Pinocho

Crítica de Pablo De Vita - La Nación

Publicada por Carlo Collodi en 1883 en Firenze, Le avventure di Pinoccio es una de las obras más leídas de la literatura universal y más adaptadas de todos los tiempos. Convertida al teatro, llevada al ballet, versionada en ópera y además hecha cómic o radioteatro; el cine añade sus miradas al texto desde que, como anota la académica María Begoña Arbulu Barturen de la Università di Padova: “La primera traducción española de la obra fue publicada en enero de 1900 en Florencia por la editorial Bemporad. El título era Piñoncito o las aventuras de un títere y parece ser que se realizó por encargo del embajador de la Argentina en Roma, a quien la traducción está dedicada”.

Ya entonces Luigi Bacci ofreció una versión muy libre con relación al libro original, algo que es un denominador común de las diversas aproximaciones que realizó el cine desde que en 1940 Walt Disney concretó la suya. Curiosidades del destino, el doblaje al español que aún se escucha es el que por encargo organizó Luis César Amadori con las voces de Mario González, Pablo Palitos, Miguel Gómez Bao y Norma Castillo.

Con lo que una nueva visita, y nueva adaptación, del universo del clásico sobre el muñeco de madera hecho a escala humana que cobra vida no debe sorprender a nadie. Si deslumbra por la fascinante experiencia con la cual Del Toro hace su relectura de este clásico trasladándolo a la Italia fascista durante la Segunda Guerra Mundial y añadiéndole un prólogo que explica la tragedia desde la cual Gepetto comienza a realizar la talla.

A diferencia de otros Pinochos de la historia, aquí la tosquedad y cierta fealdad pueden evocar, por ejemplo, las primeras sensaciones al ver al E.T. de Spielberg. Como aquel, el rostro adquiere un indubitable halo de la ternura sobre el perfil del monstruo temible. Porque además de un enorme prodigio técnico de la animación tradicional “cuadro a cuadro”, el cineasta mexicano reelabora la distorsionada fábula moralizante sobre la obediencia en la que otras adaptaciones y miradas convirtieron al cuento de Collodi a través del tiempo para convertirla en una lectura inteligente sobre el dolor, la pérdida, el vacío, la fe y la culpa pero también en una sensible aventura sobre la libertad, la aceptación y las relaciones humanas, los vínculos afectivos y la construcción del parentesco filial.

Tierna y macabra, alegre y triste, sensible y desafiante consigue un vigoroso cuento de hadas sazonado con humor y además algunas canciones, quizás no del todo oportunas siempre, pero efectivas gracias a la inteligente partitura del gran Alexandre Desplat que otorga vuelo musical al conjunto. Las voces originales dan gran densidad dramática a esta joya animada.

La posibilidad de su disfrute en pantalla grande –a partir del 9 de diciembre estará disponible en Netflix–permite apreciar al milímetro los detalles con los que del Toro construyó la gran imaginería visual de este Pinocho y otro formato sería un reduccionismo estético. No es recomendable para niños: sí lo es para aquellos niños que quedaron escondidos dentro de cada espectador adulto.