Metegol

Crítica de Alejandro Castañeda - El Día

Los grandes partidos se ganan con el alma

Juan José Campanella y sus temas de siempre en una película que es una proeza para el cine nacional de animación. Técnicamente, deslumbra y se ubica a la altura de los mejores exponentes de un género en constante superación. Es la producción más ambiciosa de toda la historia (20 millones de dólares) y la que apunta más lejos.

Los personajes centrales son Amadeo, un chico tímido (rey del metegol) y Grosso, un vecinito agrandado y prepotente. Amadeo le gana un partido de metegol y años después Grosso, convertido en un crack insoportable, vuelve por todo: quiere la revancha, quedarse con la amiguita de Amadeo y arrasar con todo el pueblo.

Pero las verdaderas estrellas son esos jugadores de metegol. Ellos ponen nervio, gracia y simpatía. Enseñan que las crisis también pueden servir para crecer y ponerse a prueba. Y desplegarán en la vida lo que aprendieron en la cancha: esfuerzo, imaginación, compañerismo, espíritu de lucha y la idea de poner al triunfo como un eslabón necesario para ir alcanzando mejores objetivos.

Y así se arma la historia, que a veces avanza bien y otras veces se atranca, que tiene buenos momentos, personajes simpáticos, pero que también es dispersa y apela a un final donde los muñecos, las verdaderas estrellas de “Metegol”, quedan en el banco.

Campanella nos dice otra vez que el progreso arrasa, que las cosas queridas están siempre más cerca, que la pertenencia y la identidad son valores que no se negocian. Un filme que emociona, entretiene, hace pensar y hace reír. Visualmente es impecable. Movimientos de cámara, encuadres, los rasgos de sus muñecos, sus voces, todo es de primer nivel, por encima de la historia. La apuesta es casi una alegoría: Campanella sale a la canha con los muñequitos pueblerinos de este lado del mundo, con la aspiración de poder jugar de igual a igual con los grandes muñecos de Hollywood. Porque a los grandes partidos se los gana con el alma.