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Imagen del crítico María Eugenia D'Alessio
María Eugenia D'Alessio
  • Cantidad de críticas: 61
  • Promedio: 70%
  • Críticas favorables: 51/61 (84%)
  • Críticas desfavorables: 10/61 (16%)
  • Diferencia absoluta: 14%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: A Sala Llena
  • Cambio de planes
    Cambio de planes
    A Sala Llena
    Una historia de amor

    Manolo y Antonio se conocen de casualidad cuando ambos deben hacerse un estudio en el hospital. Manolo es un cuarentón en plena crisis matrimonial y con una gran frustración. Antonio es un adolescente con una personalidad bastante particular, hijo de madre soltera, y padece cáncer. Ambos entablan una relación que será determinante para cambiar sus vidas y a sus familias...
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  • Votos de amor
    Votos de amor
    A Sala Llena
    Leo y Paige son un matrimonio joven que están profundamente enamorados y disfrutan de cada momento juntos. Pero una noche tienen un accidente y Paige sufre un golpe tan fuerte en la cabeza que pierde la memoria de sus recuerdos más recientes, incluso los últimos años en los que conoció a su esposo. A partir de entonces Leo hará lo imposible por reconquistarla.
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  • El agua del fin del mundo
    Dos hermanas que deben enfrentar una realidad de la que no pueden volver; un viaje, un hombre, un lazo profundo que las une ante la adversidad. Adriana, la mayor (interpretada por Diana Lamas, a quien pudo verse en La Lola, Un argentino en Nueva York) está enferma y sus días están contados. Laura, su hermana menor (Guadalupe Docampo, Mejor Actriz en el 23° Festival de Cine de Mar del Plata) es quien trabaja y debe cargar con la enfermedad de Adriana y con el sueño de esta de viajar a Ushuahia. En el camino de ambas se cruza Martín, un músico deambulante y borracho interpretado por el reconocido Facundo Arana. El trío deberá superar varios escollos antes de lograr el ansiado viaje; la unión de las hermanas se verá amenzada por la intromisión de Martín, quien se ve atraído por las dos chicas.
    Más allá de la trama –simple pero profunda- que cuenta Paula Siero en su ópera prima, se destaca la generosidad de los protagonistas, quienes guiados por los sentimientos más puros hacen lo que pueden con la realidad que les toca vivir.
    Guión sólido acompañado por actuaciones precisas, parejas. Si bien hay algunas imágenes metafóricas propias del lenguaje cinematográfico, El agua del fin del mundo bien podría haber sido pensada para televisión por su formato. Sin embargo, vale la pena mirarlo y analizarlo; si algo queda claro es que Paula Siero va por buen camino.
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  • El gato desaparece
    El gato desaparece
    A Sala Llena
    Suspenso y un humor muy sutil se mezclan en El Gato Desaparece, último film que dirigiera el reconocido Carlos Sorín (La Era del Ñandú, Historias Mínimas, entre muchas otras). Luis Luque (en su rol de Luis) y Beatriz Spelzini (quien encarna a Beatriz, la esposa de Luis) logran en un trabajo impecable sostener una historia que atrapa e intriga hasta el último minuto.

    Abundan los primeros planos y los planos medios; en este trabajo la gestualidad de los protagonistas habla por sí misma. Los planos más amplios dan, por otro lado, una idea de la pequeñez de los individuos frente a su destino.

    Luis acaba de salir de un neuropsiquiátrico y sus médicos aseguran que su problema está superado. Está sensible, se toma con calma el retorno a su casa y la vuelta a una vida normal. De a poco trata de reinsertarse y recuperar su trabajo y sus vínculos. Beatriz está feliz pero no puede esconder sus miedos; le es imposible olvidar los hechos que llevaron a su marido al encierro y se siente insegura. La angustia logra apoderarse de ella y la lleva al límite de su capacidad de adaptación a esta nueva etapa. Sin embargo, no pierde la esperanza de poder retomar su vida normal, tal cual era hasta antes de los hechos. Por otro lado está Donatello, el gato de la casa y fiel compañero de Luis, que desde el regreso del hombre se comporta de manera extraña. De pronto, un día, el gato desaparece.

    Desde el primer momento y durante todo el film los protagonistas despliegan su talento. Spelzini proviene de las tablas y se nota; su cuerpo todo se transforma y de ello resulta una mujer debilitada por la situación que atraviesa. La angustia se ve en su rostro, sus manos, su delgadez; se siente en sus palabras. Luque, por otro lado, parece caber perfectamente en el papel de un Luis sombrío, a veces distante, algo turbio. Es un personaje oscuro por momentos, y en otros es tan transparente en su propio temor y sensibilidad que conmueve. La dupla contribuye a crear una atmósfera estresante.

    Con un guión sólido y bien estructurado, la historia se desarrolla en ambientes de una casa llena de rincones y persianas que impiden el total paso de la luz. Las escaleras, que aparecen desde el principio como un camino que lleva no se sabe bien hacia adónde y por las que camina Donatello, enfatizan el misterio que está presente en todo el film. El director juega también con la oscuridad de la noche; todos los elementos se conjugan para crear una trama que no da pistas hasta el final.
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  • Los Marziano
    Los Marziano
    A Sala Llena
    Como una vecina que espía tras la puerta

    La apuesta de Ana Katz (El Juego de la Silla, Lucro Cesante) propone poner la mirada sobre una familia común–los Marziano- e invita al espectador a ser testigo, sin cuestionamientos profundos, de la complejidad de las relaciones. Tres hermanos, la esposa de uno de ellos y una historia de la que poco se sabe, pero que con mucha sutileza va descubriéndose a medida que avanza el film.

    Los Marziano es una película diferente porque lo que allí ocurre no es un hecho fuerte que proponga un punto de giro en lo que se venía desarrollando. Si bien ocurren hechos que dan pie a la historia que sigue, más bien da la sensación de que uno mira desde afuera un segmento de la vida de los protagonistas –otra diferencia aquí: no hay un protagonista, sino que son cuatro los personajes importantes, cuyo peso podría hacer a cualquiera de ellos el principal del film-. Esa mirada podría ser la misma que tiene cualquier persona sobre alguien que conoce a una familia o a algunos de sus miembros. Lo que importa en esta propuesta es la observación de la evolución –o no- de esos personajes.

    Juan, compuesto por Francella, es un hombre simple al que no le preocupan demasiado las cosas. Su problema visual –de pronto se da cuenta de que no puede leer porque no entiende las letras, luego no ve algunos objetos- es algo así como la puesta en concreto de lo que le ocurre personalmente: tiene problemas económicos y hace rato que no se comunica con su hermano. Sumado a esto, parece incapaz de ver lo que realmente ocurre a su alrededor y de darse cuenta de cuáles son las cosas importantes. Como en El Secreto de sus Ojos, Francella demuestra otra vez su capacidad actoral para representar papeles serios, lejos del cómico al que tiene a todos acostumbrados. Delfina, la hermana que protagoniza magistralmente Rita Cortese, intenta ayudarlo y hacerlo tomar conciencia de su problema. Sin embargo el hombre no acusa recibo y sigue, más preocupado por digitalizar unas cintas con grabaciones que por su salud o sus lazos familiares.

    Por otro lado está Luis, interpretado por Arturo Puig, quien cae en uno de los misteriosos pozos que aparecen cavados en el campo de golf del country en el que vive junto a Nena, su mujer (protagonizada por una muy convincente Mercedes Morán). Luis está obstinado en descubrir al autor de los pozos, y en esa búsqueda se aísla del conflicto familiar.

    Los encuentros y desencuentros de Los Marziano se desarrollan a veces en amplios planos que muestran la apacibilidad del country o la comodidad de la casa de Luis; otras, en pequeños espacios como los del departamento de Delfina o los consultorios médicos que ella visita con Juan. La historia, con pequeños detalles cotidianos que dejan entrever grandes conflictos, podría haber ahondado más en las relaciones entre los hermanos. En cambio, la directora prefirió solamente observar, como espiando un poco la vida ajena. Una buena propuesta, aunque podría haberse sumergido un poco más en unos personajes cuyo interior podría haber sido rico.
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  • Biutiful
    Biutiful
    A Sala Llena
    Biutiful: un drama tremendo y movilizador

    La miseria humana y el drama constante que produce la marginalidad en las minorías excluidas (en este caso en Barcelona) se mezclan con la desesperación de un ser al que le queda poco tiempo de vida. Uxbal está al límite de su enfermedad y de su capacidad para poner sus cosas en orden antes de partir. Hace lo que puede; está solo y quiere arreglar lo que hizo mal. Javier Bardem se luce con un personaje que carga sobre su espalda su propia vida, la de los inmigrantes ilegales a los que intenta ayudar, la de su desequilibrada esposa y los hijos que dejará a la deriva cuando él ya no esté.

    Varias historias forman la compleja trama que Alejandro González Iñárritu (el mismo director de la profunda 21 Gramos y de Babel) cuenta en Biutiful; todas ellas hacen eje en Uxbal, el personaje que tan bien interpreta Bardem (Mar Adentro; Vicky, Cristina, Barcelona) y que le permite demostrar que es realmente un gran actor, capaz de interpretar una multiplicidad de roles. Es esta confluencia bien lograda la que permite que la película avance, ya que tanta diversidad podría provocar dispersión.

    La densidad es una constante en Biutiful; los ángulos de las cámaras dan relevancia a situaciones límites que muestran una realidad difícil de soportar. La opresión –tanto de los más débiles como de quien tiene a la muerte pisándole los talones-, la fragilidad y la desprotección se muestran descarnadamente y convierten al film en una experiencia perturbadora. Acentúan esta sensación la correcta utilización de la iluminación, los colores opacos y la música, bella y precisa, del genial Santaolalla. Hay en este film una fuerte crítica social de temáticas que hoy son universales. Esta vez también el director se mete con lo inasible, lo que trasciende, con la levedad que pareciera ser parte de la esencia misma del ser humano.

    Uno de los elementos que juegan una mala pasada es el lenguaje original. El español tan cerrado hace dificultoso comprender la totalidad de los diálogos, por lo que muchas de las líneas quedan flotando sin posibilidad de ser comprendidas. En estos casos, el subtitulado es un recurso que debería ser considerado seriamente.

    A la del protagonista se suma la buena actuación de Maricel Álvarez, actriz argentina prácticamente desconocida, proveniente del ámbito teatral. Su interpretación de esposa absolutamente desequilibrada es destacable; tanto ella como Bardem componen con total naturalidad dos personajes opuestos entre sí pero indispensables para la historia.

    Biutiful es ambiciosa; su trama es un desafío peligroso que en este caso sale airoso gracias a la maestría de su protagonista y la buena utilización de los recursos cinematográficos por parte del director.
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  • Enredados
    Enredados
    A Sala Llena
    Otra vez la magia de Disney trae a la pantalla un cuento de hadas capaz de atrapar a todos, desde los más chicos hasta al más duro de los adultos. La historia gira alrededor de Rapunzel, la princesa cuyo cabello mágico no para de crecer y que fuera raptada por la egocéntrica Gothel cuando era bebé. Aventura, romanticismo, idealismo y música se combinan en un film divertido y atrapante, que enriquecido con la magia del 3D hace soñar y meterse de lleno en él.
    De los clásicos retoma la fórmula de la princesa buena y dulce, la bruja mala y el joven galán que conquista a la chica. Pero en este caso cada uno de los personajes sale del prototipo y tiene una personalidad diferente. Rapunzel, aunque soñadora, bondadosa e inocente, saca a relucir su rebeldía. Está llena de coraje y se las arregla para lograr su cometido: salir de la torre en la que vive encerrada y ver con sus propios ojos qué son esas luces que cada año cubren el cielo. Gothel, la mujer que mantiene cautiva a la chica haciéndole creer que es su hija y que la protege de los males de afuera, es una malvada que resulta simpática, incluso querible. Su pecado es querer conservar la eterna juventud, virtud que solo el cabello de la princesa puede otorgarle, y que por esa razón la mantiene bajo su dominio. Por otro lado y lejos de ser un príncipe encantado, Flynn Rider es un apuesto y aventurero ladrón que quiere hacerse rico y por accidente conoce a la joven protagonista.
    El cuidado con que se compuso a cada personaje puede verse hasta en los mínimos detalles. Ninguno es igual a otro, cada uno sorprende con actitudes inesperadas. También los secundarios son complejos, tienen su razón de ser y aportan peso y humor al film. Se destacan Maximus, un caballo que pertenece a la guardia real y que toma como propia la misión de encontrar y apresar a Flynn Rider. El animal es muy inteligente y tiene cualidades tanto equinas como caninas, lo que le permite adentrarse en cualquier lugar, seguir huellas y hasta guiarse por su olfato. Pascal, un tierno camaleón, es la mascota de la princesa pero también representa a su parte interior rebelde. Él es quien la empuja a tomar las decisiones que por sí misma no se atreve. Además es el único que la comprende y acompaña adonde sea.
    La imagen de la película es impecable. La profundidad que otorga el 3D le da un plus adicional a ambientes frescos, llenos de colores, brillantes. Las luces y sombras demuestran un estudio meticuloso, igual que las texturas de cada lugar representado. Hay trabajo sobre los detalles en cada escenografía, desde el bosque profundo hasta la taberna con mal olor de los vikingos.
    El sonido tiene también su mérito; no solamente las voces de los personajes se lucen, sino también los sonidos ambiente y la música, especialmente encantadora. Canciones vivas y pegadizas; con mucho ritmo algunas –como la de la taberna- y muy dulces otras –como la que Gothel canta para conseguir la magia del cabello de Rapunzel-.
    Enredados alude a historias ya conocidas de viejos y tradicionales cuentos de hadas, pero también se renueva. Para ello presenta personajes y situaciones modernas y reconocibles en la vida de hoy. Creativa, original y muy divertida –claro que con infaltables momentos al borde de la tragedia- será una historia difícil de igualar.
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  • Personalidad múltiple
    Una singular historia es la que viven Jess (Sarah Michelle Gellar), su esposo Ryan (Landes) y el hermano de este, Roman (Jarret). El matrimonio se lleva de maravillas, pero comparte su casa con Roman, quien acaba de salir de la cárcel. La relación entre este y Jess no es muy buena y las actitudes del cuñado incomodan a la mujer.

    Por un lado, el vínculo que une al matrimonio es especial; abunda el romanticismo, la simpleza, la sinceridad y los rodea un ambiente de calma. Ambos son frescos y espontáneos. El personaje de Jarret, en cambio, es oscuro; sus actitudes son ambiguas y parece cubierto por una coraza que no deja ver más allá de su rostro. Con falta de tacto y comentarios irreverentes, demuestra poco interés por generar vínculos afectivos, tanto con su cuñada como con su propia novia, a quien impone sus reglas.

    Pronto un accidente automovilístico dejará al borde de la muerte a los hermanos. Inesperadamente Roman revive, pero en su cuerpo pareciera que es el espíritu de Ryan el que habita. A partir de allí, entre la lucha del hombre por convencer a su ¿esposa? de quién es él, y a través de algunos flash backs que surgen en una sesión de hipnosis, los directores mezclan en este drama el suficiente suspenso (ese que tan bien supieron sostener en The Ring) con una buena porción de mística, como para hacer de este un film atrapante y convencer de que lo que allí sucede es susceptible de ocurrir realmente.

    Otra vez la claridad ilumina las escenas entre Jess y ¿Ryan? ¿Roman?, en un intento por volver a la vida normal. Los fundidos en blanco que encadenan tomas son significativos y correctamente utilizados, aportando misterio y confusión.

    Una muy buena actuación la de Gellar (Verónika decide morir; Buffy, la cazavampiros), que se desenvuelve en este protagónico con soltura. También la de Paul Jarret, quien debe interpretar a dos personajes opuestos entre sí y lo hace a la perfección.

    Es interesante cómo aprovechan los directores el estado de coma de los personajes como recurso para, a partir de ello, jugar con la fantasía del espíritu que está presente o no, de los cuerpos como simples portadores de un alma u otra. Manejan con destreza también la manipulación por parte del que vuelve de ese estado de inconsciencia sobre la mente de los demás, para obtener lo que desea desde hace mucho. Si bien puede parecer una historia descabellada, la manera en que está aquí planteada deja abierta la posibilidad, incluso hasta el final, de que sea cierta.
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  • El perseguidor
    El perseguidor
    A Sala Llena
    Misterio y suspenso desde el principio. Un bosque, sangre, un cuerpo, respiración cansada, un hombre, una mujer. Imágenes fraccionadas, movimientos nerviosos; a través de flash backs y cámara en mano, Victor Cruz arma la historia de Gustavo y Lola, un matrimonio que podría ser cualquiera. Los protagonistas (una muy buena interpretación de Ballesteros y Mango) son una pareja consolidada de respetados profesionales cuyo mundo, de repente, se derrumba.

    El director utiliza muchos recursos para generar la tensión que el guión necesita; sin embargo, abusa de ellos. Los movimientos ocasionados por la cámara en mano son tantos y tan marcados que más allá de causar sensación de “video casero” lo que provocan es mareo y confusión. Además, las imágenes producto de estas filmaciones sobreabundan y producen cansancio.

    La idea de la historia es buena, como también el estilo narrativo utilizado; el manejo de los tiempos aporta dramatismo y suspenso. El film tiene todos los elementos que podrían haber dado lugar a una propuesta más interesante. Los actores interpretan perfectamente sus papeles, transmitiendo en cada gesto y movimiento lo que ocurre a los personajes: los nervios, el miedo, la culpa.

    Sin embargo, la repetición de algunos recursos y la inclusión de ciertos elementos que quedan sin cerrar, como la confesión –o el intento de ello- de parte de uno de los protagonistas al principio del film, distraen la atención y restan interés.
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  • Historias breves VI
    Historias breves, pero contundentes.

    Nueve cortometrajes componen la sexta edición de uno de los concursos más importantes que organiza el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), que permite a jóvenes cineastas la posibilidad de producir films a nivel profesional. Gracias a esta iniciativa tuvieron la oportunidad de dar a conocer su trabajo realizadores como Lucrecia Martel, Sandra, Gugliota, Adrían Caetano entre otros.
    En Historias Breves 6 se manifiestan diversas estéticas y formas de ver el mundo a través del cine. Entre las propuestas se incluye ficción, humor sutil y ácido expresado con refinamiento; hay además duros testimonios sociales tratados con cruda profundidad.
    Alicia (de Tamara Viñes); Arbol (de Lucas Schiaroli); Cinco Velitas (de Paula Romero Levit y Michelina Oviedo); Coral (de Ignacio Cahneton); El sueño sueco (de Gustavo Riet); La araña (de Sihuen Vizcaíno); Los teleféricos (de Federico Actis); La última (de Cristian Cartier) y Rosa (de Mónica Lairana) conforman un mosaico rico en donde la diversidad y la creatividad se funden para narrar con imágenes, sonidos y silencios. En las historias que aquí se cuentan hay una exploración interesante a través de diferentes estéticas, cuyo resultado deja al descubierto sensaciones, sentimientos, experiencias, y una clara visión de la realidad desde distintos puntos de vista. La calidad en cuanto a guiones, interpretaciones y tratamiento de imágenes es bastante parejo, aunque sobresalen algunos trabajos por la manera en la que están contadas las historias (como Arbol, Coral y Rosa).
    Historias Breves 6 es más que la oportunidad de los nuevos directores para mostrar su trabajo; es como una ventana que permite mirar hacia dentro y entender la realidad.
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  • Machete
    Machete
    A Sala Llena
    Como Rambo, pero al estilo Rodriguez

    Mucha sangre, acción, mutilaciones y tiros sobreabundan en Machete, el film que dirige el particularísimo Robert Rodríguez (La Balada del Pistolero, El Mariachi, Spy Kids, entre otras) y que protagoniza Danny Trejo, quien fuera actor de reparto en otros trabajos del mismo director. Machete cuenta la historia de un mexicano indocumentado –ex federal incorruptible- que trabaja en Estados Unidos y que, sin querer, se verá envuelto en una entramada conspiración.
    La ambición por el poder, el dominio territorial del negocio del narcotráfico y la problemática de la inmigración ilegal en las fronteras de Estados Unidos se mezclan en este film para dar lugar a una historia llena de acción y violencia. Machete, el héroe del cuento, es un corpulento y feísimo latinoamericano con cara de malo, al que contratan para hacer un trabajo sucio en contra de su propia voluntad. El film plantea situaciones irónicas que hacen referencia a una realidad imposible de eludir; por otro lado, las exageraciones rozan el absurdo de tal manera que despiertan la risa inevitablemente. La banda sonora se luce acompañando e incrementando en un in crescendo apropiado los momentos dramáticos e imprimiendo una huella particular para cada personaje. Música y ritmo visual se mezclan y aportan un plus a cada escena.
    Las interpretaciones son tan buenas en algunos casos –la de Robert de Niro en su papel de Senador, por ejemplo- como rebuscadas (pero con buen resultado) en otros –Michelle Rodríguez, quien interpreta a Luz-. Personajes bizarros y otros no tanto se combinan en una historia que de a ratos parece ser producto de un ensayo de diversión del director. Sin embargo, lo que allí se cuenta encierra fuertes verdades que de divertidas no tienen nada.
    Hay algunas desprolijidades evidentes, aunque bien podría pensarse que están a propósito. De todos modos, la belleza de las mujeres que acompañan a los hombres rudos y malos seguramente logrará que aquellas pasen desapercibidas.
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  • Cosa voglio di più
    Cuando la razón gana a la pasión

    De manera intimista el director se mete en la piel de Anna, la protagonista de una historia pasional que habla de insatisfacción personal y falta de motivación.

    Con una vida normal, un trabajo estable y un compañero de vida ideal –comprensivo hasta en los momentos más difíciles- Anna se da cuenta de que algo le falta. Puede ser un hijo (o las ganas de agrandar su familia); o quizás la pasión propia de los comienzos de cualquier relación, perdida en su caso luego de un largo tiempo de convivencia. El vacío lleva a la inconformidad y sale a la luz cuando se cruza en su camino un hombre cualquiera –Favino interpretando a Doménico, un hombre casado con dos hijos- que logra despertar en ella el enardecimiento que tenía olvidado.

    A partir del momento en que la protagonista se anima a cruzar la barrera de los límites nada vuelve a ser igual. El nerviosismo al mentir para tener tiempo extra con su amante, el miedo a ser descubierta y los sentimientos encontrados que se debaten en su interior y no le permiten tener la mente clara se notan en su rostro y su cuerpo. Rohrwacher lleva a su propia piel lo que le pasa a su personaje; parece sufrir en carne propia la angustia que le causa la situación y todo queda plasmado en los planos medios que dominan el film.

    Cosa Voglio di più es un enredo frecuente –de hecho, basada en una historia real- enfocado en el punto de vista de una mujer que quizás nunca se hubiera imaginado a sí misma en semejante situación. Justamente es ese punto lo que la hace más interesante: todo lo que ella vive, siente, se cuestiona y lo que descubre de sí misma; su manera de ver y vivir cada paso que va dando y, finalmente, la decisión que toma.

    El film está lleno de detalles que se descubren en las tomas de ciertos momentos en la vida cotidiana de la protagonista. Hay silencios que hablan por sí mismos y diálogos que en pocas líneas dicen mucho. Por otro lado, la situación socio económica italiana está siempre presente, como un personaje más. La actuación de Rohrwacher es muy buena, al igual que la de Giuseppe Batiston –en el papel de Alessio, el esposo de Anna-; no tan así la de Favino, que si bien interpreta correctamente su papel no está a la altura de su compañera. Sin embargo, el trío funciona.
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  • Como bola sin manija
    Un hombre mayor, recluido por voluntad propia en su casa durante casi treinta años; su entorno, compuesto por tres sobrinos y una amable y bien dispuesta vecina, se ocupa de proveerle todo lo que necesita. La historia de un ermitaño caprichoso.

    Un documental con poco aporte cinematográfico, basado en un caso poco común cuyo personaje central, sin embargo, no logra ser querible más allá de su propio entorno ni mucho menos llamar la atención. Rubén, el protagonista, vive encerrado en su casa porque un día decidió no salir; está cómodo y tiene la vida resuelta: sus sobrinos y una vecina le hacen las compras, le traen el médico, hacen apuestas por él a la quiniela.

    Con la cámara en mano, los directores de Flores de Septiembre junto al crítico de cine Miguel Frías muestran en Como Bola sin Manija a Rubén en su rutina habitual. A través de sus conversaciones, comentarios y gestos se va descubriendo un personaje que no logra despertar el interés desde ningún punto de vista. Su encierro pareciera caprichoso, como se intuye al final del film.

    Con falencias técnicas y ninguna explotación de las infinitas posibilidades que brinda el lenguaje cinematográfico, los testimonios transcurren uno tras otro, intercalados con tomas de los protagonistas interactuando en su vida cotidiana.

    El film es cerrado, pero logra oxigenarse un poco durante el viaje de Nora a Rojas; un alivio necesario que le otorga algo de liviandad a un relato de por sí bastante hermético y poco interesante.
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  • Boca de fresa
    Boca de fresa
    A Sala Llena
    Una pareja bastante particular; él es productor musical, ella peluquera. Un sueño, una historia de amor y algunos enredos en un film que mezcla drama, comedia, algo de aventura y romanticismo.

    De la Serna y Rivas forman en Boca de Fresa una pareja bastante kitsch que roza con lo grotesco, y cuyos objetivos de vida van por caminos diferentes. Rodrigo encarna a Oscar, un joven ambicioso que quiere hacerse millonario de la noche a la mañana. Frío, inescrupuloso y calculador, manipula a su novia Natalia (Rivas) para conseguir de ella lo que quiere. La chica, por su lado, es romántica, sensible y bastante torpe. Está ciegamente enamorada de Oscar, con quien sueña compartir su vida. Ambos actores componen a sus personajes con mucha naturalidad; fácilmente queribles, reflejan dos formas de ser bien diferentes entre sí pero que sin embargo se necesitan mutuamente. Elemento importante es el vestuario, que además de ser llamativo pone a Oscar y Natalia un sello muy particular, acentuando sus características de personalidad. El desfile de colores vivos de los vestidos, zapatos y carteras que viste la protagonista son una exteriorización de su propio ser. El novio, por su lado, lleva casi todo el tiempo blanco, desde la cabeza hasta los pies aunque esté en medio de las sierras. El estilo que viste es sinónimo de nuevo rico (o de quien aspira a serlo en este caso); al final se adecúa más al ambiente en donde se desarrolla la historia.
    Pero el excelente trabajo actoral –en el que Rivas se destaca y Carnaghi está desaprovechado- se ve opacado por un guión pobre, sin una historia sólida que lo sustente. Al principio el tono es de comedia, pero a medida que avanza el relato se mezclan otros géneros, sin destacarse ninguno. La historia toma un rumbo cuyo interés decrece, e incluso hay líneas de texto muy mal logradas.
    Lo que al principio parecía que divertiría se transforma en aburrido y poco interesante. Una pena.
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  • Agora
    Agora
    A Sala Llena
    ¿El fin justifica los medios?

    Alejandría está bajo el Imperio Romano; pasaron trescientos años de la muerte de Cristo y los grupos religiosos y políticos se enfrentan por el poder. Amor, religión y hasta un poco de historia se mezclan en un film bastante extenso, de impecable fotografía.

    El director de Tesis, Los Otros y Mar adentro se lanza a una historia ambiciosa en la que prevalece una durísima crítica al fanatismo religioso. Primero el paganismo, luego el judaísmo y el cristianismo; Amenábar deja claro que no está más cerca de ninguno, sino en contra de cualquier extremismo. Su cine, como afirma en su propio sitio web, es un cine de preguntas, no de respuestas; y los cuestionamientos que plantea en este film son fuertes: ¿hasta dónde es capaz de llegar el hombre en sus ansias de poder? ¿Qué moviliza su fe? ¿Cualquier camino es válido para lograr lo que uno quiere o cree justo? La crudeza de las imágenes y los hechos que se narran en el film intentan dar algunas respuestas.

    La escenografía, capaz de transportar a cualquier espectador al tiempo mismo en donde ocurren los hechos, se luce en Ágora. Cuidadosamente recreadas, Alejandría y su famosa biblioteca otorgan, junto al color arena imperante, una atmósfera inigualable. Igual de exquisito resulta el vestuario; ambos elementos se combinan y logran la perfecta ambientación de una época de barbaries e injusticias.

    Con actuaciones parejas y muy buenas, la historia decae al mezclarse tantos condimentos; quizás su falla se deba a no tener una historia fuertemente definida: el film no se centra en la historia de amor ni en la religiosa ni en la política. Por otro lado, las vistas de la tierra desde el espacio sirven como recurso al principio, pero se tornan repetitivas casi sin sentido al final.

    Ágora es un film fuerte, violento, inquietante. Refleja a la humanidad misma y a sus propias miserias.
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  • El lince perdido
    El lince perdido
    A Sala Llena
    Una buena para los niños

    Un film de animación que habla sobre la amistad como valor fundamental, con una historia llena de aventuras que tiene como protagonistas a un lince, un halcón, una cabra y un camaleón. Los animales deberán luchar por su libertad contra un famoso y ambicioso cazador.

    El lince perdido hace hincapié en la necesidad de los buenos amigos y en todo lo que con ellos es posible lograr. La lucha de este grupo de animales liderados por Félix, un lince con bastante mala suerte que sufre un accidente tras otro, muestra la necesidad de preservarse unidos.
    Por otro lado, se habla también de la importancia de la libertad; sin ella la vida no tiene sentido y es por ello que estos amigos se unen: para liberar al resto de sus compañeros de un viejo loco que con el objeto de cuidar las especies en extinción, las mantiene encerradas.
    El film recrea espacios reales de España y con su colorido propio, en donde se encuentran los animales en peligro. Los personajes son fácilmente reconocibles, por lo que los niños, destinatarios finales del film, podrán sentirse identificados: el descuidado, el desconfiado, el que se imagina lo peor en cada situación, la que tiene mal carácter pero por dentro es tierna y cariñosa. Todos ellos tienen su parte salvaje y otra que no lo es tanto. Evolucionan con el film, demostrando que a pesar de sus diferencias con capaces de querer y ser amigos fieles.
    Con una temática profunda y necesaria entre tantos dibujos animados y films para niños en donde abunda la violencia, El lince perdido ofrece además mucha aventura y emoción que los más pequeños seguramente disfrutarán, aunque los adultos quizás se aburran un poco por resultar reiterativas las escenas conflictivas. Sin embargo, es una buena opción.
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  • Orquesta roja
    Orquesta roja
    A Sala Llena
    Argentina mediatizada.

    Entre el documental y la ficción, el film de Herzog (el primer largometraje de este santafecino periodista y productor de video clips y publicidades) pone de manifiesto cómo los medios masivos de comunicación son capaces de construir la realidad, la manera en que éstos manejan la agenda y manipulan la opinión pública.

    Rico en una seductora fotografía, Orquesta Roja se vale de imágenes que recuerdan al expresionismo alemán de principios de siglo mezcladas con las de un realismo único y otras más bien metafóricas. La presencia de las cámaras y equipo técnico no es disimulada; desde el principio están ahí para mostrarse y hacer hincapié en que todo lo que ocurre en Concordia es una puesta en escena. La música utilizada cumple en el film una función dramática.

    El relato cuenta cómo un grupo liderado por José María Lima (interpretado por él mismo), político de la zona cansado de la pobreza y hambruna de su pueblo, elige movilizarse y hacer conocer al resto del país la situación de uno de los lugares más pobres de la Argentina de finales de los noventa.
    Herzog convenció tanto a Lima como a sus compañeros Carlos Sánchez y Patricia Rivero para que cuenten qué pasó aquellos días en los que, encapuchados, hicieron creer a toda la Argentina que un grupo fuertemente armado, y en contacto con las FARC, estaba dispuesto a dar su propia vida en una lucha contra el sistema que los ahogaba económicamente.

    Lo valioso de Orquesta Roja es justamente la elección de un episodio con personajes que, al igual que las noticias, desaparecieron de las tapas de los diarios y de las pantallas de la televisión de un día para el otro, como si nada hubiera pasado. Pero más que el hecho en sí, se rescata aquí el papel de un canal televisivo cuyas placas rojas se nutren de casos resonantes y de una radio a la que escucha todo el país. La historia decae un poco en el último tramo, igual que el hecho que generó una noticia que no era tal; quizás esto sea adrede, para demostrar así las debilidades del sistema informativo.

    Material audiovisual de archivo, charlas, testimonios directos e imágenes recreadas construyen una historia que fue mitad verdad, mitad mentira y que, pese a esto último, sirvió para mantener una audiencia alta. Orquesta Roja es una verdadera evidencia para todos los que se dedican a investigar el alcance de los medios y su influencia en la opinión pública.
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  • Yuki y Nina
    Yuki y Nina
    A Sala Llena
    Una historia con poesía

    Además de enfrentar el divorcio de sus padres, Yuki deberá separarse de Nina, su amiga incondicional. Las dos niñas, con apenas nueve años, intentarán huir de esa realidad que se acerca y cambiará sus vidas para siempre. Juntas planean escaparse; una aventura que significará mucho más que una picardía infantil.
    Los vínculos entre padres e hijos y la amistad pura entre dos niñas es el tema sobre el cual gira este film, en el que predominan la ternura e inocencia. Nobuhiro Suwa, director de documentales y largometrajes como 2/Dúo, Una pareja perfecta, After War entre otros, se une al actor Hippoyte Girardot (quien se destacó en films como El primer día del resto de nuestras vidas, Un mundo sin piedad, entre otros tantos) y ambos logran relatar una historia sensible y sutil desde la mirada de la pequeña Yuki –Noë Sampy-.
    Los padres de Yuki (protagonizados por Tsuyu y el mismo Girardot, en el papel de Frederic) deciden separarse y la niña deberá mudarse a Japón junto a su madre. La nena no logra comprender que el amor se acabe y que no haya posibilidades de revertir la situación. La angustia y la tristeza que esto provoca la lleva a que junto con Nina –Arielle Moutel- busque la manera de evitar lo inevitable. Así, luego de hacer lo imposible para impedir el divorcio, huyen hasta internarse en un inmenso bosque que parece no tener fin. Al menos así, piensan, salvarán su amistad.
    La caminata en medio de la naturaleza se convierte en una enorme metáfora; ¿están perdidas en un bosque? ¿Qué es el bosque? A medida que las protagonistas se adentran entre los árboles y pasa el tiempo –imposible saber cuánto- la mente de Yuki se va transformando. La toma de la pequeña parada frente al sendero que la lleva afuera y la escena posterior en Japón transforman la historia en un juego simbólico. La niña consigue huir de su confusión; el regreso al bosque es la vuelta a la realidad, con los pensamientos más claros (aquí la iluminación y los colores brillantes son importantes). El reencuentro con su padre es el fortalecimiento del vínculo, que a pesar de las fronteras no se romperá jamás.
    La sencillez con que se muestra la vulnerabilidad de los más pequeños ante las decisiones de los adultos hace de este un film tan sensible como profundo. Si hablar de lazos y sentimientos no siempre es fácil, mucho menos lo es para los niños. En este caso, son las actitudes las que hablan por sí solas; el lenguaje que predomina es el no verbal y la poesía, que tan bien sabe de amor, tristeza y pérdidas, se plasma en ricas imágenes de amistad, cotidianeidad y viaje interior.
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  • Ni dios, ni patrón, ni marido
    Derechos, amor y poder, en voz femenina.

    Dos historias se mezclan en este film de Laura Maña, actriz y directora. Como actriz, participó entre otras en Rosamanta, Nowhere, La teta y la luna; como directora, sus trabajos más recientes son La vida empieza hoy y Morir en San Hilario. En Ni Dios, ni patrón, ni marido nos muestra una época en la que mujeres y hombres no tenían los mismos derechos; los patrones eran tan explotadores como ricos –la brecha con los obreros era enorme- y los trabajadores debían soportar todo tipo de presiones.

    Virginia Bolten –interpretada por Eugenia Tobal- se rehúsa a seguir el modelo impuesto por la sociedad; es rebelde, anarquista y con una personalidad fuerte y fuera de lo común. Encuentra en Buenos Aires el lugar ideal para llevar adelante su militancia, cuando a través de su amiga Matilde –Laura Novoa- se entera del injusto despido que sufre una obrera de la fábrica de hilados en la que aquella trabaja, y que pertenece a uno de los hombres más ricos de la ciudad –Jorge Marrale-. A partir de allí se entrelazan personajes y vidas; Bolten forma un grupo de mujeres que buscan lo mismo que ella. Hay entre las voluntarias desde obreras, amas de casa y hasta una encumbrada cantante lírica.
    El film es una mezcla de historia de amor con lucha de poderes; ideologías encontradas y un trasfondo político oscuro. Es el retrato de una parte de la historia argentina de fines de 1800. El relato se concentra en mostrar la pasión de aquellas mujeres que debieron enfrentar a hombres manipuladores y duros obstáculos. Con un elenco de lujo, se destacan Esther Goris –que además participó en el guión-; Marrale, en un papel terrible en el que es difícil imaginar pero que lleva adelante como solo un actor con su experiencia puede hacerlo. Lo mismo pasa con Fanego, cuya interpretación convence al punto de que desde el inicio compone a un personaje fácilmente detestable.
    Hay recursos cinematográficos que potencian las cualidades de los personajes más fuertes, como algunos planos y ángulos. Por otro lado, las tomas de Marrale con sus empleadas “preferidas” son ejemplo del poder absoluto al que las mujeres eran sometidas. La iluminación de las escenas –como también la oscuridad en varias de ellas- acentúa algunos rasgos de un ambiente hostil y opresivo.
    La debilidad de Ni Dios, ni patrón, ni marido está en la trama, que al principio está enfocada en los ideales de Bolten y en cómo los lleva adelante, para luego volcarse más hacia la historia de amor y engaños entre los personajes de Goris, Furriel y Fanego. El guion no es lo suficientemente fuerte como para que una de las dos historias prevalezca o como para que cada una alimente suficientemente a la otra y se hagan indispensables entre sí a favor de lo que el film pretende contar. Más bien parece necesaria la parte amorosa para sostener una película en donde además se quiere resaltar la faceta anarquista y feminista de uno de los personajes, sin que este último tenga el suficiente peso como para ser el tema principal.
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  • Comer, rezar, amar
    Comer, rezar, amar
    A Sala Llena
    Interminable búsqueda

    Una mujer que cambia rotundamente su vida; de un matrimonio convencional y estancado, pasa a una intensa búsqueda. Atreverse nuevamente a amar implica atravesar un camino difícil, pero animarse a transitarlo puede tener su recompensa.

    Julia Roberts encarna a una Liz cuya vida parecía perfecta; pero detrás de su sonriente rostro escondía a una mujer insatisfecha. Luego de poner fin a su matrimonio, decide buscar el equilibrio y la paz interior que tanto necesita. Para ello emprende un viaje a los lugares que cree le darán lo que no tiene. Así, comienza por Italia y allí aprende a estar consigo misma. Las amistades que allí encuentra le ayudan a disfrutar nuevamente de los placeres cotidianos; comer sin cargo de conciencia es uno de ellos.

    Luego llega a un santuario en India, en donde aprende a rezar. Paradójicamente, en el lugar en donde adoran a una mujer de carne y hueso, busca y encuentra a Dios.

    Cuando logra perdonarse sus propios errores parte hacia Bali, en donde se encuentra con un viejo hechicero que había predicho su destino. Es entonces cuando encuentra el amor, aunque deberá luchar consigo misma para permitirse disfrutarlo.

    Basada en la novela del mismo nombre de Elizabeth Gilbert, el film muestra un cuento bastante endeble y por demás extenso. La fragilidad de la protagonista se traslada a la historia, que hasta las aventuras en Italia se sostiene; pero la trama, en un intento de hacerse densa, se torna repetitiva y pesada.

    La fotografía es buena y el hecho de transcurrir la acción en culturas diferentes permite mostrar un colorido que le da vida al relato. Los paisajes naturales le aportan algo de frescura y liviandad, la misma con que son tratados los temas trascendentales. En cada destino la protagonista entabla relaciones de amistad que van mostrándole sus puntos débiles y fuertes; pero son muchos lugares, amigos y varias historias; demasiados argumentos para una sola película.

    La actuación de la mujer bonita es buena pero no sobresaliente; Bardem en cambio convence un poco más en su papel de hombre que ronda los cincuenta, ya maduro y con una historia de vida fuerte sobre sus hombros.
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  • El Rati Horror Show
    Lapidaria denuncia

    Con un ácido humor que roza lo negro y con muchísima ironía, Enrique Piñeyro descubre a través de este documental una oscura trama de manipulación, tergiversación y abuso de poder. Un hecho confuso, una persecución inexplicable, inocentes muertos y un hombre condenado a treinta años de cárcel; una historia tremenda cuyo peor pecado es ser tomada como normal.
    El caso de Fernando Ariel Carrera es digno de un film policial de ficción con todos los condimentos; pero lo llamativo es que pertenece a la vida real. Piñeyro (director de Fuerza Aérea Sociedad Anónima, Whisky Romeo Zulu, Bye Bye Life) toma como pruebas todo lo que queda de la causa (muchas de ellas fueron borradas o fraguadas); entre ellos videos, testimonios de testigos, documentación, etc. y pone al descubierto un caso que no es otra cosa que gatillo fácil y corrupción policial y judicial.
    El caso es estremecedor y el director no escatima en mostrar las evidencias. El documental revela una investigación concienzuda y se pone del lado del acusado. Plagado de ironías, el film provoca risas nerviosas, propias de aquellas que reconocen una verdad amarga. A través de mapas, maquetas, grabaciones, escritos y filmaciones Piñeyro indaga, razona y se pregunta lo obvio. Los recursos utilizados rozan el grotesco, como la situación misma: los muñecos que representan a los jueces, las balas que atraviesan la carne. Aunque el ritmo es ágil, hay abuso en la intervención del mismo director. Por un lado, esto provoca la sensación de subestimación de quien mira el film; pero por el otro, podría pensarse que Piñeyro se dirige hacia los mismos jueces y policías durante estas intervenciones; en este último caso, sus razonamientos pormenorizados están justificados.
    El Rati Horror Show es audaz e inteligente; apunta directamente al corazón del deterioro de un sistema perverso y contaminado. Una denuncia concreta sobre un hecho inmoral.
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  • Une affaire d'amour
    Las relaciones personales y los sentimientos más profundos parecen ser los temas que más atractivos resultan al director de este film, Stéphane Brizé (No estoy hecho para ser amado, Entre Adultes). Aquí, los protagonistas de la historia son Jean (interpretado por Vincent Lindon) y la maestra de escuela de su hijo, Mademoiselle Chambon (encarnada por Sandrine Kiberlain, varias veces nominada a mejor actriz). Ambos se conocen cuando Jean se ocupa de llevar y traer a su hijo Jérémy (Arthur Le Houérou) al colegio. Espontáneamente surge entre ellos una inmensa atracción que crece muy de a poco, con la misma sutileza que caracteriza al cine francés.

    La película se centra en el debate interno que se plantea Jean, quien debe decidir entre seguir sus impulsos o mantener la compostura y continuar adelante con su vida, su esposa y su rutina. El albañil y esposo perfecto es un hombre poco expresivo, encerrado en sí mismo; lleva una vida normal pero monótona. La aparición de la maestra provoca cambios en él que repercuten en su relación con el entorno. La esposa es quien sospecha lo que le pasa al marido, pero no hace nada para retenerlo.

    Los protagonistas (que en la vida real están casados pero formalmente separados) tienen una personalidad reservada. Si bien la maestra es un poco más extrovertida y es la que toma la iniciativa –quizás por ser más joven-, ambos hablan poco. En esta relación tan frágil, los sobreentendidos y los gestos tienen más protagonismo que el diálogo.

    Un elemento importante durante todo el film y que ayuda a crear un relato denso y profundo es la música, en la que prevalecen los violines acompañados de un piano. Además de ser parte importante del argumento, este recurso está utilizado para crear ambientes, acompañar sensaciones, expresar lo que las palabras no muestran por estar ausentes. Sobre todo casi al final, en uno de los momentos de mayor tensión, la música es protagonista. En un fabuloso in crescendo hace que la tensión llegue al máximo nivel, generando un clímax perfecto.

    Es llamativo el uso que hace el director de paisajes, entre escenas, en los que siempre hay árboles moviéndose por el viento constante. Quizás sea esta la manera que encontró para representar los cambios que se van produciendo en el interior de Jean: hay algo nuevo en su vida que lo arrastra; rompe con su rutina y debe replantearse lo que viene.

    Con el ritmo lento característico del cine francés, pero oportuno y preciso, Une Affair d’amour es un film que escarba en lo más profundo del alma de los personajes, en sus miedos, deseos y sus anhelos. Pero el director se arriesga demasiado; no hay indicios que hagan pensar que lo que sienten los protagonistas es verdadero amor, sino más bien una fuerte atracción y el deseo de poseer lo prohibido por un lado, lo nuevo y diferente por el otro. Así, el final que estética y cinematográficamente está muy bien logrado, se vuelve predecible.
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  • Amor a distancia
    Amor a distancia
    A Sala Llena
    Erin (Barrimore) y Garret (Long) se conocen, pasan tiempo juntos y de a poco van enamorándose. Pero saben que su historia tiene fecha de vencimiento porque Erin debe volver a San Francisco, su ciudad natal a terminar sus estudios, justo en el lado opuesto del mapa. Ambos saben cómo son las cosas y deciden tomárselo con calma; pero no cuentan con que lo que sienten uno por el otro irá creciendo y que las cosas se complicarán.

    Amor a distancia es una típica comedia romántica norteamericana, en la que los personajes se enamoran, deben separarse, van y vienen hasta que deben tomar una determinación. Sin mucha originalidad pero con algunos atisbos de humor, la historia de Erin, una estudiante de periodismo con futuro y Garret, quien trabaja en una compañía discográfica en Nueva York, logra atrapar por momentos aunque las situaciones sean esperables.
    Con varios aviones de por medio que los llevan a cada uno a la ciudad del otro, ambos se dan cuenta de que es muy difícil mantener una relación seria viviendo en los extremos opuestos de un enorme país. Por ello, hacen todo lo que esté a su alcance para mantenerse juntos, superando crisis, celos y tentaciones.
    Con lugares comunes, buena música, sin actuaciones destacables y con una trama bastante simple, la historia (primera ficción de la documentalista Nanette Burstein) logra mantener la atención con escenas que ponen toques de humor, en las que intervienen la hermana de la protagonista (Applegate), una mujer casada y superprotectora, y los amigos del novio (interpretados por Sudeikis y Meester).
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  • El ambulante
    El ambulante
    A Sala Llena
    Por amor al arte

    Un pueblo, un hombre, una cámara, una historia. El ambulante es el documental que rescata de la ignorancia y revaloriza el trabajo que Daniel Burmeister realiza desde hace años por los pueblos del interior. En su auto, viejísimo y casi deshecho, el hombre lleva a los habitantes de los lugares más recónditos ilusiones y la posibilidad de participar de una actividad a la que, de otra manera, no tendrían acceso: ser parte de una película.
    En una historia que empieza con la llegada de Burmeister a través de una ruta polvorienta y termina cuando éste se va, El Ambulante recoge su experiencia en Benjamín Gould, un pueblo situado a más de trescientos kilómetros de la ciudad de Córdoba. El hombre, aficionado del cine artesanal, tiene historias escritas por él mismo que lleva adelante en un trabajo de alrededor de un mes, a cambio de casa y comida. Con mucha sencillez, este es un film adentro de otro; es el trabajo de Daniel hecho película.
    Para concretar el proyecto participan todos los habitantes del lugar, desde niños hasta los más ancianos. La oportunidad que estos films brindan a los pobladores va mucho más allá de ser actores por unos días; como ellos mismos cuentan al final de la historia, los preparativos y la filmación en sí les permiten interactuar y conocerse más entre ellos, despierta el sentido de la comunidad, provoca encuentros y los enriquece como personas. En lugares en donde el cine no existe, el hecho de vivir en carne propia un rodaje permite a los pobladores tomar contacto con esta actividad, ser parte de él y del proceso que conlleva. Así, los mismos actores son maquilladores, sonidistas, camarógrafos.
    Con un relato muy simple pero a la vez profundo que provoca cercanía, De la Serna, Marcheggiano y Yurcovich construyen un emotivo retrato del interior argentino, poniendo de relieve la simpleza, naturalidad y calidez de lugares que, de otro modo, pasan
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  • El hombre de al lado
    Una pared, dos mundos.

    Una pared puede significar más que la división de dos propiedades. Dos mundos diferentes; dos miradas de la vida, distintas maneras de encarar las cosas; dos personas opuestas entre sí unidas y a la vez enfrentadas por el mismo muro. El encierro de uno y la amplitud del otro, que arquitectónicamente son explícitos, contrastan con la apertura y el encierro de sus mentes y corazones. Abrir un agujero en esa pared tendrá consecuencias impensadas.
    El increíble actor y dramaturgo Rafael Spregelburd encarna a Leonardo, un joven y talentosísimo diseñador de muebles que vive en el lujo y la comodidad de una casa exclusiva, amplia, cuyos enormes ventanales le permiten tener una vista incomparable. Al lado está Víctor, un vendedor de autos usados cuyos modales no se parecen en nada a los de Leonardo. Daniel Aráoz (con amplia trayectoria en teatro, cine y televisión) interpreta de manera brillante a Víctor, un hombre bastante vulgar, poco educado pero directo, que sabe lo que quiere y no parará hasta conseguirlo. Lo único que tienen en común es una pared en la que Víctor quiere hacer una ventana para poder tener un poco más de luz. Ya en los primeros mazazos la vida de Leonardo se altera; desde la relación con su mujer hasta su trabajo.
    El film, ganador de múltiples festivales, es una mirada sarcástica y aguda sobre dos modos de vida diferentes. El foco del relato está puesto en las reacciones de los dos personajes principales y en cómo cada uno va modificando en parte al otro. Se trata de su evolución en relación con el entorno; de poner en evidencia las necesidades de cada uno y con ello sus sentimientos, pesares, miedos y sobre todo sus miserias. El egocentrismo absoluto de uno y la personalidad manipuladora del otro chocan y dan pie a un juego psicológico que los dejará en evidencia.
    Tanto las personificaciones como las escenografías juegan un papel más que importante en un film crudo, durísimo, pero que con mucha inteligencia utiliza el humor y el sarcasmo para pintar una situación que se convierte en límite. La banda sonora se destaca, matizando con profundidad en cada sonido y en cada silencio, las escenas. Los colores, aunque solamente al principio están expuestos –el blanco y el negro de las paredes- son fundamentales e invitan al juego de la interpretación. Lo que es blanco esconde lo oscuro, y lo negro pasa por todos los matices, terminando si no en blanco, en un gris muy claro.
    Con textos incisivos, los personajes van armándose y tejiendo una trama densa y oscura. El diálogo que Leonardo pretende mantener con su hija –que se convierte en monólogo- es la expresión de una personalidad tan encerrada en sí misma que no permite establecer relación ni siquiera con su propia sangre.
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  • El encanto del erizo
    Hermosa historia sobre la vida misma.

    Los encantos y desencantos que implica la vida pueden acarrear decisiones determinantes. Una niña de once años, la portera de su edificio y el nuevo vecino japonés se encuentran y van entrelazando sus historias. En el medio, lo habitual va tomando otros colores y transformando a cada uno de los personajes. Lo que aparenta ser de una manera tiene un lado oculto, pero se manifestará solamente para aquellos que quieran descubrirlo.

    Paloma es inteligente, curiosa y mucho más madura de lo esperable para una niña de su edad. Pertenece a una familia de ricos; materialmente no le falta nada, pero tiene otras carencias. Con una madre depresiva, un padre casi ausente y una hermana mayor que la ignora, siente que su realidad no la satisface. Está decidida a suicidarse el día de su cumpleaños, no sin antes dejar testimonios del por qué de su resolución en una cámara de video en la que graba el día a día de quienes la rodean. Mientras hace la cuenta regresiva de lo que le queda de vida, va plasmando en papel lo que pasa por su interior. Algunos de sus dibujos cobran vida, otorgando un sentido más poético y profundo a la visión de la jovencita. La pequeña actriz (Garance le Guillermic) se desenvuelve con una soltura tan natural que logra dejar al desnudo todas las sensaciones de su personaje.

    Renée, la portera (interpretada maravillosamente por Josiane Balasko) es el personaje más gris de la historia. Dura y áspera por fuera (como la cubierta del erizo), esconde tras esa máscara a una mujer delicada, fina y sensible. Convencida de que debe cuidar el modelo esperable de “portera” para no perder su trabajo, mantiene distancia con los que están a su alrededor y esconde sus exquisitos gustos y hábitos. De a poco, va abriendo sus puertas a Paloma y al nuevo vecino, el señor Kakuro Ozu.

    Kakuro (Togo Igawa) es también un hombre sensible, y es quien descubre en sus nuevas amigas lo que cada una de ellas lleva adentro. Tranquilo, observador y con un ritmo propio las revaloriza y provoca en la mujer y la niña la posibilidad de manifestarse y tomar conciencia de ellas mismas.

    El relato, ópera prima de la directora y guionista, se construye a través de los ojos de estos tres personajes, que van cambiando y madurando a medida que avanza el film. Los hechos que se presentan modifican sustancialmente la percepción que cada uno de estos seres tenía del otro y el sentido de la vida se resignifica para cada uno de ellos. La banda sonora acompaña los momentos de cada uno de los personajes, marcando además su personalidad y sus cambios. El encanto del erizo (basado en el best seller La elegancia del erizo, de Muriel Barbery) tiene crítica social, pero además habla de las relaciones, de la importancia de los detalles, de la vida y su significado y de la muerte. Es una historia contada con mucha simpleza pero a la vez es aguda, intensa y fuerte; moviliza y hasta perturba.
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  • Luz silenciosa
    Luz silenciosa
    A Sala Llena
    Hombres y mujeres que viven como perdidos en el tiempo, los miembros de la comunidad menonita en México buscan estar en paz, tanto con el exterior como con ellos mismos, aunque esto último parezca a veces inalcanzable. Con rigurosas normas que acatan sin discutir, los miembros de esta comunidad llevan una vida inusual. Pero Johan, quien está casado y tiene una familia numerosa, se aparta de estas reglas casi sin querer cuando se enamora de otra mujer. A partir de entonces entrará en conflicto con él mismo.
    Luz Silenciosa es una historia de luchas interiores; la que se debate en el corazón de Johan (interpretado por Cornelio Wall); la que lleva adelante su mujer Esther (Miriam Toews), porque sabe del amorío de su marido y aunque se siente atormentada no es capaz de hacer nada; y también la de Marianne (Maria Pankratz), en su afán por estar con el hombre que no le pertenece. Y todas estas luchas tienen su origen en la arraigada convicción religiosa de los involucrados, que no les permite tomar decisiones que los lleven por caminos diferentes.
    Reygadas, quien en su haber cuenta con Japón y Batalla en el cielo, tiene un estilo muy singular y en este film puede verse claramente: sus temas son las emociones, los sentimientos, tabúes, sexo. Le son propias además las tomas largas y el ritmo pausado, lenguaje que en este film cobran particular sentido; el relato no puede transcurrir de otra manera. Con escasos diálogos, mucho sonido ambiente y poniendo el acento en la belleza de las imágenes y la psicología de los personajes, la historia se desarrolla dejando al desnudo el alma de los protagonistas, que son interpretados por no actores. Almas puras como los paisajes que los rodean; corazones que aman y que sufren hasta morir, literalmente. Seres transparentes, simples, naturales, espontáneos. Rodeados por un ensordecedor silencio, en su sencillez, la comunicación entre ellos se hace difícil y esto los afecta aún más.
    Estéticamente impecable, la simpleza de los personajes se hace más visible en la profundidad del relato y su temática. Luz silenciosa es una visión tierna y sensible de una sociedad tan lejana como diferente.
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  • El hombre solitario
    Un relato pobre de un hombre que se queda sin nada.

    Entrado en la mayoría de edad y con graves problemas económicos, Ben debe enfrentarse a una realidad que no quiere aceptar. Sabe que solo no puede salir adelante, por lo que enamora a la hija de un hombre influyente en el negocio de la venta de autos, actividad en la que se destacó tiempo atrás. Pero su inmadurez le juega una mala pasada y termina traicionando a la mujer que estaba dispuesta a ayudarlo, acostándose con su propia hija. A partir de allí el personaje que interpreta el reconocido Michael Douglas vivirá una serie de situaciones que deberían obligarlo a replantearse su modo de vida.
    Una historia que podría profundizar en la psicología del personaje principal y detenerse en la crisis que sufre el hombre que conoció la riqueza y el éxito (tanto con las mujeres como con los negocios) se queda en la superficialidad de las desventuras de un personaje cincuentón que no sabe cómo tomar las riendas de su vida. Sin esfuerzo sabe caer simpático desde el principio y logra así mezclarse en fiestas y reuniones de estudiantes universitarios, en donde aprovecha para intentar seducir a las jóvenes que tanto le atraen. Pero es inescrupuloso y la edad le juega en contra, por lo que el ambiente se convierte en hostil para él. Sin embargo, el hombre no asume que ya no está para enamorar a mujeres veinte años menores que él, que debe cuidar de su salud y sobre todo, que tiene roles –de esposo, padre y abuelo- que cumplir.
    El film narra una tras otra las andanzas de Ben y los esfuerzos que su ex esposa (Susan Sarandon) y su hija Susan (Jenna Fischer) hacen para que supere sus problemas (tanto económicos como emocionales y de salud), aunque sin resultados.
    El personaje que interpreta Douglas parece no tener límites ni códigos; por momentos es gracioso, pero a la misma vez patético. Más interesado en el sexo que en él mismo, parece no querer entender que los suyos lo quieren y están dispuestos a aceptarlo. Una historia superficial en un relato demasiado básico. La oportunidad de indagar en la crisis masculina de quien envejece se pierde en tanta aventura caprichosa.
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  • Hansel & Gretel
    Hansel & Gretel
    A Sala Llena
    Cuando lo encantado no siempre es lindo.

    El centenario cuento de los hermanos Grimm se renueva en esta historia fantástica y macabra. Eun-soo (Chun Jeong-myoung) es un joven que sufre un accidente en su auto cuando pasaba por el bosque; a razón de los golpes pierde la conciencia. Al despertar es hallado por Kim yuoung-hee (interpretada por Shim Eun.kyoung), una misteriosa niña con capa igual a la de Caperucita Roja, que lo lleva a su casa del bosque. A partir de allí, todo parece irreal y se convierte en una narración cíclica que aturde y por momentos asfixia.

    Las posibilidades que ofrece el género fantástico están explotadas al máximo en este relato, en el que con mucha creatividad se insertan referencias de otros cuentos de las mismas características. Así, el mito del niño que no quería crecer de Peter Pan, la ya mencionada niña que camina por el bosque, que además está encantado; el camino que se marca con migas de pan, como en el original del mismo nombre que este film –de este también los dulces, entre otros elementos- arman una historia nueva con resabios viejos, dejando como resultado un terrible film que a veces recorre el terror, otras el suspenso, otras incluso el policial.

    El director eligió signos fácilmente identificables que aluden a la infancia y a las pesadillas que la asedian para crear ambientes y potenciar la macabra atmósfera de enigmas. Así, el altillo que parece interminable y desconocido, las cabezas de muñecas de porcelana, los payasos en la repisa, los peluches que se desparraman sobre las camas son indicadores de que nada de lo que allí ocurre es normal; o al menos, es esperable que se desencadenen hechos extraños.

    Hansel y Gretel es un film exquisito; el ritmo puede pasar de muy rápido a muy lento sin incomodar y provocando efectos precisos en el espectador. Los sonidos que acompañan a cada una de las tomas les dan sentido y agregan significado. La música inquieta, perturba en ciertos momentos e intensifica la tensión. Las luces, por otra parte, demuestran un estudio minucioso del resultado que se busca en cada escena y recrean una atmósfera densa y tenebrosa o liviana y muy artificial cuando el film lo requiere.

    Si bien es una película intensa y el interés se mantiene prácticamente durante todo el tiempo, este decae bastante durante el largo flash back –por demás explicativo- en el que puede verse el pasado de los tres niños que habitan aquella casa. Seguramente si el director no hubiera incorporado ese fragmento, el resultado hubiera sido igual de bueno.

    Hansel y Gretel es interesante y sorprende; además, tiene la particularidad de dejar en quien la ve la sensación de que es necesario analizar las relaciones que a diario se construyen entre adultos y niños; de tener en cuenta su vulnerabilidad y plantearse que cada acción y cada palabra puede dejar en los más pequeños huellas imborrables.
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  • Otro entre otros
    Otro entre otros
    A Sala Llena
    La minoría alza la voz.

    Un documental básicamente testimonial, enriquecido con fotos y algunas filmaciones caseras, habla sobre la discriminación que sufre la minoría de una comunidad que suele mostrarse como abierta a la pluralidad y la tolerancia, derechos fundamentales que a ellos mismos les son negados desde años inmemoriales en todo el mundo.
    Cuatro miembros de la comunidad judía se hacen cargo de su homosexualidad y deciden hacer frente a las cámaras y contar su experiencia. A través de sus relatos se van descubriendo las inflexibilidades y debilidades en el seno de un enorme grupo que desde siempre ha luchado, puertas afuera, por la igualdad y la diversidad. Los jóvenes que prestan su testimonio intentan, en un acto de valentía, sentirse nuevamente integrados a su grupo de pertenencia.
    Las historias de Gustavo, Daniel, Diego y Dan conmueven; entre ellas hay marginación desde la niñez, burlas que sufrieron por parte de sus pares, indiferencia, pérdidas a causa del HIV y hasta el suicidio de la madre de uno de ellos. Los relatos son frescos, naturales, y lejos de centrarse en sentimentalismo apasionado son sencillos pero fuertes.
    Otro entre otros muestra además las repercusiones que el sinceramiento de los protagonistas tuvo en el círculo íntimo de algunos de ellos. Los amigos y las familias que sufren e intentan salir adelante en algunos casos, o que se niegan a la verdad en otros.
    El film es un intento de echar luz sobre una realidad a la que es imposible escapar o hacer oídos sordos. No se trata solamente de asumir la homosexualidad en la comunidad judía, sino también de reconocer que quienes son objeto de discriminación también segregan. Si se asume esta verdad, seguramente se podrá mejorar la realidad de la colectividad toda.
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  • La mirada invisible
    Tan terrible como profunda.

    Reprimida tanto sexual como socialmente y obsesiva en su trabajo, María Teresa cumple a rajatablas la tarea que Biasutto, el jefe de preceptores, le encomendó. Si alguien rompe una regla, ella debe saberlo. Julieta Zylberbeg interpreta maravillosamente a una mujer cuya vida empieza y termina en la casa que comparte con su madre y abuela y en el Nacional Buenos Aires, en donde trabaja como preceptora. Inmersa en un sistema oscuro, siniestro y rígido, va transformándose en un personaje tan perverso como todo lo que la rodea.
    Con una mirada muy original y contextualizada en los últimos meses de la dictadura, Lerman –quien paradójicamente nació el 24 de marzo de 1976- centra la historia (basada en Ciencias Morales, la novela de Martín Kohan) en la perversión y el abuso de poder en lo que él mismo llama una “microcélula” de lo que pasaba en el país. El colegio Nacional Buenos Aires porta una fuerte tradición de educación liberal y erudita; de él salieron, como afirma el mismo Biasutto (una interpretación brillante de Osmar Nuñez) los padres de la patria.
    El punto de vista del film es la de una mujer de veintitrés años que vive totalmente ajena a la realidad política e ideológica que le son contemporáneas. Es una preceptora que no pertenece a la misma clase social de los estudiantes de la institución; sin embargo, esta situación no le impide tratarlos de manera impersonal.
    El personaje de María Teresa muta en el transcurso de la trama; la inocente y obsesivamente responsable trabajadora encuentra la manera de obtener el placer que la vida no le da. A través de las rendijas por las que espía surgen sus represiones y a la vez, su liberación. En sus persecuciones, todas intentos por cumplir con su deber y agradar a su superior, cae en una trampa de la que no puede salir sin una determinación radical.
    El jefe de preceptores encarna a un sistema que está a punto de caer, pero asimismo sostiene sus ideas a toda costa. Repite constantemente el discurso que lo sostiene en su puesto; es parte de la brutalidad que hay afuera –que no se ve, pero se trasluce- y traslada al colegio una guerra que ya está perdida. Biasutto es un personaje oscuro y siniestro desde el principio hasta el final –tremendo- de la historia.
    Es interesante el contraste entre planos cortos de la joven con los amplísimos que muestran el edificio del colegio, cuyas columnas, paredes y mármoles son símbolos de impenetrabilidad, rigidez, estabilidad. Los primeros dejan ver y sentir el encierro en la mente de la protagonista; los segundos en cambio, la muestran débil, pequeña, casi un elemento más del decorado.
    La exquisitez estética de La mirada invisible se enriquece además con los alumnos, que se confunden con el edificio mismo que los contiene, trasladándose así hacia ellos el sentido de la inflexibilidad y el autoritarismo absolutos.
    La originalidad del film se potencia por el tratamiento diferente de una época que es recurrente en el cine nacional. Si bien hay contextualización histórica (la película comienza con un título que explicita que lo que allí ocurre transcurre en marzo de 1982), las alusiones a lo que ocurría entonces están presentes todo el tiempo en el relato, pero sin mostrar ni hablar explícitamente de desaparecidos ni torturados; no hace falta. Con un ritmo pausado en su justa medida, La mirada invisible es una mirada diferente que vale la pena ser vista.
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  • London river
    London river
    A Sala Llena
    Un film marcado por la angustia muestra una búsqueda desesperada y una verdad insoportable. Elizabeth Sommers, encarnada por Brenda Blethyn y el señor Ousmane –en una interpretación excepcional de Sotigui Kouyate- pertenecen a culturas y religiones absolutamente diferentes. Inglesa y protestante ella, africano y musulmán él, comparten la terrible experiencia de no saber en dónde están sus respectivos hijos (Jane y Alí). Elizabeth contactó a Jane por última vez dos semanas antes del comienzo de la historia; Ousmane no ve a Ali desde que este tenía seis años, pero su madre le pide ayuda porque no tiene noticias de él desde hace varios días.

    La historia se desata a partir de los atentados ocurridos el 7 de julio de 2005, en los que extremistas suicidas hacen explotar bombas en medios de transporte público en Londres. A partir de allí comienza una búsqueda que parece interminable, pero con una luz de esperanza siempre prendida.

    Es entonces cuando Sommers y Ousmane se cruzan, se desencuentran, se juzgan, se comprenden, se acompañan. Y comparten los peores días de sus vidas.

    London River es un film de búsqueda en muchos sentidos: de los hijos desaparecidos, del equilibrio, de la tolerancia y de la fuerza interior. Los dos protagonistas son completamente dispares entre sí; sin embargo, de a poco descubrirán que esas diferencias son justamente lo que juntas los hace fuertes y capaces de seguir adelante.

    Una película dolorosa, inquietante; una historia posible. Con excelentes actuaciones y un ritmo adecuado a la historia, London River no tiene desperdicio.
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  • Chloe
    Chloe
    A Sala Llena
    Catherine siente que la edad empieza a jugarle en contra y ya ni siquiera puede seducir a su propio esposo. Su autoestima desciende a pasos agigantados, contrariamente a lo que pasa con su vida profesional, en la que se desenvuelve segura y con pasos firmes. David, su marido, se deja absorber por una carrera que le insume tiempo y viajes, lo que hace más grande la distancia que va separándolo de su esposa. Entre ellos Chloe, una bellísima y delicada joven prostituta. Se genera así un triángulo que incluye pasión, drama, erotismo y un no tan incierto final.

    Julianne Moore (Las Horas, Lejos del Cielo, entre otras) interpreta magníficamente a Catherine, una ginecóloga en plena crisis que desconfía de la fidelidad de su esposo (no sin motivos) y está dispuesta a cualquier cosa para comprobar su hipótesis. Es una mujer fría y calculadora que vive (literalmente) en una caja de cristal. Su enorme casa circundada por inmensos ventanales de vidrio se ve vacía y poco cálida, tal como está su interior. Catherine mira hacia afuera a través de sus transparentes paredes; sin embargo, esta costumbre no deja que sus ojos distingan entre lo que realmente ocurre y lo que cree que pasa, presa de su pobre auto percepción. Chloe (Amanda Seyfred, protagonista de la reciente Cartas a Julieta) se siente sola y busca alguien que pueda entenderla y contenerla verdaderamente. Ambas mujeres se cruzan y entre ellas surge una relación que va cambiando a medida que avanza la historia. Lo que en un principio es negocio se convierte en obsesión para una y en pesadilla para la otra. Tanto que el lazo implica a toda la familia de Catherine, de la manera menos pensada. David, el esposo de Catherine y que personifica Liam Neeson (quien protagoniza La Lista de Schindler, Brigada A, Cinco Minutos de Gloria, entre muchas otras) es un hombre bastante maduro que no entiende lo que ocurre a su mujer y cae también en la desconfianza. Entre ambos la rutina y las presiones generaron una profunda incomunicación que ganó terreno, echando por tierra la pasión que los unía al principio. Por eso, y convencida de que David ya no siente lo mismo por ella, Catherine acude a los servicios de Chloe para que lo seduzca; así comprobaría que a su esposo le gustan más las mujeres jóvenes y por eso ya no repara en ella. Pero de a poco los relatos de la prostituta despiertan sentimientos y sensaciones que la doctora tenía olvidados. De pronto los tabúes que impedían a la mujer sentir y experimentar dan paso al deseo y erotismo.

    Moore se luce en una interpretación impecable en la que deja surgir desde adentro lo que se ve en sus expresiones, sus poses, gestos y se transmite incluso en su voz y hasta en su respiración. El trabajo de Neeson es destacable también; es un hombre que parece esconder su verdad todo el tiempo, pero sin embargo sus gestos demostrativos hacia la esposa son convincentes. Seyfred se luce en un papel que al principio parece transparente y hasta inocente; mas luego se transforma y deja traslucir a una mujer tan seductora como peligrosa.

    El film, cuya historia transcurre en la fría Toronto, es un drama que ahonda en la psicología de los personajes; la trama deja al descubierto los miedos a los que este matrimonio de muchos años debe enfrentar cuando la vida cotidiana asfixia y el tiempo deja sus marcas en el cuerpo.
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  • Cinco minutos de gloria
    Una fuerte mirada

    Odio, muerte, culpa, resentimiento. El sur contra el norte; católicos contra protestantes. Irlanda es gris, fría; sus calles son campo de batalla que el ejército custodia desde camiones ocupados por uniformados armados. Un joven todavía adolescente y un niño unidos por el peor de los recuerdos. Un asesinato, la mirada atónita; otra vez culpa, arrepentimiento, resentimiento.

    Alistair Little (Liam Neeson) pertenece a los Voluntarios de Ulster; con solamente 17 años es capaz de hacer lo que sea necesario para lograr reconocimiento entre los suyos. Es así como, en venganza por las amenazas que reciben los protestantes, recibe la misión de matar a un católico. Es su primer asesinato y elige para llevarlo a cabo la compañía de sus mejores amigos. Decidido va a concretar su trabajo, sin advertir que Joe Griffin, un niño de no más de once años, está a su lado en el momento de los disparos. El pequeño es el hermano menor de la víctima, que sin poder reaccionar, ha visto sin querer todo lo que ocurrió. A partir de allí la vida de ambos quedará marcada para siempre.

    Si bien el conflicto irlandés es punto de partida de esta historia, el relato se mete en las profundidades de los protagonistas de la escena más dura de todo el film, cuyo clímax alcanza cuando ambos, asesino que acaba de hacer su trabajo y testigo involuntario, cruzan sus miradas y así se quedan por unos segundos casi eternos. Hay en los ojos de ambos miedo, horror.

    Neeson compone al personaje que treinta años más tarde de ocurrido el suceso busca encontrar la paz que jamás tuvo desde entonces; sabe que obtener el perdón de Griffin (interpretado por James Nesbitt) será casi imposible. Para ello intenta un acercamiento a través de un programa televisivo. Joe, por su parte, busca vengarse del hombre que no solamente le quitó a su hermano, sino que desencadenó además una serie de tragedias familiares que terminaron destruyendo a él y a los suyos.

    Little es un hombre solitario y callado; su casa es fría y está totalmente vacía, como su alma. Lo delatan la tristeza que lleva en sus ojos y en sus gestos cansados. Apesadumbrado, sabe que el daño que causó es grande y trata de sobrevivir con eso. Es paciente, sombrío. Griffin en cambio tiene esposa e hijos, aunque el dolor que tiene adentro no le permite sentir más que soledad. Tiene los nervios a flor de piel, es frontal y está constantemente exaltado. Su respiración entrecortada se escucha continuamente, generando una sensación de claustrofobia casi insoportable. Ambos están deshechos por dentro.

    Oliver Hirschbiegel (quien además dirigió, entre otros, El experimento y La caída) arma la historia a partir de flash backs y paralelismos que van y vienen, construyendo de a fragmentos lo que pasó treinta años antes y el presente. Prácticamente no hay música durante todo el film, pero sí se escuchan clara y fuertemente las respiraciones de los hombres protagonistas. Además de la de Joe, la de Alistair Little cuando se prepara en su casa antes de salir a cometer el crimen. Se enfatizan también sus movimientos repetitivos, los juegos con el arma; son signos de una tensión que crece tanto en las imágenes como en la trama.

    Las interpretaciones son brillantes y la tensión dramática casi constante; solamente al final del film esta última se diluye, pero le agrega a la vez profundidad. Lejos de poner en evidencia convicciones ideológicas, Cinco minutos de gloria se detiene en lo más importante: las personas, la manera en que estas sobrellevan su propia historia y cómo las decisiones determinan la propia vida.
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  • Vincere
    Vincere
    A Sala Llena
    La distorsionada imagen de un Mussolini ejemplo de padre de familia, hombre íntegro y esposo abnegado, y que fuera ya tema de otro film (El secreto de Mussolini, dirigida por Fabricio Laurenti y Gianfranco Norelli), es retomado por Bellochio en Vincere. Pero el foco de atención en esta película son los padecimientos que tuvo que sobrellevar una de sus amantes, Ida Dalser, con quien el dictador se casó y que además fuera la madre de Benito Albino, el hijo que tuvo con el Duce y de quien poco se supo porque el régimen se encargó de mantener oculto.

    Bellochio, en cuya filmografía plasma una constante crítica social y política, muestra en este trabajo un profundo estudio sobre el verdadero Duce y el poder político en la Italia de la década del ’20. La historia permite remontarse fácilmente a la Roma de aquellos años, ya que hay una cuidadosa recreación de la ciudad y ambientación a través de las escenografías, además del vestuario, lo cual evidencia un minucioso estudio de la época. Documentos audiovisuales que se insertan en la trama agregan veracidad y dan testimonio del contexto político en el que transcurre el relato.

    La ilimitada ambición y egoísmo de un Mussolini inescrupuloso, interpretado por Filippo Timi (In Principio Erano le Mutante, Aprimi il Cuore, entre otras) lleva a la abandonada pero perdidamente enamorada Ida Dalser (Mezzogiorno, quien protagonizó entre otras La ventana de enfrete y La Bestia Nel Cuore), a hacer lo imposible para que el marido reconozca la unión entre ambos y acepte al hijo que tienen en común. La desesperación de la mujer y su incomprensible rebeldía ponen en peligro la imagen del Duce, por lo que éste toma una inesperada determinación. La suerte del hijo (también interpretada por Timi) termina siendo similar a la de su madre.

    El relato narra el sufrimiento opresivo de la Dalser de manera descarnada, además de la lucha sin sentido que esta lleva adelante por conseguir lo que sabe que nunca logrará. El apasionamiento de Ida contrasta con la frialdad inimaginable de Mussolini; la oscura personalidad de él se refleja en la vida derrumbada de ella, quien se expone hasta la humillación. Ambas interpretaciones son complejas, precisas; más que convincentes. Las tomas y planos refuerzan la personalidad de los personajes. Las escenas en los grandes espacios acentúan la debilidad de los perdedores.

    Asfixiante por momentos, Vincere es cruel, realista, tremenda. Pese a ello, de a ratos la atención decae; la sensación es que algunas escenas son redundantes y sobran. Sin embargo, vale la pena no perdérsela.
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  • Mi villano favorito
    Malo, pero no tanto.

    Un film divertido e ingenioso en el que el protagonista es, como rara veces ocurre, un villano. El malvado Gru quiere robar la luna, algo que desea lograr desde que era pequeño. Para ello necesita un arma muy poderosa que empequeñece objetos; pero esta está en manos de Vector, su enemigo de siempre. Así, espiando al otro malo del film, descubre a tres niñas huérfanas que venden galletas en el bunker en el que necesita entrar. Entonces intentará tener a las niñas para llegar a su arma a través de ellas.

    Gru es hijo de una madre exigente a la que nada de lo que él hace parece satisfacer. Desde pequeño trata de impresionarla, pero sin embargo ella se encarga de hacerlo sentir fracasado y con muy poca autoestima. Detrás del personaje de villano se esconde un adulto inmaduro, que disfruta de sus maldades como un niño de sus picardías. La madre está caracterizada por un personaje caricaturesco, que demuestra signos de educación aunque con mal carácter y ambición. Se entromete en la casa –y en la propia vida- del hijo, como si éste no hubiera crecido todavía.

    A partir de la irrupción de Margo, Edith y Agnes –las tres huérfanas que adopta Gru- en la vida del protagonista, el personaje va evolucionando y madurando. Aparecen en él signos de cariño y necesidad de protección, y se asoma de a poco a una paternidad que irá descubriendo a costa de sacrificios y de las demostraciones que las mismas niñas le harán. De ser un malo común, Gru se va convirtiendo de a poco en un personaje interesante, querible; diferente del corriente de los villanos.

    La casa de Gru es una extensión de su personalidad; por fuera se ve oscura, abandonada, rodeada de pasto seco en un barrio de jardines impecables. Por dentro esconde muchos secretos; entre armas e inventos (desarrollados por el Dr. Nefario, un científico loco que trabaja con él) viven también seres amarillos pequeños, que son a la vez ayudantes y conejillos de indias de Gru y Nefario. Allí las niñas deberán luchar por encontrar un hogar. La casa de Vector, en cambio, es sofisticada y futurística; controlada electrónicamente parece una fortaleza imposible de violar. La profundidad con que cada imagen está lograda, sumado al tratamiento en 3D, amplía el sentido que cada ambiente tiene.

    La música que acompaña tanto las aventuras como los momentos más sensibles del film, no solamente agrega ritmo a las escenas, sino que las refuerza haciéndolas más divertidas, vertiginosas, o más nostálgicas según cada necesidad.

    Si bien Mi Villano Favorito es un film de villanos, hay en él muchos momentos de humor y de ternura. Divertido, no faltan las escenas en donde el vértigo y el suspenso están presentes.
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  • Policía, adjetivo
    Policía, adjetivo
    A Sala Llena
    Sistema y mediocridad vs. ética y conciencia

    Cristi es un joven policía que pasa días enteros persiguiendo a un adolescente, porque sospecha que vende drogas. Hay algunas evidencias de ello, como las colillas que quedan en los lugares públicos o sitios valdíos en los que el sospechoso se reúne a fumar con dos amigos más. Cristi las analiza, y algunas de ellas corresponden a sustancias tóxicas. Pero el policía no tiene certezas de nada y su conciencia no lo deja arrestar al chico, ya que si lo hace por error, el perjudicado pasaría los mejores años de su vida encerrado en la cárcel.
    El film remite a lo que llaman algunos “realismo documental”; el director pone el interés en seguir, con pocas cámaras, al protagonista en sus largas caminatas por las calles (Cristi, en una muy buena representación de Dragos Bucur, quien protagonizara también La Muerte del Señor Lazarescu). Sin decorados ni iluminación que remita a ningún otro significado que el de la vida real, las tomas –larguísimas algunas- muestran el panorama de una ciudad fría, con habitantes de clase media y baja que luchan por sobrevivir día a día. Pocos actores y cortos diálogos van construyendo una realidad en la que prima un sistema mediocre con una administración burocrática cuyos empleados parecen estar muy solos, cada uno cumpliendo con su trabajo sin que a los demás les importe; solamente hay que seguir los reglamentos.
    En una primera y superficial visión, la historia transcurre sin que pase nada; sin embargo, ese es el punto: parece que no pasara nada, pero mientras tanto Cristi lucha internamente por tomar la decisión correcta (arrestar o no al joven) y externamente, por convencer a sus superiores de que no es momento de tomar medidas drásticas porque no hay pruebas suficientes. Lo novedoso de Policía, Adjetivo reside en el climax, que ocurre casi al final durante una discusión lingüística en la que se debate no solamente el significado de las palabras (tales como conciencia, ley, policía, etc) sino también el poder de decisión de cada uno de los que la protagonizan (el policía y su superior, quien representa al sistema).
    Además de la visible inacción en la que solamente se ve al protagonista caminando por las calles, el problema que presenta este film es el sonido, que en lugar de ir coordinado se adelanta a las imágenes. Por ello, entender qué dice quién se hace dificultoso; sobre todo si se tiene en cuenta que los actores no hablan un idioma familiar.
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  • Cuentos de la selva
    La revuelta de la selva

    Los mismos directores de Martín Fierro, la película optaron esta vez por una historia basada en los cuentos de Horacio Quiroga, con sus personajes y lugares típicos. En la selva misionera vive una comunidad de animales variados que corre peligro porque “la bestia”, como ellos llaman al Hombre, está terminando con los árboles y la comida. El yaguareté y los cocodrilos son los primeros en darse cuenta de la situación; pero mientras el felino trata de advertir a los demás, los otros trabajan por su lado. Pronto el resto de los animales toma conciencia y tratan de detener juntos al destructor.

    El film se centra en un mensaje claro y explícito: es necesario respetar y cuidar la naturaleza, ya que sin ella la vida es imposible. Habla de las especies en extinción, de las que están ya extintas, pero también de la posibilidad de frenar este mal y de las bondades del trabajo en equipo. Mediante cuidadosas y artesanales técnicas de animación y pintura, se plasma en la pantalla una diversidad de plantas, árboles y cursos de agua característicos de la zona recreada. Entre los protagonistas de la historia hay una pareja de coatíes, monos, una lechuza, un loro, flamencos, serpientes, un oso hormiguero, el yaguareté y cocodrilos. Hay además un grupo de hombres que desforestan la selva, entre los cuales están el señor Oncade (trabajador obsesivo que responde al inescrupuloso Davius) y su hijo Tomy. El niño tiene ocho años y se hace amigo de los animales; representa la esperanza y el futuro, significados que se transfieren a la historia para llegar a un final feliz.

    Cuentos de la selva habla de manera muy simple de temas importantes que necesariamente despiertan la necesidad de tomar conciencia. Pero no logra despertar mayor interés –quizás sí lo haga en niños muy pequeños, que estén en edad preescolar-, por varios motivos. Por un lado, los personajes parecen haber sido realizados hace muchos años atrás, cuando no se contaba con las actuales técnicas que otorgan dinamismo y posibilidades de creación de movimientos gráciles. Se eligió en este caso para su diseño las máscaras con las que los pueblos originarios representan a los animales autóctonos; una idea valiosa pero poco atractiva para niños que están acostumbrados a las animaciones del estilo de las de Disney. Sumado a ello, Oncade y su hijo se parecen mucho a los play mobil, muñecos rígidos, sin forma ni gracia.

    Quienes dieron sus voces a los protagonistas, por otra parte, no logran una composición unificada. Tobal pone la voz a la coatí Ki y transmite euforia y optimismo continuamente; pero Abel Pintos (el coatí Ku) no acompaña y parece siempre deprimido y sin fuerzas. El guión, además, no ayuda; es débil y varias líneas de texto parecen caprichosas. Se transforma así en un relato que aburre.

    A pesar de los errores y decisiones poco acertadas, seguramente el mensaje llegará al corazón de todos los niños; quizás también puedan, en el futuro, verse los resultados.
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  • Partir
    Partir
    A Sala Llena
    De amor, coraje y tragedia

    Suzanne (Kristin Scott Thomas) tiene alrededor de cuarenta años y una vida casi perfecta; es esposa de un médico que le dio todas las comodidades materiales y un excelente pasar económico. Sus hijos, por los que ella dejó de lado su profesión para poder dedicarles todo su tiempo, son ya adolescentes. Suzanne quiere retomar su carrera, y aunque para su esposo Samuel (Yvan Attal) esto es un capricho, él le pone un consultorio propio. Allí conoce a Iván (Sergi López), un albañil simple, pobre, amable, del que pronto se enamora.

    Personalidades detalladamente marcadas son las de los protagonistas de Partir. La historia relata la vida de una mujer que tiene todo, pero se ahoga; necesita vivir su propia vida, valerse por sí misma y demostrarse (a sí misma como a su marido) que ella es alguien y puede sola. A Suzanne se la ve débil, vulnerable, pero interiormente tiene una fortaleza y valor que asombra. Su marido es un hombre exitoso, tanto profesional como socialmente. Tiene claro que puede lograr lo que quiere y que es el dueño absoluto de todo, incluso, de la vida de su mujer. Es posesivo, machista y con un autoritarismo que disimula con gestos de condescendencia. En el otro extremo está Iván, un hombre trabajador que día a día debe luchar por su sustento. Estuvo preso muchos años y tiene una hija pequeña a la que su ex mujer no deja ver más que de vez en cuando. Iván se cruza en el camino de Suzanne en el momento en que ella se da cuenta de que sus hijos ya no la necesitan como antes y de que su vida no le es suficiente.

    La directora –quien en otros filmes ha demostrado su interés por las heroínas- elige en este caso poner el centro de atención en el drama que la mujer debe enfrentar para lograr su propósito. La dependencia económica de Suzanne con respecto a Samuel es lo que hace casi imposible a la protagonista alejarse completamente del marido, a tal punto, que llega incluso a robar en su propia casa para poder subsistir.

    La escenografía del film está cargada de significados, como para que no queden dudas del contexto en el que ocurre lo que allí se cuenta. La casa de Samuel es grande, sofisticada, cara, pero fría, casi vacía; sus paredes anchas y los ventanales de vidrio dan una sensación de encierro, la misma que siente Suzanne por dentro. La de Ivan en cambio es pequeña y lo que ella contiene es tan simple como su dueño; pero es suficiente como para sentir calidez. Nada más hace falta; se tienen el uno al otro.

    Las escenografías aportan más valor aún. Caminatas junto al mar, una casa abandonada, la naturaleza, tomas amplias al aire libre; evocan la libertad y distención que los amantes sienten al estar juntos. Opuestos son los planos que abundan cuando Suzanne está con el marido: son más cortos, acrecentando la idea de encierro y poder de uno sobre la otra.

    Partir es una historia de amor como las de las novelas clásicas. La protagonista se enamora y deja absolutamente todo, sin importarle nada ni nadie, por ir tras su amante y sentirse plena. El amante la contiene y siente culpa por las miserias que ella debe pasar. El marido engañado, por su lado, siente odio e impotencia porque acaba de perder algo –en este caso alguien- que le pertenece y para peor, le hace frente y se atreve a retarlo. El final, tremendo, es una muestra de que el amor siempre triunfa, a pesar de lo que cueste.
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  • Chéri
    Chéri
    A Sala Llena
    Una historia de amor poco convincente.

    Una cortesana a punto de retirarse por su edad y un joven a punto de entrar en la adultez. Amor, frivolidad, pasión; todo ello se mezcla en una historia que ocurre en la Francia de principios de siglo. El film pone de manifiesto la vida acomodada que llevaban las prostitutas de aquella época en París, cuyos clientes eran hombres ricos. Ellas cosechaban fortunas a costas de estar con personalidades políticas importantes o pertenecientes a la realeza, pero a sabiendas de que enamorarse era un lujo que no podían permitirse.

    Léa de Lonval (Michelle Pfeiffer) es una de estas mujeres que, ya mayor, recibe de parte de su ex compañera de trabajo, Madame Peloux, el encargo de educar al hijo de aquélla, un joven de diecinueve años al que llaman Cherí (Rupert Friend), y que Léa conoce desde pequeño. Él acata las órdenes de su madre, sin saber que terminaría conviviendo con Léa durante seis años, y mucho menos, enamorándose ambos uno del otro. La relación se termina cuando Peloux (Bates) arregla el casamiento de su hijo con otra mujer. A partir de allí deberán los protagonistas luchar por lo que sienten o aprender a sobrellevarlo.

    La ambientación del film es exquista; desde las calles de París hasta los interiores, tanto de los hoteles como de las palaciegas residencias, revelan un estudio minucioso de la época. Lo mismo podría decirse del vestuario, que da cuenta no solamente de la época sino también del nivel económico de los protagonistas.

    Pero más allá de esto, el argumento se queda en lo superficial y no logra profundizar en los sentimientos de los personajes ni indagar en su psicología. Friend logra componer a su personaje pero Pfeiffer no acompaña demasiado. Hay al principio, además, una voz en off que contextualiza lo que vendrá después, pero el tono de esta carece de seriedad, por lo que no se entiende si el film será una comedia, un drama o un romance.

    Una historia demasiado lineal que no aprovecha la infinidad de recursos de relato que ofrece el cine. Un argumento pobre, con actuaciones frías que no convencen demasiado.
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  • La Pivellina
    La Pivellina
    A Sala Llena
    Asia es demasiado pequeña, demasiado vulnerable; con apenas dos años (o casi) ya debió enfrentar el abandono de su madre y adaptarse a un nuevo hogar, con rostros, voces y brazos extraños. Sin embargo tuvo suerte; quienes la acogieron se encariñaron con ella y la harán sentir única.

    Patty (Patricia Gerardo) es artista de circo y vive en una casa rodante con Walter, su marido (Walter Saabel). Los acompaña además Tairo (Tairo Carodi), un adolescente de 14 años que desde que era niño, cuando sus padres se divorciaron, vive en el mismo terreno baldío en su propio rodado. Es la mujer la que encuentra a la niña y la lleva a vivir con ellos, y entre todos forman la familia que no son.

    Con una estética que remite al documental (género en el que usualmente trabajan los directores), esta cruda pero delicadísima historia relata con sutileza una realidad tremenda, la de los niños abandonados por sus propios padres. En esta oportunidad, tanto Covi como Frimmel optaron por mostrar una cara diferente de Italia: la de la pobreza, la marginalidad y la desesperación. Pero esta contrasta a su vez con las almas generosas y el amor incondicional de los que menos tienen; en este caso, un grupo que sale de lo común por su estilo de vida.

    Con tomas largas que denotan tranquilidad, el relato se desarrolla a un ritmo lento, pausado; pero no por eso menos denso y profundo. Naturalistas por momentos y explícitamente trabajadas con filtros en otros, las escenas son cálidas y sutiles. El rojo en sus diversas variantes está constantemente presente, desde el cabello del personaje de Gerardo, pasando por alguna prenda, hasta la atmósfera que los rodea en los ambientes en los que juegan y comparten momentos especiales con la niña.

    Patty y Walter tienen muchas diferencias entre sí (además de la edad); aunque interiormente parecen idénticos. Tairo, el joven que adopta a Asia como a su propia hermana, ve en ella reflejada su historia y se encarga de hacerla sentir querida y cuidada. Los tres mayores componen personajes creíbles, verdaderos; sin embargo, se destaca Patricia Gerardo, quien traslada a su rostro y su cuerpo el sentimiento de pena que le despierta la niña.

    Asia se desenvuelve ante las cámaras como si pudiera entender lo que debe contar; puede verse en ella el trabajo que debieron realizar antes los directores y actores para guiarla con tan buen resultado.

    Lo que en La Pivellina se cuenta es una historia de amor, de lazos incondicionales y de lo que es capaz el ser humano cuando las intenciones y el corazón son buenos.
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  • Veronika decide morir
    Drama y romance para poco exigentes.

    Veronika es joven, lindísima, con un trabajo que muchos quisieran tener y dueña de su propia vida. Pero está sola, deprimida y ve su futuro como un negro camino del que la única manera de escapar es suicidándose. Tras el primer intento es internada por sus padres en una clínica psiquiátrica, en donde conoce a distintos personajes que despertarán su curiosidad. Allí también deberá luchar por (o en contra de) su salud, su vida y lo que pueda venir después.

    Al principio el film promete ser audaz; la voz en off de la protagonista –que interpreta Sarah Michelle Gellar, a quien se vio durante siete temporadas como protagonista de Buffy, la cazavampiros-, va introduciendo al espectador en la psiquis en constante desmoronamiento de la protagonista. De pronto el ritmo, junto con la música que se vuelve estridente, cambia y va de lleno a una situación de incertidumbre, vértigo y mareos. La escena del suicidio es trágica; aturde e incomoda.

    Pero pronto lo acelerado pierde vertiginosidad; tal vez sea por la historia misma, ya que el tratamiento al que se somete a Veronika tiene su propio tiempo. Pero lo que se vislumbraba al principio se diluye para pasar de ser un film psicológico y dramático a una historia romántica.

    Hay aquí abundantes lugares comunes y situaciones con resolución esperable. Salvo al principio, pocos son los recursos expresivos propios del lenguaje cinematográfico, por lo que la narración termina siendo una más. Sin embargo, son destacables las actuaciones, tanto de Gellar como de Melissa Leo (en el papel de Mari, otra de las internas pero casi recuperada), la de Thewlis (el psiquiatra, correctamente compuesto) y en menor medida de Tucker (quien interpreta a Edward, otro interno que se acerca a Veronika y con quien establece una relación especial).

    De todos modos, es destacable lo que cada personaje va descubriendo de sí mismo y a través de los demás; el sentido de la vida y si vale la pena el intento de vivirla se resume en la frase que casi al final se escucha decir al psiquiatra, en la que alude a la necesidad de vivir cada día como un milagro.
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  • El recuento de los daños
    Una rebuscada historia es la que cuenta la misma directora de Extranjera y Cómo pasan las horas. Retomando a los griegos –de quienes, según confesara en entrevistas a distintos medios, le interesa su visión del mundo- mezcla en El recuento de los daños el complejo de Edipo, las heridas que quedan aún sin cerrar desde la última dictadura militar y la vida que debe afrontar una viuda –Eva Bianco, en una interpretación impecable- que acaba de perder a su esposo en un accidente en la ruta, con dos hijas –Agustina Muñoz, quien se destaca, y Dalila Cebrian- y una fábrica que depende de ella y su hermano.

    Los personajes que componen la historia (de los que no se sabe ni los nombres) son sombríos, fríos, tristes; parecieran no poder comunicarse entre ellos. ¿Una historia de amor? ¿Una viuda que debe sobrellevar la fábrica que antes manejaba su marido? ¿Un hijo y una madre que se conocen? ¿Una madre y un hijo que se enamoran? La respuesta a cualquiera de estos interrogantes puede ser el tema sobre el cual gira este film. O no; o tal vez un poco de cada uno. La trama se hace compleja y lo que al principio parecía ser resulta que no es. El peso de cada uno de los posibles focos de interés se diluye cuando se mezclan tragedias antiguas y actuales de manera caprichosa. Lo que sí puede afirmarse es que queda claro en este film que las acciones de los hombres (los que gobernaron durante la dictadura, los que robaron bebés, el que dejó un auto sin señalización al costado de la ruta, y la lista sigue) tienen irremediablemente consecuencias que son inimaginables. Los daños son a veces muy grandes y repercuten en demasiadas vidas.

    La directora juega con una estética que al principio promete ser interesante; las tomas largas y pausadas; los fuera de foco, los cuadros fuera de campo que parecen dar un punto de vista particular; todo se pierde pronto. Hay además demasiadas elipsis temporales que obligan a llenar esos espacios con la imaginación, pero tampoco este recurso es acertado. Sin embargo, la iluminación crea atmósferas densas y le imprime un misterio interesante al relato. El sonido es otro elemento destacable; en algunos casos llega antes que las tomas a las que pertenece. En otros se escuchan los ruidos fabriles de fondo de manera constante; en ambos casos se logra el ambiente adecuado para lo que vendrá.

    Lo que al principio parecía iba a ser una película interesante se convierte en una historia forzada, con resultado poco feliz. Demasiado riesgo puede traer, como en este caso, consecuencias nefastas. Una pena.
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  • Toy Story 3
    Toy Story 3
    A Sala Llena
    Al infinito… ¡y más allá!

    Esta vez con Andy convertido en adolescente, vuelven los juguetes más famosos en una nueva aventura. La historia es conmovedora, divertida y sumamente creativa; Woody, Buz, los señores cara de papa y sus amigos deben enfrentar esta vez lo inevitable: el niño con el que jugaban ha crecido y se prepara para ir a la universidad. ¿Qué será de ellos? ¿Irán al altillo? ¿A la basura? ¿Serán regalados a otro niño? ¿A una guardería? Los interrogantes hacen temblar a los muñecos, que a toda costa intentarán permanecer unidos y cerca de Andy.

    Si bien nunca hay como la primera de una saga de films, esta versión trasciende lo esperable. Y como para Disney parece no haber imposibles, el resultado es único. Es que el formato 3D crea una sensación de realidad que, al ser juguetes los protagonistas, hace que la historia sea un cuento fantástico que cobra vida, incluso para los adultos que pueden meterse de lleno en la aventura. Los personajes nuevos, entre ellos el “Oso cariñoso” con olor a frutas, la mítica “Barbie” y su pareja “Ken” son imperdibles; sobre todo la muñeca y su novio, estereotipos de adultos jóvenes pendientes de la imagen y la belleza.

    Más allá de la historia en sí, Pixar ha logrado con este trabajo algo muy interesante no solamente por el tema y el punto de vista desde el cual lo aborda, sino también por su estética. En cuanto a la temática, es allí en donde reside la fuerza del film; todos los niños crecen y se enfrentan al mismo dilema: lo que perteneció a su infancia y les dio diversión, compañía y seguridad va perdiendo importancia para dejar espacio a los nuevos desafíos. Es con estos puntos clave con los que juegan los creadores de Toy Story 3, generando un sentido de identificación con los espectadores de todas las edades que es crucial.

    Desde el punto de vista estético, parecen perderse los límites entre la ficción y la realidad. Hay escenas en las que puede sentirse el vértigo; en otras, la nostalgia invade la pantalla y es imposible no sentir una pena inmensa. En ellas las luces, el uso del color, el ritmo y la música crean momentos intensos; en este sentido, a modo de ejemplo, “Yo soy tu amigo fiel” es retomado con un significado más fuerte esta vez.

    Diversión, tristeza, nervios; todo ello puede sentirse durante todo el film que logra mantener en vilo a los espectadores hasta el final, imprevisto.
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  • Cómplices del silencio
    Durante el mundial de 1978 llega a Argentina Maurizio Gallo, un periodista deportivo italiano cuya misión es cubrir los partidos de fútbol para el medio para el cual trabaja. Apenas llega el hombre se reencuentra con la parte de su familia que había emigrado hacia estas tierras, y en seguida establece relación con Carlos, su joven primo interpretado por Tomás Fonzi. Ávido además por conocer Buenos Aires y para cumplir el pedido de un amigo que desde Italia le pide que entregue un paquete a su ex mujer, Gallo (Alessio Boni) conoce en seguida a Ana (Florencia Raggi), de quien se enamora.
    Es entonces cuando el periodista deja sus obligaciones a un lado para seguir a la argentina, que resulta ser integrante de un grupo de resistencia al gobierno militar. Pronto la historia se vuelve descabellada y el relato, bastante poco creíble, mezcla romance con una crítica al poder de aquellos años, pero de una manera desmesurada y poco eficaz.
    Escenas absolutamente previsibles, la recurrencia a lugares comunes, actuaciones exageradas por parte de quienes representan a los militares en el poder y situaciones forzadas, hacen de este film un resultado pobre y absolutamente tendencioso. Hay además escenas de violencia explícitas, innecesarias, que provocan rechazo y no agregan sentido al argumento.
    Si algo puede salvar a esta película son las actuaciones de Marrale y Leyrado, quienes brillan con su sola presencia. Fonzi, Terranova y Boni componen muy bien a sus personajes, pero el guión no es sólido y su trabajo no se luce.
    El final, por otra parte, además de inesperado resulta poco creíble y flojo. En fin; un film cuya trama se diluye pronto en una historia bastante rebuscada que sirve de justificación al discurso político, la crítica social y la asunción de una postura radical.
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  • Cartas a Julieta
    Cartas a Julieta
    A Sala Llena
    Una hermosa comedia romántica que habla básicamente de la búsqueda del amor verdadero, que puede encontrarse a cualquier edad y en el momento menos pensado. Pero también muestra la importancia de creer en la gente, de la honestidad, y la necesidad de sincerarse con uno mismo, reconocer errores y saber tomar decisiones acertadas a tiempo.

    Cartas a Julieta cuenta con un elenco bastante particular, ya que cada uno de los actores principales vienen de un país distinto; sin embargo, los sentimientos son un tópico universal y aquellos supieron hacer de sus diferencias un trabajo rico, luciéndose cada uno en su justa medida. Con interpretaciones bastante parejas, la historia narra el viaje a Italia que hacen Sophie (Seyfried, a quien pudo verse en Mamma Mia) y Víctor (García Bernal). Ya en su destino, la protagonista conoce a Claire (Redgrave, quien protagonizara entre otras La casa de los espíritus, Asesinato en el Expreso de Oriente, La Mansión Howard) quien se lanza en la aventura de encontrar a Lorenzo, quien fuera su primer y gran amor cincuenta años atrás (interpretado por Nero). Sophie acompaña a su nueva amiga, quien además viaja con su nieto (Egan). A partir de allí la búsqueda de la anciana se convierte en un viaje interior para Sophie, quien deberá replantarse su propia vida.

    El relato, que más bien recuerda a la narración típica del cine clásico, se sucede en medio de bellos paisajes italianos y está lleno de momentos románticos y acertados guiños humorísticos. Cartas a Julieta es una historia original, con un planteo profundo, abordado desde un punto de vista femenino.
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  • La última canción
    Sin peluca rubia y dejando de lado a su famoso personaje de Hanna Montana, Miley Cyrus interpreta a Ronnie, una rebeldísima adolescente enojada con su padre, Steve, por haberse ido de la casa luego de separarse de la madre de la joven. Son las vacaciones de verano y tanto Ronnie como su hermano menor deberán pasar tiempo con este padre. Steve (Greg Kinnear), preocupado por recuperar los lazos que lo unían con su hija, hace todo lo que está a su alcance para ganársela; incluso llega a componer para ella una canción en el piano. En el ínterin, Ronnie se enamora de Will (el australiano Liam Hemsworth). El es un joven rico que está perdidamente enamorado de ella desde el primer momento, y hace lo posible por acercarse a la chica.

    Desde que la adolescente llega al pequeño pueblo en donde vive su papá, se van sucediendo uno tras otros hechos lastimosos; cuando las cosas parecen encaminarse, nuevamente la tristeza aflora. De a poco, entre las intervenciones del romántico Will y los intentos de Steve, la dura y hostil Ronnie va perdiendo el camuflaje para transformarse en una chica buena, profunda, capaz de demostrar amor.

    Con muchos altibajos y un final previsible, el relato habla de perdón, amistad, de la familia y de la necesidad de dar una segunda oportunidad. La profundidad y el valor de estas temáticas se pierden en una actuación bastante pobre de parte de Cyrus, quien parece no hallar la manera de expresar lo que realmente pasa a su personaje, más allá de gestos antipáticos y poses poco femeninas. El resto del elenco no puede más que acompañar, y está claro que la idea era que la protagonista se luzca. Las escenas, además, son los típicos lugares comunes que pueden verse en cualquier film romántico de adolescentes (el vóley en la playa, la chica que vaga en el parque de diversiones de noche, la playa solitaria en la que se refugia mirando el mar, entre otras).

    La Ultima Canción se pierde en una trama con demasiados enredos e interpretaciones débiles. Sin embargo y a pesar de que la misma historia podría haber sido resuelta en menos tiempo y con ahorro de conflictos, es una propuesta válida para adolescentes poco exigentes.
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  • Ricardo Becher, recta final
    Basado en su propia experiencia como alumno y en testimonios de quienes compartieron desde diferentes lugares y en distintos momentos la carrera del cineasta Ricardo Becher, Tomás Lipgot rescata en este documental el trabajo de quien fuera su maestro.

    Con casi ochenta años a cuestas, el cineasta fundador del Neo expresionismo Digital –NeD- recuerda junto a sus afectos anécdotas y trabajos cinematográficos que marcaron su camino y dejaron muchos discípulos. El film lleva el mismo nombre de la novela (una de las tantas en su haber) que Becher está a punto de terminar en la actualidad.

    Con una estructura dinámica, se alternan testimonios del propio maestro, de su pareja, sus alumnos, compañeros y amigos con inserts de la propia obra de Becher (entre otros Tiro de gracia, El Gauchito Gil, la sangre inocente). Las conversaciones que el protagonista mantiene con todos los que lo rodean descubren una personalidad creativa, inquieta, inquisidora y productiva.

    Recta Final es interesante por el valor que el film encierra en sí mismo como documento único que mantendrá vivos tanto el legado como el espíritu de un hombre que no solamente dedica sus días al arte, tanto desde la escritura como desde el lenguaje cinematográfico, sino que además se preocupa por transmitir sus ideas y experiencias. Como en Fortalezas, el director deja bien claro que le interesa sacar a relucir la parte más humana de los personajes que aborda.

    Pero por otro lado y aunque todo esto tenga su propio peso, es cierto que la película es monótona para quienes no forman parte de esa comunidad particular que es la de directores, técnicos y guionistas. Poco uso hay en el film de recursos –más allá de los mencionados inserts- que permitan una apreciación más animada y amena; el resultado: una muy noble intención y una buena idea la de poner en valor una personalidad tan interesante como la de Beher. Sin embargo, aburre.
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  • Stella
    Stella
    A Sala Llena
    La difícil transición de la infancia a la adolescencia se hace aún más compleja para Stella (en una interpretación impecable de Léora Barbara), quien vive junto a sus padres en la misma casa que oficia de bar y hotelucho en donde pernoctan ebrios, hombres desocupados y otros que viven de la ayuda social del estado. En ese ambiente a veces hostil y casi siempre incomprensivo, la niña debe rebuscárselas para salir adelante y abrirse camino sola.

    El film está basado en la propia experiencia de su directora, Sylvie Verheyde, quien relata de un modo profundo y crudo la búsqueda en soledad de una adolescente que sufre la discriminación de sus pares por su baja condición social. La niña deberá arreglárselas para ser aceptada, para aprobar las materias del colegio de ricos en un ambiente al que no pertenece, y para superar las angustias que causan el crecimiento emocional, los desafíos, y hasta el primer amor.

    A través de un relato rico, los personajes que componen Stella –entre los que se destacan el fallecido Guillaume Depardieu y Melissa Rodrigues, esta última en el papel de la amiga argentina de la protagonista- son un claro ejemplo del mundo al que deberá enfrentar Stella: las diferentes personalidades, los intereses, la honestidad y deshonestidad, y hasta los más bajos deseos. Las valiosas actuaciones construyen un mundo complicado que, aunque por momentos pareciera no permitir una salida favorable a la protagonista, muestra que el esfuerzo tiene sus frutos. En este caso, la oportunidad es única y Stella sabrá aprovecharla. El ritmo, a su vez pausado pero en su justa medida, marca in crescendo cada vivencia de la niña y su lenta pero segura maduración. Los planos son precisos; la directora hace un correcto uso de un lenguaje que le permite realzar detalles y construir significados, llevando a los espectadores a ver más allá de lo que muestran las escenas. Asimismo, Verheyde deja libertad para la propia interpretación.

    Stella es realista, crudo, penetrante; es una realidad que moviliza a la vez que plantea la necesidad de analizar a fondo el papel de la escuela y del hogar como células fundamentales que deben trabajar de manera indisociada en la educación íntegra de los jóvenes y en su contención.
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  • Por tu culpa
    Por tu culpa
    A Sala Llena
    Julieta está cansada y parece que no da más; sin embargo, sigue y su día se hace elástico. La rutina la sobrepasa con obligaciones de madre, hija, esposa (quizás ex esposa o en ese camino; no sabemos bien) y el trabajo. Es una mujer como muchas; o mejor dicho, con la que fácilmente un gran número de madres puede sentirse identificada.

    Por tu Culpa es un film de corte intimista que muestra una noche cualquiera en la vida de una adulta joven, madre de dos inquietos niños que parecen tener pocos límites. La hora de ir a dormir se extiende con videos, play station y juegos. Pero el cansancio –de los hijos y la mamá- y la sobre excitación ganan y se produce lo inevitable: Teo, el menor (Zenón Galán) se golpea de manera brusca. Julieta (Erica Rivas) decide entonces dejar todo y salir a una clínica para corroborar que el incidente sea solo eso.

    Es entonces cuando se desata la pesadilla: Valentín (Nicasio Galán), el mayor de los niños, se descarga contra la madre delante del médico y la culpa del golpe de su hermano. Si antes Julieta estaba agobiada, ahora se sentirá desbordada e incapaz de resolver la situación.

    Tanta angustia y el peso de una rutina asfixiante parecen traspasar la pantalla a través de las imágenes de un departamento pequeño en el que se amontonan juguetes y se ve, al final del angosto pasillo, el desorden de los dormitorios. Primeros planos de largas tomas con el sonido de los videojuegos como fondo acentúan la opresión. La protagonista no da más, y por momentos tampoco los espectadores, para quienes los minutos parecen ser eternos, y no porque sí. Los gritos de los niños y las escenas perturban.

    La historia ocurre durante toda una noche. La cámara, que durante casi todo el film está en mano, acompaña en tiempo real los sucesos, logrando como resultado crispar los nervios.

    Dos méritos tiene este film. Uno es la historia que cuenta, que puede repetirse hasta el infinito en la sociedad de hoy. El otro es la interpretación de Rivas (El Corredor Nocturno, Toda la Gente Sola), que logra compenetrarse extraordinariamente en un papel que requiere verdadero talento. Sin olvidar, por supuesto, la mirada femenina de la directora, cuyas elecciones precisas dan el tono justo a un relato que denota la observación exhaustiva de todos los detalles.

    Por tu culpa habla de la falta de tiempo, de las rutinas asfixiantes, de los deberes que oprimen, de una madre angustiada que no puede ni con su propia vida.
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  • Regreso a la mansión Brideshead
    Un largo flashback invita a viajar en el tiempo y remontarse años antes de la Segunda Guerra mundial, cuando Charles Ryder (interpretado por Matthew Goode, a quien pudo verse en Match Point, Copiando a Beethoven entre otras), un joven de clase media cuya aspiración es ser un reconocido artista plástico, logra ingresar en Oxford. Es allí donde conoce a Sebastian Flyte (Ben Whishaw, cuyo trabajo más conocido sea quizás el papel principal que interpretó en El Perfume, historia de un asesino). La amistad que cultiva junto a Sebastian lleva a Charles a descubrir un mundo nuevo para él: el de la aristocracia inglesa, con sus privilegios y también su decadencia.

    El film muestra, a través de una cuidadosa ambientación, la sofisticación y el lujo de un estilo de vida que no logra atravesar la superficialidad de lo material. Una vieja y enorme mansión rodeada de interminables jardines alberga a una familia que se desintegra de a poco. La amistad casi enfermiza –y que supera todos los límites- que siente Sebastian por Charles; sus constantes depresiones, que lo llevan a refugiarse en el alcohol; los límites absolutos impuestos por una madre dominante (Lady Marchmain, interpretada por Emma Thompson) cuyos principios católicos no toleran las libertades que su hijo se toma; el amor incondicional de Julia, una hermana por demás sobreprotectora (Hayley Atwell, quien apareció entre otras en El sueño de Cassandra, de Woody Allen y en La Duquesa). Por otro lado, Lord Marchman (Michael Gambon) dejó a su esposa para vivir en Italia con su amante (Greta Scacchi, en el papel de Cara) situación esta que empaña aún más la reputación social de la familia.

    Regreso a la Mansión Brideshead es un relato con muchos personajes que conforman una trama densa pero que, sin embargo, conserva el hilo de la historia sin perderse en detalles innecesarios. El film es el retrato de la forma de vida de una clase social que se desploma sobre sí misma. El paso del tiempo no logrará dar a los personajes la oportunidad de tener la vida que realmente hubieran querido; los límites impuestos por la madre son en ellos como cimientos que los atan sin posibilidad de liberarse. Los años de amistad entre los Flyte y Charles marcarán, además, a cada uno de ellos para siempre.

    Si bien el film es profundo y muestra un análisis bien crítico de la sociedad que muestra, quizás por abarcar tantos años se vuelve por momentos pesado y se pierde el interés. Deja la sensación de que la misma historia podría haberse contado con unos cuantos minutos menos.
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  • Zenitram
    Zenitram
    A Sala Llena
    La historia del joven pobre y desconocido que de la noche a la mañana se convierte en héroe nacional —parecida a tantos casos de la vida real— es la que da pie a este increíble film, tan original como irónico.

    Zenitram es una historia fantástica que ocurre en la Argentina del futuro y que habla sobre temas reales: la falta de agua, la incursión de las grandes corporaciones internacionales en el país que van adueñándose de los recursos naturales; la explotación que hacen los medios de comunicación de los casos que salen de lo común y que ayudan a vender más ejemplares; la “avivada criolla” de quien ve en otro la posibilidad de ganar más dinero para sí mismo. Todo contado como si fuera una historieta —lo que permite que la mirada sea más suspicaz, irónica y crítica—, y con un protagonista (Juan Minujín, en el papel de Zenitram) que tiene que lidiar con los poderes que le fueron otorgados y que no sabe manejar muy bien.

    El héroe sale de los cánones a los que estamos acostumbrados: puede volar pero debe aprender a hacerlo bien; su nuevo papel político y social lo abruma; la fama y su nueva vida lo aturden y pronto acude a la cocaína para sentir que supera todo aquello que le produce miedo o vértigo.

    La película está basada en el cuento de Juan Sasturaín, quien también participó del guión. Si bien es una coproducción argentina, brasilera y española, Zenitram es argentino desde su origen, y eso queda bien claro a través del uso del lenguaje —tanto verbal como cinematográfico—; de las situaciones y la manera en la que se desarrolla la historia. Las situaciones que se plantean no hacen más que afirmar esta argentinidad. Por otro lado, tiene un elenco bastante heterogéneo; sin embargo, cada uno de los personajes parece haber sido escrito para los actores que los interpretaron.

    Zenitram es divertida, irónica, diferente; un film que seguramente dará que hablar.
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  • El mural
    El mural
    A Sala Llena
    La belleza del mural Ejercicio Plástico, creado por David Alfaro Siqueiros (interpretado por Bruno Bichir) con la ayuda de Lino Spilimbergo (Martín Salazar), Antonio Berni (Nahuel Cano) y Juan Carlos Castagnino (Javier Drolla) en el sótano de la mansión de Natalio Botana (Luis Machín) y todas las circunstancias que rodearon su realización, son el puntapié inicial de esta historia.

    Ambientada en la Argentina de los años ’30, El Mural relata el tiempo que pasó en nuestro país el extraordinario artista mexicano junto a su mujer, la bella y rebelde poetisa Blanca Luz Brum (Carla Peterson), cuando aquél fuera invitado por Victoria Ocampo a dar una serie de conferencias sobre arte en la Asociación que ella presidía. El muralista, quien además no había podido concretar su sueño de pintar en los silos del puerto, aprovechó la ocasión para exponer sus ideas comunistas y revolucionarias, por lo que las conferencias fueron canceladas.

    Es entonces cuando el ambicioso fundador del diario Crónica aprovecha la situación; ofrece al pintor casa y comida para que prolongue su estadía en el país y llevara a cabo la famosa obra en el lugar que luego destinaría a sus ratos de ocio.

    Blanca Luz no tarda en conquistar al mecenas de su esposo, y no duda en traicionar a Siqueiros. Botana se rinde ante la belleza de la escritora y en su propia casa engaña a Salvadora, su anarquista y depresiva esposa, encarnada de manera brillante por Ana Celentano.

    La densa trama en la que se mezclan infidelidades, pasión por la defensa de los ideales, política y corrupción involucra a muchos personajes. Todos son intensos y fuertes, encarnados por actores de trayectoria compenetrados en sus papeles. Es aquí en donde se evidencia la mano de un director que sabe lo que busca: a pesar de la cantidad de personajes y de sus complejas realidades, la línea argumental no se diluye sino que, al contrario, cobra fuerza y significado en cada uno de ellos.

    La belleza está presente durante todo el film a través de una puesta en escena impecable. La música, la iluminación, ambientación, el vestuario… Es estética pura cuidada al detalle. Absolutamente todo en este film demuestra el trabajo impecable del consolidado Héctor Olivera —director de La Patagonia Rebelde, El Caso María Soledad, Ay Juancito, entre muchas—, capaz de llevar a la pantalla una verdadera obra de arte.
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  • El plan B
    El plan B
    A Sala Llena
    Zoe —Jennifer Lopez— es una mujer soltera que no se da permiso de enamorarse y comprometerse seriamente por razones que carga desde su infancia. Sin embargo, quiere una familia y por eso decide someterse a una inseminación artificial. Pero ese mismo día conoce a quien no tardará en conquistarla y convertirse en su pareja perfecta: Stan, encarnado por Alex O’Loughlin. A partir de allí, se desarrolla una historia que comienza al revés de lo recomendable en la vida real.

    Si bien la idea no es descabellada sino más bien actual y muy posible, el film no pasa de ser una comedia que apenas despierta alguna sonrisa. El guión es bastante endeble y además, abundan las situaciones que rozan el ridículo. Ni los consejos de Mona, interpretada por Watkins (Grey’s Anatomy, Californication), que tratan de traer un poco de cable a tierra a los sentimientos y temores de su amiga Zoe, como tampoco la actuación de O’Loughlin (protagonista, entre otras, de la comedia australiana Oyster Farmer, que le valió dos premios como mejor actor) logran salvar el film. Es que Jennifer Lopez deja claro, durante todo la película, que lo que mejor sabe hacer es música y perfumes.

    El Plan B es una comedia más, recomendable solamente para aquellos que necesitan pasar un rato mirando algo sin exigir absolutamente nada. Quienes gustan del buen cine, en cambio, se aburrirán casi desde el principio.
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  • Eva y Lola
    Eva y Lola
    A Sala Llena
    Sabrina Farji, directora de Cuando Ella Saltó y también guionista de Felicitas, cuenta en Eva y Lola la historia de dos amigas bien diferentes entre sí, pero con un pasado en común. Ambas son hijas de desaparecidos; Eva lo sabe, vive con un tío sobreviviente de la ESMA, y busca saber más sobre su origen. Lola en cambio, creció en una familia apropiadora y en medio de mentiras. Ambas se esconden en un mundo de fantasías que ellas mismas crearon; pero la verdad no tardará en salir a la luz. Eva lucha por lograr que su amiga asuma su verdadera historia y se haga cargo de su propia identidad.

    La felicidad, el amor y el saber quién es cada uno las llevará por un difícil camino, en el que se cruzarán antiguos rencores, sentimientos, reencuentros. A medida que la trama avanza, la directora deja bien claro que el olvido de los años recientes no es una opción, y que reunir nuevamente a los hijos y nietos de los desaparecidos debe estar entre las prioridades de la sociedad argentina.

    Tanto Celeste Cid –la Julia de Resistiré- como Emme –que en cine trabajó en El Niño Pez- en su papel de Lola, logran unos personajes tan creíbles como queribles. Eva es una chica sensible pero fuerte a la vez; sabe lo que quiere y no para hasta lograrlo. Lola también es susceptible y la verdad la aturde; se siente sola y su amiga es para ella una hermana.

    Eva y Lola tiene una estética muy cuidada, especialmente las escenas del circo en donde los personajes principales dejan volar su imaginación y se sumergen en el ensueño. La música que acompaña al film, sobre todo a los números circenses en los que las mismas protagonistas cantan, tienen una fuerza movilizadora.

    La historia es buena; sin embargo y sin soslayar su importancia, el tema de los hijos y nietos podría haber sido abordado desde otro punto de vista, más creativo, para evitar caer en una historia más entre tantas.
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  • Pesadilla en Calle Elm
    Vuelve el hombre de la cara llena de cicatrices que acecha en los sueños; otra vez quedarse dormido puede llevar a la peor de las muertes; regresan las peores pesadillas muchos años después de la primera de la saga iniciada en 1984 y que marcó una época del cine de terror.

    De la mano del director Samuel Bayer (más conocido por dirigir video clips musicales y spots publicitarios de importantes marcas), el famoso personaje de los dedos terminados en cuchillas regresa en una remake bien lograda, en la que los efectos especiales y el derramamiento de sangre abundan.

    Esta vez es Jackie Earley Haley (Secretos Íntimos)- quien se pone en la quemada y desfigurada piel de Freddie Krueger, que persigue y aterroriza a un grupo de adolescentes. Sus víctimas son los hijos de aquellos que años antes lo quemaron vivo, en venganza por los abusos que aquél cometió contra los entonces niños.

    Esta vez, el film está enfocado en mostrar quién es Freddy, qué pasó con él, por qué tiene ese aspecto y finalmente, qué busca. Para ello lleva a sus víctimas a través de sus sueños al lugar en donde ocurrieron los hechos. El film es un constante ir y venir al pasado y presente, en donde lo real y lo onírico se mezclan, traspasando todos los límites. Así, ya no hay sueño ni realidad; el sueño es lo real.

    Con buenos efectos especiales, en donde los avances digitales marcan presencia, el film evoca tomas y escenas que recuerdan a la primera de las Pesadillas. El sonido de las cuchillas y la voz de ultratumba de Krueger hacen lo suyo y aportan terror. Los sobresaltos y sustos son más fuertes al principio; en algunos momentos son bien previsibles, pero aún así logra mantener el suspenso.

    Pesadilla en la Calle Elm es una buena oportunidad para que los fanáticos de aquella saga de los ochenta revivan el terror en una película con acción y una buena dosis de sangre.
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  • Dos en uno
    Dos en uno
    A Sala Llena
    Jean-Christian (Daniel Auteuil) es contador y trabaja para una multinacional. Tiene una vida común, casi intrascendente para el resto de sus compañeros en la firma. Su rutina se ve alterada cuando de repente, luego de protagonizar un accidente, cambia para siempre su vida. El estresado contador descubre que en su cabeza habita alguien más; es Gilles Gabriel, un cantante que en los ’80 tuvo días de gloria, y que supuestamente acaba de fallecer en el mismo accidente que provocara Jean-Christian.

    Compartir el cuerpo es el primero de los obstáculos que ambos personajes deben sortear; el trabajo y una presentación fundamental para su carrera apremian y presionan a Jean-Christian, mientras que para el huésped que lleva consigo, estar adentro de otro es una sensación liberadora que se convierte en fuente de creatividad.

    Así, una serie de enredos van cambiando de a poco algunos hábitos cotidianos del contador, quien además, está enamorado de su jefa. Sin embargo, pronto descubren que ambos pueden convivir y complementarse, e incluso, ayudarse mutuamente. Con la ayuda del músico que lleva adentro, Christian descubre que además de ser capaz de convertirse en alguien importante frente a los demás, explotando todo su potencial puede tener todo lo que desea, incluso a la mujer que ama con desmedida obsesión.

    Con mucho humor Daniel Auteuil se luce en una historia que por momentos, aunque se vuelve algo tediosa y previsible, logra salir adelante gracias a las huellas inconfundibles del cine francés.

    Dos en uno es una comedia entretenida que no busca profundizar demasiado en temas trascendentales. Con final inesperado, permite pasar un buen rato.
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  • El hada buena - Una fábula peronista
    Con una mirada crítica y una gran carga de humor que raya lo siniestro, El Hada Buena. Una Fábula Peronista es una sátira cargada de significados.

    La ficción se centra en la Argentina de Perón, pero en un momento en que la situación del país llegó a tal punto que las familias subastan a sus hijos a cambio de bienes. Así, los niños (a los que generalmente les faltan brazos o piernas o sufren alguna deformidad) son cambiados por licuadoras, heladeras y cuanto elemento pueda ser reutilizado en el hogar. Los hijos adoptados son adoctrinados por las familias que los adquieren, con el objetivo de que luego de rendir un exhaustivo examen, solo uno por familia pueda acceder a una beca que el Presidente otorga para que estudie en uno de los diez colegios del Estado.

    El film pone el foco en una familia formada por mamá, el tío, la empleada y los cuatro hijos adquiridos en la subasta. Es una mezcla de espectáculo circense, en donde lo grotesco y lo siniestro se combinan con resabios expresionistas. Los personajes, que incluso parecen freaks, recuerdan mucho a las películas de Fellini.

    A través de textos muy buenos y tomas especialmente cuidadas, en las que planos y ángulos enriquecen cada segundo del relato, Casabé cuenta la historia de manera creativa y arriesgada.

    Si bien el film tiene momentos que se tornan monótonos, estos tienen una duración ínfima. Por otro lado, la directora aprovecha los recursos y lenguaje cinematográfico, lo que lo convierte en un producto rico, fuera de lo común, divertido e imperdible.
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  • Fortalezas
    Fortalezas
    A Sala Llena
    Varias son las historias de vida que recorre este documental. Algunas ocurren en un neuropsiquiátrico; otras, en un ex internado de leprosos (el hospital Baldomero Sommer, que antiguamente fuera una colonia de quienes sufrían lepra y en donde aún viven Adolfo, Angélica y Aníbal); unas tras las murallas de la cárcel y otras en un hogar de ancianos. Todos personajes reales, bien diferentes entre sí, de todas las edades, pero con una cosa en común: la soledad y la necesidad de sentirse vivo.

    Fortalezas relata la manera en que cada uno de los habitantes de estos lugares –que por cierto, son bastante poco cotidianos para la gente común- busca la forma de sentirse vivo, útil, querido y aceptado por los demás. Y todos tratan, además, de hallar la manera de sobrellevar la soledad.

    Fortalezas son testimonios duros, actuales, mostrados en tiempo real y con sonido directo. Son la evidencia de los grupos sociales que están pero de los que no nos acordamos; son anónimos, relegados, temidos e incluso discriminados.

    El film va alternando las imágenes y experiencias en cada uno de los lugares elegidos, y los mismos personajes que los habitan van contado sus historias y mostrando cómo viven, qué sufren, qué esperan, a qué se aferran. A medida que la película transcurre, la tristeza y el ahogo invaden y movilizan.

    Un grupo de estudiantes secundarios que visita el ex leprosario agrega un poco de frescura al relato; sin embargo, da la sensación de que este recurso podría haber estado mejor aprovechado para lograr enriquecerlo más.

    Si bien los temas tocan en lo profundo de los sentimientos y logran hacer tomar conciencia de una realidad que está presente, aunque miremos para otro lado, el film no aprovecha recursos estéticos que lo harían más ágil. Se torna por momentos monótono y repetitivo.
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  • Rompecabezas
    Rompecabezas
    A Sala Llena
    María del Carmen –María Oneto- llegó a los cincuenta años y se da cuenta de que su vida de ama de casa no la llena lo suficiente. Con dos hijos crecidos y un marido (Juan, interpretado por Goity) acostumbrado a tenerla en casa ocupándose de los quehaceres, descubre que armar rompecabezas es un entretenimiento interesante. Muy pronto, el hobby se convierte en obsesión.

    Buscando uno de estos juegos con muchas piezas para comprar, se encuentra con el anuncio de Roberto (Arturo Goetz), que busca compañero para participar en un campeonato nacional, de rompecabezas. Es entonces cuando se conocen.

    Así, y como consecuencia de sus reuniones con Roberto, la protagonista va de a poco descubriendo que puede ocupar un nuevo lugar. Como en el mismo juego, María va armando y rearmándose ella misma, probando una y otra pieza, generando así una nueva imagen en su familia y provocando distintas reacciones.

    El relato es lineal y los primeros planos son fuertes y contundentes. Tanto Oneto como Goity dejan traslucir las emociones, los miedos y los sentimientos de sus personajes en un trabajo impecable.

    La rutina agobiante de María se refuerza en un ambiente perfectamente recreado, en el que la escenografía y el vestuario son elementos decisivos.

    Rompecabezas es un film inteligente que, con humor, plantea la necesidad de cada ser humano de ser valorado, sentirse libre y ser capaz de tomar sus propias decisiones. Es ágil, llevadero, divertido y profundo. Muy recomendable.
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  • Pecados de mi padre
    Dos historias son las que nos muestra Nicolás Entel en este extraordinario documento. Una es la de Pablo Escobar, uno de los hombres más ricos del mundo; el narcotraficante número uno que tuvo Colombia y cabeza del cartel de Medellín. La otra, seguramente la más fuerte, es la de Sebastián Marroquín, hijo de Pablo y cuyo nombre original era Juan Pablo Escobar.

    Es Sebastián quien cuenta, en primera persona, cómo fue aquel personaje en el rol de padre, cómo vivió él mismo a su corta edad parte importante de la realidad colombiana –violenta, sin límites-; qué le queda luego de aquella vida de peligros, muertes, persecuciones, escondites y emigración.

    Con un comienzo atrapante –y por demás significativo- a modo de comic, Pecados de mi padre alterna diversos géneros: periodismo, documental, entrevista, diálogo… diversos formatos que, combinados, dan un resultado extraordinario.

    Lejos de ser una lección de historia, este film va más allá; uno puede involucrarse con los personajes, sentirse identificado con sus sentimientos, comprenderlos. Es profundo, fuerte, movilizador.

    La película rescata de entre la violencia y la ambición maquiavélica de poder la fuerza interna, el valor de la libertad, de la vida propia y ajena, el amor por la patria y la importancia de aprender de la experiencia del pasado si se quiere seguir adelante.

    Es una excelente muestra de que, a pesar de todo, el Hombre es capaz de perdonar y construir sobre el dolor y la miseria humana. Solamente hace falta voluntad.
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Hoyts