El arte de la guerra

Crítica de Rolando Gallego - El Espectador Avezado

Hay en “El Arte de la Guerra” (China, 2013) un interés por parte de su realizador, Wong Kar Wai, de narrar los acontecimientos históricos posteriores a la caída de la última dinastía imperial a través de coreografiadas escenas de lucha marcial, pero no sólo eso.
En esta película, que abrió el Festival Internacional de Berlín, el kung fu, todo el que se puedan imaginar, es sólo una excusa para contar lo principal, una épica historia de amor entre Ip man (Tony Leung), el legendario maestro de Bruce Lee, y Gong Er (Zhang Ziyi). ¿Y cómo llegamos a esto?
Pues porque Ip Man será el sucesor de Baosen, el jefe de la Orden de las Artes Marciales Chinas, y dejará a su familia en Foshan para poder asumir su cargo y allí conocerá a Gong Er, hija de Baosen, quien no sólo lo abrumará con su exótica belleza, sino que además lo deslumbrará con su conocimiento y manejo de los 64 movimientos de manos del Ba Gua (una variante del Kung Fu).
Igualmente no todo será color de rosa porque asesinado Baosen y ocupación japonesa de China mediante, el país se dividirá (Norte vs Sur) y la miseria hará que los protagonistas tomen decisiones que los harán alejarse por un tiempo, no sólo de su amor, sino de las artes marciales.
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Si bien Baosen dejo en claro, con sus últimas palabras, que no deberían buscar venganza, Gong Er nunca permitirá que quede impune el asesinato de su padre.
“Tanto en la vida como en el ajedrez, una vez que se mueve una pieza no hay vuelta atrás”, dicen, y lo toman como premisa de vida. Entonces “El Arte…” pasa de una mera narración de hechos históricos con el kung fu como trasfondo, a una historia no sólo de amor, sino de venganza.
“Si no vengo su muerte nunca estaré en paz” declama Gong Er y dirige todas sus acciones hacia ese fin. Y en cierta manera a Ip Man le pasará algo similar, dado que toda su familia es asesinada en medio de la guerra. Por momentos, y dejando a los 2 protagonistas de lado, podemos comparar a “El arte…” con una novela compleja, ya que Kar Wai introduce las historias de “Navaja”, un asesino que terminará con un salón de belleza, o del mismo asesino de Baosen y todas sus miserias sin relacionarla con Ip Man y Gong Er.
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Como siempre, Wong Kar Wai, cuenta una historia intimista, y más allá de que esta sea su primera superproducción, sigue respetando un estilo de cámara expectante y envolvente.
Los actores y las acciones se presentan sin un artificio previo, excepto, claro está, cuando se multiplican las escenas de acción. Estas secuencias son plasmadas con primerísimos primeros planos y planos detalles de manos y pies que generan un gran atrayente visual. Un interés que es necesario a la hora de “digerir” las más de dos horas del metraje. Una de las más bellas escenas sucede en la nieve.
Baosen practica movimientos y Gong Er, desde dentro de la casa, comienza a internalizar cada uno de ellos. Los típicos cerezos, la nieve y las caras de los actores a través del biselado de los vidrios, estremecen. Quitando de lado la excesiva utilización de la cámara lenta y la cursi utilización de la música para interpelar a los espectadores, “El arte…” logra en su impacto visual su mayor aporte.