Romina Gretter
  • Cantidad de críticas: 33
  • Promedio: 61%
  • Críticas favorables: 26/33 (79%)
  • Críticas desfavorables: 7/33 (21%)
  • Diferencia absoluta: 12%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medios donde critica: A Sala Llena, El rincón del cinéfilo
  • Enter the Void
    Enter the Void
    El rincón del cinéfilo
    Mal viaje

    Cinco palabras: inquietante, deprimente, intensa, perturbante y honesta. No es mi intención elevar a partir de estos vocablos definición alguna, sino dar una aproximación de las sensaciones que pude experimentar ante una película deliberadamente psicodélica.

    Dos jóvenes hermanos norteamericanos, Oscar y Linda, viven en la ciudad de Tokio. Él trabaja vendiendo drogas (a la vez que consumiéndolas) y ella se desnuda en un club nocturno. Pero una noche, Oscar es víctima de una emboscada y muere al intentar escapar de la policía. Antes de abandonar este mundo, su espíritu decide deambular por distintos lugares de la ciudad (procurando cumplir la promesa que de niño le hiciera a su hermana de nunca abandonarla), y las visiones de esos recorridos se trasmutan en las más intensas alucinaciones.

    Siguiendo la impronta de “Irreversible”(2002), su más conocida y cuestionada película (e inolvidable, sin importar los motivos), Gaspar Noé nos invita con “Enter the Void” a una suerte de mal viaje en sentido literal. El director pareciera plasmar con toda intensidad su imaginario sobre la muerte. Pero hablar de muerte es también hablar de vida, y es esa dicotomía la que sirve a Noé para recrear un mundo que aunque asfixiante y perturbador, logra incitarnos a su vez a un irremediable afán por vivir.

    “Enter the Void” es sin duda una obra meditada y muy pensada, no por nada el guión de la misma tardó 15 años en escribirse. Filmada en parte en Japón y en EEUU- y postproducida en Francia- tardó otros 5 años en completar su realización.

    Mucho color, fuera de focos, panorámicas aéreas, banda sonora intensa (histérica), planos secuencias, subjetivas, flashbacks, locaciones luminosas (Tokio como ciudad y protagonista), primerísimos primeros planos (y planos detalles), reconstrucciones microscópicas de procesos físicos, y un montaje (sonoro y visual) abrumador, son algunos de los elementos que ayudan a trasmitir la atmósfera lisérgica de la historia.

    Pero no todo se trata de malos viajes y prácticas narcóticas. Hay también lugar en esta obra para las reflexiones existenciales, los vacíos afectivos, el sexo explícito, la violencia, los recuerdos, distintas instancias oníricas y poéticas, y el amor. Formas de amores inusuales tal vez, pero amor al fin.

    Una advertencia: quien decida ver esta película deberá contar con bastante espacio en su agenda, ya que tiene una duración de 161 minutos. Pero tranquilos, aún con esos 15 ó 20 minutos de más que se advierten hacia el final, tiene un buen ritmo narrativo que hace que uno permanezca atrapado a su asiento sin percatarse del tiempo.
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  • Alamar
    Alamar
    A Sala Llena
    Merecidísima ganadora de la Sección Oficial Internacional. A menudo me ocurre de no coincidir con la decisión de los jurados o directamente desconozco que películas se están premiando, pero este no fue el caso.

    Alamar de Pedro González- Rubio es una historia que como muy bien explica el director, no necesita establecer que cosas son ficción y que otras documental; se trata de una película y ya, donde las franjas que demarcan los géneros se tornan algo insignificantes.

    Narrada desde la mirada de Natan, un niño que a sus cinco añitos emprende un viaje iniciático junto a su padre y su abuelo en Banco Chinchorro, un paradisíaco arrecife de coral en México.

    Entre la enseñanza de la pesca, el contacto con los animales, las clases de buceo y la complicidad de los mínimos sucesos cotidianos, se genera entre Natan y su padre Jorge, una comunión indestructible que imaginamos ya para siempre. Y eso nos emociona y nos reconforta, concientes como somos que la separación entre ambos es inminente (al menos geográficamente hablando).

    Además, la cámara de González- Rubio se empeña en cautivarnos con las escenas más bellas que podamos desear del océano y sus alrededores. Una película única y por momentos exquisitamente indescriptible.
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  • Nunca me abandones
    Nunca me abandones
    El rincón del cinéfilo
    Lo que uno no nombra se transforma en una sombra. Y sinceramente, “Nunca me abandones” es lo más parecido que es visto a la sombra, de lo que quizá, pudo haber sido una buena película.

    Pese a las figuras importantes (autor, director, actores) la tibieza se adueña de esta producción, porque habla a medias, porque opta por sugerir y juega a estar más allá de la cuestión, cuando ni siquiera ha planteado el conflicto de lleno.

    “Nunca Me Abandones” se centra en tres jóvenes que crecieron juntos en una escuela aislada, sin contacto o conocimiento del mundo exterior, hasta que descubren que son clones generados para obtener sus órganos y alargar así la vida de los originales.

    1º Advertencia: no hay equipo.

    “Retratos de una obsesión” (2002) era una buena realización que al final terminaba rizando el rizo de aquello que nos quería contar. Aun así, Romanek (el mismo director que ahora nos trae NMA) hablaba claro, alto y sin titubeos. Entre aquella obra y esta hay un abismo; es pasar de la incontinencia verbal (y de acción), al puro humo, a una chatez ininteligible- pero agotadora- en definitiva, a la fobia de narrar con coherencia y sentido.

    De los protagonistas, no convence ninguno: ni Carey Mulligan, ni Andrew Garfield, ni Keira Knightley. Teniendo en cuenta muy buenos trabajos anteriores suyos, aquí son meras copias fallidas de lo que en verdad pueden ofrecer. Tampoco a nivel estético se ven favorecidos, a diferencia de lo que han dicho algunos redactores amigos, nunca he visto tan poco agraciados a estos tres actores.

    Kazuo Ishiguro, autor de la novela “The remains of the day” en la que se basa el film (y productor ejecutivo del mismo) tampoco sale del todo exento de críticas, aunque estas no puedan hacerse directamente sobre su libro, sino que surgen por efecto transitivo a las críticas que sí pueden, y deben, hacerse al muy mal guión de Alex Garland.

    Olvídense de ver algo del Ishiguro de “Lo que quedó del día” (James Ivory, 1993). No. Esta vez, la convivencia del mundo japonés (donde el autor nació) con el mundo occidentalizado de Londres (donde se crió) no tiene una correspondencia narrativa en las imágenes de Romanek (sólo en algunas escenas lo logra a nivel puramente visual).

    En “Nunca me abandones” está presente la nostalgia, el peso del pasado, la angustia, la idea sobre la muerte. Incluso hay como en otras obras de Kazuo más de una trama, y una de ellas trata sobre el amor. Al modo oriental, hay en la película pocos personajes, aunque un hilo conductor que más que débil, es voluble. Y esto acompañado con la desidia de los protagonistas, puede empujar al espectador a la impaciencia, al sueño o la irritación.

    2º Advertencia: no hay historia.

    “Nunca me abandones” es una obra que aunque intente hacerse la profunda, termina hablándome de resignación -de hecho es una película resignada-¡Y no hay nada más molesto que ser testigo de una resignación, y encima de tipo colectiva!

    Todo comienza en la escuela Hailsham, al mejor estilo escuela de Harry Potter para terminar en un ascetismo triste, con tufo a film de reflexión existencialista (pero en realidad vacía de contenido).

    ¿Personajes idiotas o la idiotez de no ser (originales), son parte de la misma cosa? ¿Ser inocente alcanza para justificar la inacción? Estas son las únicas reflexiones a la que la historia me lleva. Tal vez podamos añadir una más: ¿Cuándo Romanek pasó a convertirse también en un director no original? No original entendido como no real, como sombra de lo que fue una presencia mucho más convincente cinematográficamente hablando.

    Es que esta película no invita ni al llanto, ni a un amago de emoción o empatía con lo que veo. Sólo la escena de Keira Knightley en la camilla de un quirófano, siendo abierta de par en par para quitarle sus órganos, me conmovió. Pero me conmovió no como momento dramático, sino como imagen (pura y dura) de algo que en todo caso, en cualquier contexto me es impresionable.

    De lo que se trata aquí en esta segunda advertencia, es de señalar que “Nunca me abandones” es una obra sin sangre en las venas (ni en las del director, ni en las del guionista, ni en las de los personajes, ni tampoco en la de los actores protagónicos). Y todos sabemos que eso en una narración es inadmisible.
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  • El mal ajeno
    El mal ajeno
    El rincón del cinéfilo
    Esta primera película de Oskar Santos tiene los típicos problemas de las óperas primas: el querer contar demasiadas cosas, a riesgo de que no se entienda nada, y el no acogerse a ningún género determinado optando por un entrecruce sobradamente pretencioso para un director que se inicia en los largometrajes.

    "El mal ajeno" narra la historia de Diego (Eduardo Noriega), un médico que por trabajar en la unidad de casos terminales se ha inmunizado al dolor de los demás. Su vida personal es igualmente gris, con un matrimonio que no termina de estar separado ni unido, y una hija con la que tiene muy poca comunicación. Un día, el novio de una de sus pacientes, desesperado ante su indiferencia le dispara, y a partir de ese momento Diego recibirá un extraño don.

    Hasta aquí la película promete, porque además de contar con un grupo importante de actores y actrices (donde destacan Belén Rueda y Angie Cepeda), cuenta con el aval de Alejandro Amenábar como productor. Pero basta con ver media hora de la historia para que nuestras expectativas empiecen a caer en picada una a una, y "El mal ajeno" se convierta en un claro ejemplo de lo que es el no sentido, y la falta de conciencia para distinguir entre final abierto y final inconcluso.

    Noriega absolutamente desaprovechado, se ve obligado a dar vida a un personaje envuelto en una historia oscura (y hasta algo siniestra), que en ningún momento sabemos a cuenta de qué se produce (es decir, no queda claro que hizo o no en su pasado para merecer ese curioso don/castigo). Los personajes entran y salen en escena, con sus historias cargadas de dramatismo, y a medida que se desarrollan sus conflictos uno va perdiendo no solamente el interés, sino la capacidad de entender cual es la relación de todas esas tramas secundarias con la principal (que en principio era la de Diego).

    Sin lugar a dudas, la temática central de este film es la muerte. Pero no se dejen engañar, aunque atrás del mismo esté Amenábar, la forma de abordar el tema por parte de Santos es muy diferente. Más ligado a un culebrón televiso, que pretende mostrarse profundo, que a una verdadera película tendiente a abrirnos a nuevas reflexiones y preguntas. Como escribía al comienzo, muy probablemente el resultado de esta historia hubiese sido diferente- sospecho que mejor- de elegir el director el camino del drama, del thriller o la ciencia ficción, y no de todo ello junto como decidió hacer.

    Por estos motivos, y por otros tantos que surgirán a los ojos de quienes vean esta producción, es que "El mal ajeno" es uno más de los estrenos españoles del año preferibles de olvidar.
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  • Cacería de brujas
    Cacería de brujas
    A Sala Llena
    Dominic Sena (el mismo director de Kalifornia y 60 segundos), nos trae en esta ocasión Cacería de Brujas, una película de clan de los pastiches, que sin embargo logra salir bastante indemne pese al entrecruce temático y genérico que nos propone.

    Entre templarios, códices, curas, pestes, brujas y demonios, se desarrolla esta historia protagonizada por Nicolas Cage - no el de Adiós a las Vegas, Con Air o Cara a Cara, de ese no se ha vuelto a saber nada desde hace mucho tiempo, sino más bien el de El Hombre del Tiempo o El Aprendiz de Brujo, aunque menos aparatosamente fingido- y un acertado Ron Perlman, que aporta la cuota de humor que muchas veces a este tipo de películas fantásticas les suele faltar.

    Dos caballeros, de la orden de los templarios, deben llevar a una joven acusada de bruja maligna (responsable de la peste que azota la región) a una abadía donde un grupo de monjes juzgarán si es culpable o no. El problema surge a lo largo del viaje, cuando se presentan situaciones inexplicables, que ponen constantemente en tela de juicio los valores religiosos de los protagonistas.

    A favor. CDB tiene un muy buen ritmo narrativo, no hay por parte de su director un afán desaforado por alargar la historia; además tiene un buen manejo del suspenso. Quizá el ejemplo más claro de esto se vea en la secuencia del puente desvencijado que en un momento los personajes deben cruzar, y principalmente frente a la duda constante sobre si la joven es en verdad una bruja o una pobre víctima más señalada como malvada hechicera cuando no lo es.

    Otra cosa que me importa señalar, es que no hay tampoco abuso de efectos especiales, Sena los va dosificando y recién en las secuencias finales aparecen con todas las ganas (igualmente adelanto que no son de lo mejor que uno podría esperar).

    Como comentaba antes, resultó una buena dupla la de Cage-Perlman. Es que CDB cuenta con un reparto que ayuda bastante a que los personajes resulten atractivos, a la vez que consigue que nos retrotraigamos a otras películas que versan también sobre Inquisición, pestes y templarios. Es el caso de Ulrich Thomsen que trabajara en El Reino de los Cielos de Ridley Scott o el mismo Ron Perlman en El Nombre de la Rosa de Jean- Jacques Annaud personificando al ya inolvidable Salvatore.

    En contra. Una de las cosas más molestas de la película, es la música. De estilo gregoriano, es usada hasta el hartazgo y de forma grandilocuente, en primer plano sonoro intentando darle a las imágenes un cariz de profundidad y solemnidad que la historia en sí, en ningún momento requiere.

    CDB cae también es esa tonta tendencia de las últimas películas de terror, ciencia ficción y fantasía, de usar en el final, el recurso de una voz off reflexiva y aleccionadora, que insita al espectador a la toma de conciencia y cavilación de verdades ocultas o absolutas (u ocultas y absolutas) que uno no termina de saber a cuento de qué es que vienen.

    Los efectos especiales no están mal, pero no le brindan ninguna entidad visual particular al film. Y por otro lado, algunas elecciones (como la de la personificación del diablo) parecerían estar más acorde para otro tipo de producto audiovisual, que para una historia de templarios y brujas.

    Aunque la trama no sobresale por su creatividad, propone algunos puntitos de giro que le suman atractivo. Pero a lo que a diálogos y devenir de los personajes se refiere, hace bastante agua. Una vez presentados cada uno de los protagonistas, sabemos de una que actitudes asumirán y cual será su posible final. Casi que no hay lugar para arriesgar segundas opciones. Las criticas a la Iglesia y al propio Dios, son frases de cajón, escuchadas y leídas por los siglos de los siglos…
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  • Marte necesita mamás
    Marte necesita mamás
    El rincón del cinéfilo
    Del mismo director de “El príncipe de Egipto” (1998), Simon Wells, llega esta última producción de Robert Zemekis, Disney Digital 3D e Imax 3D.

    “Marte necesita mamás” está basado en el libro infantil de Berkeley Breathed, que narra la historia de Milo, un niño cuya mamá es secuestrada por marcianos. Milo se embarca entonces en su rescate, y eso lo llevará a vivir un sin número de aventuras en el planeta rojo, en donde conocerá a seres inolvidables como Gribble (un gordo treintañero con alma de niño, que con sus dispositivos tecnológicos ayudará a Milo a escapar) y Ki (una simpática marciana, atraída por el arte y la cultura hippie).

    Técnica. Realizada por el mismo equipo que participara en “Los fantasmas de Scrooge” y de “El expreso polar” (2004), la película utiliza la técnica capture performance. En esta técnica, la animación cobra vida a través de la labor de personas reales que se mueven, hablan y saltan. Mediante trajes con sensores que usan los actores (en este caso, Seth Green, Joan Cusak, Dan Fogler, Mindy Sterling y Elisabeth Harnois), sus movimientos son capturados y aplicados en un modelo tridimensional generado por ordenador.

    Este efecto realiza un interesante juego visual, en el cual los dibujos se convierten en reales y las personas reales en dibujos, y esto crea un universo artificial por partida doble.

    Personajes. Ninguno se caracteriza por una verdadera innovación. Están construidos y atravesados por personajes vistos en otras películas o series. Creo en todo caso, que su virtud está en su apariencia; es allí donde radica cierta originalidad, en las personificaciones de los marcianos principalmente. Con un lenguaje inteligible, pero que sonoramente recuerda a las lenguas orientales, y una celadora cuyo peinado y vestidos, remite también a la cultura china. Las jóvenes marcianas, poseen una silueta que se asemeja a las de las hormigas (mucho más estilizadas eso sí) y sus trajes tienen similitudes con los vistos hace no tanto en “Tron, el legado” (2010). Mientras, los marcianos son un entrecruce entre hippies y rastafaris, con sus colores, collares, sus barbas y su pelo con rastas.

    La estética retro subyace a lo largo de todo el film, y esto puede apreciarse hasta en su afiche, cuya tipografía roja evoca a la filmografía de los años `70.

    Historia. Es bastante ñoña y predecible, pero rescato su mensaje, que lejos de ser conservador, lo recibo más bien como contestatario frente a la desigual y avasallante emancipación femenina en el ámbito de la procreación y la crianza de los niños. Es claro el paralelismo que traza entre esta realidad terrestre, y la sociedad marciana, regida por mujeres que hacen del trabajo su vida, sin tiempo siquiera para poder educar a sus hijos.

    Por otro lado, “Marte necesita mamás” aunque no puede evitar hacer un chiste sobre la carrera espacial que llevara con Rusia en épocas pasadas, nos hace sospechar si su ahora enemigo espacial es China (¿de allí la preponderancia de elementos orientales?) como bien lo indicara el documental “Pax Americana” (2009). Es que esta película pese a su simpleza, propone además de la historia principal, un conjunto de pequeñas lecturas posibles tendientes a entretener a los más adultos.

    Aunque las críticas en general (y los números de la taquilla) no han sido de lo más alentadoras en EEUU, creo que se trata de una buena opción, cargada más bien de ternura y nostalgia, que de originalidad o singularidad.
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  • Somos nosotros
    Somos nosotros
    A Sala Llena
    Dicen que lo mejor de los festivales es dejarse llevar por el azar, dejando de lado las largas listas de películas destacadas e imperdibles que todos los años nos configuramos y que no siempre logramos cumplir.

    Esta tarde ello me ocurrió a mí, y fue así como terminé viendo Somos Nosotros. ¿De qué trataba? Un grupo de skater en Mar del Plata. No sonaba mal, quizá habría algo de Gus Van Sant como me señaló un amigo de la revista.

    ¡Pero de Gus Van Sant no había nada! Sinceramente no me gustó, se me antojaba demasiado a un trabajo universitario. Sin embargo, puedo destacar dos cosas que sí me interesaron: la primera tiene que ver con el modo de mostrar Mar del Plata, alejada de las sombrillas y la sobrepoblación veraniega; segundo el tratamiento de los diálogos, escasos, naturales… para nada impuestos.

    No me disgustó tanto como para arrepentirme de haberla visto, pero a partir de mañana retomo mi lista de pelis imperdibles y me prometo a mí misma seguirla a pies juntillas.
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  • Conocerás al hombre de tus sueños
    Conocerás al hombre de tus sueños
    El rincón del cinéfilo
    Dicen que cuando no tenemos nada bueno que decir de alguien o de algo, mejor es no decir nada. Me encantaría reservarme el derecho de opinión de esta última producción de Woody Allen, pero si hiciera ello no tendría sentido esta intro, y mucho menos el breve análisis que sigue a continuación.

    Mi reino por una idea. Son muchos los directores que filman siempre la misma película. Y en esa lista no sería extraño encontrarnos con Woody Allen. Con “Conocerás al hombre de tus sueños”, su última película, volvemos a descubrir personajes obsesionados por la juventud y por el anhelo de conseguir la felicidad, o traumados por la falta de inspiración y el miedo de hundirse en una existencia vacía. Nos gusta adentrarnos en esas historias, aunque en determinados puntos se parezcan mucho a otras ya vistas; y precisamente nos gustan, porque se asemejan mucho a nuestras propias experiencias.

    Sin embargo, el problema de esta producción no es su historia en sí, sino el modo desganado, mecánico, y desprovisto de sorpresas con el que el director neoyorquino nos ofrece mostrarnos los conflictos de las parejas protagonistas.

    Esta vez, vuelve a filmar en Londres y opta nuevamente por contarnos una historia coral. Lamentablemente no he tenido oportunidad de ver su penúltima película- que si no me equivoco no se ha estrenado comercialmente en nuestro país- “Whatever Works”, filmada en Nueva York y con un guión escrito por Allen en los años ´70. Pero de su último período, me quedo sin lugar a dudas con “El sueño de Cassandra”, un film de guión preciso, lleno de la energía que a su último trabajo le falta, donde tanto los momentos de risa como los de drama son genuinos y uno se deja arrebatar por ellos de modo natural, sin esfuerzo alguno. Y donde incluso, hay licencias poéticas que Woody Allen se permite.

    Todo o nada. Cuando la idea no es del todo original, el guión sufre falencias elementales, y el desgano parece adueñarse del director en cuestión, la responsabilidad de sacar adelante un film recae irremediablemente en los actores, a veces ayudados por el trabajo de fotografía, el montaje, la música o alguna cuestión referente a la producción artística. En “Conocerás al hombre…” Anthony Hopkins y Gemma Jones son los encargados de dotar al film de cierto carisma y solvencia. En cambio la pareja de Naomi Watts y Josh Broslin no consigue trasmitir siquiera una pizca del desapego, enfado, rutina y desamor que su relación sufre- entre otras cosas- por la falta de estabilidad laboral y un poco también por la falta de hijos. Ambos aparecen desaprovechados, ella por escasez de matices, de fuerza dramática y humor; él aunque con algún que otro buen momento, porque no logra despegarse de una performance comedida y tibia, temerosa de cargar demasiado las tintas sobre alguna de las varias aristas que propone el personaje. Seamos sinceros, tampoco ayuda mucho Freida Pinto como musa de Broslin para desbaratar su ya conflictivo mundo de escritor/marido frustrado. Digamos que la química entre ellos brilla por su ausencia, por lo que esa relación más amistosa que pasional o amorosa, aparece ante los ojos del espectador como poco creíble. Antonio Banderas no queda fuera del grupo de los actores malogrados, aunque lo salve el rol secundario que le toca encarar.

    Aún así, la conjunción de actores es por demás interesante. Ver en una misma escena a Hopkins, Watts y Broslin suma. Es cuando uno desmenuza la labor de alguno de ellos por separado, cuando la cosa no convence y nos quedamos pidiendo o esperando algo más. La apuesta fuerte de Allen a un todo o nada signado por la interpretación, queda tambaleante, con fuertes chances de caer de lleno en más de una secuencia.

    Como Madame Bovary. Para quienes hayan leído éste clásico de la literatura escrito por Gustave Flaubert, recordarán el afán de Emma por leer novelas románticas, afán que inevitable y más tarde trágicamente, la llevarían a olvidar su propio mundo. No hay nada trágico en “Conocerás al hombre de tus sueños”, y aunque la película no es buena, tampoco podríamos decir que sea una tragedia verla. Pero sí es muy probable- y hasta me animaría a decir que muy fácil- sentir que nos ocurre algo similar a Bovary.

    Como mencionábamos antes, el guión no es redondo, y no faltan sobre todo hacia el final, un montón de cabos que no se terminan de entrelazar. No se entiende porque hay secuencias dedicadas a mostrarnos situaciones que tienen que ver con personajes secundarios, mientras se opta por elipsis en situaciones inherentes a los personajes más importantes. En todo caso, y a causa de esa intención o necesidad de filmar la misma película, Allen nos empuja, nos arrastra, y hasta nos obliga a recordar otras imágenes, otros personajes, otros actores y locaciones, en definitiva otras versiones mucho más acabadas y brillantes de su filmografía. Si Madame Bovary perdía el hilo conductor de su vida a causa de las lecturas románticas, nosotros perdemos el hilo conductor de la película, bien porque no lo tiene (podría ser una opción) o bien porque surge en nosotros una suerte de memoria fílmica/emotiva que nos lleva a los mejores momentos de Woody Allen, tal vez con la intención de preservarlo o preservarnos..
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  • El vuelco del cangrejo
    Se trata de una película inquietante porque cuenta una historia donde no sucede nada, donde todo lo interesante y trascendente ha ocurrido ya en otro tiempo… lejano e irrecuperable.

    Un extraño y solitario hombre, del cual solo conoceremos su nombre, Daniel, llega a una región costera donde vive gente negra. Se refieren a él como “paisa” (hombre blanco). Daniel sabe que está allí nada más que de paso, a lo largo de toda la película intenta buscar una lancha a motor que lo lleve a otro lugar. Existe una lucha callada y ensimismada entre los pobladores originarios y otro “paisa” que procura construir un hotel sobre la playa. Una repetitivo reggaeton rompe con la monotonía y la abulia del lugar…

    Sobre esta base, Ruíz Navía construye una narración atrapante, donde el protagonista opta deliberadamente desde el principio por no tomar partido por ninguno de los dos bandos. Al inicio creemos que se convertirá en el héroe positivo que pondrá las cosas en su lugar, pero nada más errado que esto. Daniel, es tan solo el mudo testigo de una rivalidad que pareciera ancestral, entre el hombre blanco y el hombre negro, y en donde la naturaleza y sus riquezas son en parte la esencia misma del conflicto.
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  • Somewhere - En un lugar del corazón
    El mundo de Sofía

    Esta última producción de Sofía Coppola, tiene todos elementos para no pasar inadvertida en la cartelera nacional: buen guión, excelentes actuaciones, locaciones atractivas y los climas intimistas que la directora sabe imprimir siempre en sus trabajos.

    -Guión. Somewhere cuenta la historia de Johnny Marco, un actor hollywoodense que pasa sus días abúlicamente, entre fiestas, mujeres, alcohol y excesos de todo tipo. Cuando debe cuidar una breve temporada a su hija de 11 años, poco a poco comienza a agudizarse en el protagonista, la toma de conciencia de su vacío existencial.

    El guión escrito por Coppola, remite sin duda a ciertas vivencias personales. La relación entre padre e hija- complicada por momentos, debido al contexto y el ambiente donde se mueve Johnny- además de sugerir claras connotaciones con su padre (Francis Ford), pone el acento en una decisiva y punzante crítica a los medios de comunicación y al mundillo de Hollywood en general.

    -Actuaciones. El trabajo de Stephen Dorff y Elle Fanning en este film es sorprendente. Obviamente que cada uno de ellos está muy bien en sus papeles, pero la química que tienen juntos es fundamental para retratar una relación padre/hija poco usual, donde de a ratos los roles se invierten. La amistad que subyace de ese vínculo filial, sirve de elemento catalizador para dejar pasar por alto reproches y posibles recriminaciones. Los silencios y las miradas, tienen a lo largo de toda la película un valor vital, y los protagonistas saben adueñarse de ese valor (tan típico en la filmografía de Sofía) para retratar personajes creíbles, reales y hasta cercanos.

    -Locaciones. Aparecen varios lugares atractivos, pero entre ellos cabe destacar el Chateau Marmont, hotel mítico si los hay, en donde vive el protagonista (y donde vivió temporalmente Sofía Coppola de niña, con su padre por los años `70). El Marmont es uno de los hoteles más emblemáticos de Los Ángeles, atravesado por miles de historias y leyendas, que jamás se sabrá cuanto de verdad y de mentira tienen. La directora no aborda ninguna de esas historias, se limita a mostrar sus rincones más conocidos, como la piscina, los bungalows, y sus salones. Sí es verdad, que en la breve participación de Benicio del Toro- cuando se encuentra en el ascensor con Stephen Dorff- hay mucho más que un simple cameo, ya que sobre Benicio se rumorea que tuvo relaciones sexuales en unos de los elevadores del Chateau Marmont con una actriz de Hollywood.

    También los protagonistas se trasladan a Italia. Pero aquí, las locaciones son mayoritariamente interiores. Lo mismo fuese que estuvieran allí, en Londres o París. Aeropuertos, hoteles, habitaciones de hotel, casi los mismos lugares que ellos transitan en Los Ángeles. Sin embargo, cuando Johnny asiste a una trillada ceremonia de premios, la impronta italiana se hace presente, y la figura de Fellini (cine que se nota Sofía tiene muy visto) cruza la escena, con un baile y una canción que toman desprevenido al personaje de Dorff.

    -Climas. Luego de María Antonieta, Coppola decidió volver con ahínco a sus historias minimalistas y despojadas, donde los excesos narrativos, dramáticos y en definitiva, de ningún tipo, tienen lugar. Una vez más, nos encontramos con personajes que vienen de otro lugar: en Las Vírgenes suicidas la familia protagonista llegaba a un nuevo pueblo; en Perdidos en Tokio el protagonista también en un hotel, se encontraba en un país diferente; en la antes mencionada María Antonieta la joven reina debía adaptarse a una nueva corte; y en Somewhere, Johnny vive en el Chateau Marmont, lugar que pese a sus lujos y comodidades ya no le brinda placer alguno. El tema de la no pertenencia es tan recurrente en el cine de Sofía Coppola, como lo son sus escenas poéticas, el cuidado en la elección de sus planos, y el buen gusto y la delicadeza hasta para representar un baile erótico.

    La escena en la piscina (con imágenes subacuáticas incluidas) es una de las más bellas y dulces de toda la película; es donde la posibilidad de un nuevo y mejor tipo de relación entre Johnny y su hija se hace tangible.

    La directora en más de una ocasión, ha declarado que el cine de la Nouvelle Vague ha sido para ella una fuerte influencia. Somewhere es un claro ejemplo de ello, el principio y el final de la película lo son. No importa que pasó antes o que pasará después con los protagonistas, lo que importa es que pasa ahora con ellos. La esencia de la película está en seguir su devenir, y el mismo muchas veces puede ser inexplicable.
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  • Baaria. Las puertas del viento
    Amor de mis amores

    A menudo el cine de Giuseppe Tornatore me recuerda al cine de Leonardo Favio. Sus cosmovisiones, sus poéticas no me atrevería a decir que son diametralmente opuestas, pero si muy diferentes. Sin embargo, ambos son directores de la desmesura. Desmesura tanto para lo bueno como para lo malo. La sutileza no parece entrar en sus mundos barrocos.

    Baaría, es casi sin dudas, la apuesta más arriesgada de Tornatore: contar a través del devenir de una típica familia del sur de Italia, la historia política, cultural y social de un pueblo entero (y por ende del propio país) a lo largo de 50 años.

    Son muchos los que ven en esta obra una autobiografía, y si bien creo que hay elementos autobiográficos, lo que abundan en los casi 150 minutos de duración, son citas cinematográficas y autoreferenciales. Ver Baaría es atravesar (y volver a disfrutar) los momentos más importantes de su filmografía. Y no sería extraño que en más de un momento, recordáramos La Meglio Gioventù de Marco Tullio Giordana o Competencia Desleal de Ettore Scola.

    La película recorre los amores, sueños, decepciones y altibajos de una pequeña comunidad de Palermo, desde 1930 a 1980, enmarcado en el período fascista. Además de la propia ciudad, los protagonistas del film son Cicco, su hijo Peppino y su nieto Pietro. El primero, es un humilde pastor, que no pierde ocasión para leer poemas épicos y novelas. El segundo, descubre desde temprana edad su afición por la política, y el más pequeño, prontamente se enamora del cine. Tres personajes entrañables traspasados por sus respectivas pasiones.

    La pareja protagónica son dos ignotos actores sicilianos: Francesco Scianna y Margaret Madé. Respetar la identidad cultural y lograr así, una mayor sensación de autenticidad era fundamental para Tornatore. De allí, la decisión de contratar para muchos de los personajes, a los mismos habitantes de Baaría, y mezclarlos con actores sicilianos. Sin embargo, las figuras de renombre no faltan para interpretar personajes secundarios o realizar pequeñas participaciones: Ángela Molina, Michele Placido, Luigi Lo Cascio, Lina Sastri y Monica Belucci, entre otros.

    Al comienzo decíamos que se trataba de una propuesta narrativamente hablando arriesgada, pero Baaría es además una producción ambiciosa. Con un costo de 25 millones de euros, tuvo una preproducción de 9 meses y 25 semanas de filmación. Además, contó con 210 personajes (63 actores profesionales y 147 no actores), 35.000 extras y 1.500 animales. Como si todo esto fuera poco para graficar el alcance de esta mega producción, vale aclarar que la ciudad entera fue reconstruida en Túnez, y llevó un año de preparación.

    Creo que en Baaría nos encontramos con dos grandes logros de Giuseppe Tornatore: por un lado, su capacidad y talento para realizar los castings; especialmente a lo que refiere a la elección de los niños de sus películas. Construye personajes simpáticos, queribles y luminosos que necesitan de un rostro y de unos gestos que en pocos planos sepan trasmitir las más variadas emociones. Entonces ahí entra en juego el arte de Peppuccio, que con sus primeros planos a esos niños sabiamente elegidos, nos trasporta a una auténtica experiencia cinematográfica, donde las coordenadas espacio- temporales no tienen ya sentido.

    Por otro lado, el segundo logro del director italiano en este film, radica en el humor y la alegría que le imprime a la historia y a sus protagonistas. Tornatore suele tener una mirada nostálgica y emocionada hacia el pasado, casi todas sus películas se sustentan en esa mirada. Aquí las risas, las travesuras y el buen humor- hasta en los momentos más dramáticos- traspasan toda la historia y hacen que nosotros podamos disfrutar del sentimentalismo tornatoreano sin culpas, ni agobios de ningún tipo.

    Baaría no es solamente el homenaje que el cineasta siciliano, hace a su pueblo y a la memoria de los suyos, sino un homenaje al cine mismo, para resaltar la contribución que este arte puede tener para con los hechos históricos.

    Se me vienen a la mente muchísimas escenas para ejemplificar porque se trata de una película imperdible, pero prefiero dejar a quienes la vean el deleite de constatarlo o no. Aunque puedo asegurar, que ya sólo por el final- cuando hay un cruce entre los personajes y más que nada un cruce temporal y espacial, que resignifica y revitaliza la historia- vale la pena tenerla muy en cuenta.
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  • Tron: El legado
    Tron: El legado
    A Sala Llena
    That´s 80s show

    El año pasado me sorprendía (a mí misma) disfrutando sobre manera de Star Trek. Como escribiera en aquella ocasión, reconozco que no suelo adherir a los títulos de ciencia ficción, y mucho menos a las remakes y secuelas de los mismos. Sin embargo, soy absolutamente permeable cuando me cruzo con películas que saben inteligentemente mantener la esencia y los cimientos de los originales, a la vez que inscriben nuevas directrices argumentales y estéticas para renovar el género.

    Tron, el Legado es sin lugar a dudas, una de esas películas. Dirigida por Joseph Kosinski, fue producida por Disney con la última tecnología en 3D, y cuenta con las actuaciones de Jeff Bridges, Garret Hedlund y Olivia Wilde.

    En 1982, también Disney estrenaba Tron, pero dirigida por Steven Lisberger. Aquella no fue al parecer una gran película, sin embargo quedó en la memoria de tantísima gente debido a sus avanzados efectos especiales, a la vez que remitía al mundo de la tecnología, al describir el furor de los videojuegos y el auge de lo cibernético que se vivía en aquel entonces.

    Es así, que Tron, el Legado cuenta la historia de Sam Flynn, un joven que sigue obsesionado por la desaparición de su padre, Kevin Flynn, quien fuera el más importante desarrollador de videojuegos del mundo. Tras recibir una extraña señal de la Flynn Arcade- señal que sólo pudo haber sido enviada por Kevin- Sam se adentra en un mundo cibernético plagado de aventuras y peligros.

    Para quienes creíamos que los mejores efectos visuales del año, se encontraban en El Origen (de Christopher Nolan), esta nueva secuela pone en tela de juicio nuestras creencias. Además, la técnica 3D no solamente sirve para enriquecer dichos efectos, sino que está utilizada con el rigor de sustentar narrativamente al film.

    Acaso, si habría que reprocharle algo a Tron, el Legado serían cuestiones relativas al guión, ya que pasadas sus tres cuartas partes de duración, el ritmo decae. Y lo hace tanto o más, que su veracidad, o mejor dicho su originalidad. Hacia el final, la historia se asemeja más y más a una trágica fábula, donde la unión filial se ve amenazada por fuerzas oscuras, que paradójicamente fueron creadas por el mismo Kevin Flynn. Los paralelismos con historias bíblicas son innegables, y el “fantasma” de Star Wars merodea constantemente (aunque este “fantasma” logre en más de un momento muy buenos resultados).



    Tron, el Legado aunque se sumerja en la época de los ´80 más que nada gracias al trabajo del dúo Daft Punk, con música de aquellos años, logra acercarnos a la estética y espíritu ochentosos con varios tipos de guiños, entre ellos cinematográficos. Y demuestra así que, a diferencia de lo que decía el slogan de la serie televisiva That´s `80 show, no se trata de los años que todos quisiéramos olvidar.



    Buena opción para los amantes del género de ciencia ficción, buena opción para los seguidores de la primera Tron, y buena opción para quienes estén abiertos a nuevas propuestas, que sepan administrar en cuotas parejas efectos y narración. No por nada se adueño de la taquilla en los EEUU, con una recaudación de 43,6 millones de dólares en su primer fin de semana de estreno.
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  • Pax Americana y la conquista militar del espacio
    Cultura Bélica

    Inquietante documental de Denis Delestrac, que se encarga de probar que una guerra espacial ya no es cosa de ciencia ficción. Desde hace décadas varios países, y entre ellos principalmente EEUU viene realizando prácticas armamentistas en el espacio. Los satélites de guerra, capaces de poder desintegrar otros satélites y máquinas son una clara muestra de ello. La respuesta a la pregunta: “¿Pueden tratados internacionales mantener el espacio libre de armas?” no parece entonces demasiado halagüeña.

    Pax Americana, toma su nombre de lo que se llamó Pax romana (o augusta), un período de paz impuesto por el Imperio romano entre los pueblos a los que había sometido. Sin embargo, pensar que EEUU pueda ser un policía galáctico capaz de controlar la jurisdicción mundial, si no amenazador es al menos preocupante, teniendo en cuenta las decisiones y consecuencias de su política exterior en los conflictos de Medio Oriente.

    Delestrac arma su película a base de material de archivo, y de información obtenida mediante el inusitado acceso a la Unidad Espacial del ejército americano. Con una alta carga de sensacionalismo, reiteración, y bajada de línea constante, este documental cuenta con la participación de múltiples personalidades, (generales, analistas políticos, activistas de la paz, diplomáticos) que dan sus puntos de vista y se posicionan ante el tema. Quizá una de las intervenciones más reconocidas sea la del actor Martin Sheen. Y una de las más acertadas y viscerales, la de Bruce Gagnon- presidente del Global Network Against Weapons & Nuclear- que juzga a los EEUU por ejecutar presidencia tras presidencia, un elevado presupuesto económico, para que el Departamento de Defensa lleve a cabo tareas que no hacen más que crear y difundir una cultura bélica.

    Esta última obra de Delestrac tiene además de su mencionado carácter de denuncia, un indudable valor didáctico. Sabe exponer e ilustrar (sobre todo en el comienzo) la importancia y la incidencia que tiene el espacio en nuestra vida cotidiana.

    Con una importante experiencia en la realización de documentales, Denis Delestrac realizó entre otras producciones, Human Rights (2003) que versaba sobre los conflictos armados y los efectos que estos acarreaban a las poblaciones, y participó también en el guión de El Misterio del Nilo (2005) película producida por IMAX.

    Pax Americana tiene sobrados motivos para ser considerado el documental del mes.
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  • Más allá del cielo
    Espejito, espejito: I see dead people

    Otra vez sopa: Burr Steers, que el año pasado realizara 17 Otra Vez con Zac Efron, vuelve a aventurarse con el joven actor como protagonista, en una película tan boba e insípida como la nada misma. Si la producción anterior estaba pensada para un público adolescente, y se inscribía casi en su totalidad en el género de comedia, Más Allá del Cielo opta por un público más amplio, y equivocadamente decide intrometerse en un drama lacrimoso, que lejos de conmovernos termina dándonos risa.

    Charlie (Zac Efron) pierde a su hermanito Sam (Charlie Tahan) en un terrible accidente de autos. A partir de ese momento su vida queda suspendida. Trabaja en un cementerio para poder estar más cerca de su hermano muerto, con el cual se encuentra cada tarde en el bosque para charlar y jugar béisbol. Todos en el pueblo, comentan el personaje extraño en que se ha convertido Charlie con el devenir de los años (ellos no lo saben pero él puede ver y charlar con los muertos). Un día conoce a Tess (Amanda Crew) y el amor que nacerá entre ellos lo llevará a retomar las riendas de su vida.

    La historia como ven es bastante trillada: joven con problemas emocionales, a raíz de un suceso trágico de su pasado, vuelve a la normalidad cuando se enamora de alguien. Este igual no sería el problema de la película, sino esa extraña “capacidad” de Charlie de comunicarse con los muertos, que no agrega ni suspenso, ni dramatismo, ni intriga. A diferencia de lo que ocurría en Sexto Sentido con Haley Joel Osment, que cuando decía: “I see dead people” nos helaba la sangre, aquí lo que Charlie pueda ver se nos antoja una absoluta fantochada. Su “sexto sentido” está jugado como pretexto, como elemento catalizador para que a lo largo de la película, la trama cierre con sus acertados y milimetradamente efectistas puntos de giro.

    Burr Steers pareciera creer que drama es sinónimo de llanto. Entonces, no tiene mejor idea que hacer llorar como un condenado al pobre Zac Efron, y a su personaje hostigarlo con muertes y más muertes de las personas a las que ama. Eso sí, aunque todos sabemos que Efron es un tipo guapo, el director necesita refregárnoslo en la retina- sólo hace falta ver el afiche de la película- y nuevamente opta por dedicarle los más tremendos y estéticos primeros planos, como lo hiciera en 17 Otra Vez. Sólo que allí, esa decisión estaba justificada –ya sea por target, género, tono y tratamiento del film- aquí por el contrario, queda desubicada, aparece como elección caprichosa e insuficiente en función al desarrollo de la historia. Steers responde sin que nadie se lo pida (y sin asomo de vergüenza) a la pregunta: “¿Espejito, espejito quién es el más bonito?”

    Como si lo escrito hasta ahora, no fueran datos suficientes para catalogar a Más Allá del Cielo como una producción regular, la colaboración súper breve (inexplicablemente breve) de Kim Basinger y la desaprovechada participación de Ray Liotta, la convierten en uno de los estrenos más anodinos del año.
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  • Huellas y memoria de Jorge Prelorán
    Humanismo ilustrado

    Un documental cálido y afectuoso sobre la figura del afamado y no merecidamente reconocido (al menos en nuestro país) Jorge Prelorán. Esta película tiene un carácter didáctico inestimable, ya que el propio Prelorán aparece haciendo una recorrida por su trayectoria, y enseñando al mismo Fermín Rivera la forma de grabar a los entrevistados.

    El creador de lo que se dio en llamar etnobiografías (retratar a individuos de distintas culturas y comunidades) cuenta además con una historia personal rica en sucesos y anécdotas que aparece en el film intercalada con los recuerdos de sus producciones más importantes: Hermógenes Cayo (1969), Medardo Pantoja (1969), Cochengo Miranda (1975) y Los hijos de Zerda (1978) entre otras tantas.

    Como bien resume Rivera: “Jorge fue un humanista empedernido que nunca perdió la fe en la condición humana”.
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  • Mi familia
    Mi familia
    A Sala Llena
    Madre no hay una sola

    Tener más de una mamá, puede significar para muchos algo ventajoso; para otros en cambio, podría resultar una verdadera pesadilla. Sin embargo, para los hermanos Joni y Laser, esto es algo completamente natural. Esta película de la directora Lisa Cholodenko, indaga sobre las distintas posibilidades que existen a la hora de conformar una familia.

    Nic (Annette Bening) y Jules (Julianne Moore) son dos mujeres que comparten su vida desde hace muchos años. Tienen dos hijos adolescentes, Joni (Mia Wasikowska) y Laser (Josh Hutcherson) a los cuales han concebido recurriendo a un banco de esperma. Un día los chicos deciden contactar con su padre biológico (Mark Ruffalo) y la química entre ellos es inmediata. Poco a poco, el ingreso de esa nueva e inesperada “figura paterna” pone en peligro la supuesta armonía de esa familia, más convencional de lo que uno en principio podría imaginar.

    A favor. Es indiscutible que lo mejor de esta producción, se encuentra en la naturalidad a la hora de abordar el tema de una pareja homosexual con hijos. Los personajes son retratados sin asomo de esteriotipos; Cholodenko los define de modo realista, y deja sus virtudes y defectos perfectamente visibles al espectador. Nic y Jules asumen en el film roles completamente claros: la primera ocupa el rol “paterno” (por eso es la primera que se siente amenazada ante la llegada de ese “otro” padre) quien se encarga económicamente de la familia, por lo que pone las reglas en la casa. Jules, es la verdadera figura materna (fue ella la inseminada en su momento, y es ella la que se termina sintiendo atraída por el personaje de Ruffalo). Además Jules, como en la más típica familia burguesa, es la que ha dejado de lado su profesión y proyectos personales, para estar más tiempo en la casa y hacerse cargo de los niños.

    Todas estas cuestiones demuestran- como indicaba más arriba- que en esta familia hay la misma cantidad de convenciones que puede haber en una familia con padres heterosexuales. Y esta premisa, se acentúa y se cristaliza cada vez más a medida que avanza la historia (quizá sea el final la muestra más evidente de ello).

    Otro punto interesante de MF es como se va desenvolviendo la trama. Aún con sus pequeñas irregularidades, la narración logra atraparnos y en casi ningún momento nos sentimos aburridos. Se trata de una comedia, que en algunas escenas sabe meterse en un melodrama para nada lacrimógeno. Y afortunadamente los golpes bajos quedan afuera de nuestra vista.

    Por último, entre los puntos fuertes de esta producción nos encontramos con dos actuaciones (las menos obvias) encantadoras: la de Mia Wasikowska y la de Mark Ruffalo. Ella como una dulce adolescente, que se nota es pieza fundamental del engranaje de la familia, y él como el padre canchero y comprensivo del que todo joven podría alardear como progenitor.

    En contra. Aunque en el guión interfiere también un hombre (Stuart Blumberg) Lisa Cholodenko se encarga en dejar a los personajes masculinos bastante desdibujados, o delinearlos con trazos débiles. De hecho, no es coincidencia que la mayoría de cabos sueltos provengan de su accionar o de sus historias particulares. Nunca sabemos a ciencia cierta que le ocurre (si es que le ocurre algo) a Laser, no sabemos por que el personaje de Mark Ruffalo es dejado de lado, sin chance de segundas oportunidades, y tampoco entendemos que tipo de relación une a Joni, con ese amigo al que hacia el final besa para luego abandonar.

    MF tiene además otro problema: cierta incontinencia verbal. Nos habla de un montón de cosas, pero no termina profundizando en ninguna de ellas. La complejidad que puede tener una relación lésbica, las consecuencias de donación de esperma, la infidelidad, la curiosidad ante la figura paterna, la necesidad de identidad, entre otros temas, quedan flotando en la superficie sin aportar ni respuestas ni reflexiones de interés.

    Para concluir- más ligado a las críticas que he podido leer o escuchar por ahí, que a la película- considero que los trabajos de Bening y Moore están sobrevalorados. Me encantan como actrices y sería ridículo decir algo en contra de sus performance. Sólo que en esta comedia no me muestran nada que ya no haya visto en papeles suyos anteriores.
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  • Sin retorno
    Sin retorno
    A Sala Llena
    Identidad robada

    Consecuencias. De eso parece hablarnos constantemente esta opera prima de Miguel Cohan. Interesante entrecruce (temáticamente hablando) entre dos de los títulos argentinos más importantes de este año: Carancho y El Rati Horror Show.

    Sin Retorno narra la historia de un hombre acusado injustamente, por un crimen que no cometió. Una noche, un joven es atropellado por un automóvil y abandonado en la calle. A los pocos días muere; parece no haber pruebas ni indicios claros para encontrar al responsable. Pero la presión del padre de la víctima, la necesidad de la justicia de dar con un culpable, y la ambición insaciable de la prensa de construir una noticia, hacen que un sujeto inocente terminé siendo juzgado como el homicida. Mientras, el verdadero autor del hecho prosigue su vida sin aparentes consecuencias.

    Esta historia que transita por las oscuras aguas de la culpa y el más básico instinto de preservación, no apuesta a dejar, ni siquiera insinuar, sombra alguna de moraleja. Y ese es un punto fuerte que tiene la película; más interesada en narrar los efectos de nuestro accionar, no sólo en nosotros y en nuestro círculo más cercano, sino inclusive en personas que no conocemos.

    La perdida de identidad, o mejor dicho, la identidad robada remite a un doble mecanismo al que se ven forzados los personajes del film. Por un lado, está Matías (Martín Slipak) que decidió no asumir su responsabilidad sobre los hechos, aún a sabiendas de que estaba perjudicando a un tercero. Podemos llamarle a esto simple acto de supervivencia. Por otro lado, Federico (Leonardo Sbaraglia) acusado de un crimen que no cometió, pierde su libertad, y tras los años de cárcel su vida no vuelve jamás a ser la misma. Tal vez a esto podríamos llamarlo destino. Y en todo caso, ambos personajes voluntaria o involuntariamente ven robadas sus identidades, para asumir su otro yo: “ese otro que también me habita… ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel…” como decía el escritor colombiano Darío Jaramillo Agudelo en su más conocido poema.

    Producida por Haddock Films, esta película cuenta con un grupo importante de actores, entre los cuales destacaría a Leonardo Sbaraglia, Federico Luppi, Ana Celentano y Martín Slipak. Pero aún así, con Sin Retorno me ocurre lo que suele pasarme con otras películas de Haddock: las veo tan sólo como productos. No hay nada en ellas reprochable técnica, ni narrativamente. Sin embargo, como si fueran carentes de ángel o de alma, no logro enamorarme de ellas, aún cuando las obras tengan directores con personalidades y estilos tan diferentes.

    De todos modos, veo en Cohan una gran habilidad a la hora de narrar. Destaco la sutiliza con la que maniobra en varios momentos del film, y valoro la forma en que utiliza las elipsis (especialmente en la secuencia de la cárcel).


    Producción correcta, efectiva y hasta entretenida. Pero repito: desprovista de elementos que le otorguen una entidad fílmica difícil de olvidar.
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  • Comer, rezar, amar
    Comer, rezar, amar
    A Sala Llena
    El orden no altera el producto

    Esta ultima película de Ryan Murphy, tenía todos los elementos para convertirse en uno de los estrenos más importantes de la semana. Sin embargo, esta producción de Brad Pitt, basada en la autobiografía de Elizabeth Gilbert, terminó quedando a medio camino entre la abulia y la incomprensión de intereses- del personaje protagónico y del director mismo-.

    La heroína es Liz Gilbert (Julia Roberts) una periodista exitosa y de vida acomodada, que no logra llegar a la felicidad en su matrimonio. Es así, que decide separarse de su marido (Billy Crudup) para encontrarse prontamente, en otra relación amorosa con un joven actor de teatro (James Franco). No pasa mucho tiempo para que Liz descubra que tampoco con él es feliz, entonces inicia un viaje por Italia, India e Indonesia. La intención del mismo, no es tanto turística sino espiritual. Encontrarse a sí misma, para así poder encontrar el verdadero amor (Javier Bardem).

    Hasta aquí se nos presenta una historia prometedora, pero a lo largo de sus extensos 132 minutos, la supuesta comedia romántica de pretensiones místicas, termina por convertirse en un confuso ir y venir de sentimientos encontrados con bellas locaciones de fondo.



    El título procura sintetizar las etapas por las que la protagonista atraviesa a lo largo del film; pero si mal no recuerdo, una de las primeras cosas que hace Liz cuando le cae la ficha de lo mal que está en su matrimonio, es ponerse a rezar en el baño de su casa a la espera de una señal divina.

    Igualmente, entre nosotros, el orden no altera el producto. Lo mismo sería si se llamase Rezar Comer Amar o Amar Rezar Comer… porque para mi entender el título exacto debería de ser: Ver Aburrir Maldecir. Y paso a explicar porque:



    Ver. En esta parte nos encontramos con lo mejor de toda la película. Entre los primeros 15 y hasta 30 minutos, podemos ver consistencia dramática, buenas actuaciones, humor, amor, desamor y hasta una frase brillante y desgarradora que viene de la boca de James Franco (bello, bello, bello). Después Liz Gilbert, emprende su viaje a Roma, y aquí poco a poco, casi imperceptiblemente, la historia comienza a volcar. Sus vivencias en Italia son encantadoras, pero el hilo conductor con lo primero que habíamos visto se empieza a perder. Pero claro, como la ciudad aparece en su esplendor, repleta de los más pintorescos personajes romanos, uno no se entera- o no se quiere enterar- y sigue mirando a la protagonista deglutir todo con lo que se encuentra a su paso, a falta de un amor. Para este momento los espectadores comienzan a preguntarse: ¿Y Bardem, cuándo aparece?



    Aburrir. Liz decide marcharse a la India. No la estaba pasando mal en Roma, pero quiere respetar el itinerario y se va. Se encierra en un centro hindú de meditación- más parecido a un spa oriental que a otra cosa- y se pone las pilas para aprender a rezar. En las primeras sesiones de meditación se queda dormida, y nosotros la entendemos porque nos está pasando lo mismo. Nos empezamos a aburrir (y a dormir) indefectiblemente; ya no hay más galanes. Otra vez: ¿Y Bardem? ¿No era una comedia romántica? Entonces aparece Richard Jenkins. Es obvio que no será su galán, pero ya no hay dudas: algo va a pasar, algo le dará el personaje de Jenkins que haga encausar la historia que para ese entonces viene de capa caída. No ocurre nada. Liz aprende a rezar finalmente y cuando se siente mejor se encamina para Bali.

    Maldecir. Ya no queda mucho de película (o al menos eso es lo que queremos creer) y ahora sí aparece Javier. Aunque no como uno esperaba… Liz no se enamora a primera vista como de Franco- en el fondo yo la comprendo- sino que se deja seducir por un rubiecito desabrido que encuentra en una fiesta. Encima Barden hace de brasileño, y no se lo creemos. Liz se empecina en seguir meditando, y ahora peor que se reencontró con su gurú. Todo es tan superficial, que nada de esa falsa espiritualidad nos toca, y maldecimos a Liz, al gurú, al trucho brasilero y por sobre todo a Ryan Murphy. ¿Cuánto falta para que termine la película? ¡Finalmente Roberts y Bardem se enamoran(o no), porque ella da tantas vueltas! Pero ya no importa que cosas pasen o como pasen, ya estamos hastiados de tanto enrosque seudo espiritual.
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  • El baile de la victoria
    En la importante producción de Fernando Trueba, El Baile de la Victoria no se encontrará entre sus mejores películas, aún cuando su protagonista sea uno de los actores del año: Ricardo Darín.

    Basada en la novela de Antonio Skármetea, el guión realizado por Jonás y Fernando Trueba, con la participación del propio novelista chileno, expone falencias en su estructura dramática que hacen de la historia algo inconsistente.

    Cuando Chile vuelve a la democracia, se firma una amnistía por la cual se libera a los presos que no hayan cometido crímenes de sangre. Es así, que se conocen Ángel Santiago (Abel Ayala) y Nicolás Vergara Grey (Ricardo Darín). El primero, un joven ladrón deseoso de llevar a cabo un robo perfecto que lo lleve a cambiar su destino. El segundo, un consagrado experto en abrir cajas fuertes, en principio obsesionado en recuperar a su familia. Pero al descubrir que la misma ya casi de ha olvidado de él, se deja convencer por el entusiasmo de Ángel y decide dar el gran golpe. Además, la pasión de este por Victoria (Miranda Bodenhöfer) -de allí el título de la película- una enigmática bailarina, traumada por la desaparición de sus padres en la dictadura, termina siendo para el personaje de Darín el modo de canalizar el amor que no pudo concretar con su ex esposa (Ariadna Gil).

    En más de una entrevista, Trueba reconoce la necesidad de amar a sus protagonistas. Eso suele verse de forma patente en todas sus películas, especialmente en el cuidado que pone en retratar a sus heroínas. Esta no es la excepción; ahora la niña de sus ojos (parafraseando el título de uno de sus films de 1998) es la misteriosa Victoria, cuya presencia inyecta a la historia lirismo- si bien no siempre funcional para el desarrollo de los acontecimientos-.

    Sin embargo, el alma de la película se encuentra sin duda alguna en Ángel. No sólo porque es el personaje que lleva adelante la historia, sino básicamente por la magnífica actuación de Abel Ayala. La dupla que compone con Darín es muy buena, y no podemos evitar recordar, cuando ambos caminan por las calles de Santiago, a la pareja de Nueva Reinas, aunque obviamente, mucho más cándida y hasta romántica si se quiere. Pues ahora se trata de dos ladrones, que pese a su actividad delictiva, tienen códigos y están atravesados por el honor.

    También, si queremos podemos encontrar cierta relación con El Polaquito, obra del 2003 dirigida por Juan Carlos Desanzo. No solamente porque esta fuera protagonizada por Ayala (de hecho fue su debut como actor) sino porque su personaje, también se enamoraba perdidamente de un joven prostituta, a la cual trataba de proteger y redimir.

    Estas conexiones con otras películas, no es pura casualidad. El cine de Fernando Trueba, está lleno de referencias, homenajes y alusiones. No digo que haya pensado directa o indirectamente en las mencionadas producciones. Pero su filmografía, empuja al espectador a suponer vínculos cinematográficos, extra cinematográficos y hasta metacinematográficos.

    Como fiel exponente de un cine postmoderno, los trabajos de Trueba apelan al reciclaje y al pastiche. Combina diferentes géneros (de modo poético), y a partir de una historia que se inscribe en un claro marco político y social, va generando otras subtramas tanto o más interesantes que la principal, que en principio pudieran parecer inconexas.

    En El Baile de la Victoria, se entrecruzan el melodrama, el cine negro, la comedia, el thriller y hasta el western. Todo ello presentado bajo el halo de cuento, o como dicen sus guionistas de épica. Sus referencias espaciales y temporales, bien definidas en el comienzo, va perdiendo relevancia. Porque a medida que avanza la historia, la misma se hace menos realista. Tiempo y espacio se tornan anecdóticos, cosa que suele ocurrir cuando el destino parece ya inexorable.

    El problema, es que esa suerte de realismo mágico no del todo asumido, termina pasándole factura a la estructura del film. No son pocas las escenas- cuando no las secuencias- que nos dejan con más dudas que certezas de aquello que nos quieren contar. La secuencia en la que Victoria baila en el teatro Municipal, es por demás desconcertante.

    Pese a las inmejorables actuaciones, y no sólo de los protagonistas, sino de un cuerpo de actores chilenos de primera línea en los papeles secundarios- destaco a Catalina Saavedra, quien fuera la protagonista de La Nana, película altamente recomendable de Sebastián Silva- y al excelente trabajo de fotografía de Julián Ledesma, El Baile de la Victoria falla tal vez, en lo menos imaginado: su guión. Una vez más, surge la conciencia de las dificultades de adaptar una novela a la pantalla grande, incluso para gente consagrada como Trueba y Skármetea.
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  • Amor a distancia
    Amor a distancia
    El rincón del cinéfilo
    Invadida de clichés y lugares comunes, se presenta esta nueva comedia romántica de Nanette Burstein. Protagonizada por Drew Barrymore y Justin Long- quienes en pareja (¿o ya no?) en la vida real- no logran esquivar los altibajos del guión, pese a su buena química.

    “Amor a Distancia” cuenta la historia de Garret y Erin, cuando una noche cualquiera se conocen en Manhattan, y entre copa y copa terminan enamorándose. El problema es que ella, está a punto de terminar una pasantía de periodismo y en unas pocas semanas, vuela de regreso a San Francisco. Mantener una relación a distancia se hace una necesidad y única posibilidad, pero obviamente no será nada sencillo.

    Aunque goza de buenos momentos (casi todos ellos ligados al trabajo de Barrymore) la historia vacila constantemente en aquello que en verdad nos quiere contar. El guión de Geoff LaTulippe, es efectivo al mostrar el contexto (social y económico) en el que se encuentran los protagonistas: un mercado laboral poco favorable, que los obliga a aceptar empleos para nada gratificantes, ya sea como oficinistas o practicantes. Esa inestabilidad, y el deseo por encontrar un equilibrio laboral, es la que posibilita que se planteen una relación a distancia.

    Lo que no queda claro, es el verdadero motor de dicha relación. Al comienzo y al final, parece que es el amor. Sin embargo, en el transcurso de la historia el sexo ocupa un lugar claramente predominante, que termina por contaminar la película con chistes y situaciones de dudoso buen gusto.

    Observo que en los últimos años, algunas comedias románticas creen que escaparse de las trivialidades y obviedades propias del género, es mostrar el lado menos atractivo de sus personajes. Como si está decisión tornara más sincera y cruda a la historia de amor. No creo que esto de siempre buenos resultados. “Amor a Distancia” puede ser una de esas comedias. Aunque sería justo rescatar, que quienes hemos vivido la experiencia de un amor a distancia, veremos reflejadas muchas situaciones típicas de esa clase de relación.
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  • El hombre de al lado
    Luego de la excelente e imperdible El artista esta dupla de directores soportaban todas las miradas encima. Su próximo trabajo tenía la difícil tarea de estar a la altura de su última producción. Bueno, El Hombre de al Lado logra ese cometido, aunque reiterando ciertas falencias en la última etapa de su estructura narrativa, o sea en el final.

    Unos vecinos muy diferentes divididos por una medianera, que terminará representando mucho más que una simple pared. Cuando Víctor, el vecino grasa, gritón y mal hablado decide construir una ventana, el mundo supuestamente perfecto de Leonardo, el vecino snob, creído y políglota entra en conflicto, poniendo en evidencia la bajeza y soledad de su existencia.

    Ácida, audaz, hasta por momentos cruel, esta historia con mucho de comedia encierra subtramas que muestran la sordidez de nuestros vacíos emocionales.

    Sí, estamos otra vez ante un excelente film de Duprat/ Cohn pero que como decía al principio falla en su desenlace. Ocurría lo mismo en El Artista, pero allí sabía que sus innecesarios diez minutos finales tenían que ver con un tema de co-producción. En El Hombre de al Lado me encuentro ante un final inesperado y discordante con lo que se me venía proponiendo. La sorpresa le gana la pulseada al suspenso y la película termina absorbiendo un golpe sin el que podría ser una obra mucho más redonda.
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  • Otro entre otros
    Otro entre otros
    A Sala Llena
    Gay Friendly Film.

    Documental que muestra la vida de al menos cuatro integrantes gays de la comunidad judía de Argentina, la más numerosa de Latinoamérica, que decidieron enfrentarse a cámara y desnudar sus vidas.

    Una Pareja Despareja, película dirigida por Glenn Ficarra y John Requa logra estrenarse en cantidad de países, sin embargo lleva más de dos años sin poder hacerlo en los EEUU. Esta comedia dramática, protagonizada por Ewan McGregor y Jim Carrey, cuya temática es abiertamente gay, parece demasiado incómoda para los productores y distribuidores americanos. Al punto que, las especulaciones homofóbicas no se hicieron esperar y con el correr del tiempo se intensifican más.

    Aparentemente, el problema con la película no radica en exponer una historia de amor carcelaria entre dos hombres, sino más bien en su incorrección política. Como muy bien señalara Román Gubern en el diario El País, la caricatura y los chistes pueden resultar social y comercialmente peligrosos.

    En nuestro país, alejados de esas atmósferas enrarecidas, nos entregamos a un clima festivo donde la gran mayoría celebramos la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo. Y es en ese contexto social (y mediático) absolutamente favorable, en el que los homosexuales recuperan a zancadas los años de incomprensión y segregación, donde se inscribe el documental de Maximiliano Pelosi, Otro entre Otros. Una película que habla explícitamente de amor, religión y alteridad.

    Gustavo, Daniel, Dan y Diego, son cuatro integrantes gay de la comunidad judía, que deciden contar sus experiencias de vida. En ellas, descubriremos el rechazo familiar, la complicada aceptación de los amigos, el miedo a la paternidad, el alto nivel de discriminación dentro de la misma colectividad, y el deseo de construir en ella un espacio para los gays.

    Otro entre Otros es un documental franco y directo, desprovisto de segundas intenciones moralizantes y aleccionadoras, de esas que pretenden empujar al espectador a encontrar en las imágenes ofrecidas mensajes seguros y confortables. Por el contrario, con una narración pausada y entretenida Pelosi se anima a plasmar, mediante el testimonio de sus entrevistados, que a través de dos elementos que se creen desencontrados (homosexualidad//judaísmo) se puede generar un encuentro.

    Reportajes donde los protagonistas hablan directamente a cámara, fotografías, cámara en mano, videos caseros, música y un montaje con muchas reminiscencias a los videoclips ochentosos, seguramente no se encuentren entre los mayores logros de esta producción. Pero pueden servir para retomar el viejo tema de la existencia -o no- de una estética cinematográfica gay (cuestión que según Gubern, se iniciara en Europa con ciertas obras de Visconti).

    Maximiliano Pelosi logra imprimir a su documental, ese tono de primera persona activa, es decir, logra transmitirnos que aquello que procura contarnos, es algo completamente cercano, vivido y seguramente sufrido.
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  • Mi villano favorito
    Mi villano favorito
    El rincón del cinéfilo
    “Mi villano favorito” narra la historia de Gru, un villano que pese a su maldad, cuenta con una enorme cuota de carisma para perpetrar sus planes. Él, junto a la ayuda de su ejército de minions (unos simpáticos hombrecitos amarillos, algo similares a los muñequitos del juego pacman) busca realizar el robo más grande de todos los tiempos: apropiarse de la luna. Es a partir de ese momento que se desatan una infinidad de situaciones descabelladas y divertidas. Sin embargo, la aparición de un trío de huerfanitas que Gru adopta –como parte de su malvado plan- trastocarán bastante su vida, al punto de dejar de ser el villano que al comienzo conocimos.

    Dirigida por Pierre Coffin y Chris Renaud y producida por Universal, aparece en nuestro país en sus dos versiones: 2D y 3D. Si pudiéramos acceder a la versión original (aunque con subtítulos) podríamos disfrutar de las voces que Steve Carrel y Julie Andrews, les pusieron a los personajes de Gru y de la madre, respectivamente.

    Si en “Up” (2009) la audacia estaba en tener a un viejo cascarrabias como protagonista, “Mi villano…” transgrede como su título mismo lo indica, con un malo con mucha “onda”, que lejos de asustar, nos atrae. Aún así, la bajada política siempre está presente en las obras norteamericanas (también las orientadas al público infantil) aunque en este caso quizá de modo solapado. ¿En qué lo notamos? Gru no es norteamericano, y tiene un fuerte acento típico de algún país del este.

    En “Mi villano favorito” hay guiños y referencias a otras producciones, y es en esos momentos donde la realización pierde frescura y claro está, originalidad. Porque a medida que el conflicto avanza, la historia se hace más y más predecible, y el devenir del lado bueno y bondadoso del protagonista se vuelve ya inevitable. Si en un comienzo, parecía que Gru iba a llevar adelante su perverso plan, el cual se inscribía dentro de una trama compleja y curiosa, el ingreso en la historia de las tres niñitas huérfanas, hecha por tierra todo ello.

    Absolutamente alejada de la poética lograda por “Up” y especialmente por “Coraline”, en está producción, otra vez la técnica del 3D aparece vacía. ¿De qué? De una verdadera intención estética y por ende ética, utilizada en función a la acción dramática del film.

    El augurado futuro del cine en 3D, con este tipo de obras se presenta bastante endeble y poco ambicioso. Pero no abarquemos más de lo que esta película de animación puede dar de sí.

    “Mi villano favorito” es una propuesta apenas correcta y entretenida. Pero los niños desde hasta once o doce años, sin dudas deberían disfrutar más que la cuarta y última entrega de Shrek.
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  • Policía, adjetivo
    Policía, adjetivo
    El rincón del cinéfilo
    Una obra de doble contemplación

    “Policía, adjetivo” fue para mí, sin dudas, unas de las mejores producciones presentadas en el BAFICI de este año. A menudo aparecen realizaciones rumanas en la tradicional muestra anual de Buenos Aires que suelen no pasar desapercibidas. El año pasado, fue el caso de “Elevator” de George Dorobantu y, principalmente, de “Hooked” de Adrián Sitaru.

    Con “Policía, adjetivo” Corneliu Porumboiu (ganador en la Selección Oficial Internacional como mejor director) nos propone contarnos la historia de Cristi, un joven policía algo cansado y descreído del trabajo que realiza. Se trata de un film de contemplación, de doble contemplación. De la que realiza el protagonista siguiendo a un estudiante sospechoso de proveer drogas a sus compañeros, y de la que realizamos nosotros sobre Cristi a través de planos largos que evidencian su tedio.

    En su momento no resultó extraño que el actor Dragos Bucur, protagonista del film, se alzara con el premio a mejor actor en la muestra porteña de 2010. Alejada de todo imaginario, la función real de un policía aparece apática y minimizada, dentro de una estructura mayor, que casi lo cosifica. Y si aún así la obrfa logra mantener nuestra atención y curiosidad se debe al tratamiento escénico que propone Porumboiu, pero también a la performance desplegada por Bucur queien dota a Cristi del carisma suficiente para que su hastío no se torne una molestia. Muy por el contrario, motiva nuestro interés de cómo terminarán dándose las cosas.

    “Bucarest 12:08” fue la ópera prima de Corneliu Porumboiu - para algunos comedia-dramática y para otros sátira política- que recordaba la huída del dictador Nicolae Ceausescu, por parte del dueño de un pequeño canal de TV de Bucarest, quien conformaba junto a un jubilado y un profesor de historia un bizarro trío que debatía a cerca de los hechos ocurridos en 1989. Desde allí, el director rumano parece incluir diccionarios que sus personajes consultan. En este caso, uno de mitología, del cual uno de los protagonistas saca citas. En “Policía, adjetivo”, uno de palabras buscando la definición de entre otros términos, el de policía.

    Cuenta con un guión soberbio donde los diálogos de Cristi con sus compañeros, su esposa, y sus superiores, resaltan por sobre el resto.

    Propuesta altamente recomendable de Porumboiu, especialmente por tratarse de un policial que atrapa sin caer en obviedades, ni en el acto innecesario de remedar elementos propios del género.
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  • Karate Kid
    Karate Kid
    A Sala Llena
    Colgar chaqueta, descolgar chaqueta…

    En los años `80, John G. Avildsen estrenaba Karate Kid. Protagonizada por Ralph Maccio y Pat Morita, la película marcó a toda una generación. La frase: “encerar, pulir” del Señor Miyagui (Morita) y la grulla de Daniel Larusso (Maccio) formaron inmediatamente parte de las escenas ineludibles, a la hora de recordar la cinematografía de aquella década.

    Existieron tres entregas más, pero sólo Karate Kid II y Karate Kid III fueron protagonizadas por la misma dupla y el mismo director. Pese a que cada una de estas películas iba perdiendo fuerza y encanto, se mantenía el atractivo de la historia. Sin embargo, para 1994 cuando se estrenó El Nuevo Karate Kid -con Morita, pero ahora aleccionando a Hilary Swank- ya no quedaba nada de la esencia de la original. Christopher Cain, su ahora director, le daba un cariz completamente diferente. El relato parecía obsoleto, y no se condescendía con los tiempos que corrían.

    Llegamos al 2010, y un nuevo niño se ve obligado a mudarse, ya que su mamá ha sido transferida por la fábrica en la cual trabaja. Sin amigos y en una nueva escuela, debe adaptarse forzosamente a un contexto que le es adverso. Para colmo de males, un grupo de niños lo hostiga a patada limpia. Y ahí es, donde el señor de mantenimiento de su edificio entra en juego. Seguro que hasta aquí la sinopsis les resulta conocida ¿verdad?

    Recapitulemos: a partir de ahora, vamos a hablar de Karate Kid, la última versión. Dirigida por Harald Zwart, esta nueva película es protagonizada por Jaden Smith y Jackie Chan. El otrora Señor Miyagui, es reemplazado por el Señor Han, y el niño conflictuado, ya no es Daniel Larusso, sino Dre Parker. La historia ya no se desarrolla en California (EEUU), ni tampoco en Okinawa (Japón). Dre viaja con su madre a la mismísima Beijing (China). Los golpes y patadas que recibe de los chicos malos del colegio, son de kung fu y no de karate. Y cuando el Señor Han le enseña a luchar, para poder defenderse y tener confianza en sí mismo, ya no utiliza la técnica de encerar/pulir, sino la de colgar/descolgar chaqueta.

    Karate Kid, es una de las remakes más interesantes que he visto en los últimos años. Sabe muy inteligentemente, adueñarse de ciertas escenas y elementos de la primera versión. Pero cuando introduce secuencias y giros de su propia cosecha, lo hace de forma tal, que enriquece su relato y construye una estructura dramática casi perfecta. Oscila constantemente, entre parecerse y diferenciarse de la original.

    La relación entre Dre y el Señor Han, se percibe diferente. Igual de afectuosa que la de Miyagui/ Larusso, pero menos mística si se quiere. Y esto tiene mucho sentido, porque las características de los personajes son muy distintas también. Zwart, conciente del peso que debía afrontar Jackie Chan, optó de entrada en mostrar las diferencias. Si el Señor Miyagui procuraba atrapar una mosca con dos palillos, el Señor Han la mata directamente con un matamoscas. En esta escena- de presentación del personaje- con esa simple acción, se marcan las disparidades entre uno y otro.

    Dre, también es bastante diferente a Daniel san. Por un lado, tiene una personalidad más inquieta, más carismática. Juega al básquet, baila, rapea. Larusso era absolutamente querible (confieso que durante muchos años estuve enamorada de él), pero era más bien torpe, tanto física como intelectualmente. De esta diferencia, hecha mano el director para exaltar las habilidades atléticas de Jaden Smith. Karate Kid (2010) cuenta con escenas de kung fu espléndidas, muy bien filmadas. Las coreografías del campeonato se ven súper reales.

    Como mencionaba antes, la relación de los personajes principales sienta sus bases no tanto en lo espiritual, sino en el arte del kung fu. Además, no debemos perder de vista, que aunque a los occidentales nos parezca lo mismo, alguien de China es muy distinto a alguien de Japón. Y tampoco es lo mismo, un adolescente italo-americano que un niño de doce años afroamericano.

    Tres últimos comentarios: la locación no es mera anécdota; China aparece en su riqueza, y la película se encarga de mostrar su geografía y costumbres. Lo segundo, se refiere a las actuaciones de todos los intervinientes. Cada una de ellas logra convencer. Pero por supuesto, Jackie Chan y Jaden Smith se llevan las palmas. Este último, además de mostrar su destreza física, hace gala de un performance de alto calibre. Tercero, ¿Qué sucede con la grulla? Ya no se trata de karate, por lo tanto ya no está. Pero les aseguro que la técnica que la reemplaza, es igual de imperdible.

    Quizá, el defecto de Karate Kid sea que en una sola película, quiere abordar tanto la iniciación del protagonista en el kung fu, como su primera experiencia amorosa, con la misma intensidad. De allí que tenga una duración de más de dos horas. Aún así, es absolutamente recomendable, incluso para aquellos que ya no somos tan niños.
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  • Sex and the city 2
    Sex and the city 2
    A Sala Llena
    Maldito Glam

    Esta segunda parte, cuenta como la anterior con el mismo equipo de trabajo (director, guionista, productores, actores y vestuaristas) por lo que se logran mantener y resaltar la misma estética, ambiente y esencia que en la saga televisiva.

    Una vez más, poco importa aquí haber seguido o no la serie, o haber visto o no, Sex and the City I. La película se entiende sin mayor dificultad; tal vez hacía el final, la aparición inesperada de Ethan (no precisamente un ex novio cualquiera) alcanzaría otro impacto, si se supiera con anterioridad el historial amoroso que compartió con la protagonista.

    Carrie (Sarah Jessica Parker), Samantha (Kim Cattrall), Miranda (Cynthia Nixon) y Charlotte (Kristin Davis) se alejan de sus ajetreadas vidas laborales y amorosas de Nueva York, para dirigirse a un destino, en apariencia menos convulsionado: Abu Dahbi, el Nuevo Medio Oriente. En este lugar de ensueño, lleno de lujos, ostentación y riquezas, dan rienda suelta a sus aventuras y enredos, donde una vez más, Samantha se convierte en la protagonista de casi todas las situaciones.

    Sex and the City (I, II y versión televisiva) tiene su origen en el libro de Cadance Bushnell perteneciente a lo que suele llamarse Chick Lit. Definido como subgénero dentro de la novela romántica, sus protagonistas son mujeres de treinta o más años, posfeministas, glamorosas y generalmente solteras, en cuyas vidas el trabajo tiene un papel fundamental. Estas historias, tienen como lugar idóneo para desarrollarse, ciudades cosmopolitas como Londres o Nueva York. Las grandes marcas, especialmente de ropa, zapatos y carteras, son casi un personaje más.

    El Chick Lit, procura abarcar y mostrar las diferentes experiencias por las que atraviesa la mujer actual en su vida cotidiana, haciendo hincapié en el amor, las relaciones de pareja y el sexo. Redefine así constantemente los vínculos tradicionales. La crítica literaria, aún lo considera un género menor y lo mira con desdén, pero no habría que esperar de él virtuosismo, sino más bien puro entretenimiento. Lo mismo que habría que esperarse de las propuestas cinematográficas que en él se basan.

    En más de una ocasión, me pregunté que le veían mi novio o mis amigos a las películas de Vin Diesel o de Jason Statham. Cómo era posible que pese a considerar que eran muy malas, no podían dejar de verlas. A partir del jueves pasado esa pregunta quedó obsoleta, al descubrirme sentada por más de dos horas, y disfrutar más de la cuenta, de una película que no era más que un producto netamente comercial, y donde el concepto artístico, quedaba bastante lejos de ser mínimamente rozado.

    Si el colectivo masculino, se dejaba engatusar ante la seducción de la violencia, los efectos y la adrenalina de las películas de acción, yo me dejaba seducir por la moda, el romance y las aventuras femeninas menos verosímiles de la comedia romántica. El maldito glam hacía mella en mí, y ya no podía dejar de pensar en cual sería mi próxima compra.

    Sex and the City 2, no pasa de ser una simpática comedia para ver, quizá sólo, entre amigas.
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  • Los mejores de Brooklyn
    Los mejores de Brooklyn
    El rincón del cinéfilo
    “Los mejores de Brooklyn” es un policial intenso que atrapa más que nada por el modo de narrar de su director, Antoine Fuqua. El mismo de “Día de entrenamiento” (2001) y “Lágrimas del sol” (2003), entre otras.

    Tres policías de Brooklyn, desconocidos entre si, pero con vidas igualmente insatisfactorias, son aplastados por el sistema al cual pertenecen. Eddie (Richard Gere) a punto de jubilarse, pasa sus últimos días de servicio, solitario, descreído de todo y autodestructivo. Sal (Ethan Hawke) vive con angustia la situación económica precaria de su familia, por lo que se ve forzado a cometer un par de delitos inconfesables. Por último, Tango (Don Cheadle) es un detective encubierto, encargado de infiltrarse en el mundo oscuro de las drogas; para salir de allí tendrá que debatirse en traicionar o no a su mejor amigo Caz (Wesley Snipes).

    Como mencionaba al comienzo, el punto fuerte de esta producción está en el trabajo de Fuqua, quien transita cómodamente por el género policial, pero asestándole a todo el film una atmósfera depresiva, por momentos casi asfixiante. Esto lo advertimos en la construcción de los personajes, en la fotografía y en los encuadres. Afortunadamente, el director decidió narrar tres historias que, aunque se desarrollan en la misma ciudad, no tienen lazos de conexión. Nos evitamos así de ver otro intrincado film coral, donde el trabajo de montaje (siempre que esté bien realizado) pase a ser la estrella principal.

    Yo no veo en esta realización una mirada moralizante, ni aleccionadora, como mucho se ha dicho (o escrito). Veo por sobre todas las cosas, una ardua critica a la institución policial. El destino de los tres policías no depende de sus correctas o incorrectas decisiones morales. Su destino, está marcado y remarcado, por la sola pertenencia a un organismo corrompido y descompuesto desde los años setenta, al menos en términos cinematográficos (sin contar con muchos de los títulos de la última etapa del cine noir americano).

    “Los mejores de Brooklyn” no peca de estetizante, pero se hace evidente su cuidadoso trabajo técnico. Los actores, todos de primera línea, no sorprenden ni perturban… sólo Ethan Hawke quien recrea a un hombre desesperado, que fluctúa entre dos escenarios bien diferenciados nos brinda una performance incuestionable y ampliamente creíble.

    Intensidad, buen ritmo narrativo y atractivo visual, son tres buenas razones para optar por este policial de Antoine Fuqua.
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  • Carancho
    Carancho
    A Sala Llena
    Hace unas semanas me disponía a ver Caso 39, pero una equivocación me llevó a otra sala donde proyectaban Carancho. A medida que transcurría la película iba dándome cuenta que con ese error de sala, había salido claramente favorecida.

    Esta última producción de Trapero consiste en un trepidante policial negro que capta nuestra atención (narrativa y visualmente) desde su mismo comienzo.

    Protagonizada por Ricardo Darín y Martina Guzmán, Carancho cuenta la historia de un abogado “carroñero/ carancho” llamado Sosa, que se dedica a brindarles interesada ayuda a las víctimas de accidentes automovilísticos. Los asesora legalmente y tras hacerle firmar varios documentos, él y la agencia para la cual trabaja terminan quedándose con la mayor parte del dinero que cobran de las aseguradoras. Pero como en toda historia, las cosas se complican y mucho a partir de la relación amorosa que surge entre Sosa y Luján, una joven médica de emergencias.

    Lo marginal, y la subjetividad sobre la marginalidad, siguen estando presentes como en los anteriores trabajos de Trapero. Sin embargo, se trata de una súper producción, por lo que ahora sí necesita resaltar elementos estilísticos que indiscutiblemente se justifican por la elección del género.

    De todos modos los seguidores del director pueden quedarse tranquilos porque sigue manteniendo su personal forma de narrar: primerísimos planos, encuadres poco tradicionales, cámaras agitadas… y todo en función de lograr un relato sólido que aparente contarse por sí solo.

    Al tratarse de un policial negro se necesita de un gran trabajo corporal por parte de los actores. Esto se observa claramente en las escenas de acción y más que nada en las peleas (fuertes golpizas que no solo recibe Sosa sino también Luján) y además en las escenas de sexo (tanto las concretadas como en las truncas). La dupla protagónica salió airosa en ambas, demostrando una química y complementación quizá inesperadas. Su historia de amor se aleja de cualquier lugar común, ya que la misma se inicia y se desarrolla en una geografía y un contexto oscuros.

    Filmada íntegramente en escenarios reales, como calles y rutas del conurbano bonaerense, hospitales públicos y cementerios, esta historia es de ficción pero apoyada fuertemente en la realidad.

    Si en los años `60 Glauber Rocha hablando sobre el Cine Novo brasileño decía: “nuestra originalidad es nuestro hambre”, la originalidad de esta producción son nuestras muertes: en una década mueren 100.000 personas por accidentes de tránsito. De esta estadística parte Trapero para configurar su film, y declara muy acertadamente que se trata de una mafia que no se quiere ver y que lleva a un genocidio silencioso.

    Carancho es la primera película del director argentino que se estrena primero en las salas de nuestro país antes que en algún festival. Aunque viajará próximamente a Cannes, compitiendo en la sección “Una Cierta Mirada”.

    Espero que en ambos lugares (taquilla y festival) consiga su merecido reconocimiento. No tengo dudas que se trata de una de las mejores películas estrenadas hasta el momento en lo que va del año.
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  • Están todos bien
    Están todos bien
    El rincón del cinéfilo
    Este curioso road movie protagonizado por Robert De Niro no debería llevarnos a confusión. Aunque a primera vista pueda parecer una simple y cálida comedia de enredos familiares, no lo es, aún pese a los intentos de su guionista y realizador Kirk Jones de adecuarla al estilo americano del happy end.

    Frank Goode espera en vano la llegada de sus cuatro hijos para pasar un fin de semana juntos. Uno a uno van cancelando la visita por lo que decide no quedarse solo en su casa, y se aventura a cruzar todo el país con tal de sorprender y ver a cada uno de ellos. Ese viaje será para Frank todo un descubrimiento sobre quienes son sus hijos y cuál es la verdadera relación que supo forjar con ellos a través de los años.

    “Están todos bien” se basa en la película italiana de Giuseppe Tornatore “Stanno tutti bene” de 1990, protagonizada por el insuperable Marcelo Mastroianni. La misma se caracterizaba por una tristeza e ironía que lo invadían todo, sin dejar de lado cierta atmósfera de ensueño. En la nueva versión vislumbramos en parte estos elementos aunque de forma menos precisa y dramática. Pero aún así, Jones llega a tocar esas íntimas fibras que nos llevan a la emoción y a la reflexión, identificándonos en más de un momento con la soledad del protagonista.

    Drew Barrymore, Kate Beckinsale y Sam Rockwell, que interpretan a los hijos de De Niro, se debaten entre separaciones, hijos, elecciones sexuales y profesiones que por todos los medios intentan ocultar a su padre para no defraudarlo. Aunque su real objetivo a lo largo de casi toda la narración sea encontrar a su hermano menor -misteriosamente desaparecido- y dilatar lo más posible ese disgusto a Frank.

    Y es justamente en el desenlace final, referido al hijo desaparecido, donde la obra pierde fuerza y credibilidad. Es como si el realizador se propusiera no hacernos sentir tan apenados, y a golpe de escenas previsibles y poco arriesgadas dramáticamente, nos empujara al final tranquilizador y si no feliz, al menos alegre.

    Una de las mejores escenas es sin duda la del sueño de Frank, donde almuerza rodeado de sus cuatro hijos quienes aparecen como niños, pero mantienen con él una conversación de adultos. Se trata de un momento decisivo, en el cual el protagonista puede atar los cabos sueltos y entender de una vez que sienten sus hijos respecto a él y sus exigencias.

    “Están todos bien” es una buena realización, que con aciertos y desaciertos hereda de su predecesora italiana aquello de que lo primero es la familia.
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  • El Hombre Lobo
    El Hombre Lobo
    El rincón del cinéfilo
    Esta producción dirigida por Joe Johnston, no es más que otro remake hollywoodense del clásico de terror del mismo nombre que se estrenara en 1941. Aquella primera obra protagonizada por Claude Rains y Lon Chaney gozó de una enorme aceptación y éxito, cosas que a esta última versión parecen no ocurrirles (al menos no del modo que sus productores esperaban).

    “El hombre lobo” que cuenta con actores exquisitos, como Benicio Del Toro, Anthony Hopkins, Emily Blunt y Hugo Weaving, se adentra básicamente en los orígenes del mito a cerca de los licántropos.

    Lawrence Talbot, un actor consagrado pero melancólico, decide regresar al seno familiar tras la misteriosa muerte de su hermano. Junto a su padre, se dispone a investigar lo ocurrido sin sospechar que en el transcurso de dicha investigación no sólo descubrirá el amor en la prometida de su hermano, sino también una terrible maldición de la cual no podrá evitar formar parte.

    Siendo claros y directos, lo mejor de esta película son Benicio Del Toro y los efectos especiales y visuales. La historia ya sabemos que es genial, pero la película de Johnston se queda un poco a medias tintas. Sin Benicio perdería muchos de los buenos momentos que pese a su tibieza sabe alcanzar. Y de los efectos ¿Qué decir? Excelentes, materializan con sobrada destreza la tan mentada transformación de un hombre en lobo a la que morbosamente queremos asistir.

    Estamos en época victoriana y la agitación y la transformación fueron unas de sus más reconocidas características. Esperábamos algo de ello en el espíritu de los personajes secundarios; si no estaba en el guión al menos que apareciera en el trabajo de los actores. Pero nos quedamos con las ganas, y no hay que buscar culpas en ellos, sino mejor el propio Johnston. Por ejemplo, Anthony Hopkins aparece absolutamente desaprovechado y como muy bien me hicieran notar algunos de mis colegas, su personaje en “El hombre lobo” es una mezcla de interpretaciones anteriores, que van de “Leyendas de pasión” (1995) a “La máscara del zorro” (1998) o de “Misión imposible 2” (2000) a “Hannibal” (2001) por citar sólo algunos trabajos.

    Para no ser injustos, hay otro punto muy a favor que tiene la película que es la banda de sonido, más precisamente el aullido de la criatura en cuestión. Está muy bien logrado y, por lo espeluznante, se torna sin lugar a dudas en la marca sonora distintiva del film. El realizador contó en una entrevista que fue Howell Gibbens, uno de sus diseñadores de sonido, quien tuvo la idea de sacar ese aullido grabando a un cantante de ópera.

    En el resto de la producción hay poco más para destacar. Con una estética similar a la de “El jinete sin cabeza” (1999), locaciones, decorados, vestuario, maquillaje, planos y montaje aparecen precisos para relatarnos una historia harto conocida de forma entretenida. Por mi parte lo consiguieron, pero no me arriesgaría a decir que lo harán en todo aquel que vea la película.
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  • Enseñanza de vida
    Enseñanza de vida
    El rincón del cinéfilo
    Una obra significativa más allá de los altibajos narrativos

    Una realización imperdible, con guión del conocido Nick Hornby (adaptado de la autobiografía de la periodista Lynn Barber) y dirigida por Lone Scherfig. Scherfig, a diferencia de lo que muchos creen, es una MUJER, ha realizado numerosos cortometrajes, seriales para la radio y series de televisión. Además, esta directora danesa supo cosechar muchísimos premios por sus largometrajes, especialmente por “Italiano para principiantes” (“Italiensk for Begyndere”, 2001), quinta película perteneciente al movimiento Dogma `95.

    “Enseñanza de vida”, nominada al Oscar en los runros mejor película y mejor actriz (Carey Mulligan), cuenta como Jenny, una jovencita de casi 17 años, ve “maravillosamente” trastocada su aburrida vida de estudios en los suburbios de Londres a partir de la llegada de David, un excéntrico y sofisticado treintañero que consigue no sólo seducirla a ella sino también a sus padres. El inminente futuro de Jenny en la Universidad de Oxford comienza a tambalear y sólo sus profesoras de escuela parecen preocuparse por ello.

    La historia es excelente y aún más el elenco que le da vida a los personajes. Mulligan es toda una revelación, su trabajo es impecable… ¿Y que decir de Alfred Molina? Soberbio. También la pequeña participación de Emma Thompson es contundente, como nos tiene siempre acostumbrados.

    Sin embargo, la producción cuenta con varios puntitos flojos y los mismos radican en cierta inconsistencia o contradicciones que se hacen presentes en diversos momentos, ya sea en los diálogos, en el actuar de los personajes, o en la mismísima lógica interna que se supone debería tener todo film. No creo que la “magia” de una obra descanse en la perfección, nada más lejos de ello. Pero cuesta entender cómo los padres de Jenny pasan del control absoluto sobre su hija, a dejarla viajar a París con un casi desconocido. O por qué una jovencita de 16 años, criada a la vieja usanza, a penas si se espanta un poquito al descubrir la verdadera profesión de su galán… A lo largo de la narración no sabemos si estamos ante protagonistas hipócritas, ignorantes, egoístas o inocentes de espíritu. Quizá sean algo de todo ello a la vez, lo cual no estaría nada mal, se parecería mucho a la realidad, incluso a la de los años `60 en donde se desarrolla la historia. Pero como decía antes, Scherfig y Hornby nos dejan muchos cabos sin atar, y no sólo no terminamos de saber que pasa con un personaje menor como el noviecito del comienzo, sino que mucho más grave, no logramos enterarnos si nuestra Jenny alguna vez se enamoró de David o si estuvo solamente interesada en la diversión y snobismo que él le proporcionaba.

    Hacia el final, en una escena memorable la protagonista pone en jaque el discurso de la directora de la escuela, sus argumentos son brillantes, la directora queda sin respuesta y nosotros espectadores quedamos suspendidos ante semejante alegato, metidos aún en la historia, pero muy probablemente pensando en nuestra “propia historia”. Son de esos momentos geniales que nos permiten obras que, si al menos no son geniales, poseen escenas que sí lo son. Lamentablemente el efecto dura poco, porque unas escenas después Jenny, como si se tratara de una persona diferente, adhiere desesperadamente al pensamiento de la docente. Las cosas cambian… ¿¿¿Pero tanto???

    En fin, repito: aún con las inconsistencias marcadas y algunas más que ustedes mismos podrán encontrar, “Enseñanza de vida” es una muy buena película que debería perfilarse- más allá del resultado en los premios de la Academia- como una de las mejores producciones conocidas en lo que va del año.
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  • Nine
    Nine
    A Sala Llena
    Había una vez una película de Federico Fellini llamada 8 ½ , producida en el año 1963. La misma se inscribía como una obra desdoblada, en donde el film aparecía en el film, que se reflejaba sobre si mismo. Ya desde su título nos encontrábamos ante una clara referencia al cineasta: 8 ½ , la obra que se situaba entre la octava y la novena realización de Fellini. A lo largo de toda la película había una sucesiva deconstrucción de la realidad que sumada al desplazamiento de la mirada distanciaba al espectador de los personajes. Porque la obra estaba conformada por fragmentos, recuerdos, proyecciones internas, etc. No había continuidad narrativa, o al menos era asiduamente interrumpida por los sentimientos de los protagonistas.

    Fue así como 8 ½ se convirtió en una de las películas más impresionantes y apabullantes de la toda la historia y metáfora absoluta sobre lo que el cine es.

    Por ello, no fue para nada extraño que en 1982 se estrenara en Broadway la versión teatral, con libro de Arthur L. Kopit y música de Maury Yeston titulada Nine y protagonizada por el actor Raúl Julia. El éxito de esta producción devenida en musical provocó a su vez una nueva versión, ahora cinematográfica, que nos llega de la mano de Rob Marshall, director de Chicago y Memorias de una Geisha.

    Nine nos cuenta a cerca de Guido, un director de cine angustiado y bloqueado ante la presión de crear una nueva obra que lo aleje de sus últimos fracasos y vuelva a consagrarlo como artista. Perseguido por productores, guionistas, actrices y periodistas debe lidiar también con sus crisis personales. Su debilidad por las mujeres será a su vez, problema y solución a su bloqueo creativo.

    Protagonizada por Daniel Day Lewis este musical es impactante, no solo por la ostentación del vestuario, de la escenografía, de las luces, de las locaciones, sino también por el desfile de primeras figuras femeninas que dan vida a las “mujeres de Guido” que van desde Nicole Kidman hasta la cantante Fergie, o de Penélope Cruz a la mismísima Sofía Loren. Como en todo buen musical, los momentos dramáticos más importantes se resuelven mediante cuadros musicales, y aunque si bien es cierto que todos son visualmente soberbios algunas canciones se notan bastante impuestas, como forzadas a dar sentido a una obra que se pretende caótica y desordenada. Por supuesto que mucho menos confusa de lo que fue 8 ½ , Nine posee una estructura más clara, despojada ya de sus elementos surrealistas, por lo que resulta mucho más accesible al espectador tipo.

    Day Lewis es lo suficientemente brillante no solo para crear a un Guido convincente, de quien cualquiera de nosotras podría enamorarse, sino que también lo es para no caer en torpes imitaciones de aquel primer e inolvidable Guido que interpretara nada más ni nada menos que Marcelo Mastroianni.

    Rob Marshall homenajea implícita y explícitamente a Fellini en muchas de sus escenas, y aunque ciertos aires felinescos se pueden respirar a lo largo de su película, aunque en ciertos momentos los personajes hablen un poco de italiano, aunque se intenten rescatar el glamour y el estilo romano -creados a fuerza de creaciones cinematográficas de los años `50 y `60 principalmente- un viento seco y cálido, tal vez semejante al Siroco, pero proveniente de las colinas de Hollywood termina invadiéndolo todo. No al punto de ya no poder respirar y caer en el sopor, pero si de añorar una y otra vez a los verdaderos maestros italianos: Federico, Marcelo…
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  • Sangre del pacífico
    Este es el primer largometraje que tiene a Boy Olmi como guionista, director y productor. Sangre del Pacífico narra la historia de Charito, una joven de origen peruano que viene a nuestro país a trabajar como doméstica, y de Jorge, un viejo artista obsesionado con la idea de filmar su última película sobre las Guerras de Independencia Latinoamericana. Sus vidas se entrecruzan y se despierta en Jorge una obsesión por Charito que lo remonta al pasado, a los recuerdos y a las nostalgias nunca superadas.

    Se trata en definitiva de una obra poco usual, donde se conjugan la realidad de los personajes con la sus fantasías, ensoñaciones y fantasmas. Por ello la estética empleada hace uso de diferentes recursos como el de la fotografía (en varias escenas blanco y negro), elemento fundamental para establecer diferencias espacio-temporales dentro del film.

    Temas como la desigualdad social, la falta de oportunidad y el racismo aparecen de fondo, reflejados en las trabajadoras domésticas (mayoritariamente extranjeras), exponentes de una nueva forma de esclavitud que se remonta a la época de las colonias y que sigue encontrando en los inicios del siglo XXI sociedades dispuestas a sostenerla solapadamente.

    La actuación es sin dudarlo lo más destacado: China Zorrilla, Delfi Galbiatti, Ana Celentano son algunos de los importantes nombres que se dan cita en esta película. Sin embargo, la presentación de Emilia Paino (conocida como “Piqui” en la primera edición del reallity Expedición Robinson) como Charito, es toda una revelación.

    Con Sangre del Pacífico Boy Olmi logra a las claras no pasar desapercibido, y pese a cierta inestabilidad narrativa, donde muchas líneas argumentales quedan sueltas y sin resolución aparente, este trabajo logra seducirnos y quedar a la espera de sus futuros proyectos.
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