Tropa de héroes

Crítica de Henry Drae - Fancinema

EL RAGNAROK DE LOS TALIBANES

Las historias bélicas que cubren las desventuras de soldados norteamericanos en Medio Oriente debieran ser todo un subgénero aparte. Principalmente porque no tienen matices y si bien algunos intentan ir por el lado de la comedia como Tres reyes, lo más probable es que se decanten por el rigor histórico más reciente como La noche más oscura, de Kathryn Bigelow. Y algo así sucede con Tropa de héroes, que apela un poco al nacionalismo revanchista que compelió a todo soldado norteamericano que tuvo que pasar por la impotencia de presenciar el atentado a las Torres Gemelas en el 9-11 sin poder entrar en acción de inmediato. Es el caso del capitán Mich Nelson, que habiendo presentado la baja al ejército luego de no haber pasado por ninguna situación de combate real, se ve obligado a pedir que se lo tenga en cuenta para intervenir en alguna misión, sin importar su naturaleza, que lo ayude a buscar a los responsables del atentado.

Y es así como se lo asigna al frente de una unidad especial, compuesta por los propios hombres que tenía a su cargo en el entrenamiento, con el fin de infiltrarse en suelo talibán en pleno Afganistán y lograr la captura del cabecilla terrorista quien sería uno de los responsables por el atentado. Para ello debe lograr antes, una alianza con un jefe rebelde que juega con sus propias reglas y no será tan fácil de convencer, aún brindándole todo el apoyo del ejército norteamericano.

Tropa de héroes aporta muy poco al género, y se limita a contar una anécdota que tiene más de la búsqueda de lazos afectivos entre culturas en base a cierta visión occidentalista del progreso, que a la exposición de la crudeza de la guerra y su sinsentido. Porque si bien la acción es descarnada y desigual, si da cierto escozor ver a niños armados y a niñas expuestas a la violencia armada desmedida, a castigos que van más allá de lo presuntamente necesario para demostrar quién es el malo y de lo que es capaz, la película no es más que la aventura del grupo de hombres que no sólo se proponen cumplir su misión en un tiempo récord, sino también de regresar a su modo de vida americano, como si nada hubiese pasado.

El capitán Nelson es un novato en el frente pero todo un experto en los entrenamientos, su principal debilidad es la falta de la “mirada asesina” que tiene todo el que ha matado para no morir en combate. Eso se lo señala con mucha objetividad su potencial aliado para explicarle el porqué de su reticencia a aceptar su ayuda, y es quizás una de las mejores escenas de la película, por lo gráfica que resulta desde lo actoral el contraste con los soldados que sí han pasado por la experiencia de matar a un enemigo. Obviamente su compañero y amigo, Spencer (Michael Shannon) pasa la prueba y uno se pregunta si el actor no ha masacrado a más de un compañero fuera de cámara para lograr esa intensidad en la mirada.

Luego son todos lugares comunes y fuegos artificiales. La producción de Jerry Bruckheimer asegura un marco adecuado pero sin sorpresas y además de Shannon y Hemsworth está Michael Peña, quien habitualmente es el contrapeso cómico y en esta ocasión es apenas un cencerro, que no está mal si pensamos que la atmósfera no da para chistes. Elsa Pataky es la esposa fiel y doliente que espera al héroe mayor del equipo y la única capaz de reconocer, cuando un vocero del alto mando lee una carta de situación en la TV, que fue redactada por su esposo, de manera casi incomprensible.

Tropa de héroes podría ser un bodrio pretencioso y pasado de rosca en el aspecto nacionalista, pero sin embargo y a pesar de sus más de dos horas de duración, es una aventura muy entretenida que se intuye con alguna base de realidad en semejante entorno de exageraciones. Porque los talibanes pueden ser muy malos, pero contra el dios del martillo con una ametralladora y a caballo, ni siquiera ellos pueden.