Betibú

Crítica de Juan Pablo Schapira - Tranvías y Deseos

Primera cuestión a señalar: interesante decisión comercial estrenar una película nacional en la semana de comienzo del BAFICI. Veremos cómo le va a esto que a fin de cuentas es un vistazo. “Betibú” es un vistazo a un género que con liviandad de hace de las mejores herramientas para contar su historia: protagonistas y secundarios magnéticos y una intriga que se sostiene hasta el final aunque la recompensa no sea tan satisfactoria (quiero decir que, para ser ‘una de misterio’, deja mucho que desear; pesa mucho la necesidad de un final descollante y no se da de esa forma). La estrella es Mercedes Morán –siempre firme, ni un gesto de más- y su Nurit (Betibú es el apodo, con una explicación que se hace esperar y tampoco deslumbra) es el centro del relato, que la va de un asesinato y su resolución. No hay mucho más que eso, en otra muestra del síndrome ‘episódico’ que el año anterior trajo “Séptimo”.

Aunque se hurgue en el pasado, la narración se siente efímera. “Tesis de un homicidio”, por traer un ejemplo, tenía una complejidad aparte y una profundidad en el trabajo de los personajes que sostenía la historia, sin que pareciese “otro caso más en el capítulo de hoy”. Miguel Cohan ya había transitado algunas de estas zonas en su ópera prima (“Sin Retorno”), pero más allá del planteo abierto en el final, se trató de una película demasiado correcta. De género, pero sin tanto riesgo. Esto sucede porque en Argentina el cine de género industrial está ganando espacio pero todavía se toca de costado. Así era “Sin retorno”, así fue Bielinksy y, aunque hay raras avis acertadísimas como “La corporación”, quizá esa sea la mejor manera. Porque otra vez vuelvo con esto: el tocar de costado permite trabajar el elemento local; tocar de lleno lo descuida, más si se trata de una coproducción (nota al respecto: hace menos ruido el acento de Ammann si se lo justifica como español que si se pretende que sea argentino).

“Betibú” en este apartado es, dijimos, un vistazo al género policial. Sin embargo, el crimen como disparador inmediato, los escenarios (el detrás de escena del diario, la policía, el trasfondo de la corrupción y el poder) y la precisa música de Federico Jusid dan cuenta de un trabajo asentado en el género. Entonces, aunque pueda ser intencional, lo que nos queda es un mundo de fantasía: countries, sucuchos, chacras y escuelas desiertas, donde los rastros de Argentina aparecen en las expresiones de un arsenal de actores de primer nivel –todos con sus manías buenas y malas- y el saber que se está adaptando a la pantalla una novela de una escritora nacional. Pero estas son cosas extracinematográficas; aunque parezca, esta información no está EN la película. De hecho, “Betibú” es tan de género y tan industrial que es como Hollywood en Argentina; eso que pasa cuando se reúne a un elenco estelar y que aquí no se ve seguido como en este caso. Un desfile de nombres importantes que hacen lo que saben hacer y un director que, ante el presupuesto del film y las expectativas, se muestra medido, contenido. Como si fuese no una película DE Miguel Cohan sino más bien una DIRIGIDA POR él. Y eso es exactamente lo que reza el póster del film.