Victoria

Crítica de Jorge Luis Fernández - Revista Veintitrés

La seducción en su laberinto

Destacada por haberse filmado en un único plano secuencia (es decir, una toma sin cortes, como El arca rusa, de Alexander Sokurov), Victoria es a un tiempo un prodigio técnico y un thriller hermético, peculiar, que pone los pelos de punta. Mientras el vértigo responde al fundacional plano secuencia inicial de Sed de mal, de Orson Welles, y recoge el guante de la fórmula frenesí más violencia, inaugurada por Gaspar Noé en Irreversible, la película detiene a sus personajes en dilemas morales de los que no parecen tener otra opción que el peor destino. Envolvente desde el arranque, la película muestra luces lisérgicas y sonido tecno que sitúan la acción en una discoteca; Victoria (Laia Costa) baila entregada al narcótico ritmo. Al salir de la pista, la chica española conoce a Sonne (Frederick Lau) y su heterogéneo grupo de amigos multikulti, que tipifica a la actual sociedad berlinesa. El cortejo de ambos, pese a su dispar origen, mantendrá el pulso de la madrugada y el lazo, aunque inverosímil, hará de Victoria la cómplice de un delito. Enroscado, el film de Sebastian Schlipper (actor de Trío y Corre, Lola, corre) juega con las cartas marcadas, pero es un laberinto adictivo e imposible de abandonar.