Camino
  • Cantidad de críticas: 4
  • Críticas favorables: 4/4 (100%)
  • Críticas desfavorables: 0/4 (0%)
  • Desviación: 15%
  • Puntaje IMDb: 7.4/10
  • Puntaje RottenTomatoes: 50%
  • Nombre original: Camino
  • Director: Javier Fesser
  • País de origen: España
  • Clasificación: Aún sin resolución
  • Fecha de estreno: La película pasó directo a DVD.
  • Distribuidora: Diamond Films
Inspirada en hechos reales, CAMINO es una aventura emocional en torno a una extraordinaria niña de once años que se enfrenta al mismo tiempo a dos acontecimientos que son completamente nuevos para ella: enamorarse y morir. CAMINO es, sobre todo, una luz brillante capaz de atravesar todas y cada una de las tenebrosas puertas que se van cerrando ante ella y que pretenden inútilmente sumir en la oscuridad su deseo de vivir, amar y sentirse definitivamente feliz.
  • Martín Oltmann
    Martín Oltmann
    Ver o no Ver?
    Cualquier película que tenga como punto central en su historia un tema religioso, seguramente generará polémica.
    Uno de los últimos títulos que causó el enojo de la Iglesia fue "The DaVinci Code" y con "Camino" ha ocurrido algo similar en España con los grupos mas conservadores.
    Este film está inspirado en los hechos reales vividos por Alexia Gonzalez-Barros (alexiagb.org), una niña española que falleció en 1985 de un tumor maligno y actualmente se encuentra en proceso de canonización por la madurez, entereza y tranquilidad con que llevó la enfermedad hasta sus últimos días.
    A pesar que la historia se considera ficción, ya que se toma ciertas libertades en el relato con respecto a los hechos reales, el director recibió críticas de la familia de la niña debido a que consideran que se los muestra como fanáticos religiosos y también del Opus Dei, quienes creen que se da una errada visión de las creencias de sus miembros.
    Este trabajo ganador del Goya a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión, Mejor Actriz, Mejor Actor de Reparto y Mejor Actriz Revelación, cuenta la historia de Camino, una niña con una grave enfermedad que descubre el amor en los últimos meses de su vida.
    Camino es una niña que desea comenzar clases de teatro para poder participar de la obra Cenicienta y estar así cerca de Jesús, el niño del que está enamorada. Pero al mismo tiempo, le descubren un tumor maligno que rápidamente afecta su salud.
    Su madre, una mujer muy conservadora, y su hermana, abocada a convertirse en monja, acompañan a Camino en la lucha con su enfermedad, siguiendo sus creencias religiosas.
    Su padre, un hombre cariñoso, no comparte muchos valores religiosos con su mujer y lidia con la enfermedad de su hija a su manera.
    Durante los meses de internación, miembros del Opus Dei creen ver en la joven niña una Santa, por la paz con que lleva la enfermedad.
    De más está decir que es uno de los estrenos más tristes de los últimos tiempos, con la enfermedad de la niña como punto central, en donde resulta difícil encontrar un lado alentador o positivo. Con sólo ver el poster o trailer, uno ya puede imaginarse lo duro que es éste film.
    Pero principalmente es una crítica a la manipulación y fanatismo religioso, apuntado al Opus Dei.
    Mi principal crítica es que el aspecto religioso, mas allá de la opinión que uno pueda tener del tema, toma demasiada importancia en la historia y puede resultar abrumador.
    Hay fuertes imágenes de las operaciones de la niña que creo, junto a alguna escena de sueños o pesadillas, se podrían haber evitado para acortar un poco los 143 minutos de larga duración.
    Las actuaciones son un gran acierto en todos sus roles.
    Nerea Camacho (Ganadora Goya Mejor Actriz Revelación) interpreta a Camino, una hermosa niña que nunca pierde la esperanza.
    Carmen Elias interpreta a la ultra-religiosa y controladora madre (Ganadora Goya Mejor Actriz), Manuela Vellés a la sumisa hermana y Mariano Venancio al querido padre.
    Una película deprimente y controvertida, donde cada uno podrá sacar sus propias conclusiones.
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  • Ramiro Ortiz
    Ramiro Ortiz
    La Voz del Interior
    Una gran película para sufrir

    La excelente “Camino”, de Javier Fesser, narra la convalecencia de una niña de 10 años.

    Película dura, muy dura pero valiosa, ésta del español Javier Fesser que copó varios de los premios más importantes del cine español el año pasado, entre ellos seis Goya a mejor película, director, guión original, actriz, actor de reparto y actriz debutante. Hay que armarse de valor para verla pero, como dice la conocida frase, “vale la pena”.

    Camino, el título de la película, está basada en una historia real ocurrida en Pamplona (Cataluña) hacia 2005. El director Fesser la ficcionaliza, y –otro elemento a tener en cuenta por el futuro espectador– va un paso más allá, pues se mete en los sueños y pesadillas de la protagonista, un mundo de fantasía donde, tal vez sea útil anticiparlo, se mueve con mucha seguridad, como lo hacía por caso un Luis Buñuel.

    Camino es también el nombre de la protagonista, una niña de unos 10 años a quien le descubren una malformación vertebral que compromete su médula y pone en peligro su vida. A partir de entonces, el espectador acompaña a la niña en el verdadero calvario que atraviesa. Internaciones, cirugías, calmantes, postración se vuelven moneda corriente en su vida, pero no sólo eso. También se potencia la imagen de su madre, una mujer que lleva a un extremo polémico el fervor cristiano, que desde el comienzo parece haber entendido que un “destino divino” fue escrito para su hija y la empuja a soportar la convalecencia dentro de la clínica, con un grado de renuncia casi ligado a la santidad.

    No sorprende por ello que, al final del relato, una leyenda explique que la protagonista verdadera se encuentra en proceso de beatificación en España.
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  • Martín Stefanelli
    Martín Stefanelli
    ¡Esto es un bingo!
    La niña santa

    208. Bendito sea el dolor. —Amado sea el dolor. —Santificado sea el dolor… ¡Glorificado sea el dolor! Aunque esta sentencia podría ser el lema de un grupo de sadomasoquistas entusiastas, en realidad, es uno de los 999 puntos de meditación que componen un libro llamado Camino escrito por Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. La misión casi revolucionaria que esta institución tiene encomendada por la Iglesia Católica, es la de regar entre los fieles la enseñanza de que todas las personas –y no sólo los clérigos– están llamadas a ser santas. Ese camino al que se refiere el título del libro es el de la santidad, y cualquiera de nosotros puede transitarlo durante una vida ordinaria. Pero además de un libro y un proceso de canonización, Camino es también una película dirigida por el español Javier Fesser y el nombre de una preciosa nena madrileña de once años –protagonista de esa película– a la que de repente le toca encontrarse, al mismo tiempo, con el amor y con la muerte.

    Camino (ahora me refiero a la película, por eso las itálicas) es la historia de esa nena, miembro de una ferviente familia del Opus Dei, que sufre un extraño cáncer en la columna vertebral que empieza por sacudirle puntadas en la espalda y termina dejándola inmóvil en la cama de un hospital. Durante el desarrollo de la película, a la vez que ese tumor se expande por su cuerpo, como si fueran en sincronía, también crece en ella el amor que siente por Jesús. Y tal como pasa con esa pluralidad de sentidos que se condensa acá en la palabra “camino”, en Camino, Jesús es Jesucristo y también es el nombre del hijo de la panadera, el niño del que se enamora Camino a primera vista cuando lo encuentra en una plaza de Madrid hojeando el libro infantil Mr. Meebles. En todo caso, como dice el sticker que tiene pegado un vecino en el vidrio de su camioneta, “Jesús es el camino”, tanto para los miembros del Opus Dei que asisten a la agonía de la protagonista como para la protagonista misma. La diferencia está en que mientras los primeros lo ven lejano, con barba, pelo largo y ojos tristes, Camino lo ve parado a su lado en el centro cultural donde preparan, junto a un grupo de niños, la obra de teatro de La Cenicienta.

    Y no se trata, como leí en algunas críticas, de un equívoco que hace avanzar la narración timando al espectador, como podría pasar en La vida es bella o en las viejas comedias de enredos donde el doble sentido de las palabras es el motor excluyente de la historia. Acá Jesús es Jesús y Jesús, Viena es una ciudad de cuentos de hadas y una panadería, la obra es de teatro y es la Obra, como llaman sus integrantes al Opus Dei. La polisemia que adquieren las cosas en Camino trabaja sobre la variada interpretación que pueden hacer las personas y los personajes para alimentar sus fantasías. La dolorosa enfermedad de Camino es para su madre un regalo del cielo que encaja justo en ese desprecio del cuerpo que proponen sentencias como la que corona este post. Esa madre, con el regocijo que recibe la desgracia de su hija, puede ser el molde perfecto de villanía para las fantasías del espectador o una madre coraje, una heroína, para las del padre católico que le sirve de guía espiritual. Lo cierto, o de lo que habla la película de Fesser, es que la fantasía es un camino que puede ser de salvación pero también de alivio, alegría o placer, que se puede presentar en una inmensa catedral, en el castillo de Disney o en un cuento de hadas.

    Puede que Camino sea una película atea, pero no por eso ejerce un desprecio de lo místico, sino todo lo contrario: baja a la religión de su pedestal y la ubica en el nivel de la imaginación, o dicho de otra manera, eleva la imaginación a los altares de la religión. Un ejemplo: Mr. Meebles, el personaje del pequeño cuento ilustrado de Jack Kent, obsesiona a Camino desde que lo ve en manos de Jesús. El personaje se cuela en sus sueños y en sus pesadillas como un amigo que responde a sus inquietudes. Mr. Meebles, según dice, es un hombre que todo lo sabe, que todo lo puede, pero tiene un problema: que no existe si Camino no piensa en él. Nada más claro. La crítica de Fesser no apunta contra lo religioso sino contra la burocracia eclesiástica y, sobre todo, es una afrenta a la manipulación y el control que se ejerce sobre los integrantes del Opus Dei, pero a la vez retoma la idea fundante de la institución –esa de que cualquiera puede ser santo– para agregar que la santidad puede alcanzarse de muchas maneras. Así, a partir de cierto momento, el peregrinaje que emprende la niña recorre un sendero paralelo al del dogma religioso que siguen fervorosas su madre y su hermana. Uno está lleno de vida y el otro pretende despojarse del cuerpo como si fuera un lastre, pero en ambos la meta es la misma.

    Camino elige transitar hacia la muerte con la felicidad de la fe, el amor y la esperanza que pone en cosas de este mundo. Quizá porque es especial, quizá porque le es imposible a los hombres y a las instituciones encorsetar la imaginación de un niño. En consecuencia, y si seguimos en el terreno de ambigüedades que nos propone la película, cuando la madre le muestre un póster de Jesús, ella, que ya no puede ver a causa de la enfermedad, podría citar un fragmento del punto nro. 212 del libro de Josemaría Escrivá de Balaguer: Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. En homenaje a la infancia, a los espíritus rebeldes y a Alexia González Barros –esa niña, en la que se inspira la película que también es Camino– Fesser le va a regalar un cielo lleno de flores rojas en el que están Jesús y su padre, que no son Cristo ni el Padre, un cielo personal.

    Lo que demanda Camino es respeto por la interpretación del mundo que pueden hacer los otros. Hasta por las dudas que habitan en el personaje del padre, que se pasa la película sin tomar una sola decisión mientras es avasallado por las certezas de su mujer. Su rol parece relegado a mantener una relación secreta con su hija y a registrar con su cámara de Súper 8 los cumpleaños, bailes, regalos, risas de la niña, los momentos felices. Por eso se sorprende cuando Camino le pide que la filme agonizando en la cama del hospital, y también, después de encender la cámara, cuando ella indica que en el sofá está sentado Dios. Al final, después de la muerte de la niña y del accidente fatal que sufre el padre –digno paso de comedia de El milagro de P. Tinto– Fesser nos va a dejar ver esa cinta y cuando el padre empiece a girar de a poco la cámara hacia ese sillón y lo encontremos vacío, en el último fotograma, como si fuera un defecto del celuloide, se va a colar un triangulo, símbolo del Dios que todo lo ve. Ese triangulo está ahí a disposición de la madre, que es quien encuentra el rollo en un sobre, pero sobre todo, está ahí para que nosotros podamos elegir.
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  • Primo
    Primo
    La Cinerata
    Para escribir este antitrailer tendré que hacer un gran esfuerzo y dejar mis emociones de lado, porque no voy a negar que al terminar de verla (hace ya bastante) una pregunta se adueñó de mi cabeza: ¿Por qué...? ¿Por qué una película como ésta no llega a nuestros cines? ¿En qué creer cuando una película así sólo llega a un "Arteplex" en un festival de cine español y "Asesinos con estilo" está en todas las salas? Definitivamente, la industria cinematográfica es una de las grandes fuentes de ateísmo en nuestro país...

    Listo, me descargué. Como vengo haciendo, vamos a hablar del póster de la película primero. Muchos dirán "bueh, es un primer plano de la protagonista, nada del otro mundo", posiblemente sean los mismos que habrán ido a ver "Asesinos con estilo". Sí, es un primer plano de la protagonista, con la cara iluminada (y no hablo de la luz), pero con una cita que acompaña esa expresión: "¿Quieres que rece para que tú también te mueras?" ¿Dolió? Bueno, es un gran resumen de lo que te espera si apretás "play".

    ¿De qué la va? Inspirada en una historia real, "Camino" es una película que gira en torno a una chica de 11 años perteneciente a una familia del Opus Dei y a cómo le hace frente a dos cosas nuevas para ella: Su primer amor y una enfermedad terminal.

    Sí, es una película cargada de emociones y polémica. Pero tomemos con pinzas esto último, porque no está desarrollada como una crítica directa a la Iglesia ni al Opus Dei. Lo que el realizador (Javier Fesser) nos ofrece es una película en la que se muestra la educación en la fe que dan estas familias en contraste con la inocencia con la que ve el mundo una chica y cómo ambas caras se enfrentan durante la cercanía a la muerte.


    Acá tenemos a la protagonista antes de caer en la enfermedad. Podría poner una foto cruda o una con un mayor despliegue estético (porque las hay), pero prefiero mostrarla a ella. Ésta es la cara que eligieron encarna a esa nena que, tras crecer en un ambiente religioso muy estricto, enfrentará la enfermedad que terminará con su vida... ¿Habrán elegido bien?


    No apta para los que quieran ver un drama liviano, porque de principio a fin se enfrentan la inocencia y la crudeza.
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