Everest

Crítica de Federico Bruno - Fancinema

Puede fallar

Prepárense. Volvió el fenómeno Avatar, ahí donde las historias por más buenas que sean parecen quedar en segundo plano. Lo ¿importante? es cómo se filman. Everest visualmente es maravillosa, tanto que obnubila y nos cuesta identificar la acumulación de lugares comunes. Una película es buena cuando trasciende en el tiempo, esta en unos meses -sin la parafernalia 3D encima- probablemente sea otra película de montañistas. El caso es real, circa año 1996, una tragedia en la meca de los escaladores donde el ascenso no es un simple hobby sino motivo de explotación de empresas de turismo extremo. Suben los más aptos, paradas más o menos, y llegan. El tristemente célebre terremoto de Nepal encuentra a este grupo de casi desconocidos en la cima de la montaña más alta del mundo y podemos elucubrar sus vidas gracias a que el director Baltasar Kormákur nos reseña la de cada uno para ese entonces. Tienen que bajar a contrarreloj, las tormentas impiden la asistencia de otros colegas y la altura el ascenso de helicópteros.

Los guionistas William Nicholson y Simon Beaufoy se apegan la mayor parte del tiempo a la leyenda que precede al film: “basado en una historia real”. Usan como Biblia Mal de altura, el best seller que cuenta la tragedia en primera persona por uno de sus sobrevivientes; el periodista (Jon Krakauer) es interpretado por Michael Kelly, quien comparte reparto nuevamente con Robin Wright (esposa de uno de los alpinistas), compañera de elenco de la serie House of cards. El vértigo de la historia es condimentado con lo que se proyecta en la pantalla, 8000 metros de altura y la niebla que se confunde con la lluvia y la nieve. A veces es lenta y previsible, sobre todo en los campamentos que sirven de escalas para llegar a la cúspide del Everest, y se deja poco librado a la imaginación.

Everest es un drama que atraviesa una película de aventuras y la tensión queda relegada para el final: el hombre se enfrenta con la naturaleza con todas las de perder. El trabajo del director de fotografía Salvatore Totino es para sacarse el sombrero, a veces no sabemos si estamos en presencia de Hollywood o National Geographic. El film deja sabor a poco pero cumple los objetivos, aunque el exceso de primeros planos parece orientar a la figurita conocida antes que a la épica de la historia, con lo que se infiere que podría haber funcionado mejor quizás con actores ignotos.

El reparto se completa con nombres magnánimos como el presupuesto asignado: Jake Gyllenhaal (Scott Fischer, líder de un grupo de expedición), Jason Clarke (Rob Hall, otro líder de los alpinistas), Josh Brolin (Beck Weathers, un médico), John Hawkes (Doug Hansen, escalador), Vanessa Kirby (Sandy Hill, escaladora), Sam Worthington (Guy Cotter, alpinista experimentado), Thomas M. Wright (Michael Groom, montañista australiano), Clive Standen (Ed Viesturs, sexta ascensión), Tom Goodman-Hill (Neal Beidleman, escalador y documentalista), Ingvar Eggert Sigurðsson (Anatoli Bukréyev, escaló sin oxígeno suplementario), Martin Henderson (Andy Harris), Emily Watson (Helen Wilton), Micah Hauptman (Breashears, montañista y documentalista), Naoko Mori (Yasuko Namba, montañista y segunda mujer japonesa en llegar a las siete cumbres) y Keira Knightley (Jan Hall, esposa embarazada de Rob Hall).

El paso por Katmandú es fugaz, vemos pocos lugareños o símbolos culturales que permitan anclar o ubicarnos en tiempo y espacio. Es que Everest es una historia netamente occidental, donde tanto el lugar en el que ocurren los hechos como los protagonistas asiáticos -y los femeninos- quedan como parte del decorado. El cosmopolitismo es un poco tirado de los pelos, esta expedición la pueden hacer personas de una clase social tan similar que se confunden entre sus dramas familiares y existencialistas.

Con el perdón de los alpinistas, Everest es una película de micros de larga distancia o digna del programa de Virgina Lago. La mayor parte del tiempo floja, pero espectacular. Entre muchos errores, el que ya no se puede perdonar es el final con los protagonistas reales: ya colapsó con Los 33 mineros almorzando a orillas del océano pacífico. También son burdas las publicidades a bebidas energizantes y de empresas especializadas en equipamientos para los montañistas.