En tus zapatos

Crítica de Ayelén Turzi - La cuarta pared

Estrenada en nuestro país bajo el título de En tus zapatos, la última película de Thomas McCarthy (Win Win, The Visitor), protagonizada por Adam Sandler, es un rejunte de ideas una peor que la otra, y que, como un par de zapatos 3 talles más chicos, no llevan a ningún lado...

The Cobbler (título original) se centra en el zapatero Max Simkin (interpretado por Sandler, quien hizo muchísimas películas pero entre las recordables podemos mencionar Zohan y Happy Gilmore), quien lleva una vida más que monótona... hasta que un día se le corta la luz, se le rompe una máquina de coser y tiene que volver a usar, en modo contingencia, una vieja máquina de coser a pedal que guardaba en el sótano (máquina heredada, junto al oficio, de su difunto padre).

El tema es que, por motivos simplemente mágicos, esta máquina no cose solamente los zapatos: tras calzárselos después de haber sido reparados, Max se transforma en los distintos portadores de dichos zapatos, en medio de una secuencia que pretende ser divertida pero cae en lo predecible: primero es un negro, luego un colegial gordito, un travesti y un muerto.

Buoh.

Y claro, el chascarrillo de ser otra persona con una vida más interesante, le encanta, y empieza a salir a la calle y a hacer pequeñas travesuras luciendo como alguien más. Ojo, la única restricción es que ese alguien más calce 10 1/2, sino el zapato no le queda (no, amiguis, no se abre ninguna trama adicional sobre esto, es solamente un detalle mencionado de manera repetitiva que no lleva a ningún lado).

Y así, la película va creciendo en esta especie de estructura de bola de nieve, pero el personaje es tan monótono que... sí, le van pasando cosas más complicadas, pero nada grave ni interesante como para engancharte. Se calza los zapatos de su padre (Dustin Hoffman, de Tootsie y Rain Man) para tener una última cita con su madre, y ella al día siguiente aparece muerta por la emoción; se transforma en un chabón re fachero para tener sexo con la novia pero claro, se da cuenta que no se puede sacar los zapatos y el acto no se concreta, y así, se ve involucrado en diferentes situaciones random, y cada tanto se cruza e interactúa con Jimmy, el peluquero del negocio de al lado, interpretado por Steve Buscemi (Paris je t'aime, Los Soprano), quien le da algunos consejos aleatorios, parece preocuparse por él y le convida pepinillos en vinagre (!).

Cuestión que se ve involucrado en un asesinato, va a la policía a confesarlo y cuando va a mostrarles el cuerpo en el lugar donde lo dejó... no estaba. También habían limpiado la escena del crimen y su bolso con plata del mafioso asesinado, relojes y los zapatos, no estaban donde lo había dejado... sino que aparece en su zapatería.

Finalmente (y me salteo en contarles algunas escenas que realmente no valen la pena), resulta que Jimmy (el vecino) era en realidad su padre Abraham, que no había muerto pero había tenido que desaparecer por motivos no especificados (que probablemente ni siquiera estaban en el guión), entonces con el truco de los zapatos había asumido la personalidad del peluquero para desaparecer, pero a la vez para estar cerca (!!). Y para cerrar la película, sacaron del bolillero de finales posibles una visita guiada por el sótano de la peluquería, donde, en medio de un montón de vitrinas con diferentes zapatos, Max se convierte en la cuarta generación de guardianes de almas de gente fallecida mediante la conservación de sus zapatos. Sí, eso que leyeron.

La película no tiene ni pies ni cabeza. Empieza por un lado, zozobra, naufraga, y termina por otro. Lo bueno que tiene es que, como cada vez que el zapatero se cambia los zapatos se transforma en otra persona, no te tenés que fumar a Adam "No tengo carisma y soy horrible" Sandler durante los 99 minutos de duración.

VEREDICTO: 0.0 - ¡UN ESPANTO!
Mirala solamente (y de reojo) si te está persiguiendo la mafia china y el único lugar que encontrás para refugiarte es la sala donde la están proyectando.