Roma

Crítica de Denise Pieniazek - Metacultura

Un abrazo femenino interclasial

Roma (2018), mediante su estreno casi en simultáneo en el soporte streaming de Netflix y en la cartelera argentina, presenta sin dudas un nuevo fenómeno para pensar el circuito de exhibición, circulación y consumo de películas.

La obra fue escrita y dirigida por el talentoso Alfonso Cuarón, quien posee dos films que marcaron especialmente la infancia de quien escribe, La Princesita (A Little Princess, 1995) y Grandes Esperanzas (Great Expectations, 1998), lo cual es pertinente mencionar porque la película en cuestión está muy vinculada a la infancia del director, nacido en los 60 en México, y porque el relato se ambienta en el mismo país en los 70, una época y un contexto político y social que el director ha vivenciado por sí mismo. Quizás por ello se deba la importancia que tiene el cine en la película, enmarcado en el tiempo de ocio de los protagonistas. Incluso se observa un fragmento de una epopeya espacial semejante a Gravedad (Gravity, 2013), la propuesta anterior del realizador, lo que se vincula a sus deseos infantiles de ser astronauta.

El título del film refiere al barrio mexicano Roma, el cual históricamente fue asentamiento de la clase alta de la ciudad y antaño contaba con una estética de casas grandilocuentes, algunas de ellas fueron demolidas al perder poder la colonia. Esto no es casual ya que Roma representa el retrato de un modelo canónico de familia que igualmente se derrumba, lo cual se condice también con el protagonismo de un temblor durante una de las escenas más significativas del largometraje.

Roma retrata la historia de una familia de clase media acaudalada, compuesta por cuatro niños, sus padres y su abuela, al mismo tiempo que relata la vida de una de sus empleadas domésticas, Cleo (Yalitza Aparicio), perteneciente a otra clase social y a otra cultura. Mientras la decisión estética del tratamiento del color en blanco y negro refuerza en el relato el concepto de registro de época/ documento, esta Cleo constituye el opuesto exacto -físicamente y clasialmente- de su homónima de Cleo de 5 a 7 (Cléo de 5 à 7, 1962). Si bien al comienzo del film parece que el vínculo entre las empleadas y su jefa es distante y déspota, luego veremos que no es así y que Cleo es un integrante más de la familia.

Mediante diversas metáforas, tales como el juego de palabras del título (“Roma” al revés es “Amor”), se expresa el vínculo profundo que se establece entre Cleo y la familia en cuestión, pero sobre todo entre ella y su jefa Sofía (Marina de Tavira). Dos mujeres fuertes, que representan una generación femenina en transición hacia la independencia. Aunque ellas pertenezcan a clases sociales distintas y posean realidades diferentes, tanto Sofía como Cleo encarnan roles femeninos que comienzan a salir de las normas de la época que conllevaran a otro accionar de las mujeres en la sociedad.

Esta resignificación femenina se da en un microcosmos en el que los hombres son representados como abandónicos y egoístas. El universo que propone Cuarón es de padres ausentes y moralmente repudiables, dejando en evidencia el machismo de la época. En consecuencia, puede pensarse que Roma realiza una fuerte crítica a la institución familiar tradicional, proponiendo en cambio una familia ensamblada y más interesante aún, no la simple constitución de una nueva pareja sino la unificación de dos clases sociales que se necesitan, de dos mujeres que se ayudan mutuamente. Parafraseando al colega Roger Koza, puede concluirse que Roma es una “historia de reconciliación de clases”.

Roma posee hermosos recursos formales y las metáforas mencionadas anteriormente envuelven una potencia semántica que resulta sutilmente cíclica a lo largo del film. Por ejemplo el reflejo del avión sobre el agua corriendo en el piso, ese mismo movimiento que se verá posteriormente en la emotiva escena del mar. Asimismo tenemos la crudeza visual del bebé en la incubadora en el hospital, al cual le cae una piedra encima durante el terremoto, imagen que se resignificará posteriormente con el embarazo de Cleo.

La película, por momentos con un ritmo lento que la acerca a la narrativa del cine europeo, relata una historia más que interesante, original y profunda sobre el amor, como su título invertido indica: hablamos de un film que acerca el “cine intelectual” al espectador común. A través de un gran poder de sutileza, Cuarón desliza los avatares del contexto histórico mexicano de los 70 y la convulsión de sus calles, sin embargo Roma es sobre todo el abrazo de estas dos mujeres en cámara lenta.