Alfa

Crítica de Jessica Blady - Malditos Nerds - Vorterix

LOBO, ¿ESTÁS?

No es bueno que el hombre (prehistórico) esté solo.
Kodi Smit-McPhee -el nene de “La Carretera” (The Road, 2009)- pegó el estirón y es el protagonista (humano) absoluto de este relato épico que nos lleva al territorio europeo de hace unos 20 mil años atrás. Albert Hughes se separa de su hermano Allen -los Hughes Brothers de historias como “Desde el Infierno” (From Hell, 2001)- para dirigir esta aventura de “iniciación” y amistad entre hombre y bestia, con un dejo de mensaje ecológico.

Keda (Smit-McPhee) es el hijo de Tau (Jóhannes Haukur Jóhannesson), líder de la tribu que se ganó su lugar en la próxima cacería de la gran bestia, actividad riesgosa y necesaria que mantiene a los hombres y mujeres más capaces alejados de los suyos, pero indispensable para la supervivencia de todos durante las épocas más heladas.

El camino es largo y otras tribus se unen a la cacería, Keda todavía debe aprender varias cosas para, el día de mañana, sustituir a su padre, además de sobreponerse a unos cuantos de sus miedos. El primer encontronazo con los bisontes resulta una catástrofe, y tanto Tau como el resto, terminan abandonando a Keda, tras darlo por muerto.

Pero la voluntad del pibe es más fuerte que sus heridas y los elementos. Lo primero es recuperarse, y lo segundo, encontrar el largo camino a casa, marcado por las señales y las enseñanzas de los ancestros.

La intemperie está llena de peligros, entre ellos, una manada de lobos que pretende sorprenderlo. Keda logra herir a uno de ellos, pero no tiene el coraje para matarlo. En cambio, tratará de curar sus heridas y ganarse su confianza. Así, estos dos enemigos naturales buscaran la forma de sobrevivir y regresar con sus respectivas familias antes de que la nieve lo cubra todo.

Hughes nos lleva de paseo por esta lección de antropología, un vistazo a la vida del hombre del paleolítico que domina ciertas herramientas y conocimientos astronómicos (ponele), pero que todavía no había domesticado a las fieras. Por ahí, viene la historia de “Alfa” (Alpha, 2018), como Keda decide denominar a su nuevo compañero de viaje, un relato que se mete de lleno en esta relación, no tan distinta a muchas de animalitos que ya hemos atestiguado. La novedad pasa por el setting y esta decisión que va a cambiar la existencia humana para siempre porque como bien dice el dicho: “No es bueno que el hombre esté solo”.

Kodi Smit-McPhee y su compañero peludo (Chuck) son el alma de este relato que rescata el viaje iniciático que debe hacer Keda, no sólo para sobrevivir, sino para demostrar su pasta de líder. La relación con el canino es tierna, por momentos peligrosa, y divertida, ya que ambos deben aprender del otro, un pasito a la vez.

El paisaje y los elementos (aunque sea Canadá y no la Europa prehistórica) se convierten en otro protagonista de esta aventura donde el héroe debe poner toda su voluntad a prueba para encontrar el camino de regreso con los suyos, y todo ese coraje un poco menoscabado por la sombra de su padre y esa primera cacería fallida.

Hughes, ante todo, pone el acento en la dupla y en la creciente relación que se va gestando. Acá no se trata de un perrito extraviado, así que el instinto salvaje del lobo juega un papel importante, pero también el instinto salvaje de Keda, que no se va a dejar amedrentar por unos cuantos colmillos y esa actitud desafiante.

“Alfa” gana desde los visual, una fotografía que mezcla escenarios reales con muchos efectos digitales que nos transportan derechito a una era cruel y desolada que no tiene compasión ni por los humanos, ni los animales, expuestos a altas temperaturas, el ataque de otras bestias, y la misma tierra cambiante con sus volcanes y erupciones. Mucho CGI cuando se trata de mamuts y otras criaturas, aunque no siempre el resultado es positivo.

El realizador termina creando una buena atmósfera gracias a estos elementos, la actuación de Kodi Smit-McPhee y un lenguaje extraño, creado especialmente para la ocasión (bien ahí que el paleolítico no se chamullaba en inglés), pero en un punto la historia comienza a caer en algunos lugares comunes, y el desenlace se nos vuelve un tanto (bastante) predecible.

Igual, hay lugar para una última sorpresa, pero no para desarrollar los personajes o el futuro de la tribu, más allá de este punto, algo que hubiera sido interesante.

“Alfa” es una aventura “familiar” hecha y derecha, centrada en esta relación entre humano y animal de la que siempre aprendemos y rescatamos algo positivo, y que ya forma parte de un subgénero específico de películas. No aporta mucho desde lo visual o lo narrativo, pero cumple mínimamente con lo que promete y entretiene, si uno no es tan exigente con el argumento.

LO MEJOR:

- La dupla protagonista tiene química.

- Esos paisajes ayudan.

- La banda sonora de Joseph S. DeBeasi y Michael Stearns.

LO PEOR:

- Esta historia ya la vimos varias veces.

- ¿Es necesario poner a Morgan Freeman de narrador en todas partes?