Viva la libertá

Crítica de Fredy Friedlander - Leedor.com

El notable actor de “La grande bellezza” vuelve a lucirse en doble papel
El cine italiano ha frecuentado con cierta asiduidad algunos géneros cinematográficos, destacándose entre ellos la comedia y el film político. “Viva la liberta” resulta de la feliz simbiosis entre ambos géneros, potenciada por la presencia de un actor polifacético largamente consagrado en su país natal.
Toni Servillo recién se hizo famoso en nuestro país este año cuando “La grande bellezza” de Paolo Sorrentino ganó el Oscar extranjero, apenas tres días después de su estreno en Argentina.
Pero lo que muchos ignoran es que la dupla Servillo-Sorrentino nació a principios de este siglo cuando se encontraron por primera vez en 2001 con “L’uomo in piú”, opera prima del realizador napolitano. Volverían a hacerlo tres años más tarde con “Le consequenze dell’amore” y por tercera vez con “Il divo”, ninguna de ellas estrenadas localmente. Esta última ya tocaba un tema político como lo revela su título alternativo: “la spettacolare vita di Giulio Andreotti” en alusión al ex primer ministro recientemente fallecido y personificado por su actor fetiche.
El personaje de “Viva la liberta” es Enrico Oliveri, un político de ficción de la izquierda italiana que está pasando por un grave estado depresivo y que lo lleva a titubear a la hora de pronunciar discursos y arengas partidarias. De golpe desaparece ante la desesperación de su joven secretario Andrea (Valerio Mastandrea) y del equipo que lo acompaña. Enrico se va a Paris abandonando a su esposa y escondiéndose en la casa de Danielle (Valeria Bruni Tedeschi), una antigua pareja, ahora casada con Mung (Eric Nguyen) que es director de cine.
Y es entonces que Andrea descubre a Giovanni Ernani, profesor de filosofía recién salido de un sanatorio mental y gemelo de Enrico, a quien no ve desde hace 25 años. De allí en más el espectador puede imaginar que será pergeñada la sustitución del político por su bipolar hermano.
Dirigió el siciliano Roberto Andó (también autor de la novela) su quinto largometraje y primero estrenado localmente, nacido el mismo año (1959) que su actor principal. Y ya que se menciona a éste conviene señalar que el público argentino ha visto a Servillo en algunas otras producciones (“Gomorra”, “Bella addormentata”), aunque en roles menores. En contraste, aquí su presencia es determinante en la eficacia del relato al “multiplicarse” en dos personajes casi antagónicos.
A destacar el sutil final, que no revelaremos, así como un breve extracto de un reportaje a Federico Fellini donde el director de “La dolce vita” reflexiona sobre política y cine, ejes de la trama de esta interesante película.