El hijo de Saul

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Inteligente visión sobre la redención dentro del más hostil de los entornos.

El Holocausto es un tema que va a seguir dando que hablar en materia cinematográfica; no es una moda, es una necesidad recordar el horror acontecido en ese negro capítulo de la historia. Pero si aparte de documentar el horror, se puede contar una historia y a través de un mecanismo narrativo que incluye al espectador en vez de excluirlo con golpes bajos (que pueden despertar la empatía y la conciencia, pero no el interés) estamos ante un gran espectáculo que merece su recomendación. A continuación te digo porqué.

Antígona en un campo de concentración
Saúl Auslander, un judío húngaro, trabaja cual esclavo en el campo de concentración en Auschwitz como un sonderkommando. Día tras día, ve como los prisioneros son engañados hacia las cámaras de gas, los asesinan, y luego tiene que arrastrar los cadáveres (descriptos por los Nazis como “pedazos”) a los hornos, tras lo cual arrojan las cenizas al rio como si nada.

Un día, Saúl atestigua como un joven sobrevive a la cámara de gas, solo para ser ahogado en el acto por un médico del régimen Nazi. A partir de aquí, Saúl moverá cielo y tierra para darle al chico un entierro decente (o lo más decente que pueda) según la liturgia judía; probablemente su última acción en esta vida antes de que él mismo sea ejecutado.

El guion de El Hijo de Saúl es impecable. La película va derecho al punto sin hacernos perder el tiempo, usando nada más que acciones y sonidos para meternos en la cabeza de Saúl y entender el porqué de sus acciones. El desarrollo de la historia es rico en sendos conflictos, donde el protagonista no solo enfrenta obstáculos de los nazis, sino de su propia gente. Es un personaje con una meta clara, y con el tiempo en contra hace lo que sea para cumplir con ella. Como corresponde a un gran guion.

La técnica de la película es verdaderamente impecable, ya que estamos con Saúl en todo momento. La cámara no lo abandona jamás, y vemos a través de su hombro cual testigos. El montaje solo hace contraplanos donde es necesario y nada más. Y cuando digo necesario, digo a cuentagotas. Esto es una puesta en escena meditada al dedillo y ejecutada con una inteligencia que es digna de estudio. Una labor de dirección notable.

Pero nada de esto tendría sentido sin la sobria, eficiente y dinámica labor interpretativa de Géza Röhrig que si bien no despliega un gran abanico de emociones tiene la expresión justa para la situación indicada; un actor espontaneo que piensa sobre la marcha y le sale perfectamente natural.

Conclusión
El Hijo de Saúl es una película narrada con mucho ritmo y con las ideas claras. A base de una propuesta visual innovadora pero que no elude lo clásico, sumado a una labor interpretativa eficiente y un guion sólido, el resultado no es solo una gran película sobre el Holocausto, sino una gran película y punto. Si cuentan con el tiempo y el dinero no los va a decepcionar en absoluto.