Paranormal

Crítica de Ariel Abosch - El rincón del cinéfilo

Desde Irlanda, cuya producción cinematográfica es escasa, pero no por eso exenta de calidad, llega ésta película de terror con la misión de renovar las ideas y temáticas explotadas universalmente hasta el hartazgo, para intentar darle un soplo de aire fresco al género que tiene sus fanáticos alrededor del mundo.
En éste caso no hay muertos que reviven en un cementerio, ni una familia-tipo que se muda a una casa deshabitada por años, y que luego son atacados por fantasmas. Aquí, en la realización de Dennis Bartok, los macabros hechos transcurren en un hospital.
Dana (Shauna MacDonald) vive con su marido Steve (Steve Wall) y su hija adolescente, Gemma (Leah McNamara), en una confortable casa y, por lo que podemos apreciar, sus días transcurren sin alteraciones. Sale a correr por las calles de su ciudad, como siempre, pero un auto la atropella y termina internada en un nosocomio. El contundente incidente, sumado a la escena introductoria, nos traza el panorama por el cual va a transitar la historia, porque el resto del relato va a transcurrir dentro de un hospital de rehabilitación física y de los padecimientos de todo tipo que sufre la paciente.
Mientras la protagonista permanece en cama, recuperándose, ocurren cosas fuera de lo normal para una institución que se dedica a restablecer la salud de las personas. Hechos siniestros que le alteran la calma, porque por las noches la “visita” en su habitación un zombi, Eric Nilsson (Richard Foster-King), que había sido enfermero del lugar que tuvo un oscuro pasado entre los vivos. Sólo lo ve Dana, no le creen demasiado, y el único que confía en ella es su enfermero Trevor (Ross Noble).
El sufrimiento, los dolores, la imposibilidad de hablar normalmente, la desesperación, la postración, el horror, todas esas acciones y sentimientos genera y transmite perfectamente Shauna MacDonald acostada en una cama, el resto del elenco hace su parte y acompaña sin destacarse, incluso algunos son demasiado insípidos desequilibrando los climas narrativos.
Mantener la tensión, el suspenso, la opresión y angustia asfixiante dentro de las cuatro paredes de la habitación es un mérito del director, ya que la mayor parte de la historia sucede allí. El guión está bien estructurado porque la maldad del monstruo se justifica desde el principio y, poco a poco, sus apariciones son más asiduas para que Dana padezca no sólo heridas físicas propias de este mundo, sino también el acecho continuo de alguien que viene del más allá y no precisamente de manera amistosa.