Pensé que iba a haber fiesta

Crítica de Lisandro Liberatto - Alta Peli

La directora Victoria Galardi, responsable de Amorosa Soledad y Cero Bayo, regresa con una comedia dramática –coproducción entre Argentina y España- que a pesar de tocar temas atrayentes y de tener un gran elenco, no deja de sentirse desaprovechada y aburrida.

La fiesta que no fue

Ana es una actriz española que vive desde hace ocho años en Argentina. Lucía, su mejor amiga, está divorciada de Bruno, con quien tiene una hija, Abi. Mientras Lucia y su nueva pareja hacen un pequeño viaje, Ana acepta cuidarle la casa. Cuando Bruno pasa a buscar a Abi para llevarla a su casa, se reencontrará con Ana, a quien no ve desde hace dos años. Allí nacerá (¿o renacerá?) entre ellos una atracción que dará paso a un intenso romance. Pero la culpa y la mentira, aparte del miedo de perder a Lucia, hacen estragos en Ana, quien deberá contarle tarde o temprano a su mejor amiga lo que está ocurriendo.

Nunca asistas a este tipo de fiestas

Salí indignado con lo que había visto en la proyección de Pensé que iba a haber fiesta. Pero más indignado quedé mientras leía al respecto y descubrí que la realizadora detrás del mismo era Victoria Galardi, quien anteriormente había dirigido el buen film Cerro Bayo y, según mi humilde opinión, una de las mejores películas Argentinas de los últimos años: Amorosa Soledad. Esta indagación se debió a dos cosas en particular, la primera y principal es a la calidad del film (sobre el cual voy a comenzar a hablar más detalladamente en breve), pero la segunda es que pensé que Pensé (valga la redundancia) que iba a haber fiesta era obra de un director primerizo, ya que comete todos y cada uno de los errores que se suelen ver en las operas primas de ciertos cineastas argentinos.

Recuerdo hace muchos años, cuando yo era tan solo un purrete, haber visto un poster en la calle. No recuerdo muy bien qué película era, pero le dije a mi viejo que caminaba conmigo que quería ir a ver esa película. Mi viejo, un consumidor ocasional de cine Hollywoodense, lo inspecciona y con un gesto de desaprobación dice las palabras: “No, es argentina”. Esas palabras se quedaron conmigo y a lo largo de los años las escuche una y otra vez y siempre de la boca de distintas personas. Con el tiempo descubrí lo que quieren decir con “es argentina”. El espectador promedio, el tipo que labura todo el día y quiere escaparse un rato al cine y divertirse, usa el término “es argentina” para definir a un film nacional aburrido, pretencioso y en el que “no pasa nada”. Si mi viejo hubiera ido a ver, de mera casualidad, Pensé que iba a haber fiesta, cuando alguien le preguntara que tal estuvo le película diría: “yyyy… es argentina”. Desde el comienzo del nuevo (ya viejo) cine nacional, muchas cosas cambiaron. Películas como Nueve Reinas, El Secreto de sus Ojos o incluso Amorosa Soledad de la misma Galardi hicieron que tipos como viejo ya no tengan el mismo derecho a decir con total impunidad: “es argentina”. Pero por desgracia, con Pensé que iba a haber fiesta tengo que darle la derecha a mi viejo. Pensé que iba a haber fiesta es una película para pocos, que (sacando que sea vista en otro circuito) no justifica el valor de una entrada al cine al precio que se encuentra hoy. El cine nacional es también una industria, donde hay trabajadores y es necesario que alguien lo consuma para que puedan subsistir, pero con films así estamos retrocediendo casilleros. Ojo, con esto no quiero decir que toda película nacional deba ser de género y deba atraer al espectador promedio. Simplemente me estoy limitando a lo que se ve en Pensé que iba a haber fiesta, un film con un presupuesto más que decente que no se decide a qué tipo de espectador quiere atraer.

El principal problema de Pensé que iba a haber fiesta está en su guión, que pareciera escaparle al conflicto. Si bien la historia no derrocha originalidad, los temas que pretende tocar Galardi deberían ser lo suficientemente interesantes para engancharse durante una hora y media. Pero no es el caso. Mientras uno ve la película da la sensación de que Galardi está más preocupada en poner música de onda y dejar que el personaje de Ana baile en pantalla durante varios minutos antes que profundizas en el romance que hay entre ella y Bruno, por ejemplo. El film se siente como una gran planicie, casi nada de lo que ofrece logra moverle un pelo al espectador, hasta que llega el final. Cuando Galardi recuerda que tiene un interesante conflicto entre manos nos entrega unas pequeñas migajas y luego viene la famosa pantalla a negro, corren los títulos, fin. Si Galardi en esta ocasión intentó hacer un film más intimista, lamentablemente no le funcionó. Grandes directores intentaron hacer este tipo de cine y mordieron el polvo. Intimista no es simplemente dos o tres locaciones y dos o tres actores en escena. Ese cine requiere de un importante trabajo desde la dirección de actores y un guion lo suficientemente fuerte para mantenerlo, cosas que aquí faltan. Sin ir más lejos hubo buenos ejemplos de cine intimista bien hecho en el último BAFICI, como Hawaii de Marco Berger. Pero en Pensé que iba a haber fiesta el personaje de Ana no transmite absolutamente nada, el guión no nos dice absolutamente nada tampoco, no pasan demasiados minutos antes de que el espectador comience a aburrirse y que le importe poco y nada el destino de Ana, Bruno o Lucia. Cabe destacar también la poca (o nula) química que hay entre las actrices Elena Anaya y Valeria Bertuccelli, quienes deberían estar interpretando a mejor amigas pero que nunca logran mostrar una relación mínimamente convincente.

A pesar de todas las fallas hay varias cosas para rescatar del film y de Galardi. Primero y principal es que cuando la película quiere ser graciosa, es graciosa. Galardi (como se vio en Amorosa Soledad) tiene una buena habilidad para la comedia y hasta logra que la película se ría de sí misma, pero lamentablemente estos momentos no son demasiados. Todo el elenco en general entrega buenas actuaciones y hacen lo mejor que pueden con lo poco que tienen. Técnicamente la película está impecable, con un excelente trabajo de sonido y de fotografía.

Conclusión

Pensé que iba a haber fiesta es el tipo de película que le da mala fama al cine nacional. Es pretenciosa y aburrida y pareciera tener miedo de entrar en detalle cuando surgen los conflictos. Si bien técnica y actoralmente está bien, a nivel guión dice poco y nada, con personajes intrascendentes que aparecen y desaparecen en pantalla sin que nos importe su destino. De más está decir que no recomiendo el film y no es una película por la cual pagaría para ver, aun así espero con ganas el nuevo proyecto de Galardi ya que una directora capaz de darnos algo mucho mejor de lo que se vio aquí.