Jauja

Crítica de Andrés Martín - El rincón del cinéfilo

El caso de Lisandro Alonso es único. Su filmografía cuenta (por ahora) con cinco películas, y en su totalidad fueron presentadas en el Festival de Cannes. Es decir, que es un realizador argentino que tiene una efectividad absoluta: película que estrena, película que pasa por La Croisette. Fue el caso de “La libertad” en 2001, “Los muertos” en 2004, “Fantasma” en 2006, “Liverpool” en 2008 y este año fue el turno de “Jauja”.

Y justamente “Jauja” es su primera con varios cambios que la diferencian de sus otras cuatro predecesoras. En primer lugar, la cabeza de elenco es Viggo Mortensen, un actor que tiene un perfil muy ecléctico, ya que puede protagonizar un tanque como “El señor de los anillos” (2001), y actuar en producciones con ambiciones más pequeñas. Otra sustancial novedad es que Alonso comparte con Fabián Casas la autoría del guión, cuando antes él mismo se encargaba de la escritura. Y por último, el presupuesto de “Jauja” es mucho mayor comparado al resto de sus películas.

La primera conclusión que surge es que estas innovaciones han potenciado el cine de Alonso. “Jauja” amplía su universo creativo renovando búsquedas estéticas y narrativas.

En su primera parte abundan planos fijos como si fueran momentos de espera, de transición, para lo que vendrá. Alonso juega a extenderlos, coquetea con suspensiones temporales y con sus habituales “tiempos muertos”. Es que tiempo y espacio son la clave de acceso a “Jauja”. Una realización sobre trayectorias donde los personajes emprenden viajes para enfrentar su destino.

Cuando muchos comparan las películas anteriores de Alonso con “Jauja” dicen que ésta resulta ser la más narrativa de todas. Esta afirmación es una verdad a medias. Aunque en ella hay un conflicto más evidente, convengamos que tanto en “La libertad” como en “Los muertos”, “Fantasma” o en “Liverpool” hay líneas narrativas latentes. Obviamente, más finas, más contemplativas.

Suele decirse por ahí que los grandes autores de la historia del cine hacen siempre la misma película. Esto suena un poco despectivo para cualquier director de cine al confundir marcas autorales con repetición de fórmulas. Sin embargo, si a esta frase (hecha) la aplicáramos al cine de Alonso deberíamos refutarla inmediatamente. “Jauja” es el ejemplo más contestatario.

En conclusión, la mirada de Alonso sigue siendo audaz y alejada de cualquier tipo de convención. Su estilo lo convierte en uno de los cineastas más significativos de la actualidad. Claro, no es fácil el acercamiento. A veces lo radical es sectario. Puede que “Jauja”, ese lugar de abundancia y felicidad que se lee al inicio de la película, sea el resumen del cine de éste autor, ese espacio a donde todos quieren llegar pero que pocos pueden acceder.