Victoria

Crítica de Guido Pellegrini - A Sala Llena

A esta altura del partido, hacer una película en una sola toma es casi un cliché, aunque la audacia de la propuesta no deja de sorprender, más cuando, como en este caso, no se trata de distintas tomas encadenadas digitalmente (como fue el caso de Birdman) sino de un verdadero recorrido continuo de más de dos horas. La hazaña no es novedosa -ya la lograron, con aún mayor audacia, Timecode, de Mike Figgis, y El Arca Rusa, de Aleksandr Sokurov- pero todavía conserva la emoción del funambulismo: ¿podrán llegar los intérpretes hasta el final del metraje, o se caerán en el vacío de un error? La toma interminable se convierte en un repositorio de incertidumbre y angustia, a medida que los minutos apuntalan nuestro nerviosismo.

El director Sebastian Schipper aprovecha este efecto para contar una historia de cinco jóvenes europeos, quienes se sumergen en los bajos fondos del crimen. La protagonista, Victoria, es una joven e ingenua española que atiende una cafetería berlinesa. Durante una noche de fiesta, conoce a cuatro alemanes, con los cuales, bajo la luna, comparte tragos y anécdotas en la terraza de un edificio. Pero el pasado criminal de uno de ellos, cuando despunta el sol, termina por enredarlos a todos.

No es un film destacable por su trama o sus personajes, todos funcionales al genérico esquema narrativo. Ni la española ni los alemanes dejan de ser envases más o menos vacíos, capaces de ser resumidos en pocos adjetivos -el simpático interés romántico, el iracundo ex convicto- y que existen antes que nada para girar los engranajes de la historia, que tampoco le agrega mucho a la tradición de películas sobre atracos. Pero es indudable la habilidad con la que Schipper y su camarógrafo Sturla Brandth Grøvlen ponen su única toma al servicio de las exigencias del género: la llegada de la hora señalada, la euforia del instante de felicidad, el peligro de una fuerza policial omnipresente, la agonía de un viaje hacia un destino incierto. Lugares comunes de este tipo de películas, dinamizados por el simple hecho de que no podemos escaparnos de la toma por la puerta de atrás del corte…