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Crítica de Damián Aspeleiter - Revista Meta

M. Night Shyamalan es un director a quien la crítica amo amar y a quien esa misma critica, a mediados de la década del 2000 adoro odiar ¿Razones? No cumplía las expectativas de la crítica lo cual puede ubicar el problema en la crítica y no en el artista en si ya que Shyamalan nunca mostro una decadencia en su modo de filmar o de relatar historias, es más se podría decir que hubo un crecimiento constante en su técnica y habilidad para hacer uso de las herramientas fílmicas y la narración a la hora de construir una historia.

Entonces debemos entender que el problema del odio o desprecio a la obra de este director reside en la crítica ya que de alguna manera anticipaba un mal de estos tiempos: la ansiedad ante el no cumplimiento de expectativas, un mal que es común en nuestros tiempos que consiste en pedirle a las obras y los artistas más de lo que estos en si ofrecen, siempre se espera que la obra les cambie la vida y las formas de entender el arte pero si esta no lo cumple la culpa es del artista no de quién se generó las expectativas, esta no es una regla general ya que algunos artistas se envuelven en un halo de misticismo y supuesta genialidad que la mayoría de las veces no cumplen; esto último no es el caso Shyamalan.

La carrera Shyamalan, para el gran público, arranco con un fuerte golpe sobre la mesa, el cual género que desde la crítica se esperara más de eso, depositando fuerte expectativas sobre el artista al mismo tiempo que de alguna manera se lo encasillaba ¿Error del autor? No o si, porque con El Protegido (Unbreakable, 2000) de alguna manera género el mismo efecto que El sexto sentido (The Sixth Sense,1999) pero con ciertos toques que nos trajo muestras de un fenómeno que es mucho más intenso en esta década. Como todo bien vanguardista el director que nos toca hoy trajo con sigo la necesidad de que le expliquen todo al público (sin él miles de youtubers hoy pasarían hambre) lo cual en última instancia trajo también el desencanto ya que o la explicación no era tan compleja como se esperaba o porque simplemente esta no hacía falta. M.Night Shyamalan no es el primer artista víctima de este tipo de reacción, pero si es un caso inevitable de mencionar.

La carrera de este director, si bien arranca con dos películas de la década de 1990 (Wide Awake de 1998 y Praying with Anger de 1992 ) llega al gran público con un sexteto de muy buenas películas que si bien recibieron cierto maltrato de la crítica no pueden ser consideradas malas, si bien son diferentes a sus producciones anteriores. La dama en el agua (Lady in the water, 2006) y El fin de los tiempos ( The Hapenning, 2008) no son películas desastrosas, ni siquiera malas, aunque pecan de cierta inocencia que transmite una extrañeza que al público que esperaba un poco más del thriller oscuro y desconcertante que había ofrecido en sus producciones anteriores. De hecho, solo podemos colgarle el mote de producción mediocre a aquellas películas que nos hacen leer cierta calidad de encargo y no creación total del artista. The Last Airbender (2010) es quizás la producción de más baja factura de este director y tal vez eso sea a causa de que debió someterse a los requerimientos del estudio lo cual le quito la libertad creativa necesaria.

En The Last Airbender no se ve nada de lo que Shyamalan había mostrado en sus creaciones anteriores y es ahí en donde reside su déficit ya que aun en producciones menores como en Después de la tierra (After Earth, 2013) y El fin de los tiempos ( The Hapenning, 2008) vemos algo de la filosofía del director, la postura Gaia que supone a la tierra como un ser vivo que utiliza sus anticuerpos para deshacerse de su enemigo, es decir el ser humano. Solo por esa postura, muy enarbolada por grupos ecologistas en estos tiempos de pandemia, ambas películas a pesar de sus errores están por arriba de muchas producciones contemporáneas que a pesar de ser muy ensalzadas y defendidas por la crítica carecen de cualquier significante extra.

Old (2021) es la última producción de este director, basada en la novela gráfica de Frederick Peeters, El castillo de arena. Debo decir al respecto que los principales males de los que padece esta película son cuestiones paratextuales, es decir su calificación PG 13 y el hecho de pertenecer a un gran estudio lo cual reduce a una historia que presenta un gran potencial a un film que de alguna manera se siente contenido, como incomodo dentro de la forma en que debe elegir contar aquellos que puede contar. Esta película tiene un potencial de brutalidad que a diferencia de otras películas podría enriquecer la historia en lugar de contenerla. Shyamalan toma la decrepitud como tema la historia y nos presenta a la vejez misma como el verdadero enemigo, enemigo invisible, imparable e ineludible por lo cual cada uno de los personajes vive en una constante sensación de peligro y fragilidad.

En Old nos presentan al matrimonio Capa, Guy y Prisca, quienes ante una crisis de pareja y los serios problemas de salud de Prisca deciden pasar unos días junto a sus dos hijos pequeños, Maddox (Alexa Swinton), de 11 años, y su hijo Trent (Nolan River), de 6, a un lujoso resort all inclusive ubicado en un paraíso tropical que la madre contrató por Internet, a modo de compensación por el dolor que saben que la separación les va a causar a los niños. Luego de unas presentaciones llenas de risas y comentarios simpáticos el gerente del lugar (Gustaf Hammarsten) los invita junto a unos pocos huéspedes del hotel a conocer una playa escondida.

Nuestros protagonistas acceden gustosos a esta experiencia, pero a los pocos minutos de instalarnos en este lugar se desata el drama a través de un cadáver que aparece en la playa, a partir de ahí todo dentro de ese ambiente se llena de una cierta extrañeza ya que los niños pasan rápidamente de tener 11 y 6 años a 16 y 11, es ahí donde de a poco todos empiezan a envejecer de forma súbita. Unos minutos pueden equivaler a un año; y un día, a una vida entera. EL director elige ante esta historia que de forma muy verosímil genera desconfianza y miedo en sus protagonistas narra desde un punto de vista que parece fuera de escena, la cámara nunca se enfoca en lo que sucede sino en un tercer lugar que aparece más como espectador que como narrador omnisciente.

En la historia se suman personajes (Ken Leung, Nikki Amuka-Bird, Rufus Sewell, Aaron Pierre, Abbey Lee, Mikaya Fisher, Kathleen Chalfant), revelaciones y giros que en principio generan cierta intriga e interés, pero que poco a poco se van desvaneciendo hasta terminar en el terreno de la irritación, el sinsentido lo cual de a poco nos va dejando con los protagonistas y sus propios dramas personales. Presbicia, tinitus, reuma, problemas cardiacos, déficits de calcio, artrosis, artritis, demencia senil, Alzheimer e inclusive el simple hecho de nacer nos hacen sentir que en esta película el peligro es la existencia misma.

Shyamalan nos entrega un drama intenso que de haber elegido cierta brutalidad en las imágenes se habría convertido en una verdadera historia de horror a la luz del día pero que a pesar de eso es satisfactorio.

Tal vez dentro de lo que se puede entender como negativo en esta historia deba incluir el epilogo que peca del mal contemporáneo del que hablé al principio: la necesidad de explicarlo todo quitándole esa sensación de extrañeza que fue tan satisfactoria al comienzo.