Betibú

Crítica de Soledad Velasco - La mirada indiscreta

Jazz, Country y Kirchnerismo

Jazz, country y kirchnerismo. Betibu, Lorenzo y Brena. Amante, amigas y amor. Brena, Gato y Mariano. Venganza, crisis creativa y corrupción. Trabajo, honor, moral. Vida, baile y muerte. Noticias, inventos y censuras.

Desde tantos lugares se puede abordar este film que no queda opción que elegir solo alguno de ellos. Como ya todos saben, pero no se puede dejar de mencionar, Betibú está basada en el best seller de la dama negra de la literatura Claudia Piñeiro y dirigida por Miguel Cohan, que reincide en el género policial, después de Sin Retorno (2010).

5 cosas voy a decir de Betibú:

Cosa 1. Toda referencia al apoyo de un modelo político e ideológico, llámesele Kirchenerismo o Cristinismo, no tiene nada de bueno ni malo en sí mismo. Las obras de arte se inscriben en coyunturas políticas –que novedad- y son per se creaciones subjetivas con una ideología política “X”. Sentí nombrar ciertas críticas a esta intención política y pienso… justamente si es tan claro el lugar donde se posiciona políticamente la película, ¿qué es lo oscuro y criticable? La película tiene una mirada y la expone en la puesta en escena y la verbaliza a través de los personajes. ¿Donde está lo manipulador? La película piensa así. ¿Y qué?

Cosa 2. Jazz. Una secuencia de inicio con tinta fílmica de cámara en mano que recorre, con la lentitud del suspenso, los espacios corruptos y oscuros de la casa de Chazarreta. Segundos después un grito alarmante lo descubre en su sillón con el pecho ensangrentado, y bien muerto; la cámara acelera el paso por la casa siguiendo a la desafortunada mujer para salir finalmente a la luz del jardín. Un paneo hacia arriba condecora esta primera secuencia que termina mirando al cielo. Entonces, de lo oscuro del interior del crimen hacia una mirada hacia arriba… ¿Se pide compasión? ¿Es el cielo el único testigo? ¿Es “dios” quién sabrá la verdad de estos crímenes? ¿El narrador omnisciente? Este recurso se repite después de la muerte de Miranda y también al final de la película. Esta idea visual de la mirada hacia el cielo, funciona como una pequeña microestructura anticipatoria en donde, si se partió de una incógnita oscura, se va a ir hacia la iluminación de las pistas. Cualquier policial podría partir con esta premisa, porque el género lo demanda. Lo que está bueno es que finalmente el único que sabe cómo termina el asunto es el espectador. Y esa mirada al cielo, que al principio puede ser un signo de pregunta (¿quién está ahí arriba?), se revela en que es el espectador quien tiene ese lugar privilegiado de poder estar en todos lados y terminar de armar el rompecabezas.

Cosa 3. El guión es un lujo. Tres unidades aristotélicas. Cinco actos horacianos. Un lujo estructural con un compás que late al ritmo de la sangre occidental. Tramas tejidas por manos ancestrales. Universos que se van uniendo orgánicamente. Trabaja por pares algunos temas como el amor (amante, nuevo amor) y la camaradería (Brena y Mariano). Los espacios están bien delineados y cada uno tiene su peso en su justa medida. Una dosificación inteligente de la información y los temas.

Cosa 4. Donde vive el Gato, el barro se subleva.

Cosa 5. ¿De qué sirve un acto de venganza sin testigos? De nada. Por eso, Betibú construye un testigo final y único, el espectador. Un espectador que suele ser testigo de muchas cosas en la vida, y que le toca como tarea terminar de construir el relato. Y ese espectador somos todos.