En el corazón del mar

Crítica de Fernando Casals - Revista Meta

HUNDIDO
“En el Corazón del Mar” es un viaje decepcionante. La película está basada en el libro de Nathaniel Philbrick del mismo nombre, sobre la malograda expedición ballenera de 1820 que inspiró el “Moby Dick” de Melville.
Ron Howard captura bien la era, que conste. El negocio de la grasa de ballena fue esencialmente la primera industria petrolera, y la Nantucket del siglo 19 que vemos (y casi olemos) tiene el bullicio, la codicia y la suciedad de cualquier ciudad en auge. “Sin ella, el mundo se sumerge en la oscuridad, el aceite alimenta las máquinas de la industria y evoluciona nuestra especie“.

Por supuesto, como veremos más adelante en el film algunos miembros de la especie son más evolucionados que otros. Benjamin Walker es el capitán George Pollard Jr., un líder sin experiencia promovido por nepotismo. Chris “Thor” Hemsworth es un descamisado de la case trabajadora, el compañero Owen Chase.

Los problemas del film empiezan y terminan en la figura de Melville (Ben Whishaw) que busca localizar y entrevistar al último tripulante vivo, Thomas Nickerson (Brendan Gleeson) del ballenero hundido Essex. Los intercambios entre estos dos personajes resultan forzados, acartonados y fuera de registro, como de obra escolar. La narración en constante retrospectiva tampoco ayuda. El jovencito Nickerson era un personaje nada central para la historia, su participación es un tropo para usar su relato fuera de campo que se justifica sólo para poner a Melville.

Y llega la ballena, la tragedia, la locura, la obstinación, la arrogancia, la naturaleza explotadora del hombre y la metáfora que tomará Melville. Sin escenas fascinantes, el espectáculo se reduce a ballenas, mares digitales y un conflicto dramático que sucede demasiado rápido para que nos haga sentir algo. Paradojicamente en algún momento el espectador se ve alentando a las ballenas. La falta de carnadura de los personajes hunde a filme sin remedio en el mar de la mediocridad.