Madraza

Crítica de Fernando Alvarez - Todo lo ve

La ópera prima de Hernán Aguilar muestra a una mujer que toma prestada la vida de un delincuente y desata una ola de violencia. Buenos recursos técnicos para una comedia negra salpicada por los destellos policiales.

Menos sofisticado que el personaje encarnado por Geena Davis en El largo beso del adiós, donde una mujer común desplegaba su pasado de espía salvaje, e inmerso en un contexto más realista y cercano, Matilde -Loren Acuña- es un robusta ama de casa que trabaja como cocinera de un comedor y que luego del asesinato de su pareja, comienza un camino de violencia por venganza y justicia por mano propia.

Madraza, la ópera prima de Hernán Aguilar que se presentó en el 31 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, acerca al público una propuesta entretenida que transforma a la protagonista en una mujer peligrosa que toma prestada la vida de un delincuente para involucrarse en un mundo mafioso donde reparte balas a domicilio.

Ella cambia la bolsa de las compras, se entrena, y decide portar una pistola 45, dejando atrás sus días de penuria económica y despertando las sospechas de un detective -Gustavo Garzón- que le sigue los pasos y algo más. En este mundillo cotidiano que se enrarece y empieza a estar habitado por personajes marginales, aparecen Vanina -Sofía Gala Castiglione-, la amiga fiel de Matilde, y un comisario -Osmar Nuñez- que hace alarde de su poder y lleva adelante el caso.

El film transita cómodamente por la comedia negra salpìcada por los destellos policiales, recurre a la cámara lenta para potenciar imágenes y convierte a la "mujer de armas tomar" en una heroína que no tiene el menor remordimiento en el momento de apretar el gatillo. En su camino de cambios -tanto físicos como emocionales- radica justamente el atractivo principal del relato, que cuenta con un elenco que cumple con las expectativas y con escenas de violencia bien resueltas que salpican sangre a diestra y siniestra.

La historia no deja de lado su mirada social -violencia e inseguridad cotidianas- dentro del marco de la acción y de los toques a veces ingenuos que resultan funcionales a la trama. Entre garrafas, cuchillazos y balas, Madraza funciona como una olla a presión.