Los extraños: cacería nocturna

Crítica de Rosana López - Fancinema

TE CONOZCO MASCARITA

Luego de lo que fue la exitosa Los extraños, donde Liv Tyler y su novio tienen una crisis de pareja post-casamiento de amigos y dentro de una cabaña son acechados por unos loquitos enmascarados, aparece diez años después esta aburrida secuela del director británico Johannes Roberts (también responsable de la fallida A 47 metros). Sin ofrecer nada novedoso con respecto a la primera entrega tenemos, tenemos en esta ocasión a una familia joven con problemas económicos y dos hijos adolescentes, más una sarta de problemas interpersonales. Los adultos deciden que como familia deben tomarse un descanso en los remolques tipo motel de los abuelos pero, claro, no están solos.

Los extraños: cacería nocturna presenta todos los clichés típicos de films de terror slasher y la canchereada de siempre en los lazos familiares que guardan los personajes, destacando el antes y después de sus personalidad ante los sucesos. Tampoco sabe sacar provecho a la cantidad de integrantes que tiene en esta oportunidad, que duplica a la original, pero que no llegan a profundizar al sacarlos velozmente del mapa.

Todo ese clímax conseguido por el ojo de Bryan Bertino hace una década atrás con un suspenso de peso extremo y ese espectro cargado de lo más siniestro que cortaba la respiración, aquí se encuentra acelerado y volviéndose desabrido. Tal vez porque ya conocemos a los victimarios -sin dudas, los rockstars del film- y la historia sólo nos reduce a continuar sus fechorías con poca imaginación. Algo que sin embargo Rob Zombie con su saga de La casa de los 1000 cuerpos supo exprimir al máximo mutando con total frescura a la “familia carismática” en diversos géneros que van del terror, al western moderno, la road movie y la mejor acción.

Es por eso que en esta reciente corriente que tiene el cine de terror por amar a los villanos poniéndonos de su lado, no logramos aquí empatizar con este grupo de malditos en ningún momento. Estos se presentan poco originales y sin el leit motiv puritano que tal vez los movilizaba en la primera entrega. Y esto se ve reflejado en uno de los diálogos que mantiene la más joven del grupo con su contrincante opuesta de misma edad, buscando una razón de porqué están realizando toda aquella masacre. A lo que obtiene una sencilla y caprichosa respuesta de “¿y por qué no?”. Esto, a diferencia de Tyler a la que justificaban sus captores por la razón azarosa de encontrarse allí. A ese clan Manson tampoco los ayuda sus apariciones. El director parece abusar de los zooms bruscos para asustar al espectador cuando aparecen los psicokyllers, algo que sólo provoca cierta sonrisa y vergüenza ajena a diferencia de las apariciones camufladas con la ambientación que lograba Bertino.

Parece que Roberts también quiso rescatar su film aportándole un aire ochentoso muy en boga en la corriente terror/homenaje, incluyendo aportes musicales como Total eclipse of the heart de Bonnie Tyler que desencajan en las escenas elegidas. Un total desacierto. Como por otra parte, y como manotazo de ahogado, incluye ciertos guiños a films de culto de forma amontonada y atropellada en el tramo final, como La masacre de Texas, Scream o Christine del gran Carpenter.

Los extraños: cacerá nocturna sólo se trata de un barco que no llega a buen puerto, dejando un sabor semiamargo que podía ser totalmente evitable. Y dejen de mentir con el “basado en hechos reales”, he dicho.