Crímenes y virtudes

Crítica de Silvina Rival - Subjetiva

FRAGMENTOS SOBRE EL SINSENTIDO

Sería prudente, antes de lanzar afirmaciones críticas de cualquier índole, señalar que en el film de Tim Blake Nelson es difícil encontrar crímenes ejercidos por sus protagonistas y, mucho menos, un despliegue de virtudes. ¿Cuál fue el objetivo de la distribuidora para difundir este film bajo el título de Crímenes y virtudes? Hacer tal vez un contrapunto entre la negatividad del ser que contempla un crimen, cuando menos en potencia y, por otro lado, la virtud como positividad. ¿Será un comentario solapado del discurso existencialista que el propio film encierra? Muy probable aunque desacertado.

El film está lejos de ser genial y original pero contiene una o dos genialidades. Una de ellas es efectivamente el título elegido por Tim Blake Nelson: Anesthesia. La definición de este término no refiere exclusivamente a la sustancia química que se aplica en los quirófanos en pos de una cirugía sino que también refiere a la ausencia de la sensibilidad, en general de una parte del cuerpo, que puede ser inducida por una sustancia pero también por una enfermedad o incluso por la hipnosis. Y esto es exactamente lo que se juega en la narración de este film, tanto en un sentido literal como metafórico. No se trata de expresar someramente que en el mundo contemporáneo vivimos anestesiados sino de exhibir algunos recursos que operan como muestra anestesia: las drogas ilegales, el alcohol, el sexo, el saber, el amor. Paradójicamente, algunos de estos recursos también funcionan como antídotos: el saber divergente contra el saber académico, el amor contra sexo y a la inversa. Y por supuesto, la autoflagelación como despertar al sinsentido de la vida.

Crímenes y virtudes propone un cruce de diversas historias que se entrelazan en mayor o menor grado. Algunas se convierten en protagonistas mientras que otras son rezagadas y, esto es tal vez un punto divergente respecto de otros films multiplots, cada una de ellas posee un estatuto diferente en relación al encastre que da sentido al film como totalidad. De alguna manera, lo que acontece en la estructura es lo mismo que emerge en el discurso de los protagonistas, particularmente en el del profesor en filosofía Walter Zarrain quien resulta ser un experto de la escuela existencialista. Walter ha pasado más de treinta años reflexionando sobre el sin sentido de la existencia para terminar cuestionando la manera en que la propia reflexión nos aleja del encuentro del sentido que la totalidad de nuestra vida encierra. Pensar que nada tiene sentido nos aleja de la posibilidad de encontrar un sentido a lo que experimentamos.

Por supuesto, la narración no da una respuesta clara a semejante enigma no resulto por la filosofía. Por momentos gana el discurso épico y positivo del profesor a punto de jubilarse. Por otros, el absurdo del comportamiento adolescente: dos hermanos que pasan sus tardes fumando marihuana en la terraza, se confrontan con el malestar que les produce la posibilidad de que su madre tenga cáncer. Y en otros escasos momentos, la desgracia de la negatividad absoluta se hace presente. Sophia, la alumna favorita del profesor, se lastima a sí misma como una manera de despertar de la miseria y la mediocridad que encierra la contemporaneidad. La contracara de este personaje es sin duda el de Jeff, un adicto a la heroína y el crack, quien vive la derrota de la existencia con una convicción casi desafiante. A estas historias se suman otras más predecibles como la de la mujer engañada que ahoga sus penas en el alcohol y la de su marido infiel, quien necesita viajes imaginarios a China para soportar su pequeña vivencia cotidiana.

Poco interesa en Crímenes y virtudes las acciones porque ciertamente son muy pocas, salvo tal vez la escena inicial que detona el gran flashback del film. La propuesta está centrada en esta articulación antes descripta entre lo que adormece y lo que despierta, entre el sinsentido y las respuestas. Las acciones en cuanto tales no son significativas sino más bien ilustrativas. Esto tal vez sea otro acierto del film: no esperar de las grandes acciones el despertar en la comprensión, no suponer que en cada fragmento se encuentra una parte del sentido total emergente. No hay nada allí de esa índole, ni dentro ni fuera del film. Aún con el cruce de historias que la narración ofrece, Crímenes y virtudes es un ensayo compuesto por fragmentos y si fuéramos capaces de lanzarlos a la vida no contendrían más que experiencias sin trayecto predestinado.

CRÍMENES Y VIRTUDES
ANESTHESIA. ESTADOS UNIDOS, 2015.
Guión y dirección: Tim Blake Nelson. Fotografía: Christina Voros. Montaje: Mako Kamitsuna. Música: Jeff Danna. Intérpretes: Sam Waterston, Kristen Stewart, Glenn Close, Corey Stoll, Gretchen Mol, Todd Freeman. Duración: 90 minutos.