Dumbo

Crítica de Héctor Hochman - El rincón del cinéfilo

No es la primera vez que la factoría Disney desde lo narrativo une fuerzas con Tim Burton en tanto construcción de espacios en donde desarrollar una historia. Aplicando lo sobresaliente del director de “El Gran Pez” (2003), que es su “imaginería” visual, la estética servil a los relatos elegidos. Sin embrago es preciso decir que en este caso, ya sucedió antes, la unión se establece a partir de las debilidades de cada parte.
Se puede reconocer dentro de esa paleta de colores exuberantes el universo tradicional de Disney, del mismo modo que dentro de un relato clásico de Disney como lo es “Dumbo”, se puede reconocer el mundo de Burton, con la mala fortuna que cada uno juega en función de anclaje. Por lo tanto ambos entregan a medias sus posibilidades y el filme se establece en una medianía plagada de comodidad.
De esta manera el filme no gana en nada, en ningún momento lleva al espectador a tener alguna empatía emotiva, ni con el personaje, supuestamente central de Dumbo, ni con los humanos, reemplazantes de los animales de la versión original realizada en 1941, quienes son los que realmente se posicionan para la construcción y desarrollo. Todo demasiado previsible.
Por supuesto que los cánones que se establecen desde el origen aparecen, esto es la discriminación al diferente, el ansia de superación y la fortaleza interna para transitar por los obstáculos que se presentan. También hay soslayada (y no tanto) una crítica al materialismo salvaje. Siempre distante, frío, sin emotividad.
El relato transcurre después de la primera guerra mundial, Holt Farrier (Colin Farrel) regresa al circo que lo supo tener como estrella, convertido en un capitán del ejército (ahora viudo) y con un brazo amputado. Allí lo esperan sus hijos, pero no su espectáculo ecuestre, no solo por el cambio de estado físico, sino que Max Medici (Danny de Vito), el dueño del circo, a partir de la crisis económica se vio obligado a vender los caballos. Pero en medio de toda ese infortunio nace una esperanza en formato de elefante con una orejas demasiado grandes, todo un “raro” dentro de ese mundo circense plagado de ellos, pero motivo suficiente para ser centro de burlas y desprecio por los “otros” y por los “suyos”, salvo por los hijos de Holt, que descubren el don de volar en el elefante bebe.
La noticia de este fenómeno que termina siendo el motivo de resurgimiento del circo, hasta allí llega V.A. Vandevere (Michael Keaton) un rico productor de espectáculos, junto a Colette Merchant (Eva Green) una joven trapecista, novia de Vandevere. Pero la ambición es más grande que el corazón, no solo compra al elefante estrella, sino todo el circo y todo se traslada a “DreamLand” una especie de Disney World, del que Vandevere es su dueño y donde mostrara su verdadero rostro.
Con muy buenos actores y un trabajo de alto nivel desde lo estético, tecnológico, pero que nunca logra levantar demasiado vuelo.