todos los indicios. Si la tristeza puede ser bella, y viceversa, Vincere reúne las dos cualidades con la sagacidad de un director que busca justicia por su propia cámara.
    Seguir leyendo...
  • Pájaros volando
    Pájaros volando
    La Voz del Interior
    Mismo humor, misma risa

    La idea de huir del mundo a un lugar lejano y exterior no sólo da para el romanticismo. Diego Capusotto vuelve con la comedia Pájaros volando, recargado por el guión de Damián Dreizik, la dirección de Néstor Montalbano y la energía inagotable que logra con Luis Luque frente a cámara.

    Los compañeros de delirio cuentan una historia que parece una postal de algunas comunidades serranas cordobesas, refundadas por porteños huidos del cemento. Además, la película apunta al delirio, a la fantasía colectiva de un grupo de habitantes de Las Pircas que aseguran que los extraterrestres los llevarán a su planeta, abducción mediante. De esa fantasía se alimentan los muñequitos ojudos que Miguel (Luque), rebautizado Freedom, vende en la feria del pueblo.

    José (Capusotto) llega para quedarse, tentado por su primo Miguel, ex compañero de la banda de rock Dientes de Limón. Juntos vivieron el hit Pájaros volando, cuando las entradas se pagaban con australes. Como ocurría con los personajes de Soy tu aventura, no tienen nada y están fuera del sistema, pero aquí, en lugar de urdir un delito, imaginan un viaje interplanetario que termine con las pálidas.

    Pájaros volando cultiva el humor de Montalbano-Capusotto, incluida la cuota de ternura, y para eso acude a comediantes estupendos y personalidades que el espectador descubre entre hippies, artesanos y campesinos. La presencia de Juan Carlos Mesa es un placer incomparable. Todo ocurre para esos tipos autoexiliados, con una naturalidad desconcertante, en medio de la belleza del paisaje. Verónica Llinás, con sus matices; Alejandra Flechner, impresionante policía a la caza de narcos; y la médium (Vanesa Weinberg) son locas lindas, junto a Damián Dreizik que se luce como el dueño de la granja orgánica, y Osqui Guzmán, el jujeño que llevará la música del altiplano al cosmos. Sea por la felicidad, la aventura, la revolución permanente o el ideario de Perón, todos buscan subirse a la nave por una vida mejor.
    Seguir leyendo...
  • Miss Tacuarembó
    Miss Tacuarembó
    La Voz del Interior
    Miss Tacuarembó: Coleccionista de estampitas

    "El color llegó a mi vida cuando cumplí ocho años", dice la voz en off de Natalia, mientras se ve la escena del televisor recién comprado. "Ese televisor me lo había traído Cristo", remata. Es el recurso que repite el director Martín Sastre durante su opera prima Miss Tacuarembó. La película funciona como el espacio creativo del artista visual uruguayo que juega con el género del musical y va hilvanando la historia de Natalia, nacida en Tacuarembó, con varias búsquedas formales. El resultado es desparejo.

    Basada en el relato de Dani Umpi, Miss Tacuarembó plantea con ritmo de videoclip, cómo Nati (Natalia Oreiro) que de niña amaba a Cristal (Jeanette Rodríguez), Flashdance, Cristo y la jerarquía de santos personales, sueña con ser una estrella de Hollywood.

    El relato va y viene, del pasado que se describe traumático y con guiños humorísticos (con malas muy malas y la misma Oreiro en el rol de Cándida), al presente en Cristo Park, donde trabaja Natalia a los 30. La acompaña siempre su amigo de la infancia, rol que interpreta Diego Reinhold.

    Paralelamente a la búsqueda de la felicidad que lleva a Natalia a Buenos Aires, su madre Haydée (Mirella Pascual) recurre al reality Todo por un sueño, conducido por el personaje de una Rossy de Palma más extrema que nunca, para encontrar a la chica que huyó de Tacuarembó 10 años atrás sin dejar rastro.

    La película cruza muchas líneas de consumo popular y masivo: la telenovela venezolana de los años 1990 y Cristal como ícono; el reality televisivo; Madonna, Flashdance, Los Parchís; y el tema religioso como material elegido para la parodia continua de la iglesia católica y sus dogmas en ese pueblo del norte uruguayo.

    Cine ¿para todos?
    Miss Tacuarembó apunta a un público amplio con tono y ritmo para niños muy estimulados, pero, al mismo tiempo, predomina el manejo de la ironía y lo kitsch que se instala como el modo con el que Sastre decide contar la historia visualmente.

    Cada espectador deberá tomar distancia con respecto a unos contenidos entre naif y delirantes. Los niños viven sus fantasías como reales y la imagen las interpreta en todas las dimensiones que le da la niñez a lo lindo y lo feo, a creencias y miedos. Pero ese universo fantástico, fetichista, supersticioso y lúdico no cambia cuando aparecen los adultos galgueando en el parque temático y después, metidos en la escenografía del reality. El efecto es una mezcla rara de película de Palito Ortega de los años 1970, televisión basura e imitación de segunda de figuras inalcanzables.

    Salva al conjunto, la fotogenia de Oreiro, en la cuerda que mejor maneja, la comedia (como cuando era la Monita en Sos mi vida); el talento de Diego Reinhold con su rostro de payasito triste y algunos chistes y encuadres del director que pinta un mundo de colores chillones. Jeanette Rodríguez en persona es uno de esos chistes para grandes con hábitos noveleros. Los chicos descubrirán a Ale Sergi (el integrante de Miranda! que también compuso las canciones) en la puerta del parque y se identificarán con los niños, Sofía Silvera y Mateo Capo.

    Miss Tacuarembó es una historia de desarrollo visual barroco, creación de un director que recién inicia su camino en el cine.
    Seguir leyendo...
  • Eclipse
    Eclipse
    La Voz del Interior
    La decisión de Bella

    Noche fría de miércoles de invierno en Villa Cabrera. Cuando gran parte del barrio cerraba sus ventanas y apagaba las luces, ellos comenzaron a llegar, de a dos o en pequeños grupos. Minuto a minuto entraron al multicine que ofreció el estreno de Eclipse, en dos funciones. Cerca de las 23, el bullicio en el hall de entrada expresaba la ansiedad apenas contenida de las fans de la saga Crepúsculo. La fila fue sumando público joven, de más edad que los “potters”. Chicas y chicos de la edad de Bella y de la que aparenta Edward (él hace 300 años que luce de 17) colmaron las salas y el triángulo amoroso se apoderó de la pantalla.

    Bella (Kristen Steward) tiene el corazón partido entre la fascinación por el vampiro bueno, Edward (Robert Pattinson) y el afecto por Jacob, el chico-lobo que vive en la reserva (Taylor Lautner). Los muchachos alimentan odios y desconfianzas ancestrales, comunicadas de una generación a otra. En el medio, la joven experimenta el fuego del amor que no se consuma. De Edward la separa la muerte. En Eclipse Bella debe elegir el futuro definitivo mientras sus amigos preparan la fiesta de egresados, inocentes con respecto a la batalla que lobos y vampiros huelen en el aire, en los linderos del bosque.

    Eclipse comienza con un ataque en la noche, en una calle de Seattle. La sala contiene la respiración colectiva. En la escena siguiente, Bella y Edward hablan de matrimonio en un campo de flores. Hay suspiros (en la platea) cuando la cámara dedica primerísimos planos a Robert Pattinson, más blanco que nunca, con los ojos inyectados en sangre y su dulce voz.

    El director David Slade juega permanentemente con los contrastes que ofrece el libro de Stephenie Meyer. Como la historia de amor se desenvuelve sencillamente, la fuerza de la película está en el entorno violento, por momentos de thriller. Hay varios flashbacks que explican cómo era Rosalie antes de ser vampira; qué rol cumple Alice en ese clan; por qué los hombres-lobo odian tanto a los vampiros; qué hace la malvada Victoria en Seattle y cómo se reclutan novatos, los vampiros más temibles.

    En Eclipse predomina el planteo extremo del amor adolescente. Bella es la heroína deseada por todos. Desvalida, sencilla con sus jeans y zapatillas, cada vez más pálida, encarna un ideal romántico, la mujer que tiene que elegir entre dos hombres capaces de matar. Hay temas universales y eternos que la autora de Crepúsculo aprovecha. Los llevan adelante, con talento desparejo, Steward, que no transmite nada; Pattinson, con sólo un modo de mostrarse helado, y Lautner, exhibiendo pectorales de luchador.

    “Siempre seremos esto. Congelados”, dice Rosalie, en uno de los momentos más humanos de la película. El otro, es el de Bella, reflexionando sobre esa rara sensación permanente de ser “anormal”, de no encajar. Por eso Eclipse suena a canto de sirenas de la adolescencia perdida.
    Seguir leyendo...
  • El refugio
    El refugio
    La Voz del Interior
    La encrucijada de Mousse

    En El refugio , Francois Ozon ofrece un retrato impasible y poderoso de la maternidad no deseada. Isabelle Carré es Mousse, la joven heroinómana que pierde su pareja en la sobredosis de la que se salva por esas cosas del destino. En el hospital le informan que además está embarazada. Con los datos que podrían armar un culebrón lleno de golpes bajos, Ozon hace una película que problematiza al espectador. El relato evoluciona a través de largos silencios, primeros planos y cierta inexpresividad de la mujer que se va de París para pasar el verano a la espera del bebé. En una casa prestada, también con su historia, cerca del mar, recibe la visita de su cuñado Paul (Louis-Ronan Choisy) que busca refugio por otros motivos. La libertad aparece en ese vínculo como la imposibilidad de anclar. Pero poco se dice. Tampoco hay discursos feministas sobre la diversidad sexual o la culpa. Ozon anda con cuidado al mostrar la vida de Mousse, no da explicaciones. Todo es tan aséptico, contenido y civilizado en ese recorte social, que da miedo. La actriz no busca emociones para Mousse.

    El director de Bajo la arena y La piscina comienza la película con la escena impactante en el departamento parisiense, sin concesiones. “¿Quiere abortar?”, le pregunta después el médico a la mujer que deberá tomar medicación para no sufrir el síndrome de abstinencia.

    Ozon despliega un ejercicio complejo de la libertad de elección. Mousse y Louis han compartido el vértigo de la heroína; ella es una mujer que calla lo vivido y anda como una paria con su panza y su rostro angelical, sin rumbo. La fotografía de El refugio se detiene en el paisaje amable del verano, y en los rostros bellos de Mousse y Paul. El director logra un final que abre el debate sobre la madurez para asumir el amor incondicional.
    Seguir leyendo...
  • Cartas a Julieta
    Cartas a Julieta
    La Voz del Interior
    Brindis por los bienamados

    El oficio de investigadora periodística en la selva neoyorquina ocupa la vida de Sophie. Al comienzo de Cartas para Julieta, el lugar y el oficio no parecen adecuados para rendir honores a la heroína de Verona, inmortalizada por Shakespeare. La ascendente y talentosa Amanda Seyfried interpreta el rol de la joven que viaja a Verona en pre luna de miel con Víctor (Gael Garcia Bernal). Ella sueña con escribir una historia que valga la pena; él abrirá un restaurante en NY y se pierde por los vinos, los quesos y el aceite de oliva.

    Cartas para Julieta de Gary Winick es una comedia romántica que elabora los clichés con delicadeza y buen gusto. Sophie visita la casa de Giulietta, en Verona, y observa cómo las turistas dejan cartas con deseos y penas de amor para la novia de Romeo. Unas secretarias encantadoras las contestan. Sophie saca una carta fechada 50 años atrás, y empieza la búsqueda de un amor perdido y el descubrimiento de sí misma.

    “La gente quiere creer en el amor verdadero”, dice el jefe de Sophie. La chica cambia profundamente cuando conoce a Claire (Vanessa Redgrave), la inglesa que perdió el amor de Lorenzo. La película se convierte en un viaje de placer con Charlie, el nieto de Claire, al volante. De Verona a Siena, los tres recorren viñedos y pueblos hermosamente fotografiados por Marco Pontecorvo, en busca de aquel hombre. El pasado se funde con el presente y el amor de Julieta por Romeo es inmortal.

    La química entre Redgrave y Seyfried es mágica. Nero, García Bernal y Christopher Egan acompañan como galanes bien plantados. El filme tiene pasajes deliciosos gracias al encanto de Redgrave, que ofrece gotitas de melodrama y brinda por los bienamados en la campiña toscana.
    Seguir leyendo...
  • El mural
    El mural
    La Voz del Interior
    La crítica no puede ser copiada ni reproducida, ya que está publicada en un medio gráfico o digital al cual sólo se puede acceder mediante suscripción paga. TodasLasCríticas releva el nombre del crítico y la puntuación otorgada al film sólo para fines estadísticos.
  • Carancho
    Carancho
    La Voz del Interior
    Sin anestesia

    Han pasado siete años desde que Pablo Trapero logró la metáfora del policía rengo al ritmo del pericón, en El Bonaerense. Carancho conduce al espectador por un camino similar, al límite del documental pero, esta vez, con un trabajo impecable en cada uno de los rubros. La sola presencia de Ricardo Darín y de una alucinante Martina Gusmán podría sostener el guión. Aun así, la película es mucho más que la pareja protagónica.

    Trapero filma una intriga dramática y cruel ambientada en La Matanza, en los alrededores del hospital público del conurbano bonaerense donde anda carancheando el abogado Héctor Sosa (Darín), miembro de la “fundación”. El nombre alude a la asociación ilícita de profesionales: policías, abogados y médicos. La médica joven, siempre de guardia, y ella misma al borde del colapso psíquico, es el nexo entre los correambulancias y el dolor ante lo evitable. La cifra de muertes en accidentes de tránsito antecede a los primerísimos planos que, como en un collage, contiene el germen de la historia.

    Carancho es una historia de corruptos en zona liberada, de la marginalidad permitida en un contexto donde todos aguantan. Hay detrás de cada personaje un renunciamiento y un destino de perdedores sin remedio.

    Trapero filma gran parte de la película de noche, en locaciones descascaradas, en autos desvencijados, donde los cuerpos luchan por sobrevivir. Su cámara también se mueve por la sangre, los golpes y las suturas. El montaje no deja al espectador tranquilo, como si fuera la presa del director, y el sonido completa ese universo de sirenas y portazos. Mientras, la doctora Luján pone respiradores, resucita accidentados y se mueve, inmutable, como una sombra sobre la escenografía. El guión irá revelando datos sobre su conducta y la del carroñero Sosa. Ricardo Darín está muy cerca de Los Miserables de Victor Hugo, al tiempo que busca la redención. Pareciera que Trapero se enamoró de ese personaje despreciable, a quien le inventa varias salidas posibles.

    Martina Gusmán impacta por los matices y a su paso va pintando el cuadro de la salud pública, con sus héroes en la ruleta rusa. Los contiene la dirección de arte de Mercedes Alfonsín, que reproduce la pesadilla hospitalaria con mano maestra. Carancho denuncia, cuenta el amor en tiempos violentos e incomoda, sin olvidar el dato cotidiano. Si en la fiesta de 15 piden “un aplauso para la doctora”, es justo que lo comparta con todo el equipo.
    Seguir leyendo...
  • Sólo un hombre
    Sólo un hombre
    La Voz del Interior
    Imagen de un alma sensible

    Un hombre solo se vuelve invisible cuando asume que forma parte de una minoría. George, un profesor de literatura, siente un dolor lacerante al despertar, ante el peso del nuevo día. Combate la imagen del espejo con gran fuerza de voluntad y un apego al pasado que lo aísla de los estímulos del presente.

    Colin Firth crea su personaje con la ductilidad de un intérprete formidable. Inglés, solo, romántico, gay, George ha perdido a su pareja, Jim, dato que se sabe desde el comienzo de Sólo un hombre (traducción de A single man). La ópera prima de Tom Ford está basada en la novela Christopher Isherwood. El famoso diseñador de moda asume la historia desde el punto de vista de George y va generando atmósferas de gran belleza plástica.

    La película gira en torno a la imposibilidad del duelo. Ocho meses después de la muerte de Jim, su compañero carga con cada recuerdo y se muestra incapaz de vislumbrar el futuro.

    En este sentido, Sólo un hombre es una película de amor, contada con los recursos del melodrama.

    “Soy y ahora” se dice George para darse valor por la mañana. “Volverse” George implica cumplir meticulosamente con cada paso para recién salir al mundo. Pasos que la cámara recorta del todo, modalidad que se vuelve un ejercicio de estilo constante.

    Firth carga con la angustia del personaje sin gesticular. El actor transmite la desesperación del profesor en el contexto de Los Ángeles, en 1963. La película reconstruye la época en el campus y el barrio de clase media. George huele el miedo en el ambiente. Todos temen los misiles de Cuba. El profesor revela sus pensamientos en una clase, en un gesto inusual, ante el “estupor bovino” de los estudiantes. El monólogo de Firth, en esa suerte de ensoñación en la que vive el personaje, es conmovedor. La cámara lo acompaña con primerísimos planos, exponiéndolo a las miradas que padece el profesor.

    El monólogo de George es revelador. Habla del miedo que siente la mayoría ante las minorías. El alegato queda en el aire y sólo un alumno comprende el sentido.

    El progresivo derrumbe emocional del personaje; la actuación de la fabulosa Julianne Moore; el aire a la película Las horas, por Moore y la música; los colores que tamizan las imágenes del presente, envejecido, y el pasado en cepia, dan marco al tema de la homosexualidad y acompañan la confesión sutil de un hombre que se siente invisible.
    Seguir leyendo...
  • Séraphine
    Séraphine
    La Voz del Interior
    Entre el cielo y la tierra

    El nombre y la obra de Séraphine Louis (1864– 1942) alcanza la categoría de descubrimiento para el gran público, gracias a la biografía que filmó Martin Provost. En Séraphine, la actriz belga Yolande Moreau se adueña del ritmo del relato, en el que predominan las imágenes, y va construyendo un personaje extraordinario, místico, y con la rusticidad de la campesina que sirve en varias casas y el convento.
    Hay en Séraphine una invitación a entrar en el mundo de las sensaciones de esa mujer excepcional que pintaba porque se lo dictaban ‘de arriba’.

    La película comienza en Senlis, en 1914, poco antes de la Gran Guerra. En la campiña francesa Séraphine va descalza a todas partes y guarda su secreto. La mujer que se levanta al alba para asistir a la primera misa, trabaja con sus manos todo el día y toda la noche. Yolande Moreau se mueve volviendo macizo su cuerpo, habla poco y mira ávida, se come el aire, el sol, los árboles. Hay en el personaje unos ritos que se van profundizando hasta volver incompatibles el cielo con sus ángeles, y la tierra, con sus cuadros.

    Séraphine es descubierta por el marchand alemán, Uhde, que valora ese arte al que se niega a llamar ‘naif’. “Prefiero decir nuevos primitivos”, plantea señalando la explosión de color en los lienzos con manzanas, flores y árboles, logrados por la alquimia de elementos que le pone un sello único a las texturas. Ella comulga con los elementos, los pone en botellitas, los muele y mezcla. “Me asusta lo que he pintado”, dice, porque el arte es para ella la naturaleza misma. Contada en el periodo entreguerras, Séraphine además va mostrando los tabúes, la distancia con París, la lucha de la genialidad contra la tradición y, en general, el clima en el que Séraphine escucha el llamado de los ángeles, eso que para los demás es la locura.

    La película es de andar bucólico, pero con una tensión y una belleza que traen las preguntas del siglo XX al actual, celebrado por la fotografía de Laurent Brunet. Las actuaciones de Ulrich Tukur (Wilhelm Uhde, el mecenas) y Anne Benoit (su hermana) aportan el dramatismo que Séraphine combatió con sus visiones inocentes.
    Seguir leyendo...
  • ¿Y... dónde están los Morgan?
    Vaqueros de Nueva York

    Si la clave de la permanencia de los comediantes frente a la pantalla es reinventarse a sí mismos, ¿Y dónde están los Morgan?, la película de Marc Lawrence (Letra y música, Amor a segunda vista), pone a Hugh Grant y Jessica Parker en un sendero estrecho y sin salida. Cada uno acredita logros conocidos por el gran público, pero nada del glamour, en el caso de la actriz de Sex and the City, ni los recursos actorales del carilindo Grant alcanzan para levantar la puntería de la historia donde interpretan un matrimonio en crisis.

    Los Morgan están separados. Son ricos, exitosos, tienen agenda y asistentes. Caminan por Nueva York como si no existiera otro lugar en el mundo, hasta que, testigos involuntarios de un asesinato, deben cambiar de identidad y lugar de residencia. La idea es buena, pero deriva en un bodrio musicalizado. Los Morgan entran en el Programa de Protección de Testigos y son mudados a Wyoming, zona de vaqueros donde el diablo perdió el poncho. Sin celulares ni ocupación, estos adictos al trabajo deben volver a mirarse. El resultado es una comedia de redescubrimiento, sin novedades en cuanto a gags y situaciones. Algunos diálogos ingeniosos hacen recordar al Hugh Grant de la réplica británica, conciso y encantador. La actriz, en tanto, saca a relucir un par de mohínes ya vistos. La cámara quieta y la broma dedicada a los neoyorquinos que jamás pisaron un supermercado (ni qué hablar de las ofertas) agotan el tema antes de la hora.

    Sam Elliott, como el comisario Clay Wheeler, y Mary Steenburgen, su esposa Emma Wheeler, ponen algo de pimienta al guión. Pero la película nunca abandona el cliché y confía demasiado en el feeling de la pareja de actores que no parece haberse involucrado con los insípidos Morgan.
    Seguir leyendo...
  • Percy Jackson y el ladrón del rayo
    Acción en el Olimpo

    El director Chris Columbus vuelve a contar una historia mágica (dirigió las dos primeras películas de Harry Potter, en 2001 y 2002) reciclando el Olimpo de los dioses griegos, fuente inagotable de amores, odios y peleas por el poder.

    Basada en la novela de Rick Riordan, Percy Jackson y el ladrón del rayo imagina una raza de semidioses que se mueve en el mundo actual, ignorante de sus ancestros. Percy es disléxico, se siente un perdedor y, además, la pasa mal con su padrastro, un sujeto violento que está lejos de comportarse como un dios.

    La ira de Zeus y su enfrentamiento con Poseidón es la punta para el descubrimiento de Percy sobre su identidad. Se ha comparado la película con la saga de Potter, pero aquí Columbus propone pura aventura en la Tierra, el Hades y el Olimpo, sin indagar en profundidades psicológicas ni existenciales. Percy Jackson y el ladrón del rayo es una película de acción y aventuras, muy entretenida, una vez que la “traducción” para el público masivo del panteón de dioses y sus mitos logra acomodarse en el escenario contemporáneo, donde los chicos dicen “cool” y Poseidón (Steve Coogan) se ve como un rolinga amenazador.

    Para mantener el encantamiento, Columbus ha recurrido a Uma Thurman, maravillosa Medusa; Pierce Brosnan, el Centauro; Sean Bean, Zeus; Kevin McKidd, Poseidón; y los jovencitos Logan Lerman, Percy; Brandon T. Jackson, Grover el fauno, y Alexandra Daddario, Annabeth, hija de Palas Athenea. Con respecto al impacto visual, los efectos van de la mano del humor, rasgo distintivo del director. De paso, hay anuncios de catástrofes climatológicas, una variante de la ira de los dioses enfrentados.

    Por eso, la tarea de Percy es devolver el rayo a Zeus en tiempo récord, estrenando poderes. La película resulta una buena excusa para que los chicos se acerquen a los conflictos y personajes mitológicos donde reconocerán varias paternidades, en términos de relato.
    Seguir leyendo...
  • Enseñanza de vida
    Enseñanza de vida
    La Voz del Interior
    La decisión de Jenny

    En el umbral de la vida universitaria, una joven enfrenta el mandato familiar y hace honor a los prometedores años de 1960.

    Basada en un relato autobiográfico, Enseñanza de vida traza el recorrido conflictivo de Jenny, la adolescente que entra al mundo adulto por la vidriera más prometedora.

    Jenny (Carey Mulligan) vive en los suburbios de Londres; sueña con París; adora las canciones y películas francesas y fuma a escondidas. Ella se esfuerza para calificar como estudiante de Oxford bajo la vigilancia sofocante de sus padres. Pero afuera hay un mundo que ha estallado y al que ella desea pertenecer. Es 1961 y para una chica inteligente, el latín y la educación victoriana suenan a eterno aburrimiento. El relato de iniciación comienza cuando Jenny conoce a David (Peter Sarsgaard) un hombre joven, que rompe el cerco conservador de la casa y le descubre Londres, el jazz, las subastas de arte y el glamour a bordo de su Bristol color borravino.

    Carey Mulligan controla su personaje de chica encantadora y rebelde. La rodean Alfred Molina, impecable en el rol del padre; Emma Thompson, la directora de la escuela; Olivia Williams, como la profesora que ve cómo el camino de Jenny peligra, y Peter Sarsgaard, en el papel del seductor patológico.

    Enseñanza de vida plantea el espíritu de época como escenario para la historia de Jenny y David, que se disfruta por los apuntes costumbristas, la fotografía y el nivel actoral, pero, el planteo va perdiendo paulatinamente complejidad. La adolescente tiene que elegir entre Oxford o el casamiento, dilema que refleja un mandato social que en la película aparece esbozado. La tentación del mundo sin restricciones choca con los consejos de la profesora pero hay cierto apuro por cerrar el conflicto que se desarrolla ante los ojos del espectador. Así, se desaprovecha el filón riquísimo sobre educación sentimental y liberación femenina. Queda en el aire el envión feminista que proclamó la necesidad de que las mujeres entraran al mundo por sus propios medios, cita obligada a la adorada Virginia Woolf.
    Seguir leyendo...
  • Buenas Costumbres
    Buenas Costumbres
    La Voz del Interior
    Amores en guerra

    "Buenas costumbres", elenco eficiente y dosis medida del clásico humor británico.

    Con el telón de fondo de la sociedad británica de entreguerras, la película Buenas costumbres de Stephan Elliott hace honor al universo de Noel Coward, autor de Easy Virtue. Fiel a cierto aire anacrónico, aunque con el siempre actual humor inglés, la comedia ofrece un buen elenco y un conflicto que evita toda estridencia.

    John (Ben Barnes), un joven rico y mimado de su madre (Kristin Scott Thomas), se casa con una mujer de Detroit, ganadora del Grand prix de Montecarlo (Jessica Biel). La llegada de la pareja al hogar paterno desencadena reacciones, diálogos como puñaladas y miradas amargas en torno a un modo de vida que se sostiene con voluntad de hierro. “Eres inglesa, finge”, dice el padre, Colin Firth, a una de las hermanas de John ante la inminente catástrofe familiar.

    La película recuerda el tono y parte de la anécdota de Match point, pero en este caso nada crece, avanza ni cobra envergadura como ocurría en la película de Woody Allen.

    La fotografía que transmite el frío del otoño en el campo londinense, donde las relaciones familiares soportan una niebla perpetua, se equilibra con la música que mantiene el guión dentro del cauce de la comedia, gracias a los ritmos de época.

    El elenco se mueve alrededor de Kristin Scott Thomas y Jessica Biel, protagonistas del conflicto entre la matrona a la que la guerra ha endurecido, y la nuera que no puede adaptarse al estilo de vida de la familia del cándido John. Aun cuando los rasgos de las mujeres son estereotipados, logran momentos de sarcasmo y humor mortífero, recurso que agota el planteo. Jessica Biel luce su vestuario de mujer de mundo en medio de las salas victorianas y convence de a ratos, ya que el tono agridulce sólo aparece en Colin Firth y Kristin Scott Thomas, actores que mejoran el boceto de sus roles. El resto del elenco sigue la tradición de la comedia inglesa, con papeles impecables como el del mayordomo Furber (Kris Marshall). En tanto, el desenlace es un acto voluntario de esas almas siempre en guerra.
    Seguir leyendo...
  • Los fantasmas de Scrooge
    Los fantasmas de Scrooge
    La Voz del Interior
    Bajo el hechizo de Zemeckis

    En el Olimpo de los realizadores que trascienden la automatización de la industria, Robert Zemeckis ocupa un lugar indiscutible. El director rinde homenaje al escritor Charles Dickens, al libro como soporte para la imaginación, y saluda la vanguardia tecnológica aplicando la herramienta de captura de interpretación. Robert Zemeckis que lanzó a su platea al futuro para delirio de los espectadores de cualquier edad propone en Los fantasmas de Scrooge una versión de Cuento de Navidad de Dickens.

    En el relato asume la transformación de conciencia del avaro Ebenezer Scrooge con el soporte de un actor que supera sus propias marcas: Jim Carrey. El comediante ofrece su rostro más amargo, al tiempo que se expande en la interpretación de ocho personajes. Es Scrooge niño, joven y viejo, también fantasmas varios, en creaciones notables por la variedad de recursos expresivos que el maquillaje y la máquina de la animación no pueden opacar.

    En el umbral. Los fantasmas de Scrooge puede verse también en 3D. La vela en primer plano, la mano como una garra, los objetos que se desprenden del fondo suman realidades y percepciones. Los planos posibles del 3D son ideales para el relato fantástico, por momentos, de terror, en el que Scrooge va enfrentando las acciones del pasado y el presente. El viejo odia la Navidad, síntoma de un odio mayor que envuelve a la Humanidad, a quien asfixia y repele con su avaricia y la ausencia de piedad, en cualquiera d e sus formas (una limosna, una palabra, pan, afecto, comprensión).

    Pasado, Presente y Futuro son tres personajes, tres fantasmas que guían a Scrooge en el descenso a los infiernos que él mismo ha sabido construirse. “Me espanté a mí mismo”, dice el viejo la helada noche de Navidad frente a la olla de potaje, cuando ve algo que se corporiza en la oscuridad.

    ‘Las sombras de las cosas que existieron’ aparecen cuando cada fantasma lo lleva volando hacia esas dimensiones que conviven en los ojos del personaje. Los vuelos vertiginosos lo devuelven a la escuela donde Ebenezer sufrió una infancia de soledad y abandono; luego, al lugar donde fue aprendiz y conoció el amor, hasta el presente siniestro donde maltrata a su empleado (estupendo Gary Oldman), que sufre privaciones y la pena de ver a su hijo enfermo, y la negación frente a su único sobrino (Colin Firth transmite dulzura a su personaje animado).

    Zemeckis es un mago pero también, el humanista que asume la idea de Dickens sobre la condición humana que puede vencer sus propias limitaciones.

    Recorre la película una fuerte pregunta sobre la responsabilidad individual frente al dolor ajeno y colectivo. Las cadenas del primer fantasma, la culpa y el concepto de redención permiten no obstante, la risotada de la Navidad Presente, un Carrey gordinflón que sorprende bajo su ropaje de Árbol iluminado.

    Para reconocer una obra de arte contemporánea. Una virtud: Zemeckis + Carrey.
    Un pecado: no verla.
    Seguir leyendo...
  • Sangre del pacífico
    Sangre del pacífico
    La Voz del Interior
    Imágenes de autor

    El largometraje opera prima de Boy Olmi, Sangre del Pacífico, sintetiza la búsqueda artística de un director (Delfi Galbiatti) con alucinaciones épicas y del pasado personal, en un contexto social que sirve de disparador. Charito (Picky Paino), la joven peruana, empleada en su casa, desata recuerdos, culpas y la pasión de Jorge que hace del cine la excusa para desembuchar su mundo privado. La buena factura de Sangre del Pacífico pierde impacto por el exceso de líneas argumentales concentradas en el cineasta enfermo. Con Ana Celentano, China Zorrilla y la participación de l cordobés Paco Giménez en breve momento en una estancia de San Luis. Escenarios y fotografía se llevan los aplausos.

    “El mundo está lleno de esclavos”

    El actor Boy Olmi, que incursionó en el lenguaje audiovisual hace mucho tiempo como cortometrajista experimental, asume el largometraje con un guión que va abriendo historias a medida que acerca la cámara al protagonista, el cineasta obsesionado con las guerras de la independencia latinoamericana y las imágenes épicas. Para seguir el guión (de la película que quiere filmar), Jorge busca a un joven granadero que lo instruye en los lances de la esgrima. Al mismo tiempo, su hija Sara, antropóloga (Ana Celentano) registra la vida de las mucamas inmigrantes en la gran ciudad. En ese cruce de referencias se asienta el personaje de Charito, la peruana que ha dejado su hijo en un pueblo de la selva para trabajar en tierra extraña. Poco se sabe de los motivos de casi todos los personajes. Sangre del Pacífico es un fresco en distintos planos: personal y privado, onírico, laboral y social.

    La figura del granadero, rol que interpreta Ezequiel Díaz, surge como un nexo entre mundos, así como la silueta pequeña y diáfana de Charito, venida de otra latitud y necesidades.

    El actor Delfi Galbiatti compone un director afiebrado, viejo y enfermo, una especie de poeta maldito asistido por su hija. La figura romántica contrasta fuertemente con la superficialidad del personaje destinado a China Zorrilla. Esta vez la actriz no se muestra amable ni encantadora. Su perfil de patrona desconfiada revela la realidad de las empleadas domésticas que pasan por su casa. Olmi muestra de esta manera, dos posibilidades para encarar la vejez y, también, abre la puerta al contexto laboral de las chicas que deben ganar un lugar en el mundo del trabajo, lejos de sus familias y entre extraños.

    Olmi ha querido contar demasiadas cosas en Sangre del Pacífico, siendo, al mismo tiempo, sensible a la problemática de un artista y al conflicto social que describe.

    “El mundo está lleno de esclavos”, dice un personaje. Jorge, lo es de su culpa mientras Charito, como otras tantas mujeres, no pudo elegir nada mejor. La fotografía de la película revaloriza las atmósferas en esas casonas llenas de puertas y ventanas, la luz del amanecer y primeros planos de Paino. Los espectadores cordobeses, además, descubrirán a Paco Giménez, departiendo durante un almuerzo campestre, en la estancia de la señora terrateniente.
    Seguir leyendo...
  • La canción de París
    La canción de París
    La Voz del Interior
    Escenario de emociones

    Los espectadores que disfrutaron y recomendaron Los coristas (2004) no pueden dejar de ver La canción de París. El aire de familia de las dos películas es mérito de su director Christophe Barratier, y, aunque las historias difieren entre sí, hay en ambas un tratamiento de la nostalgia que aleja toda sospecha de frivolidad o sentimentalismo vacío.

    Faubourg 36 –el título original–, alude al barrio parisino donde en 1936 el teatro Chansonia es el epicentro de una gesta, contada con los recursos del music hall y el humor sencillo del vodevil. El teatro quebró y su propietario no piensa embarcarse en la recuperación de un mal negocio, preocupado como está de conspirar contra el gobierno socialista de León Blum (Frente Popular). Pero los trabajadores del teatro deciden ocuparlo. La avanzada de la cooperativa enciende la furia de Galapiat, quien, no obstante, accede a un acuerdo. Sobre todo porque llega una jovencita de Lille, Douce (Nora Arnezeder) de quien se enamora hasta donde se lo permite su moral.

    Para contar la sencilla historia de un sueño colectivo que cuesta un gran esfuerzo, Barratier recurre a un elenco de primera línea, en el que se destacan Gérard Jugnot (Pigoil, el administrador), el director del coro en Los coristas; Kad Merad (el cómico Jacky Jacket), el gerente de Un país de locos; y Pierre Richard, como el Hombre Radio, ex director de orquesta y compositor del Chansonia, que permanece recluido escuchando radio. Los cambios en los gustos populares, la evolución que introduce la radio, las transformaciones en las leyes laborales y la gestación del nazismo van completando el cuadro.

    La música y Renoir
    Además de la reconstrucción de época en lo visual, desde los decorados y vestuario, a la ciudad de París de dimensiones pueblerinas, la música de la película, incorporada a la historia del teatro, es un homenaje al music hall, a los artistas de variedades, así como a la paleta que utilizó Jean Renoir en French Can-Can (1955), donde cuenta la génesis de Moulin Rouge, aunque refiere a una época muy anterior.

    El mundo cotidiano de los artistas que sostienen a duras penas el teatro que les da de comer aparece en La canción de París con los condimentos de romance, traición, discurso político y épicas de pequeños hombres. Notable Jugnot, así como el desempeño del elenco cuando ofrece una función brillante del Chansonia. La edición y la fotografía hacen de la intriga, un cuento dramático encantador, con ritmo de acordeón y una dosis saludable de esperanza.
    Seguir leyendo...
Ahorr con Hoyts
CONCURSO: LOS PADRINOS DE LA BODA