El origen del terror en Amityville

Crítica de Rosana López - Fancinema

VENDER GATO POR LIEBRE

El origen del terror en Amityville es una decepción desde la venta de su premisa como precuela o parte de la saga de Amityville: este asunto sólo encuentra un cierto enganche al final, de mala forma y sin vergüenza a la bizarreada. Es decir, nada tiene que ver con la casa de Long Island.

La cosa que aquí se cuenta a grandes rasgos es cómo una familia desapareció de su hogar sin dejar rastros. Ni siquiera sus cadáveres fueron encontrados. Con este mito maldito que engloba a la casa, ningún pueblerino era capaz de habitarla hasta que 17 años después la ocupan una madre viuda y forastera y su pequeño hijo con cierto grado de autismo. Y acá empiezan las risas porque la historia reúne todos los clichés posibles del terror. Por ejemplo, el niño introvertido y con cierta malicia en su rostro nos recuerda al famoso Damien de La profecía (1976). Claro que sin tanto carisma. Entre este reparto de malos y mayormente desconocidos actores, la única que sí destaca es la niñera de este pequeñín que tratará de protegerlo de las fuerzas del mal que habitan en aquella posada. Esta actriz, Jodelle Ferland (Silent Hill; Tideland), supo ser una cara infantil reconocida en el mundo del terror. Pero esto ni siquiera ayuda a salvar al bochorno de esta película. Y sin olvidar a su joven padre, el actor Lochlyn Munro (Una noche en el Roxbury; ¿Y dónde están las rubias?).

La historia que nunca se toma en serio nada, tiene un principio esperanzador y algunos momentos de susto fácil que son efectivos. Pero luego comienza a dar tantas volteretas que resulta aburrida y decepcionante. Las malas escenas de gore terminan siendo pasajes de humor negro que recuerdan a las secuencias en velocidad de la mítica Evil Dead (1981). Sheldon Wilson, su director, quien tiene un prontuario en obras de terror, parece relegarse a un cine de muy bajo presupuesto y narraciones con importantes fallas.

El origen del terror en Amityville que ya lleva dos años circulando por Internet, tiene un ritmo demasiado lento que hace dormir al mejor predispuesto. Y sólo es posible decir que esta producción -como muchas otras del género- sólo encuentra luz gracias a un grupo de ejecutivos que apuestan a malas y buenas calidades como si del casino se tratase y, claro, hacerse de algún dinerillo fácil. En este caso, nos referimos a los productores de sagas como Insidious o Actividad paranormal sumado a los de la Blumhouse. Son tipos que no discriminan y les da igual todo lo que les esté enfrente a sus narices y diga “terror”, como aquí sucede con la pésima que roza el telefilm.

El origen del terror en Amityville, que incluye un grupo de matones paletos de pueblo, una relación adolescente homosexual y un drama familiar, es una coctelera sin rumbo fijo y prescindible. En este caso es más divertido sacarle pulgas al gato. Ya están advertidos.