Joy: el nombre del éxito

Crítica de Lisandro Liberatto - Alta Peli

Jennifer Lawrence, el gran atractivo de la nueva película de David O. Russell.

La familia y los negocios
Antes de comenzar se nos aclara que Joy está basada en una historia real. No solo de una mujer, si no de muchas. Aunque en parte eso es cierto, la mayoría de la película está adaptada a partir de la vida de Joy Mangano, una madre de familia italoamericana devenida en inventora, quien se volvió millonaria con la creación y el patentamiento de útiles productos de uso doméstico a comienzos de la década del 90. David O. Russell, no del todo contento con la historia de Mangano y el guión original de Annie Mumolo, se tomó algunas libertades a la hora de la re-escritura y transformó al material en algo que va mucho más allá de de una simple biografía, bien cerca del cine clásico de Hollywood e incorporando momentos casi oníricos, no del todo comunes en su filmografía.

Russell vuelve a posar su lente una familia disfuncional, pero esta vez lejos de como las presentó en The Fighter o Silver Linings Playbook. Joy y los suyos parecen una suerte de primos lejos Los Excéntricos Tenenbaum. Joy es una madre divorciada que trabaja en la parte de reclamos de equipaje de una aerolinea, un trabajo con momentos difíciles si los hay. Vive junto a su abuela, sus hijos y su madre, una adicta a las telenovelas que rara vez se levanta de su cama y se niega a abandonar su cuarto. Tiene a su hermanastra con la que no guarda la mejor de las relaciones, a su mejor amiga y confidente de toda la vida, y un excelente trato con su ex marido, un cantante de origen venezolano quien vive en el sótano de su casa, el cual pronto tendrá que compartir con el padre de Joy, que se suma a la difícil convivencia hogareña luego de separarse de su última pareja. Joy es lo que suele llamarse una underachiever, una persona de la que mucho se esperaba dado que era creativa desde pequeña y con un gran rendimiento escolar, pero que luego del divorcio de sus padres pareció perder interés por convertirse en ese alguien que todos creían y aguardaban. Sin embargo, una larga racha de fracasos y frustraciones hará que se decida de una vez por todas a salir en busca de ese futuro que alguna vez supo añorar.

Lo cierto es que a pesar de hacer las cosas bien en casi todo momento, Joy no es una película que vaya a dejar una marca imborrable en la carrera de Jennifer Lawrence y mucho menos en la del todavía resistido por algunos David O. Russell. Es una buena película, no hay dudas de eso, quizás la más clásica de su director hasta hoy, pero a la que le cuesta trabajo impresionar a pesar de que todos los elementos están al alcance de sus manos. Aunque Lawrence fue cuestionada por su corta edad a la hora de interpretar el papel de Joy, y es un reclamo cuestionable a primera vista, todas las quejas se evaporan cuando la joven actriz finalmente se pone en la piel de su personaje. Es el gran motor que tiene el film y el foco de interés en todo momento, aunque sin el lucimiento que tuvo en sus otras colaboraciones con Russell. Pero incluso habiendo gente como Robert De Niro, Bradley Cooper, Édgar Ramírez, Diane Ladd, Virginia Madsen e Isabella Rossellini interpretando personajes con vuelo propio y bien delineados, nunca llegamos a conocerlos verdaderamente. Algo que no suele suceder en las películas de Russell, donde el elenco secundario tiene su espacio para lucirse. Esto queda graficado en la falta de nominaciones a los premios Oscar o Globo de Oro en dichas categorías, ternas en las que el director suele arrasar.

Conclusión
Joy es un film que sin dudas será mejor bienvenido por los cinéfilos con gustito por lo clásico, que solo busca contar su historia de la manera más simple y efectiva posible y sin momentos de grandilocuencia. Cosa que logra sin sobresaltos. Cuenta con una muy buena interpretación de Jennifer Lawrence y un elenco secundario que cumple, pero del que se podría esperar mucho más.