Rompecorazones

Crítica de Casandra Scaroni - ¡Esto es un bingo!

Pequeña decadencia de la comedia francesa

Como si el acercamiento (por más torpe que este sea) al género de parte de una industria que no es la americana fuese un mérito en sí mismo, hay una tendencia a ser benevolentes con películas que de manera evidente y sin ánimos de esconderlo nos muestran que son un verdadero pelotazo.

Este es el caso de Rompecorazones, una suerte de comedia francesa que sorpresivamente ha cosechado varias críticas favorables que rescatan más que nada justamente eso, que sea una comedia y que sea francesa. La película narra las peripecias de un Don Juan que utiliza sus encantos para llevar adelante, junto a su familia, una empresa dedicada a evitar que casamientos que vienen mal aspectados, se lleven a cabo. La cosa se complica cuando, abrumado por las deudas y acosado por un matón muy parecido a Brutus, nuestro Don Juan acepta un trabajo casi destinado al fracaso: enamorar en menos de diez días a una chica millonaria (Vanessa Paradis) aparentemente enamorada de su novio y sin mayores problemas que ser seguidora de George Michael y que su película fetiche sea Dirty Dancing.

Y si bien es cierto que contando el argumento de cualquier película se la puede dejar en ridículo sin ningún tipo de argumentación, el problema grave de Rompecorazones es que, más allá de cualquier premisa, cree que es cómico mostrar hasta el hartazgo la cara estreñida de un tipo que trata de llorar, o que golpea reiteradas veces a una chica en la cabeza para desmayarla y así evitar que, en paños menores, quiera seducir a nuestro héroe en cuestión.

Quizás, para ser justos tendría que mencionar que no es todo sufrimiento y vergüenza ajena. Claro que hay un momento de pequeña alegría genuina en la película: cuando ya habiendo fracasado en todos los intentos por conquistar a la dama en cuestión el muchacho opta por la espontaneidad y tras el debido paseo en auto por las rutas de la costa francesa caen de madrugada en un bar vacío donde bailan solos The time of my life como lo hacían Patrick Swayze y Jennifer Grey en Dirty Dancing. Y digo alegría genuina porque Vanessa Paradis (que con sus paletas separadas es bastante encantadora) y el Don Juan de quien no recuerdo el nombre parecen divertirse de verdad, y también porque la canción es lo único que se escucha y para melosas como yo que se contentan con poco, eso es algo, aunque claro, para eso hubiese sido mejor ver Dirty Dancing.