Salad days

Crítica de Brenda Caletti - CineramaPlus+

ETERNOS REBELDES

“La escena punk no podría haber sucedido si no fuera por el escenario de deterioro, de abandono de la ciudad –manifiesta uno de los testimonios–. Eran quienes tomaban el riesgo porque querían ver que algo sucedía, que algo emergía de la nada”. Este pequeño manifiesto se asemeja bastante a las raíces propias de las vanguardias históricas del siglo XX: la idea de adelantarse, de romper con los esquemas y lo institucionalizado, la convicción de un cambio de mente y de materiales, una revolución estética y cultural.

Con esta impronta, el documental de Scott Crawford se acerca al escenario de Washington DC para dar cuenta del legado de los Sex Pistols, The Ramones o The Clash y exhibir el surgimiento (y muchas veces el ocaso) de una gran cantidad de bandas punks hardcore entre 1980 y 1990; proliferación que no siempre podía sostenerse en el tiempo pero posible porque “nadie se fijaba en ellos”, como indica uno de los testimonios.

Salad Days introduce algunos temas interesantes: hay un claro detenimiento en la lógica del “do it yourself” de los grupos, sobre todo en la producción del material, en la búsqueda de un sello discográfico, la comercialización de los discos, su distribución, el armado de los recitales o una posible gira. La autogestión se acentúa, por un lado, debido a la fundación del sello discográfico Dischord por Ian MacKaye, Jeff Nelson y Nathan Strejcek , miembros de la disuelta banda The Teen Idler, que fomenta la producción de álbumes económicos y hechos a mano; por el otro, gracias a la circulación de los fanzines, que promocionan tanto los grupos como los discos.

También es relevante la puesta en escena sobre la violencia social acompañada de los enfrentamientos entre punks y skinheads; una mirada interna de los diferentes actores – músicos, público o ciertos empleados que les brindaban un lugar de escondite – y sobre el discurso preconcebido de los skinheads acerca de las formas de vestir o de la masculinidad, aspectos reforzados por el incremento de violencia de la ciudad en esos años.

Otro tema a destacar es el rol de la mujer en la movida punk hardcore no sólo a través de las entrevistas a algunas cantantes o miembros de grupos enfatizando sus pensamientos, sensaciones, contextos e intereses o concepciones (algunas establecidas) a la hora de componer música, sino también la inclusión de la óptica masculina frente a ese creciente fenómeno.

Quizás lo más curioso sea la elección del formato de Salad Days, apoyado en una estructura clásica y, por momentos, bastante didáctica que se contrapone con el germen rupturista del tema, de los escenarios y de sus actores sociales. Si bien se trata de una década, también se vuelve exhaustiva la exhibición de varios músicos, la superposición de bandas y las influencias tanto de bandas como de otros géneros y estilos musicales, por ejemplo, el go-go.

De todas formas, las imágenes de archivo, en su mayoría caseras, le imprimen cierta cuota de rebeldía y quiebre, como los collages del principio donde se muestra a algunos músicos, Washington, los recitales, el público o las tapas de los discos, que se suceden como si se tratara de un view master del tiempo, de un pasado incesante.

“Look at us today (miranos hoy
we’ve gotten soft and fat nos volvimos suaves y gordos
waiting for the moment, esperando por el momento
it’s just no coming back que ya no regresa
so serious tan serio
about the stuff we lack sobre las cosas que carecemos
dwell upon our memories explayándose sobre nuestras memorias
but there are no facts” pero no hay hechos).

Letra Salad Days de Minor Threat.

Por Brenda Caletti
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