Mientras duermes
  • Cantidad de críticas: 4
  • Críticas favorables: 4/4 (100%)
  • Críticas desfavorables: 0/4 (0%)
  • Desviación: 7%
  • Puntaje IMDb: 7.3/10
  • Puntaje RottenTomatoes: N/A
  • Nombre original: Mientras duermes
  • Director: Jaume Balagueró
  • País de origen: España
  • Clasificación: Aún sin resolución
  • Fecha de estreno: 05/04/2012
  • Distribuidora: Alfa Films
César trabaja de portero en un edificio. Puede que no sea el mejor trabajo del mundo, pero la verdad es que no lo cambiaría por ningún otro, ya que su trabajo le permite conocer a fondo a todos los inquilinos del inmueble, sus movimientos, sus hábitos. Desde su posición resulta fácil controlar sus idas y venidas, estudiarlos, descubrir sus puntos débiles, sus secretos. Si quisiera podría incluso controlar sus vidas, influir en ellas como si fuera Dios, abrir sus heridas y hurgar en ellas. Y todo sin levantar ninguna sospecha. Porque César tiene un secreto, un juego particular: le gusta hacer daño, mover las piezas necesarias para crear dolor a su alrededor. Y la nueva vecina del 5ºB no deja de sonreír. Entra y sale cada día radiante y feliz, llena de luz.Así que pronto se convertirá en el nuevo objetivo de César. Un reto personal. Una obsesión. El juego de César va a empezar a complicarse más de la cuenta. Pronto se volverá impredecible. Peligroso. Si no tiene cuidado, incluso podría volverse contra él.
  • Shaoran Nox
    Shaoran Nox
    La Cinerata
    Hoy les vengo a hablar de la más reciente producción de Jaume Balagueró, director ya conocido por la terrorífica Rec, en mi opinión, de las mejores películas de terror de años recientes (y quizá de todo lo que yo haya visto): Mientras Duermes.

    Hay que reconocer que el cine español viene en ascenso. Antes hablábamos de actores o directores aislados: Almodóvar, Banderas, Amenábar. Pero eran casos aislados. A últimas fechas ha llegado este repunte de producciones totalmente españolas que han dado mucho de que hablar, por mencionar dos de mis favoritas: El Orfanato y El Laberinto del fauno (aunque esta última dirigida por el mexicano Guillermo del Toro).

    Uno se pone a mirar el trailer y esperaría una típica producción hollywoodense, que una y otra vez nos entrega remakes y refritos: César es un hombre solitario y amargado, que trabaja de portero en un edificio y no puede ser feliz. Cada día le cuesta mucho trabajo levantarse, pues no tiene un buen motivo para hacerlo: su madre está en un hospital a punto de morir, no tiene esposa, hijas, novia, ni siquiera un hermano con quien pelear. Hasta que descubre que lo qu ele hace feliz es borrar la sonrisa de los demás, especialmente de sus inquilinos. Conoce todos sus movimientos, horarios, hábitos, pero se obsesiona con Clara, la chica guapa del 5B.
    Creo que hasta aquí no he contado más de lo que debería, puesto que fácilmente me vienen a la cabeza algunos títulos gringos que manejan el mismo concepto, el más reciente de ellos, Oculta obsesión, de este mismo año, con Hillary Swank. Entonces, ¿Qué es lo que hace diferente a esta película?

    Bueno, en primer lugar, las actuaciones. Luis Tosar, quien interpreta a César,, y que es quien carga todo el peso del filme lo hace de una manera impecable. En ningún momento dudas de él, al contrario, crees en todo lo que hace, y te mantienes al pendiente de sus pensamientos y acciones. Marta Etura, como la siempre sonriente Clara. Se nota una excelente dirección y una discreta pero bien llevada fotografía.

    En fin. Se junta todo lo necesario para un buen thriller de suspenso. Pero acá la cosa cambia, y no les voy a contar porque la idea es que les atraiga y la vean. Me sorprendió el tobogán de emociones manejados y lo pendiente que se está en cada minuto del filme. Habrá a quienes les parezca lenta, sobre todo porque un buen tramo de la película se desarrolla planamente, sin altibajos, sin efectos, sin nada "destacable". Pero créanme cuando les digo que cada minuto vale la pena. Un film ampliamente recomendable, para aquellos a quienes no les gusta los blockbuster o para aquellos que buscan un rato de entretenimiento, solos o en pareja. Y la próxima vez que le abran la puerta a un "desconocido", lo van a pensar dos veces.
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  • Emiliano Fernández
    La felicidad y el cloroformo.

    A lo largo de su carrera como realizador Jaume
    Balagueró ha construido un andamiaje sólido
    dentro del cine de horror como prácticamente
    nadie en habla hispana: alejado del desparpajo
    sardónico de Álex de la Iglesia y los enroques
    sutiles de Guillem Morales, ejemplos
    característicos de los dos extremos del abanico, el
    catalán fue convirtiéndose de a poco en un adalid
    -casi fundamentalista- del género, un verdadero
    experto a la hora de apuntalar el devenir narrativo
    a través de una estructura de tensión in
    crescendo, detalles de humor negro y desenlaces
    que siempre prometen una vuelta de tuerca. Su
    primer opus en solitario luego de Rec (2007) y
    Rec 2 (2009), ya sin Paco Plaza, no podía ser la
    excepción.
    De hecho, en Mientras Duermes (2011) nos
    topamos con un regreso a los climas opresivos de
    Los sin Nombre (1999), su extraordinaria opera
    prima, aunque en esta ocasión atizados por
    tendencias voyeuristas y distintos chispazos de
    parodia social en función de las necesidades de
    contenido de los thrillers de “invasión de hogar”:
    homenajeando en buena medida al Roman
    Polanski de Repulsión (1965), El Bebé de
    Rosemary (Rosemary’s Baby, 1968) y El
    Inquilino (Le Locataire, 1976), Balagueró articula
    un relato clasicista que sorprende al obviar las
    obsesiones sexuales y plantear en cambio una
    motivación de índole existencial, aclarando desde
    el inicio que la “noble causa” está sepultada bajo
    la superficie.
    Por supuesto que la historia ha sido visitada en
    otras oportunidades aunque pocas veces con este
    nivel de eficacia e inteligencia: César (Luis Tosar)
    es un conserje servicial y expeditivo que detrás de
    una fachada afable esconde una depresión
    arrastrada desde muy lejos. Asqueado por la
    sandez y el miserabilismo de los burgueses
    patéticos que tiene por “jefes”, el señor considera
    que sufre de una incapacidad crónica para “ser
    feliz” y canaliza dicha situación en el seguimiento
    de Clara (Marta Etura), sin dudas la vecina más
    simpática del edificio. Ahora bien, el meollo de la
    cuestión radica en la botellita de cloroformo del
    protagonista y sus constantes incursiones
    nocturnas en el departamento de la pobre chica.
    Así como los arquetipos idiosincrásicos
    dictaminan que la mujer paulatinamente
    desarrolla una compulsión orientada a “agradar” y
    los hombres a intentar “lucirse”, cuando se
    traduce la ecuación comunitaria a los resortes del
    suspenso por lo general pasamos a los terrenos
    del sadismo de propensión fetichista, en el caso
    del hombre/ victimario, y del “objeto del deseo”
    lustroso pero hueco al fin, en el caso de la mujer/
    víctima. El guión de Alberto Marini, con quien
    Balagueró ya había trabajado en Para Entrar a
    Vivir de la excelente saga televisiva Películas
    para no Dormir, exacerba el dualismo apelando
    al bello recurso hitchcockiano de centrarse en el
    punto de vista del villano, ese gran baluarte del
    enigma.
    Resulta alarmante que cada vez tengamos menos
    ejemplos de films -macabros de verdad- que
    ofrezcan “el sentir” del psicópata, en la balanza
    maltrecha del panorama actual prevalecen la
    cobardía y el automatismo berreta (existen
    cientos de convites narrados desde los labios de la
    víctima y/ o los pies del encargado de la cacería).
    Mención aparte merecen la maravillosa labor de
    Luis Tosar, aquel temible Malamadre de Celda
    211 (2009), y el retorno del genial Carlos Lasarte,
    entregando otro porteño intolerante de clase
    media. El director administra con mano maestra
    los engranajes de la trama y en el trayecto
    consigue una obra exquisita acerca de la
    misoginia y la búsqueda de la más perversa
    felicidad…
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  • Claudio Lo Iacona
    Un juego perverso

    El director español Jaume Balagueró trae a escena un personaje cargado de maldad y rencor: César, el conserje de un edificio. Escondiéndose en su piel de cordero, recorre el edificio buscando su presa como un verdadero lobo.

    Luis Tosar, recordado por su gran papel en Celda 211, interpreta a este encargado que, según sus palabras, "no nació para ser feliz". Y mientras intenta, desde el anonimato, causar pena o dolor a los inquilinos del edificio, día a día busca la forma de llegar a Clara (Marta Etura). Clara vive felizmente, sin pensar que su persona de confianza (César) irrumpe en las noches para acosarla e intentar borrar de su rostro la sonrisa. Este particular juego secreto lleva a César al límite e incluso se siente obligado a hacer desaparecer todo aquello que se le cruce en su camino.

    MIENTRAS DUERMES

    Su única confidente es su madre, una mujer enferma y hospitalizada, que no puede hablar y su único testigo, una niña que para guardar silencio, lo soborna.

    Con una trama inquietante y la solida actuación de Luis Tosar, el film apresa (al igual que el personaje a sus víctimas) y deja a las claras que este realizador español no necesita salir de un edificio para pintar mundos diversos y que logra, con pocos diálogos, y mucha tensión transmitir el miedo.
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  • Hernán Manzi Leites
    Vivir en un edificio de departamentos difiere mucho de lo que es vivir en una casa. Para algunos, la comunidad que generan los edificios provee el beneficio de la seguridad y asistencia mutua, y eso basta para dejar de lado la molestia que podría resultar la más acotada privacidad del cotidiano cruzarse con el vecino. Pero, como todo, uno termina acostumbrándose y aprovechando las virtudes de la convivencia, más aun si puede cargar los propios problemas en las espaldas otros, por ejemplo, en el portero de confianza.
    César (Luis Tosar) parece tener la suerte de ser querido por toda la vecindad del edificio y no llega a convencernos, en un principio, de que el tedio de la cotidianidad de sus labores pudiera llegar a deprimirlo en grado sumo. Todos los días, saluda a los niños que van al colegio, a la señora que quiere a sus perritos y, en particular, a la jovial y bella Clara (Marta Etura), con quien establecerá una relación absolutamente especial. El vínculo enfermo que César deliberadamente establece con la joven carece de explicación aparente y en esta vacuidad de la intención yace el secreto placer del administrador.
    En Mientras duermes el público se reencuentra con Jaume Balagueró, el director de [REC], de quien se espera bastante como "maestro" in nuce del género thriller/terror, en un momento en el que España se esfuerza en destacarse en el género. Sin duda, el expertise del cineasta no defrauda, a pesar de que debe remontar el argumento en ciertas ocasiones: error o virtud, la última termina ganando. El sello de Balagueró también se trasluce en los items que aborda como la malicia, los códigos intracomunitarios y los espacios cerrados. La carencia de escenas por fuera del edificio opera como metáfora de los ahogados sentimientos del frustrado protagonista y de los co-habitantes del lugar, además de brindar al espectador el disfrutable encierro del thriller y un final con la dosis de perversión adecuada.
    Ahora bien, ciertos (y sólo ciertos) puritanos criticarán el clásico punto de vista de empatía con el malvado del film. ¡Hay que aprovecharlo mientras se puede antes de caer preso! Y otros puritanos del género (puritanos del género todos) exigirán más sangre, tripas y maquillaje FX. No se les presentará la oportunidad de gozar demasiado de estos elementos cinematográficos en Mientras duermes, lo que constituye un beneficio veraniego para la sequía de buenas películas de suspenso, sin mucha intelectualidad y con presencia reducida de geeks en la sala. El verdadero arte popular sin marxismo.
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