Bloodshot

Crítica de Guillo Teg - El rincón del cinéfilo

Ya sabemos cómo funciona la industria yanqui. Al igual que en la época de la fiebre del oro, cuando encuentran una veta la explotan hasta agotarla. El cine no es la excepción, así que con la irrupción de Marvel en este siglo (que vendría a ser la mina de oro principal digamos). todos los buscadores van al río de la historieta y la novela gráfica a ver si encuentran algo que de guita. Flash, Superman, Batman, X-Men, Avengers, Sin City, 300... Hasta ahí, historieta más, historieta menos, podemos decir que todo esto es una máquina de hacer guita, y como todos allá quieren aunque sea una migaja de la torta, nos espera una larga lista de quién-catzo-lo-conoce haciendo cola para ver la luz en la pantalla grande (si el COVID-19 lo permite, claro).

En el caso de Bloodshot se trata de una historieta creada por Kevin Van Hook, Bob Layton y Don Perlin allá por 1992 para la Valiant Comics, una compañia que fue cambiando de manos como veinte v eces hasta que se estabilizó, con lo cual también hubo varios relanzamientos de éste personaje. Hace poco firmaron para hacer (Dios libre y guarde) cinco películas, y aquí está la primera.

Ray (Vin Diesel) es un soldado de elite a quien vemos incursionar intrépidamente en una misión con su pelotón. Terminada la misma, tasa tasa cada cual a su casa. En plena vacación con su mujer algo sale mal y un villano muy muy malo la mata a sangre fría y luego a él. Sin embargo, el Dr Emile Harting (Guy Pierce) y su equipo del Proyecto Rising Spirit lo resucitan para convertirlo en un super-soldado por cuya sangre circula una invención llamada "nanitos", que no sólo regeneran su tejido a lo Wolverine sino que le dan también una fuerza sobrehumana. Su memoria, supuestamente borrada, entrega trazos del asesinato de su mujer, así que cuando se acuerda de todo sale en busca de venganza.

Este rejunte de ideas, un poco copiadas del guión de “Robocop” (1987) y el ya mencionado Wolverin,e se convierten en la excusa para que el director Dave Wilson de rienda suelta al despliegue de acción y efectos visuales que propone la estética del cómic original, en desmedro de la construcción de un personaje del que sabemos poco. No alcanzan cuatro tomas de un paseo en la costa italiana y una conversación intrascendente en la cama para construir el personaje protagónico, ni mucho menos un vínculo emocional con el espectador.

Al dejarnos de importar (o que nos de lo mismo) si Ray se quiere vengar, o tocar el piano, o estudiar horticultura, seguir sus pasos se torna aburrido. Estamos entonces frente a otro de los tantos productos de acción imparable (de muy buena factura por cierto) que va en desmedro de la historia que se quiere contar. ¿El antagonista de todo esto? Bien, gracias. La tangente por la cual el libreto podría haber encontrado una fuente de interés es desperdiciada en lo anecdótico, es decir da la sensación que lo único importante es explicarle al público cómo funciona la tecnología, y así, tenemos un villano endeble pintado con brocha gorda.

Al igual que las producciones de Michael Bay el interés de “Bloodshot” se pierde entre miles de balazos y piñas, y si bien hay público que sólo pide eso el hecho de que lleguen las secuelas asusta más que el coronavirus.