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Imagen de la película Wolverine: inmortal
Wolverine: inmortal
  • Cantidad de críticas: 47
  • Críticas favorables: 35/47 (74%)
  • Críticas desfavorables: 12/47 (26%)
  • Desviación: 14%
  • Puntaje IMDb: 6.8/10
  • Puntaje RottenTomatoes: 69%
  • Puntaje Metacritic: 60
  • Nombre original: The Wolverine
  • Director: James Mangold
  • País de origen: Estados Unidos
  • Clasificación: Apta mayores de 13 años
  • Fecha de estreno: 25/07/2013
  • Distribuidora: Fox
Basada en la celebrada serie de cómics, esta épica acción-aventura lleva a Wolverine (Hugh Jackman), el personaje más icónico del universo X-Men, al Japón moderno. Como pez fuera del agua en un mundo desconocido, enfrenta a su mayor némesis en una batalla de vida o muerte que lo cambiará para siempre. Vulnerable por primera vez y llevado a sus límites físicos y emocionales, confronta no solamente al letal acero samurái, sino también a su lucha interna contra su propia inmortalidad, emergiendo más poderoso de lo que jamás lo hemos visto.
  • Marcos Rodriguez
    Una saga muerta

    No son pocas las décadas que la industria del cine lleva en crisis. Hubo crisis en los 50, en los 60, en los 90, etc. La industria ha sabido sobrevivir a cada giro, siempre con una nueva respuesta, que fue apuntando cada vez más hacia el gigantismo: más color, más acciones, más trilogías, más efectos especiales. La idea siempre fue darle al espectador que se acerca hasta las salas una experiencia cada vez más desorbitante, algo que no se puede lograr en ningún otro lugar.

    Lo curioso de la respuesta de los grandes Estudios a la crisis de principios del siglo XXI no es que se haya recurrido a nuevas tecnologías (la animación por computadora, tanto para películas de animación como para películas de acción en vivo, cada vez más parasitadas por imágenes digitales) o a viejas tecnologías (el 3D, gran salvador del cine pochoclero), sino que una serie de eventos hizo que un número cada vez mayor de tanques estén inspirados en historietas.

    No es un fenómeno nuevo -¿cuánto hace que venimos viendo superhéroes en la pantalla grande?- pero es un fenómeno creciente y que con el correr de los años demuestra su vocación hegemónica: ¿cuántas de las películas más vistas en los últimos tres años -esas pocas que concentran más del 50% de las entradas vendidas anualmente- fueron primero comics? Las X-men tienen ya unos años, pero más cerca tuvimos las Batman de Nolan, las Iron Man y Los Vengadores y todos los subproductos Marvel que llegan a reciclarse a un ritmo llamativo para la industria del cine, con la saga de Spider Man que arrancó y volvió a arrancar otra vez en un lapso menor a diez años.

    La respuesta de los Estudios a la última crisis no fue sólo armarse de las tecnologías más caras (con películas cada vez más costosas), sino tratar de apostar a lo seguro: y parece que la apuesta más segura son y van a seguir siendo las historietas.

    A medida que el cine se va fusionando con el comic, los resultados pueden ser más o menos felices con películas buenas y películas malas, como pasa siempre pero lo que notamos es que los estudios empiezan a adoptar lógicas de producción que les son ajenas. En especial en torno a Marvel. Una película ya no es una película: es apenas un punto de cruce en un universo infinito que se extiende -más o menos coherente- hasta donde alcanza la imaginación. Thor no era Thor, era la puerta de entrada para Los vengadores.

    Cada película se calcula en términos de secuela. Y si la secuela no funciona, se busca la precuela. Y cuando la precuela no es lo más adecuado, se buscan los cruces. Tenemos universos paralelos (el argumento nunca del todo explicitado pero que permitió la llegada a la pantalla de The amazing Spider-Man) y agrupamientos y una cantera interminable de nuevos posibles superhéroes para el merchandising. No por nada Marvel terminó por imponer la moda del "minuto final después de los créditos", en el cual normalmente se nos muestra un remate cómico o un gancho que promete futuras películas para los personajes, ya sean individuales o grupales.


    Hasta cierto punto, esta lógica viscosa del negocio que se autoreproduce viene rindiendo buenos frutos a la industria: con cada nueva producción, Marvel recauda millones y promete seguir recaudando con sus continuaciones. Pero cada tanto -como debe ocurrir inexorablemente- también falla.

    Por ahora el nombre de su mayor error es Wolverine. Lo más sorprendente de esta nueva película de Wolverine es que le hayan dedicado una nueva película al personaje después del desastre que fue X-men orígenes: Wolverine. Aquella película era mala y le fue mal, pero de alguna forma el personaje logra mantener suficiente de su encanto gracias a su fuerza dentro de los comics y fundamentalmente a su fuerza dentro de las primeras películas de los X-men como para volver a la pantalla.

    Si Orígenes... era larga, inconexa y aburrida, Wolverine: Inmortal por lo menos tiene la virtud de concentrar su acción y su narración en una historia única. Pero no por eso es menos larga o aburrida.
    Absorbida posiblemente por su origen más endeble, dados los fracasos anteriores del personaje por la lógica rigurosa del comic -un medio completamente diferente al cine-, esta Wolverine... se preocupa demasiado por presentar situaciones, por tratar de desarrollar personajes chatos, por mostrarnos el recorrido completo e innecesario de sus personajes, por desplegar toda la iconografía que encuentre a mano en el desesperado intento de generar imágenes impactantes.

    Lo que queda es una historia familiar larga que no nos interesa, en buena medida porque ni siquiera llegamos a conocerla sino hasta el final, el deambular falsamente melancólico de un personaje (que tampoco nos interesa, en buena medida porque viene construido desde fuera de la película y por tanto en esta queda absolutamente lavado) y escenas de acciones que resultan escasas hasta para sostener el grado mínimo de atención.

    Las imágenes son simpáticas; las peleas no están tan mal, pero lo que le falta a esta película es una verdadera razón por la cual debería importarnos lo que estamos viendo.
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  • Tomás Maito
    Tomás Maito
    A Sala Llena
    Una nueva entrega, pero para el olvido

    Es sabido que a parte de ser un arte, el cine es un negocio y hoy en día - para explotarlo - parece que las principales estrategias son sacarle todo el jugo posible a una saga exitosa y reinventarla constantemente, siendo que un conjunto de un protagonista taquillero, efectos especiales y la moda 3D hagan de la película un posible nuevo éxito.

    El mayor problema de ésta clase de films es que entre tanto ruido, generalmente siempre quedan en deuda en el plano narrativo, cuestión más que importante, porque a pesar de todo tipo de artificio que pueda proponer el dispositivo cinematográfico, no hay que olvidarse que - después de todo - un película es una obra que cuenta una historia y ésta debe ser (o es conveniente que sea) atractiva...
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  • Lucas Rodriguez
    Lucas Rodriguez
    Cinescondite
    Dentro del batallón de personajes que nos ofreció el mundo de los X-Men, sin dudas el favorito del público por una gran diferencia tiene que ser Wolverine, el inmortal mutante que posee dotes genéticos envidiables y un esqueleto interno indestructible.

    El primer intento de acercarse a la historia personal de Logan fue la infructuosa X-Men Origins: Wolverine y una de las principales causas de su caída fue algo que, personalmente, me afecta bastante a la hora de ver algo basado en cómics. Esto es el dilema del retcon, la alteración de detalles importantes en una línea temporal en favor de formar una línea paralela, lo cual no es para todos. Hay que estar dispuesto a que cambien relaciones que uno ya tiene entendidas desde hace tiempo, y que Wolverine y Sabretooth sean mediohermanos, cuando antes eran desconocidos, genera un escozor extraño. Ese fue uno de los principales problemas de Origins, si bien no fue el único. The Wolverine representa un salto hacia adelante en todo sentido, se aleja a pasos grandes -que no agigantados- de su predecesora y denota buenos augurios dentro de la sala de cine.

    The Wolverine no es ese proyecto sangriento y oscuro que prometió ser alguna vez, con Darren Aronofsky al mando. Si bien está basado en la más que estimada versión del cómic de Frank Miller, creador de Sin City -y gran favorita de Hugh Jackman por cierto-, al viaje interior y exterior en el que Wolverine se ve inmerso le faltan varias pinceladas de carácter y sentimiento, pero tiene lo suficiente de ambos como para subsanar el craso error que tuvo la antecesora. El director James Mangold, junto a Steven Soderbergh una de las caras más polifacéticas del cine de Hollywood, se carga el peso de sobrellevar un film de acción y exploración sentimental, donde los detalles están bien aderezados. Aunque se sienta la falta de más adrenalina, más combates, los escenarios principales de lucha son suficientemente extravagantes y llamativos, vistosos, con ese toque asiático que debe predominar dentro del marco narrativo elegido.

    En el marco de las costumbres japonesas, el combate es todo un arte, y las coreografías están muy bien diseñadas y conducidas por un elenco mayoritariamente autóctono. ¿Su función? Hacer descollar y sobresalir a un enorme -literal- Jackman, poseedor de un cuerpo hercúleo que nunca se le percibió en anteriores entregas mutantes y que genera un sentimiento hormonal violento y feroz. Éste es el verdadero Wolverine en carne y hueso. Otro punto a favor es que no hay una cantidad ingente de mutantes en pantalla, a excepción de una misteriosa joven que puede anticipar la muerte, y Viper, una letal doctora con una siniestra agenda personal. La reducción de personajes con habilidades peculiares hace foco en el desarrollo de los mismos y no se convierte en una maratón con tal de llenar la pantalla de efectos especiales. El 3D, en ese sentido, se une a la lista de aditivos innecesarios, ya que no suma ni resta a la calidad de la película.

    Quizás no se sienta más que un escalón previo al festival mutante que promete X-Men: Days of Future Past -que se presenta en una rabiosamente efectiva escena post-créditos- pero The Wolverine es una amable nueva entrada en la querida saga de Marvel. Interesante, llevada con buen gusto por un portentoso Hugh Jackman que nació para este papel, no decepciona y arregla varios desbarajustes creados por la mala experiencia anterior.
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  • Rodolfo Weisskirch
    Rodolfo Weisskirch
    A Sala Llena
    Sushi Industrial

    Llegó “El combo del verano”. Pongamos unas piezas de samurais, otras de yakuzas, algo de manga y el resto de ninjas, y tenemos el plato de sushi ideal. ¡Ah me olvidaba! Este es un plato de un restaurante japonés atendido por estadounidenses, por lo tanto en el medio del plato viene la salchicha con mostaza: ¡Wolverine!

    ¿Y el gusto? Obviamente es artificial. Hay cosas que no se mezclan. James Mangold, un especialista en cocinar de todo, pero con una alarmante falta de gusto fresco, regresa a las andadas en esta secuela de la saga X Men. Sí, no se trata de la continuación del origen del personaje de Logan que vimos en 2009 con el sudafricano Gavin Hood detrás de cámaras, haciendo un video clip de secuencias ridículas, que derivaban en un película grasosa, pero entretenida. Esta vez se trata de una secuela de X Men 3: La Última Batalla, y Mangold demuestra una vez más su pretenciosa ausencia de personalidad con una película que solamente es rescatable por su secuencia inicial y una anecdótica escena post créditos...
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  • Cecilia Martinez
    Cecilia Martinez
    A Sala Llena
    Amado Inmortal

    La inmortalidad no es moco de pavo. Una cualidad, a simple vista codiciada por muchos, puede ser una terrible carga para quien la soporta desde hace siglos. Como los vampiros, atrapados para siempre en su cuerpo y en su eterna juventud, Wolverine tiene la capacidad de la auto-sanación, la imposibilidad de envejecer y, por ende, de morir.

    Nuestro héroe mutante es inmortal pero alguien ha descubierto la cura, el método para otorgarle finitud a su vida, para darle lo que todos tenemos pero no todos queremos, una vida común y corriente: enamorarse, tener hijos, trabajar, envejecer, morir. ¿Quién podría rechazar semejante oferta? A pesar del sufrimiento perenne, de ver morir a quienes ama, de una existencia vana, Wolverine no está dispuesto a entregar el don que lo hace tan especial, acaso en busca de esa muerte honorable que tanto se merece. No importa cuán tentadora resulte la oferta de mortalidad ni cuán miserable sea la vida de nuestro protagonista, deshacerse del don no es una opción...
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  • Fernando Alvarez
    Un samurai sin dueño

    "Los sueños que tienes te lastiman" le dicen a Logan en un momento del nuevo film solista que lo encuentra intentando dejar atrás un pasado tormentoso. El actor Hugh Jackman (visto recientemente en Los miserables) encarna una vez más al personaje icónico del universo de X-Men y se involucra en una nueva aventura.

    Wolverine Inmortal cuenta con la dirección de James Mangold, un realizador que maneja muy bien las secuencias de acción que presenta el relato (la que se desarrolla en el techo de un tren es espectacular) y además explora los conflictos personales que arrastra el superhéroe, quien ya no es tan inmortal como antes y siente en su cuerpo el impacto de balas y flechas que lo atraviesan.

    La historia, ambientada en Japón, cruza no de manera tan casual el camino de Logan y el de Yukio (Rila Fukushima), una joven experta en artes marciales con la capacidad de la videncia que marcarán un camino lleno de obstáculos que atraviesa una poderosa organización familiar cuando muere su líder.

    La trama se reserva además la presencia de la nieta Mariko (Tao Okamoto), quien está en constante riesgo; la mutante Viper (Svetlana Khodchenkova); la esposa de Logan (Famke Janssen) que reaparece en sueños y una amenazante banda de los Yakuza. Con estos personajes, el realizador focaliza el relato en una lucha sin cuartel que coloca en primer plano las peleas cuerpo a cuerpo, las persecuciones sinfín y, sobre el final, un despliegue tecnológico sostenido por un robot gigante.

    La lucha por vencer a la muerte, la inesperada vuelta de tuerca sobre el desenlace y las presiones que sufre Logan/Wolverine desde el comienzo de la historia, hacen de esta producción un buen entretenimiento. Después de los créditos hay una escena sorpresa que tiene lugar en un aeropuerto. Y las garras siguen afiladas...

    Como si fuera poco, se está filmando X-Men: Days of Future Past, la secuela directa de X-Men: Primera generación que cuenta con la dirección de Bryan Singer.
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  • Hugo Zapata
    Hugo Zapata
    Cines Argentinos
    La nueva película de Wolverine es otra muestra de la versatilidad que tiene el director James Mangold como artista.
    Pocos cineastas de su generación que surgieron en el circuito independiente en los ´90 lograron construir una filmografía tan ecléctica como la de este muchacho.
    Mangold debutó en 1995 con Heavy, un film de bajo presupuesto con Liv Tyler y desde entonces se dedicó a trabajar distintos géneros en cada proyecto que emprendió.
    Exploró el policial (Tierra de policías), el drama (Inocencia interrumpida), la comedia romántica (Kate y Leopold), el thriller psicológico (Identidad), la biografía musical (Johnny y June), el western (El tren de la 3:10 a Yuma) y la comedia de acción (Encuentro explosivo).
    Filmes completamente diferentes entre sí.
    Ahora incursionó en las aventuras de superhéroes donde ofreció una película claramente superior a lo que fue la primera producción solista de Logan en el 2009.
    La trama estuvo vagamente inspirada en los primeros cuatro números de la revista de Wolverine, que en 1982 presentó una serie limitada a cargo de Chris Claremont y Frank Miller, que narraba una historia con este personaje en Japón.
    Dentro de la bibliografía de este mutante ese relato se convirtió en un clásico con el correr del tiempo y en este caso tomaron elementos de esa propuesta y los trasladaron al universo de ficción del cine.
    No te vas a encontrar con una de las grandes películas de Marvel de los últimos tiempos pero es una buena propuesta con Wolverine que se disfruta ya que trabaja mejor al personaje, comparado con el último film, que por lo menos a mi no me terminó de convencer.
    Mangold hizo una película más comiquera que está claramente en sintonía con la revista del personaje.
    Un ejemplo de esto es la excelente secuencia de acción que transcurre arriba de un tren (probablemente el mejor momento del film) que tranquilamente podrías encontrar en una historieta de Wolverine.
    El incoveniente que tiene este estreno es que llega a los cines en la versión "apta para todo público" que no es la película original que filmó James Mangold.
    Para ver la versión completa que trabajaba la violencia de una manera más gráfica, donde también corría más sangre, habrá que esperar al lanzamiento del dvd y Blu Ray con el corte del director, que además tendrá como 12 minutos adicionales que tuvieron que editar.
    Así lo confirmó el propio Mangold esta semana.
    Igual está buena la película y Hugh Jackman que tiene completamente dominado al personaje es quien se carga al hombro toda la producción y la saca adelante.
    Creo que la elección de filmarla en Japón fue un acierto y hay muy buenas locaciones que se destacan en la historia, además de la participación de los ninjas que siempre son bienvenidos en propuestas de este estilo.
    Con respecto al 3D que es algo que siempre preguntan los lectores en este caso lo dejo opcional.
    El formato está mucho mejor aplicado que en otros estrenos recientes pero no fue trabajado con una finalidad narrativa en este film, entonces no es algo obligatorio para disfrutar la historia.
    Es decir, está bueno en algunos momentos de la trama pero la podés ver en el formato común y no afecta el visionado de la película.
    Algo más importante para destacar es la escena extra después de los créditos finales que califica como una de las mejores yapas de Marvel en el cine.
    No voy a adelantar nada, pero es maravillosa y redime el fiasco final de Iron Man 3.
    En fín, un buen regreso de Wolverine que no defrauda y ofrece un gran entretenimiento dentro de este género.
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  • Benjamín Harguindey
    Benjamín Harguindey
    EscribiendoCine
    El Sr. Wolverine va a Japón

    En Wolverine: Inmortal (The Wolverine, 2013), Wolverine va a Japón y lucha contra yakuzas, ninjas, samuráis, ciborgs, mutantes y Ministros de Justicia. Si esa no es su idea de una buena película de acción, nada de lo que diga a continuación importará. Dicho esto, para tratarse de la secuela de la precuela de una trilogía que pronto será tetralogía, Wolverine: Inmortal no sufre el yugo de una cansada franquicia como suele ser la de los X-Men y está hecha con diversión y – perdonen la expresión – garra.

    El mutante Wolverine (Hugh Jackman) es inmortal y ha perdido la voluntad de vivir luego de los sucesos de X-Men: La decisión final (X-Men: The Last Stand, 2006). Posee un deseo de muerte, aquí simbolizado por la joven, la heroica, la bella, la asesinada Jean Grey (Famke Janssen), que le espera en el más allá en un baby-doll blanco. Wolverine es entonces convocado por un viejo amigo llamado Hashida, que se encuentra en su lecho de muerte en Tokio. Tiene un trueque para proponerle: la inmortalidad de uno por la mortalidad del otro.

    Cómo se hace esto exactamente jamás queda explicado, pero no importa, porque pronto Wolverine se ve enredado en un maquiavélico (aunque innecesario, si lo pensamos dos veces) plan que involucra a los susodichos yakuzas, ninjas, samuráis, ciborgs, mutantes y Ministros de Justicia, además de la hija de Hashida, Mariko (la sexy modelo Tao Okamoto, en su primer papel), de quien deberá enamorarse mientras la escolta y/o rescata.

    Otros mutantes invitados son Yukio, que puede predecir la muerte; Harada, el famoso “Samurai de Plata” y Viper, cuya halitosis mata. Por primera vez el elenco no está desbordado de personajes inútiles y la trama se concentra exclusivamente sobre Wolverine. Enhorabuena. Hugh Jackman le interpreta por sexta vez y cuenta con el carisma y desapego Mel Gibson-iano necesario para cargar con una película de X-Men por sí solo.

    Básicamente tenemos un escenario del clásico “ser o no ser” que se ha puesto tan popular últimamente entre el género de superhéroes, interrumpido por el hecho de que el superhéroe en cuestión es Wolverine y comparado a cofrades más morbosos como Superman o Batman, es un tipo relativamente sencillo cuyo dilema es presentado, desarrollado y resuelto en el primer acto. El resto de la cinta se la pasa apuñalando malos y, en menor medida, rozando culturalmente con un Japón exótico donde el feudalismo y la modernidad parecen convivir hasta el día de hoy.

    ¿Es Wolverine: Inmortal una buena película de acción? Sí, aunque con las imprevisiones ridículas y azarosas del guion, recuerda más a una buena película de aventura o a un juego de arcade, en la que el héroe ha de desplazarse constantemente de un escenario a otro con cualquier variedad de enemigos acechándole a cada paso. ¡Por fin! Una película de acción que no siente la necesidad de inyectar ejemplos de patriotismo y terrorismo en la trama para elevar la seriedad de su historia o entretener a su público. Y otra cosa: si es de Marvel, probablemente haya una escena extra luego de los créditos.
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  • María Gabriela Losino
    El multifacético Hugh Jackman vuelve a ponerse en la piel del personaje que, según sus propias declaraciones, tanto le gusta interpretar y al que -nunca tan bien utilizado el término- le imprime mucha "garra". Wolverine, tal vez el más icónico del universo de los X-Men de la Marvel Comics, regresa a la gran pantalla en esta secuela de la película del año 2009, la cual repasaba los primeros años en la vida del mutante ("X-Men Orígenes - Wolverine").

    Como sabemos, Logan es inmortal debido a que puede regenerarse y está cansado de que pasen los siglos sin un motivo por el que seguir viviendo. Su condición, lo ha llevado a vivir guerras, batallas y también muertes de sus seres queridos, y ha llegado a un punto en el que ha sufrido un gran desgaste.

    La trama de este film dirigido por James Mangold ("Inocencia Interrumpida", "El Ttren de las 3:10 a Yuma", "Johnny y June - Pasión y Locura"), basado en la serie limitada de historietas creada por Chris Claremont y Frank Miller, se desarrolla luego de los sucesos vistos en "X-Men: La Batalla Final", la tercera parte de la trilogía en la que Wolverine tuvo que acabar con la vida de su amada Jean Grey (breve aparición de Famke Janssen) porque, como Fénix, era peligrosamente destructiva.

    Aquí lo vemos tratando de lidiar con sus propios demonios, alejado de todo y de todos, viviendo como un completo hermitaño. Pero uno día es contactado por Yukio (la debutante Rila Fukushima), una joven que puede predecir el futuro y que es enviada a buscarlo por un antiguo conocido suyo a quien salvó hace muchos años atrás en la ciudad de Nagasaki durante la caída de la bomba atómica que culminó con la Segunda Guerra Mundial.

    Se trata de Hashida (Haruhiko Yamanouchi), un poderoso empresario japonés que se encuentra en su lecho de muerte en Tokio, quien -antes de morir- quiere agradecerle a Wolverine, en persona, dándole un "regalo": su mortalidad a cambio de la inmortalidad que tanto le pesa al protagonista.

    Pronto, Logan se ve inmerso en un complejo plan de traiciones en el que también están involucrados una peligrosa mutante llamada Viper (Svetlana Khodchenkova), yakuzas, ninjas y samurais que tienen como objetivo eliminar a Mariko (interpretada por la modelo y actriz Tao Okamoto), la nieta de Hashida, quien es protegida por un Wolverine vulnerable, herido y sin su capacidad de sanar.

    Repleta de acción, la trama de fondo profundiza la construcción narrativa de este gran personaje formidablemente interpretado por Jackman, haciendo hincapié en el dilema interno que atraviesa Wolverine, entre parecerse a un animal o a un ser humano.

    Consejo: No levantarse de la butaca en el final, porque entre los créditos hay una increible escena adicional que enlaza con la tan esperada "X-Men: Days of Future Past" que se estrenará en mayo de 2014.
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  • Alexis Puig
    Alexis Puig
    24 x Segundo
    La primera entrega de Wolverine en solitario, había sido fallida. Esta secuela es mucho más efectiva. Primero, porque es una historia sin tantas líneas argumentales paralelas, por el contrario se centra en la personalidad y los conflictos de Logan, presentándolo como un personaje oscuro y torturado, peleando contra sus demonios internos. Segundo, el desarrollo de la acción en Japón, permite el lucimiento en los rubros artísticos: luz, decorados y dirección de arte, que se valen de las bondades de la estética cinematográfica del país del sol naciente. Y tercero, la acción, este filme la tiene, permite combates que presentan al héroe de las garras frente a frente con samurais, miembros de la yacuzza y hasta ninjas. Algunas secuencias, como la que se desarrolla en el techo de un tren de alta velocidad, cortan la respiración. En contrapartida, el filme es largo... Demasiado pretencioso y por momentos se toma muy en serio una historia y un personaje que proviene del cómic y que no necesita de tanta solemnidad para resultar efectivo.
    Para incondicionales de los X-men y fanáticas de Jackman.
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  • Gaspar Zimerman
    Afiló más las garras

    Mejor que la primera, igual no alcanza el nivel de la saga X-Men.

    La tetralogía de los X-Men es -junto a las Batman de Christopher Nolan, a Watchmen, y a la primera Iron-Man- de lo mejor de esa avalancha de películas de superhéroes que empezó hace unos quince años. Y Wolverine es uno de los personajes más atractivos de la saga. ¿Por qué no iba a tener sus propias aventuras? Y... A veces pasa: el líder de una banda de música trata de emprender una carrera solista y ahí descubre cuánto necesitaba al grupo. A Wolverine le ocurre algo así: si su primera película había sido floja, esta segunda levanta un poco la puntería, pero no logra acercarse al nivel de las protagonizadas por el equipo X-Men a pleno.

    Esta vez la acción se traslada a Japón y su universo de yakuzas, ninjas y samuráis. Una buena idea, que podría haber sido aun más explotada. Lo mejor, como en la anterior, ocurre en la primera media hora, y después todo se va desinflando en los vericuetos de un guión muy repetitivo y con unos cuantos giros forzados. Hay dos recursos oníricos demasiado reiterados: las pesadillas del héroe, que se pasa media película despertándose sobresaltado, y la aparición de un mutante conocido -mejor no adelantar cuál- que al principio genera sorpresa y después termina fastidiando.

    Las peleas son vertiginosas y los efectos especiales, como de costumbre, impecables: dos puntos fuertes que los anteojitos 3D realzan. Lo que falta es un archivillano de peso. El atormentado Wolverine es interesante (aunque a Hugh Jackman no le haría mal un poco menos de gimnasio y un poco más de tablas) pero, como cualquier superhéroe, no puede cargar solo con toda la película. Aquí uno de los malvados permanece en las sombras y a Viper -la rusa Svetlana Khodchenkova-, que pone más el cuerpo, no le da el piné. (Al margen: ¿qué pasó con las mujeres de esta película? Son la apología andante de la anorexia).

    “Tenía que demostrar que podíamos haber hecho mejor las cosas. Cruzo los dedos, pero sé que esta vez nos salió bien. Estoy convencido de que lo conseguimos”, declaró Jackman. Y sí, esta salió mejor que la anterior, pero no tanto. Igual, a no desesperar: el año próximo vuelve la formación completa de los X-Men, con Magneto y Bryan Singer a la cabeza.
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  • Diego Batlle
    Diego Batlle
    La Nación
    Con la excepción de Robert Downey Jr. como Tony Stark/Iron Man, nadie ha estado tanto en pantalla en el papel de un personaje de Marvel como Hugh Jackman. Mientras se espera el regreso de los X-Men para el año próximo con Days of Future Past , el personaje de Logan /Wolverine tiene un nuevo film en solitario que -sin ser una maravilla- constituye una suerte de revancha y de reivindicación frente a la decepcionante X-Men: Orígenes - Wolverine (2009).

    El director James Mangold, un sólido artesano de la industria que ha realizado dignos films como Tierra de policías, Johnny & June: Pasión y locura; El tren de las 3:10 a Yuma y Encuentro explosivo , prescinde bastante de las explosiones y de la habitual ametralladora de efectos visuales para narrar una película "japonesa" en muchos sentidos. Más allá de haber citado al cine de Akira Kurosawa y Yasujiro Ozu como fuentes de inspiración y de estar casi íntegramente ambientada en Tokio, Nagasaki y alrededores, Wolverine: Inmortal tiene más de ninjas, samuráis y yakuzas, de artes marciales, de mitología y rituales nipones, que de monstruos o acumulación de imágenes espectaculares generadas por computadora.

    Tras un prólogo que transcurre justo cuando la bomba atómica explota en Nagasaki, el film salta a la actualidad. Vemos que Logan se ha convertido en un alma en pena, una suerte de vagabundo de aspecto descuidado que reniega por completo de su pasado. Mientras se pelea con unos cazadores en un bar de pueblo, aparece en escena una extrañísima joven llamada Yukio (Rila Fukushima), que lo convence de viajar a Tokio para ver a un anciano moribundo, a quien conoció durante la Segunda Guerra Mundial y que ahora es el empresario más poderoso de Japón.

    Ya en su nuevo destino, Logan descubrirá que las cosas no son tan sencillas como parecían y quedará en medio de una lucha entre gángsteres, con políticos e industriales involucrados, y, por supuesto, con una despiadada mutante como rival: Viper (Svetlana Khodchenkova). Pero el motivo principal para volver a las fuentes de Wolverine será, claro, el amor, ya que mientras tiene que cuidar a Mariko (Tao Okamoto), joven y bella heredera del imperio de su abuelo, se irá enamorando de ella.

    Basado en el cómic A Ronin's Story (1982), de Chris Claremont y Frank Miller, Wolverine: Inmortal trabaja una veta existencialista (que tiene que ver con la "condena" de la inmortalidad a la que alude el título), pero que está lejos de la complejidad y las ambiciones de, por ejemplo las Batman, de Christopher Nolan. Más allá de sus picos de solemnidad y de humor, las comparaciones van por el lado del cine de yakuzas de Takeshi Kitano, de la saga de Kill Bill (aunque le falta más desparpajo, estilización y referencias pop para "dialogar" con Quentin Tarantino) y de una tensión que remite al William Friedkin de Contacto en Francia .

    Jackman convence tanto en las peleas cuerpo a cuerpo (incluso cuando debe enfrentar a un gigantesco samurái plateado) como cuando tiene que sostener las escenas dramáticas (que no son particularmente inspiradas). Tampoco se destaca demasiado el trabajo con el 3D, a todas luces innecesario y hasta distractivo. No estamos, por lo tanto, ante una película revolucionaria (ni siquiera del todo redonda), pero que sí surge como una bienvenida rareza dentro del universo Marvel.

    Nota: Fiel al espíritu de las películas de superhéroes, tras los créditos finales hay una larga (y buena) escena sobre... el inminente regreso de los X-Men. Los fans de la saga quedan avisados para no abandonar raudamente la sala.
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  • Juan Pablo Cinelli
    El renegado la va de samurai

    Suerte de western fantástico, la nueva entrega de la saga del lobizón solitario ahora transcurre en Japón y tiene el encanto del héroe que se resiste a serlo, pero que no puede evitar involucrarse, incluso emotivamente, con cada situación.

    El cine actual está lleno de superhéroes: son ellos quienes hoy alimentan (y muy bien) a los miles que maman de la gran teta de Hollywood. Que tres de las que más millones juntaron durante 2012 fueran películas del palo (Los vengadores, la última Batman de Christopher Nolan y el reinicio de la saga Spiderman), o que en lo que va de 2013 se estrenaran Iron Man 3 y El hombre de acero (alias Superman), y que ambas ya estén entre las tres más vistas del año a nivel global, son ejemplos perfectos al respecto. Para completar el trío de aces se estrena Wolverine: Inmortal, nueva aventura del personaje más popular de la saga X Men y uno de los más carismáticos de la factoría Marvel. Tan importante es el personaje que además es el que catapultó al estrellato al australiano Hugh Jackman, quien libra por libra es uno de los actores más exitosos del momento.

    La primera secuencia del film transcurre en Nagasaki justo el día de la bomba. Ahí está Logan (o Wolverine), prisionero del ejército japonés, que terminará esa jornada abominable salvándole la vida al oficial Yashida, uno de sus captores. Esa escena inicial posee una intensidad dramática que hace que el comienzo sea alentador. Logan sufre una mutación congénita que le permite autosanar sus heridas; pero además fue víctima de un experimento en el que sus huesos fueron revestidos de un poderoso metal, combinación que lo vuelve invulnerable incluso al fuego nuclear. Es literalmente inmortal, un poder que lejos de ser vivido como un don, significa para él un trauma y un castigo. Setenta años después, Yashida se ha vuelto uno de los empresarios más poderosos del Japón, y a punto de morir se propone devolver el favor: si Wolverine una vez le salvo la vida, él ahora le ofrece volverse mortal. Pero será Yashida el que morirá. Y para complicar la cosa, si la Pampa tiene el ombú, el Japón tiene la Yakuza, que por algún motivo oscuro se quiere cargar a Mariko, la nieta de Yashida.

    El peso específico de Wolverine como personaje lo impuso como uno de los centros en torno de los cuales giraban los tres episodios de X Men (estrenados entre 2000 y 2006). Esa misma fatalidad lo convirtió en 2009 en el primero de los mutantes de Marvel en tener película propia, en la que se narraba el origen del mito. Que no por casualidad se remontaba hasta la América del Norte colonial y a partir de ahí seguía el derrotero del héroe por la historia estadounidense. Porque Wolverine tiene algo de descastado y marginal, de jinete solitario que lo emparienta con los fundacionales héroes del Oeste, esos renegados que acababan convertidos en justicieros porque no les quedaba otra. Pero sobre todo tiene algo del Clint Eastwood de la Trilogía del Dólar; tanto que hasta los actores se parecen físicamente. (Raro que a nadie se le ocurrió todavía hacer con Jackman una remake de Harry el Sucio.) Curiosamente esta película lo lleva bien al oeste, hasta Japón.

    Suerte de western fantástico, Wolverine: Inmortal tiene el encanto del héroe que se resiste a serlo, pero que no puede evitar involucrarse, incluso emotivamente, con cada situación. Hay otra buena escena cuando el relato salta elípticamente de Nagasaki a la actualidad, en la que Logan, convertido en un vagabundo del bosque, venga la muerte de un oso a manos de un grupo de cazadores en una típica cantina de ruta, que no sólo subraya la debilidad del personaje por las nobles causas perdidas, sino que remeda las clásicas trifulcas de saloon. Igual que los héroes de Eastwood en los films de Leone, Wolverine es un forastero en rodeo ajeno que debe apelar a la astucia aun cuando la brutalidad es su mejor arma. Y hasta levanta las cejas en el momento oportuno, igual que Joe, Monco y Blondie. Jackman conoce al personaje de memoria y cada película confirma que su presencia en aquel primer episodio de 2000 fue el gran acierto de Bryan Singer. A pesar de todo eso y de algunas buenas escenas de acción (una de ellas en el techo de un tren, infaltable en un western, aunque se trate de un tren bala), la película va perdiendo densidad. Tal vez se deba a la ausencia de un villano que consiga contrapesar al héroe y dar la talla en términos dramáticos. Y, ya se sabe, no hay buenas películas de superhéroes o de vaqueros sin un buen villano.
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  • Santiago García
    Santiago García
    Tiempo Argentino
    El sueño de la vida no eterna

    Hugh Jackman vuelve a ponerse en la piel del superhéroe de X- Men en la segunda entrega de esta saga. La historia lo reconecta con su pasado, cuando sobrevive junto a un soldado japonés a la bomba de Hiroshima.

    Marvel Comics encontró en los X Men (creados en la década del sesenta) una franquicia que no parece tener límites. Prueba de ello es la saga independiente que protagoniza el más popular de sus héroes: Wolverine. Hugh Jackman vuelve a interpretarlo aquí, en una historia que explora los fantasmas del personaje, sus dudas, su amarga condición de inmortal. En esta nueva película la historia lo vuelve a conectar con su pasado, cuando sobrevive junto con un soldado japonés a la bomba atómica de Hiroshima. Años más tarde, ese soldado ya anciano, convertido en un multimillonario pero a punto de morir, lo convoca una vez más para expresarle su última voluntad.
    Así que esta vez la historia transcurre en Japón, con yakuzas, ninjas y tren bala incluido. No es un disparate esta rama japonesa del personaje, existente previamente a la llegada de Wolverine al cine. Pero mucho más allá de las conexiones con el cómic, esta película tiene vida propia. Hugh Jackman sostiene sobre sus hombros una trama donde no hay estrellas, más allá de un par de rostros orientales conocidos (nacidos en Estados Unidos o no). Lo mejor de la película es la manera en la que elige su tono y lo sostiene. Con un buen uso del 3D, muy expresivo y funcional al relato, el director James Mangold le da a la película coherencia y estilo. En épocas de films taquilleros que intentan ser muchas películas a la vez, Wolverine decide ser una sola, apuesta a algo, arriesga y gana. No todo funciona y hay algunos personajes flojos, pero en promedio sale airosa. También se da el lujo de jugar con ideas más complejas, como la relación Japón-Estados Unidos, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. La película muestra, después de todo, las consecuencias de la guerra. No nos olvidemos que las historietas son un medio de consumo juvenil, pero también son una forma de arte que hace una lectura del mundo. Dos o tres escenas de acción muestran que la película también sabe entretener e impactar como espectáculo y que Jackman es un buen héroe de acción, a pesar de haber probado muchos otros registros en otras películas.
    Para quienes admiren al actor y a su interpretación de Wolverine, les tengo una buena noticia: habrá más. No hay que levantarse de la butaca, en mitad de los títulos hay una escena muy importante que da información adicional.
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  • Pablo Mc Fly
    Pablo Mc Fly
    Cine con Mc Fly
    VideoComentario (ver link).
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  • Fernando Sandro
    Fernando Sandro
    El Espectador Avezado
    El universo Marvel parece tener la particularidad de ser, como mínimo, polifacético. En él conviven “armoniosamente” distintos mundos y realidades y así también historias disímiles.
    Desde los clásicos films de superhéroes de Los Vengadoes y cada uno de sus integrantes en particular, al drama de un adolescente nerd con doble identidad de Spiderman, a la Ciencia-Ficción pura de los X-Men, la suerte de terror de Blade y Ghosth Rider, y las más directa acción de Daredevil y su Spin-Off Elektra.
    Dentro de ese universo se ubican las películas Wolverine, y la lógica indicaría que siga las riendas de sus orígenes en X-Men. Sin embargo, tal cual se vislumbró en X-Men Orígenes:Wolverine y ahora se confirma en Wolverine:Inmortal, Guepardo, cuando está solo, opta por la acción a raudales.
    Para quienes no conozcan de historietas, Wolverine maneja una línea propia además de seguir al grupo de mutantes, y cierto es que de ahí proviene una inclinación más propensa a la acción. Para quienes sí sean lectores del comic, Wolverine: Inmortal sigue, muy libremente, la Saga del Samurai de Plata, y las licencias no solo están en cuanto a la historia en sí sino sobre el lineamiento de los personajes, veamos.
    La acción se ubica tiempo después de X-Men: La Batalla Final; Wolverine (Hugh Jackman en un rol que ya adoptó y compró) está atormentado por la muerte en sus manos de su amada Jean Gray (Famke Janssen con cara de por qué me sacaron de la franquicia) que se le aparece en sueños.
    Es así como vive oculto del mundo, hasta que una joven oriental, Yukio (Rila Fukushima) lo localiza y lo traslada hasta Japón con la supuesta excusa de darle la despedida a un ex aliado en un campo de concentración en Nagasaki, Yashida (Haruhiko Yamanouchi) actual magnate empresarial moribundo.
    Lo cierto es que el anciano le propone a Logan/Wolverine otorgarle la mortalidad transfiriendo su don de la inmortalidad para acabar con un sufrimiento eterno. Esta paz en el argumento no durará demasiado, pronto se desatará la muerte del anciano y Logan deberá proteger a Mariko (Tao Okamoto), nieta y heredera del magnate, de un clan de mafia Yakusa en el cual parece estar metido el propio padre de Mariko, y la peligrosa Viper (Svetlana Khodchenkova) una poderosa y ambiciosa mujer con variados dones que se irán conociendo a lo largo de la trama.
    Luego que la anterior entrega en solitario de Wolverine no rindiera lo económicamente esperado, se había anunciado para esta un cambio de estilo. Lo cierto es que estamos frente a un argumento clásico de film de acción, el típico y transitado del recio protegiendo a la damisela en peligro con todas las reglas del manual adentro, incluido el romance y si es mejor el exotismo de las tierras lejanas.
    Wolverine: Inmortal se plantea como un film de acción puro, y la verdad es que avanza a fuerza de escenas adrenalínicas. El multifacético James Mangold toma acá la dirección y lo hace casi en piloto automático, talvez hubiese convenido algún director oriental experto en films de artes marciales; así y todo, Mangold cumple su labor y algunas escenbas tienen real vértigo.
    Jackman hizo suyo al personaje, y hay para el deleite de todos, desde la estrella de acción, hasta la semidesnudez para las chicas, y la comicidad natural que le aporta al personaje. Este protagonismo absoluto a la vez se consume al resto, que resultan mucho menos interesantes, sobretodo Viper con severos cambios desde su original del comic asemejándola a una suerte de Jade del videojuego Mortal Kombat.
    En los ’80, la Cannon Group. Se especiazó en films de americanos introduciéndose en el mundo de la acción oriental; Wolverine: Inmortgal parece retomar ese camino, con aciertos y errores, y entregando precisamente eso, piñas, patadas, armas, japoneses peleando en traje, y Logan desplegando sus garras contra ellos en todo momento.
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  • Santiago Balestra
    Una sensatamente escrita y cabalmente dirigida entrega del héroe de las garras.

    Vos sabes que un personaje goza de una popularidad descomunal cuando le pedís a alguien que te nombre por lo menos un personaje de los X-Men y la respuesta, del más acérrimo espectador al más neófito, suena algo parecida a “Guepardo” o “Buolberin”. Tan presente esta en el imaginario colectivo este personaje que, en términos generales, se ha vuelto un sinónimo del grupo al que pertenece.

    El salto del comic a la gran pantalla no hizo más que potenciar esta cuestión, a tal punto que Hugh Jackman, un actor australiano completamente desconocido, encontró la fama instantánea al interpretar al querido Logan. De este modo, hizo despegue una carrera que, a base de un sólido talento, logro florecer más allá de este personaje, pero al que siempre vuelve de tanto en tanto con profesionalismo y gratitud; últimamente más lo segundo que lo primero.

    Pero la popularidad es un arma de doble filo.

    Habiendo igualado en el cine la popularidad conseguida en el medio impreso, los estudios se plantearon darle al personaje su propia película del mismo modo que tuvo comics dedicados íntegramente a él. Esto se materializo con el estreno en 2009 de X-Men Orígenes: Wolverine. La película dirigida por Gavin Hood, director de la ganadora del Oscar Tsotsi, fue, a mi parecer, una película con mucha acción y casi nada de drama ––eso sí, un muy buen laburo de Liev Schreiber como Sabretooth––; primordialmente porque lo que nos atraía de Wolverine no era su aspecto de lobo solitario, sino lo que generaba esa soledad; la de desconocer quién era. Por lo que esa película no presentaba un interés mas allá de “Que copado, es inmortal, mira en todas las guerras que estuvo” o “Nah, ¿Las garras que tenia eran orgánicas?”, y una vez que pasaba decías “Va, va, que pierda la memoria, que tengo que ir al baño”.

    Esta nueva iteración a cargo de James Mangold, un realizador con mucho peso dramático, pero que también sabe pilotear muy buenas películas de género, nos trae a un Wolverine en el polo opuesto de la soledad arriba mencionada; solo que esta vez esa soledad es producto de la culpa. Y esto, amigos míos, es lo que hace a esta película sobresalir, por lo menos en comparación a la otra película en solitario del personaje.

    ¿Cómo está en el papel?

    Dejemos una cosa clara desde el vamos: Esto no es una secuela de X Men Orígenes sino una secuela de X Men: The Last Stand. Logan se recluye en el bosque, lleno de culpa por haber causado la muerte de Jean Grey, al punto de tener constantemente pesadillas con la mencionada pelirroja como protagonista.

    Nuestro protagonista es contactado por una japonesita, muy habilidosa con la katana por cierto, que viene a buscarlo a pedido de su patrón, un anciano que está a punto de morir y desea que Logan viaje a Japón para poder despedirse. Resulta que, hace muchos años, Logan le salvo la vida a este caballero, que de otro modo habría muerto en el bombardeo atómico en Nagasaki. Este anciano le ofrece a Logan terminar con la vida eterna que tantos problemas le ocasiona transfiriéndosela a él, para terminar con la enfermedad que lo aqueja. Logan rechaza la propuesta y trata de decirle al viejo que la vida eterna no es como la pintan.

    Con esta negativa se presentan dos problemas. Uno, una rubia llamada Viper le quita los poderes metiéndole un bicho dentro de su organismo al mejor estilo The Matrix. Dos, tiene que proteger a la nieta del ahora fallecido japonés, que es la heredera de su fortuna y tiene a los Yakuza (los puños envenenados del pacifico, LA MAFIA JAPONESA, diría Maude Flanders) mordiéndole los talones.

    Este es el argumento de la película, y aunque estructuralmente funca como un mecanismo de relojería, esta privilegia mas el viaje emocional del personaje más que cualquier otra cosa. Hay escenas de acción a rolete, obviamente, pero lo que quiero destacar fue el acierto de los guionistas, Mark Bomback (Duro de Matar 4.0) y Scott Frank (Get Shorty), de equiparar y darle el tiempo justo y necesario tanto a las escenas de acción como a las emocionales; una movida bienvenida en la narración cinematográfica superheroica que casi siempre, y con resultados fallidos, siempre elige uno de los polos y lo sazona con el opuesto.

    Cualquier otro guionista, ante este concepto de un Wolverine sin poderes, se habría limitado a meterle cuanto obstáculo se le ocurra para ver como cazzo hace para zafar si no tiene poderes. Bah, sabemos que va a zafar, pero lo que nos compra de estas pelis no es el que, sino el cómo. No es el caso de The Wolverine. Acá el objetivo no es proteger a la heredera; esa es la excusa para meter las escenas de acción, ya que de otro modo nos encontraríamos ante el mismo dilema del Hulk de Ang Lee. Esta es la historia de cómo Logan sobrelleva la culpa, recupera su honor, y se acepta por quien es. Estableciendo así la diferencia entre un dilema existencial manifestado a través de la acción en vez de un dilema existencial que “oh, casualidad” tiene acción.

    ¿Cómo está en la pantalla?

    James Mangold es el director ideal para este proyecto; así como el guion de The Wolverine tiene una justa medida de acción y drama, la filmografía de este director es precisamente eso: Ha dirigido dramones como Heavy, Inocencia Interrumpida, Walk the Line y Kate y Leopold; pero también ha dirigido películas fuertemente genéricas como son Cop Land, Identity, 3:10 to Yuma y Knight and Day. Esta iteración del héroe de adamantium tiene a ambas instancias en perfecto equilibrio. Aunque las escenas de acción están tremendamente logradas por el nivel de tensión que manejan, esta película nos llega por las escenas que son un poco mas dramáticas en las que se debaten los temas que propone la película. El excelente pulso narrativo de Mangold es lo que lleva a esta película a buen puerto.

    Hugh Jackman ha recorrido un largo camino desde aquella primera película de X Men, y no obstante, ha conseguido mantener en su interpretación esa lucha interna que posee el personaje, otorgándole nuevas dimensiones; muy necesarias ahora que los detalles de su personaje no son tanto un misterio como lo fue en películas anteriores.

    Conclusión

    Un titulo que cumple con la acción que promete, y donde, atípicamente, las emociones están adelante de todo, sin llegar a la “mariconada” de la que se acusa a la gran mayoría de las películas de superhéroes en la actualidad. Este perfecto equilibrio es lo que hace a esta película recomendable. Eso sí, quédense a los créditos, porque tiran una sorpresa que no la van a poder creer.
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  • Rodrigo Seijas
    Aprobado con lo justo

    Wolverine: inmortal es un poco como esos alumnos no muy brillantes, que no estudian mucho no porque no quieren, sino porque ni siquiera pueden, y que en las instancias de exámenes sudan la gota gorda, porque son demasiado conscientes de que el asunto les va a costar una enormidad. Con suerte, aprueban con lo justo, ya sabiendo que el siguiente test les va a costar igual o más. Como ellos (como yo, con algunas materias de la facultad), la película avanza y llega a su objetivo de pura terca, a pura fuerza de garra y voluntad, porque más para ofrecer no tiene.
    Lo raro es que Wolverine: inmortal es un film con recursos, y no sólo monetarios: tiene a un personaje fuerte, con una sólida mitología detrás; lo precede una trilogía como la de X-Men que tiene algunos aspectos más que destacables; y a un actor estupendo como Hugh Jackman, que supo adecuarse a la perfección al rol. Pero creo que muy pocos (incluso entre los fanáticos de los cómics) tenían expectativas altas con el proyecto. Y menos aún si recordamos (¿alguien la recuerda?) a X-Men orígenes: Wolverine, precuela intrascendente que venía a contarnos lo que ya sabíamos de antes, y que encima para hacerlo no se le ocurría ni una idea piola. Para colmo, el proceso de producción no contó con pocos problemas, ya que casi a último momento se bajó el director Darren Aronofsky, que fue reemplazado por James Mangold. Entonces la película se convierte en uno de esos alumnos de los cuales se espera poco y nada, y al cual se le reconocen quizás un poco más de la cuenta los pocos méritos que pueda alcanzar. Terminamos siendo, como espectadores o críticos, seres casi piadosos, cuando con otras películas somos individuos despiadados.
    Arranquemos un poco entonces con la piedad. Hay que reconocerle al film que acierta en situar la historia después de los acontecimientos de X-Men: la batalla final, ya que eso le da un nuevo aire e impulso para seguir explorando lo que verdaderamente interesa en Wolverine: no tanto cómo lo marcaron determinados acontecimientos en su larga existencia, sino cómo lidia con esas heridas y trata de curarlas. De ahí que tengamos al protagonista incapaz de olvidarse de la muerte de Jean Grey, vagando de forma errante por Estados Unidos (tal como al principio de X-Men), hasta que es invitado a viajar a Japón para despedirse de un anciano agonizante a quien supo salvarle la vida cuando estalló la bomba atómica en Nagasaki (referencia política sutil, que hasta podría pensarse como involuntaria), y quien le ofrece como regalo la posibilidad de hacerlo mortal, transfiriéndole sus poderes. Sin embargo, se verá metido en todo un entramado atravesado por los yakuzas, la corrupción política, ambiciones familiares y corporativas, ninjas, una mutante más mala que la peste bubónica llamada Viper y, obviamente, una mujer, hermosa ella, que constituye la chance de dejar un poco atrás los golpes del pasado.
    El relato amenaza durante unos cuantos momentos con enredarse demasiado y sin razón, como esos alumnos (seguimos con la metáfora estudiantil) que por intentar chamuyar y agregarle líneas a sus exámenes terminan yéndose por las ramas, pero por suerte Mangold (que tiene un par de antecedentes muy auspiciosos, como Encuentro explosivo y la remake El tren de las 3.10 a Yuma) es de esos artesanos que no destacan, aunque saben cómo contar lo que tienen entre manos sin desbocarse. En consecuencia, la noción de viaje -el film es casi como una road movie- adquiere sentido, porque se va hilvanando un camino donde el pasado traumático se actualiza en el presente, pero para terminar con el trauma. El realizador no abusa de las secuencias de acción -a pesar de filmarlas con bastante efectividad- e incluso apuesta por el drama hecho y derecho, construyendo la historia de amor con lo mínimo indispensable, aunque sin dejar de conseguir empatía con lo que se está viendo. Y cuando la película parece que va a desbandarse en base al ruido y los efectos especiales, recompone el factor humano a tiempo, cerrando el pequeño cuento que tiene para narrar.
    Aún así, Wolverine: inmortal no deja de compartir el mismo dilema que otros films de superhéroes como Linterna verde, Hulk: el hombre increíble, Capitán América: el primer vengador, Thor, X-Men: Primera Generación, El sorprendente Hombre Araña o incluso El hombre de acero, vinculado a su verdadera necesidad dentro del espectro cinematográfico. No estoy diciendo que sean malas películas (bueno, Linterna verde lo es): poseen puntas de análisis interesantes, desarrollan sus historias con efectividad y tienen atrás a directores capaces que llevan a buen puerto los proyectos. Sin embargo, no terminan de respirar con vida propia, necesitan demasiado de un público cautivo, que las convierten en acontecimientos casi extracinematográficos, aún antes de ser estrenadas. Incluso son subsidiarias de otras películas, como Los vengadores (o la siguiente entrega de Superman, donde compartirá pantalla con Batman). Llegan con toda su parafernalia marketinera atrás, ofrecen un gran despliegue, divierten durante unos cuantos momentos sin ofrecer nada demasiado nuevo, terminan y poco tiempo después uno las olvida, porque lo cierto es que no hay mucho para recordar. No se queda con villanos memorables, como en Batman: el caballero de la noche, o con relatos que sacuden su percepción (como en Iron Man 3). Ni siquiera con diálogos hilarantes o confrontaciones demoledoras, como en Los vengadores.
    A Wolverine: inmortal se le nota demasiado que es la excusa para el posterior salto a esa reunión que acabará con todas las reuniones que será X-Men: days of future past, con todos los mutantes juntos, enfrentados a un desafío mayúsculo representado cuasi simbólicamente por los Centinelas. La unión entre Fox y Marvel, con este film, aprueba raspando, porque el examen que verdaderamente les interesa es otro, y es recién el año que viene.
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  • Isabel Croce
    Isabel Croce
    La Prensa
    Avatares de ninjas y yakuzas

    Con excelentes efectos especiales, "Wolverine: inmortal" incluye espectaculares persecuciones y peleas en el final (más la inicial en los techos del tren bala) y hasta deportivos parkours (saltos en el vacio de un techo a otro) por todo tipo de pagoda que se presente, lo que permite mostrar la elasticidad de Logan (Hugh Jackman) y sus enemigos.

    Prolongación de la saga marvelliana de Los "X-Men", el superhéroe de las garras retráctiles, Logan o Wolverine (Hugh Jackman), entre nosotros, es presentado en este filme en medio de la catástrofe de Nagasaki, donde ayuda a un soldado oriental y le salva la vida.

    Años después, Logan al que se ve barbudo y con la sola amistad de un buen oso salvaje, se ha convertido en un peleador y siempre demandando justicia, se enfrenta con cazadores furtivos y en la taberna donde ocurre el incidente es encontrado por Yukio (Rita Fukushima), una encantadora pelirroja de ojos rasgados, que le cuenta es la mensajera del soldado al que ayudó. La chica le pide, en su nombre, que vaya a Japón, donde el hombre ya enfermo, le hará un regalo importante. Parece que el soldado es ahora un ejecutivo prestigioso.

    SECRETOS DE SANGRE
    Ya en Japón, Wolverine, que llega con Yukio, la chica pelirroja, es recibido por la mafia de la yakuza. En Japón encontrará de todo. Un posible amor, un viejo amigo-enemigo y el secreto mundo ninja, más la parafernalia de las artes marciales a puro chicotazo, patada y arquería.

    Esta "Wolverine: inmortal" es por momentos una sobria producción, en la que el drama familiar tiene puntos de contacto con filmes como "El Padrino", o "Blade Runner" y cierta melancolía a lo Takeshi Kitano. Hay secretos familiares, hijos no queridos, problemas de genes, prometidos molestos y chicas de ojos rasgados que llevan tan bien kimono y gueta (típico calzado japonés), como flechas y arcos medievales.

    SOMBRAS CHINESCAS
    La película abunda en novedades, desde los añorados ninjas, siempre apareciendo detrás de algo, o como sombras "chinas". Hasta mutantes esculturales de lengua mortal (y no es una metáfora), el caso de Viper, encarnada por una insinuante rubia, muy mala, a cargo de la actriz rusa Svetlana Khodchenkova.

    Con excelentes efectos especiales, "Wolverine: inmortal" incluye espectaculares persecuciones y peleas en el final (más la inicial en los techos del tren bala) y hasta deportivos parkours (saltos en el vacio de un techo a otro) por todo tipo de pagoda que se presente, lo que permite mostrar la elasticidad de Logan (Hugh Jackman) y sus enemigos.

    Como buen filme de la dinastía Marvel, en "Wolverine: inmortal" hay un poco de humor, la presencia onírica de Svetlana Khodchenkova, una actriz de "X Men" y hasta un gigantesco Soldado de plata que desafía al querido Hugh Jackman, destinado siempre a sufrir (no olvidar su Jean Valjean en "Los miserables"). En síntesis una producción ideal para seguidores del género.
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  • Diego Curubeto
    Diego Curubeto
    Ámbito Financiero
    Aunque con altibajos, Wolverine entretiene

    El más famoso mutante de la Marvel Comics se mezcla con yakuzas, samurais y ninjas, más la bomba atómica de Nagasaki en una ensalada tan poco natural como el protagonista, y si bien tiene sus momentos divertidos y espectaculares, también incluye demasiados tiempos muertos, escenas confusas y bastante soporíferas.

    El mutante de las garras metálicas que hizo famoso a Hugh Jackman empieza la película al final de la Segunda Guerra Mundfial, en un impactante prólogo en Nagasaki, justo en el momento que está por explotar la bomba. Lo que sucede en esa escena entre él y un joven soldado japonés a punto de hacerse el harakiri es lo que lo mete en este complicado entuerto nipón muchas décadas más tarde.

    Cuando nos reencontramos con Wolverine tanto tiempo después, está harto de todo, y vive en una caverna en el bosque con un gigantesco oso como único vecino. Eso hasta que empieza la temporada de caza y el salvaje solitario debe salir a la luz, lo que permite que lo encuentre una extraña joven japonesa que lo invita a viajar a Tokio para cumplir la última voluntad de su viejo amigo. El anciano es ahora el millonario dueño de un imperio tecnológico, que tiene una oferta para quitarle sus dones mutantes y brindarle una vida común con una muerte normal al final de muchos años de existencia feliz.

    Pero obviamente las cosas no son tan fáciles ni bien intencionadas, y pronto el héroe se encuentra recorriendo Japón en un tren bala, salvándole la vida a la nieta de su viejo amigo, perseguida a muerte por incansables bandas de yakuzas y metida en una complicada trama que hasta incluye al disoluto ministro de Justicia japonés haciendo festicholas..

    Hay un momento en que James Mangold, director de grandes títulos de acción como la remake de "El tren de las 3 y 10 a Yuma" y de la biografía de Johnny Cash, parece estar a punto de lograr otra muy buena película capaz de mezclar los violentos iconos japoneses con la fantasía de la Marvel. Por ejemplo toda la escena del tren tiene un vértigo increíble, y dado que el guión aporta el toque de que el mutante esté perdiendo sus poderes de autocuración e inmortalidad, estas luchas asombrosas le dan un nuevo perfil humano al personaje.

    Lamentablemente esta vuelta de tuerca se termina diluyendo en una sucesión de escenas de sufrimientos insoportables del pobre Wolverine, que parece metido en una de esas películas llenas de torturas sadomasoquistas que tanto le gustaban a Marlon Brando. Por supuesto, en un momento determinado de las más de dos horas que dura el film todo vuelve a la normalidad, y todos los malos reciben su merecido, lo que no era difícil de adivinar.

    No hay mucho más que decir salvo que las escenas con ninjas y samurais aportan lo suyo, y la música de Marco Beltrami y el uso del 3D no brillan por su imaginación. Eso sí, hay un epílogo sorprendente que aparece en medio de los créditos y que ningún fan de Marvel debería perderse por apurado.
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  • Maximiliano Poter
    Maximiliano Poter
    FM ESPN 107.9
    "Es una pena que el personaje más interesante de los X-Men, con vuelo propio por su historia rica y conflictiva, todavía no haya tenido la película que realmente se merece".
    Escuchá el comentario. (ver link).
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  • A. Degrossi
    A. Degrossi
    Cine & Medios
    La pesadilla del soldado

    La épica romántica, la lucha por el honor y los demás ingredientes que hicieron del cómic "Wolverine" de Frank Miller y Chris Claremont un clásico, no están en esta adaptación dirigida erráticamente por James Mangold.
    En el inicio encontramos a Logan abandonado a su suerte en una montaña, convertido en un ermitaño con un oso como única compañía. Sus aventuras con los X-Men son parte del pasado, como aquel episodio en Nagasaki -durante la segunda guerra mundial-, donde salvó la vida de un soldado japonés que ahora, a punto de morir, lo manda a buscar para devolverle el favor. Aquel soldado japonés se llama Yashida y es hoy un anciano dueño de una mega corporación que desea darle a Logan algo que no tiene: mortalidad.
    Logan sufre, no físicamente sino a causa de las pesadillas recurrentes que tiene. Son muchos años de vida, muchas pérdidas, demasiados duelos. Y culpa.
    Finalmente el aguerrido mutante acepta el convite y viaja a Japón, escucha la oferta pero antes de que pueda siquiera pensar en ella, se encuentra metido en una nueva aventura, nada romántica. De buenas a primeras pasa a ser una especie de guardaespaldas de Mariko Yashida, nieta del poderoso y moribundo hombre que convocó a Logan. La joven es perseguida por miembros de la Yakuza, mientras Logan se da cuenta que inexplicablemente su poder de curación no funciona. Ahora es vulnerable.
    El filme promete desde el inicio más de lo que puede dar. El personaje de Wolverine se sostiene solo porque Hugh Jackman ya lo hizo propio y casi que puede dirigirse solo. El guión no le ofrece demasiadas motivaciones para jugarse lo que se juega, y menos a la villana de turno llamada Viper, rol sin sustento que está a la deriva durante todo el relato.
    Decepciona la secuencia con el Silver Samurai, personaje que merecía más respeto y atención, en tanto la buena química que logra Logan con la intrépida Yukio se diluye completamente en las soporíferas escenas con Mariko.
    Con buenos detalles de fotografía y edición, "Woverine: Inmortal" ofrece apenas un par de buenas secuencias de acción y todo el carisma de Jackman, capaz de cargarse el filme que Mangold no fue capaz de hacer.
    Con los créditos finales llega una escena que, por la expectativa que provoca, hace que olvidemos el fiasco que acabamos de ver.
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  • Catalina Dlugi
    Está el personaje delas garras de Adamantio, con su carga de iras y pesadillas, recala en Japón para meterse de lleno entre una rica heredera, una singular guardaespaldas y cientos de samurais e integrantes de la Yakuza. Además de peleas con destreza de artes marciales continuas por primera vez se enfrenta (por obra y gracia de un poderoso y una mutante) con la posibilidad de perder sus poderes curativos y su inmortalidad. El peligro de muerte es palpable. Mejor armado el personaje adquiere más espesura (deja de ser el malhumorado con cuchillitos) y entretiene con una visión más oscura y una trama que tiene sus defectos pero entretiene. Ojo, no irse con los títulos porque hay una yapa de los próximos Xmen.
  • Nicolás Viademonte
    Nicolás Viademonte
    Función Agotada
    El hombre de las garras de adamantium

    Luego de aquella fallida experiencia en solitario que significó X-Men Orígenes: Wolverine (X-Men Origins: Wolverine), Logan ha vuelto a protagonizar una nueva película en soledad y a pesar de contar con menor compañía y con un universo menos "Marveliano" que aquella su resultado es bastante más aceptable.

    Wolverine: Inmortal (The Wolverine) muda a Logan a Japón para cumplirle el deseo a un viejo conocido de despedirse antes de su muerte. Allí se encontrará con la sorpresa de que el adiós no es el único deseo del millonario empresario Tashida, sino que le ofrecerá una especie de cura para su ¿preciada? inmortalidad. La disputada herencia en la familia de Tashida y la yakuza serán algunos de los problemas que deberá sortear Wolverine en este revelador viaje que lo cambiará para siempre.

    Este nuevo film, dirigido por ese muy buen director todo terreno llamado James Mangold, intenta desmarcarse del estrenado en el 2009. No se parece en nada, debido a que mete a Wolverine en un mundo desconocido y a pesar de no contar con mutantes populares del universo Marvel (como Remy LeBeau o Victor Creed) a su alrededor el desarrollo es bastante más fluido e interesante que su predecesora. Wolverine: Inmortal intenta, y principalmente al comienzo lo cumple, mostrar al hombre que hay detrás del mutante de las garras de adamantium. Temporalmente se sitúa luego de los sucesos ocurridos en X-Men: La Última Batalla (X-Men: The Last Stand). Acá Logan interactúa con una cultura que le es ajena y lo encontraremos hundido en sus propios remordimientos y cicatrices, sumándose a esa onda de Hollywood de "humanizar" a los superhéroes.

    Lamentablemente ese buen desarrollo del comienzo sobre la tormentosa actualidad de Logan es desperdiciado por las idas y vueltas por momentos obvias y en otros pasajes algo tiradas de los pelos, y del guión y las repetitivas pesadillas del protagonista que tornan a la historia algo predecible y aburrida. No existe a lo largo de sus más de dos horas una curva que genere interés en las figuras secundarias o los villanos que acompañan a Hugh Jackman, generando que todo el film recaiga completamente en el actor de Los Miserables.

    Si bien la película entretiene (tampoco es que intenta generar mucho más que eso) y paga con varias secuencias el valor de la entrada y un buen balde de pochoclos, aún el cine no ha podido realizar una obra que esté a la altura de ese gran personaje que es Wolverine. Por momentos pareciera ser que la idea de Marvel es la de conseguir en este film solamente una "antesala conectora" de este mundillo con el que ofrecerá X-Men: Days of Future Past. Su (muy buena) secuencia de fin de créditos no hace más que fortalecer esa idea, aunque lamentablemente deja cierto sinsabor por una nueva oportunidad desperdiciada.

    Más allá de lo que sea en los comics, Logan/Wolverine se desmarca de la franquicia mutante gracias al inmenso Hugh Jackman e incluso Wolverine: Inmortal funciona en mayor parte por su muy buen trabajo detrás del mutante. Si bien Magneto podría ser el personaje más rico de X-Men, hay que valorar que nuevamente el actor australiano debe remar bastante solo para que la obra no naufrague en una propuesta fría y sin sangre.
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  • Jonathan Santucho
    Jonathan Santucho
    Loco x el Cine
    Entre dos mundos.

    Cuesta creer que hayan pasado trece años desde que un grupo de mutantes dirigido por Bryan Singer revivió a un subgénero casi muerto, estropeado por el Batman en neón de Joel Schumacher. Es que, desde el estreno de X-Men en 2000, los superhéroes dieron sus vueltas en el celuloide, pasando de la lucha clásica entre el bien y el mal al combate con el mundo que quedó tras los atentados del 11 de septiembre. Eso sí, la popularidad de los justicieros sigue en aumento. En un 2013 en el que las audiencias del mundo ya corrieron a ver las ocurrencias de Iron Man y los lamentos de Superman, Hugh Jackman sale del musical y vuelve a la acción en Wolverine: Inmortal (The Wolverine, 2013), un testamento a lo mejor y lo peor que puede ofrecer el género.

    Basada en una aclamada serie limitada de comics por Chris Claremont y Frank Miller de 1982, la película arranca con un interesante prólogo ubicado en Nagasaki. ¿El día? 9 de agosto de 1945. Los que sepan algo de historia ya conocerán por qué esa jornada es fatídica, así como lo hará Logan (Jackman) cuando cubra a uno de los oficiales japoneses que lo tienen prisionero, rescatándolo de la destrucción atómica. En minutos, la destrucción da oportunidad para la redención, y un hombre queda en deuda.

    Décadas después, Logan está en el otro lado del mundo, aún culpándose por haber matado a su último amor para salvar al mundo. Mientras lleva una vida de ermitaño, en la que su única compañía es el tormento de las visiones de Jean Grey (Famke Janssen), él es contactado por la mortal Yukio (Rila Fukushima), quien lo lleva a Tokio para hablar con el ya moribundo ex-captor que salvó en la Segunda Guerra Mundial. Pero cuando la bestia con garras de adamantio sea tentada con la oportunidad de perder su indestructibilidad, se iniciará una lucha entre varias facciones en busca de Mariko (Tao Okamoto), una mujer que heredará el poder para dominar el país, y que dependerá de Wolverine para sobrevivir.

    Desde ahí, el director James Mangold (responsable por trabajos respetables como Johnny & June - Pasión y locura y la remake El tren de las 3:10 a Yuma, así como fiascos al estilo de Encuentro explosivo y Kate & Leopold) usará la tierra del sol naciente como escenario de una historia centrada en ser la versión definitiva del antihéroe de Marvel, aspirando más arriba que el casi no mencionado desastre de X-Men Orígenes – Wolverine. En un presente donde la mayoría de los films sobre superhumanos parecen seguir el modelo de sufrimiento y destrucción masiva sin importancia patentado por Christopher Nolan, es bueno ver una producción que se distancie y vuelva a darle ánimo a las cosas, dejando que la performance dispuesta de Jackman exprese las capas de su sufrimiento perpetuo, sin necesitar pasar al territorio hueco del estereotipo depresivo. Pero por supuesto, el verdadero coprotagonista de la producción es Japón, que muestra con estilo de western (en su hermoso paralelo al subgénero de espadachines) a los ninjas, yakuzas, trenes balas, sushi, y muchas influencias, pasando de los honorables duelos entre samuráis de Akira Kurosawa hasta las sangrientas luchas de los yakuzas de Takeshi Kitano, y metiendo elementos de manga y animé. De esta manera, los primeros dos tercios del film son atractivos y refrescantes, para lo que es la norma habitual hollywoodense.

    Eso es, hasta que el temido modelo se hace fuerte y claro. Hay que pensar que esta película no se hubiera hecho si no fuera por las recientes bondades de la taquilla internacional; si no, fijense como más estrenos, como Looper – Asesinos del futuro y Iron Man 3, apelan a hacer escenas extra para las ediciones del creciente mercado chino. Con la demanda internacional por productos que normalmente fracasan en Estados Unidos, se está generando un giro en la fabricación de películas. De todas formas, los estudios también tienen que cuidar el ámbito local, y en la búsqueda por satisfacer a todos los cuadrantes, quedan víctimas como esta película, que tiene cambios tan abruptos que hacen sentir a uno como si hubieran reemplazado los rollos por los de otro film, y eso se nota particularmente durante el final: una catarata de giros innecesarios, revelaciones apuradas, villanos incomprensibles y luchas rutinarias que vimos demasiadas veces en el pasado. Sumémosle un 3D que está de más y altos niveles de efectos especiales sin terminar, y queda una muestra del daño del comercialismo de los estudios.

    Por eso, Wolverine: Inmortal es una pelea a mitad de camino entre lo mejor de Oriente y lo peor de Occidente. Igualmente, Logan sobrevivirá; si esperan un poco durante los créditos, verán un adelanto de lo que se vendrá para el regreso de los mutantes en X-Men: Days of Future Past, para mayo de 2014. El equipo está; esperemos que, la próxima, aparezca el valor por hacer algo más que un producto olvidable.
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  • Saki
    Saki
    Tierra Freak
    Logan, recluído en una montaña, en soledad, agobiado entre recuerdos y enojado con el mundo, es encontrado por Yukio para despedir a un viejo conocido que está por morir. Parten para Japón, donde comenzarán los conflictos que todos esperamos.

    Esta película intenta hacernos olvidar del mal trago que fue X-Men Origins: Wolverine (2009) y continúa de la mediocre X-Men: The Last Stand (2006). Vemos hechos puntuales que hacen referencia a la tercera entrega de la saga mutante.

    La dirección está a cargo James Mangold, quien dirigió muy buenos films como: Identity (2003), Walk the Line (2005) y 3:10 to Yuma (2007). Encaran el guión Mark Bomback, culpable de la remake de Total Recall (2012) (aunque también escribió Unstoppable [2010] y Live Free or Die Hard [2007]) y Scott Frank, quien estuvo detrás de Minority Report (2002) y The Lookout (2007).

    Volvemos a ver a Hugh Jackman haciendo de Logan/Wolverine, como siempre, el ES Wolverine y el personaje le calza justo desde su primera X-Men. Las otras actuaciones, que se pueden mencionar, son: Rila Fukishima, haciendo de Yukio, quien teniendo solo un cortometraje en su curriculum hace un buen trabajo, sobretodo en coreografías de peleas (salvando las escenas de dobles, claro) y Tao Okamoto haciendo de Mariko, quien también debuta cinematográficamente en este film, y si bien no se destaca en su papel de "princesita secuestrada del castillo", está bien.

    No es la película definitiva del personaje, no es una obra de arte en adaptaciones comiqueras, ni es "el gran film que se merecía"... pero cumple con creces y nos da un respiro que nos hace olvidar por un momento lo que fué su primer entrega en solitario. No me malinterpreten, no solo rinde y ya. Tiene muy buen ambiente y clima, tanto los primeros minutos en la montaña como todo el resto en Japón, hay un equilibrio entre escenas de acción y flashbacks más pasivos, por más que prevalescan los primeros, se implementa una jerarquía certera.

    Lo choto: Al público casual que espera ver dos horas de pura acción, se le pueden hacer algo largas las escenas dramáticas y poco consistentes.

    Lo abrazable: Las escenas de acción, sobretodo la del tren, y la escena post créditos.

    Es una película modesta y eso no resta, suma, le da una bocanada de aires fresco al personaje.
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  • Paola Menéndez
    Paola Menéndez
    Hacerse la crítica
    Una cicatriz es lo que ocurre cuando el mundo se hace carne.
    Leonard Cohen

    The Wolverine, o Wolverine inmortal como se la tradujo en estos lares, resulta una película ante todo burocrática: durante todo su desarrollo, sólo es menester proseguir un protocolo argumental caracterizado a partir de unos pasos básicos más o menos formulísticos, digeribles y reconocibles por el espectador. La película nos remota a 1945 y la detonación de Fat man sobre Nagasaki. Wolverine (Hugh Jackman) está prisionero en un campo japonés y es testigo del bombardeo atómico. Ahora bien, si tomamos la saga X-Men (2000, 2003, 2006) recordaremos los nutridos flashes del pequeño Magneto en Auschwitz, testigo de un tipo de horror de una matriz simbólica similar, acentuado por la pérdida de sus seres queridos. Sin embargo, lo que en un producto configura un real espacio identitario del gran líder leninista de los mutantes rebeldes, desde una construcción sutil de la vivencia traumática, en el otro la narración del incidente trágico se inviste de anécdota, ya que opera como una mera escaramuza básica para mostrar la re contra archi híper conocida invulnerabilidad de Wolverine.

    Se nos viene entonces una idea obvia: ¿había necesidad de recurrir a una bomba nuclear para esto? Si la respuesta es afirmativa, porque había que reafirmar esa potencia de las entregas anteriores, entonces se impone responder argumentalmente por esta elección. Wolverine sobrevive a una guerra nuclear y, lejos de impresionarnos, el personaje va perdiendo nuestra empatía, a veces resucitada con algún que otro chiste ácido. No existe una problematización del empobrecimiento de la experiencia ni de su transmisión. Si los soldados de Verdún volvían mudos, como decía Walter Benjamin, es porque el horror de la guerra producía silencio en la imposibilidad de compartir el dolor. La magnitud ética de recurrir a la bomba atómica como recurso es inversamente proporcional al lugar que este incidente ocupa en la vida del protagonista.

    Podríamos sentir la tentación de esgrimir ciertas ideas que lo eximen de sufrir un pathos, como la extensa duración de su vida que le ha permitido participar de acontecimientos humanos de igual calibre. Sin embargo, en la mera enunciación del interrogante ya hallamos una respuesta: Wolverine participa de su realidad y de su tiempo. Es, ante todo, un actor político, y la saga de los X Men es una lectura de diferentes propuestas de acción política. Ciertamente, no representa una criatura trans temporal que mira impasible el decurso de la humanidad sin intervención, como The Watcher, ni tampoco se mantiene en el placer de un dandy flâneur como Drácula. De hecho, hasta en Wolverine -Orígenes- la intervención de Logan junto a Leónidas tenía una razón, ya que estaban fundada en la necesidad de ratificar una superioridad mutante a través del fogueo en la animalización de su carácter (aunque esta película no tenga en cuenta ese trasfondo).

    Otra fuerte argumentación posible, que avala esta pasividad, podría rastrearse en los problemas de memoria que Wolverine manifiesta en muchos universos. Cabe recordar cuando encuentra al coronel Strykers, aquel que le forjó las garras de adamantiun en X Men 2, y éste le recuerda su identidad, o cuando en Wolverine Orígenes el mismo villano le dispara adrede una bala de adamantina al cerebro para que pierda la memoria, elementos que aquí son retomados con mucha desprolijidad. La resolución se da en esta entrega mediante lo que podríamos llamar una vía pseudo romántica, ya que el melodrama le queda grande, y es rotunda, lo que demuestra que el fantasma de Jean Grey -esquizofrénico producto de Xavier, el Nietzche fanboy- es más poderoso que todas las neurosis de guerra juntas.

    En El escritor argentino y la tradición Jorge Luis Borges señalaba que la ausencia de camellos bastaría para probar la ‘arabidad’ del Corán. Recurrir a este ejemplo, como ha reparado Beatriz Sarlo en su célebre Borges, un escritor de orillas, le sirve al escritor para postular un uso discreto del color local al tiempo que constituye una crítica sobre sus primeras obras en la que los protagonistas eran los compadritos, el malevaje, etc. Pues bien, en nuestra película la sede de la acción es Japón y desde los flyers de Logan con la katana ya podemos anticipar todo la imaginería con la que la industria estadounidense va a construir ese Japón: sobreabundancia de mercancías, híper tecnificación, ninjas, samurais, yakuza, dojos, sí, todo eso yuxtapuesto de una manera casi grosera, al punto de no hacernos creer que esa acumulación caótica pueda imbricar lo que vulgarmente denominaríamos "espacio", mucho menos "lugar" y menos que menos "territorio". El no-lugar de la película es básicamente un simulacro, en el sentido de que aquel montaje de los paisajes donde caminan los personajes sólo devienen hacia un mundo que no tiene historia, que es sólo imagen. Justamente la imagen, lo que Guy Debord analiza como la forma final de la reificación mercantil, tiene que ver con un procedimiento de diseminación de la falsificación que fracasa por inverosímil, y cuyo clímax debe verificarse en el gigante samurai que se desgaja como si fuera una mandarina. ¿Acción? Mucha. ¿Situaciones verosímiles? Pocas…

    Finalmente, el problema del cuerpo. Es obvio que Hugh Jackman no tiene problemas en su cuerpo y nos lo hace saber permanentemente mostrando su torso -tampoco es que nos quejemos de eso, ojo- pero ¿cuál es la relación que se establece en este caso entre el cuerpo y narración? O mejor dicho ¿cómo aparece inscripta la historia en el cuerpo? Wolverine ha padecido en su propio cuerpo la experimentación causada por la híper tecnificación. Su cuerpo constituye, al igual que en el imaginario nazi, la hazaña científica por excelencia: mejorar las condiciones mutantes y optimizarlas hasta volverlo un arma indestructible para el ejército norteamericano.

    Logan no posee cicatrices porque las marcas en el cuerpo son, ante todo, huellas de la experiencia a flor de piel, cuyo reflejo se evidencia en una mente vacía de recuerdos.

    Denuncia última de la enajenación del sujeto. Quizás Wolverine no esté volviendo del campo de batalla, quizás haya nacido en él.
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  • Diego Maté
    Diego Maté
    Cinemarama
    El buen salvaje. James Mangold, un director un poco bestial pero capaz de dar algunas películas muy buenas como Tierra de policías y Encuentro explosivo, demuestra una inteligencia práctica de la que podrían aprender otros cineastas del cómic. El tipo sabe que el fuerte de su historia es su protagonista, entonces pone en funcionamente lo más simple (y también lo más efectivo) imaginable: logra que la película gravite completamente alrededor de Wolverine, explotando la faceta más conocida del personaje sin tratar de agregar nuevos conflictos o matices que sorprendan. El resultado es una película pesada en términos dramáticos que se reconcentra sobre su protagonista y durante un buen tramo adopta los modos del drama más común: hay mucho plano contra plano, tomas muy cercanas del rostro de los actores y tiempo para trabajar los diálogos. Pero Mangold no busca generar un mensaje solemne (como lo hacen, por ejemplo, las X-Men o Hulk) sino exprimir el potencial cinematográfico de Wolverine. Entonces, al relato no le importa nada que no le permita avanzar y construir tensión, cualquier referencia externa (por ejemplo, la existencia de un ministro de justicia corrupto de Japón) es rápidamente aprovechada como material para las animaladas del protagonista y no quiere ser un comentario acerca del mundo. Lo notable es la versatilidad con que el director puede saltar de ese drama contenido y muy clásico a la acción y las peleas de todo tipo: los combates son vertiginosos pero sin que el montaje llegue a confundir, y las coreografías resultan variadas y le dan oportunidad de realizar una buena cantidad de proezas al X-Men en retirada. Es como si el nervio del personaje, una suerte de atributo nuclear ganado con empeño a lo largo de los años después de tanto cómic, dibujo animado y películas, le impusiera su ritmo y su intensidad a la película; así, felizmente no hay mucho espacio para las frases solemnes y las enseñanzas de vida que aquejan a buena cantidad de films basados en cómics. La violencia no tiene tiempo de pensar, y el gigante implacable de Hugh Jackman tampoco: en Wolverine: Inmortal todo es cuestión de reflejos, instintos, precisión y garrazos lanzados en el momento justo. Y cuando las cosas salen mal, no hay lugar para los lamentos, solo queda emborracharse, irse a vivir al bosque entre osos o buscar a los malos para vengarse de la forma más sangrienta posible. Tras un comienzo impresionante en el que el protagonista sobrevive a la bomba atómica arrojada en Nagasaki, un Japón moderno y de aires feudales a la vez se revela como el marco perfecto para que el asesino de buen corazón despanzurre ninjas, yakuzas y gigantescos robots de adamantium. Los villanos, la damisela en peligro y la nueva compañera de aventuras de nuestro héroe no agregan demasiado (aunque tampoco restan); el mutante, mucho más afilado que en X-Men Orígenes: Wolverine tiene que hacer todo él, como se nota en la escena en que debe realizarse a sí mismo una cirugía de corazón, sin anestesia ni ayuda alguna, mientras otros personajes se baten a duelo alrededor de su camilla. El sostén fundamental es la rústica actuación de Jackman, verdadero especialista en el papel que, después de casi una década, parece haber ido perfeccionando su Wolverine mediante la sustracción: en esta película, el actor ya es capaz de maniobrar apenas dos o tres emociones primarias con sus respectivas expresiones faciales sin necesidad de recurrir a un espectro interpretativo más amplio. En eso radica la fuerza de la película de Mangold, en ajustar cuentas con el pasado del personaje, pertrechado con ese rango emocional en estado salvaje para el que las únicas reacciones posibles son el odio, la culpa y la furia.
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  • Carlos Schilling
    Carlos Schilling
    La Voz del Interior
    Lo peor que le puede pasar a una película de acción es fallar precisamente en la acción. Wolverine inmortal exhibe ese complejo que de vez en cuando padece el cine de gran escala y que consiste en temer la fórmula de su propio éxito.

    Sin dudas, el personaje de la maravillosa saga X-Men que más se parece a un superhéroe básico es Wolverine: una poderosa combinación de hombre y lobo que cuenta con el beneficio adicional de ser inmortal. ¿Qué mejor mezcla de instinto e indestructibilidad puede tener a disposición un guionista para tachar el cerebro y concentrarse en los músculos?

    Sin embargo, parece ser que sin un trauma o un conflicto interior, los superhéroes del siglo 21 no resultan creíbles. ¡Pero si justamente su potencia radica en que sean increíbles! En este caso, Wolverine (que ya es como un seudónimo de Hugh Jackman) sufre una doble crisis. Primero: no puede dormir acosado por sueños en los que se le aparece Jean, la mujer mutante a la que amaba y a la que mató. Segundo: pierde la invulnerabilidad a manos de sus ambiguos enemigos.

    El efecto narrativo de los dos problemas es letal para la película, porque ambos tienden a interrumpir el flujo de la acción y a transformarla en una mera ilustración de la angustia de Wolwerine, todo esto mal hervido en un romance entre el protagonista y una rica heredera japonesa, que nunca levanta temperatura.

    Se sabe que el escenario de X-Men es el planeta, de modo que no sorprende que la acción transcurra en Japón, lo que a la vez habilita para ciertos guiños a la tradición fantástica nipona y también a su historia, como la tragedia de Nagasaki en 1945, que es el punto cronológico donde comienza todo.

    Por supuesto, aun las películas fallidas suelen contener grandes momentos. En ese rubro debe figurar la pelea en el techo de un tren de alta velocidad, una verdadera contribución a un tipo de escena que prácticamente nació con el cine y que en Wolverine inmortal vive unos minutos sublimes.
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  • Susana Salerno
    Una historia llena de: acción, drama, romance, suspenso y ritmo vertiginoso.

    Esta es una de esas historias de superhéroes que tiene un gran atractivo tanto para el público adolescente como para los adultos.Personaje inspirado en el personaje de la popular historieta de Marvel., Logan (Hugh Jackman, hace muy poco lo vimos en “Los miserables”), el mutante conocido en todo el mundo como Wolverine, se encuentra sufriendo y atormentado por la muerte de su amada esposa, Jean Grey Grey (Famke Janssen), tiene constantes pesadillas con ella y con otras situaciones.



    Él vive en un bosque aislado a las afueras de un pequeño pueblo. Una de sus pesadillas lo lleva a 1945 a Japón, donde salva la vida de un joven soldado llamado Yashida, luego al despertar se encuentra con un oso pardo al que él conocía y que había sido mal herido con una flecha envenenada, y a quien para quitarle su agonía debe matarlo. No tardará en encontrar a los responsables, cuando llega a un bar cercano no tarda en involucrarse en una intensa lucha y allí se encuentra con una misteriosa mujer que lo viene observando, Yukio (Rila Fukushima) también juntos lucharan para salvar sus vidas.



    Ellos viajaran a Japón, lugar que no ve desde la Segunda Guerra Mundial, quien lo necesita allí es Yashida (Hal Yamanouchi, “Push”), está muy enfermo, a punto de morir, tiene un misterioso tratamiento, es un poderoso empresario muy rico y poderoso de Japón y Logan, sin pensarlo, se enfrenta al hijo de Yashida, Shingen (Hiroyuki Sanada), un ser hambriento de poder, y se encuentra involucrado con el cuidado de la bella nieta de Yashida Mariko (Tao Okamoto) heredera de una gran fortuna y acechada por el peligro.



    Todo se desarrolla en el enigmático territorio de los Yakuza, Ninjas y Samuráis, buenos planos de peleas cuerpo a cuerpo, una escena donde al protagonista lucha increíblemente en el techo del tren bala, en otra secuencia le clavan muchas flechas y hasta lo hieren de bala; artes marciales, mitología, rituales persecuciones, explosiones, enigmas, traiciones, lealtad y romance.



    Un gran despliegue tecnológico, visualmente impactante, intensa, y hasta con la presencia de un robot gigante. Sobresale en el formato en 3D, pero también la podes disfrutar en 35mm o Digital 2D. Los personajes secundarios aportan dinamismo: Harada (Will Yun Lee), un amigo de la infancia y ex llama de Mariko; y la mutante Viper (Svetlana Khodchenkova). Tiene algunos excesos, se reiteran bastante las pesadillas y los sobresaltos del protagonista que van y vienen a lo largo de las diferentes secuencias. Después de los créditos hay una escena sorpresa y esta relacionada con lo que se viene en el 2014.
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  • Juan Carlos Di Lullo
    Pierde el pelo pero no las garras

    Wolverine salva a un soldado de la muerte durante el bombardeo de Nagasaki en 1945. Años después debe volver a Tokio para reencontrarse con el hombre (un próspero industrial), que está al borde de la muerte. Un juego de intereses y ambiciones lo precipitará en una lucha sin cuartel contra sanguinarios ninjas y los mafiosos de la yakuza.

    Esta nueva aventura del mutante de las garras metálicas no agrega demasiado a lo que ya se ha visto en la pantalla, pero tampoco defrauda a quienes quieren volver a ver a Wolverine en acción. Después de un prólogo en el que se asiste al estallido de la bomba atómica sobre Nagasaki en el final de la Segunda Guerra Mundial (allí el protagonista salva la vida de un soldado japonés), la acción se traslada a la época actual. Una enigmática joven oriental lleva al mutante a Japón, porque aquel soldado salvado del holocausto nuclear es ahora un poderoso empresario que está al borde de la muerte. Lo que iba a ser una emotiva despedida entre viejos camaradas deriva en una sucesión de secuestros, asesinatos, persecuciones y peleas cuerpo a cuerpo, que en definitiva constituyen la verdadera razón de ser de este género de filmes. Por cierto que las escenas de acción están magníficamente logradas y que las coreografías de las peleas están sabiamente subrayadas por un encuadre y un montaje de enorme calidad.

    Como detalle adicional, la trama suma una serie de disquisiciones alrededor de la inmortalidad (o tal vez más precisamente sobre la muerte). A través de recurrentes sueños del protagonista (oportunidad para hacer aparecer en pantalla a la doctora Jane Gray, ya fallecida) se presenta el tema de la maldición que implica la certeza de que Wolverine no morirá, como ocurre con el resto de los seres humanos. Entonces, la trama busca algo de aire fresco a través del planteo de que tal vez esto pueda no ser así en esta oportunidad. Las ambiciones, las intrigas, las traiciones y las lealtades están presentes y, por sobre todas las cosas, hay peleas y persecuciones de tanto en tanto.

    Como siempre en este tipo de películas, hay un remate después de los títulos que anticipa lo que vendrá; en este caso, se convierte en una de las escenas más jugosas, por la presencia de dos "pesos pesados" de la saga y porque certifica que vienen más aventuras de los mutantes, para alegría de los fanáticos.
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  • Rodolfo Bella
    Rodolfo Bella
    La Capital
    Épica del cowboy inmortal

    "Soy un ronin, un samurai condenado a vivir, sin saber por qué vivir". Y ahí está la respuesta para el atormentado Logan-Wolverine: el amor. Pero no tan rápido. La idea del ronin está ligada, en el caso del protagonista de "Wolverine: inmortal", a la del guerrero solitario. Un ronin en el Japón feudal era un samurai deshonrado luego de la muerte de su daymio. Y Wolverine, en esta segunda incursión como protagonista de su propia película -sin la compañía de los X-Men- se reconoce como tal. El personaje, uno de los que gozan de mejor salud junto a Iron Man, cumplirá su rol en este filme durante un viaje a Japón. Allí se involucrará en una trama de conspiraciones, además de tener que lidiar con samurais y ninjas, pero sobre todo, se enfrentará a la posibilidad de la muerte, a que las heridas, literalmente, ya no cierren. La película cumple con las reglas del género: acción intensa, intrigas y luchas al estilo del cine de artes marciales. James Mangold, el director, es un versátil realizador capaz de hacer dramas en el otro extremo de "Wolverine", como el western intimista "El tren de las 3 y 10 a Yuma". En este caso consigue imprimir el vértigo necesario a la narración, pero Logan parece estar demasiado solo en su carrera: ni siquiera le pusieron un rival que esté a la altura de la tragedia de saberse inmortal.
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  • Agustín Neifert
    Agustín Neifert
    La Nueva Provincia
    Otro excelente negocio inspirado en el cómic

    El origen de la historieta X-Men se remonta a 1963 y su primera versión cinematográfica fue realizada en 1999 por Bryan Singer. Después de algunas secuelas y telefilmes, en 2007 se conoció X-Men orígenes: Wolverine , de Gavid Hoods, que hurgaba en los antecedentes del superhéroe.
    Basada en el comic A Ronin's story (1982), de Chris Claremont y Frank Miller, Wolverine: inmortal es, en cierta medida, una secuela de esa versión de Hoods.
    En el prólogo se observa a Logan, alias Wolverine, el mutante con garras metálicas retráctiles, como prisionero de los japoneses hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, justo el día en que los norteamericanos arrojan la bomba atómica sobre Nagasaki.
    ¿Por qué está allí? No se sabe. Lo cierto es que Logan, por ser inmortal, se salva de la onda expansiva del fatídico hongo nuclear y también logra rescatar con vida al joven oficial Yashida, uno de sus captores.
    Setenta años después y en trance de morir, Yashida reclama la presencia de Logan, que se ha convertido en un vagabundo de los bosques. El japonés devino en un empresario muy rico y dice querer despedirse de él y retribuirle aquel gesto salvador.
    Logan es buscado y llevado a Tokio por Yukio, una joven poco agraciada en lo físico, pero excelente karateca, que ha sido adoptada por Yashida, cuya nieta Mariko será declarada, tras la muerte del abuelo, como única heredera de su fabuloso emporio económico.
    Yashida le solicita al inocente Logan que proteja a Mariko y esto será la señal para que se desaten las acciones más furibundas, que lo tendrán como protagonista, pero ferozmente asediado por una multitud de ninjas, yakusas y gangsters políticos y empresarios. Luego se sabrá que el pedido de Yashida esconde un secreto.
    En ese maremágnum de persecuciones, tiros, flechazos, peleas coreografiadas y efectos visuales, Logan asoma como un ronin extraviado. Es decir, un samurái sin maestro.
    Inmerso en ese trajín, Logan también debe enfrentar a la principal villana de la historia, una mutante rubia, esbelta y bella identificada como Viper o Madame Hydra, que es capaz de aniquilar a sus adversarios con un simple soplo o un beso en la boca.
    La historia incluye una variante metafísica: la cuestión de la inmortalidad de Logan. En otras palabras, que pierda la invulnerabilidad y su poder de autocuración y que pueda morir.
    Algo parecido le pasaba a Christopher Lambert en la saga de Highlander . La diferencia que éste estaba cansado de vivir, mientras que a Logan le puede suceder por algún maleficio.
    Pero a no temer, porque no va a ocurrir en forma inmediata. Los productores sabrán poco de cine, pero no son imbéciles en materia de negocios y no van a matar a la gallina de los huevos de oro. Es más, el director incluye al final imágenes de lo que será la secuela de Wolverine: inmortal.
    Como suele ocurrir en esta clase de filmes, las actuaciones pierden importancia, pues están absolutamente en función de la acción y los efectos visuales, que en este caso, como en todas las últimas superproducciones de Hollywood, son los verdaderos protagonistas de las historias.
    Mangold maneja con soltura los recursos que los productores pusieron a su servicio y logra combinar, de forma aún más eficaz que Hoods, las aventuras con acciones hiperrealistas que, aun sabiendo que son virtuales, no pierden su cualidad de ultraviolentas.
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  • Iván Steinhardt
    Iván Steinhardt
    El rincón del cinéfilo
    Probablemente cuando se estudie la historia del cine dentro de muchos años, en lo correspondiente al cine norteamericano se podrá trazar un paralelismo entre los viejos seriales de las décadas del ‘30 y ‘40 con el Capitán Marvel a la cabeza, y la era de las grandes sagas en el comienzo del siglo XXI. Se buscarán antecedentes en los años ‘70 y ’80, pero innegablemente el auge total y marcado será emplazado en estos (¿últimos?) años. ¿Qué tienen en común? La empatía natural por lo héroes, el deseo de que salgan ilesos y defiendan ciertos valores, y por supuesto la necesidad imperiosa de saber qué sucede con ellos en el siguiente capítulo.

    Podría ser anecdótico sino fuera porque las secuelas, en especial las basadas en historietas, son una pata fundamental para sostener la industria. Es difícil saber en qué estado la encontraríamos sin los miles de millones generados por Marvel, DC Comics y Star Wars. Por supuesto que hay muchas más, pero estas tres en particular son de las pocas que todavía se siguen escribiendo y editando. En la bolilla correspondiente a X-Men no podemos vaticinar exactamente cuántas habrá, pero con las cuatro ya realizadas (más una quinta en camino) y las que se ocuparán de cada personaje en particular, pensar que hay material para al menos 20 entregas no suena muy descabellado.

    Para empezar, con el desarrollo de cada uno eligieron al mutante más enigmático en contenido pero menos expresivo en su impronta, Logan / Wolverine (Hugh Jackman). Su pasado conflictivo, sumado a su espíritu rebelde y pendenciero (más el poder de auto-curarse las heridas), lo convierten en “el personaje a seguir” por los fans. Para los que esperamos una lógica dentro de lo ilógico del género la deuda está pendiente y, como sucedía en los seriales, a veces había trampa.

    Hugh Jackman ya demostró ser un muy buen actor, sin embargo habría que juntar todas las X-Men para ver si los diálogos, reflexiones y demás llegan a completar una página de Word tamaño A4. Además es indestructible, y a la vez una máquina de matar. ¿No pierde un poco de interés entonces?

    A ver, Terminator (por poner un ejemplo) también era invulnerable, hasta el momento en que tenía que serlo porque de lo contrario, ¿por qué habría de involucrarse el espectador, con personajes que de todos modos serán destruidos? Wolverine avanza. Le tiran tiros, bombas, cañonazos, espadazos, gases… hasta la bomba de Nagasaki explota casi en sus narices. Pero nada.

    Por otro lado en “X-Men Orígenes: Wolverine” (2009) nos contaban que nació en Canadá en 1840. No existía Canadá en esa época, pero él nació igual ahí. A Marvel no le interesa mucho el rigor geográfico. Ya lo había demostrado poniendo una montaña gigante en Villa Gesell ¿Se acuerda? Sigo. El mutante peleó en toda guerra que se le cruzó por delante y después se olvidaba (convenientemente) de todo (trampita). Así llegamos a “Wolverine: Inmortal”.

    Empezamos unos minutos antes de la bomba atómica. El héroe salva a uno de los oficiales por partida doble: del harakiri que el soldado estaba a punto de ejecutar y de la bomba que cae a 200 metros, tirándose ambos a un pozo y tapándolo con una chapa (¿perdón?). Sobreviven ambos. Creer o reventar, pero es lo único que se les ocurrió a los guionistas para instalar el conflicto interno y contrapuesto de ambos personajes. La elipsis nos trae a nuestros días. Ahora vive como un eremita tratando de evitar cualquier contacto con el mundo y la gente.

    Logan está acosado por las pesadillas. En especial aquellas en las que vuelve a encontrarse con Jean (a quién mató en “X-Men III”). Ella lo incita, lo psicopatea con “soltar” y aceptar que algún día la vida debe terminar y dar paso a lo que sigue. Tal vez encontrarse. Todas estas pesadillas y recuerdos son las que sirven para alimentar y construir el conflicto del personaje. Y viene de perillas porque aparecerá alguien que le ofrece, precisamente, volver a ser mortal. Si es por esto, apenas aparece el ofrecimiento la película debería culminar a los 40 minutos, pero no es tan sencilla la cosa. Habrá que ver, por qué deseando tanto morirse no lo hace.

    James Mangold, quien ya había trabajado con Hugh Jackman en “Kate & Leopold” (2001), está a cargo de una dirección sólida, en especial las secuencias de acción (toda la escena de la lucha en el tren en Japón es de colección). Esa solvencia es la clave para sostener un guión que a veces decae en ritmo narrativo, por no mencionar alguna redundancia. ¡Ah!, aparece Viper (Svetlana Khodchenkova) como para agregar un mutante más aunque no aporte demasiado.

    De todos modos, “Wolverine: Inmortal” es lo suficientemente entretenida como para no defraudar a los seguidores. En la historia global de los X-men, será poco lo que quede para completar los eslabones de su universo, y hablando de eso, a quedarse en los títulos para el anticipo de lo que viene.
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  • Ignacio Andrés Amarillo
    Razones para vivir

    En 1974, el guionista Len Wein recibió un particular encargo: resucitar junto al dibujante Dave Cockrum la única idea de Stan Lee y Jack Kirby que no se había vuelto popular: “The Uncanny X-Men”. Entre los personajes que sumó en la nueva formación, estaba uno que él mismo había creado para una historia de Hulk: un canadiense petiso, velludo, furibundo, bravucón y con garras del ficticio metal adamantium. Se hacía llamar Wolverine (glotón o carcayú, un predador de Alaska) y usaba una máscara con orejitas estilizadas.

    Raro personaje, pero atractivo. Cuando poco después llegaron Chris Claremont (guionista) y John Byrne (dibujante, ocasional coguionista) los mutantes alcanzaron su nivel más alto, y Wolverine no fue la excepción. Claremont le dio espesor al personaje, entendiendo las tensiones entre la bestia interior y el héroe por vocación, siempre en perpetua redención y con un amor no correspondido por Jean Eleanor Grey.

    Cuando surgió la posibilidad de hacer una primera miniserie sobre el personaje en solitario, con dibujos de Frank Miller (el cinéfilo lo recordará como el creador de “Sin City” y “300”), eligió Japón como escenario y la idea del “samurai fracasado”: aquel que no puede acceder al pleno control y a la conquista del honor.

    Y de ahí se agarraron Mark Bomback y Scott Frank para desarrollar un guión que tenía la obligación de levantar el rasero después de “X-Men Orígenes: Wolverine”, el filme que Gavin Hood dirigió en 2009 (y que decepcionó un poco a los fans). Y lo logran, recuperando el espíritu de aquella saga, y nombres familiares.

    Visitante

    Logan está más ermitaño que nunca: se siente culpable de la muerte de su amada Jean (importante haber visto “X-Men: La batalla final”), que se le aparece en sueños pidiéndole que “la acompañe” (“Tu muerte nos separa; mi muerte no nos unirá”, respondería Simone de Beauvoir ). En el frío Yukón lo encuentra Yukio, una muchachita salida de un animé de Gainax o Clamp, con su pelo fucsia y sus medias a rayas. Su misión es llevarlo a Japón para despedirse de Yashida, un rico empresario al que Logan salvó de la bomba atómica de Nagasaki, que está muriendo.

    Logan va y se mete en esa cultura, como Bill Murray en “Perdidos en Tokio”. Pronto descubrirá varios intereses cruzados: las intenciones del anciano, de su misteriosa doctora, de su hijo Shingen, del ministro de Justicia Noburo Mori. Todas ponen en peligro la vida de Mariko, la heredera del clan, que logra conmover el duro corazón del mutante y hacerlo aflojar con la roja Grey. Por ella luchará varias batallas épicas, con un condimento: lo han “engualichado” y sus poderes curativos empiezan a debilitarse.

    El guión combina intriga y acción (y un poco de romance), en una sucesión de búsquedas y persecuciones, en un entorno que desde aquella saga de Claremont y Miller se ha vuelto más familiar desde entonces, dada la presencia de la industria cultural japonesa en los últimos años. De todos modos, los fanáticos encontrarán alguna que otra inconsistencia (no está mal prestar atención a algunas premisas, de todos modos).

    Climas

    James Mangold recibió el encargo de dirigir el filme tras la baja de Hood, y cumplió con las expectativas: su experiencia que va del policial a la comedia romántica seguramente le sirvió para dosificar las intensidades necesarias.

    Un filme de tales características necesita de la creación de diferentes climas y ambientaciones. Meritorio trabajo entonces para Ross Emery (fotografía) y Marco Beltrami (música original, que se combina con canciones niponas) y para Yôko Narahashi, responsable de un casting que necesitó de muchos actores asiáticos, por obvias razones (fue la encargada del área en Babel, ya que estamos). El diseño de producción de François Audouy acompaña la idea, creando una amigable Tokio diurna y una pacífica Nagasaki, que contrasta con la opresiva mansión Yashida y la oscuridad de la aldea de los ninjas (buena parte se rodó en Australia, cosa curiosa).

    Tinta y sangre

    En cuanto al elenco, huelga decir que Hugh Jackman es la clave. Realmente ama a este personaje, con el que se hizo conocido: Dougray Scott tuvo que rechazarlo y recayó en manos del fachero australiano, que supo encontrarle la veta y hacer de este personaje de cómic algo tan profundo como su Jean Valjean en “Los miserables”.

    El resto del reparto combina figuras nuevas con otras más vistas: las juveniles Tao Okamoto y Rila Fukushima convencen como Mariko y Yukio, respectivamente. Pero el trío femenino no estaría completo sin las breves pero sugestivas apariciones de Famke Janssen como la extinta Jean.

    Los veteranos Haruhiko Yamanouchi y Hiroyuki Sanada tienen algún momento de lucimiento como los Yashida, padre e hijo. A la rusa Svetlana Khodchenkova le alcanza con unas miraditas y movimientos para encarnar a la villana Viper; suma también Brian Tee como el ministro Mori, y Will Yun Lee usa sus habilidades para el ninja Harada.

    Así se concreta un nuevo acierto para la franquicia de los mutantes de la Marvel. Ahora, a esperar a que sea Logan el que protagonice “X-Men: Días del futuro pasado”. Pero esa será otra historia.
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  • Alan Echeverría
    Alan Echeverría
    Cinéfilo Club
    Logan y los japoneses

    Quizás producto de otro bien logrado pero engañoso tráiler o tal vez haya sido obra de la creación de una expectativa mayor, pero al fin de cuentas esta entrega cinematográfica de Marvel entusiasma muy poco.
    Wolverine entra en calor en la primera vigorosa secuencia, cuando salva la vida de Yashida, impactando de lleno en el público y dejándole una grata impresión debido a sus impecables efectos especiales. Hasta allí e incluso unos cuantos minutos más la historia parece ir encaminándose por buen rumbo, pero tramos próximos a la llegada de nuestro protagonista a Tokyo, el sendero se visualiza nebuloso, desconcertante no desde el punto atrayentemente enigmático que suelen mechar en su contenido algunas películas, sino desde la desorientación que ocasiona en el espectador. Entonces comienzan a hacerse más presentes unos cuantos diálogos más lentos que motivadores, aspecto que le quita tirantez al relato.
    Los factores que mantienen a flote esta proyección se basan en la propuesta (o más bien obsesión) de Yashida hacia Wolverine de “extirparle” su inmortalidad argumentando que al fin podría tener sueños, formar una familia y una muerte honorable, a lo que el mutante, terco como de costumbre, se rehúsa. La oncóloga del moribundo nipón cobra mayor protagonismo al resultar ser una pieza clave del plan en esta suerte de leyenda de “mortalizar al inmortal”, debilitando a nuestro héroe poco a poco.
    Uno de los motivos por los cuales The Wolverine no se acerca siquiera al nivel de sus anteriores ediciones vinculadas a X-Men radica en la falta de tensión que poseen los acontecimientos: en ningún momento se incomoda al espectador invadiéndolo de nerviosismo.
    Más allá, también, de algunos fallos de guión y un final discutible, la carismática y sobria presencia de Hugh Jackman y las muy buenas escenas de pelea hacen que la película apruebe tan justo como si Wolverine rasguñase el puntaje con la punta de sus garras de adamantium.

    LO MEJOR: los momentos de acción. El mano a mano arriba del tren bala. La secuencia que nos presenta Marvel (como es habitual) en los créditos.
    LO PEOR: no enlaza, no genera atracción plena. Posee altibajos.
    PUNTAJE: 6
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  • Diego Faraone
    Diego Faraone
    Denme celuloide
    O mortal, da lo mismo
    El principio es prometedor, en un campo de prisioneros de Nagasaki se vive el caos. Un B-29 sobrevuela y los soldados imperiales ya saben lo que eso significa: todos están muertos y no hay escapatoria posible. Ese comienzo es abrupto y brutal, los minutos previos a la caída de la bomba atómica están dotados de un poderoso nivel de tensión. En esta secuencia, algunos japoneses se disponen a hacerse el harakiri (se denota un gran desconocimiento del ritual; está claro que quien filma no está familiarizado con esa clase de tradiciones) pero por fortuna el protagonista es realmente inmortal y la bomba no parece afectarle demasiado. Hasta se permite salvar a un joven nipón que le cae simpático. Lo curioso es que este mismo japonés -presentado como un anciano casi setenta años después- pese a haber estado a poca distancia de la detonación de la bomba, no de nunca muestras de haber sufrido secuelas por su exposición a la radiación, y su descendencia tampoco se ve afectada por alteraciones genéticas. Y eso que no debe de existir película más indicada para idear creativas mutaciones. Las cosas mejoran: una escena en un bar retrotrae a los mejores westerns, con el antihéroe justiciero que pide whisky y reparte torta y compota a todo el mundo. Más adelante otro pico de acción: una lucha de varios yakuzas contra el protagonista, sobre el techo de un tren bala y a quinientos kilómetros por hora. Hasta ahí las cosas parecerían marchar, en lo que refiere a tensión y ritmo, de maravilla.
    Pero de a poco se va perdiendo el interés y la creatividad. Una japonesita se presenta como una buena escudera, aunque lamentablemente su “poder” parecería tener una efectividad del 0%. Las secuencias de pelea son montaje fragmentado y caótico y no parecen muy bien resueltas, y no faltan las innecesarias piruetas voladoras. Algunas líneas de diálogo (“nunca te metas con mis amigos”, o “soy Wolverine”) expectoradas por el protagonista en momentos clave de las contiendas, vinculan a la película con el cine de acción más berreta. Los villanos están muy mal delineados y un tema central en la anécdota toma giros poco comprensibles: se supone que Wolverine está cansado de ser inmortal, pero una vez que obtiene la mortalidad -o que le hacen ese gran favor- hace todo lo posible para ser inmortal de nuevo sin que medie una explicación para el viraje. Pero claro está que había que garantizarle unas cuantas secuelas más a la saga. A lo mejor el final heroico, la muerte apoteósica quede reservada para cuando las ganancias de la taquilla no sigan siendo tan tentadoras.
    Llaman la atención los niveles de violencia, considerando que se trata de una producción masiva y mainstream. Lo que desagrada bastante es esa tendencia tan del cine estadounidense de mostrar a los héroes –o antihéroes, tanto da– utilizando esa violencia fascistoide a la hora de interrogar un villano llamado a silencio por lealtad a los suyos. Hay veces que una misma película reúne momentos muy buenos y muy malos, y aquí hay un gran ejemplo de ello.

    Publicado en Brecha el 2/8/2013
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  • Cintia Alviti
    Cintia Alviti
    El Bazar del Espectáculo
    Wolverine Inmortal es una propuesta interesante y el hecho de que esté ambientada en Japón la enriquece agregándole nuevos elementos, aunque de todas formas no logra ser lo suficientemente adrenalínica como para que el público salga del cine desbordante de entusiasmo. Consejo: no te vayas apenas comienzan los títulos finales ya que...
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  • Mauro Jacobo
    Mauro Jacobo
    Cinélico
    Flojardo el guepardo

    Una simple palabra para comenzar: Decepcionante. Es muy feo ver como algunos directores arruinan personajes e historias emblemáticas de la infancia. Ya hemos visto lo que un tipo como Michael Bay puede hacerle a personajes entrañables como son los Transformers... convertirlos en robots ñoños de propaganda armamentista de USA no es exactamente lo que imaginábamos cuando nos dijeron que por fin se concretaría una película en acción real sobre ellos. Dicho esto, y con todas las salvedades que vienen al caso ("Wolverine inmortal" es superior a Transformers aunque no es una joyita), esta nueva aventura del forzudo con garras no llega a levantar el fiasco de la original, "X-Men Origins", de hecho, diría que esa entrega anterior resultaba más interesante en cuanto al universo mutante y comiquero. En esta Wolverine de Mangold, el héroe anda vagando por el mundo entristecido por la muerte de su amada Jean Grey hasta que conoce a Mariko, la nieta de un viejo amigo a quien le salvó la vida cuando tuvo lugar el bombardeo nuclear a Hiroshima. En este sentido, el romance de Wolverine y Mariko sucede como por arte de magia y con una química casi nula. El film trata de mostrarnos a un Logan vulnerable, despojado de sus superpoderes y nuevamente enamorado, algo que habría funcionado mejor si no hubieran mechado de manera tan torpe los momentos claves en los que justamente es despojado de sus poderes y luego los recupera. Se colocaron varios personajes de relleno que supuestamente debían aportar distracción al espectador para que no descifre el nudo final, pero en vez de eso sólo consiguen aburrirlo. De hecho, el trailer final que sacaron antes del estreno, prácticamente devela el desenlace de la historia.
    Por otro lado, el manejo de los villanos fue muy flojo, presentando a una Viper deslucida, no por falta de carisma de Svetlana Khodchenkova, sino por lo desperdiciado que estuvo su personaje durante casi todo el metraje. Mangold se dedicó a mostrar más las piernas y la ropa que le seleccionaron, que alguna faceta interesante de su personalidad. El poder que detenta Viper está mostrado de manera amateur y con efectos débiles. Casi diría que la Poison Ivy de Schumacher en "Batman & Robin" estaba mejor, y eso es casi un sacrilegio. Una de las escenas finales con Viper pelada es de lo peor que he visto en los últimos años. El otro villano, Silver Samurai, también estuvo desperdiciado. Se podría decir que tiene una participación similar a la del Kraken en "Furia de Titanes"... es decir, fútil y que dura unos pocos minutos.
    En tiempos presentes donde podemos disfrutar de productos de este tipo copados como "Man of Steel", "The Dark Knight" (la trilogía) y "X-Men: First Class", resultaría poco criterioso darle una buena puntuación a "The Wolverine" sólo porque el personaje es atractivo, le tenemos afecto y tiene un despliegue de efectos visuales de la media para arriba. Sólo para incondicionales.
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  • Juan P. Pugliese
    En Wolverine Inmortal (The Wolverine, 2013) el "lobezno" viaja a Japón y se enfrenta a cuanto malo se cruza en su camino. Así desfilarán ninjas, miembros de los yacuza y hasta un samurai gigante que pondrán al héroe de Marvel contra las cuerdas. La cinta es una buena película de acción pero no agrega nada significativo en la historia del mutante inmortal.

    Los primeros minutos del film transcurren en Nagasaki, momentos antes de que los estadounidenses tiraran la bomba atómica que pondría punto final a la Segunda Guerra Mundial. Allí Wolverine le salva la vida a un joven soldado japonés que en la actualidad se ha convertido en el empresario más poderoso de Japón. El anciano lo manda a buscar por una extraña joven llamada Yukio (Rila Fukushima) y le ofrece la posibilidad de una vida mortal.

    Luego de los sucesos acaecidos en X-Men: La batalla final (X-Men: The Last Stand, 2006), no parece una mala idea para una persona que ha visto morir a sus seres queridos. Pero todo se complica para Wolverine cuando se ve inmerso en una guerra entre los yacuzas, políticos corruptos y una mutante llamada Viper (Svetlana Khodchenkova). Ahora deberá volver a la acción para cuidar a Mariko (Tao Okamoto), la heredera del imperio de su abuelo.

    La película está basada en A Ronin's Story (1982), de Chris Claremont y Frank Miller, que plantea el costado más interesante en la historia de Wolverine. El director James Mangold, con experiencia en cine de acción, lleva adelante la cinta que presenta en pocos minutos el nudo de la cuestión y que luego dará paso a elaboradas escenas en las que Hugh Jackman vuelve a demostrar que se siente muy cómodo interpretando a Wolverine.

    Sin embargo, la cinta no aporta nada nuevo en la historia del personaje y recién luego de los créditos hay una larga escena extra que servirá como prólogo a X-Men: Días del futuro pasado, a estrenarse el año que viene. Queda la sensación de que tanto X-Men orígenes: Wolverine (X-Men Origins: Wolverine, 2009) como esta película no eran necesarias y su único fin fue recaudar tantos millones de taquilla como fuera posible.

    No obstante, el film logra entretener durante sus 116 minutos y mantiene un ritmo que no decae en ningún momento. Se puede decir que Mangold hace un buen trabajo y demuestra su versatilidad al dirigir una historia llena de acción con un Hugh Jackman que se ha afirmado como Wolverine hace tiempo. Sólo falta esperar un año hasta el estreno de X-Men: Días del futuro pasado, donde el australiano encarnará al mutante por séptima vez.


    3/5
    SI


    Ficha técnica:

    País de origen: Estados Unidos
    Año: 2013
    Estreno(Argentina): 25 de julio de 2013
    Dirección: James Mangold
    Guión: Mark Bomback, Scott Frank.
    Duración: 116 minutos
    Género: Acción
    Distribuidora: Fox
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  • Juan Pablo Bondi
    El actor australiano Hugh Jackman vuelve a interpretar al superhéroe mutante que le dio fama mundial en su nueva aventura por Japón. Esta segunda parte de la saga de Wolverine/Logan en solitario cuenta con la dirección de James Mangold y un guión de Scott Frank y Mark Bomback.

    Este film ha tenido una realización un tanto difícil, con la primera encarnación de dicho trabajo tenía como director a Darren Aronofsky y como guionista a Christopher McQuarrie pero que se descartó debido a problemas externos, entre ellos las explosiones de distintos reactores de Fukushima causados por un terremoto y un tsunami en el 2011 en Japón.

    “Wolverine: Inmortal” tenía que superar en calidad, espectáculo y prolijidad a su antecesora, estrenada en el 2009 y vapuleada tanto por la crítica como por los fans, para ello Mangold y compañía decidieron adaptar la saga de Chris Claremont y Frank Miller a la pantalla grande. El resultado es un film con cierta elegancia, más preocupado por desarrollar al personaje principal y el conflicto por su condición inmortal que por cumplir con los clichés del género de acción. Hugh Jackman hace su mejor retrato hasta ahora del personaje y no es opacado por las pirotecnias visuales o por un interminable desfile de mutantes, como sí sucedió en el anterior film del 2009. Sólo en el 3er. acto hay un cambio tonal brusco, aunque justificado por el guión, en donde los realizadores se vieron obligados a poner al protagonista contra del gran villano de turno. Por suerte la película en cuestión es lo suficientemente buena como para obviar este detalle.

    “Wolverine: Inmortal” es un muy buen film de Wolverine que, con algunos toques de acción y suspenso que lo acercan al cine negro, le da la oportunidad a Hugh Jackman de brillar en el papel más importante de su carrera
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  • Shaoran Nox
    Shaoran Nox
    La Cinerata
    Podemos defender a Marvel diciendo que, en aquellos años de crisis del cómic impreso, comenzó vendiendo los dercehos de sus personajes a diestra y siniestra, sin importar que unos quedaran en manos de Fox, otros de Sony, y unos pocos, aún en su propiedad. Resulta curioso saber que cuando Sony planeó su Hombre Araña y Fox sus X-Men, fueron pensados como una trilogía que poco o nada tienen que ver con las historias de los impresos y que sólo buscaban venderse como trilogías para hacer competencia a la entonces existosa "El señor de los Anillos".


    Ahora, después de la recuperación de Marvel como casa editorial y distribuidora de películas, han intentado enmendar el camino con el tercer equipo de super héroes y hacer su universo fílmico tan grande como lo es el de su contraparte impresa. Así, después de la fallida X-Men Orígenes: Wolverine, y de la desastrosa X-Men 3: The Last Stand, intentan hacer todo más grande y copiar la fórmula de The Avengers. Wolverine inmortal es la primera pieza rumbo a Días del futuro pasado, un proyecto tan ambicioso como Los Vengadores, pero con tintas de fallas por el camino lleno de tropiezos que han tenido.

    The Wolverine nos cuenta la historia de Logan, justo después de haber matado a Jean Grey a.k.a. Fénix (Famke Jenssen), mientras Yukio (Rila Fukushima) va a buscarlo por encargo de un veterano de la segunda guerra mundial, quien está apunto de morir y quiere despedirse de él haciéndole una interesante oferta. A cambio, Logan deberá proteger a su nieta de la mafia japonesa que quiere adueñarse de la empresa del abuelo.


    Adaptado de uno de los arcos argumentales más famosos del mutante de las garras, The Wolverine se queda muy corta a lo qu enos habían prometido. No es tan mala como Origins, pero sigue siendo muy pobre con lo que uno esperaría de uno de los mutantes más famosos. Hay un par de escenas que valen mucho la pena, como la persecución en Tren aunque dura sólo un par de minutos, y la pelea con el SIlver Samurai. Lo malo es que la parte romántica con Mariko queda muy en el olvido, y otras cosas quedan sin explicación (la parte de las garras) y no logra impregnar todo el drama del cómic como una evolución del personaje.


    Básicamente, la película es plana, con un par de momentos que vale la pena (el 3D no aporta nada) con un par de villanos y una parte romántica completamente olvidable. Realmente lamentamos la terrible decisión de Darren Aronofsky de no haber continuado en el proyecto, pues hubiera sido una mucho mejor película de lo que fue. Fox debería dejar de destrozar a los X-men.
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  • Leonardo M. D’Espósito
    Empecemos por lo obvio: Hugh Jackman es bueno haciendo casi cualquier cosa. Por lo menos siempre es simpático y tiene una característica que anda faltando en los intérpretes contemporáneos: a pesar de tener un “tipo” definido (el de galán, digamos), inventa cada uno de sus personajes. Así, son totalmente distintos su Wolverine y su Jean Valjean, y ambos resultan igualmente efectivos, mucho más que las películas que los contienen. Porque el gran problema de “Wolverine inmortal”, una aventura al margen del universo mutante de los X-Men, es que el realizador James Mangold (responsable de algunas muy buenas películas como “Copland” o “Encuentro explosivo”, y otras muy malas como “Walk the Line” o “Identidad”) decide ser clásico y filmar una especie de homenaje a las películas de samuráis de Kurosawa, ampliamente influido por el cine americano. Jackman tiene mucha menos acción que en otros films, pero más elegante.

    El problema es que Mangold decide incursionar en la psicología del personaje, profundizar en las emociones. No es que no se pueda (es lo que hizo Tim Burton con Gatúbela en la obra maestra “Batman vuelve”) sino que el director no tiene la capacidad para lograrlo y deja un poco al garete a su actor, que resuelve como puede. Entre las intenciones y el resultado, falla el talento, en este caso no ausente sino desenfocado. Las secuencias de acción son muy buenas y compensan las fallas de un lujoso y noble film clase B.
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  • Facundo J. Ramos
    No es que me haga el erudito, pero voy a utilizar la metáfora del ronin (el samurái sin amo, por ende, sin destino ni rumbo) para hablar del personaje de Wolverine (interpretado siempre por Hugh Jackman) dentro del cine.
    Wolverine es, sin lugar a dudas, un samurái sin amo.

    En las dos primeras películas de los X-Men, las que dirigió Singer en el 2000 y 2003 respectivamente, el personaje de Hugh Jackman sin lugar a dudas era el más llamativo, el más trabajado, el que más tenia para contar y por ende el más necesario para narrar las dos mejores películas que se hicieron con estos personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby para Marvel.

    Luego vino la tercera (y para muchos fatídica) entrega dirigida por Brett Ratner en el año 2006, donde Logan/Wolverine se consolidaba como el eje de todo ese universo, ya que cambiaba el rumbo del mismo con una medida drástica: asesinaba a su amor imposible, Jean Grey (interpretada por Famke Janssen) quien se había convertido en la mutante más poderosa y peligrosa del mundo, para luego perderse así en un exilio en busca de su paz interior.

    Aquella película, en donde lo último que veíamos de Wolverine es que este huía hacia Canadá, era el final de una saga que, de haber sido trabajada mucho mejor, podría seguir rindiendo frutos hasta el día de hoy.

    Sin embargo el destino fue otro, y lo que decidió la Fox para seguir explotando los beneficios de estos personajes en el cine fue hacer dos precuelas: en la primera de ellas contaron el origen de Wolverine (X-Men Origenes: Wolverine, Gavin Hood, 2009) y en la segunda narraron el origen del resto de los mutantes (X-Men Primera Generación, Matthew Vaughn, 2011).

    Si bien la película de Gavin Hood no me parece un completo desastre como muchos la tildan (pese a ofrecer cambios argumentales bastante difíciles de entender) y la de Matthew Vaughnn no me parece la obra maestra que muchos defienden con uñas y dientes, ambas me resultaron un entretenido y claro intento por parte del estudio para tratar de llamar nuevamente la atención del público hacia estos personajes que se habían visto completamente desdibujados con la película del 2006.

    ¿Lo lograron? Económicamente sí. ¿Argumentalmente? Con la ayuda de remontarse al pasado, y borrar con el codo lo que escribieron con la mano, también. Pero así y todo faltaba algo. Y era ni más ni menos esta película. La que se dedica básicamente a contar lo que todos queríamos saber: ¿Qué pasó con el mutante más importante de todos luego de haberse exiliado para tratar de olvidar su dolor?

    Ahí es donde radica el mayor acierto del director James Mangold y los guionistas (Marck Bomback y Scott Frank) de “Wolverine Inmortal”: Se preocuparon por contarnos que fue de este personaje luego haber asesinado a su gran amor y haber abandonado al resto de los suyos.
    Esta película es una secuela directa de “X-Men: La Batalla final” de Brett Ratner (2006). No quedan dudas.

    Wolverine esta devastado, su vida parece no tener sentido y es una especie de homeless, que por esas cosas del destino, deberá volver a un lugar del pasado (relacionado íntegramente con el film de Gavin Hood) y verse cara a cara con alguien que necesita de su ayuda y de sus dones para cumplir varios objetivos. Algunos, por supuesto, no tan buenos.

    Pero como dije al principio, Wolverine es un ronin, incluso dentro de este film, ya que es un guerrero sin amo, sin objetivos ni esperanza de encontrar una nueva razón para vivir, con la decisión voluntaria de dejar su pasado atrás y tratar de pasar el resto de sus días sin usar sus poderes ni dar a conocer su maldición, para pasar desapercibido.

    Tarea difícil de cumplir, sobre todo cuando se pongan delante de él ninjas, yakuzas y un par de villanos más que pondrán en su camino las piedras que debe sortear todo guerrero para ponerse de pie nuevamente y encontrar sus nuevos objetivos, su nuevo rumbo, dentro de su destino.

    Hasta el mismísimo concepto de la muerte (recordemos que Wolverine es inmortal) será uno de los enemigos que tendrá que sortear nuestro mutante para erigirse como el héroe que realmente es.

    Todos estos elementos conforman un combo de acción y drama en medidas justas que sirve para que pasemos un agradable momento en el cine y logremos de una vez por todas cerrar de forma coherente parte de la historia de uno de los personajes más entretenidos y oscuros que tiene el cine gracias al mundo de los cómics.

    Solo Wolverine puede ofrecerte una pelea arriba (literalmente) de un tren bala frente a un grupo de mafiosos y a los dos segundos hacerte un nudo en la garganta a través de un ejemplo de que todos, en algún momento de la vida, necesitamos de la ayuda de alguien más, aunque seamos inmortales, para solucionar algo.

    La escena de Nagasaki y la llegada de nuestro guerrero al templo donde se desenvuelve el final del film son dos ejemplos más de lo grandioso, complejo y gris que es este personaje que, a simple vista, parece ser una bestia peluda.

    Como dije al principio, Wolverine es dentro y fuera de esta película un ronin. James Mangold no logró la mejor película con esta figura, pero sin embargo hizo un trabajo más que digno. Hizo lo suficiente para devolverle ese tono oscuro, serio, dramático y solitario al personaje, algo que seguramente se disfrutara mejor cuando tengamos el corte del director en nuestras manos (lo aclaró el mismo realizador hace unos días) y obviamente cuando Wolverine se una, nuevamente, con su grupo de mutantes.

    Eso es lo que promete el final de este film (atentos con la pobre, pero interesante al fin, escena post-créditos): un regreso en toda regla del universo X-Men por parte de quien supo darle vida dentro del cine.

    Ese es Brian Synger. Ese es el amo de nuestro querido Wolverine.
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  • Alejandro Franco
    Wolverine: Inmortal es el quinto filme de la Marvel que tiene como protagonista al carismático superhéroe canadiense. En el cine lo conocimos a partir de la trilogía de X-Men - iniciada por Bryan Singer en el 2000 -, y luego vino X-Men Origenes: Wolverine (2009), la cual se centraba exclusivamente en el personaje y narraba su historia de origen. Esta quinta película abandona la línea argumental de X-Men Origenes... y funciona más como una secuela de X-Men: The Last Stand - ese desastre del año 2006 en donde los hombres X se desbandaban, la mayoría perecía o quedaba en coma, y la saga llegaba a un final altamente insatisfactorio -. Las buenas nuevas es que Wolverine: Inmortal funciona mucho mejor que los últimos dos filmes mencionados, fundamentalmente porque tiene un corte más personal e intimo del personaje, y eso le da pista de sobra para que Hugh Jackman luzca el enorme rango actoral que posee; pero, por contra, la historia arranca bien y funciona de maravilla durante las dos terceras partes... hasta que termina por implosionar sobre el final, en donde las cosas se ponen tan rebuscadas que atentan contra la lógica interna que venía manteniendo toda la trama.

    En lo personal, los filmes de los Hombres X nunca me entusiasmaron demasiado - al contrario de los dibujos animados, siempre me dió la impresión que Bryan Singer los había reducido a un nivel demasiado estático y teatral, por contra de la escalada épica que podía obtenerse con semejante grupo de personajes -. Por supuesto el nivel actoral del cast era de lujo, pero verlos restringidos a horas de pura verborragia y escasa acción siempre me pareció un sacrilegio. Cuando los cast multitudinarios se redujeron y comenzaron a hacer filmes basados en los personajes principales de la saga, las cosas tomaron una perspectiva más interesante. El proyectado filme de Magneto en solitario derivó a esa joyita llamada X-Men: First Class - en donde Matthew Vaughn le inyectó la bocanada de aire fresco que precisaba la saga para ser popular -, y después llegó la de los origenes de Wolverine, la cual subsistió gracias al enorme carisma de Hugh Jackman. En Wolverine: Inmortal pasa algo parecido: la historia tiene demasiadas volteretas y el tercer acto es como mínimo discutible, pero es Jackman el que convierte al filme en un espectáculo compulsivamente mirable a pesar de sus desprolijidades argumentales.

    De antemano la trama parece venir cargada de bazas ganadoras. La primera es explotar la naturaleza solitaria, anárquica, y depresiva del héroe. En v ez de embarcarse en una lucha titánica para salvar el Universo, esta vez el protagonista debe lidiar con sus demonios internos: la pérdida / asesinato de su amada Jean Grey (ocurrida al final de The Last Stand), la depresión sufrida por la inmortalidad, la soledad de ser el único de su especie, la resistencia contra todo aquello que represente autoridad, etc. El segundo aspecto es mandar a Wolverine a Japón, tierra de samurais, ninjas y katanas, y en donde un hombre armado con garras de adamantio se encuentra en su salsa; verlo luchando a brazo partido con hordas de mercenarios armados con espadas es poco menos que una delicia, amén de que el director James Mangold se da el lujo - al fin! - de desatar a Lobezno en toda su furia, despedazando gente por decenas como debe hacer un personaje con semejante perfil. El último punto es comenzar la historia con una escena monumental, como es el bombardeo atómico de Nagasaki - y en donde Logan permanece como prisionero de guerra -. Es una inyección de energía que sirve para que el espectador se enganche con la trama desde el primer fotograma.

    En sí, Wolverine: Inmortal se siente menos como un filme de superhéroes, y más como una de aventuras con un occidental perdido en tierras extrañas, al estilo de Yakuza, Lluvia Negra o El Desafío. He aquí otro gaijin - extranjero - involucrado en una conspiración japonesa y haciendo lío en la tierra del Sol naciente. Como el occidental no entiende de reglas ni honor, actúa como cree y desbarata los planes de los villanos. El problema aquí es que los malvados abundan - parientes resentidos por el reparto de una megacorporación japonesa, yakuzas que quieren secuestrar a la fémina de turno, o auto invitados a esta peculiar guerra secreta, los cuales parecen tener su propia agenda -, y nunca quedan demasiado claras sus intenciones, o los límites del accionar de uno u otro bando. Mientras Jackman se sincera, pelea con sus peores pesadillas, sufre los efectos de la mortalidad, o se enamora de quien no debe, por otra parte tenemos una caterva de peleas y persecuciones en donde nunca queda demasiado en claro quiénes son los involucrados. Y cuando al final la gente se quita las mascaras y revelan sus verdaderas identidades, uno se pregunta si todo esto no podría haber sido mucho más simple desde el principio, o si no había una manera más lineal de obtener los mismos resultados. Durante el 80% del su tiempo Wolverine: Inmortal es intensa e interesante... hasta que se ve obligada a atar cabos y ahí termina por desmoronarse.

    Aquí hay muy buenas actuaciones, grandes peleas y un clima muy logrado; por contra, el broche de la historia no es todo lo satisfactorio que debiera. A su favor tengo que decir que Wolverine: Inmortal se siente diferente... lástima que se transforma en un culebrón a la hora en que debe llegar a puerto, tarea cuyo resultado es tan pasable como discutible.
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  • Jorge Luis Fernández
    Jorge Luis Fernández
    Revista Veintitrés
    Mucha garra, pocas ideas

    Alejado de los X-Men y la civilización, esta secuela arranca con el héroe de uñas afiladas merodeando un bosque en compañía de un oso. Primera gran confusión: ¿nuestro hombre no está más emparentado, se supone, con los lobos? De todas maneras, el asesinato de la pequeña mascota pone a Wolverine en contacto con Yukio, una japonesa semimutante que lo convence para viajar a Tokio y reencontrarse con el magnate Yashida, el mismo que lo salvó de la explosión en Nagasaki (recuerden, Wolverine es inmortal). Wolverine rehúsa la oferta del anciano Yashida, que propone quitarle el peso de la inmortalidad (el moribundo la quiere para él, claro, mágica transfusión mediante); luego se enamora de su nieta, Mariko, sospechosamente pierde sus poderes y termina involucrado con una familia conflictiva (desde los yakuza hasta una mutante llamada Vesper, lo que le sobra a los Yashida es enemigos). Aparte de una envolvente escena de acción, lucha cuerpo a cuerpo y garra contra cuchillo sobre los vagones de un tren bala, Wolverine (si bien sensiblemente superior al “debut solista” de 2009) no tiene nada nuevo para ofrecer y el guión hace equilibrio entre divagues narrativos y soluciones inverosímiles. Una vez más, el buenazo de Jackman les pone el pecho a los anabólicos y entrega lo mejor de sí para una historia mediocre, por demás extensa, donde no vuelve a faltar la mirada entre socarrona y condescendiente que tiene el público norteamericano hacia la cultura japonesa. En el final, escondido tras los títulos (a esta altura, final obligado para cualquier tanque), se sugiere un retorno de la hermandad X-Men. Sí, el film se titulará Days of Future Past y se estrena el año próximo. Queda tiempo para mejorar la puntería.
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  • Fabricio Esperanza
    La nueva de Wolverine... mutante en caída

    Exprimir un personaje hasta sacarle las últimas gotas suele ser un error bastante recurrente en la industria del cine, sobre todo en los últimos tiempos donde no abundan precisamente las buenas ideas. El estreno de Wolverine: inmortal es un ejemplo más que viene a reforzar esta afirmación.

    Cuando comenzó la saga de estos mutantes (extraída del cómic, como casi todos los tanques que se producen desde hace una década), se generó un fenómeno de taquilla producto de la novedad, de la presentación en sociedad de cada uno de estos raros especímenes y también porque los inicios tienen ese plus de lo desconocido. En esta última entrega que tiene como exclusivo héroe al indestructible Wolverine, se repitieron casi todos los vicios que se ven en las franquicias a las que se les quiere continuar sacándole dólares por el solo hecho de contar con la inercia de éxitos anteriores.
    Aquí, este ser que posee un esqueleto a prueba de todo se encuentra en Japón para despedir a alguien de su pasado. La excusa de hacerse un viajecito al país oriental era necesaria para meter en esta saga ya superpoblada de vericuetos, conexiones y cruces, lo que Japón exportó tan bien al mundo del séptimo arte de todo el planeta: los estilos marciales, los ninjas, los yakuzas y demás yerbas. Y el filoso mutante tendrá que rebuscárselas para dejar a salvo a la nieta del tal amigo.
    El director James Mangold se las tiene que haber visto en figurillas para tratar de meterle un poco de mostaza a la película, a sabiendas de que su as en la manga es un personaje que está quemando sus últimos cartuchos. De todas formas, lo que había que hacer bien, se hizo: Wolverine: inmortal es un filme de acción y fantasía que como todo producto del rubro cumple en las escenas de gran impacto visual.

    Las peleas están bien logradas y los efectos aprueban con sobresaliente. Lo que sigue quedando en la columna del debe es fuerza en el relato, verosimilitud en la historia y un mínimo de alma. Quizá lo más criticable sea esto último, por más esfuerzo que se puso en mostrar a personajes con sus pesares a cuestas, el espectador se encuentra con un filme que carece de alma.
    Dirigido a los fans. Para los fanáticos de toda saga, es normal que con el sólo hecho de presenciar una nueva historia de su objeto de deseo sea suficiente para que la relación costo-beneficio del pago del ticket resulte positiva. En el caso de Inmortal, las condiciones mínimas, como ya se mencionó, están dadas. Pero los que pretendan algo más con este estreno saldrán de la sala con una mueca de decepción. Son 126 minutos rodados para beneficio de dos egos: el de Wolverine y el del propio Jackman.
    Habrá que ver qué pasa con el próximo material que llegará en poco tiempo a los cines y del cual se adelantan algunas imágenes al arrebato luego de los créditos. Quizá la cuestión no sea seguir echando toda la carne en el asador, sino poner lo justo y sacarla cocida como corresponde.
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