Taekwondo

Crítica de Diego Papic - La Agenda

¿Es o no es?

Taekwondo es una comedia sexual con toques voyeuristas y de exploitation que brilla cuando los personajes se imponen a los cuerpos.

Fernando (Lucas Papa) invita a Germán (Gabriel Epstein) a una quinta con sus amigos. Apenas llega, le muestra las instalaciones: la pileta, la cancha de tenis, la casa. Le va señalando a sus amigos, tirados en los sillones o al costado de la pileta (“Ese es Maxi, ese es Tomi”). En la cocina aparece Fede (Juan Manuel Martino). Hablan pavadas acerca de la noche anterior y la cámara se mantiene en un plano medio. Cuando Fede se sienta sobre la mesada de la cocina, vemos que está desnudo de la cintura para abajo.

Nada es casual en Taekwondo y menos lo que respecta al encuadre de los cuerpos. A los dos o tres minutos de película, en ese movimiento de un personaje de sentarse sobre una mesada, Marco Berger nos sorprende -busca sorprendernos- con una pija. También se sorprende Germán, y la cámara va a su rostro: mientras Fernando y Fede hablan, Germán mira, sus ojos se van para abajo, y nos damos cuenta de que es gay.

Además de ellos tres, en esa casa de verano hay otros seis amigos. Un grupo típicamente argentino, o quizás universal: hablan de minas, son un poco machistas y homofóbicos (algunos más que otros), se acusan de “putos”, comen asado, toman birra, fuman porro, juegan al fútbol, van a bailar, pero ya desde esa primera escena hay una tensión sexual en el ambiente: Germán cree que Fernando lo invitó porque se lo quiere levantar, pero no está siquiera seguro de que sea gay.

Por detrás de las charlas en apariencia intrascendentes, Berger nos va develando conflictos y personalidades, y -sobre todo- nos va dejando adivinar las intenciones y deseos de los personajes, en particular de los dos protagonistas. Todo en un contexto de cuerpos desnudos, roces y toqueteos en el límite de la masculinidad.

Pero Taekwondo tiene dos problemas: por un lado, los diálogos esforzadamente naturales no siempre resultan fluidos; por el otro, hay un regodeo en la idea que extiende a la película demasiados minutos. Sobre todo en la segunda mitad, cuando irrumpen algunos personajes femeninos que en lugar de funcionar como un fusible cuya aparición dispara el relato hacia otras zonas, sólo agregan capas a la historia. Una mucama, una novia, la amiga de una novia parecen estar para incluir en la ecuación al sexo heterosexual. Y no es que no funcione, tampoco necesariamente sobra, pero creo que la película (que dura casi dos horas) se habría beneficiado con la contundencia de la idea original llevada al extremo. Sobre todo porque el conflicto principal es a la vez sutil y poderoso y, en definitiva, queremos saber qué es lo que pasa, si Fernando y Germán terminan juntos o no.

Comedia sexual, softcore gay, voyeurismo, exploitation, todo eso es Taekwondo, pero brilla particularmente en los momentos en los que se descubre a los personajes dentro de esos cuerpos.