Yo soy Tonya

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Competir es la instancia donde el ser humano expone lo peor y lo mejor de si mismo, pero a la hora de expresarlo visualmente, pocos ámbitos son capaces de ilustrarlo de una forma tan sintética y dinámica como lo es en el deporte. Yo Soy Tonya se inscribe dentro de esta premisa.

Vos no podés

Yo Soy Tonya cuenta la historia de Tonya Harding, una patinadora que a pesar de sus humildes orígenes consigue consagrarse como una de las mejores en su deporte, teniendo que sobrellevar a un marido abusivo, una madre que vive denigrándola y una comunidad deportiva que niega su talento por no alcanzar el ideal de “chica sana norteamericana”. La narración también pone el acento en el rol que jugó en el ataque sufrido por su compañera, Nancy Kerrigan, en 1994, el cual que le costó su carrera.

El guion de Yo Soy Tonya es uno prolijo y bastante ácido en cómo refleja la cara opuesta del sueño americano. La historia se divide claramente en dos mitades: una, la consagración de Harding como patinadora, y la otra, su descenso después del “incidente” (así lo describen ellos) de Nancy Kerrigan. La primera mitad es dinámica e intensa, tanto en la pista de patinaje como fuera de ella. Mas cuando abarca la segunda mitad es cuando pierde este ritmo que tan bien le sentaba.

Si hay un principio motor que propone la película, es que el desaliento –brusco, indiferente, y hasta incluso ofensivo– puede producir mejores resultados que el apoyo. Tonya consigue sus triunfos solo cuando le dicen que no lo va a lograr, que no lo merece, o que ella no está a la altura de algo tan solemne como las olimpiadas. Este desaliento es lo que la empuja a ser más competitiva y demostrarle a todo el mundo que se equivoca. Desde luego, la narración se toma la molestia de ilustrar que cuando uno se toma este desaliento demasiado a pecho, las consecuencias pueden ser funestas.

Otra cuestión a destacar es que es un desaliento tratado en forma de humor negro, en vez de abarcar una veta melodramática. Un curso de acción que a la película la beneficia y mucho, particularmente en los segmentos pseudo-documentados donde los personajes recuerdan los eventos.

En materia actoral, Margot Robbie entrega un papel sólido. Consigue hacernos creer en todo momento lo que el patinaje significaba para Tonya Harding, pero particularmente la agresividad con la que enfrentaba cada competencia, dentro y fuera de la pista. Presten atención a una escena en particular donde ella se mira a un espejo mientras se maquilla. Un momento de soledad y emoción pura que confirman que la actriz australiana ha crecido muchísimo desde que la conocimos en El Lobo de Wall Street. Por otro lado, Sebastian Stan sorprende con una interpretación bastante eficiente como el mitad despistado-mitad agresivo marido de Tonya Harding.

No obstante, la intérprete que se lleva las palmas desde el primer momento que aparece en pantalla es Allison Janney, quien da vida a la madre de Tonya. Un personaje y una interpretación que jamás claudica en su actitud. Ella es uno de los símbolos más potentes del tema que acarrea la película y es una de esas interpretaciones tan cautivantes que cada vez que se ausenta el espectador pide una escena suya.

En materia técnica, la dirección de Craig Gillespie es un compendio de aciertos y desaciertos. Su trabajo de puesta en escena es de destacar, integrando la cámara como si fuera un intérprete más. Por desgracia, en las escenas de patinaje, aunque el trabajo de cámara es muy dinámico, salta a la vista que estamos viendo el rostro de Margot Robbie superpuesto digitalmente sobre una doble.

Conclusión 

Yo soy Tonya es una narración prolija sobre las motivaciones de una competencia y el peligro que se corre cuando estas alcanzan los extremos. El elegir el humor negro como canal principal, sumado a buenas actuaciones y una puesta técnica mayoritariamente acertada, son los puntos que hacen de esta una propuesta disfrutable, incluso con los minúsculos tropiezos a los que se enfrenta.