La morgue

Crítica de Pablo Sebastián Pons - Proyector Fantasma

A SANGRE FRÍA
Hay ciertas propuestas o premisas en determinados géneros que de por sí plantean un interrogante que genera mas incertidumbres que sospechas. Y si bien usted pensará al leer esto que la naturaleza de un interrogante es precisamente ese, a veces el espectador bien anticipa con una precisión respetable a donde se dirigirán los destinos de una película. Por ejemplo, particularmente en el genero terrorífico, si tenemos una entidad acechadora de personas, probablemente sea un espíritu que la ha pasado mal en sus tiempos humanos o simplemente un demonio que es malo porque sí.

La Morgue comienza con la policía investigando la escena de un múltiple asesinato en una casa de pueblo, allí parece que toda la familia fue liquidada a sangre fría sin el menor de los escrúpulos. Pero el interrogante se plantea cuando en el sotano de la misma, los forenses encuentran un cadaver (Ophelia Lovibond) que no es parte de la familia y parece estar allí hace mucho tiempo. ¿Fue secuestrada, asesinada y enterrada?

Siguiendo el proceso, los cuerpos van a la morgue local donde el forense Tommas Tilden (Brian Cox), junto a su hijo estudiante de forense Austin (Emile Hirsch), debe examinarlos. Y a partir de aquí tenemos hechos sobrenaturales de todo tipo relacionados con el cuerpo de esta misteriosa chica, la Jane Doe (fulana) del título. Y los interrogantes no son menores y serán cada vez mas a medida que el cuerpo sea investigado.

La Morgue juega constantemente con recursos que potencian la propuesta inicial: el fuera de campo, la otredad latente – mas allá de tener un cuerpo físico objeto de la investigacion enfrente – y el suspenso de la incertidumbre. Y todo esto lo ejecuta en solo dos o tres escenarios.

La película de André Øvredal, creador de otro joyita del found footage como fue Trollhunter (Trolljegeren, 2010), es una de terror no solamente sólida sino orginal en una propuesta que, lejos de ser una obra maestra, invita a esconderse en el sillón a fuerza de mucho ingenio y poca sangre.