Un amor inseparable

Crítica de Victoria Leven - CineramaPlus+

La nueva propuesta cinematográfica producida por el realizador Jud Appatow, que tuvo su estreno hace más un año en el Festival de Sundance, hoy se presenta en nuestro país con la traducción criolla de un título que suena bastante ingrato. Lo que en su idioma original es The Big Sick, aquí lo transformaron en Un amor inseparable.

La historia de este filme está basada en una vivencia autobiográfica de Kumail Nanjiani, el mismo protagonista de la película que lleva en la pantalla su propio nombre, más el guión que fue co-escrito junto a su esposa Emily Gordon.

En esta trama se entretejen una historia de comedia y romance sumado a todas las vicisitudes de un pakistaní que quiere insertarse en los Estados Unidos y resolver sus necesidades de definir una identidad. Su lucha interna batalla con las tradiciones culturales y religiosas de su origen musulmán, en el cuadro de una familia tradicional que puja por mantenerlo en la senda de Alá.

Kumail vive con un amigo de las “tablas”, hace unas changuitas con su auto en Uber, pero ante todo es un standapero que busca su destino entre los escenarios, los comediantes y el uso del humor como una reflexión sobre su origen y sus luchas identitarias. Un día conoce a la chica que no debe, esa que no entra dentro del plan familiar, una joven rubia y americana Emily, de la cual se enamora velozmente y ambos entran en esa nube del encantamiento en un abrir y cerrar de ojos. Pero Emily y Kumail se distancian y en ese tránsito ella cae fatalmente enferma hasta llegar a estar en coma. Esta situación imprevisible y poco feliz encuentra a Kumail con los padres de Emily (interpretados genialmente por Holly Hunter y Ray Romano) con los que transitará día y noche debido a la convalecencia de ella, lo que les permitirá conocerse más allá de sus diferencias culturales y descubrir quienes son y que quieren de los afectos y los vínculos que los definen en el mundo.

La intención del filme es claramente la de agradar/complacer al espectador, eso que hoy llaman crowd-pleaser, cosa que la película puede lograr por la presencia y construcción altamente solvente de algunos personajes, en especial de los padres de Emily llevados de la mano de dos grandes actores que le dan sangre y frescura al drama del relato. También suma al “agrado popular” la temática de los problemas de identidad por oposición de culturas, que puede seguir siendo atractivo más si no se pasan de decibeles narrativos, como aquí lo intenta esta historia que juega con el mundillo de “las diferencias irreconciliables” pero frena a tiempo, antes de que se nos haga un pegote cinematográfico.

Pero querer agradar no es en general la mejor receta, y la película no logra la originalidad que pareciera pretender. La hipótesis de que la autobiografía y el sello autoral pseudo indie le darán el brillo que hace falta, no resulta del todo. Lo autobiográfico no narra algo sorprendente o distinto a otras historias, ni la condición autoral es lo suficientemente rica en su pluma ni en su realización. Logran que se vea como una comedia más canchera con algo de humor negro, no tan habitual en la comedia romántica, y con algunos personajes ricamente elaborados, pero justamente los protagonistas no son los mejores personajes, ni están compuestos por los mejores actores, y eso se percibe desde la primera escena hasta el final.

Sumémosle que sus 120 minutos le dan tela para muchas digresiones y con ellas el ritmo se ablanda, la progresión se hace lenta y extensa en demasía para el contenido dramático que maneja.

El logro de este filme es, indudablemente, la intención de salir del aburrido binomio cliché de la media de las comedias románticas estadounidenses y las malas copias que se realizan en otros países. Con errores y aciertos trata de poner pie en otras aguas y se juega para agregarle a este género un poco de sal y pimienta que tanto hace falta. No es una mala idea que una buena comedia nos brinde más que un par de risas, algunos besos y una dosis agotada de personajes enredados en sus trilladas neurosis.

Por Victoria Leven
@victorialeven