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Imagen del crítico Martina Hirsch
Martina Hirsch
  • Cantidad de críticas: 32
  • Promedio: 59%
  • Críticas favorables: 19/32 (59%)
  • Críticas desfavorables: 13/32 (41%)
  • Diferencia absoluta: 8%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: Otros Cines
  • El precio de la codicia
    El color del dinero

    En su más que interesante debut como guionista y director, J. C. Chandor hace un inteligente trabajo para exponer -desde la perspectiva de los propios ejecutivos de Wall Street- las dimensiones y alcances (tanto humanos como económicos) de la crisis financiera de 2008.

    El film describe un día (y una noche) de furia en el seno de una poderosa corporación que está demasiado cerca del colapso. Chandor denuncia la codicia del título (de estreno en Argentina) y la falta de escrúpulos de los players con bastante rigor, mostrando la dinámica demoledora en la toma de decisiones cuando el tiempo apremia y las pérdidas deben ser disimuladas y/o traspasadas.

    Diálogos contundentes (el film fue nominado con justicia al Oscar al mejor guión original), sólidas actuaciones dentro de una estructura coral, tensión creciente y un tono casi alucinatorio conforman la propuesta de Chandor, quien sólo en un par de momentos cede a las convenciones de la corrección política y apela a lugares comunes (¡qué fijación tiene el cine norteamericano con los perros a la hora de exponer las contradicciones íntimas de sus personajes!).

    El thriller económico sobre las miserias de los grupos de poder se han convertido en uno de los subgéneros más transitados por la producción estadounidense “seria”. En muchos casos, ha servido para que los artistas “denuncien” los abusos y “laven las culpas”. En este caso, El precio de la codicia se sostiene por méritos propios. Es una película que desentraña una operatoria feroz y desalmada con las armas más genuinas del cine: la narración, los diálogos y las actuaciones. Vale la pena.
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  • Terror en lo profundo 3D
    Apenas un bocadito de cine

    Los tiburones, las pirañas, los cocodrilos y demás devoradores nos han regalado regocijantes e impactantes momentos de terror (gore) clase B. Las imágenes de esculturales bañistas atacadas por hambrientas criaturas constituyen, ya, una estampa clásica del cine de género.

    En esa línea, esperábamos de Terror en lo profundo otra "simpática" entrega de sadismo y humor negro, ahora potenciada por les efectos 3D. Error. Este film del director de Destino final 2 y 3, Terror a bordo y una pequeña joya llamada Celular no es más que una acumulación (hasta el hartazgo) de lugares comunes de este subgénero que no ofrece una sola idea original, un solo plano logrado.

    Berreta, grasa y previsible como pocas películas de los últimos tiempos, tiene como protagonistas a un grupo de chicos lindos universitarios que viajan a una casa junto a un lago de agua salada y, poco a poco, serán víctimas de los tiburones diseminados allí por un par de malvados/perversos.

    Ni los efectos visuales, ni los animatronics, ni el 3D ni mucho menos las actuaciones alcanzan aquí al estándar mínimo al que nos tiene acostumbrado el cine norteamericano. Todo es muy pobre. Esta vez, los tiburones nos regalan un mísero bocadito de cine.
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  • El precio del mañana
    El tiempo es dinero (y vida)

    Actores carilindos ideales para el marketing, una premisa potente y ganchera (en el futuro cercano las diferencias sociales están signadas por el tiempo que cada uno pueda comprar para mantenerse con vida) y un director con antecedentes en la ciencia ficción como el creador de Gattaca (además, coguionista de la emblemática The Truman Show). Sin embargo, tras las bellas presencias de Timberlake y Seyfried, del ingenio de la propuesta inicial con sus punzantes pinceladas sobre la sociedad que se nos viene y de la tensión contrarreloj que propone Niccol se esconde un film que resulta en su segunda mitad bastante elemental y anodino. Una pena.
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  • Los tres mosqueteros
    Todos para un uno... y un uno para todos

    La cosa es más o menos así: el director Paul W.S. Anderson (el mismo de Mortal Kombat, Resident Evil y Death Race) pidió que el guión de esta producción mayoritariamente alemana basada en el clásico de Alejandro Dumas le permitiese hacer una película ligera y moderna; es decir, alejada de lo que -se supone- son las épicas históricas clásicas. El resultado no pudo ser peor: se trata de un engendro (nunca mejor el término) en el que ninguno de los elementos utilizados para sostener, "vestir" y agilizar la trama funcionan. Así, estamos ante un producto pirotécnico y absolutamente hueco y artificial, en el que no hay densidad, profundidad ni inteligencia siquiera para concebir un digno entretenimiento sin pretensiones.

    A esta altura, contar de qué va la película sobre las aventuras del joven D'Artagnan con los expertos Athos, Aramis y Porthos carece de sentido. Los cuatro están interpretados por actores de segunda línea (lo de Logan Lerman como D'Artagnan es particularmente lamentable), mientras que en personajes secundarios aparecen -para llenar sus cuentas bancarias sin demasiado esfuerzo- figuras ya consagradas como Milla Jovovich (Milady de Winter), Orlando Bloom (el Duque de Buckingham) y Christoph Waltz (Richelieu).

    Si los personajes son puro estereotipo, lo que queda es el despliegue visual y las coreografías de las escenas de acción. Y aquí también estamos en problemas. Anderson propone una película fashion y canchera que no resulta ni vistosa ni graciosa. El entramado CGI, espíritu de cómic, estética de videogame, elementos de historias ninjas o de espías, anacronismos, música grandilocuente, tomas aéreas con grúas, ralentis o sets gigantescos le dan al film una (falsa) espectacularidad que jamás convence, ni siquiera cuando tenemos batallas de naves voladoras, inundaciones o secuencias de capa y espada.

    Todo aquí es anodino, previsible y con unos diálogos sobre el heroismo o el honor que sólo sirven para rellenar buena parte de los interminables 110 minutos y terminan dando vergüenza ajena. Para colmo, las imágenes en 3D son oscuras y no agregan nada. En fin, una película descartable.
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  • Asesinos de Elite
    Demasiados actores para tan poca película

    Jason Stathan es uno de los mejores héroes de acción en actividad, Robert De Niro (más allá de cierta inocultable decadencia) es un mito viviente del cine y Clive Owen es un galán con presencia. Un thriller a-lo-Jason-Bourne con ellos tres, por lo tanto, no podía salir mal. Pero así fue. El debutante Gary McKendry hace los deberes con muchos errores porque el film -basado en un caso real ocurrido en 1980 y con un "tinte" político ligado a la guerra civil en Omán en el que participaron mercenarios británicos- no logra enganchar desde la trama "seria" ni desde las set-pieces que están diseminadas a lo largo (de los muy largos) 116 minutos. Está, por supuesto, el pelado Stathan dando unos buenos golpes, hay alguna que otra persecusión automovilísticas, un par de explosiones, trampas y confabulaciones varias, y una (ridícula) historia de amor, pero todo transcurre por debajo de la media del cine de género para audiencias masivas. Una verdadera lástima porque había recursos técnicos y, sobre todo, actorales como para conseguir un resultado bastante más estimulante que el que obtienen estos Asesinos de elite.
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  • Gigantes de acero
    Vencedores vencidos

    Agradable sorpresa, especialmente viniendo del director de mediocres títulos como Una noche en el museo 1 y 2, La Pantera Rosa, Recién casados y Más barato por docena. El paso de la comedia al cine de acción le ha sentado bien a Shawn Levy, esta vez con el know how detrás de la dupla Spielberg-Zemeckis como coproductores. El film -de algo excesivos 127 minutos- narra las desventuras de un antihéroe (patético, cínico, loser) que intenta salir de su malaria apostando por sus robots en las peleas de boxeo de estos "gigantes de acero". No le va nada bien y, para colmo, (re)aparece su hijo de 11 años, al que prácticamente no conoce. Lo que sigue es una gira por el circuito de luchas durante el cual padre e hijo intentarán rehacer (en verdad, construir) su relación. Típico relato sobre la redención, el film tiene muy buenas escenas de combate (hay más trabajo con animatronics que con CGI), un sentimentalismo a-la-Spielberg que no molesta y un sentido reivindicatorio de la aventura (y de la tecnología en "desuso" sobre el poder excesivo de las corporaciones) que lo convierten en un muy digno entretenimiento de pura cepa hollywoodense.
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  • Conan el Bárbaro
    Guerreros en problemas

    Marcus Nispel ("especialista" en reciclajes como La masacre de Texas y Viernes 13) intenta -sin demasiada suerte- revivir la franquicia fílmica que consagrara a Arnold Schwazenegger y basada en una larga saga de historietas y libros cuyo creador original fue el texano Robert Howard (1906-1936). Luego de un preámbulo en el que vemos el nacimiento y adolescencia de Conan de la mano de su padre y líder del clan (el maestro Ron Perlman), éste es asesinado por los enemigos. Así, el héroe (interpretado por Jason Momoa, visto en Game of Thrones) deberá ocuparse de vengarse y hacer rodar unas cuantas cabezas. Porque de eso se trata este film solemne y elemental. De un baño de sangre a puro gore, mucho efecto visual CGI y efectito en 3D. Película brutal (bruta) y decididamente mediocre que, en la comparación, eleva a la dirigida por John Milius en 1982 a la categoría de obra maestra.
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  • Sin límites
    Sin límites
    Otros Cines
    Ladrón de mi cerebro

    Un escritor sin inspiración (Bradley Cooper) cae en la depresión, el abandono, subsiste en condiciones penosas y es dejado por su novia (Abbie Cornish). Hasta que un día se cruza con un dealer que le ofrece una droga sintética aún en etapa de estudio que permite aprovechar el 100% de la capacidad cerebral (es decir, todo lo que hemos leído, escuchado, aprendido alguna vez). Así, de golpe, se transforma en una suerte de superhombre no sólo capaz de terminar su postergada novela en cuatro días sino de convertirse en un genio de las finanzas. Semejante ascenso no pasará inadvertido: lo contactará el multimillonario (Robert De Niro en pilóto automático), pero también lo perseguirán empresarios rivales y mafiosos rusos. Y la contracara, claro, no será tan esplendorosa.

    Lo que sigue es un thriller psicológico de ritmo vertiginoso (es como estar subido en una montaña rusa) y de ambicioso despliegue visual con no pocos elementos que remite a El Origen. El film atrapa y, por momentos, hasta entusiasma. Decae un poco al final y, quizás, el desenlace no sea del todo convincente, pero Neil Burger (El ilusionista) sabe cómo filmar un guión ingenioso y el nuevo galán on fire que es Bradley Cooper (uno de los protagonistas de la saga ¿Qué pasó ayer?) resulta un héroe a la altura de las circunstancias. No es la octava maravilla, pero en el contexto del Hollywood actual bien puede hablarse de un más que digno producto. Incluso hasta de una bienvenida sorpresa.
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  • Cowboys y Aliens
    Cowboys y Aliens
    Otros Cines
    Una película "de concepto"

    Tras dirigir los dos films de la saga de Iron Man, el conocido actor Jon Favreau se arriesga con una película "de concepto" (el título ya lo dice todo) producida por Ron Howard y Steven Spielberg (¡qué fijación que tiene Spielberg desde siempre con los extraterrestres! En los últimos meses, sin ir más lejos, supervisó este film, Súper 8 y la serie Falling Skies, todos proyectos con alienígenas invadiendo la Tierra).

    ¿Cómo sería el concepto de Cowboys & Aliens? Un western clásico + algo de Indiana Jones + otro poco de Encuentros cercanos del Tercer Tipo + CGI + algo de romance + el protagónico de Daniel "007" Craig en plan John Wayne y, claro, del inoxidable héroe de acción Harrison Ford (poco aprovechado en esta oportunidad).

    El resultado es medianamente convincente. Por un lado, se agradece una historia "original" (cortesía de un ejército de ¡cinco! guionistas y varios consultores más) filmada en... ¡2D! y sin tanta desesperación por impactar desde lo visual (no hay abusos de efectos especiales ni de explosiones, al menos hasta cerca del final). El problema es que Favreau no resulta del todo eficaz a la hora de narrar un western (los enfrentamientos son bastante confusos) y se extraña aquí mayores dosis de humor, como las que nos regaló Robert Downey Jr. en la primera Iron Man.

    La relación padre-hijo (Harrison Ford-Paul Dano) y la subtrama romántica (Daniel Craig-Olivia Wilde) resultan más que elementales y poco lucidas, pero el film se sostiene con bastante dignidad en su exploración de la mitología del Viejo y Lejano Oeste (un pueblo de Arizona, en 1873, con la fiebre del oro de trasfondo) y los toques de absurdo (vaqueros e indios unidos por única vez para enfrentar a los invasores). Estamos ante una película aceptable, pero que deja una clara sensación de que daba para más. En definitiva, el mejor western del año sigue siendo Rango, una película más "animada" que estos esquemáticos cowboys y aliens de Favreau, Howard y Spielberg.
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  • Linterna Verde
    Linterna Verde
    Otros Cines
    La maldición verde

    Hollywood piensa en verde, pero el color no le sienta bien: Hulk, El avispón verde y, ahora, otro despropósito como Linterna verde...

    Cuesta entender cómo a partir de una de las franquicias históricas y emblemáticas de DC Comic, de un muy generoso presupuesto de 200 millones de dólares y del aporte de un director que en otros casos se ha mostrado muy competente como Martin Campbell (trabajó en las sagas de El Zorro y James Bond) se haya llegado a este producto tan torpe, elemental, desabrido y que ni siquiera resulta demasiado atractivo en términos visuales (las CGI están bastante por debajo de la media). Y el 3D, otra vez, no agrega demasiado (bueno, sí, oscuridad a la pantalla).

    No busqué los antecedentes del amplísimo equipo de guionistas contratados para la ocasión, pero -como dice la jerga- "no se les cae una idea". La lucha entre el Bien y el Mal (en este caso, los integrantes del cuerpo intergaláctico de los Linternas Verdes contra el poderoso Parallax, que amanaza con exterminar la Tierra) es de lo más básica, pero el principal problema ni siquiera es ése. El desarollo (casi nulo) de los personajes, el escaso carisma de Ryan Reynolds en el papel protagónico, su "decorativa" relación con la bella Blake Lively, los vanos intentos de lograr distender la cosa con algún que otro destello de humor absurdo... Todo luce aquí feo y viejo.

    Uno de los hallazgos de todo film sobre superhéroes que se precie de tal suele ser el aporte de los personajes secundarios (los malvados, los sensibles, las chicas bonitas, los ridículos que sirven de cómic-relief). Aquí, en cambio, no hay ninguno con un mínimo de consistencia, jerarquía o interés. Por allí deambulan (con más pena que gloria) desde Tim Robbins en el papel de un senador hasta Angela Basset como una investigadora del gobierno, pasando por Peter Sarsgaard como un malvado y deforme científico al servicio de Parallax.

    El único consuelo luego de semejante fracaso artístico y comercial es que difícilmente haya precuelas, secuelas o remakes, al menos por bastante tiempo. Aunque en Hollywood nunca se sabe.
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  • Capitán América - El primer vengador
    Yo era un alfeñique...

    Joe Johnston ha dirigido un poco de todo y ha alternado muy sólidos entretenimientos (Rocketeer, Cielo de Octubre, Jurassic Park III) con otros títulos no tan memorables. Aquí, construye un más que digno relato al servicio de la factoría Marvel, aunque con las inevitables limitaciones y cálculos del caso.

    Las huestes de Stan Lee parecen estar demasiado pendientes de iniciar franquicias (como ya lo hicieron en el caso de Iron Man) y de vender los siguientes productos de la compañía (quédense después de los títulos finales de Capitán América y tendrán un amplio anticipo de Los Vengadores, que llegará en 2012) y, mientras tanto, se quedan en demasiados lugares comunes del género de "superhéroes".

    Capitán América narra, por supuesto, el surgimiento del personaje (un alfeñique rechazado varias veces por el ejército que, cual Charles Atlas, se convierte en un hombre escultural y atlético) y su posterior enfrentamiento con Hydra, la organización secreta nazi cuyo lider Red Skull / Cráneo Rojo (Hugo Weaving) deja en la comparación a Hitler como un simpático boy scout.

    Lo mejor del film es, sin dudas, su clasicismo, su look old-fashioned (a tono con la estética original del cómic de la dupla Simon-Kirby), la correcta actuación de Chis Evans en el protagónico y los simpáticos aportes de los secundarios (Tommy Lee Jones, Stanley Tucci, etc) ¿Lo peor? Ciertas "espectaculares" y costosas escenas de acción con mucho de déja-vu, los clisés (como la música operística de Wagner en tiempos de nazismo), la innecesaria conversión posterior a 3D y la sensación de cierto agotamiento. Esperemos que con Los Vengadores (incluido allí el gran Robert Downey Jr.) lleguen también nuevos, buenos aires porque más allá de que se deja ver con agrado Capitán América no deja de ser más de lo mismo.
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  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 2
    Todo concluye al fin... incluida la "eterna" saga de Harry Potter. En una astuta jugada de marketing, Warner Bros. pospuso lo más posible el desenlace de la saga cinematográfica al dividir la última parte (Las reliquias de la muerte) en dos partes, pero llegó el momento de la resolución, de la emoción, de la nostalgia precoz y hasta del llanto (al menos para los fans que crecieron junto a los libros/largometrajes).

    En su cuarto (o tercero si se toma al díptico final como un solo film) aporte a la franquicia, el inglés David Yates consigue su mejor trabajo: no sé si esta parte 2 es mucho "mejor" que la parte 1, pero quizás porque hay más tensión y suspenso gracias a las múltiples resoluciones (que en la primera entrega quedaban suspendidas) o bien porque el despliegue de efectos visuales (muy funcionales y eficaces) le otorgan una mayor dosis de espectacularidad lo cierto es que "la 8" o "la 7 y 1/2" resulta más atrapante que "la 7".

    He leído en las redes sociales que algunos críticos se quejaban de que hay "demasiadas" explicaciones, como si ese buen guionista que es Steve Kloves no hubiese querido dejar ningún cabo suelto, ninguna duda y, por lo tanto, cayera en un excesivo didactismo para "cerrar" todo, sin posibilidad alguna de interpretaciones. Puede, entonces, que haya algún diálogo de más (de esos que funcionan como recordatorio del tipo ¿se entendió?), pero así y todo me parece que esta entrega final redondea con mucha dignidad una saga que trabajó con bastante nobleza (y con algunos puntos muy altos como la oscura de El prisionero de Azkaban, de Alfonso Cuarón) el tema de la magia, la educación, la orfandad y las lealtades y contradicciones de la infancia / adolescencia.

    No soy una fan de la saga y, por lo tanto, este cierre no tuvo en mí el impacto emocional que seguramente sí encontrará en su amplísima base de seguidores, pero aún con los desniveles actorales que ya sabemos (el futuro artístico pinta mucho más brillante para Emma Watson que para Daniel Radcliffe) y otros reparos que puedan hacérsele estamos ante un final que -esta vez sí- está a la altura de las expectativas.
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  • Transformers 3: El lado oscuro de la luna
    Cine chatarra

    Voy a decirlo sin preámbulos: Michael Bay filma mal. No sólo es un flojo narrador (en las escenas de acción no logra la más mínima fluidez, no hay transiciones y muchas veces no se entiende qué está pasando) sino que además nos regala dosis de misoginia y patrioterismo que resultan hirientes. Su humor adolescentón tampoco ayuda demasiado, por más que la billetera le permita contratar a muy buenos secundarios como -en este caso- John Turturro, Frances McDormand o John Malkovich.

    Una vez que ya hemos "disfrutado" de los autos, camiones y otras máquinas que se convierten en Autobots (los robots buenos) y Decepticons (los malos), que vemos el enésimo enfrentamiento a pura pirotecnia de CGI nos queda una sensación de vacío y de bronca. Bronca por tanta banderita estadounidense flameando mientras los marines nos salvan del fin del mundo, por tanto primer plano de culo y teta para los urgidos preadolescentes y los babosos machistas (ahora con Rosie Huntintong-Whiteley en lugar de la despedida Megan Fox), por tantos minutos ridículos, absurdos y ¡aburridos! en el que se propone una trama que "justifique" lo único que aquí importa: el "rompan todo" de la hora final.

    Bay y Spíelberg seguirán llenándose los bolsillos con esta robótica y solemne (¡ay, esa voz en off!) saga, pero en el terreno de la historia del cine no habrán ganado ni un mínimo de reconocimiento con una propuesta arbitraria y en muchos sentidos -sobre todo ideológicos- abyecta. No podemos quedarnos con que es "grasa" e "inimputable". Es una mala película.
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  • El laberinto
    El laberinto
    Otros Cines
    EL NIDO VACÍO (Y EL ALMA EN PENA)

    Luego de sus desprejuiciadas, provocativas e independientes (el musical gay/trans Hedwig and the Angry Inch y la porno artie Shortbus), el director John Cameron Mitchell ingresa en las “grandes ligas” y cambia por completo de registro con un melodrama clásico y puro basado en la obra del también guionista David Lindsay-Abaire que ganó el premio Pulitzer en 2007. El resultado es más que digno (evita caer en la explotación lacrimógena de una situación muy dura) gracias a una puesta en escena rigurosa que se sostiene en la solidez de la pareja protagónica, aunque al mismo tiempo hay algo de ostentación dentro de ese subgénero de cine-de-calidad-sobre-temas-importantes-para-ganar-premios. No les fue mal con esta apuesta, al menos en el caso Nicole Kidman, ya que obtuvo una nueva nominación al Oscar, entre varios otros reconocimientos.

    El film describe las penurias de Becca y Howie Corbett (Kidman y Aaron Eckhart), un matrimonio que lleva apenas ocho meses tratando de hacer el duelo luego de la inexplicable muerte de su hijo de cuatro años (atropellado en la calle mientras intentaba rescatar a su perro). Lo que sigue es un tratado sobre el dolor, la culpa, la negación y la reconciliación, en el que se abordan sin sensacionalismo las distintas maneras que tienen ambos padres a la hora de elaborar la pérdida y de (intentar) curar de a poco las heridas.

    Kidman recupera aquí parte de la expresividad perdida (en buena medida por la multiplicación de retoques de Botox), mientras que Eckhart ratifica su habitual versatilidad para trabajar en muy diferentes registros. Y quien merece también un aprobado por su “profesionalismo” es Mitchell. No será Nicholas Ray, es cierto, pero logra llevar a buen puerto su primera navegación por la producción con intérpretes famosos y presupuestos más generosos. Veremos hacia adónde apunta con su carrera, ahora que pasó de enfant-terrible a director de prestigio.
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  • Kung Fu Panda 2
    Kung Fu Panda 2
    Otros Cines
    PÁNICO AL ABURRIMIENTO

    A esta altura, rescatar cosas como "los coloridos escenarios de la Antigua China" o "el profesionalismo de los animadores a la hora de recrear los movimientos propios de las artes marciales" suena a demasiado poco. Bueno sería que -en pleno boom del cine animado familiar a gran escala (150 millones de dólares de presupuesto)- los fondos fuesen feos o las coreografías de peleas, torpes y mal concebidas ¿Alcanza esos u otros atributos técnicos y visuales como para salvar a esta secuela? Creo que no. Si bien el film aborda algunos temas como la paternidad (la adopción) y les regala a los padres e hijos un cúmulo de buenas intenciones sobre "la búsqueda de la paz interior" o el cuidado del medio ambiente, sentí que KFP2 se hizo con "piloto automático", sabiendo que una digna factura y un bombardeo de marketing alcanzan como para repetir el éxito de la primera entrega.

    Allí donde WALL-E demostró que se podía hacer gran cine con largas secuencias sin diálogos y mucha sensibilidad (e ideas originales), la factoría DreamWorks responde con el pánico al aburrimiento: léase, apelar a un ritmo trepidante, a un vértigo permanente (más de tres cuartas partes del film son batallas, gritos, saltos y el resto despliegues histriónicos de Jack Black) como para que nadie tenga demasiado espacio para pensar, sentir. KFP2 será bonita y veloz, pero su apuesta taquicárdica termina generando más confusión que otra cosa (en las antípodas de esa paz interior que pretende reivindicar). Una película que aturde.
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  • X-men: Primera Generación
    NAZIS EN VILLA... GESELL

    A la "fórmula" de llevar a la pantalla superhéroes del cómic, se le ha sumado una segunda "subfórmula" que consiste en -luego de un par de entregas normales- filmar la precuela; es decir, contar la historia previa de los personajes. De eso se trata Primera Generación: mostrar cómo surgieron los mutantes, cómo fueron desarrollando sus poderes y cómo fue que se dividieron en dos bandos: los X-Men del Profesor X (Charles Xavier, aquí interpretado por James McAvoy) y el bando de Magneto (Michael Fassbender).

    Ambientada entre 1944 y la crisis de los misiles de Cuba en 1962, esta película de Matthew Vaughn -el mismo de la mucho más delirante y lúdica Kick-Ass- ofrece lo que el público de este tipo de franquicias exige (espectacularidad a fuerza de bombardeo de CGI), pero carece del tono zumbón e irónico de otros títulos de la Marvel.

    Si el film se toma demasiado en serio, cuesta creer que se cometan errores tan groseros como el de situar a los nazis que se refugian en la Argentina en una zona cordillerana (con picos nevados y todo) como... Villa Gesell (probablemente Villa General Belgrano no sonara muy bien para ellos). La secuencia que transcurre en un bar de nuestro país es tan penosa que resulta involuntariamente graciosa, pero en los 132 minutos hay, al menos, varias otras que compensan semejante dislate histórico, geográfico y social.
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  • Mujeres al Poder
    Mujeres al Poder
    Otros Cines
    En la línea de 8 mujeres (es decir, el Ozon más desprejuiciado, lúdico, artificioso, premeditadamente grasa y amanerado), Mujeres al poder es una comedia (casi) almodovariana sobre una ama de casa sumisa (Deneuve) que corta con su previsible existencia y pasa a manejar la fábrica familiar, que se rebela contra el despótico manejor de su marido (Luchini). La cosa se complica aún más cuando entre en escena un ex gremialista, diputado izquierdista y ex amante de ella en la juventud (Depardieu). El film se ríe del capitalismo, de la burguesía, del mundo de la política y de los prejuicios sociales. No es enteramente convincente (tiene grandes momentos y de los otros), pero sí bastante disfrutable. Y el reencuentro de la dupla Deneuve-Depardieu es un plus no menor.
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  • Rápidos y furiosos 5
    Sí, la película es machista y racista (vean cómo tratan a los brasileños y, en especial, a los habitantes de las favelas cariocas). Sí, también chorrea grasa, la trama es en muchos momentos inverosímil y los dos protagonistas (Vin Diesel y Paul Walker) son de madera... Sin embargo, esta quinta entrega de la saga es la mejor, la más divertida, la más delirante, la más espectacular, la más entretenida de todas. Cine de acción / CGI / testosterónico a full: robos, tiroteos, explosiones, autos deportivos, chicas con curvas imposibles a fuerza de siliconas, muchos toques de comedia y -claro- las set-pieces que todo fan de este tipo de productos exige y festeja. Simple y contundente: a los bifes.
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  • Thor 3D
    Thor 3D
    Otros Cines
    Historieta shakespeareana en 3D

    ¿Qué decir de este nuevo tanque inspirado por los superhéroes de las historietas de la Marvel que no se haya escrito ya una y mil veces a partir de los films anteriores? Podría arrancar por la presencia de Kenneth Branagh en la dirección e indagar en la clara veta shakespereana del guión (la relación entre el veterano rey de Asgard que interpreta Anthony Hopkins y sus dos hijos -Thor y Loki- enfrentados por la sucesión al trono), pero creo que todas las críticas se centrarán en ese aspecto.

    Podría enfocarme entonces en los escasos toques de humor (sobre todo, en comparación con la notable primera entrega de Iron Man), pero es obvia la diferencia entre el genial cómico que es Robert Downey Jr. y el carilindo Chris Hemsworth (para compensar su escasa expresividad y hay unos cuantos planos dedicados a exaltar su escultural cuerpo que harán suspirar a las jovencitas). Por lo menos, el cameo hitchcockiano de Stan Lee esta vez es bastante divertido.

    Frustrados los intentos anteriores, podría describir sus fastuosos decorados gentileza del universo de las CGI (y de los 150 millones de dólares de presupuesto) o los logros de esta primera incursión de la sociedad Paramount-Marvel en el 3D (Branagh no parece ser el cineasta más dotado para sacarle todo el jugo posible y lo suyo parece por momentos pirotecnia "de manual").

    Me queda, entonces, decir que Thor se sigue con agrado (es un producto de indudable pericia profesional), pero también con una contundente sensación de déjà vu. Todo es tan grandilocuente, tan artificioso, tan necesariamente espectacular, que los conflictos familiares y, sobre todo, su historia de amor, quedan minimizados, casi ridiculizados entre semejante gigantismo. Es una pena: allí está como objeto del deseo la bella, tierna -y recientemente oscarizada- Natalie Portman, con apenas unos pocos segundos para lucirse. Ella es otra "víctima" de este relato que cumple con lo que promete (adrenalina, estética de cómic, gran despliegue visual), pero que extraña el humor negro e irónico que Downey Jr le imprimió a su hombre de hierro o la veta autoral que un Christopher Nolan le pudo dar a su recuperación de otro héroe trágico (aunque del "bando" contrario del planeta de la historieta) como Batman. Así de correcto, pero también de "masticado" resulta este Thor cinematográfico que -como todo evento planetario- arrasará en las próximas horas con los mercados de todo el mundo. No hay demasiados, creo, que tengan ganas de ofrecerle resistencia.
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  • Sólo tres días
    Sólo tres días
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    Al lado de Vidas cruzadas (película que le valió a Paul Haggis el Oscar y una merecida comparación con el canalla mexicano Alejandro González Iñárritu), esta remake del film francés Pour elle es casi bressoniana. Más allá de la boutade, al menos se trata de un thriller lineal que -a pesar de su carga trascendente y su dilema moral- trabaja con bastante dignidad el suspenso e incluso no descuida la acción en su mitad final.

    Claro que durante sus más de dos horas, el film resulta un poco tortuoso en la cantidad de derivaciones, subtemas y detalles que proporciona, todas trabajadas con demasiada solemnidad y sin respiro. Russell Crowe es un hombre común, un simple maestro de escuela que se sumerge en el submundo de Pittsburgh para -no adelantaremos nada más- sobrellevar la ¿injusta? condena de su esposa (Elizabet Banks), acusada de asesinar a una mujer. Mientras cría sólo a su hijo hará de todo para cambiar su situación. Tensa y ambigua, pero por momentos decididamente inverosímil, se queda a mitad de camino entre la solidez formal del thriller y la emoción del melodrama familiar.
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  • Sanctum
    Sanctum
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    El nombre de James Cameron como productor es el gran atractivo de esta película dirigida por el ignoto Alister Grierson. Un grupo de expertos buzos financiado por un excéntrico multimillonario amante de los deportes de aventura se sumerge en una cueva submarina de Papua, Nueva Guinea, que jamás ha sido explorada. La película -más allá de la espectacularidad de algunas de sus imágenes en 3D- apuesta como motor dramático por una relacion padre-hijo decididamente disfuncional, llena de lugares comunes y frases altisonantes. El resto es un forzado tono épico para hablar del heroismo, la fuerza de voluntad y la redención.
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  • Tron: El legado
    Tron: El legado
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    El futuro ya llegó

    Mitad remake, mitad secuela de un film no demasiado trascendente rodado en 1982, TRON: El legado es una proeza visual que envuelve una historia no demasiado trascendente (por momentos, más bien elemental). Un conflicto padre-hijo que calza muy bien en la tradición familiar de Disney es el núcleo dramático para luego sí dar rienda suelta a un festival high-tech a puro CGI (podría decirse que estamos ante un film animado "salpicado" por actores de carne y hueso) que permite concebir un universo paralelo, escenas de masas, combates cuerpo a cuerpo o persecuciones en moto, que -ayudadas por los efectos digitales 3D- son de esas secuencias que justifican el valor de la entrada y convierten a la película en el "evento" insoslayable para el consumo popular y masivo, en uno de esos blockbusters que las majors y su maquinaria de marketing tan bien saben construir e imponer varias veces al año en todo el mundo.

    Papá Kevin (Jeff Bridges, que también actuaba en el largometraje original) desaparece sin dejar rastros en 1989 para decepción de su hijo Sam (Garrett Hedlund), admirador del espíritu emprendedor de su progenitor que lo han convertido en referente, visionario y profeta de la industria de videojuegos. La acción salta un par de décadas y el ya joven Sam, de 27 años, luego de boicotear a los desalmados ejecutivos de la poderosa multinacional que creó su padre, logra ingresar a una realidad virtual (un mundo "perfecto", utópico, hipertecnológico) que ha sido desde siempre el sueño de su progenitor. Pero allí las cosas no serán nada sencillas. Más allá de la reunión padre-hijo y de la aparición de Quorra (Olivia Wilde), un personaje femenino bello y potente, los tres deberán enfrentar una creciente rebelión.

    Con un tono quizás demasiado solemne (hay, de todas maneras, algunas pocas bromas logradas que descomprimen un poco), parlamentos que hacen algo lento el desarrollo de los conflictos y la evolución de la historia promediando el relato, TRON sobrevive gracias a su portentoso diseño, a la espectacularidad de sus imágenes y a la poderosa banda sonora electrónica de los franceses Daft Punk. A nivel narrativo, quedó dicho, nada demasiado soprendente. Pero, a nivel estético, no es aventurado decir que el futuro ya llegó.
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  • Megamente
    Megamente
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    Mi (otro) villano favorito

    OK, es cierto que DreamWorks vuelve a apelar con Megamente a la misma fórmula que Universal explotó hace pocos meses en Mi villano favorito; es decir, la de un malvado profundamente querible que termina siendo más simpático y comprador que los "buenos" de turno. OK, también es cierto que hay unos cuantos elementos en común con Los Increíbles de Pixar o que el poderoso personaje de Roxanne se parece demasiado al que Reese Whiterspoon encarnaba en Monstruos vs. Aliens. OK, admito también que las referencias pop y el uso de canciones (como el tema Bad de Michael Jackson que cierra el film) que utiliza la compañía de Jeffrey Katzenberg a esta altura son un poco obvios y pueden cansar un poco… Sin embargo, a pesar de todo eso, Megamente es una más que digna comedia familiar tanto desde su impecable acabado visual concebido para pantalla ancha y salas digitales 3D como en su irónica, por momentos satírica exploración de los arquetipos del cine de superhéroes.

    Otro de los grandes hallazgos (y espero que lo puedan disfrutar en la Argentina en versión subtitulada) es el extraordinario aporte que desde las voces hacen el inmenso Will Ferrell (Megamente), Tina Fey (la valiente periodista Roxanne), Brad Pitt (el hastiado superhéroe Metro Man) y Jonah Hill (un patético camarógrafo gordito que se convierte en un todopoderoso villano).

    El director Tom McGrath (el mismo de la saga de Madagascar) vuelve a hacer bien los deberes de la escuela DreamWorks (con todo lo bueno y lo malo que eso implica) para una película a todo ritmo, vértigo, color y gags. Quizás le falte un poco de sorpresa y de “locura”, pero más allá de cierto cálculo y de su excesiva prolijidad siempre están las irrupciones geniales de Ferrell para hacer de Megamente (el personaje y la película) algo especial y, por él, inolvidable.
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  • Jackass 3D
    Jackass 3D
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    Eterno espíritu adolescente

    ¿Hay que pedir disculpas desde un medio masivo de comunicación por disfrutar de una película como Jackass 3D? ¿Hay que ponerse moralista o discutir "en serio", cual sesudo intelectual sustentando complejas teorías, si su propuesta es machista o si su vulgaridad es insultante? Para algunos, puede incluso que esta sucesión de pruebas con situaciones extremas no sea siquiera algo demasiado cercano al CINE, pero este tercer spin-off del ciclo de MTV creado por el director Jeff Tremaine, el alma-mater Johnny Knoxville y el aquí productor (y special guest) Spike Jonze sigue siendo tan irresistible como siempre.

    Lo lícito en este caso podría ser preguntarnos por qué nos engancha ver a unos grandulones (des)vestidos de forma ridícula y haciendo bromas pesadas con soretes, pedos, piñas, serpientes cual adolescentes sadomasoquistas que se resisten a crecer ¿Nos gusta el exhibicionismo impúdico, la falta de prejuicios, el morbo de ver a gente disfrutando y/o sufriendo situaciones que dan miedo o asco, con un desenfado (y, por qué no, una creatividad) digno del surrealismo de Luis Buñuel, de la audacia de John Waters o del humor físico de Los Tres Chiflados.

    No me interesan los deportes extremos ni soy afecta a las emociones fuertas, pero la pasé bien (muy bien) viendo a Knoxville y su pandilla de stunts (que van desde obesos hasta enanos) compartiendo este tipo de "proezas" escatológicas, violentas o humorísticas con una alegría y una camaradería que logran transmitir y contagiar al espectador.

    Esta es una típica película del tipo "tómela o déjela". Entiendo que cualquier otro espectador pueda sentirse abrumado, aburrido, insultado o lo que sea con la propuesta. Yo la reivindico. No dejemos que la dictadura de la corrección política nos impida sumergirnos en el submundo de Jackass (ahora con algunos efectos 3D que poco agregan).

    ¡Qué vivan, pues, los excesos, el mal gusto, la veta lúdico y el eterno espíritu adolescente!
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  • Mi villano favorito
    Más corazón que odio

    Gru, el despreciable y a la vez querible malvado al que el gran Steve Carell le ha creado una voz que parece una mezcla entre un mafioso ruso y el Siegfried de Kaos de la serie El Súper Agente 86, es el gran protagonista y el mayor hallazgo de Mi villano favorito, la lograda primera incursión de varios ex ejecutivos y artistas de Fox en el lucrativo mundo de la animación digital para la compañía Illumination Entertainment y el estudio Universal Pictures.

    Si bien no alcanza el nivel de guión ni la excelencia visual de las cimas artísticas de Pixar, Mi villano favorito es mucho más que las ya demasiado mecánicas, agotadas sagas de La Era de Hielo (Fox) o Shrek (DreamWorks).

    Con un distinguido touch europeo (la idea original es de un español y la animación, pletórica de detalles y colores, fue realizada en Francia), Mi villano favorito apuesta por la incorrección política y por el delirio: un antihéroe dominado por los traumas que le ha generado su madre y por los celos hacia otro malvado más joven que ha conseguido mayores proezas que él se juega todo para dar el gran golpe (robarse… ¡la Luna!), pero al mismo tiempo termina adoptando a tres encantadoras huerfanitas que le ablandarán el corazón.

    No sé si en la Argentina la película se podrá ver en versión original subtitulada (sería un pena que se pierdan el unipersonal de Carell y deban soportar un doblaje molesto) y recomiendo apreciarla en salas 3D porque los efectos, esta vez sí, fueron concebidos en función de las múltiples posibilidades de dicho formato. En este sentido, no se pierdan la secuencia de títulos finales. Yo sé lo que les digo.
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  • Shrek para siempre
    Triste, solitario y final

    Una podría iniciar esta breve reseña sintetizando la trama (Shrek es engañado por el malvado mago Rumplestillskin para apoderarse del reino de Muy Muy Lejano y debe reconquistar a Fionna, ahora convertida en líder de la revolución de los ogros) o bien comentar la solvencia técnica de la animación ya concebida desde su origen con los efectos 3D en mente.

    Sin embargo, lo más llamativo de esta cuarta (¿y última?) película de la saga es su falta de inspiración, de sensibilidad y -si se me permite el término- de "onda": es cierto que no hay nada que dé vergüenza ajena, pero al mismo tiempo todo luce demasiado mecánlco, prefabricado, como si la hubiesen concretado con desgano y piloto automático.

    Así, la decadencia de la franquicia, sin ser absoluta, resulta igualmente desoladora: la primera parte fue excelente, la segunda muy buena, la tercera buena y esta cuarta, apenas mediocre.

    Para los chicos (y ojo que no hay ningún menosprecio en esta consideración) el entretenimiento está más o menos asegurado, ya que hay mucho ritmo, humor físico, despliegue visual e impacto en los efectos para las salas digitales 3D, pero para el público adulto que supo disfrutar de la mirada irónica, la sensibilidad y la ternura de las dos primeras entregas Sjrek para siempre tiene poco, muy poco que ofrecer.

    Este cuarto episodio, lamentablemente, se parece demasiado a esos subproductos que las compañías dedicadas a la animación suelen concebir para su edición directa en DVD o su estreno en televisión. Es un triste final para una saga que había logrado no sólo un merecido éxito comercial sino también un amplio prestigio artístico. Shrek, Fionna, Burro y el Gato con Botas no merecían despedirse así. Un triste y solitario final.
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  • Toy Story 3
    Toy Story 3
    Otros Cines
    Pixar se anota otro golazo y ya gana 11 a 0

    En su undécimo largometraje, la mejor productora de la animación (¿y del cine en general?) consigue otra gema y rompe ese supuesto maleficio que asegura que toda saga se desploma en su tercera entrega. Aunque se le pueden encontrar algunos reparos (mínimos), este muy esperado regreso de Woody, Buzz y los otros encantadores juguetes vistos en los notables films originales de 1995 y 1999 no defrauda en absoluto. Un gran logro artístico que tendrá un seguro correlato en las boleterías de todo el mundo.

    Luego de aquel genial uno-dos de la ya muy lejana segunda mitad de los años ’90 (cuando la animación digital todavía estaba en una incipiente etapa de desarrollo), Pixar se tomó 11 años para recuperar a los personajes que le dieron fama mundial. La espera valió la pena. No hay aquí “reciclaje”, “piloto automático” ni “fórmula” (para eso véase la cuarta parte de Shrek). Toy Story es una gran comedia tanto en términos de humor físico como de diálogos con punch o de enredos bien construidos a partir de un guión de primer nivel.

    La discusión, por lo tanto, sólo pasará por si TS3 alcanza o no la categoría de obra maestra. Para mí, no. Pero tampoco se queda muy lejos. Hay algunas situaciones que se alargan un poco o ciertos pasajes de persecusiones que también parecen algo estirados (con 5 o 10 minutos menos probablemente la película ganaría en concisión e impacto).

    Pero éste u otros cuestionamientos son menores, casi insignificantes para un equipo creativo liderado por John Lasseter en el que lo verdaderamente importante sigue siendo contar una buena historia. Aquí la hay. La técnica jamás está por encima de la narración y, si bien hoy las herramientas son mucho más amplias y perfectas que hace 15 años, TS3 comparte el mismo amor por el cine que sus dos antecesoras.

    Llego casi al final de la crítica y me doy cuenta que no conté nada de la “trama”. Creo que no hace falta. Por las dudas, para aquellos que quieren saber “de qué se trata”, les digo que Andy ya tiene 17 años y está a pocos días de mudarse a la universidad. Por lo tanto, tiene que limpiar su habitación. Después de una acumulación de desventuras y tropiezos, Woody, Buzz y compañía terminan en una guardería en apariencia bucólica, pero que se convertirá en un verdadero infierno. Hasta aquí lo que debo (y quiero) anticipar. El resto, se los dejo para que lo disfruten en cine (en 2D, en 3D, en IMAX, no hay gran diferencia). Vayan con amigos, parejas, hijos, sobrinos nietos o solos. Pixar no los va a defraudar.

    PD: El cortometraje que precede al film, Día y noche, sí es una masterpiece. Sin dudas.
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  • Iron Man 2
    Iron Man 2
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    Siempre tendremos a Robert

    Si Ud. tiene pensado ir a ver Iron Man 2 poco le importará lo que lea en estas líneas. Y si Ud. ya tiene decidido no ir a verla tampoco este texto le hará cambiar de opinión. Sin embargo, el estreno de esta secuela -que en la Argentina se estrena 8 días antes que en los Estados Unidos- tiene un alcance global y, por lo tanto, aunque tengan una incidencia cero, se irán publicando, una tras otra, cientos, miles de reseñas en blogs, sitios, diarios y revistas.

    Comenzaremos diciendo, entonces, que Iron Man 2 es bastante decepcionante. No está mal, se deja ver, es "profesional", no es del todo aburrida, pero claramente está un par de puntos por debajo de la muy entretenida primera entrega, también dirigida por Favreau. Las set-pieces (escenas de acción con despliegue de CGI) no son particularmente inspiradas, los chistes efectivos son pocos, la tensión erótica con Gwyneth Paltrow esta vez es casi nula, las múltiples incorporaciones en el elenco (Don Cheadle, Mickey Rourke, Scarlett Johansson, Samuel L. Jackson) no lucen demasiado y, por lo tanto, en los 124 minutos hay unos cuantos que están de más.

    Esperaba más humor y delirio de un guión firmado por el conocido actor Justin Theroux (uno de los responsables de esa joyita llamada Una guerra de película, de Ben Stiller), pero aquí todo luce bastante estructurado, y previsible, como concebido en función de cumplir uno por uno con los requisitos básicos del buen blockbuster marketinero (y, de paso, ya lanzar en pantalla la saga de Los Vengadores/The Avengers que se viene en mayo de 2012).

    Pero (afortunadamente hay un pero) allí está el inmenso Robert Downey Jr. -el mejor superhéroe que haya dado el cine contemporáneo (vean sino Sherlock Holmes) para llenar de gracia, irreverencia, calidez, desparpajo y emoción una pantalla que luce fría y casi desprovista de ideas. Rey del timing, campeón de la one-liner, maestro del gesto exacto, RD Jr. hace que este discreto tanque de fogueo dispare unas cuantas balas de verdad y pueda dar varias veces en el blanco. Gracias, querido Robert. Vos sos un verdadero actor "de hierro".
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  • Como entrenar a tu dragón
    DreamWorks vuela alto

    No tenía grandes expectativas respecto de este nuevo trabajo de los directores de Lilo & Stitch (una franquicia cinematográfica y televisiva que nunca me interesó demasiado) e incluso las fotos de producción no parecían demasiado atractivas. Por suerte, esta nueva película animada de DreamWorks no sólo es bastante entretenida en su mixtura de elementos dramáticos ("emotivos") y cómicos, sino que además resulta un salto cualitativo en el campo de las imágenes 3D estereoscópicas (no es Avatar, aclaro): así como los trabajos recientes de Pixar claramente no habían sido diseñados desde el vamos para las salas digitales 3D sino que se les habían "agregado" efectos a último momento, Cómo entrenar a tu dragón sí fue concebida pensando en la profundidad de campo y los movimientos de los personajes "hacia el espectador" munido de los anteojos oscuros.

    De todas formas, esta épica de aventuras, romances y amistad entre un adolescente "diferente" (o sea, sensible) y un dragón, en el marco de una comunidad de vikingos, guerreros muy brutos que viven en una isla y se dedican, precisamente, a cazar a esas criaturas no se queda en el simple despliegue de efectos de alto impacto (que los tiene) sino que se sostiene en buenas escenas de acción, en un digno trabajo sobre una disfuncional relación padre-hijo, aunque el eje principal aquí es el encuentro entre el protagonista Hiccups y un misterioso dragón que ha perdido parte de su cola y no puede volar bien. El inevitable mensaje políticamente correcto (convivir en vez de enfrentar) no cae por suerte en el subrayado, la sensiblería ni la demagogia excesiva.

    Me dice Diego Batlle que en la Argentina no se verá la versión original subtitulada (ni siquiera en las funciones nocturnas) y es una pena. No sé cómo será el doblaje al castellano, pero los trabajo con las voces de Gerard Butler (como Estoico, el incompetente padre e histórico lider de la tribu) y de los cuatro jóvenes que comparten el entrenamiento "anti" dragones (interpretados por Jay Baruchel, America Ferrera, Jonah Hill y Christopher Mintz-Plasse) son realmemente muy logradas. De todas formas, tanto en lo narrativo como en lo visual, Cómo entrenar a tu dragón tiene logros suficientes como para compensar esa pérdida.
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  • Alicia en el país de las maravillas
    Bienvenidos al país de la locura

    Casi 150 años después de su publicación, la notable novela fantástica -y protofeminista- de Lewis Carroll (en realidad, son dos los libros que sirvieron como punto de partida para el guión) es retomada por el no menos genial director Tim Burton en una superproducción de Walt Disney a puro CGI concebida para salas 3D digitales.

    Aunque en este sitio se suele analizar en detalle las posibilidades comerciales de las películas (en este caso, la combinación Burton + Depp + Sello Disney + 3D + historia clásica de corte fantástico para toda la familia es sinónimo de un éxito descomunal), voy a concentrarme en los logros (que los hay, y muchos) y en ciertas carencias (que por suerte no son tantas) de este film.

    Más allá del prólogo y de algunos flashbacks que muestran a la Alicia con los entre 6 y 7 años con que siempre se la conoció, la heroína de Burton (convincente trabajo de Mia Wasikowska) es una bella londinense de 19 que -entre distracciones, pesadillas y rebeldías varias- deja plantado en medio de la fiesta de compromiso a su patético novio que le podría dar a ella y a su madre (su padre, un empresario visionario, ha fallecido) una vida llena de holgura y previsibilidad.

    De todas maneras, más allá de ese marco, casi 90 de los 108 minutos del relato transcurren en el País de las Maravillas, donde Alicia quedará en medio de la disputa entre la malvada Reina Roja (otro gran trabajp de la señora Burton, Helena Bonham Carter) y su hermana, la bondadosa Reina Blanca (una Anne Hathaway que no alcanza a lucirse demasiado. Para ayudarla, claro, allí estarán El Sombrerero Loco (otra delirante creación para la galería de excéntricos y fascinantes personajes de Johnny Depp) y una amplia variedad de criaturas que la acompañarán en sus aventuras.

    El film tarda un poco en arrancar (Depp aparece a la media hora) y hay momentos no demasiados sustanciosos en términos narrativos en los que todo queda casi reducido a un despliegue de sofisticadas creaciones visuales. Pero, incluso en esos pasajes donde hay más regodeo formal que hondura dramática, la película nunca deja de fascinar. Como fanática de Tim Burton me quedé con ganas de más (la segunda mitad de la película es excepcional) y, por más que Alicia en el País de las Maravillas no alcance el status de obra maestra, ratifica a un director dueño de un universo (léase una amplísima paleta de recursos en todos los terrenos del cine) único y deslumbrante.
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  • El Hombre Lobo
    El Hombre Lobo
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    Los gritos del silencio

    Por más que los trascendidos de Hollywood sobre este film no eran demasiado alentadores (incluso su estreno se fue demorando más de lo debido), la presencia como director de Joe Johnston (que tiene en su haber varios films atendibles como Rocketeer, Cielo de Octubre y Jurassic Park III) permitía cierto margen para la ilusión. Sin embargo, la decepción es casi absoluta. Aquí, cinco razones posibles (seguro que hay más):

    1- Guión: esta nueva versión del film escrito en 1941 por Curt Siodmak y protagonizado, entre otros, por Lon Chaney Jr, Claude Rains y Bela Lugosi es todo lo elemental, torpe, obvio, solemne (y más) que se puedan imaginar.

    2- Casting: Benicio Del Toro parece el menos indicado para interpretar a un inglés de la Inglaterra victoriana de 1891 y ni siquiera se esforzó por imitar el acento de la época y el lugar. Emily Blunt tiene cero química con él y Anthony Hopkins, en el papel del despiadado padre de la familia "maldita", trabaja a reglamento y, debe admitirse, zafa bastante.

    3- Dirección: Si alguien alguna vez pretendió encontrar en Joe Johnston alguna marca autoral, cierta reivindicación de su clasicismo narrativo, aquí su trabajo queda reducido prácticamente a la nada. Un relato informe (ni siquiera deforme), sin vuelo y sin gracia. Hay excesos gore (vísceras por doquier) pero ni medio gramo de ironía o inteligencia.

    4- Edición: La película parece haber sido reeditada (cortada) demasiadas veces y, por lo tanto, la cosa no fluye como debería. No quedará, sin dudas, entre lo mejor de la carrera del gran Walter Murch, habitual ladero de Francis Ford Coppola.

    5- CGI / maquillaje / Diseño / Música. A pesar de haber contado con la participación de indudables talentos como el fotógrafo Shelly Johnson, el músico Danny Elfman, el apuntado compaginador Walter Murch o el diseñador Rick Heinrichs, el film ni siquiera resulta demasiado novedoso o espectacular en su aspecto técnico, probablemente más por las carencias generales del relato que por la incapacidad de sus responsables.

    Esto es todo. Y es poco.
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  • 2012
    2012
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    Rompan todo

    Emmerich está obsesionado con las catástrofes y ya nos ha "regalado" ataques de Godzilla, de aliens, de mamuts y de cuanta amenaza pueda imaginarse. Ahora, directamente, destruye el planeta a partir de una doble "justificación": el apocalipsis que predijeron los mayas y una explicación científica (el calentamiento de la Tierra por las emisiones solares).

    La película tiene en sus laaaaaargos 158 minutos el espectacular despliegue de CGI que sus fans esperan (ciudades que son arrasadas en efecto dominó, cruceros que se hunden a causa de un tsunami, inundaciones que cubren el Himalaya) y, calculo, eso será suficiente para que varios miles de espectadores argentinos (al igual que en el resto del mundo) lo consideren válido de invertir el dinero de la entrada y de dedicarle semejante tiempo de sus vidas.

    Las múltiples tramas (una más torpe, absurda, obvia, exagerada, lacrimógena y conservadora que la otra) tienen como protagonistas desde un hombre divorciado y padre poco dúctil (John Cusack, absolutamente desaprovechado) que terminará reivindicándose ante su familia hasta el presidente de los EE.UU. (Danny Glover), pasando por un geólogo que analiza la catástrofe (Chiwetel Ejiofor) o un delirante conductor de radio que parece disfrutar del fin del mundo (Woody Harrelson).

    Los diálogos hieren los oídos, los excesos sentimentales bordean el ridículo y las apelaciones bíblicas (con arca incluída) son de manual escolar. Queda, por lo tanto, aguantar las transiciones y disfrutar (si les interesa) la destrucción del mundo a través de las set-pieces construidas a puro diseño y adrenalina. De cine verdadero, puro, genuino, aquí hay poco y nada.
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Ahorr con Hoyts
CONCURSO: LOS PADRINOS DE LA BODA