El gran secuestro de Mr. Heineken

Crítica de Juan Ventura - Proyector Fantasma

Cerveza Robada

El gran secuestro de Mr. Heineken es una película dirigida por Daniel Alfredson (director del segundo y tercer episodio de la trilogía Millenium) y protagonizada por Anthony Hopkins, Sam Worthington y Jim Sturgess. Está basada en la investigación del periodista Peter R. De Vries (“Kidnapping Mr. Heineken”) y relata los hechos acaecidos en la Holanda de 1983, cuando un grupo de delincuentes amateurs planeó y ejecutó el secuestró de uno de los magnates más poderosos de toda Europa: Freddy Heineken.

Se trata de la segunda ficcionalización cinematográfica del caso, ya que en 2011 el holandés Maarten Treurniet también había decidido retratar los sucesos del entonces denominado “secuestro más famoso del siglo 20” (“De Heineken Ontvoering”). Mientras que la primera adaptación tenía un mayor vuelo ficcional, el film de Alfredson realiza un recorrido más fiel en términos históricos y se centra en el derrotero de los cuentapropistas Cor van Hout (Sturgess) y Willem Holleeder (Worthington) que -debido a la agobiante crisis económica de esos años- se convierten en improvisados criminales.

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En ese sentido, el cineasta sueco ejercita un clasicismo bastante lineal que divide a la obra en tres actos claramente diferenciados: el primero engloba la planificación y ejecución del secuestro; el segundo va desde el momento de la abducción hasta su liberación 3 semanas después; y el tercero aborda el desenlace de la historia luego del pago de la cuantiosa recompensa (alrededor de 16 millones de dólares).

Al tratarse de hechos de público conocimiento el final no resulta tan importante en comparación con la mirada que se construye sobre los captores. En este aspecto, si bien el guión es correcto y las actuaciones sostienen el relato con solvencia, la falta de audacia evidenciada en la excesiva fidelidad para con los acontecimientos le terminan jugando un poco en contra. Por momentos, el film deviene superficial y no se decide a desarrollar en profundidad ninguna de las vetas argumentales que propone. Más allá del hincapié puesto en la profesionalidad criminalística de cinco tipos a priori honestos y en algunas tesis tiradas al aire sobre la amistad y la riqueza material, nos quedamos con ganas de ver más de la relación entre secuestradores y secuestrado, más sobre la personalidad de Freddy Heineken y más sobre los conflictos internos que atraviesan los inexpertos delincuentes.

De esta forma, la película termina siendo una especie de crónica “documental” que no logra despegarse de la frialdad de los hechos duros. En tal carácter, dilapida gran parte de su potencial expresivo, aún siendo un producto entretenido por su fluidez y actuaciones.