Joy: el nombre del éxito

Crítica de Juan Ignacio Novak - El Litoral

Todo por un sueño

Si en “Escándalo americano” (2013), David O. Russell proponía una mirada cínica y demoledora respecto del american way of life (el estilo de vida norteamericano), en “Joy: el nombre del éxito” reivindica el american dream, el famoso “sueño americano” a través de una historia que tiene final feliz gracias al afán de autosuperación de su protagonista y, obvio, a las posibilidades que le otorga el sistema. Pero lo hace a través de un artificio tan bien elaborado, que es imposible no rendirse ante este cuento de hadas sin castillos, príncipes y brujas, pero con una especie de “Cenicienta” moderna que halla su “zapatito de cristal” en las ventas televisivas de un producto innovador de su propio diseño.

Jennifer Lawrence, una de las estrellas que más brillan en la actualidad en el firmamento de Hollywood, interpreta a Joy Mangano una sacrificada y humilde trabajadora que termina convirtiéndose en exitosa emprendedora. La actriz obtuvo una nominación al Oscar por esta labor.

Buenos actores

Russell es un excelente conductor de planteles actorales y en “Joy” demuestra su pericia en este sentido. Lawrence, una actriz talentosa que ha sabido adaptarse a los distintos géneros, ofrece aquí una muestra de su diversidad de recursos: está tan creíble cuando se convierte en agresiva inversionista que defiende su invento con uñas y dientes, como en los momentos en que debe ser una madre joven al borde del colapso cuando se pone al frente de una familia compleja. La película se recuesta siempre en su poderosa actuación que es, en definitiva, el mayor atributo.

Edgar Ramírez como bonachón ex marido, Robert De Niro como inestable padre, Isabella Rossellini como una madrastra implacable y Bradley Cooper como avispado empresario, le ofrecen el contrapunto ideal en varios tramos de la película. Sin embargo es en la interacción con Diane Ladd, quien interpreta a su abuela Mimi (la narradora en off de la historia) y sobre todo con Virginia Madsen, quien encarna a su madre divorciada y confinada desde hace años en una habitación donde su único contacto con la realidad son las telenovelas, donde Lawrence tiene las mejores oportunidades de lucirse.

Sencillez

“Joy: el nombre del éxito” es una película ágil, disfrutable y agridulce. Por momentos remite a las telenovelas y resulta interesante la manera en que el director juega con sus arquetipos cuando construye los sueños de la protagonista. También recuerda a las viejas películas de Frank Capra (como “Caballero sin espada”, de 1939) donde un individuo que trabaja duro logra triunfar, aun ante circunstancias adversas. Es una comedia dramática que, mas allá de todo ornamento, contiene una historia simple, que no se aleja nunca de los límites de la corrección. No emociona, pero entretiene.