Dumbo

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Tim Burton es habitualmente un cineasta asociado a la oscuridad de los universos que él crea. Sin embargo, un detalle a destacar es que utiliza dicha oscuridad para contar fantasías que -cuando se lo propone- tienen desarrollos e incluso resoluciones más luminosas que el mundo que las rodea.

Vi a un elefante volar

Por lo arriba mencionado podemos decir que este Dumbo versión 2019 tiene la firma de su realizador, aunque no sea tan evidente como en otros títulos.

Burton no necesita una oscuridad absoluta para desarrollar a sus personajes. Que este es un componente mayoritario, no se discute, pero no es necesariamente exclusivo. El Gran Pez, Big Eyes yLa Gran Aventura de Pee-Wee son películas que a simple vista uno no asocia ni remotamente a Burton por su colorido, y sin embargo son ejemplos de lo que creo es el rasgo distintivo de su filmografía: una persona de rasgos físicos atípicos que viene a ofrecernos un show único que no se ve todos los días. Un espectáculo circense encajaría perfectamente con esa propuesta autoral. Sin ir más lejos, si nos ponemos a repasar su carrera no es una declaración tan descabellada. El tercer acto de Beetlejuice tiene mucho de circense, y hasta la mayoría de las partituras que Danny Elfman ha trabajado para Burton tienen ese espíritu.

Dicho todo esto, no veo por qué Dumbo no podría ser una película Burtoniana. Lo que sí he de señalar, es que esto se ve más en retrospectiva que a primera vista.

Aclarada la cuestión autoral, la pregunta que se cuece es cómo se sostiene esta película en inevitable comparación a la de 1941, más allá del reemplazo de animales antropomórficos con humanos hechos y derechos. Sin entrar en mucho detalle voy a decir que quien lloró con la canción “Baby Mine” en la original, es probable que lo haga también en la remake, aunque en esta oportunidad, por obvias razones, no venga de la mamá de Dumbo.

Súmenle una cuota de razonable (y merecida) mala leche hacia el responsable del encierro de la mamá de Dumbo, cuya línea narrativa tiene un desenlace de negrísimo humor que ratifica la autoría burtoniana de la propuesta.

Quien esto escribe encuentra necesario hablar de una pequeña cuota de posible autocrítica en el personaje interpretado por Michael Keaton. El personaje es el dueño de un gran parque de diversiones, y tiene también un imperio en el que se incluyen estudios de cine. Un empresario al que le encanta hablar de cómo los sueños pueden nacer de la nada. Si esto no es una referencia explícita (devenida en crítica por el desarrollo narrativo que tiene el personaje) a la figura de Walt Disney, difícil imaginar qué podría serlo.